Orientalismo

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Grabado de Austen Henry Layard (siglo XIX) que describe el desmontaje de un monumento asirio.
Los orientalistas Richard Frye y Roman Ghirshman ante un yacimiento arqueológico en Irán, 1966. Véanse más fotografías de orientalistas en Commons.

Orientalismo es un término polisémico, que se usa tanto para designar a los estudios orientales (el estudio de las civilizaciones orientales, actuales e históricas -especialmente las del Próximo y Medio Oriente, y en menor medida las del Lejano Oriente-), como para designar a la representación (imitación o mistificación) de determinados aspectos de las culturas orientales en Occidente por parte de escritores, diseñadores y artistas occidentales, que terminaron por convertirse en tópicos estereotipados.

Estudios orientales[editar]

Crítica al concepto[editar]

Refiriéndose no al estudio de la Edad Antigua, sino al de Oriente durante el período histórico del imperialismo europeo en la Edad Contemporánea (del siglo XVIII a mediados del XX -cuando se produce la descolonización-), el término "orientalismo" ha adquirido connotaciones negativas al implicar, en ciertos usos, interpretaciones prejuiciosas o anticuadas sobre las culturas y pueblos de Oriente. Este punto de vista fue articulado sobre todo por Edward Said (Orientalismo, 1978, Cultura e Imperialismo, 1993).[1]

Siguiendo las ideas de Michel Foucault, Said se centra en las relaciones entre el poder y el conocimiento en la universidad y la opinión pública, en particular en las visiones europeas del mundo islámico. A través de una revisión comparativa e histórica de los trabajos universitarios y literarios orientalistas, analiza las relaciones de poder entre colonizados y colonizadores. Concluye que "Oriente" y "Occidente" operan como términos opuestos, construyéndose el concepto "Oriente" como una inversión negativa de la cultura occidental. Estas ideas han tenido gran repercusión en la perspectiva denominada tercermundista, y las obras de Said están entre los textos fundacionales de los estudios postcoloniales.

Orientalismo en las artes[editar]

Napoleón ante la Esfinge, de Jean-Léon Gérôme, 1867-1868.
Napoleón visita a los apestados de Jaffa, Antoine-Jean Gros, 1804.
La odalisca y la esclava, de Dominique Ingres.
Marroquíes, de Mariano Fortuny, 1872-1874.

La campaña napoleónica en Egipto y Siria (1798–1801, que permitió las ulteriores investigaciones de Champollion), la guerra de independencia de Grecia (1821–1829, que desató una oleada de simpatía europea, y a la que acudió Lord Byron), la guerra de Crimea (1854–1855, durante la que se produjo la Carga de la brigada ligera) y la apertura del canal de Suez (1869, para cuya inauguración Verdi compuso Aida) contribuyeron a aumentar el interés por un exotismo profusamente documentado.[2]

En el romanticismo, la seducción por el oriente cumplía el mismo papel de alejamiento de la realidad que el historicismo medievalista. Washington Irving encontró en Granada la conjunción de ambos (Cuentos de la Alhambra), contribuyendo a la generación del tópico del exotismo español. Mayor impacto tuvieron (posiblemente por su explícito erotismo) las traducciones de Richard Francis Burton (el Kama Sutra, 1883, y Las mil y una noches, 1885). El concepto de "oriente" que se da en estas obras operaba como un espejo de la propia cultura occidental, o como una forma de expresar sus aspectos ocultos o ilícitos, en clave decadentista. En la novela de Gustave Flaubert Salammbô la antigua Cartago es el opuesto a la antigua Roma: una raza y una cultura semitas opuestas a la latinidad, corruptora moralmente e imbuida de un erotismo peligrosamente atractivo. Su influencia se sumó a la configuración del imaginario antisemita que ya se había iniciado con el Judío errante de Eugenio Sue. La literatura exótica del imperialismo británico tuvo su máximo representante en Rudyard Kipling (Kim de la India, La carga del hombre blanco).

Se pueden encontrar representaciones de «moros» y «turcos» en el arte medieval, renacentista y barroco. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando el orientalismo en las artes se convirtió en un tema establecido. En estas obras el mito del oriente exótico, decadente y corrupto está más plenamente articulado. Pintores como Eugène Delacroix, Jean-Léon Gérôme y Alexander Roubtzoff se recrearon en representaciones de todo tipo de escenas ambientadas en escenarios de los países árabes del norte de África y Oriente Medio. Tanto en los paisajes como en los interiores se acentuaban los aspectos exóticos y sensuales de contrastes entre el celaje y la luz deslumbrante del desierto y los tenebrosos interiores, los fanásticos colores de los ropajes y las carnaciones seductoras -en todos los tonos, del negro al blanco nacarado, pasando por el moreno-; especialmente en las escenas de los baños y los harenes, que permitían la representación voluptuosa de desnudos o semivestidos de las odaliscas en posturas de incitante laxitud. Cuando Jean Auguste Dominique Ingres, director de la francesa Académie de peinture pintó una visión muy colorista de un baño turco, hizo que este oriente erotizado se hiciera públicamente aceptable por su generalización difusa de las formas femeninas, que podrían haber sido todas ellas el mismo modelo. La sensualidad se veía aceptable en el exótico oriente. Este estilo tuvo su momento álgido en las Exposiciones universales de París de 1855 y 1867.

Algunos pintores orientalistas fueron:

En España el principal ejemplo fue Mariano Fortuny (1838-1874), que viajó a Marruecos donde quedó prendado del pintoresquismo local. Temas marroquíes fueron igualmente tratados por Josep Tapiró (1836–1913) y Antonio Fabrés (1854–1938).<name= PC />

El imaginario orientalista persistió en el arte hasta principios del siglo XX, como evidencian los desnudos orientalistas de Matisse.

El uso de Oriente como un telón exótico continuó en las películas, por ejemplo en muchas de Rodolfo Valentino. Más tarde árabes ricos con togas se convirtieron en un tema popular, especialmente durante la crisis del petróleo de los años 1970. En los años 1990, el terrorista árabe se convirtió en la figura de villano preferida de las películas occidentales.[cita requerida]

Referencias[editar]

  1. Ediciones actuales en castellano: Debolsillo, 2006 ISBN 8497597672; Anagrama, 2004 ISBN 84-339-0537-6.
  2. Patricia Fride R. Carrassat e Isabelle Marcadé, Movimientos de la pintura, Spes Editorial, S.L., 2004, pág. 51, ISBN 84-8332-596-9

Bibliografía[editar]

  • Urs APP. The Birth of Orientalism. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2010 (ISBN 978-0-8122-4261-4)
  • López-Calvo, Ignacio, ed. Alternative Orientalisms in Latin America and Beyond. Newcastle, England: Cambridge Scholars Publishing, 2007 (ISBN 1-84718-143-0)
  • López-Calvo, Ignacio, ed. One World Periphery Reads the Other: Knowing the "Oriental" in the Americas and the Iberian Peninsula. Newcastle, England: Cambridge Scholars Publishing, 2009 (ISBN: 1-4438-1657-4)
  • López-Calvo, Ignacio, ed. Peripheral Transmodernities: South-to-South Dialogues between the Luso-Hispanic World and "the Orient." Newcastle, England: Cambridge Scholars Publishing, 2012. (ISBN 1-4438-3714-8)

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]