Teoría marxista de la alienación

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La teoría marxista de la alienación es la interpretación antropológica del concepto psicológico y sociológico de alienación. Dicha interpretación considera que el trabajador, desde el punto de vista capitalista, no es una persona en sí misma sino una mercancía -llamada fuerza de trabajo- que puede representarse en su equivalente dinerario, es decir, el trabajador es una determinada cantidad de dinero utilizable, como mano de obra, para la multiplicación del mismo.

Karl Marx, quien fue fuertemente influido por el filósofo griego Epicuro al tomar un tema revelador para su tesis doctoral: "Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro". Toma el término y lo aplica al materialismo; en concreto a la explotación del proletariado y a las relaciones de propiedad privada. En su enfoque, denominó alienación a las distorsiones que causaba la estructura de la sociedad capitalista en la naturaleza humana. Aunque era el actor el que padecía la alienación en la sociedad capitalista, Marx centró su análisis en las estructuras del capitalismo que causaban tal alienación.

Actualmente, como la mayoría de los conceptos filosóficos e instituciones sociales, la alienación -como categoría analítica- se encuentra en una crisis teórica debido a las profundas transformaciones sociales que han dado paso a la sociedad posindustrial. El desarrollo de la sociedad ha complicado el análisis de los mecanismos sociales de alienación dirigiéndolos hacia nuevas y más sutiles formas que precisan ser estudiadas. Entre los autores inspirados por Marx, que efectúan ese análisis, destaca, por ejemplo, Herbert Marcuse.

La alienación o contradicción[editar]

En su teoría de la alienación, Karl Marx, el cual en distintas obras, sobre todo en sus Manuscritos económico-filosóficos (1844), analizó con suma profundidad el problema de la alienación, parte de que ésta caracteriza las contradicciones de un determinado nivel de desarrollo de la sociedad. Relaciona la alienación con la existencia de la propiedad privada y de la división antagónica del trabajo. Entendida de este modo, la alienación abarca toda la actividad humana, pues cada tipo de dicha actividad se convierte en monopolio de un grupo aislado de personas, cuyo hacer es extraño a todos los demás miembros de la sociedad.

Para Karl Marx, el hombre es un ser natural, es decir, el hombre es un ente que necesita estar en contacto directo con la naturaleza para poder satisfacer sus necesidades. La relación del hombre con la naturaleza es esencial, ya que desde el punto de vista objetivo, el hombre es físicamente sensible y limitado, y por tanto es un ser pasivo y dependiente, tal como los animales y las plantas, es decir los objetos e la naturaleza que existen fuera e independientemente de él, le son indispensables porque son objetos de su necesidad. Esta relación del hombre con la naturaleza no representa una alienación, sino una relación esencial y directa entre ellos, es decir es una relación vital. La alienación surge, cuando el producto del trabajo del hombre, en lugar de satisfacer sus necesidades, se vuelve algo ajeno, es decir el producto cobra una existencia totalmente independiente del hombre que fue quien la produjo, una vez que ese producto cobra su independencia, se genera el trabajo alienado, a través del cual el hombre se vuelve esclavo cada vez más y más de las cosas que produce. Es decir, mientras más produce y mayor es su actividad, el trabajador tendrá menos, su vida ya no le pertenecerá a él, sino al objeto, el objeto cobra vida propia y se opone al trabajador de forma autónoma. Marx hace una analogía, con la religión basado en los estudios de alienación de Feuerbach, y explica que el mismo proceso se da cuando el hombre religioso, más se entrega a su dios (dios creado fantasiosamente por él mismo), y menos vida le queda para si mismo. En esta etapa, ya no existe la misma relación que tiene el hombre con la naturaleza, pues esta etapa es el resultado de la estructura de la propiedad privada, en la cual se acumulan productos y se instaura la división del trabajo, de allí se tiene que el trabajo alienado es el resultado de la propiedad privada y la propiedad privada el resultado del trabajo alienado. Posteriormente entre 1945 y 1946 en La ideología alemana, acotaría que de la división del trabajo se deriva la propiedad y el trabajo alienado.[1][2]

Para Marx el capitalista compra con dinero el trabajo de los demás y los obreros cambian la fuerza de trabajo, es decir, su mercancía, por la mercancía del capitalista, es decir, la paga o salario. La fuerza de trabajo para el obrero es su actividad vital que le asegura los medios necesarios para subsistir. El obrero es libre de cambiar de capitalista, es libre de trabajar, pero no puede desprenderse de la clase de los capitalistas, a quienes se ha alquilado, sin renunciar a su existencia misma. El trabajador no recoge el valor de lo que produce, es decir, la plusvalía, y esta explotación lo priva de sus herramientas artesanales. Por causa de esta división del trabajo ignora lo que está produciendo y eso significa que está alienado. Este desconocimiento es la alienación para Marx

En sus obras clásicas de las décadas de 1850 y 1860, Marx sustituye la categoría de alienación, que figuraba en sus primeros trabajos, por todo un sistema de conceptos, entre los cuales la alienación también aparece como característica concreta de las relaciones de producción del capitalismo. Véase: fetichismo de la mercancía.

Tipos de alienación[editar]

El concepto marxista de alienación incluye cuatro componentes:

Hemos considerado el acto de la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo, en dos aspectos:

  1. la relación del trabajador con el producto del trabajo como con un objeto ajeno y que lo domina. Esta relación es, al mismo tiempo, la relación con el mundo exterior sensible, con los objetos naturales, como con un mundo extraño para él y que se le enfrenta con hostilidad;
  2. la relación del trabajo con el acto de la producción dentro del trabajo. Esta relación es la relación del trabajador con su propia actividad, como con una actividad extraña, que no le pertenece, la acción como pasión, la fuerza como impotencia, la generación como castración, la propia energía física y espiritual del trabajador, su vida personal (pues qué es la vida sino actividad) como una actividad que no le pertenece, independiente de él, dirigida contra él. La enajenación respecto de si mismo como, en el primer caso, la enajenación respecto de la cosa.

[...]

El trabajo enajenado, por tanto:

3. Hace del ser genérico del hombre, tanto de la naturaleza como de sus facultades espirituales genéricas, un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana.
4. Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al otro. Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con trabajo y el producto del trabajo del otro.
Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos, Primer Manuscrito: IV. El trabajo enajenado

Alienación del trabajador de su producción[editar]

El diseño del producto y cómo se produce no es determinado por los productores -los trabajadores- ni por los consumidores del producto -los compradores-, sino por la clase capitalista que, además de apropiarse de la manufactura, también se apropian del trabajo intelectual del ingeniero y del diseñador industrial que crean el producto, para satisfacer el gusto del consumidor de modo tal que compre bienes y servicios a un precio que garantice un máximo beneficio. Aparte de los trabajadores que no tienen control sobre el proceso de diseño y producción, la alienación -Entfremdung- describe ampliamente la conversión del labour -trabajo como actividad- que se realiza para generar un valor de uso -el producto-, en una mercancía, a la que se puede asignar un valor de cambio. Es decir, el capitalista gana el control de los trabajadores y los beneficios de su trabajo, con un sistema de producción industrial que convierte dicho trabajo en productos concretos -bienes y servicios- que satisfacen la demanda del consumidor. Por otra parte, el sistema de producción capitalista también reifica al trabajo en el concepto "concreto" de "trabajo" -trabajo como empleo-, por el cual se paga al trabajador salarios -a una tasa lo más baja posible- que mantienen una tasa máxima de rentabilidad de la inversión del capitalista; esto es un aspecto de la explotación,la actividad productiva se reduce únicamente a ganar el suficiente dinero para subsistir. Además, con un sistema reificado de producción industrial, el beneficio generado por la venta de los bienes y servicios que se podrían pagar a los trabajadores, es apropiada por las clases capitalistas: el capitalista funcional, que gestiona los medios de producción; y el rentista, dueño de los medios de producción.

Alienación del trabajador de la actividad productiva[editar]

En el modo de producción capitalista, la generación de productos -bienes y servicios- se realiza con una secuencia interminable de movimientos discretos, repetitivos, que ofrecen al trabajador poca satisfacción psicológica por "un trabajo bien hecho". Mediante la mercantilización, la fuerza de trabajo se reduce a salarios -un valor de cambio-; la alienación psicológica -Entfremdung- del trabajador se deriva de la relación inmediata entre su trabajo productivo y los salarios que le pagan por el trabajo. El trabajador está alienado de los medios de producción por dos formas; la coerción salarial y el contenido de producción impuesto. El trabajador está limitado al trabajo no deseado como un medio de supervivencia, el trabajo no es 《voluntario, sino forzado》, el trabajo en el modo de produción capitalista es trabajo forzado. El trabajador sólo puede rechazar la compulsión salarial a expensas de su vida y la de su familia. La distribución de la propiedad privada en manos de los propietarios de la riqueza, combinada con la imposición de impuestos por parte del gobierno obliga a la clase proletaria a trabajar. En un mundo capitalista nuestros medios de supervivencia se basan en el intercambio monetario, por lo tanto no tenemos otra opción que vender nuestra fuerza de trabajo y consecuentemente estar atados a las demandas del capitalista. 《En su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí》.《El trabajo es externo al trabajador》, no es parte de su ser. Durante el trabajo se es miserable, infeliz y se agotan sus energías, el trabajo "mortifica su cuerpo y arruina su mente". El contenido, la dirección y la forma de la producción son impuestos por el capitalista. El obrero está siendo controlado y dicho qué hacer, ya que no poseen los medios de producción que no tienen voz en la producción, "el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser esencial". La mente debe ser libre y consciente, en cambio es controlada y dirigida por el capitalista, 《para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro》, lo que significa que no puede crear libre y espontáneamente de acuerdo con su propia directiva, la forma y la dirección del trabajo pertenecen a otra persona.

Alienación del trabajador de su Gattungswesen o ser genérico[editar]

El Gattungswesen -ser genérico-, la naturaleza humana, de los individuos no es discreta o separada de su actividad como trabajador; como tal el ser genérico también comprende todo el potencial humano. Conceptualmente, en el término ser genérico describe la esencia mental humana que se caracteriza por una "pluralidad de intereses" y un "dinamismo psicológico", en el cual cada individuo tiene el deseo y la tendencia a participar de las muchas actividades que promueven la mutua supervivencia humana y el bienestar psicológico, por medio de conexiones emocionales con otras personas, con la sociedad. El valor psíquico de un ser humano consiste en ser capaz de concebir (pensar) los fines de sus acciones como ideas intencionales, que son distintas de las acciones requeridas para realizar una idea dada. Es decir, los seres humanos son capaces de objetivar sus intenciones, a través de una idea de sí mismos, como "sujeto", y una idea de lo que producen, "el objeto". A la inversa, a diferencia del ser humano, el animal no se objetiva a sí mismo, como "el sujeto", ni sus productos como ideas, como "objeto", porque un animal participa en acciones directamente autosuficientes que no tienen ni una intención futura, ni una intención consciente. Mientras que la Gattungswesen -naturaleza humana- de una persona no existe independientemente de actividades específicas condicionadas históricamente, la naturaleza esencial de un ser humano se actualiza cuando un individuo -en su circunstancia histórica- es libre de subordinar a sus exigencias externas que se han impuesto por su imaginación, y no a las exigencias externas impuestas a los individuos por otras personas.

Las relaciones de producción[editar]

Cualquiera que sea el carácter de la conciencia de una persona, su existencia social está condicionada por sus relaciones con el pueblo y las cosas que facilitan la supervivencia, que depende fundamentalmente de la cooperación con los demás, por lo que la conciencia de una persona está determinada intersubjetivamente —colectivamente— , no subjetivamente —individualmente—, porque el humano es un animal social. En el curso de la historia, para asegurar la supervivencia individual, las sociedades se han organizado en grupos que tienen diferentes relaciones básicas con los medios de producción. Un grupo social —clase— poseía y controlaba los medios de producción, mientras que otra clase social trabajaba los medios de producción; en las relaciones de producción de ese status quo, el objetivo de la clase propietaria era beneficiarse económicamente tanto como fuera posible del trabajo de la clase obrera. Por otra parte, en el curso del desarrollo económico, cada vez que un nuevo tipo de economía desplazaba a un viejo tipo de economía —el feudalismo agrario reemplazado por el mercantilismo, a su vez reemplazado por la Revolución Industrial— el orden económico reorganizado de las clases sociales favorecía a la clase social que controlaba las tecnologías —los medios de producción— que hicieron posible el cambio en las relaciones de producción. Del mismo modo, se produjo un reordenamiento de la naturaleza humana —Gattungswesen— y el sistema de valores de la clase propietaria y de la clase trabajadora, lo que permitió que cada grupo de personas aceptara y funcionara en el status quo reorganizado de las relaciones de producción.

A pesar de la promesa ideológica de la industrialización —que la mecanización de la producción industrial elevaría la masa de los trabajadores de una vida brutal de existencia de subsistencia a un trabajo decente—, la división del trabajo inherente al modo de producción capitalista frustró la naturaleza humana —Gattungswesen— del trabajador, convirtiendo cada individuo, de ser una persona capaz de definir su valor a través de una actividad directa y decidida, en una parte mecanicista de un sistema de producción industrializado. Por otra parte, la mecanización y automatización casi total del sistema de producción industrial permitiría a la clase social capitalista burguesa dominante explotar a la clase obrera en la medida en que el valor obtenido de su trabajo disminuiría la capacidad del trabajador para sobrevivir materialmente . Por lo tanto, cuando la clase obrera proletaria se convierta en una fuerza política suficientemente desarrollada, realizarán una revolución y reorientarán las relaciones de producción a los medios de producción, de un modo de producción capitalista a un modo de producción comunista. En la sociedad comunista resultante, la relación fundamental de los trabajadores con los medios de producción sería igual y no conflictiva, porque no habría distinciones artificiales sobre el valor del trabajo de un trabajador; la humanidad del trabajador —su ser genérico— así respetada, hombres y mujeres no se alienarían.

En la organización socioeconómica comunista, las relaciones de producción operarían el modo de producción y emplearían a cada trabajador según sus capacidades, beneficiando a cada trabajador según sus necesidades. Por lo tanto, cada trabajador podría dirigir su trabajo a un trabajo productivo adecuado a sus propias capacidades innatas, en lugar de ser obligado a un «trabajo» de salario mínimo, destinado a extraer el máximo beneficio del trabajo individual, determinado y dictado bajo el modo de producción capitalista. En la sociedad comunista sin clases y colectivamente gestionada, el intercambio de valor entre el trabajo productivo objetivado de un trabajador y el beneficio de consumo derivado de esa producción no estará determinado ni dirigido a los estrechos intereses de una clase capitalista burguesa, se dirigirá a satisfacer las necesidades de cada productor y consumidor. Aunque la producción se diferencie por el grado de las capacidades de cada trabajador, el propósito del sistema comunista de producción industrial estará determinado por las necesidades colectivas de la sociedad, no por las exigencias de una clase social capitalista que viven a expensas de la mayoría de la sociedad. Bajo la propiedad colectiva de los medios de producción, la relación de cada trabajador con el modo de producción será idéntica y asumirá el carácter que corresponde a los intereses universales de la sociedad comunista. La distribución directa de los frutos del trabajo de cada trabajador, para satisfacer los intereses de la clase obrera —y por lo tanto a los intereses y beneficios propios— constituirá un estado no alienado de las condiciones laborales, que restaura al trabajador el máximo ejercicio y determinación de su naturaleza humana.

Alienación del trabajador de otros trabajadores[editar]

El capitalismo reduce la actividad productiva a una mercancía comercial que puede ser comercializada en el mercado de trabajo, más que como una actividad socioeconómica constructiva que forma parte del esfuerzo colectivo común realizado para la supervivencia personal y el mejoramiento de la sociedad. En una economía capitalista, los empresarios que poseen los medios de producción establecen un mercado de trabajo competitivo para extraer del trabajador tanto trabajo -valor- como sea posible, en forma de capital. El ordenamiento de las relaciones de producción de la economía capitalista provoca un conflicto social al oprimir al trabajador contra el trabajador, en una competencia por 《salarios más altos》, alejándolos así de sus intereses económicos mutuos; el efecto es una falsa conciencia, que es una forma de control ideológico ejercida por la burguesía capitalista a través de su hegemonía cultural. Además, en el modo de producción capitalista, la connivencia filosófica de la religión para justificar las relaciones de producción facilita la realización de la alienación del trabajador de su humanidad; es un papel socioeconómico independiente de que la religión sea. «el opio de los pueblos» .

Referencias[editar]

  1. Marx, Karl (1844). Manuscritos:Economía y Filosofía. 
  2. Marx, Karl (1845-1846). La ideología alemana. 

Bibliografía[editar]

  • Diccionario soviético de filosofía. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo,1965
  • Diccionario de sociología Versión actualizada 1996, Paulinas.
  • "Fronteras de la emancipación" (clases sociales a debate) en Actuel Marx, Universidad ARCIS, Santiago de Chile, 2004.
  • Marx, Karl, "Manuscritos: Economía y Filosofía" , Alianza Editorial, Madrid 1968, trad. e intr. Francisco Rubio LLorente.

Véase también[editar]