Nuestra Señora de Guadalupe (México)

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Nuestra Señora de Guadalupe
(Virgen de Guadalupe)
Virgen de guadalupe1.jpg
Reina de México y Emperatriz de América
Venerada en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana, Iglesia copta, Iglesia católica maronita
Templo Basílica de Guadalupe
Festividad 12 de diciembre
Patrona de México, América y Filipinas
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Nuestra Señora de Guadalupe[1] es una advocación mariana de la Iglesia católica, cuya imagen tiene su principal centro de culto en la Basílica de Guadalupe, ubicada en las faldas del cerro del Tepeyac, en el norte de la Ciudad de México.

De acuerdo a la tradición oral mexicana,[2] y según lo descrito por múltiples documentos históricos encontrados alrededor del mundo en distintos archivos se cree que la Virgen María se apareció en cuatro ocasiones a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin en el cerro del Tepeyac, y una quinta ocasión a Juan Bernardino, tío de Juan Diego. El relato guadalupano conocido como Nican mopohua narra que tras la primera aparición, la Virgen ordenó a Juan Diego que se presentara ante el primer obispo de México, Juan de Zumárraga. Juan Diego en la última aparición de la Virgen llevó en su ayate unas flores que cortó en el Tepeyac, según la orden de la Virgen. Juan Diego desplegó su ayate ante el obispo Juan de Zumárraga, dejando al descubierto la imagen de la Virgen María, morena y con rasgos mestizos.

Según el Nican Mopohua, las mariofanías tuvieron lugar en 1531, ocurriendo la última el 12 de diciembre de ese mismo año. La fuente más importante que las relata fue el mismo Juan Diego que habría contado todo lo que había acontecido. Posteriormente esta tradición oral fue recogida en un escrito con sonido náhuatl pero con caracteres latinos (técnica que ningún español sabía hacer y que solo muy rara vez usaban los indígenas); este escrito es llamado el Nican mopohua, y es atribuido al indígena Antonio Valeriano (1522-1605). Posteriormente en 1648 es publicado el libro Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe por el presbítero Miguel Sánchez, contribuyendo a recopilar todo lo que se sabía en la época sobre la devoción guadalupana.

Según diversos investigadores, el culto guadalupano es una de las creencias más históricamente arraigadas en el actual México y parte de su identidad[3] [4] [5] , y ha estado presente en el desarrollo como país desde el siglo XVI[6] incluso en sus procesos sociales más importantes como la Independencia de México, la de Reforma, la Revolución mexicana[5] y en la sociedad mexicana actual, en donde cuenta con millones de fieles, algunos de ellos profesantes como guadalupanos sin ser necesariamente parte del catolicismo.[7]

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

En el contexto de la Reconquista española, dos fueron las imágenes que adquirieron notoriedad como parte de este movimiento social, político y religioso en parte del actual territorio de España: Santiago —incluso su advocación de Matamoros— y la Virgen de Guadalupe, teniendo una importante presencia en la naciente hispanidad.[4] Esta imagen, venerada en el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe de Extremadura, tuvo un auge a partir del siglo XIV y hasta el XVII.[4] Según la tradición católica, esta imagen llamada también Vírgen morena fue esculpida por el propio apóstol Lucas, y fue hallada en el siglo XII cerca del río Guadalupe en la región de Las Villuercas.[4] Algunas coincidencias del relato mariano de Guadalupe en España encontrarán coincidencias posteriores en el de la Nueva España[4] , por ejemplo, la aparición en un entorno rural de manera casual a un vidente de bajo estrato social, el hallazgo e incredulidad de las autoridades religiosas que piden una prueba, la plasmación de su propia imagen en un objeto que dará al vidente, la sanación de un enfermo o la resucitación de un muerto como primeros milagros así como la orden de la erección de un templo en donde se honre su hallazgo.[4]

Contexto[editar]

Para la década de los 30 del siglo XVI, y tomando como referente la fecha del Nican Mopohua, el proceso de Conquista de México se encontraba aún en proceso en gran parte del territorio del actual México, y menos de una década atrás iniciaba el esfuerzo imperial español de la evangelización en los territorios conquistados a cargo de las órdenes mendicantes. Según Lafaye[6] , en ese entonces en la Nueva España las creencias "eran el producto inestable de aportaciones religiosas heterogéneas, debido a grupos étnicos desiguales", así como "las comunidades indígenas en el mundo rural, los conventos en la sociedad criolla, el medio de los esclavos y de las castas en las ciudades, parecían haber sido focos específicos de apariciones de creencias sincréticas específicamente mexicanas, y de prácticas mágicas".

Las creencias de la sociedad indígena de la época en el centro del país aún era condicionada por la religiosidad popular heredada de lo tolteca o régimen zuyuano, por lo que fueron muchas las manifestaciones sincréticas[6] [4] —incluso perdurables en el presente— y las coincidencias[8] que las y los recién conquistados encontraron a partir de la adopción o la imposición del catolicismo, con sus antiguas creencias.

El proceso de conquista y posterior colonización de la Nueva España tuvo consecuencias y cambios radicales en lo político, económico y lo social[9] [4] , con la religión católica como manifestación elemental al ser uno de sus más importantes ejes sociales y estar imbricada en todos sus aspectos.[10] Dicho contexto determinaría el origen del culto guadalupano en México y su posterior crecimiento y consolidación.

Relato mariano[editar]

Según la tradición católica, el cuerpo de documentos históricos aceptados por la iglesia, y esencialmente la narración del Nican Mopohua[4] , el llamado milagro guadalupano ocurrió de la siguiente manera:

El santo Juan Diego Cuauhtlatoatzin nació en 1474 en Cuautitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas. Su nombre era Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba ‘águila que habla’, o ‘el que habla con un águila’.

Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los padres franciscanos ―llegados a México en 1524―, habría recibido el bautismo y el nombre hispano de Juan Diego, y su esposa se llamó María Lucía. Se celebró también el matrimonio cristiano. Su esposa falleció en 1529.

El Nican Mopohua narra que el sábado 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo lugar la primera aparición de la Virgen María, que se le presentó como «la perfecta siempre virgen santa María, madre del Dios verdadero». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al obispo capitalino ―el franciscano Juan de Zumárraga― la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Como el obispo no aceptó la idea, Cuauhtlatoatzin volvió a ver a la Virgen ese mismo día y ella le pidió que insistiese (segunda aparición).

Al día siguiente, domingo 10, Cuauhtlatoatzin volvió a encontrar al prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. Ese mismo día tuvo lugar la tercera aparición en la cual la Virgen María mandó entonces a Juan Diego que al día siguiente, lunes 11, fuera a verla para que le diera la señal que haría que le creyera.

El día lunes 11 Cuauhtlatoatzin no fue al Tepeyac porque halló a su tío Juan Bernardino enfermo, su tío le pidió a Juan Diego que al día siguiente fuera a Tlaltelolco en busca de un confesor, pues estaba seguro de que iba a morir. Juan Diego obedeció y salió muy de mañana el día martes 12 de diciembre de 1531, pero recordando que la Virgen lo tenía citado y temeroso de que lo entretuviera y no lo dejara ir en busca del confesor, quiso evitar su encuentro y así, en vez de seguir, derecho su camino, subió por entre el Tepeyac y el cerro al que estaba unido pensando rodear el Tepeyac por la ladera que mira al oriente hasta llegar a donde ahora queda el frente de la Basílica y tomar ahí el camino de Tlaltelolco. En su camino la virgen le salió al encuentro (cuarta aparición) y le explicó la situación de su tío. A esto respondió la Virgen María:

"Oye y ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? No te apene, ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá de ella: está seguro de que ya sanó".

Juan Diego convencido de lo que le dijo, le pidió a la Virgen le diera la señal y el mensaje para llevarlos al Señor Obispo.

La Virgen entonces le dijo que subiera a la cumbre del cerrito donde solía verlo y que cortara las flores que allí encontraría, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Cuauhtlatoatzin encontró varias flores entre ellas rosas de Castilla. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el santo abrió su «tilma» y dejó caer las flores mientras que en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.

Según la tradición católica, la imagen que hoy en día se expone en la Basílica de Guadalupe sería la misma que la de ese día del año 1531, aunque no hay certeza científica de ello.

Juan Diego no volvió a su casa sino hasta el día siguiente, pues el Señor Obispo lo detuvo un día más. Aquella mañana le dijo: "Ve a mostrarnos dónde es la voluntad de la Señora del Cielo que se le erija su Templo".

Juan Diego condujo a las personas que el Señor Obispo dispuso que lo acompañaran al lugar en que se había aparecido la Virgen y en el que debería erigirse su Santuario y pidió permiso de irse, pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa, al llegar a la cual vieron que su tío estaba perfectamente sano; Juan Diego explicó a su tío el motivo por el que él llegaba tan bien acompañado y le refirió las apariciones y que la Virgen le había dicho que él estaba curado. El tío al oír el relato de su sobrino Juan Diego, manifestó que ciertamente la misma Señora lo había sanado, puesto que a él mismo se le había aparecido (quinta aparición) y añadió que le habla dicho que dijera al Señor Obispo que era su voluntad se le llamara "La Siempre Virgen Santa María de Guadalupe".

Con el tiempo, Juan Diego, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó a los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en basílica, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.

Juan Diego Cuauhtlatoatzin, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que estos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios os haga como Juan Diego».[11]

Cuauhtlatoatzin murió en 1548, con fama de santidad. Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, atravesó los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia.

La devoción en el siglo XVI[editar]

Alegoría de la declaración pontifica de Benedicto XIV el 24 de Abril de 1754 del patronato Guadalupano sobre la Nueva España, anónimo novohispano, siglo XVIII.

Si bien no existe en el corpus epistolar de Zumárraga ninguna mención ni alusión al milagro guadalupano, las narraciones hechas en el siglo XVII[12] indican que el obispo ordenó llevar la imagen a la Catedral de México. La imagen habría sido trasladada al cerro del Tepeyac -o Tepeyacac como aún era conocido- después en una ceremonia fastuosa, presidida por el propio Zumárraga, Juan Diego y el presidente de la Segunda Audiencia, Sebastián Ramírez de Fuenleal.

Es en el contexto de dicha procesión en que se cree ocurriría el primer milagro de la virgen, cuando un aborigen que participaba en una representación teatral de una batalla como parte de los fastos, fue herido con una flecha verdadera. Al ser llevado ante la virgen, la herida habría sanado milagrosamente.[12]

Narración en náhuatl[editar]

El Nican mopohua (‘aquí se narra’, en idioma náhuatl) es el título de la narración en la que se cuentan las apariciones de la Virgen de Guadalupe. El elegante y complejo texto está escrito con sonido náhuatl pero con caracteres latinos.

El Nican mopohua está contenido dentro de un libro más amplio, el Huei tlamahuiçoltica publicado en el año de 1649 por el bachiller criollo Luis Lasso de la Vega (1605-1660), capellán del santuario de Guadalupe. El título del Huei tlamahuizoltica se deriva de las dos primeras palabras del texto, impresas en gruesos caracteres en su primera publicación (‘El gran acontecimiento’, que son las dos palabras iniciales del texto). Este Huei tlamahuizoltica incluye ―además del Nican mopohua― textos introductorios, oraciones y el Nican motecpana (‘Aquí se pone en orden’) que es la lista de algunos milagros atribuidos a la Virgen en los años que siguieron a su primera aparición.

Luis Lasso de la Vega atribuye el Nican Mopohua a Antonio Valeriano de Azcapotzalco (c. 1520 – c. 1605), que habría sido un indígena noble del siglo anterior (pariente de Moctezuma Xocoyotzin), y quien como estudiante del Colegio de Santa Cruz de Santiago Tlatelolco habría sido uno de los alumnos nahuas de fray Bernardino de Sahagún (1499-1590).

Lasso de la Vega además afirma que el indígena Valeriano había oído la historia directamente de labios de Juan Diego Cuauhtlatoatzin (quien ―según el mismo Lasso― habría fallecido en 1548).[cita requerida]

Es probable que el manuscrito náhuatl usado por Luis Lasso de la Vega fuera el original de Antonio Valeriano. La mayoría de las autoridades están de acuerdo en esto y en la datación de cuando fue escrito el Nican Mopohua, año 1556.[13] [14] [15]

De hecho una copia parcial muy antigua del manuscrito Nican Mopohua en 16 páginas que data del año 1556 se puede encontrar en la Biblioteca Pública de Nueva York que ha estado allí desde 1880[15]

Basándose en la fecha del Primer Concilio Provincial Mexicano ―que se celebró en la ciudad de México entre junio y noviembre de 1555―, Edmundo O'Gorman (1906-1995) opina que Antonio Valeriano había escrito el Nican mopohua en 1556.[14] León-Portilla acepta de la misma manera la hipótesis de O'Gorman.[15]

En ese concilio, el arzobispo Montúfar ordenó que se examinaran las historias de los santuarios y de los iconos venerados en México, y que todos los que no tuvieran suficiente fundamento se destruyeran.[cita requerida]

El sacerdote católico Luis Becerra Tanco (siglo XVII) cuenta que en una fiesta del 12 de diciembre de 1666 ―solo diecisiete años después de la publicación del Huei tlamahuizoltica ― oyó a unos aborígenes que durante la danza cantaban en náhuatl cómo la Virgen María se le había aparecido al aborigen Juan Diego Cuauhtlatoatzin, cómo había curado al tío de este y cómo se había aparecido en la tilma ante el obispo.[16]

La obra está escrita en fina prosa poética (tecpiltlahtolli: ‘lengua noble’)[17] y tuvo varias traducciones, siendo las más difundidas las de:

Etimología del nombre[editar]

El origen del nombre «Guadalupe» es motivo de controversias.[18] En el catolicismo, se estima que «Guadalupe» podría provenir del término náhuatl «coatlaxopeuh», que se pronuncia «quatlasupe», con lo que su valor fónico resulta parecido al de la palabra en español «Guadalupe». «Coa» significa «serpiente», «tla» equivale al artículo «la», mientras que «xopeuh» significa «aplastar», con lo que quedaría constituida la expresión «la que aplasta la (cabeza de la) serpiente».[18] [19] [20]

Existen otras etimologías posibles. El término «Guadalupe» también podría provenir del árabe, «wadi al-iub», que significa «río de cantos negros»[20] o, según una deformación señalada por Ana Castillo, «río de amor» o «río de luz».[21] [18] Otras etimologías populares incluyen la señalada por David Brading: «wadi-lupi» que significa «río de lobos»,[18] en referencia a los animales que podrían abrevar en las cercanías del santuario,[20] o a la capacidad de la advocación para vencer la idolatría.[18]

Internacionalización[editar]

La fidelidad se expande durante la época colonial, extendiéndose a partir de la Ciudad de México en un primer plano, hacia sus alrededores, por el sur hasta la Capitanía General de Guatemala, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Perú, por el norte hasta la Alta California, el Territorio de Nootka, las Provincias Internas y el Territorio de La Luisiana, por el este hasta España, la Capitanía General de Cuba, la Capitanía General de Santo Domingo y la Provincia de La Florida; y, por el oeste hasta la Capitanía General de Filipinas y la Gobernación de Taiwán.

Basílicas fuera de México[editar]

Origen del culto a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac[editar]

El Tepeyac era el centro del culto a la diosa de la tierra antes de la llegada de los españoles. En la imagen, la más famosa efigie de Coatlicue. Cultura mexica, Posclásico Tardío (ss. XII-XV).

Desde la época prehispánica, el Tepeyacac había sido un centro de devoción religiosa para los habitantes del valle de México. En esta eminencia geográfica localizada en lo que fuera la ribera occidental del lago de Texcoco se encontraba el santuario más importante de la divinidad nahua de la tierra y la fertilidad. Esta diosa era llamada Coatlicue (cóatl-cuéitl, ‘señora de la falda de serpientes’, en náhuatl), que por otros nombres también fue conocida como Teteoinan (téotl-nan, ‘dios madre’, o madre de los dioses, en náhuatl), Toci[22] o Tonantzin (to-nan-tzin, ‘nuestra adorable madrecita’, en náhuatl), nombre que le fue dado posteriormente por los indígenas. El templo de Toci fue destruido completamente como resultado de la Conquista.

Conocedores de la importancia religiosa del santuario indígena del Tepeyac, los franciscanos decidieron mantener en el lugar una pequeña ermita. La decisión de mantener una ermita ocurrió en el marco de una intensa campaña de destrucción de las imágenes de los dioses mesoamericanos, a los que se veía como una amenaza para la cristianización de los indígenas.[23] Se cree que uno de los primeros registros sobre la existencia de la ermita corresponde a la década de 1530.[cita requerida] Los indígenas se dirigían al lugar siguiendo la tradición prehispánica. Dos décadas más tarde, no solo los indígenas acudían a la ermita del Tepeyac a venerar ―según documentos de la época― la imagen aparecida de la Virgen María. En efecto, a mediados del siglo XVI, la devoción hacia la imagen se había extendido entre los criollos.

La tradición católica cree que la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe fue en el año 1531, diez años después de la caída de México-Tenochtitlan en manos de los españoles. Esta fecha aparece registrada en el Nican mopohua (uno de los capítulos que integran el Huei tlamahuizoltica, obra en lengua náhuatl publicada por Luis Lasso de la Vega) y que la tradición atribuye al indígena Antonio Valeriano.[24]

En 1555, Montúfar ordenó la remodelación de la ermita y la confió al clero secular.[25] Los primeros registros de la aparición de la imagen mariana en la ermita corresponden precisamente a los años de 1555 y 1556. Entre otros testimonios tempranos del suceso se encuentran los Diarios de Juan Bautista y los Anales de México y sus alrededores. El primer documento afirma que «en el año de 1555 fue cuando se apareció Santa María de Guadalupe, allá en Tepeyacac»,[26] mientras que los Anales ubican el suceso un año más tarde: «1556 XII Pedernal: descendió la Señora a Tepeyácac; en el mismo tiempo humeó la estrella».[27] En el siglo XVII, el chalca Domingo Francisco Chimalpahin Quauhtlehuanitzin recogería los primeros documentos en sus Relaciones de Chalco Amaquemecan, en los cuales ubica el suceso en 1556:

Año 12-Pedernal, 1556 años. Iba quedando bien doblado y fuerte el muro de piedra que daría la vuelta a toda la ciudad de México. Para la obra hicieron reunir a toda la gente de todos los pueblos del rumbo, por orden de los jefes y según disposiciones de don Luis de Velasco, Visurrey. Así pudo terminarse la muralla. También entonces ocurrió la aparición, dicho sea con respeto, de nuestra querida madre, santa María de Guadalupe en el Tepeyácac.[28]

Imagen original en la Nueva Basílica del Tepeyac.

Al fortalecimiento del culto a la Virgen del Tepeyac contribuyó de manera decisiva la realización del Primer Concilio mexicano, que se celebró en la Ciudad de México entre el 29 de junio y el 7 de noviembre de 1555. El concilio fue organizado por el arzobispo Alonso de Montúfar y reunió a numerosos representantes de las órdenes monásticas de la Nueva España, entre ellos al franciscano Pedro de Gante; así como a los obispos Martín Sarmiento de Hojacastro (Tlaxcala), Tomás de Casillas (Chiapas), Juan López de Zárate (Oaxaca) y Vasco de Quiroga (Michoacán).[29] Entre otras cosas, el Primer Concilio de la Iglesia novohispana resolvió reglamentar la manufactura de las imágenes religiosas, especialmente las realizadas por los indígenas. También se decidió favorecer el culto a los santos patrones de cada pueblo y todas las advocaciones marianas.[30]

Desde la llegada de los franciscanos a México en 1524, los indígenas fueron instruidos en la pintura y se les permitió la producción de imágenes religiosas.[cita requerida] De modo que cuando el Primer Concilio mexicano se pronunció a favor de acabar con las «abusiones de pinturas e indecencia de imágenes» producidas por los indígenas que «no saben pintar ni entienden bien lo que hacen»,[31] en realidad estaba atacando la obra de los misioneros franciscanos representados por Pedro de Gante.[cita requerida] El enfrentamiento sobre la producción de las imágenes religiosas y su papel en la cristianización de los indígenas era también el reflejo de los desencuentros entre el arzobispo de México y los franciscanos en lo referente al culto de la Virgen del Tepeyac.[cita requerida] El 6 de septiembre de 1556, Montúfar predicó una homilía en la cual se pronunciaba partidario de la promoción del culto a la Guadalupana entre los indígenas.[32] El 8 de septiembre de ese mismo año (1556), el arzobispo Montúfar obtuvo una respuesta sumamente crítica por parte de los franciscanos en boca de Francisco de Bustamante.[33] La labor de la Orden Franciscana en la cristianización de América había estado imbuida por la filosofía erasmiana que rechazaba la veneración de las imágenes, de modo que cuando Montúfar se mostró favorable a difundir el culto de la imagen del Tepeyac lo que obtuvo en respuesta de Bustamante fue que el culto Guadalupano era idolátrico acusando a Montúfar de ser divulgador de los supuestos milagros de la imagen y el santuario.[34] [35]

La disputa entre los franciscanos y el arzobispado de México se resolvió en favor de este último. Para ello, Montúfar y sus partidarios tuvieron que moderar su discurso sobre la índole del culto a la Virgen de Guadalupe, aproximándose aparentemente a los preceptos defendidos por los franciscanos.[36]

La promoción oficial del culto guadalupano por parte de la Iglesia novohispana se inscribe en un proceso más amplio en el que la perspectiva humanista de los franciscanos y su obra misional fue sustituida por los preceptos adoptados oficialmente por medio de las resoluciones del Concilio de Trento. De acuerdo con estas, la Iglesia debería promover y conservar el culto a las imágenes de Cristo, la Virgen y todos los santos, en una clara reacción contra la iconoclastia protestante que prosperaba en el norte de Europa.[37]

Bernardino de Sahagún (1499-1590), gran conocedor de la cultura y lengua de los nahuas, fue uno de los críticos al culto en Tepeyac y el uso del nombre de Tonantzin para llamar a Nuestra Señora de Guadalupe durante el siglo XVI.

De modo pragmático, el arzobispado de México hizo caso omiso de las advertencias vertidas por los franciscanos sobre la confusión que podía generar el culto de la imagen del Tepeyac entre los recién cristianizados indígenas del centro de México. Es en este contexto, según Gruzinski, que el lienzo de Guadalupe podría haber sido encargado a una manufactura indígena.[38]

En la misma línea Bernardino de Sahagún (1499-1590) expresa su preocupación que podría generar el culto en Tepeyac y el uso del nombre Tonantzin para llamar a "Nuestra Señora de Guadalupe":

Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejanas tierras. El uno de estos es aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeacac, y los españoles llaman Tepeaquilla y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe; en este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre. Allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venían hombres y mujeres y mozos y mozas.
Era grande el concurso de gente en estos días; y todos decían «vamos a la fiesta de Tonantzin»; y ahora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin tomada ocasión de los predicadores que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman Tonantzin. De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto, pero esto sabemos de cierto: que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonantzin antigua, y es cosa que se deberá remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios, Señora nuestra, no es Tonantzin sino Dios y Nantzin. Parece esta invención satánica para paliar la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente.

Bernardino de Sahagún (1499-1590): Historia general de las cosas de la Nueva España (1576)[39]

Debate histórico y controversias[editar]

La historicidad de la aparición ha sido controvertida desde sus inicios, y una considerable cantidad de literatura ha sido publicada discutiendo los problemas que surgen cuando se intenta entender la aparición como un acontecimiento históricamente certero.

En 1556, Francisco de Bustamante, dirigente de los franciscanos en la colonia, pronunció un sermón ante el virrey y los miembros de la Real Audiencia. En ese sermón desacreditó los orígenes sagrados de la imagen. Contradiciendo el sermón que el arzobispo Alonso de Montúfar predicara dos días antes, Bustamante indicó:

La devoción en esta ciudad que ha estado creciendo en nuestra iglesia dedicada a Nuestra Señora, que han intitulado Guadalupe, es gravemente perjudicial para los nativos, porque les hace creer que la imagen pintada por Marcos el indio hace milagros.

Padre Francisco de Bustamante, sermón del 8 de septiembre de 1556, en el texto Informaciones de 1556.[40]

Sin embargo, "si Marcos la hizo, la hizo sin hacer un boceto preliminar -. En sí mismo un procedimiento casi milagroso [...] El bien pudo haberle echado una mano restaurando la imagen, pero sólo restaurando las adiciones, como el ángel y la luna a los pies de la Virgen ", afirma el profesor Jody Brant Smith (en referencia al examen de Philip Serna Callahan a la tilma utilizando cámara infrarroja en 1979).[41]

El misionero y lingüista Bernardino de Sahagún (1499-1590) escribió que el santuario del Tepeyac era extremadamente popular pero preocupante, porque ahora que estaba allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe también llamaban a Nuestra Señora con el nombre de Tonantzin. Sahagún dijo que los adoradores afirmaban que en náhuatl Tonantzin significaba ‘madre de Dios’ ―pero él los refutó diciendo que «madre de Dios» en náhuatl sería Dios y nantzin.

Sahagún, al escribir sobre la devoción del Tepeyac en su libro Historia general de las cosas de Nueva España, dijo que el origen del culto a Tonantzin «no se sabía de cierto».[42]

De acuerdo con Joaquín García Icazbalceta, historiador del siglo XIX, Fray Juan de Zumárraga (1468-1548) vivió muchos años, y se conservan de él muchas cartas y notas, y una Regla cristiana que de acuerdo con Icazbalceta "que si no es suya, como parece seguro, á lo menos fue compilada y mandada imprimir por él)". Además agrega que en ninguno de estos textos menciona haber sido testigo del milagro que le adjudicarían más de un siglo más tarde. Por el contrario, dentro de la regla cristiana―que fue publicada en Nueva España antes de su muerte―, se pregunta lo siguiente:

«¿Por qué ya no ocurren milagros?».
La respuesta es: «Porque piensa el Redentor del mundo que ya no son menester».

GARCíA ICAZBALCETA JOAQUíN, Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México (Pub. de 1896) [43]

Dos apologistas guadalupanos ―Primo Feliciano Velázquez y Fortino Hipólito Vera ― en respuesta a sus argumentos sostuvieron que Zumárraga se refiere a que el Redentor ya no realiza milagros «pedidos por curiosidad», además que el texto no lo escribió Zumárraga, sino solamente lo aprobó como autoridad religiosa, y que, por último, es imposible que Zumárraga negara los milagros que santos medievales y renacentistas habían llevado a cabo según la tradición cristiana.[44]

Joaquín García Icazbalceta también negó la historia de la aparición e indicó en un informe confidencial al arzobispo Labastida, en 1883, que nunca existió tal persona llamada Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

Varios escritores, entre historiadores, eruditos y religiosos se encargaron de responder a la afirmación de Icazbalceta mostrando documentación como el testamento de la hija de Juan García Martín, documento del siglo XVI que menciona a Juan Diego, por su nombre, y argumentando en favor de las Informaciones jurídicas de 1666 que los indígenas habían dado sobre la existencia y virtudes de Juan Diego:

  • Primo Feliciano Velázquez en La aparición de Santa María de Guadalupe,
  • Fortino Hipólito Vera (obispo de Cuernavaca) en Contestación histórico-crítica,
  • Agustín de la Rosa en su Defensa de la aparición guadalupana
  • Jesús García Gutiérrez mostró una lista de más de 50 documentos históricos guadalupanos en su Primer siglo guadalupano
  • Joel Romero Salinas ―en tiempos modernos― en su libro Eclipse guadalupano.
  • José Bravo Ugarte en su libro Cuestiones históricas guadalupanas.
  • Mariano Cuevas en su libro Álbum histórico del IV Centenario guadalupano.

Muchos historiadores y algunos sacerdotes católicos, incluyendo el sacerdote historiador estadounidense Stafford Poole y el antiguo abad de la Basílica de Guadalupe Guillermo Schulenburg, han rechazado la veracidad de la aparición y de la existencia de Juan Diego.

En 1995, Guillermo Schulenburg (abad-director de la Basílica de Guadalupe) declaró a la revista católica mexicana Ixtus lo siguiente:

Ixtus: ¿Existió Juan Diego?
Schulenburg: No. Es un símbolo, no una realidad.
Ixtus: ¿Entonces cómo encaja la beatificación que de él hizo el papa?
Schulenburg: Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje; por lo mismo, no es propiamente una beatificación.
Entrevista a Guillermo Schulenburg[45]

Meses después de esta serie de declaraciones, Schulenburg renunció espontáneamente a su cargo de abad de la basílica de Santa María de Guadalupe, cargo que había ejercido por más de treinta años.[46]

Schulenburg no fue el primero en desacreditar el acontecimiento tradicional ni el primer católico en dejar su puesto después de su cuestionamiento de la historia de Guadalupe. En 1897, Eduardo Sánchez Camacho, obispo de Tamaulipas fue forzado a dejar su puesto después de expresar una similar opinión. Cabe señalar que el Vaticano ordenó una extensa investigación ante la postura de Schulenburg, y finalmente se consideró históricamente probada la existencia de Juan Diego Cuauhtlatoatzin como persona real. Tres historiadores, Eduardo Chávez Sánchez, José Luis Guerrero Rosado y Fidel González Fernández, publicaron esta investigación en el libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego (México: Porrúa, 1999).

Posible sincretismo[editar]

Algunos historiadores[38] califican como un sincretismo la asimilación de la imagen de la Virgen de Guadalupe con la de la deidad mexica Toci[38] en el Tepeyacac ―el cual fue un sitio de adoración de la diosa― proporcionando una forma de que los españoles del siglo XVI ganaran el apoyo de la población indígena de México. Puede haber proporcionando a los indígenas mexicanos de siglo XVI un medio para practicar secretamente su religión previa a la conquista.[38]

La crítica de Sahagún del culto en Tepeyac parece haber provenido principalmente de su preocupación por una aplicación sincretista del nombre nativo Tonantzin a la Virgen María. Fray Bernardino de Sahagún lo menciona en uno de sus textos [39] denotando que las peregrinaciones indígenas a ese sitio persistían en la época del fraile.

La Virgen de Guadalupe en la historia de México o guadalupanismo[editar]

La Virgen María de Guadalupe ha tenido un lugar importante en la historia de México, desde un poco después de la Conquista de México, hasta nuestros días.

Independencia[editar]

Anverso del estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, enarbolado por Miguel Hidalgo y Costilla en la iglesia de Atotonilco (Guanajuato) cuando iba de camino de Dolores a San Miguel el Grande el 16 de septiembre de 1810, horas después del grito de Dolores que dio inicio a la guerra de la independencia de México.
Altar callejero en un mercado de la Ciudad de México.

Los Guadalupes, una sociedad secreta con actividad intensa entre 1811 y 1814 impulsada por los ideales liberales insurgentes, tomó su nombre en honor de la Virgen de Guadalupe como símbolo de unidad nacional. Esta sociedad fue una de las principales precursoras de la Independencia de México. El movimiento de independencia de México tuvo como primer estandarte la Virgen de Guadalupe. En su camino de Dolores a San Miguel el Grande, Miguel Hidalgo y Costilla se detuvo a orar en la iglesia de Atotonilco (Guanajuato) mientras sus seiscientos hombres esperaban en el atrio. Al salir enarboló una imagen capaz de unir al pueblo para la empresa de la Independencia Nacional.[47] En el edicto de excomunión contra los insurgentes del 24 de septiembre de 1810, don Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, señaló que Miguel Hidalgo y Costilla «pintó en su estandarte la imagen de nuestra augusta patrona, Nuestra Señora de Guadalupe, y le puso la inscripción siguiente: Viva la Religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno».[48]

El 11 de marzo de 1813, desde Ometepec (estado de Guerrero), José María Morelos expidió un decreto exaltando a la Guadalupana, «para que sea honrada y todo varón declare ser devoto de la Santa Imagen, soldado y defensor de la Patria» y dos años después pediría como última concesión ir a orar a la virgen antes de ser ejecutado en Ecatepec en 1815.[49]

Primer Imperio de México[editar]

Agustín I de México crea la Orden Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe. A la muerte del emperador, en el otoño de 1824 cayó en desuso.

México independiente[editar]

  • Manuel Félix Fernández acampaba a un lado del arroyo en la Sierra Mixteca. Uno de sus hombres se atrevió a bajar hasta el agua y fue abatido por los arcabuces enemigos. El bravo general arrojó su sable a la otra orilla y gritó: «Va mi espada en prenda, voy por ella». Toda la tropa lo siguió hasta la victoria y él, agradecido, cambió su nombre por Guadalupe Victoria en agradecimiento a la Virgen por la victoria concedida. Posteriormente sería el primer presidente de México.
  • Otro presidente, el general Vicente Guerrero, peregrinó a Guadalupe para depositar personalmente a los pies de la Virgen las banderas y trofeos ganados a Barradas.
  • Antonio López de Santa Anna, reactiva 30 años después de su fundación la Orden Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe y consiguió el reconocimiento de la Iglesia católica en 1854 por disposición del papa Pío IX. Ese mismo año volvió a caer en desuso con el triunfo de la Revolución de Ayutla.
  • Ignacio Manuel Altamirano, en su libro Pasajes y leyendas y costumbres de México, cuenta del presidente, general Juan Álvarez, antiguo insurgente, que «...hizo su peregrinación oficial a la Villa de Guadalupe», y repite la misma frase hablando del general Ignacio Comonfort, también presidente de México.
  • Ya en 1828, el Congreso estableció como fiesta nacional el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe.[50] El gobierno liberal del presidente Benito Juárez, al trasladarse a Veracruz y establecer el calendario de fiestas obligatorias, expidió el 11 de agosto de 1859 un decreto por el cual se declaró día festivo el 12 de diciembre,[50] [12] y Sebastián Lerdo de Tejada, Ministro de Justicia, Relaciones y Gobernación, comentó este hecho llamando «intocable» a la fecha guadalupana.[51] En 1856, como miembro del gobierno de reforma del presidente Ignacio Comonfort y mediante la llamada «Ley Juárez», Benito Juárez había acabado con los privilegios de la Iglesia, y mediante la «Ley Lerdo» se justificó la expropiación de su patrimonio, pero sin tocar el Santuario de la Virgen de Guadalupe, política también seguida por los presidentes posteriores, más allá de su abierta posición anticlerical.[50]
  • Valentín Gómez Farías encabeza una moción para «entronizar en el Congreso Nacional a Nuestra Santísima Madre de Guadalupe».

Segundo Imperio de México[editar]

Maximiliano I crea la Orden de Guadalupe una de las órdenes imperiales de México (originalmente Orden Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe), conocida oficialmente en el imperio como Orden Imperial de Nuestra Señora de Guadalupe

Siglo XX[editar]

  • El licenciado Manuel Garibi Tortoler cuenta que cuando se dio la orden de expulsar de México al general Plutarco Elías Calles (presidente de la República y fundador del Banco de México), los comisionados para ejecutar la orden lo sorprendieron durmiendo; en la mesa de noche, junto a su lecho, encontraron una imagen de la Virgen de Guadalupe y una lámpara encendida ante ella. Sin embargo se cuenta que lo que hacía era leer el libro Mi lucha de Adolfo Hitler.[cita requerida]
  • El entonces presidente de México Adolfo López Mateos (1958-1964) fue cuestionado en una gira por Venezuela por una periodista quien le preguntó si la imagen de la Virgen de Guadalupe iba a formar parte del intercambio cultural México-Venezuela y la respuesta del presidente mexicano fue: «La imagen de la Virgen de Guadalupe no está sujeta a intercambio alguno, la imagen pertenece al pueblo creyente de México»; en rueda de prensa en Río de Janeiro, afirmó: «La imagen de la Virgen de Guadalupe no es considerada una obra pictórica porque las manos que la pintaron no son de este mundo..., es sin duda la más valiosa reliquia del género religioso que existe en México».
  • En el año 2000, el entonces presidente electo Vicente Fox Quesada al conocer el resultado de las elecciones levantó un estandarte de la Virgen de Guadalupe, así mismo visitó la Basílica de Guadalupe en los días posteriores, hecho que molestó a no creyentes y a grupos masónicos, además de violar la ley al participar en actividades religiosas como representante del Ejecutivo.

Canonización de Juan Diego Cuauhtlatoatzin[editar]

El Códice Escalada.

Después de que Juan Diego fuera beatificado el 6 de mayo de 1990, en la Basílica de Guadalupe (México),[11] en 1998, la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos decidió crear una comisión histórica para investigar la existencia histórica de Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Esta comisión encontró en la tradición oral indígena, decisiva en cualquier estudio de los pueblos mexicanos, y en algunos documentos como el llamado Códice Escalada, fundamentos suficientes para afirmar la historicidad del indígena.

En 1999 tras la inminente canonización, un grupo de canónigos de la Basílica encabezados por Guillermo Schulenburg escribió a Angelo Sodano sobre las serias dudas que tenían de la autenticidad de la existencia histórica de Juan Diego[52] y que ignorar estos informes podría poner en duda la credibilidad y seriedad de la Iglesia.[52]

El 31 de julio de 2002 el papa Juan Pablo II canonizó a Cuauhtlatoatzin en la basílica de Guadalupe durante uno de sus viajes apostólicos a la ciudad de México.[53]

Estudio de la Imagen[editar]

En 1982, el experto restaurador de arte José Sol Rosales examinó la imagen con estereomicroscopía e identificó sulfato de calcio, hollín de pino, en colores blanco y azul, tierras verdes (suciedad), redes hechas de carmín y otros pigmentos, y también oro. Rosales encontró en el trabajo materiales y métodos coincidentes con los de un trabajo humano del siglo XVI.[54] Dos siglos antes, en 1751, el mejor pintor de la Nueva España, el oaxaqueño Miguel Cabrera, había dictaminado que la imagen no podía explicarse como humanamente hecha sin que se conozca el protocolo protocientífico que lo haya llevado a dicha afirmación. En 1979 los norteamericanos Philip Callahan y Jody Brant Smith, asociados a un centro católico de estudios marianos, fotografiaron la imagen con cámara infrarroja y no encontraron explicación científica para la hechura del manto, túnica, manos y rostro de la Virgen.[55]

Norberto Rivera Carrera, arzobispo de México, comisionó un estudio en 1999 acerca de la factura del ayate, Leoncio Garza Valdés, un pediatra y microbiólogo que había trabajado previamente en el Sudario de Turín, reclamó una inspección de fotografías de la imagen en las que el descubrió tres imágenes superpuestas en la tilma. La primera imagen sería la Virgen de Guadalupe de Extremadura, España con las iniciales M.A., en la segunda pintura la misma Virgen de Extremadura pero con rasgos indígenas y en la tercera la Virgen de Guadalupe del Tepeyac que conocemos hoy día. Sin embargo no pudo citar ningún otro observador independiente que haya visto las mismas características.[56]

Gilberto Aguirre, quien acompañó a Garza-Valdés en el examen de 1999, examinó las mismas fotografías e indicó que, si bien estaba de acuerdo en que la pintura había sido extensamente forzada, se oponía a las conclusiones de Garza Valdés y sostuvo que las condiciones de realización del estudio fueron inadecuadas. La inexistencia de fotografías que comprueben la tesis de Garza Valdés, y el hecho de que esas tres imágenes sobrepuestas implicarían anacronismos históricos, ha desacreditado en medios investigativos las conclusiones de Garza Valdés. Al respecto él dijo a un periódico de San Antonio, Texas en el año 2002 lo siguiente:

El Dr. Garza-Valdés y yo tenemos las mismas imágenes, pero nuestras conclusiones son totalmente diferentes. No encuentro a nadie que esté de acuerdo con el Dr. Garza-Valdés .... En segundo lugar, afirma que el no sólo ve las otras dos pinturas, sino a un bebé desnudo de Jesús en los brazos de la Virgen, así como las iniciales M.A. y la fecha de 1556. Yo he estudiado estas fotos, pero no veo estas cosas.[57]

De acuerdo con el restaurador José Sol Rosales la tela en donde fue pintada la imagen sería de cáñamo y lino, no de fibras de agave como se creía,[58] recúerdese que ya en 1946 el Instituto de Bilogía de la entonces Universidad Nacional de México afirmaba que las fibras del ayate pertenecían a un agave, esto es, a un maguey.[59]

Varias imágenes similares han aparecido a través de la historia mexicana, en el pueblo de Tlaltenango, en el estado de Morelos, una pintura de Nuestra Señora de Guadalupe es reclamada que apareció milagrosamente en el interior de una caja que dos viajeros desconocidos dejaron en una residencia. Los propietarios de la residencia llamaron al padre local después de la tentadora noticia, aromas de flores y sándalo se desprendían de la caja. La imagen ha sido venerada desde su encuentro el 8 de septiembre de 1720, y es aceptada como una aparición válida por las autoridades católicas locales.

Tela[editar]

Los fieles guadalupanos creen que la tela milagrosa está hecha de maguey.

El primer estudio de la tela se remonta al año 1666.[cita requerida] Algunos pintores de aquel tiempo obtuvieron el permiso para examinar atentamente la tilma y con sorpresa constataron que la pintura no tenía una preparación de fondo y por lo tanto era imposible pensar que la imagen hubiera sido pintada al óleo o al temple. Además, el agave, del que estaba hecha la tilma, es un material extremadamente deteriorable. Expuesto, sin ningún tipo de protección, en un lugar donde el clima húmedo, rico de partículas de salitre, podía corroer incluso el hierro, se habría estropeado en pocos años. En cambio, cuando se hicieron esas investigaciones ya habían pasado 135 años y aquel agave estaba intacto. Esta observación se ha hecho en todas las otras investigaciones científicas sucesivas, quedando siempre sin respuesta. Es una interrogante que se nos plantea también hoy día: ese agave es el único que existe en el mundo que después de 461 años está aún intacto.

La Iglesia católica[cita requerida] argumenta que la tela del ayate sobre el que está la imagen de la Virgen es de fibra vegetal de maguey. Por su naturaleza, esta fibra se descompone por putrefacción en mucho menos de medio siglo. Así ha sucedido con varias reproducciones de la imagen que se han fabricado con tejido de maguey. El ayate, sin embargo, ha resistido más de 480 años.

El rostro[editar]

Según el profesor Rodrigo Franyutti, en su libro "El Verdadero y Extraordinario Rostro de la Virgen de Guadalupe", la imagen tendría un origen sobrenatural y no existiría tecnología capaz de duplicarla. Además, Franyutti señala que hubo diversos retoques a la imagen por parte de pintores anónimos.[60] >[61]

Fiesta de la Virgen de Guadalupe[editar]

Artesanías.

La fiesta de la Virgen se celebra el 12 de diciembre. La noche del día anterior, las iglesias en todo lo ancho y largo del país se colman de fieles para celebrar una fiesta a la que llaman «las mañanitas a la Guadalupana» o serenata a la Virgen. El santuario de Guadalupe, ubicado en el cerro del Tepeyac en la ciudad de México, es visitado ese día por más de 5 millones de personas.

Se tiene por costumbre que tales peregrinaciones no solo incluyan fieles y organizadores, sino danzantes llamados matlachines, quienes lideran las procesiones hasta llegar a la basílica.

Los Diarios de Juan Bautista a mediados del siglo XVI y las Cartas de 1797 de Servando Teresa de Mier, ambos dan la fecha 8 de septiembre[62] para una celebración dedicada al natalicio de María (madre de Jesús):

"La misma fiesta del santuario de Guadalupe que todavía celebran hoy los indios en el día 8 de Septiembre... así como celebran los españoles el 12 de diciembre..."[63]

Fue por las Informaciones jurídicas de 1666 por las cuales se pidió y consiguió una fiesta y misa propia para Nuestra Señora de Guadalupe y la traslación de la fecha de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, del 8 de septiembre al 12 de diciembre, última fecha en que la Virgen se le apareció a Juan Diego. Debido a estas Informaciones en el año 1754 la Congregación de Ritos confirmó el valor auténtico de las apariciones y concedió la celebración de misa y oficio propios para la fiesta de Guadalupe para el día 12 de diciembre.[64] [65]

Hechos notables[editar]

Antes del inicio del Mundial de Sudáfrica 2010, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, se comprometió a llevarle el trofeo de la Copa Mundial de Fútbol como muestra de agradecimiento a la Virgen de Guadalupe si la selección española se coronaba en dicho torneo; dado que ese hito se consumó, la copa fue llevada al altar por los seleccionados y federativos españoles.[66] [67] [68] [69]

En la cultura popular[editar]

Documentales[editar]

  • Guadalupe: El Milagro y el Mensaje (2015) Dirigida por Luis Guevara, con la colaboración de los Caballeros de Colón.[70]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. También se la conoce con títulos tales como Virgen María de Guadalupe o Santa María de Guadalupe (ver: Medina Estévez, Jorge A. (25 de marzo de 1999). «Decreto concerniente a la celebración de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en todo el continente americano, el día 12 de diciembre de cada año». Roma: Libr. Editrice Vaticana. Consultado el 18 de septiembre de 2013. ; Torre Villar, Ernesto de la; Navarro de Anda, Ramiro, eds. (2007). Nuevos testimonios históricos guadalupanos. Tomo 1. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-968-16-7551-6. Consultado el 18 de septiembre de 203. ), o Santa María de Guadalupe en el Tepeyac (ver: Sánchez Flores, Ramón (2007). «Desarrollo del guadalupanismo». En Torre Villar, Ernesto de la; Navarro de Anda, Ramiro. Nuevos testimonios históricos guadalupanos. Tomo 2. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. p. 17. ISBN 978-968-16-8425-9. Consultado el 18 de septiembre de 203. ; Noguez, Xavier (1993). Documentos guadalupanos: Un estudio sobre las fuentes de informacion tempranas en torno a las mariofanias en el Tepeyac. EE. UU.: Fondo de Cultura Económica. p. 45. ISBN 978 lo-968-16-4206-8 |isbn= incorrecto (ayuda). Consultado el 18 de septiembre de 2013. ).
  2. Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos (2011). Basílica de Santa María de Guadalupe, ed. «Documentos Históricos». Archivado desde el original el 29 de noviembre de 2015. «Los documentos publicados en el Boletín Guadalupano, sección Acontecimiento Guadalupano, obran en esta dirección». 
  3. Brading, David A. (1 de enero de 2002). La Virgen de Guadalupe: imagen y tradición. Aguilar Editorial. ISBN 9789681906597. Consultado el 14 de enero de 2016. 
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  9. RICARD, Robert. La conquista espiritual de México: Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-24 a 1572. Trad. de Ángel María Garibay K. México, Fondo de Cultura Económica.
  10. García, Antonio Rubial (1 de enero de 1998). La Plaza, el Palacio y el Convento: La Ciudad de México en el Siglo XVII. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. ISBN 9789701812433. Consultado el 14 de enero de 2016. 
  11. a b Volpini, Valerio (1990). «Juan Diego Cuauhtlatoatzin (1474-1548)». Liturgia de los santos, sitio web del Vaticano; extraído de L'Osservatore Romano (mayo de 1990), página 5.  Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; el nombre "Cuauhtlatoatzin" está definido varias veces con contenidos diferentes
  12. a b c de la Torre Villar, Ernesto; Navarro de Anda, Ramiro (2007). Nuevos testimonios históricos guadalupanos. Tomo I. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. p. 1448. ISBN 978-968-16-7551-6. Consultado el 25 de mayo de 2013. 
  13. Burrus S. J., Ernest J. (1981). "The Oldest Copy of the Nican Mopohua". Cara Studies in Popular Devotion (Washington D.C.: Center for Applied Research in the Apostolate (Georgetown University)). II, Guadalupan Studies (4). OCLC 9593292
  14. a b O’GORMAN, E. Destierro de sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1991.
  15. a b c León-Portilla, Miguel; Antonio Valeriano (2000). Tonantzin Guadalupe : pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el "Nican mopohua". Mexico: Colegio Nacional: Fondo de Cultura Económico. ISBN 968-16-6209-1.
  16. Clodomiro L. Siller Acuña: La evangelización guadalupana (pág. 3), México, D. F.: Cuadernos Estudios Indígenas n.º 1, 1984.
  17. LEÓN-PORTILLA, M. Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican mopohua”. México: Colegio Nacional y Fondo de Cultura Económica, 2002. Página 51
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  20. a b c Castellón , Toñi F. (2004). El significado de los nombres (6ª edición). Málaga: Editorial Sirio. p. 130. ISBN 84-7808-311-1. Consultado el 29 de septiembre de 2015. 
  21. Castillo, Ana (1996). Goddess of the Americas. Nueva York: Riverhead Books. p. XV. ISBN 978-1-57322-630-1. 
  22. Serge, Gruzinski (17 de octubre de 2012). La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1942-2019). Fondo de Cultura Economica. ISBN 9786071610492. Consultado el 17 de diciembre de 2015. 
  23. Gruzinsky, 1994: págs. 73-77.
  24. Gamboa Ojeda, 2004: pág. 547.
  25. Gruzinsky, 1994: págs. 104-105.
  26. Diarios de Juan Bautista, sin fecha: pág. 33.
  27. Anales de México y sus alrededores (A), Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. La Iglesia católica propone la siguiente tesis para explicar la diferencia entre las fechas de datación de la aparición mariana incluidas en los distintos textos indígenas:

    En efecto, no se asombrará el lector si en los sucesivos documentos que presentaremos [los Anales de México y Tlatelolco], un mismo hecho histórico es ubicado en 1510 o 1531 o 1556, etc.; se debe a la impericia de los mexicanos de correlacionar el calendario local con el juliano y luego, con el gregoriano (Rocha Cortés, s/f.)



  28. Chimalpahin, 1965: pág. 288.
  29. Lundberg, 2006: pág. 260.
  30. Gruzinski, 1994: pág. 110.
  31. Concilios provinciales primero, y segundo, celebrados en la muy noble, y muy leal ciudad de México: presidiendo el Illmo. y Rmo. Señor D. Fr. Alonso de Montúfar, en los años de 1555, y 1565; dalos a luz el Illmo. Sr. D. Francisco Antonio Lorenzana (1769) CAPÍTULO XXXIV, página 91. https://archive.org/details/conciliosprovinc00cath
  32. Mayer, 2002: págs. 23-24.
  33. O'Gorman, 1986: pág. 70.
  34. Información que el señor Arzobispo de México D. Fray Alonso de Montúfar mandó practicar sobre un sermón que el 8 de septiembre de 1556 predicó fray Francisco de Bustamante acerca del culto de Nuestra Señora de Guadalupe. http://www.proyectoguadalupe.com/documentos/infor_1556.html
  35. http://basilica.mxv.mx/web1/-apariciones/Documentos_Historicos/Espanoles/Informaciones_1556.html
  36. Compárense los dos siguientes textos:

    [...] se ha predicado a los indios cómo han de entender la devoción de la imagen de Nuestra Señora, cómo no se hace la reverencia a la tabla ni a la pintura, sino a la imagen de Nuestra Señora, por razón de lo que representa, que es a la Virgen María, Nuestra Señora



    Informaciones de 1556

    No porque este declarante entiende que la cruz e imágenes han de ser adoradas; antes cree, entiende y asílo hace que Xpo. se adora en la cruz y en la cruz se adora como cosa que representa a Xpo. y en este sentido lo escribió y lo entiende



    Declaración del franciscano Mathurin Gilbert en el proceso inquisitorial en su contra, iniciado a instancias del obispo de Michoacán a causa de sus «ideas erróneas y escandalosas» plasmadas en Diálogo sobre la doctrina cristiana (1559), obra de su autoría escrita en lengua tarasca; citado en Gruzinski, 1994: pág. 115.
  37. Mayer, 2002: págs. 22-23.
  38. a b c d Serge, Gruzinski (17 de octubre de 2012). La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1942-2019). Fondo de Cultura Economica. ISBN 9786071610492. Consultado el 17 de diciembre de 2015. 
  39. a b Sahagún, 1576: libro XI.
  40. «Información que el señor arzobispo de México D. Fray Alonso de Montúfar mandó practicar sobre un sermón que el 8 de septiembre de 1556 predicó fray Francisco de Bustamante acerca del culto de nuestra señora de Guadalupe», versión paleográfica del texto completo, realizada por fray Fidel de Jesús Chauvet, con comentario. Sin fecha (posiblemente de fines del siglo XX o principios del siglo XXI).
  41. Jody Brant Smith, The image of Guadalupe, Mercer University Press, 1994, página 73. http://books.google.com.mx/books?id=A3RglEgD7isC&q=feet#v=onepage&q=my%20own%20theory&f=false
  42. "Adición sobre supersticiones" del Libro XI de La Historia General de las Cosas de la Nueva España, escrito por Fray Bernardino de Sahagún en 1576. http://www.proyectoguadalupe.com/documentos/sahagun.html
  43. de Zumárraga, Fray Juan (1994). Regla Cristiana Breve. Ediciones Eunate. 
  44. VELáZQUEZ, PRIMO FELICIANO, La Aparición de Santa María de Guadalupe Edit. JUS, edición facsimilar de la primera edición de 1931, 1981
  45. Estas críticas declaraciones del abad Schulenburg (que le valieron la expulsión de la jefatura de la basílica) se publicaron en la revista mexicana católica Ixtus, n.º 15, en invierno de 1995.
  46. «Dimitió Schulenburg», artículo en el diario La Jornada del 7 de septiembre de 1996.
  47. Las palabras exactas que pronunció se desconocen, aunque existen varias versiones en: Herrejón Peredo, Carlos (2009). «Versiones del grito de Dolores y algo más». En Rafael Vargas. 20/10. Memoria de las revoluciones en México. México: RGM Medios. pp. 38-53. ISBN 978-607-7748-04-5. ; y en: Rodríguez O., Jaime E. (2008). La independencia de la América española. México: Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, Fideicomiso Historia de las Américas. p. 284. ISBN 978-968-16-7556-1.  De las al menos seis versiones que existen, cuatro incluyen la mención a «nuestra madre santísima de Guadalupe» o simplemente «Virgen de Guadalupe».
  48. Sierra, Justo; Urbina, Luis G.; Henríquez Ureña, Pedro; Rangel, Nicolás (1985). Antología del Centenario (2ª edición). México, D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México. p. LXIII. ISBN 968-837-513-6. Consultado el 25 de septiembre de 2013. 
  49. Alamán, Lucas (1985). Historia de México, desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente. Instituto Cultural Helénico. ISBN 978-968-16-2063-9. 
  50. a b c Tyrakowski, Konrad (mayo de 1998). «La Villa de Guadalupe: centro religioso y nacional. Elementos del desarrollo geográfico del mayor Santuario de México». En Giuriati, Paolo; Massferrer Kan, Elio. No temas... yo soy tu madre. Estudios socioantropológicos de los peregrinos a la basílica (1ª edición). México, D.F.: Plaza y Valdés Editores. pp. 65 y 73. ISBN 968-856-603-9. Consultado el 25 de mayo de 2013. 
  51. Santos A. de Lozano, Alejandra (12 de diciembre de 2012). «Guadalupe y libertad». Pulso. Consultado el 25 de mayo de 2013. 
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  54. «La mentira y la fe». Proceso (en español de España). Consultado el 15 de diciembre de 2015. 
  55. Callahan, Philip: "The Tilma Under Infra-Red Radiation", CARA Studies in Popular Devotion, Vol. II, Guadalupan Studies, No. III (March 1981, 45pp.), Washington, D.C.; cf. Leatham, Miguel (2001). "Indigenista Hermeneutics and the Historical Meaning of Our Lady of Guadalupe of Mexico," Folklore Forum, Google Docs. pp. 34–5.
  56. Garza-Valdés, Leoncio (2002). Tepeyac : cinco siglos de engaño (1. ed. edición). México: Plaza & Janés. ISBN 9789681105730. 
  57. John MacCormack. “Test of faith,” San Antonio Express-News, June 2, 2002.
  58. Revista Proceso No. 1333 y No. 1334. “La guadalupana: tres imágenes en una.” por Rodrigo Vera
  59. Instituo de Bilogía, Oficio 242, Exp. 812.2/2; 7 de Junio de 1946 firmado por su Director: Dr. Ignacio Ochoterena.
  60. Rodrigo Franyutti. «El Verdadero y Extraordinario Rostro de la Virgen de Guadalupe». 
  61. Franyutti, Rodrigo. El Verdadero y Extraordinario Rostro de la Virgen de Guadalupe. 
  62. Anales de Juan Bautista Folio 6r
  63. Cartas Sobre la Tradición de Ntra. Sra, de Guadalupe de México. Servando Teresa de Mier 1797 p 53
  64. Informaciones sobre la Milagrosa Aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, recibidas en 1666 y 1723, Amecameca, Imprenta Católica, 1889, por Fortino Hipólito Vera
  65. GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666
  66. «España lleva la Copa del Mundo a la Virgen de Guadalupe», artículo en el diario El Universal.
  67. http://www.vefutbol.com.mx/notas/28870.html
  68. «España presenta la Copa del Mundo a la Virgen de Guadalupe», artículo en el sitio web de la agencia Reuters, del 11 de agosto de 2010.
  69. «Ángel María Villar cumplió su promesa y llevó la Copa a la Basílica», artículo en el sitio web Medio Tiempo del 10 de agosto de 2010.
  70. «El documental que explica la enorme influencia de la Virgen de Guadalupe en América». Rome Reports. 12 de diciembre de 2015. Consultado el 14 de diciembre de 2015. 

Bibliografía[editar]

  • «Información que el señor arzobispo de México D. Fray Alonso de Montúfar mandó practicar sobre un sermón que el 8 de septiembre de 1556 predicó fray Francisco de Bustamante acerca del culto de nuestra señora de Guadalupe», versión paleográfica del texto completo, realizada por fray Fidel de Jesús Chauvet, con comentario. Sin fecha (posiblemente de fines del siglo XX o principios del siglo XXI). Chauvet menciona que este texto se publicó por primera vez en 1888 en España. Consultado el 17 de diciembre de 2008.
  • Chávez, Eduardo:«La verdad de Guadalupe México: Ediciones Ruz, 2009.
  • Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, Domingo Francisco de San Antón Munón: Relaciones originales de Chalco-Amaquemecan. México: Fondo de Cultura Económica, 1965.
  • De Sahagún, Fray Bernardino (1499-1590): Historia general de las cosas de la Nueva España [1576]. México: Porrúa, 1956.
  • Escalada, Xavier: Enciclopedia guadalupana (5 tomos). México: Enciclopedia Guadalupana, 1997.
  • Galera Lamadrid, Jesús: Nican mopohua, breve análisis literario e histórico. México: Porrúa, 2001.
  • Gamboa Ojeda, Leticia: «Reseña a “'La Virgen de Guadalupe, imagen y tradición”», en David Brading: Historia mexicana, LII (2), págs. 546-551; 2004.
  • González de Alba, Luis (s/f): «La Virgen Guadalupana, contradicción permanente», en Razonamientos (3). Consultado el 17 de diciembre de 2008.
  • Gruzinsky, Serge (1994), La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a "Blade Runner", Fondo de Cultura Económica, México.
  • León-Portilla, Miguel: Tonantzín Guadalupe, Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican mopohua”. México: Fondo de Cultura Económica, 2000.
  • Siller Acuña, Clodomiro L.: La evangelización guadalupana. México, D. F.: Cuadernos Estudios Indígenas n.º 1, 1984.
  • Velázquez, Primo Feliciano: La aparición de Santa María de Guadalupe. México: Jus, 1931.

Obras literarias dedicadas a la Virgen de Guadalupe[editar]

  • Eduardo Chávez Sánchez: La Verdad de Guadalupe. Ediciones Ruz 2008 ISBN 9786077617037
  • José Lucas Anaya: La milagrosa aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de México. Estudio, edición y notas de Alejandro González Acosta. México: UNAM 1995.
  • Francisco de Castro: La octava Maravilla y sin segundo milagro de México, perpetuado en las rosas de Guadalupe y escrito heroicamente en octavas (1729). Estudio, edición y notas de Alberto Pérez Amador Adam. México: Fondo de Cultura Económica 2011.
  • José Antonio Villerías y Roelas: Guadalupe. En cuatro libros comprendidos en México 24 de marzo del año del Señor 1724. Transcripción, traducción castellana y notas de Ignacio Osorio Romero. México: UNAM 1991.

Enlaces externos[editar]

Coordenadas: 19°29′04″N 99°07′02″O / 19.48444, -99.11722