Falacia del hombre de paja

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Si no miras de cerca, confundirás al espantapájaros con la postura real.

La falacia del hombre de paja o del espantapájaros es una falacia que consiste en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras (del oponente) para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico.[1] Su nombre hace alusión a que el argumentador no combate los argumentos contrarios, sino una imitación falsa y vulnerable de los mismos (el «hombre de paja») a fin de dar la ilusión de vencerlos con facilidad.

Ejemplos[editar]

A: Creo que es malo que los adolescentes vayan solos de vacaciones.
B (refutación falaz): Obligar a nuestros hijos a quedarse encerrados en casa es perjudicial para su desarrollo emocional.

El argumento de A en ningún momento propuso que los adolescentes debían quedarse encerrados en sus casas.

A: Creo que es malo que los niños salgan solos a altas horas de la noche.
B (refutación falaz): ¿Entonces al salir de la casa van a volverse sádicos, drogadictos y violadores?

El argumento de A en ningún momento dice que los niños se volverían sádicos, drogadictos o violadores. Hay otros peligros.

A: No puede probarse la inexistencia de Dios.
B (refutación falaz) ¿Entonces tu dices que Dios existe porque no se puede probar lo contrario?

El argumento de A en ningún momento concluye que Dios existe, sino que no puede probarse su inexistencia, tal como tampoco puede probarse su existencia desde el método científico.

Aclaración[editar]

Para evitar objeciones a partir de ideas del hablante que puedan ser malinterpretadas, es recomendable anticiparse a esas objeciones (en especial si el hablante sospecha que sus palabras puedan ser usadas malintencionadamente en su contra):

  • Me parece una muy buena idea que nuestros hijos vayan de campamento, pero por su seguridad deben ir acompañados de algunos adultos (o sea, no estoy en contra del viaje, sino de que vayan solos].
  • Respeto a sus costumbres, no estoy en contra de ellas, pero prefiero mi estilo de vida.
  • No digo que se obligue a los alumnos a peregrinar el próximo sábado, solo propongo la actividad para quienes estén interesados.

Referencias[editar]

  1. Sagan, Carl (1997). El mundo y sus demonios. Barcelona: Planeta. ISBN 84-08-02043-9. 

Véase también[editar]