Neuroléptico

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Un neuroléptico o antipsicótico es un fármaco que comúnmente, aunque no exclusivamente, se usa para el tratamiento de las psicosis. Los neurolépticos ejercen modificaciones fundamentalmente en el cerebro y pueden servir en casos de esquizofrenia para, por ejemplo, hacer desaparecer las alucinaciones, y generalmente —en dosis terapéuticas— no presentan efectos hipnóticos. Se han desarrollado varias generaciones de neurolépticos, la primera la de los antipsicóticos típicos, descubiertos en la década de 1950. La segunda generación constituye un grupo de antipsicóticos atípicos, de descubrimiento más reciente y de mayor uso en la actualidad. Ambos tipos de medicamentos, los típicos y los atípicos, tienden a bloquear los receptores de la vía de la dopamina en el cerebro. Algunos efectos colaterales incluyen la ganancia de peso, agranulocitosis, discinesia y acatisia tardía.

Origen[editar]

En el argot psiquiátrico, los antipsicóticos, también llamados antipsicóticos clásicos, típicos o tranquilizantes mayores, se identifican bajo el término de neurolépticos, del griego neuro, "nervio", y lepto, "atar". Su descubrimiento fue accidental.

El doctor francés Henri Laborit realizaba estudios con sustancias que pudiesen antagonizar los síntomas del estado de choque cuando descubrió la clorpromazina, un fármaco capaz de producir cierta somnolencia y disminuir las reacciones ante estímulos ambientales sin ocasionar la pérdida total de la conciencia.

Se suele decir que su descubrimiento fue accidental. Sin embargo, esta afirmación ignora el estado de la ciencia en los años 40 y 50 del siglo XX y la forma de investigar los efectos de los medicamentos que se estaban sintetizando en aquellas fechas. En realidad deberíamos decir que el descubrimiento de su acción antipsicótica fue resultado de la observación detallada de sus efectos en pacientes no psiquiátricos (Henri Laborit) y de su ensayo posterior en pacientes psicóticos (los psiquiatras franceses Jean Delay y Pierre Deniker).[1]

En 1952 Jean Delay y Pierre Deniker, dos de los psiquiatras más reconocidos de su época, comenzaron a ensayar la clorpromazina, administrándola a algunos de sus pacientes. Los resultados fueron calificados como extraordinarios, en especial por el impacto en psiquiatría, y en especial respecto al tratamiento de la esquizofrenia. El número de pacientes que requieren hospitalización en instituciones mentales se redujo notoriamente, con lo cual la psiquiatría encontró algo más cercano a un fundamento más biológico en la explicación de la esquizofrenia.[2] En 1958 Janssen descubrió las propiedades antipsicóticas del haloperidol y a partir de entonces siguieron explorándose los usos antipsicóticos de otras sustancias similares.

En las décadas posteriores se sintetizaron numerosos compuestos antipsicóticos con eficacia equivalente y con pocas diferencias en su toxicidad. No fue sino hasta los años 1990 cuando se consigue reunir un grupo de fármacos llamados antipsicóticos "atípicos" con ciertas ventajas sobre los anteriores (por ejemplo, el control de síntomas reducía los riesgos de efectos adversos), fármacos que se han convertido en los predominantes en los países desarrollados.

El descubrimiento de los beneficios del litio resultó ser una combinación de una hipótesis incorrecta y extremadamente buena fortuna en la selección de una dosificación correcta. Aunque la clorpromazina se usa en el presente ocasionalmente, junto con la reserpina, son drogas que han sido suplantadas por agentes más recientes.

Farmacología[editar]

Clasificación[editar]

Clasificación clínico-farmacológica[editar]

Antipsicóticos típicos (clásicos)
  • Su acción antipsicótica se ejerce al bloquear los receptores dopaminérgicos D2.
  • Son eficaces sobre los síntomas positivos de la esquizofrenia.
  • Tienen muchos efectos adversos, sobre todo extrapiramidales.
Antipsicóticos atípicos (nuevos)
  • Su acción antipsicótica se ejerce no sólo por el antagonismo de los receptores dopaminérgicos D2, sino también por los de serotonina, histamínicos y muscarínicos.
  • Presentan un espectro de eficacia mayor, incluyendo los síntomas negativos y positivos.
  • Ocasionan menos efectos adversos incluyendo una baja incidencia de efectos extrapiramidales, además de una mínima afectación de la prolactina y otras hormonas.

Clasificación química[editar]

En función de su estructura química, hay antipsicóticos:

Típicos (clásicos)
Atípicos (nuevos)

Mecanismo de acción y formas de empleo[editar]

Los neurolépticos pueden administrarse por vía oral, sublingual, intramuscular o endovenosa según sea el caso y el producto comercial. Al llegar al cerebro ocupan los receptores del neurotransmisor conocido como dopamina y en algunos casos también los de la serotonina. Actúan como antagonistas bloqueando sus efectos y producen un estado de tranquilidad e indiferencia inmediatas; es por esto que en 1952 el primer científico en experimentar con ellos los calificó de auténticos "lobotomizadores químicos".

La mayor parte de los neurolépticos son fuertes bloqueadores de los receptores post-sinápticos D2 del sistema nervioso central, especialmente en el sistema frontal-mesolímbico. También se ha descubierto una densidad aumentada de receptores de dopamina en exámenes post-mórtem del cerebro de pacientes esquizofrénicos. Por ello se ha estipulado que la esquizofrenia puede ser causada por una excesiva actividad dopaminérgica. Adicionalmente, hay medicamentos que, como el levodopa y las anfetaminas, agravan la esquizofrenia o producen nuevas psicosis en algunos pacientes.

Sin embargo, existen otras posibilidades, pues no todos los antipsicóticos son completamente eficaces en el tratamiento de la esquizofrenia, y en algunos pacientes no tienen ningún efecto terapéutico. Se ha notado también que algunos de los más recientes fármacos tienen una débil asociación con los receptores D2 y, sin embargo, son más efectivos que aquellos que son más afines por el receptor.[2]

Usos terapéuticos[editar]

No se conoce aún el fundamento molecular de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, aunque las evidencias apuntan a un síndrome multifactorial. Al menos un gen ha sido asociado a la esquizofrenia en ciertas regiones del mundo, el gen que codifica a la neuregulina 1.[2] Los psiquiatras prescriben neurolépticos especialmente en cuadros clínicos de esquizofrenia, paranoia, psicosis orgánicas y funcionales. Existen cuadros clínicos en los que están severamente contraindicados, tal es el caso de la demencia de cuerpos de Lewy (DCL).

Los neurolépticos o tranquilizantes mayores también tienen uso diseminado en medicina veterinaria como agentes tranquilizantes, sedantes o hipnóticos, según la dosis, pues disminuyen la excitabilidad nerviosa sin llegar al embotamiento de la conciencia ni generar somnolencia. Disminuye la acción motora y se reduce el umbral de convulsiones.

También la acepromazina posee efectos antieméticos. Otros neurolépticos son: la carbamazepina, la acepromazina, el haloperidol y la olanzapina, un reciente antimaníaco.

Los antipsicóticos y benzodiacepinas son prescritos a los institucionalizados en residencias de ancianos careciendo de una indicación adecuada para su uso.[3]

Cómo vivir con esquizofrenia (Terapia Psicosocial)[editar]

Existe el tratamiento psicosocial que va de la mano con los antipsicóticos ya que éste ayuda a afrontar los síntomas diarios de la enfermedad como: dificultad al comunicarse con los demás, cuidado personal, trabajo y asistir a la escuela. También se tiene más probabilidades de seguir con los medicamentos sin tener recaídas ya que un terapeuta puede ayudar a comprender mejor la enfermedad. Según la National Institute of Mental Health menciona los siguientes aspectos que tienen que ver con el tratamiento psicosocial:[4]

Habilidades para lidiar con la enfermedad: Los pacientes pueden ser amigos de los síntomas frecuentes teniendo la capacidad de afrontarlos. Como dice el dicho: “El valiente vive hasta que el cobarde quiere” o mejor dicho: “Los síntomas viven hasta que el enfermo quiere”.

Tratamiento integrado cuando se combina con el abuso de sustancias: Se lleva a cabo este método ya que el abuso de sustancias es la adicción más relevante que se combina con la esquizofrenia.

Rehabilitación: Tiene que ver con el asesoramiento para tener una mejor capacidad laboral, para que la persona aprenda a utilizar el transporte público, saber relacionarse con los demás, entre otras situaciones.

Terapia cognitivo-conductual: Se concentra en el pensamiento y la conducta. Ayuda a los pacientes con los síntomas que no desaparecen incluso cuando toman los medicamentos. El terapeuta les enseña a "no escuchar" las voces y a manejar sus síntomas en general.

Educación familiar: Con la ayuda del especialista, los familiares pueden aprender estrategias y habilidades para afrontar la enfermedad y resolver problemas relacionados para que puedan asegurarse de que sus seres queridos sigan el tratamiento y tomen los medicamentos.

Grupos de autoayuda: En este nivel los mismos miembros del grupo se brindan apoyo mutuo ya que saben que los demás están atravesando por problemas parecidos y esto los ayuda a sentirse más acoplados y menos solos.

Referencias[5] [editar]

  1. Kandel, E. R. (2007). En busca de la memoria: El nacimiento de una nueva ciencia de la mente. (In Search of Memory) (E. Marengo, trad.). Ed. Katz, pp. ISBN 84-935432-8-4, 9788493543280. ISBN Argentina 978-987-1283-40-8. Consultado en [1] el martes 9 de junio del 2009.
  2. a b c Katzung, Bertram G. (2007). «9». Basic & Clinical Pharmacology (9 edición). McGraw-Hill. pp. 655-656. ISBN 0071451536. 
  3. Stevenson DG, Decker SL, Dwyer LL, Huskamp HA, Grabowski DC, Metzger ED, Mitchell SL. Antipsychotic and benzodiazepine use among nursing home residents: findings from the 2004 National Nursing Home Survey. Am J Geriatr Psychiatry. 2010 Jun 22.
  4. http://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/esquizofrenia-2011/index.shtml
  5. BBCMUNDO. (2012, Mayo 07). Bbc mundo. Retrieved from http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/05/120505_salud_antipsicoticos_medicamentos_jg.shtml

Bibliografía[editar]

  • Jones, H. M., & Pilowsky, L. S. (2002) Dopamine and antipsychotic drug action revisited. British Journal of Psychiatry, 181, 271-275. (en inglés)
  • Escohotado, A. (1995). Historia general de las drogas, t. II. Ed. Alianza, España.
  • Velasco, A. (2004). Farmacología clínica y terapéutica médica. McGraw Hill-Interamericana. Colombia.
  • Bowmand, W. C. (1984). Farmacología: Bases bioquímicas y patológicas. Aplicaciones Clínicas. 2a. ed. Ed. Interamericana. México.
  • Goodman y Gilman (1996). Las bases farmacológicas de la terapéutica. 9a. ed., vol. I. McGraw-Hill-Interamericana. México.

Enlaces externos[editar]