Gran peste de Londres

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Recogida de los muertos para su entierro durante la gran peste de Londres.

La gran peste de Londres, que duró de 1665 a 1666, fue la última gran epidemia de peste bubónica en Inglaterra. Sucedió en el contexto de la segunda pandemia en Europa, un período de epidemias intermitentes de peste bubónica que se originó en China en 1331 —primer año de la peste negra, un brote que incluyó otras formas como la peste pulmonar— y duró hasta 1750.[1][a]

La epidemia mató a unas 100 000 personas, casi una cuarta parte de la población de Londres, en dieciocho meses.[5][6]​ La peste era causada por la bacteria Yersinia pestis,[7]​ que generalmente se transmite a través de la picadura de una pulga de rata infectada.[8]

La epidemia de 1665-1666 era en una escala mucho menor que la anterior pandemia de peste negra; más tarde, fue recordada como la «gran» peste, principalmente porque fue el último brote generalizado de peste bubónica en Inglaterra durante la segunda pandemia de cuatrocientos años.[9][10]

Londres en 1665[editar]

Mapa de Londres por Wenceslaus Hollar (c. 1665).

Como en otras ciudades europeas de la época, la peste era endémica en el Londres del siglo XVII.[11]​ La enfermedad estallaba periódicamente en epidemias masivas.[12]​ Hubo 30 000 muertes debido a la peste en 1603, 35 000 en 1625 y 10 000 en 1636, así como números más pequeños en otros años.[13][14]

A finales de 1664, se veía un cometa brillante en el cielo[15]​ y la gente de Londres tenía miedo, preguntándose qué evento fatídico presagiaba.[b]​ Londres en ese momento consistía en una ciudad de aproximadamente 448 acres rodeada por una muralla romana, que originalmente había sido construida para evitar bandas de asalto. Había portones en Ludgate, Newgate, Aldersgate, Cripplegate, Moorgate y Bishopsgate y al sur se extendía el río Támesis y el puente de Londres.[19]​ En las partes más pobres de la ciudad, la higiene era imposible de mantener en las hacinadas viviendas y desvanes. No había saneamiento y los desagües abiertos fluían por el centro de las sinuosas calles. Los adoquines estaban resbaladizos por el excremento de animales, la basura y los desechos arrojados de las casas, estaban fangosos y llenos de moscas en verano y cubiertos de aguas residuales en invierno. La Corporación de la City de Londres empleó «rastrillos» (rakers) para eliminar lo peor de la inmundicia, que fue transportada a montículos fuera de las paredes donde se acumuló y continuó descomponiéndose. El hedor era abrumador y la gente caminaba con pañuelos o ramilletes de flores presionados contra sus fosas nasales.[20]

Algunas de las necesidades de la ciudad, como el carbón, llegaban en gabarras, pero la mayoría por carretera. Carros, carruajes, caballos y peatones se apiñaban y las puertas en la pared provocaban atascos en cuello de botella por los que era difícil progresar. El puente de Londres de diecinueve arcos estaba aún más congestionado. Los más acomodados usaban carruajes alquilados y literas para llegar a su destino sin ensuciarse. Los pobres iban a pie y podían ser salpicados por los vehículos con ruedas y empapados por la suciedad que arrojaban y el agua que caía de los balcones. Otro peligro era el humo negro sofocante que emanaba de las fábricas de jabón, las cervecerías y fundiciones de hierro y de unas 15 000 casas que quemaban carbón.[21]

Fuera de los muros, habían surgido suburbios que proporcionaban hogares para los artesanos y comerciantes que acudían en masa a la ciudad ya sobrepoblada. Estos eran barrios marginales con chozas de madera y sin saneamiento. El gobierno había tratado de controlar esto, pero había fallado y más de un cuarto de millón de personas vivían aquí.[22]​ Otros inmigrantes se habían apoderado de opulentas casas urbanas, desocupadas por realistas que habían huido del país durante la Mancomunidad, convirtiéndolas en viviendas con diferentes familias en cada habitación. Estas propiedades pronto fueron destrozadas y se volvieron barrios marginales infestados de ratas.[22]

La administración de la City de Londres estaba organizada por el alcalde mayor, ediles y concejales comunes, pero no toda el área habitada que generalmente comprende Londres era legalmente parte de la City. Tanto dentro de la City como fuera de sus límites también había liberties, que eran áreas de diferente extensión a las que históricamente se les habían otorgado derechos de autogobierno. Muchas habían estado asociadas con instituciones religiosas y, cuando se abolieron en la disolución de los monasterios, sus derechos históricos se transfirieron junto con su propiedad a nuevos propietarios. La City amurallada estaba rodeada por un anillo de liberties, que habían estado bajo su autoridad, por lo que era llamada «la City y las liberties», pero estas, a su vez, eran circundadas por suburbios con diferentes administraciones. Westminster era una ciudad independiente con sus propias liberties, unida con Londres por el desarrollo urbano. La Torre de Londres era una liberty independiente, como lo fueron otras. Las áreas al norte del río que no formaban parte de una de estas administraciones quedaron bajo la autoridad del condado de Middlesex y las que estaban al sur por Surrey.[23]

En ese momento, la peste bubónica era una enfermedad muy temida, pero su causa no se entendía. Los crédulos culpaban a las emanaciones de la tierra, «efluvios pestilentes», clima inusual, enfermedad en el ganado, comportamiento anormal de los animales o un aumento en el número de topos, ranas, ratones o moscas.[24]​ No fue sino hasta 1894 que Alexandre Yersin identificó su agente causal Yersinia pestis y fue conocida la transmisión de la bacteria por las pulgas de las ratas.[25]​ Se creía que la gran peste en Londres era una peste bubónica causada por Y. pestis, lo que fue confirmado por un análisis de ADN en 2016.[26]

Esta situación había dado lugar a una rica literatura crítica, social o política, moral o religiosa, como la de Thomas Dekker, autor de varios panfletos de peste (1603-1630),[27]William Winstanley con The Christians refuge (1665)[28]​ o Robert Boyle con The Plague of London from the Hand of God (1665).[29]

Registro de los fallecidos[editar]

Escenas en Londres de la peste de 1665.

Para evaluar la gravedad de una epidemia, primero es necesario saber qué tan grande era la población en la que ocurrió. No había un censo oficial de la población para proporcionar esta cifra y el mejor conteo contemporáneo proviene del trabajo de John Graunt (1620-1674), uno de los primeros miembros de la Real Sociedad de Londres y uno de los primeros demógrafos, dando un enfoque científico para la recopilación de estadísticas. En 1662, estimó que 384 000 personas vivían en la City de Londres, las liberties, Westminster y las parroquias externas, según las cifras de los carteles de la mortandad (bills of mortality) publicadas cada semana en la capital. Estos diferentes distritos con sus administraciones constituyeron la extensión oficialmente reconocida de Londres en su conjunto. En 1665, Graunt revisó su estimación a «no superior a 460 000». Otros contemporáneos elevaron la cifra —el embajador francés, por ejemplo, sugirió 600 000—, pero sin una base matemática para respaldar sus estimaciones. La siguiente ciudad más grande del reino era Norwich, con una población de 30 000 habitantes.[22][30]

No había obligación de informar una muerte a nadie en las autoridades. En cambio, cada parroquia, desde 1578,[31]​ designaba dos o más «buscadores de muertos» (searchers of the dead), cuyo deber era inspeccionar el cadáver y determinar la causa de la muerte. Tenían derecho a cobrar una pequeña tarifa a los familiares por cada muerte que informaban y, por tanto, habitualmente la parroquia designaba para el puesto a alguien que, por lo demás, era indigente y recibía el apoyo de la contribución para pobres de la parroquia. Por lo general, esto significaba que los buscadores serían ancianas iletradas, que podrían saber poco sobre la identificación de enfermedades y estarían abiertas a la deshonestidad.[32][c]​ Los buscadores generalmente se enteraban de una muerte por medio del sacristán local al que se le había pedido que cavara una tumba o por el sonido de una campana de iglesia. Quienes no informaban una muerte a su iglesia local, como los cuáqueros, los anabaptistas, otros cristianos no anglicanos o judíos, con frecuencia no eran incluidos en los registros oficiales. Los buscadores, en tiempos de la peste, debían vivir separados de la comunidad, evitar a otras personas y llevar una estaca blanca para advertir de su ocupación cuando estaban al aire libre y permanecer en interiores, excepto cuando realizan sus tareas, para evitar la propagación de las enfermedades. Los buscadores informaban al clérigo de la parroquia,[33]​ que regresaba cada semana a la Compañía de Clérigo de Parroquia en Brode Lane. Las cifras se pasaban al alcalde mayor y luego al ministro de Estado, una vez que la peste se convirtió en un asunto de preocupación nacional.[35]​ Las cifras reportadas se usaron para compilar los carteles de la mortandad, que enumeraban el total de muertes en cada parroquia y si era por la peste. El sistema de buscadores para informar la causa de la muerte continuó hasta 1836.[31][36]

Graunt registró la incompetencia de los buscadores para identificar las verdaderas causas de muerte y destacó el registro frecuente de «tisis» (consumption) en lugar de otras enfermedades que los médicos reconocían en ese momento. En Natural and political observations of the Bills of Mortality (1662), Graunt demostró cuantitativamente que las epidemias de peste en Londres dependían de fluctuaciones ambientales, como el tráfico fluvial y marítimo y la llegada de personas procedentes de regiones donde abundaba la peste.[37][d]​ Sugirió que una taza de cerveza y duplicar su tarifa a dos groats (antigua moneda de cuatro peniques) en lugar de una era suficiente para que los buscadores cambiaran la causa de la muerte a una más conveniente para los dueños de casa. Nadie deseaba ser conocido por haber tenido una muerte por peste en su hogar y los secretarios parroquiales también se confabulaban por encubrir los casos de peste en sus declaraciones oficiales. El análisis de los carteles de la mortandad durante los meses en que se arraigó la peste muestra un aumento en las muertes, aparte de una peste muy por encima de la tasa de mortalidad promedio, lo que se ha atribuido a tergiversación de la verdadera causa de muerte.[36]​ A medida que se extendía la peste, se introdujo un sistema de cuarentena, en el que cualquier casa donde alguien había muerto por la peste sería cerrada y nadie podía entrar ni salir durante cuarenta días.[38]​ Esto frecuentemente condujo a la muerte de los otros ocupantes, sea por negligencia o por la propia peste, y proporcionó un amplio incentivo para no informar la enfermedad. El registro oficial computó 68 596 casos de peste, pero una estimación razonable sugiere que esta cifra es de 30 000, por debajo del total real.[39]​ Una casa con la peste era marcada con una cruz roja en la puerta con las palabras «Señor, ten piedad de nosotros» (Lord have mercy upon us) y un vigilante estaba de guardia afuera.[22][38]

Medidas preventivas[editar]

No hubo medidas regulatorias nacionales contra la peste antes de 1518. Las autoridades londineneses habían tomado varias medidas: adopción de un registro de causa de muerte, fundaciones de nuevos hospitales y cementerios, varias regulaciones sobre limpieza de calles, cierre de teatros durante una epidemia, confinamiento de pacientes pobres en sus hogares, señalización de casas infectadas con un paca colgando frente a una ventana, etc.[12][16]​ En 1578, dichas medidas se reunieron en las Órdenes Reales de la Peste (Royal Plague Orders), que solo representaba una colección de todo tipo de disposiciones que se han hecho en una situación epidémica. Permaneció en vigor, casi sin cambios, hasta 1665. Al igual que en el continente, la aplicación de estas medidas no dependía de los médicos, sino de los jueces. Lo que caracterizaba a Inglaterra fue una combinación de poder político centralizado y financiamiento local administrado por las parroquias (Poor Laws).[16]

Los informes de la peste en Europa comenzaron a llegar a Inglaterra en la década de 1660, lo que provocó que el consejo privado considerase qué medidas se podrían tomar para evitar que cruzara el canal de la Mancha. La cuarentena de barcos se había utilizado durante brotes anteriores y se introdujo nuevamente para los barcos que llegaron a Londres en noviembre de 1663, luego de brotes en Ámsterdam y Hamburgo. Se asignaron dos buques de la Marina para interceptar cualquier barco que ingresara al estuario del Támesis, una medida aplicada desde 1580.[12]​ Se estableció que los barcos de los puertos con infectados atracaran en Hole Haven en Canvey Island por un período de treinta días, antes de que se les permitiera viajar río arriba. Los barcos de los puertos libres de peste o que completaron la cuarentena recibieron un certificado de salud y se les permitió zarpar. Se estableció una segunda línea de inspección entre los fuertes en las orillas opuestas del Támesis en Tilbury y Gravesend, con instrucciones de solo dejar pasar barcos con ese certificado.[40]

La duración de la cuarentena se incrementó a cuarenta días en mayo de 1664, a medida que la peste continental empeoró, y las áreas sujetas a cuarentena cambiaron con la noticia de la propagación de la peste, para incluir a toda Holanda, Zelanda y Frisia de la Provincias Unidas de los Países Bajos; las restricciones a Hamburgo fueron eliminadas en noviembre. Las medidas de cuarentena contra los barcos que provenían de los Países Bajos se implementaron en otros veintinueve puertos a partir de mayo, comenzando con Great Yarmouth. El embajador neerlandés se opuso a la restricción del comercio con su país, pero Inglaterra respondió que había sido uno de los últimos países en introducir tales restricciones. Las regulaciones se aplicaron de manera bastante estricta, de modo que las personas o las casas donde los viajeros habían desembarcado sin cumplir la cuarentena también fueron sometidas a cuarenta días de encierro.[41]

Epidemia[editar]

La peste fue uno riesgo de muerte en Gran Bretaña desde su dramática aparición en 1348 con la peste negra.[12]​ Los carteles de la mortandad comenzaron a publicarse regularmente en 1603, año en el que se registraron 33 347 muertes por peste. Entre ese año y 1665, solo en cuatro años no hubo casos registrados.[42]​ Estos episodios mínimos de peste, que los contemporáneos, especialmente en Francia, llamaron «seminarios de peste» (séminaires de peste), correspondían —desde un punto de vista moderno— a un estado semiendémico de relativa benignidad.[43]

Según los informes, en 1563, mil personas morían en Londres cada semana. Hubo 15 003 fallecimientos en 1593, 41 313 en 1625, 11 000 entre 1640 y 1646, culminando con 3597 en 1647. El brote de 1625 era en ese momento como la «gran peste», hasta que las muertes por la peste de 1665 la superaron. Es probable que las cifras oficiales subestimaron los números reales.[44]

Primeros días[editar]

Rata negra (Rattus rattus). Más pequeña que la rata parda (R. norvegicus), a la que suplantó, también le interesa mucho vivir cerca de asentamientos humanos. Las casas de madera y los barrios marginales sobrepoblados proporcionaban excelentes hogares. No se entendía el vínculo entre la rata como vector de infección y hospedero de las pulgas, que podrían transferirse al ser humano.[45]​ Se hicieron esfuerzos para eliminar gatos y perros, pero no ratas, lo que rápidamente las benefició.

La enfermedad era lo suficientemente infrecuente como para que los médicos no hubiesen tenido experiencia personal para haberla conocido;[46]​ la formación médica variaba desde quienes habían asistido a la colegio de médicos hasta boticarios que también actuaban como médicos, incluso no faltaban charlatanes.[47][e]​ Abundaban otras enfermedades, como un brote de viruela el año anterior, y estas incertidumbres se sumaron a las dificultades para identificar el verdadero origen de la epidemia.[32]​ Los relatos contemporáneos sugieren que hubo casos de peste durante el invierno de 1664-1665, algunos fatales, pero otros no mostraron la virulencia de la epidemia posterior. El invierno fue muy frío, el suelo se congeló de diciembre a marzo y el tráfico fluvial en el Támesis quedó bloqueado dos veces por el hielo; posiblemente el clima frío haya frenado su propagación.[49]

Se piensa que este brote de peste bubónica en Inglaterra se había extendido desde los Países Bajos, donde la enfermedad había estado apareciendo de manera intermitente desde 1599. No está claro exactamente dónde surgió la enfermedad por primera vez, pero el contagio inicial pudo haber llegado con barcos comerciales neerlandeses que transportaban fardos de algodón de Ámsterdam, que fue devastada por la enfermedad en 1663-1664, con una mortalidad dada de 50 000.[50]​ Los cierres de puertos y las cuarentenas marítimas se hicieron aún más estrictos desde que los Países Bajos entraron en guerra con Inglaterra en marzo de 1665 (segunda guerra angloneerlandesa).[42][f]

Se cree que las primeras zonas en ser atacadas fueron las áreas de la dársena a las afueras de Londres y la parroquia de St Giles. En ambas localidades, los trabajadores pobres se apiñaban en estructuras descuidadas. Se registraron dos muertes sospechosas en St Giles en 1664, otra en febrero y otra en abril de 1665. Estas no fueron registradas como decesos por peste en los carteles de la mortandad hasta la primera semana de mayo,[51]​ por lo que las autoridades no tomaron medidas de control, pero el número total de personas que fallecieron en Londres durante los primeros cuatro meses de 1665 mostró un marcado aumento. A fines de abril, solo se habían registrado cuatro muertes por peste, dos en St Giles, pero el total de fallecidos por semana había aumentado de 290 a 398.[52]

Hubo tres casos oficiales en abril, un nivel de contagio que en años anteriores no había provocado ninguna respuesta oficial, pero el consejo privado había actuado para introducir la cuarentena doméstica. Los jueces de paz en Middlesex recibieron instrucciones de investigar cualquier caso sospechoso y cerrar la casa si se confirmaba. Poco después, la magistratura real (King's Bench) emitió una orden similar a la City y sus liberties. Una revuelta estalló en St Giles cuando se cerró la primera casa; la multitud derribó la puerta y liberó a los ocupantes. Los manifestantes atrapados fueron castigados severamente. Se dieron instrucciones para construir «casas de peste» (pest-houses), que eran básicamente hospitales de aislamiento construidos lejos de otras personas, donde los enfermos podían ser atendidos o quedarse hasta que murieran. Esta actividad oficial sugiere que, a pesar de los pocos casos registrados, el gobierno ya sabía que se trataba de un brote grave de peste.[53][54][g]​ La financiación de las casas de peste provenía de un impuesto parroquial. El funcionamiento y la vida cotidiana en estos establecimientos de transición han sido objeto de duras críticas. En mayo de 1666, bajo presión de la opinión pública, las autoridades decidieron reducir el impuesto lo más posible a la familia de un paciente destinado a ser encerrado en una casa de peste.[42]

Con la llegada del clima más cálido, la enfermedad comenzó a afianzarse. En la semana del 2 al 9 de mayo, hubo tres muertes registradas en St Giles, cuatro en la vecina St Clement Danes y una en St Andrew Holborn y St Mary Woolchurch Haw.[39]​ Solo este último estaba precisamente dentro de las murallas de la ciudad. Se formó un comité del consejo privado para investigar mejores métodos para prevenir la propagación de la peste, se introdujeron medidas para cerrar algunas de las tabernas en las áreas afectadas y limitar el número de huéspedes permitidos en un hogar.[51]​ En la ciudad, el alcalde mayor emitió una proclamación de que los dueños de cada casa debían limpiar diligentemente las calles fuera de su propiedad, lo cual era responsabilidad del propietario, no del Estado. (La ciudad empleó chatarreros y rastrilladores para eliminar lo peor del desorden.) Las cosas empeoraron y se ordenó a los ediles que buscaran y castigaran a aquellos que no cumplían con su deber.[56]​ A medida que los casos en St Giles empezaron a aumentar, se hizo un intento de poner en cuarentena el área y se ordenó a los agentes inspeccionar a todos los que deseaban viajar y contener vagabundos o personas sospechosas.[57]

El pueblo comenzó a alarmarse. Samuel Pepys, quien tenía un puesto importante en el Almirantazgo, se quedó en Londres y proporcionó un relato contemporáneo de la peste a través de su diario;[58][42]​ el 30 de abril escribió: «Grandes temores de la enfermedad aquí en la ciudad. Se dice que dos o tres casas ya están cerradas. ¡Dios nos proteja!» (Great fears of the sickness here in the City it being said that two or three houses are already shut up. God preserve us all!).[59]​ Otra fuente de información sobre el momento es A journal of the Plague Year, escrito por Daniel Defoe y publicado en 1722.[60]​ Tenía seis años cuando la peste golpeó, pero hizo uso de los recuerdos de su familia —su tío era un talabartero en el este de Londres y su padre un carnicero en Cripplegate—, entrevistas con sobrevivientes y consulta de los registros oficiales que estaban disponibles.[61]

Éxodo de la ciudad[editar]

Una familia londinense embarcándose en el Tamesis para huir de la peste.

La peste era rampante en la City de Londres en julio de 1665. Los ricos huyeron, así como el rey Carlos II, su familia y su corte real, que escaparon a Salisbury, pero se mudaron a Oxford en septiembre cuando ocurrieron algunos casos de peste en aquella ciudad. El 29 de junio, los Reales Tribunales de Justicia partieron de Westminster hacia Syon House, luego el 9 de julio hacia Hampton Court, dos semanas después hacia Salisbury y posteriormente a Oxford junto a la corte real.[42]​ Los ediles y la mayoría de las otras autoridades de la ciudad optaron por permanecer en sus puestos. El alcalde mayor de Londres, John Lawrence, también decidió quedarse. Las empresas cerraron cuando los comerciantes y profesionales huyeron. Defoe escribió: «No se veían nada más que carros y carretas, con bienes, mujeres, sirvientes, niños, coches llenos de personas de la mejor clase y jinetes que los atendían, todos se apresuraban» (Nothing was to be seen but wagons and carts, with goods, women, servants, children, coaches filled with people of the better sort, and horsemen attending them, and all hurrying away).[62]​ A medida que la peste se extendió todo el verano, solo un reducido número de clérigos, médicos y boticarios se mantuvo para hacer frente a un número cada vez mayor de víctimas.[63]​ Edward Cotes, autor de London's Dreadful Visitation, expresó animoso de que «ni los médicos de nuestras almas o cuerpos pueden en lo sucesivo, en tan grande número, abandonarnos» (neither the Physicians of our Souls or Bodies may hereafter in such great numbers forsake us).[64]

Los más pobres también se alarmaron por el contagio y algunos abandonaron la ciudad, pero no les fue fácil dejar su alojamiento y sus medios de vida por un futuro incierto en otro lugar. Antes de salir por las puertas de la ciudad, se les exigió que un certificado de buena salud firmado por el alcalde mayor, que se volvieron cada vez más difíciles de obtener. A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de víctimas de la peste, los habitantes de las aldeas de las afueras de Londres comenzaron a resentirse por este éxodo y ya no estaban preparadas para aceptar a gente de Londres, con o sin certificado. Los refugiados eran rechazados, no se les permitió pasar a través de las ciudades, tuvieron que viajar a través del país y se les obligó a vivir en duras condiciones con lo que podían robar o rebuscar en los campos. Muchos murieron de hambre y sed en circunstancias miserables por el caluroso verano que se avecinó.[65]

Momento álgido de la epidemia[editar]

Un cartel de la mortandad por la peste en 1665.

En la última semana de julio, los carteles de la mortandad mostraban 3014 muertes, de las cuales 2020 habían sido a causa de la peste. El número de fallecidos como resultado de la peste pudo haberse subestimado, ya que en otros años en el mismo período las cifras fueron mucho más bajas, alrededor de 300. A medida que el número de víctimas afectadas aumentó, los cementerios se llenaron demasiado y se cavaron fosas para acomodar a los muertos.[42]​ Los conductores de carros mortuorios recorrían las calles gritando «sacad a sus muertos» (bring out your dead) y se llevaban montones de cadáveres. Las autoridades se preocuparon de que el número de muertes pudiera causar alarma pública y ordenaron que la extracción y el entierro del cuerpo solo se realizaría por la noche.[66]​ Con el paso del tiempo, había demasiadas víctimas y muy pocos conductores para retirar los cadáveres que comenzaron a apilarse contra las paredes de las casas. La recolección diurna se reanudó y las fosas de peste se volvieron en montículos de cuerpos en descomposición. En la parroquia de Aldgate se cavó un gran agujero cerca del cementerio, de 15 m de largo y 6 m de ancho. La excavación era emprendida por trabajadores en un extremo, mientras que los carros mortuorios volcaban los cadáveres en el otro. Cuando no había espacio para una mayor extensión, se cavaba más profundo hasta que el agua subterránea se alcanzaba a seis metros. Cuando finalmente se cubrió de tierra, albergó 1114 cadáveres.[67]

Los médicos de la peste atravesaban las calles diagnosticando a las víctimas y muchas de ellos carecían de capacitación médica formal. Se intentaron varios esfuerzos de salud pública. Los funcionarios de la ciudad contrataban médicos y los detalles del entierro se organizaban cuidadosamente, pero el pánico se extendió por la ciudad y, por miedo al contagio, los cuerpos fueron enterrados apresuradamente en fosas sobrepobladas. No se conocían los medios de transmisión de la enfermedad, pero, pensando que podrían estar vinculados a los animales, la Corporación de la City ordenó una matanza selectiva de perros y gatos.[68][h]​ Esta decisión pude haber afectado la duración de la epidemia, ya que esos animales podrían haber ayudado a controlar la población de ratas que portaban las pulgas que transmitían la enfermedad.[69]​ Pensando que el aire viciado estaba involucrado en la transmisión, las autoridades ordenaron que se encendieran hogueras gigantes en las calles y que incendios domésticos se mantuvieran ardiendo día y noche, con la esperanza de que se limpiaría el aire.[70][12]​ Se creía que el tabaco era profiláctico y luego se dijo que en ningún estanco londinense había muertos por la peste durante la epidemia.[71][i][j]​ En las «Reglas de precaución para prevenir la enfermedad» (Cautionary Rules for Preventing the Sickness), publicadas en Londres en 1665, se recomendó esparcir en la casa vapores a base de vinagre, agua de rosas y otras plantas aromáticas.[73][k]​ Además, existían innumerables remedios para la peste, de composición variable, a veces secreta.[47][l]

El comercio y los negocios se habían paralizados y las calles estaban vacías, excepto por los carros mortuorios y las víctimas moribundas, como lo atestiguó y registró Pepys en su diario: «¡Señor! Cuán vacías están las calles y cuán melancólicas están tantas. Pobres enfermos en las calles, llenos de llagas ... en Westminster nunca hay médicos y solo queda un boticario, todos han muerto» (Lord! How empty the streets are and how melancholy, so many poor sick people in the streets full of sores… in Westminster, there is never a physician and but one apothecary left, all being dead).[76]​ La gente no moría de hambre por la previsión de John Lawrence y la Corporación de la City, que dispuso el pago a una comisión, un farthing (antigua moneda de un cuarto de penique) por encima del precio normal, por cada cuarto de cereal desembarcado en el puerto de Londres.[77]​ Otra fuente de alimentos eran las aldeas alrededor de Londres, que, denegadas sus ventas habituales en la capital, dejaban verduras en áreas específicas del mercado, negociaban su venta gritando y cobraban su pago después de sumergir el dinero en un balde de vinagre para «desinfectar» las monedas.[77]

Los registros indican que las muertes por peste en Londres y los suburbios aumentaron durante el verano de 2000 a más de 7000 por semana en septiembre.[42]​ Es probable que estas cifras sean una subestimación considerable. Murieron muchos de los sacristanes y clérigos de parroquia que conservaban los registros. Los cuáqueros rehusaron cooperar y muchos de los pobres fueron arrojados a fosas comunes sin lápida. No está claro cuántas personas contrajeron la enfermedad y se recuperaron porque únicamente se registraron muertes y muchos registros se destruyeron en el gran incendio de Londres al año siguiente. En los pocos distritos donde permanecen registros intactos, las muertes por peste variaban entre 30 % y más del 50 % de la población total.[78]

El brote se concentró en Londres, pero también afectó a otras áreas. Quizás el ejemplo más famoso fue el pueblo de Eyam en Derbyshire. La peste supuestamente llegó con un comerciante que portaba un paquete de tela enviado desde la capital. Los aldeanos se impusieron una cuarentena para detener la propagación de la enfermedad, lo que evitó que la enfermedad se trasladara a las áreas circundantes, pero alrededor del 33 % de los habitantes de la aldea murieron en un período de catorce meses.[79][80]​ Como resultado de la cuarentena autoimpuesta, Eyam fue considerado un ejemplo de heroísmo y un sitio turístico denominado el «pueblo de la peste».[81]

Consecuencias[editar]

A fines de otoño, el número de muertos en Londres y los suburbios comenzó a disminuir,[42]​ hasta que, en febrero de 1666, se consideró lo suficientemente seguro como para que el rey y su séquito regresaran a la ciudad. Con el retorno del monarca, otros le siguieron: la nobleza volvió en sus carruajes, acompañados de carros llenos de sus pertenencias. Los jueces regresaron de Windsor a sus puestos en Westminster Hall; el Parlamento, que había sido prorrogado en abril de 1665, no se volvió a reunir hasta septiembre de 1666. Se restableció el comercio y se abrieron negocios y talleres. Londres era el objetivo de una nueva ola de personas que acudían a la ciudad con la esperanza de hacer fortuna. Escribiendo a fines de marzo de 1666, el lord canciller Edward Hyde declaró: «... las calles estaban tan llenas, el [Royal] Exchange estaba repleto de personas, la gente en todos los sitios era tan numerosa como nunca se había visto ...» (... the streets were as full, the Exchange as much crowded, the people in all places as numerous as they had ever been seen ...).[82]

Los casos de peste continuaron ocurriendo esporádicamente a un ritmo modesto hasta mediados de 1666. En septiembre de ese año, el gran incendio de Londres destruyó gran parte de la City y algunas personas creyeron que el fuego puso fin a la epidemia.[83]​ Actualmente, se piensa que la peste había disminuido en gran medida antes de que ocurriera el incendio. La mayoría de los casos posteriores se encontraban en los suburbios,[82]​ pero la céntrica City de Londres fue el área destruida por el fuego.[84]

Si bien existen muchas hipótesis, no hay una explicación unánime y sencilla para el fin de la peste en Inglaterra.[83]​ Estas hipótesis se dividen en dos categorías principales: factores naturales y biológicos (cambios climáticos, bacteriológicos, de vectores u hospedero, etc.) y factores humanos (medidas de control, comercio, higiene y comportamiento, etc.). Por ejemplo, algunos autores han invocado la influencia de factores climáticos o astronómicos, como la Pequeña Edad de Hielo y el mínimo de Maunder, que habrían afectado el comportamiento de las pulgas y las ratas en Europa. (El carácter terminal de la peste de Londres de 1665 en el norte de Europa y la peste de Marsella de 1720 para el sur de Europa explicarían en este contexto.)[85]​ Las modificaciones biológicas (como la mutación de Yersinia pestis en una forma menos virulenta) generalmente no se han aceptado como una explicación local, ya sea por falta de pruebas o porque no explican las diferencias cronológicas entre varios países.[83]​ Otros autores destacaron las acciones humanas, como las medidas para controlar el tráfico comercial y la cuarentena, que habrían frenado las reimportaciones de peste. (Lo que explicaría los cambios observados según los países del norte-sur y oeste-este. Además, el comercio de Londres se expandió al Atlántico y más allá, en lugar de al Mediterráneo.)[86][85]​ El rol de una mejor nutrición, de la mejora en el comercio regional que limitó las hambrunas y la escasez de alimentos sigue siendo debatido,[85]​ porque la peste fue lo suficientemente fuerte por sí sola como para no depender de sujetos desnutridos.[86]​ Las hipótesis higienistas apuntan a nuevos desarrollos, como el uso de jabón para el cuerpo y la ropa y el hábito de desvestirse para dormir, lo que pudo haber reducido las poblaciones de pulgas y piojos en la ropa.[86]​ Otra hipótesis sugiere la producción y comercialización a bajo costo, a fines del siglo XVII, del arsénico, ampliamente utilizado para la destrucción de roedores consumidores de granos.[86][83]

Curvas de muertes (enero de 1665-marzo de 1666) en Londres. Los fallecidos por cualquier causa en la línea continua y las muertes por peste en línea discontinua.

Según los carteles de la mortandad, hubo un total de 68 596 muertes en la capital a causa de la gran peste de 1665.[42]​ Hyde estimó que el número real de fallecidos probablemente era el doble de esa cifra. En 1666 se vivieron más muertes en otras ciudades, pero en menor escala. Thomas Gumble, capellán del duque de Albemarle, que se había quedado en Londres durante la epidemia, calculó que el recuento total de muertes por peste en el país durante 1665 y 1666 fue de aproximadamente 200 000.[82]

La gran peste de 1665-1666 fue el último gran brote de peste bubónica en Gran Bretaña. La última muerte por peste registrada se produjo en 1679 y la enfermedad se eliminó como categoría específica en los carteles de la mortandad de 1703. Se extendió a otras ciudades en Anglia Oriental y el sudeste de Inglaterra, pero menos del 10 % de las parroquias fuera de Londres tenían una tasa de mortalidad superior a la media durante esos años. Las áreas urbanas fueron más afectadas que las rurales; Norwich, Ipswich, Colchester, Southampton y Winchester se vieron gravemente afectadas, mientras que el oeste de Inglaterra y las áreas de las Tierras Medias escaparon por completo.[87]

La población de Inglaterra en 1650 era de aproximadamente 5.25 millones y disminuyó a unos 4.9 millones en 1680, recuperándose a poco más de cinco millones en 1700. Otras enfermedades, como la viruela, tuvieron un alto impacto en la población sin la contribución de la peste. La mayor tasa de mortalidad en las ciudades, tanto en general como específicamente por la peste, abarcaba el grupo de la inmigración continua, desde los pueblos pequeños a los más grandes y desde el campo a las ciudades.[88]

No hubo censos contemporáneos de la población de Londres, pero los registros disponibles sugieren que la población volvió a su tamaño anterior en un par de años. Los entierros en 1667 habían vuelto a las cifras de 1663, el cobro de fogaje se había recuperado y John Graunt, al analizar los registros de bautismo contemporáneos, concluyó que representaban una población recuperada.[89]​ Parte de esto podría explicarse por el retorno de los familias ricas, los comerciantes y las industrias manufactureras, que necesitaban reemplazar las pérdidas entre su personal y tomar medidas para atraer a las personas necesarias. Colchester había sufrido una despoblación más severa, pero los registros de fabricación de telas sugieren que la producción se había recuperado o incluso aumentado en 1669; la población total casi había regresado a los niveles previos a la peste en 1674. Otras ciudades tuvieron menos éxito: Ipswich se vio menos afectado que Colchester, pero, en 1674, su población había disminuido en un 18 %, más de lo que podría explicarse solo por las muertes de la peste.[90][43]

En el caso de Londres, la proporción en relación a la población fue menos grave que en otras ciudades. El total de muertes en Londres era mayor que en cualquier brote anterior durante cien años, aunque, como proporción de la población (15-20 %), las epidemias en 1563, 1603 y 1625 fueron comparables o mayores. Probablemente pereció alrededor del 2.5 % de la población inglesa.[91]​ La gran peste de Londres fue «relativamente benigna», de acuerdo con la mayoría de historiadores, en comparación a las pérdidas (40-50 %) sufridas por otras ciudades a mediados del siglo XVII, como la de Barcelona (1651-1653), Nápoles (1656) y Génova (1657).[92][93]​ Según Biraben (1975), no faltan ejemplos, en los siglos XVII y XVIII, donde grandes ciudades afectadas por una epidemia violenta de peste recuperaron rápidamente su población y su comercio en unos pocos años. Fue el caso de Marsella, en 1720, y Moscú, en 1770.[86][83]​ La peste tuvo menos influencia en la demografía de las grandes ciudades, debido a la creciente importancia del comercio internacional.[43]

Repercusión[editar]

La peste en Londres afectó en gran medida a los pobres, ya que los ricos pudieron abandonar la ciudad, retirándose a sus fincas o residiendo con parientes en otras partes del país. El posterior gran incendio de 1666 arruinó a muchos comerciantes y propietarios de negocios en la ciudad.[94]​ Como resultado de estos eventos, Londres fue ampliamente reconstruido y el Parlamento promulgó la Ley de Reconstrucción de Londres de 1666 (19 Car. II. c. 8).[95]​ El plan urbano de la capital permaneció relativamente sin cambios, pero se hicieron algunas mejoras: se ampliaron las calles, se crearon aceras, se suprimieron las alcantarillas abiertas, se prohibieron los edificios de madera y los salientes, se controló el diseño y la construcción de edificios. El uso de ladrillo o piedra era obligatorio y se proyectaron muchos edificios elegantes. No solo se rejuveneció la capital, sino que se convirtió en un entorno más saludable para vivir. Los londinenses desarrollaron un mayor sentido de comunidad luego de haber superado las grandes adversidades de 1665 y 1666.[96]

Jarra de plata grabada con escenas que representan la Gran Peste y el gran incendio de Londres. Vajillas como estas fueron donadas por Carlos II a quienes, como Samuel Pepys, se quedaron sirviendo en Londres durante estos eventos.[97]

La reconstrucción tomó más de diez años y fue supervisada por Robert Hooke como topógrafo municipal.[98]​ El arquitecto Christopher Wren participó en la reconstrucción de la catedral de San Pablo y más de cincuenta iglesias de Londres.[99]​ Carlos II se esforzó para fomentar el trabajo de reconstrucción: fue un mecenas de las artes y las ciencias y fundó el Real Observatorio de Greenwich y apoyó a la Real Sociedad de Londres, un grupo científico cuyos primeros miembros incluían a Hooke, Robert Boyle y Isaac Newton. De hecho, del incendio y la peste floreció un renacimiento en las artes y las ciencias en Inglaterra.[96]

Las mujeres, ausentes de los círculos académicos y las profesiones reguladas,[m]​ jugaron un papel importante, incluso ante enfermedades graves, en el cuidado de la familia o los vecinos. Eran responsables de los problemas relacionados con el parto y la medicina doméstica, sin tener los medios para compartir o dar a conocer sus conocimientos o experiencias.[63]​ La medicalización masculina de estas áreas había comenzado en Inglaterra a fines del siglo XVII.[100]​ Los carteles de la mortandad, a su vez, dieron lugar a una vasta «literatura de peste», que toma la formó de un debate público —a veces anónimo o bajo iniciales— sobre la peste, desde un punto de vista académico, político, moral o religioso. Especialmente desde después de la primera revolución inglesa, la monarquía restaurada en 1660 ya no tenía los medios para imponer una censura efectiva. Fue un primer modelo continuo de «información pública», en el que las autoridades de Londres creían que una población informada estaba en mejores condiciones para enfrentar una epidemia.[17]

Las fosas de peste fueron excavadas arqueológicamente durante trabajos de construcción subterráneos. Entre 2011 y 2015, se descubrieron 3500 entierros de los camposantos New Churchyard o Bethlam durante la construcción de la vía férrea Crossrail en Liverpool Street.[7]​ Se encontró ADN de Yersinia pestis en los dientes de individuos enterrados en fosas en el sitio, confirmando que habían muerto de peste bubónica.[6]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La segunda pandemia comenzó con la peste negra, que había llegado a Europa continental en 1348 y mató a la mitad de la población de Eurasia en los próximos cuatro años.[2]​ Aunque se extinguió en la mayoría de los territorios, se volvió epizoótico y recurrió regularmente hasta el siglo XIX. Una serie de grandes epidemias ocurrieron a fines del siglo XVII[3]​ y se repitió en algunos sitios, como el norte de África, hasta el XIX.[4]
  2. Los ingleses, como el resto de Europa, veían la peste como un castigo divino por los pecados de la comunidad.[16]​ Para el pueblo, era como la «visita espantosa» (dreadful visitation)[17]​ de un viejo conocido que llegaba a charlar a su casa.[18]​ Sin embargo, el conflicto o la interferencia entre las autoridades civiles y religiosas fue menor que en la Europa católica, ya que la Iglesia anglicana había abolido el culto a los santos y la procesión de reliquias se consideraba idolatría.[16]
  3. Este sistema inglés ha sido criticado desde su origen. Estas mujeres eran acusadas de aficionadas, sospechosas de fraude, robo e incluso asesinato. En 1720, el médico inglés Richard Mead pidió que las «ancianas ignorantes» fuesen reemplazadas por «hombres serios y educados».[33][34]
  4. Casualmente, estos trabajos, que utilizaron datos de los carteles de la mortandad, marcaron el surgimiento de una ciencia epidemiológica, pensado en términos modernos de política de salud. Tuvieron poca influencia inmediata en las prácticas médicas o las creencias en un determinismo astrológico de la peste, pero llevaron a las autoridades inglesas a tomar medidas más rigurosas de control sanitario y salud pública.
  5. La mayoría de los londinenses utilizan los servicios de barberos cirujanos, que eran más numerosos, baratos y accesibles que los médicos. Incluso en Londres, como en el campo, era habitual automedicarse o recurrir a cuidadores empíricos o ilegales.[48]
  6. Los historiadores están divididos: algunos tienden a favorecer una hipótesis enzoótica local, debido a la cuarentena y al hecho de que la epidemia comenzó en las afueras de la ciudad y no cerca del puerto; otros por una enzoótica por importación y la cuarentena que podía ser eludida para las necesidades inmediatas de la familia real o la Marina.[51]
  7. Estas casas de peste habían surgido en el sur de Europa desde el siglo XIV. En Inglaterra, las primeras aparecieron después de la epidemia de peste de 1603 en Oxford, Newcastle y Windsor, por orden de Jacobo I. Londres tenía unas cuantas «cabañas en el campo» durante la epidemia de 1625. En 1665, contaba con cinco casas de peste, que podían recibir un total de 600 pacientes.[54]​ Actualmente, en la campiña, se pueden encontrar «iglesias de peste» aisladas, que señalan la ubicación de las antiguas aldeas afectadas por la peste, cuya población había desaparecido o mudado.[55]
  8. En la primavera de 1666, el dogcatcher (empleado municipal a cargo de perros callejeros) se atribuyó haber matado a 4380 perros, casi todos los que había en la ciudad.[69]
  9. El médico neerlandés Isbandis de Diemerbroeck presentó al tabaco como el mejor protector contra la peste durante la epidemia de Nimega de 1635-1636. Como la pipa se puede fumar cerca de la cara, protegía mejor mientras libera ambas manos y se volvió un medio muy conveniente para los recolectores y sepultureros de cadáveres.[72]
  10. El 7 de junio de 1665, Pepys notó en su diario que se sintió obligado a comprar tabaco antes de la amenaza. Ese año, las autoridades hicieron obligatorio fumar para los escolares; los estudiantes del Eton College que se negaron a fumar fueron azotados.[72][43]
  11. Aún existe en los suburbios de Londres un «callejón de vinagre» (Vinegar Alley), ubicado en Walthamstow, cerca de la iglesia de St Mary, donde habría una fosa común de la peste de 1665. Este nombre vendría del vinagre que se utilizó en gran cantidad para desinfectar el suelo.[74]
  12. Por ejemplo, la triaca era un veneno universal, compuesto por varias docenas de presuntos antídotos, que data de la Antigüedad. En Europa, la triaca veneciana era conocida como la mejor. En 1626, el Colegio de Médicos de Londres decidió que la víbora no era necesaria en la composición, dando preferencia al mithridatum, una forma de triaca con un mayor contenido de opio.[75]
  13. La Inglaterra del Renacimiento rechazó a las mujeres cirujanas por miedo a las brujas, a diferencia Nápoles o Venecia donde las mujeres e hijas de los barberos cirujanos podían practicar estos artes desde el siglo XIV. No obstante, en tiempos de peste, las barreras se difuminaban y las autoridades las requerían, prohibiéndolas de nuevo en tiempos normales.[100]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

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