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Teología natural

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La teología natural es la rama de la filosofía, y más concretamente de la metafísica, que trata la cuestión de la existencia y atributos de Dios mediante argumentación y metodología filosófica, obviando la cuestión de la Revelación (la cuestión sobre si Dios se ha revelado a sí mismo o no); cuestión que pertenecería al ámbito de la teología sobrenatural o revelada, basada principalmente en la interpretación y reflexión sobre las Escrituras o referencias religiosas.

Introducción[editar]

A pesar de las afirmaciones kantianas y luego heideggerianas y aunque sea cierto que hay nuevas vías para acercarnos filosóficamente a Dios como de la antropología y de la psicología, la ética, estética... de todas formas es menester y preciso presentar un acceso racional y argumentativo a Dios con una nueva racionalidad metafísica y no la clásica. El objeto de estudio de esta ciencia es, paradójicamente, no solo su estudio sino aquello que primero debe demostrar que, por ser lo más elevado para la filosofía, somos como murciélagos enfrentándonos a la luz diurna. La otra dificultad, parafraseando a Aristóteles, es que "viene de afuera". Es decir, para el creyente es obvio que existe porque lo experimenta y no vale la pena el esfuerzo. Esto implica una epojé (despojo) y kénosis (intelectual). La teología natural, también recibe el nombre de teología racional y filosofía teológica, este último término fue acuñado por el filósofo (metafísico) Aristóteles porque solo pretendía hacer filosofía y así llega a la teología.

El ámbito donde se da es público como mítico, fabuloso (poético-literario) y político (legal). Pero el ámbito del filósofo es el privado, alejado de los prejuicios y creencias infundadas, es el lenguaje racional y, por lo tanto, el de la filosofía teológica (teología física, natural o racional). Hasta aquí es el primer momento, y esto último lo empezó diciendo Aristóteles pero es lo que dijo San Agustín en el libro La Ciudad de Dios (VI, 5). En el segundo momento, desde el s.IX, Al-Farabi y Averroes afirman que la filosofía es para pocos (como estoicos) y la religión es la explicación poética y fácil de la filosofía para todos los demás (así dividen a ambas). En tercer lugar, los modernos con la llamada religión natural, las incoherentes guerras de religión contrarias a la fe que prosigue Giordano Bruno al identificar a Dios con la naturaleza "Deus sive Natura" dijo y luego siguió Spinoza esta línea; antes Hume que ve la religión necesaria. Así se divinizó la naturaleza y luego la ciencia, a las cuales se las transformó en los nuevos dioses adorados, paradójicamente sin razonarlo.

Por otro lado, se rebajó a Dios al grado de naturaleza, pasando a ser homogéneo y ya no fue más Dios, al menos en el sentido de incognoscible o inconmensurable. Con respecto a la actual China sobre todo con Confucio, donde vemos que descubrieron las mismas verdades filosóficas, religiosas y teológicas que nosotros pero sin la revelación como religiones occidentales. Pero ¿cómo puede ser? O las verdades de las religiones de libro se basan en la profunda razón o existe la llamada "revelación natural" en los pueblos, accesible a toda razón y persona. Por otro lado, ¿es judaísmo, cristianismo o islamismo la verdadera? Así vemos, que como no se puede responder desde la religión, cual es la verdadera, es necesario responderlo desde la razón con crítica lógica y coherente; quien pasó a tener, justamente, la razón, como encargada de establecer la verdad religiosa y política desde lejos del mundo.

En la serie de libros llamada los Tratados de Bridgewater de la década de los treinta del siglo XIX, William Whewell, uno de los autores, consideraba la naturaleza como evidencia de la sabiduría de Dios; y la astronomía y la física «en relación con la teología natural».[1]

Elementos generales[editar]

Rasgos de cada uno de los tres momentos de la teología racional o natural:

  1. Considerar a la naturaleza como lugar donde se manifiesta lo divino. Esto hace a Dios accesible de un "modo natural", de modo que, si no lo alcanzamos, es porque estamos en un estado contrario a la naturaleza.
  2. Identificación de la naturaleza con la razón de modo que lo racional se constituye en la vía privilegiada para el acceso a lo divino. Todo aquello que no es racional queda fuera del discurso teológico: lo afectivo, lo mitológico, lo poético es desterrado del terreno teológico.
  3. El tercer rasgo está en que la teología natural propone un discurso de Dios más verdadero que el propuesto por la religión revelada, la cual tiene un fin pedagógico para los que no tienen educación.

Teodicea[editar]

Leibniz acuñó el término teodicea en referencia al problema del mal; pues si, como dice Epicuro siglos antes de Cristo, Dios es bueno y todopoderoso no debería existir. Las respuestas posibles son 3:

  1. La atea, según la cual la presencia del mal es tan evidente, tan cruda que implica la negación de Dios.
  2. Niega la existencia del mal, ya sea como lo negativo que resalta el bien, la luz y montaña (como sombra del cuadro). O como hacer posible el mal (no hay mal que por bien no venga).
    El mal como misterio como vagancia intelectual ya que la razón tiene límites pero no es precisamente este. O el caso del ciego de nacimiento que no extraña lo que nunca tuvo (ausencia de un bien debido), entonces no es mal.
  3. Plantea la existencia de Dios y del mal. Porque si niego la existencia de uno de los dos negaría el problema, se debe plantear el problema aunque parezca absurdo.

Teología filosófica[editar]

Se debe explicar no solo la existencia del ser sino el porqué del ser y no más bien la nada? También se debe admitir la nada, la cruz, el anonadamiento.

  1. Vivimos en un mundo que hoy (contemporáneo) es nihilista (pensamiento débil, líquido) y el filósofo no debe ser cobarde ni poco inteligente ni menos no pensar o razonar.
  2. Todo filósofo y teólogo de renombre lo planteó.
  3. Origen ex-nihilo (de la nada).
  4. Anonadamiento, locura de la cruz para paganos y escándalo para judíos que hace fuertes a débiles y los que son los hace nada. Así se amplía el horizonte de la metafísica al ocuparse del no ser además del ser. Así de ser metafísica pasa a ser una disciplina teológica en tanto se pregunte la razón de ser de las cosas y, en caso de llegar esa razón a alcanzar lo que la persona religiosa entiende por Dios, entonces y solo entonces la metafísica se habrá transformado en teología.

Argumentos de la existencia de Dios[editar]

Metafísica (Aristóteles)[editar]

Aristóteles, en su obra Metafísica, dividió a la sustancia que conforma al mundo en tres clases: Una primera clase física: aquello corruptible, como las plantas, los animales, el cuerpo del hombre y todo lo que hay en el mundo sub-lunar; Una segunda clase también física, pero incorruptible, eterna y móvil: el mundo supra-lunar; Una tercera sustancia metafísica, inmóvil y eterna. Esta última es el Primer motor inmóvil o Το Θείον (To Theion), el cual es perfecto, es acto puro, forma pura, el ser por excelencia.[cita requerida]

Argumento agustiniano[editar]

En el pensamiento de san Agustín, la prueba central de la existencia de Dios es aquella que parte de la aprehensión o conocimiento común a todos los seres racionales de determinadas verdades eternas, esto es, aquellas verdades que «no puedes llamar tuya, ni mía, ni de ningún hombre, sino que está presente a todos y se da a sí misma a todos por igual».[2]​. El ejemplo claro que el propio Agustín aporta es el de las verdades de la aritmética,[3]​ las cuales se 'imponen' por igual a todos los pensantes racionales en cuanto tales.

Comenta al respecto, en De libero arbitrio:

«[Pero] cuando alguien dice que las cosas eternas son superiores a las temporales o que siete y tres son diez, nadie dice que así debió ser, sino que, limitándose a conocer que así es, no se mete a corregir como censor, sino que se alegra únicamente como descubridor. Pero si esta verdad fuera igual a nuestras inteligencias, sería también mudable, como ellas. Nuestros entendimientos a veces la ven más, a veces menos, y en eso dan a entender que son mudables; pero ella, permaneciendo siempre la misma en sí, ni aumenta cuando es mejor vista por nosotros ni disminuye cuando lo es menos, sino que, siendo íntegra e inalterable, alegra con su luz a los que se vuelven hacia ella y castiga con la ceguera a los que de ella se apartan. ¿Qué significa el que juzgamos de nuestros mismos entendimientos según ella, y a ella no la podemos en modo alguno juzgar? Decimos, en efecto, que entiende menos de lo que debe o que entiende tanto cuanto debe entender. Y es indudable que la mente humana tanto más puede cuanto más pudiere acercarse y adherirse a la verdad inconmutable. Así, pues, si no es inferior ni igual, no resta sino que sea superior.»[4]

Este argumento fue formulado también por Gottfried Leibniz, quien vio su pensamiento influido por el Padre de la Iglesia africano.

En palabras del propio Leibniz:

«La razón suficiente de las verdades eternas es Dios mismo, ya que el conjunto de todas ellas no es otra cosa que el propio entendimiento divino.»[5]

Argumento ontológico[editar]

Un argumento ontológico trata de demostrar que el concepto de Dios implica necesariamente su existencia.

El argumento ontológico es un argumento filosófico deductivo a priori a favor de la existencia de Dios. Se llama ontológico, porque su prueba se basa en la definición o concepto de "lo que es" (ontos) de Dios: está en el ser o esencia de Dios existir. Muchos argumentos entran en la categoría de lo ontológico, y tienden a involucrar a los argumentos sobre el estado de ser o existir. Más específicamente, los argumentos ontológicos tienden a comenzar con una teoría a priori sobre la organización del universo. Si esa estructura organizacional es verdadera, el argumento proveerá las razones por las cuales Dios debe existir.[6]

El primer argumento ontológico en la tradición cristiana occidental fue propuesto por Anselmo de Canterbury en su obra de 1078, Proslogion. Anselmo definió a Dios como «aquel del que nada más grande [que él] puede ser pensado», y argumentó que este ser debe existir en la mente, incluso en la mente de la persona que niega la existencia de Dios. Sugirió que, si el mayor ser posible existe en la mente, también debe existir en la realidad. Si solo existe en la mente, entonces un ser aún mayor debe ser posible: uno que existe tanto en la mente como en la realidad. Por lo tanto, este ser más grande posible debe existir en la realidad.

El filósofo francés del siglo XVII, René Descartes, describió un argumento similar. Descartes publicó varias variaciones de su argumento, cada una de las cuales se centraba en la idea de que la existencia de Dios es inmediatamente deducible de una idea «clara y distinta» de un ser supremamente perfecto. A principios del siglo XVIII, Gottfried Leibniz revisó las ideas de Descartes, argumentando que lo que el argumento ontológico sí puede establecer es que Dios, por definición como ser necesario, tendría que ser o bien imposible o bien real, pues hablar de un ser necesario meramente posible (posible pero no real) sería una contradicción en los términos. Un argumento ontológico más reciente vino de Kurt Gödel, quien propuso un argumento formal para la existencia de Dios. Norman Malcolm revivió el argumento ontológico en 1960 cuando encontró un segundo argumento ontológico más fuerte en la obra de Anselmo; Alvin Plantinga desafió este argumento y propuso una alternativa, basada en la lógica modal. También se han realizado intentos para validar la prueba de Anselmo utilizando una demostración automática de teoremas. Otros argumentos han sido categorizados como ontológicos, incluyendo los argüidos por el filósofo islámico Mulla Sadra.

Desde su propuesta, pocas ideas filosóficas han generado tanto interés y discusión como el argumento ontológico. Casi todas las grandes mentes de la filosofía occidental han encontrado al argumento digno de su atención, y se han desarrollado una serie de críticas y objeciones. El primer crítico del argumento ontológico fue un contemporáneo de Anselmo, Gaunilo de Marmoutiers. Utilizó la analogía de una isla perfecta, sugiriendo que el argumento ontológico podría ser usado para probar la existencia de cualquier cosa. Esta fue la primera de muchas parodias, todas las cuales intentaron demostrar que el argumento tiene consecuencias absurdas. Luego, Tomás de Aquino rechazó el argumento sobre la base de que los seres humanos no pueden conocer la naturaleza de Dios. Posteriormente, David Hume ofreció una objeción empírica, criticando su falta de razonamiento probatorio y rechazando la idea de que cualquier cosa puede existir necesariamente. La crítica de Immanuel Kant (quien le dio dicho nombre al argumento) se basaba en lo que él veía como la falsa premisa de que la existencia es un predicado. Argumentó que «existir» no añade nada (incluyendo la perfección) a la esencia de un ser, y así un ser «supremamente perfecto» puede ser concebido para no existir. "La opinión de que la existencia no es una propiedad de los individuos se convirtió en la opinión común a principios del siglo XX".[7]​ Según Mario Bunge, la concepción actualmente aceptada es que la existencia no es un predicado sino un cuantificador llamado "cuantificador existencial".[8]​ Finalmente, filósofos, incluyendo a C. D. Broad, descartaron la coherencia de un ser máximamente grande, proponiendo que algunos atributos de grandeza son incompatibles con otros, haciendo que el «ser máximamente grande» sea incoherente. Aunque la mayoría de filósofos actuales lo rechazan, ha sido y es defendido por notables filósofos y trata cuestiones importantes acerca de la ontología, metafísica y el lenguaje.[9][10]

Los defensores contemporáneos del argumento ontológico incluyen a Alvin Plantinga, Yujin Nagasawa y Robert Maydole.

Una versión más acabada de este argumento fue dada por el lógico austriaco-estadounidense Kurt Gödel, quien intentó aclarar los razonamientos de Anselmo, Descartes y, especialmente, de Leibniz (quien había dicho anteriormente literalmente que quería «depurar» el argumento de Descartes, «eliminando la mención, inútil y llena de dudas, de la perfección»[11]​), utilizando lógica modal.

Vías tomistas[editar]

Quinque viae ("las cinco vías", en español) son cinco argumentaciones a favor de la existencia de Dios incluidos en el artículo III de la cuestión IIa de la primera parte de la obra Summa Theologiae, escrita en latín por el teólogo católico santo Tomás de Aquino. Santo Tomás no incluyó varios argumentos sobre la existencia de Dios que ya estaban postulados en aquel momento, como el argumento ontológico de san Anselmo de Canterbury, ya que no creía que fuera válido. En el siglo XX, el filósofo y cura católico Frederick Copleston dedicó gran parte de su trabajo a explicar y ampliar las cinco vías de Aquino.

Argumento cosmológico (Leibniz)[editar]

Gottfried Leibniz hizo un argumento de la contingencia con su principio de razón suficiente.
El filósofo alemán Gottfried Leibniz hizo un argumento de la contingencia donde intenta demostrar la existencia de un ser necesario e inferir que este ser es Dios con su principio de razón suficiente.

En su Monadología explica que «no se puede encontrar ningún hecho que sea verdadero o existente, ni ninguna proposición verdadera», escribió, «sin que haya una razón suficiente para que sea así y no de otra manera, aunque no podemos conocer estos motivos en la mayoría de los casos». Formuló el argumento cosmológico sucintamente: «¿Por qué hay algo en lugar de nada? La razón suficiente [...] se encuentra en una sustancia que [...] es un ser necesario que lleva la razón de su existencia dentro de sí mismo».[12]

Leibniz no pretende basarse en ninguna premisa que descarte la posibilidad de una serie infinita. Dice, por ejemplo: «Ciertamente concedo que puedes imaginar que el mundo es eterno». Leibniz piensa que el mundo pudo ser de otras infinitas maneras, en tanto que existen infinitos mundos lógicamente posibles, y la razón por la que el mundo es así y no de otra manera es Dios, y la razón por la que Dios eligió este mundo y no otro de los infinitos posibles es porque «éste es el mejor de los mundos posibles» acorde con sus atributos de perfecta bondad e infinita sabiduría.[13][14]​ El principio de razón suficiente también es empleado por Samuel Clarke en su argumento cosmológico.[15]​ El argumento de Leibniz, denominado como "argumento cosmológico leibniziano",[16]​ ha tenido muchas formulaciones.

Alexander Pruss formula el argumento como el siguiente:[17]
  1. Cada hecho contingente tiene una explicación.
  2. Hay un hecho contingente que incluye todos los demás hechos contingentes.
  3. Por lo tanto, hay una explicación de este hecho.
  4. Esta explicación debe involucrar a un ser necesario.
  5. Este ser necesario es Dios.
William Lane Craig lo formula de la siguiente forma:[18]
  1. Todo lo que existe tiene una explicación de su existencia (ya sea por la necesidad de su propia naturaleza o por una causa externa).
  2. Si el universo tiene una explicación de su existencia, esa explicación es Dios.
  3. El universo existe.
  4. Por lo tanto, el universo tiene una explicación de su existencia. (de 1, 3)
  5. Por lo tanto, la explicación de la existencia del universo es Dios. (de 2, 4)

En su "Prueba racionalista",[19]Edward Feser defiende el principio de razón suficiente argumentando que si no fuera verdadero, entonces "las cosas y los acontecimientos sin una explicación o inteligibilidad evidentes serían extremadamente comunes" y "seríamos incapaces de confiar en nuestras propias facultades cognitivas".[20]

De una manera similar, Baruch Spinoza distinguía en su filosofía entre natura naturans (Dios como la infinita sustancia o causa) y natura naturata (Dios como los modos finitos o efectos).[21]​ Según el filósofo alemán Karl Jaspers, cuando Spinoza escribió "Deus sive Natura" (Dios o la Naturaleza), Spinoza no quiso decir que Dios y la Naturaleza son términos intercambiables, sino que la trascendencia de Dios estaba atestiguada por sus infinitos atributos, y que dos atributos conocidos por los humanos, a saber, el pensamiento y la extensión, significaban la inmanencia de Dios.[22]​ En una carta a Henry Oldenburg, Spinoza afirma que: «en cuanto a la opinión de ciertas personas de que identifico a Dios con la Naturaleza, tomada como una especie de masa o materia corpórea, están muy equivocadas».[23]

El filósofo Michael Almeida formuló un argumento basado en el realismo modal de David Lewis y un principio de razón suficiente fuerte (donde "todo lo que existe tiene una explicación absoluta para su existencia [...] no hay hechos contingentes") para la existencia necesaria de Dios como explicación absoluta de todo lo que existe.[15]​ Por otro lado, los filósofos Richard M. Gale y Alexander Pruss propusieron una nueva versión basada en un principio de razón suficiente débil (donde "solo requiere la posibilidad de que haya una explicación para cualquier proposición verdadera") para la existencia de "un ser sobrenatural necesario que es muy poderoso, inteligente y bueno y crea libremente el universo" pero no un "Dios absolutamente perfecto (el que esencialmente tiene todas las omni-perfecciones)".[24]Graham Oppy criticó esta distinción sosteniendo que el principio débil implica el principio fuerte.[25][26]​ Varios filósofos de la religión, como Joshua Rasmussen y T. Ryan Byerly, han defendido la inferencia que el ser necesario que explica la totalidad de los hechos contingentes es Dios.[27][28]

Autores y obras más destacados[editar]

San Agustín de Hipona
  • La expresión "teología natural" (theologia naturalis) parece haber sido utilizada por vez primera por Agustín de Hipona.
  • Tomás de Aquino.
  • Gottfried Leibniz.
  • Thomas Barlow: Execreitationes aliquot metaphysicae de Deo (1637)
  • Robert Boyle: Disquisition About the Final Causes of Natural Things (1688)
  • John Ray: Wisdom of God Manifested in the Works of the Creation (1691)
  • William Paley: Natural Theology, or Evidences of the Existence and Attributes of the Deity collected from the Appearances of Nature.
  • Thomas Paine: Deism, The Age of Reason. In it he uses reason to establish a belief in Nature's Designer who man calls God.
  • Horace Mann
  • Edward Hitchcock: The Religion of Geology and its Connected Sciences (Boston, 1851).
  • Adam Lord Gifford: The Gifford Lectures
  • Los Tratados Bridgewater: A su muerte, el conde de Bridgewater legó una suma de dinero importante para financiar la redacción de una serie de volúmenes “sobre el poder, la sabiduría y la bondad de Dios, tal como se manifiestan en la creación”:
  1. The Adaptation of External Nature to the Moral and Intellectual Condition of Man, por Thomas Chalmers
  2. The Adaptation of External Nature to the Physical Condition of Man, por John Kidd
  3. Astronomy and General Physics considered with reference to Natural Theology, por William Whewell
  4. The hand, its Mechanism and Vital Endowments as evincing Design, por Sir Charles Bell.
  5. Animal and Vegetable Physiology considered with reference to Natural Theology, por Peter Mark Roget.
  6. Geology and Mineralogy considered with reference to Natural Theology, por William Buckland
  7. The Habits and Instincts of Animals with reference to Natural Theology, por William Kirby.
  8. Chemistry, Meteorology, and the Function of Digestion, considered with reference to Natural Theology, por William Prout.

Teodicea[editar]

La teodicea es la rama de la teología natural que se ocupa de la cuestión del problema del mal; esto es, de buscar una explicación al hecho de que Dios permita el mal en el mundo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Quammen, David (2008). El remiso Mr. Darwin: Un retrato íntimo de Charles Darwin y el desarrollo de la teoría de la evolución. Antoni Bosch editor. p. 29. ISBN 978-84-95348-36-4. Consultado el 14 de febrero de 2021. 
  2. De libero arbitrio, 2, 12, 33.
  3. Recio, Gonzalo (2012). «Kurt Gödel y San Agustín: Platonismo Matemático y la Existencia de Dios». Repositorio Institucional UCA. 
  4. Recio, Gonzalo (2012). «Kurt Gödel y San Agustín: Platonismo Matemático y la Existencia de Dios». Repositorio Institucional UCA. 
  5. GONZÁLEZ, Ángel Luis (1996). «Las pruebas del absoluto según Leibniz». www.actaphilosophica.it. Pamplona: EUNSA. p. 438. Consultado el 1 de marzo de 2020. 
  6. Oppy, Graham (2017). Zalta, Edward N., ed. Ontological Arguments (Summer 2017 edición). The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Consultado el 14 de septiembre de 2018. 
  7. Nelson, Michael (2020). Zalta, Edward N., ed. Existence (Summer 2020 edición). Metaphysics Research Lab, Stanford University. Consultado el 11 de julio de 2022. 
  8. Bunge, Mario (2001). Diccionario de filosofía. Siglo XXI. p. 74. ISBN 978-968-23-2276-1. Consultado el 28 de enero de 2020. 
  9. Bassham, Gregory (2018). El libro de la filosofía : de los Vedas a los nuevos ateos, 250 hitos en la historia del pensamiento. Librero. p. 152. ISBN 9789089989451. OCLC 1123026787. 
  10. The Stanford Encyclopedia of Philosophy, "The Problem of Evil", Michael Tooley
  11. «NAVARRO, A. (Ed.) - La Correspondencia Filosófica Leibniz-Eckhard (OCR) (Por Ganz1912) PDF | PDF | René Descartes | Enseñanza de matemática». Scribd. Consultado el 24 de marzo de 2024. 
  12. Monadologie (1714). Nicholas Rescher, trans., 1991. The Monadology: An Edition for Students. Uni. of Pittsburg Press. Jonathan Bennett's translation. Latta's translation. Archivado el 17 de noviembre de 2015 en Wayback Machine.
  13. «Javier Pérez Jara, Recopilación de estudios sobre Leibniz, El Catoblepas 15:23, 2003». www.nodulo.org. Consultado el 24 de noviembre de 2020. 
  14. «Leibniz’s cosmological argument». www3.nd.edu. Consultado el 12 de diciembre de 2021. 
  15. a b Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Argumento cosmológico :1
  16. «Cosmological Argument for the Existence of God | Encyclopedia.com». www.encyclopedia.com. Consultado el 8 de julio de 2021. 
  17. «Leibnizian Cosmological Arguments». alexanderpruss.com. Consultado el 5 de octubre de 2019. 
  18. «The Leibnizian Cosmological Argument | Reasonable Faith». www.reasonablefaith.org (en inglés). Consultado el 5 de octubre de 2019. 
  19. Edward Feser, Five Proofs of the Existence of God, Ignatius Press, San Francisco, 2017, 330 pp.
  20. Feser, 2017, p. 161.
  21. «Natura naturans, natura naturata - Encyclopaedia Herder». encyclopaedia.herdereditorial.com. Consultado el 24 de marzo de 2024. 
  22. Karl Jaspers, Spinoza(Los grandes filósofos), Harvest Books, 1974, ISBN 978-0-15-684730-8, pp. 14 y 95.
  23. Correspondencia de Benedicto de Spinoza, Wilder Publications, 2009, ISBN 978-1-60459-156-9, carta 73.
  24. Gale, Richard M.; Pruss, Alexander R. «A New Cosmological Argument». Religious Studies 35 (1999) 461–476. Cambridge University Press. Archivado desde el original el 11 de agosto de 2011. Consultado el 18 de enero de 2020. 
  25. Oppy, Graham (2000). «On 'A New Cosmological Argument'». Religious Studies 36 (3): 345-353. ISSN 0034-4125. Consultado el 21 de junio de 2022. 
  26. Gale, Richard M.; Pruss, Alexander R. (2002). «A Response to Oppy, and to Davey and Clifton». Religious Studies 38 (1): 89-99. ISSN 0034-4125. Consultado el 21 de junio de 2022. 
  27. Rasmussen, Joshua. "From a Necessary Being to God". International Journal for Philosophy of Religion.
  28. Byerly, Ryan T "From a necessary being to a perfect being" Analysis, Volume 79, Issue 1, January 2019, pages 10-17
  29. Koons, Robert C. (2014). «A new kalam argument: revenge of the grim reaper». Noûs 48 (2): 256-267. doi:10.1111/j.1468-0068.2012.00858.x. Consultado el 5 de julio de 2021. 
  30. OPPY, GRAHAM; PEARCE, KENNETH L., Is There a God? A Debate, Routledge, New York, 2022, 357 pp.
  31. Edward Feser, Five Proofs of the Existence of God, Ignatius Press, San Francisco, 2017, 330 pp.

Enlaces externos[editar]