Quinque viae

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Quinque viae (lit. en latín, Las cinco vías) son cinco argumentaciones a favor de la existencia de Dios incluidos en la parte Ia cuestión de la Suma teológica (Summa theologiae) escrita en latín por el teólogo del s. XIII santo Tomás de Aquino. Tomás de Aquino no incluyó varios argumentos sobre la existencia de Dios que ya estaban postulados en ese momento, como el argumento ontológico de san Anselmo de Canterbury, ya que no creía que fuera válido. En el siglo XX, el filósofo y sacerdote católico Frederick Copleston dedicó gran parte de su trabajo a explicar y ampliar las cinco vías de Tomás de Aquino. Estos argumentos están diseñados para probar la existencia de un solo Dios (monoteísmo), como el cristiano.

El libro Suma de Teología, escrito por Santo Tomás de Aquino tuvo el objetivo de ser un manual para sus estudiantes. Este texto es una reinterpretación y adaptación de Aristóteles poniendo el pensamiento de este en función del Cristianismo al ser una gran influencia para Aquino. Cada vía es un proceso lógico para acceder al conocimiento de la existencia de un ser supremo, que es Dios.

Las cinco vías[editar]

Son cinco pruebas de la existencia de Dios en forma de argumentos filosóficos.[1]​ Tomás de Aquino toma como punto de partida para estas vías un punto visible, un principio metafísico y la imposibilidad de un proceso infinito, que ayudaran a formar cada uno de estos caminos.


Argumento del primer motor inmóvil o Vía del movimiento[editar]

"[...] En este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. [...] Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y este por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. [...]. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En este, todos reconocen a un ser más omnipotente del cual tenemos por nombre Dios."


En la primera vía se toma el Primer motor inmóvil aristotélico que santo Tomás de Aquino usa para pulirlo y convertirlo en un Dios creador, en este caso el Dios cristiano. Esta vía explica que se habla del movimiento en un sentido muy amplio por lo que primero tomamos que en el mundo hay cosas que cambian, esto es algo que podemos notar. Para luego seguir con un principio que nos dice que todo es movido por otra cosa pero a su vez se niega que esto pueda ser infinito y debe haber algo que no necesite ser movido por otra cosa. para comprender mejor esto se puede tomar como ejemplo el nacimiento de un pollo. Este viene de un huevo pero a su vez ese huevo viene de una gallina y así seguiría ese ciclo, pero en cambio Dios no hace parte ya que él no viene de otra cosa, por eso es el motor primario que genera esa cadena que el resto si sigue.


Argumento de las causas eficientes o Vía de la causalidad[editar]

"[...] En el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. [...] Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios."

Esta vía quiere explicar que nadie puede ser causa de sí mismo y esto se refiere a que no venimos de la nada. Si estamos vivos es porque nuestros padres nos concibieron y así mismo todo necesita una causa anterior. A pesar de eso se necesita una primera causa que de paso a las demás por lo que Dios es la causa eficiente primera.

Argumento de la contingencia o Vía de la contingencia[editar]

Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió... Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes (núm. 2). Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios."

La tercera vía nos dice que así como existimos, por distintos motivos tenemos la probabilidad de llegar a no existir. Esto no da un sentido de continuidad al universo y por eso es necesario un ser que nos asegure la existencia del resto de cosas.

Argumento de los grados de perfección o Vía de los grados de perfección[editar]

"[...] Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. [...] Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphys. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro —, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios."

En la cuarta vía se dice que debe existir el ser más perfecto ya que la existencia de este hace que podamos tener una medición de lo que es la perfección y evaluar a cada ser con esto.

Argumento teleológico o Vía de la finalidad[editar]

"[...] Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios."

Con esta última vía se quiere decir que en el universo existe un orden que hace que seres aun sin tener el conocimiento de todo saben como actuar en función de su beneficio. Esto lo podemos ilustrar mejor con el comportamiento animal. Por ejemplo un ave puede volar sin necesidad de un conocimiento profundo. Esa es la razón por la que se necesita la existencia de un ser inteligente que pueda dirigir como es todo el universo.

Críticas[editar]

Las primeras críticas a estos argumentos comenzaron en el siglo XVIII. Primero fue Hume, quien criticó el principio de causalidad, y más tarde Kant, quien postuló a Dios como garante de la moralidad, pero cuya existencia creía indemostrable, aunque no estaba de acuerdo tampoco con el argumento Anselmiano que continuó René Descartes.[2]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Sobre la existencia de Dios Suma teológica - Parte Ia - Cuestión 2
  2. Cosmological Argument Stanford Encyclopedia of Philosophy

Bibliografía[editar]

https://www.youtube.com/watch?v=iTiPc1cv9OA