Crítica literaria

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La Crítica literaria es, en términos de ciencia humanística, una de las tres disciplinas de la Ciencia de la Literatura, aquella que desempeña una función dominantemente aplicativa sobre los textos, a diferencia de la Teoría literaria y la Historia literaria, si bien también existe una muy desarrollada "teoría de la crítica", que epistemológica y metodológicamente fundamenta o se propone la elaboración de la crítica directa o aplicada.[1] La crítica literaria, que de manera natural se relaciona con la Retórica, la Poética y en general la Teoría literaria, consiste propiamente en el ejercicio de análisis y valoración razonada de la Literatura o de una o varias obras literarias. También se entiende por crítica literaria en sentido divulgativo o sobre todo periodístico la presentación, discusión o toma de partido acerca de una obra literaria en un medio de comunicación escrito, o también audiovisual.

La Crítica literaria es una disciplina y una actividad característicamente occidental, de origen griego, ligada a lo que suele denominarse humanismo filológico y, por otra parte, a la antigua historiografía y a la moderna filosofía del juicio. Se considera que la Crítica nace ya grande, de igual modo que esto se entiende de la Retórica o la Poética en lo que se refiere sobre todo a los tratados aristotélicos. Su principal creador es Dionisio de Halicarnaso, ya un virtuoso, entre otras cosas, del análisis estilístico, y creador del método comparatista.[2]

La cultura del Renacimiento y del Humanismo renacentista dominantemente integró la Crítica literaria en el quehacer más general e intenso de la Filología, o bien de la Retórica o las exégesis poetológicas del Quinientos y la Crítica textual, nuevamente desarrollada como medio de recuperación del patrimonio clásico antiguo.[3] La evolución manierista, y sobre todo la égida del Barroco, significó una apertura hacia fórmulas polémicas y de debate, peculiarmente en España, que de algún modo anuncian predisposiciones modernas.[4] El siglo XVIII habría de significar, por su parte, al margen del remanente racionalista y neoclásico de la Crítica concebida a partir del pensamiento ilustrado dogmático y su binomio verdad/error, tanto la aparición de la moderna prensa periódica y sus nuevos y agitados avatares críticos como el desarrollo de un pensamiento verdaderamente innovador a manos de la Ilustración y el Idealismo alemanes, entendidos ambos en amplio sentido y en correspondencia con la creación de la nueva Historiografía y de la Estética como disciplina autónoma.[5]

Durante el siglo XX la Crítica literaria tuvo un ingente y complejo desarrollo, en medida importante condicionado por la dispersión de la Estética, el dominio de la Lingüística y, con ésta, los nuevos positivismos estructurales y formalistas, frecuentemente de elaboración ahistórica y al margen de la tradición humanística. Las evoluciones y nuevas implantaciones de los sociologismos, relativismos y nuevas formas del nihilismo contemporáneo puede decirse que dieron fin al gran ciclo estructural y formalista que caracterizó progresivamente el siglo XX. Todo ello ya ha sido sometido a análisis y a fuerte crítica. Sea como fuere, se trata de una época de extraordinaria producción crítica en diversos sentidos y entre cuyas grandes aportaciones se encuentran aquellas por completo ajenas a las modas y corrientes dominantes. En este sentido es de considerar un buen número de personalidades intelectuales de primer orden en los campos contiguos de la filosofía, la filología y la literatura, así Theodor Adorno, Erich Auerbach, Walter Benjamin, Benedetto Croce, Ernst Robert Curtius, José Lezama Lima, Alfonso Reyes, Paul Valéry o Karl Vossler.

Clases o géneros de la crítica literaria[editar]

Existen dos grandes géneros de crítica literaria: la que se propone como proyecto el rigor metodológico y científico (incluyendo en ésta tanto la crítica directa o aplicada como la teoría de la misma), y aquella otra que establece la propia subjetividad de su punto de vista o su carácter ya polémico, "militante" (según designación ya tradicional) o bien informativo.[6] En cierta medida, y al margen de la ardua cuestión metodológica, el aspecto que separa estas dos clases es el papel del gusto inmediato en la capacidad de análisis. Esto se relacionaba, sobre todo durante el siglo XVIII, la época de creación de la crítica moderna, con una de las funciones primordiales de la crítica periodística y de la crítica en general: educar el gusto del público así como, preferentemente durante el siglo XX y en nuestro tiempo, atender a una nueva situación de la cultura literaria y sus posibilidades de difusión o publicísticas.[7]

Con grado de especificidad propia también existe la llamada "crítica impresionista", que expone las apreciaciones de lectura constituyéndose asimismo de algún modo en creación de arte verbal, gracias a la cual la elaboración artística supera o al menos se equipara al propósito del rigor analítico o interpretativo. En estos casos (así Baudelaire, Wilde, «Azorín»), la obra crítica acaso permita conocer más profundamente al propio crítico que al objeto de análisis, o cuando menos equiparadamente a ambos. Ejemplarmente estudió Alfonso Reyes el concepto de crítica impresionista y en general la dimensión completa de esta ineludible problemática crítica y literaria tanto desde el punto de vista de la creación como de la reflexión metodológica y sus consecuencias.[8]

Tendencias y escuelas del siglo XX[editar]

Tradicionalmente, siguiendo el racionalismo y de hecho también la antigua doctrina de la Retórica fielmente transmitida, la función de la Crítica era no sólo analizar sino además exponer, junto a los logros o aciertos, las deficiencias o fallos, lo que falta en una obra o constituye su o sus deficiencias. La Estética forjó una Crítica filosóficamente asentada y atenta al problema del juicio y consecuentemente al valor o la valoración. Los puntos de vista de la Crítica literaria, sus metodologías, desde luego pueden ser muchos, muy distintos y hasta contardictorios, o bien eclécticos, y dependen en buena parte de la cultura y la ciencia dominante en cada época. Ahora bien, durante el siglo XX convivió junto al pensamiento crítico o teórico general y libre una gran tendencia fundada en las propuestas cientificistas. Las metodologías utilizadas, en diferente y sucesivo grado de pervivencia, pueden ser enumeradas como positivista, historicista, filosófica, hermenéutica, procedentes del siglo XIX, o sencillamente tradicionales y filológicas, o bien de otro lado psicológica, sociológica, formal y estructuralista, o la llamada estética de la recepción, entre las tendencias más difundidas y que responden básicamente a multiplicados grupos o corrientes. Muy diferentes escuelas dentro de la Estética y sobre todo la teoría de la Crítica literaria e incluso la Lingüística han estudiado la literatura y el hecho literario en el siglo XX, desde el formalismo ruso, la semiológica, la Estilística (alemana y española e incluso francesa, ya idealista, descriptiva, además de genética, funcional o estructural), la Escuela de Frankfurt, el más modesto new criticism, el marxismo, el psicoanálisis, la sociocrítica, en general el estructuralismo y sus proyecciones sucesivas, la narratología, la lingüística del texto, y en último término los varios sectores del llamado postestructuralismo, la pragmática literaria, la neorretórica, la deconstrucción, el neohistoricismo, y diversos sociologismos (a veces ya muy alejados de la entidad literaria). Ahora bien, es de subrayar asimismo la existencia de una excelente gama de autores no característicamente adscribibles a los grupos y sectores, sobre todo académicos, que han proliferado durante el siglo XX.[9] Todos estos sectores y escuelas han sido objeto de amplia bibliografía y, notoriamente, han tenido en común importantes grados de difusión e internacionalización, por otra parte en natural correspondencia con los usos académicos y las posibilidades de transmisión característicos de la segunda mitad del siglo XX.

Han existido secularmente, desde la antigüedad y hasta nuestro tiempo algunas importantes líneas de investigación de la Crítica literaria que se ocupan de las relaciones de la literatura con otras disciplinas, otros lenguajes y formas de expresión artística o incluso otras realizaciones culturales o científicas. Así, conocidos estudios de la más diversa índole entre no ya diferentes literaturas muy alejadas entre sí, sino acerca de pintura y literatura o música, cine, etc. Se trata de las consecuciones tradicionales y renovadas de la Comparatística, de las realizaciones de la Literatura comparada, amplia gama metodológica que desde luego atañe de hecho al conjunto de la Ciencia de la literatura (no sólo a la Crítica) y en general a las relaciones determinables entre las Ciencias humanas y las Artes.

Crítica literaria en España[editar]

Naturalmente, la crítica literaria se ha ejercido en España distinguidamente en coincidencia con el auge de toda renovación cultural, estética o artística importante. Así el Prerrenacimiento (Marqués de Santillana) y el Renacimiento (Cristóbal de Castillejo, por ejemplo) tuvieron sus críticos y teóricos, como los tuvo el Barroco y el llamado Culteranismo, el Romanticismo, el Realismo, el Naturalismo, el Modernismo, las corrientes de la Vanguardia histórica.

Quizá el primer texto sustantivo en este sentido fuera la Carta e proemio al Condestable don Pedro de Portugal de don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. Como tema ocasional ocupó una parte significativa del Diálogo de la lengua de Juan de Valdés. Durante el Siglo de Oro se mezcla con frecuencia la crítica literaria con la preceptiva retórica y poética, o la glosa de obras consideradas ya entonces clásicas, como el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena o la obra de Garcilaso de la Vega, comentados por Francisco Sánchez de las Brozas y el segundo además por Fernando de Herrera. La crítica literaria fue también tema constante en Miguel de Cervantes, y su presencia es decisiva en el Don Quijote o en un poema como el Viaje del Parnaso, aparte otros textos del alcalaíno, y se encuentra por otra parte en obras como el Laurel de Apolo de Lope de Vega o asociado a la sátira como en La República literaria de Diego de Saavedra Fajardo. El Conceptismo, o el Barroco conceptista, que tuvo a su mayor teórico en Baltasar Gracián, con Agudeza y arte de ingenio, cumbre europea, en sentido propiamente crítico encontró en los intereses de los comentaristas y detractores de Luis de Góngora un gran campo de actividad. También existió abultado y acalorado debate con motivo del contraste advertido entre las fórmulas teatrales aristotélicas y el liberador teatro clásico español tal como fue estatuido en el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609) por Lope de Vega.

Al siglo XVIII corresponde la creación de la prensa de carácter moderno que dará cauce a los criterios y escuelas principalmente de raigambre ilustrada.[10] El Diario de los literatos fue sin duda el ejemplo más relevante de la amplia gama de publicaciones periódicas de la época. Junto a la crítica literaria satírica frecuentada por notables autores de la Ilustración (así, en general, José Francisco de Isla, Juan Pablo Forner o José Cadalso), existió una serie de posiciones y autores igualmente notables de sentido más objetivista (así José María Blanco White, Leandro Fernández de Moratín, Pedro Estala o José Marchena).[11] Los autores estéticos e historiográficos importantes, entre ellos sobre todo los jesuitas expulsos a Italia, es decir Esteban de Arteaga, el musicólogo Antonio Eximeno y, en especial, Juan Andrés, el creador de la Historia universal y comparada de la literatura[12] echan las bases, frecuentemente de manera no reconocida, de la Crítica del siglo XIX.

Mediado el siglo XIX tuvo lugar la creación de la Estética española por el filólogo y crítico Manuel Milá y Fontanals,[13] acción proseguida por su discípulo Marcelino Menéndez Pelayo mediante la invención de la Historia de las ideas gracias a su Historia de las Ideas estéticas. Este importantísimo proyecto resulta de la bien perfilada integración de Estética, Filología, Teoría literaria y Crítica. Por su parte, Francisco Giner de los Ríos fue el ideador, a través de la reformulación de la Estética de Krause, de la escuela estética y crítica alternativa a la de Milá, representada, a través de la Institución Libre de Enseñanza y la escuela krausista.[14] Por lo demás, son de notar autores tan dispares y destacados como Alcalá Galiano, el cervantista Diego Clemencín, Emilio Castelar, José Canalejas, Emilia Pardo Bazán, Juan Valera, Manuel Cañete, Manuel de la Revilla, Rafael Altamira, Lomba y Pedraja, Eduardo Gómez de Baquero, más conocido como Andrenio, críticos que son muestra de una gran riqueza de matices y criterios y combinan o alternan frecuentemente la crítica de sesgo académico o incluso teorética y la crítica militante. Leopoldo Alas, célebre con el sobrenombre de Clarín, fue sin duda el más influyente y temido crítico de su época.[15] Por su parte, el antecitado y eminente filólogo Marcelino Menéndez Pelayo, asimilador de historiografía y crítica, concebía ésta en tanto que integral; sus gustos clasicistas y su interpretación de juventud prioritariamente tradicionalista influyeron problemática y decisivamente en el aprecio de la multiforme realidad literaria española, al tiempo que representa la más completa y rigurosa base, entre otras cosas, de la Poesía hispanoamericana y en general de la historiografía y la crítica de la literatura española, sin el cual pudiérase decir que éstas no hubiesen alcanzado en modo alguno el estadio de conocimiento con que se nos ha legado.[16]

El siglo XX[editar]

El siglo XX tiene por fundamentador de la Crítica en España a otro gran filólogo, y de una u otra manera discípilo de Menéndez Pelayo, esto es Ramón Menéndez Pidal, hombre intelectualmente allegado a la Generación del 98 y plena y notabilísimamente asimilado al campo de la Gramática histórica, junto a la cual rigurosamente incorpora historiografía cultural y literaria y medievalismo filológico teniendo como resultado una labor crítico-literaria de primer rango, que también alcanzó al Siglo de Oro y sin duda es base de lo que se ha dado en llamar la Escuela Española de Filología. Entre los autores literarios de la referida Generación del 98, quizás sea de recordar en primer término José Martínez Ruiz, que ejerció la crítica impresionista en obras como Al margen de los clásicos entre otras muchos escritos allegables. Miguel de Unamuno hizo valer una crítica singular y constante mediante multitud de artículos y en libros de gran relieve, en particular Vida de don Quijote y Sancho. Entre los miembros del llamado Novecentismo destaca en primer término Eugenio d'Ors, uno de los más importantes críticos de arte de la Europa del siglo XX, así como Ramón Pérez de Ayala (Las máscaras, Nuestro Séneca y otros ensayos), Rafael Cansinos Asséns, José María de Cossío, Américo Castro, Ramiro de Maeztu, Andrés González-Blanco, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, este último de aspiración más teórica que crítica en obras como Ideas sobre la novela, La deshumanización del arte o Meditaciones del Quijote.

Los escritores de la Generación del 27, generación de profesores, fueron tanto poetas como críticos de la más variada preferencia. Fueron notables críticos Pedro Salinas (La poesía de Rubén Darío, 1948, Literatura Española. Siglo XX, 1941), Luis Cernuda (Estudios sobre poesía española contemporánea 1957 o Poesía y literatura, I y II 1960 y 1964), y especialmente Dámaso Alonso, cuya contribución más importante fue la prolongación y renovación, junto a Amado Alonso, de una escuela de crítica literaria española, la Estilística, en conexión con la estilística idealista (Karl Vossler, Leo Spitzer) de la romanística alemana y la estética italiana de Croce, proyecto del cual sin embargo diríase que finalmente abdicó incorporándose a la influencia norteamericana ya muy representada en las ediciones por él patrocinadas en Editorial Gredos. Pero también, aun de muy distinta naturaleza, fueron críticos muy leídos o relevantes Enrique Díez Canedo, José María de Cossío, Federico de Onís, Guillermo de Torre, Guillermo Díaz-Plaja, entre otros muchos y vinculados a diversos sectores académicos o artísticos. Está por valorar monográficamente la crítica literaria de diversos autores importantes y dispares que cruzan el medio siglo, como José Bergamín y Gerardo Diego, y sobre todo de las generaciones posteriores, así Emilio Orozco Díaz, Joaquín Casalduero, Carlos Clavería, Alonso Zamora Vicente, Mariano Baquero Goyanes, Carlos Bousoño o José María Valverde. Hasta el presente, la aproximación historiográfica más general a esta rica gama de escuelas e invidualidades continúa siendo la aún modesta de Emilia de Zulueta (progresivamente en 1966 y 1974).[17]

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, las escuelas estructuralistas y formalistas, al igual que en el resto de Europa, desempeñaron en España una función predominante. Otra cosa es qué juicio haya de hacerse de los logros y la final descomposición de las mismas y en general de la crítica de esa época. Por ello es preciso advertir que se encuentra igualmente por escribir, más allá de ciertos trabajos, sobre todo descriptivos y cronológicamente restringidos, la historia de la crítica española del siglo XX. Otro tanto cabría decir además en sentido ampliamente europeo y occidental.

En último término, conviene hacer referencia de la crítica literaria periodística española del último cuarto del siglo XX, en cuyas filas han militado autores muy diversos como Rafael Conte, José María Castellet, Miguel García-Posada, Ángel Basanta, Ricardo Senabre, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Joaquín Marco, Santos Sanz Villanueva, entre otros muchos. Algunas revistas (Ínsula, Quimera, etc.) y suplementos literarios de periódicos (El Cultural, Cultural, Babelia etc.) se han dedicado, a veces parcial o sesgadamente pero siempre con criterio informativo y de servicio cultural, a la crítica literaria y artística de actualidad.[18]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Alfonso Reyes (1941-1942), La crítica en la Edad Ateniense. La Antigua Retórica, México, Fondo de Cultura Económica, 1961 (O.C., XIII).
  • Emilia de Zulueta, Historia de la Crítica Española Contemporánea, Madrid, Gredos, 1974, 2.ª ed. aumentada.
  • José María Pozuelo Yvancos, La teoría del lenguaje literario, Madrid, Cátedra, 1989.
  • Pedro Aullón de Haro (ed.), Teoría de la Crítica literaria, Madrid, Trotta, 1994.
  • David Viñas Piquer, Historia de la Crítica literaria, Barcelona, Ariel, 2002.
  • Pedro Aullón de Haro, Escatología de la Crítica, Madrid, Dykinson, 2013.

Enlaces externos[editar]

  • «Crítica de la crítica» (especial sobre la crítica literaria en los medios de comunicación), ABC literario, 14 de julio de 1990.

Referencias[editar]

  1. Véase P. Aullón de Haro, "Epistemología de la Teoría y la Crítica de la Literatura", en Id. (ed.), Teoría de la Crítica literaria, Madrid, Trotta, 1994, pp. 11 ss.
  2. Dionisio de Halicarnaso, Carta a Pompeyo Gémino, en Id., Sobre la composición literaria; Sobre Dinarco; Primera carta a Ameo; Carta a Pompeyo Gémino; Segunda carta a Ameo, ed. y trad. de G. Galán Vioque y M.A. Márquez Guerreo, Madrid, Gredos, 2001. Véase P. Aullón de Haro, "Teoría de la Literatura comparada y universalidad", en Id. (ed.), Metodologías comparatistas y Literatura comparada, Madrid, Dykinson, 2012, 291 ss.
  3. Paul. O. Kristeller (1979), El pensamiento renacentista y sus fuentes, México, FCE, 1982.
  4. Véase Emilio Cotarelo y Mori, Bibliografía de las Controversias sobre la licitud del teatro en España, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1904 (Nueva edición a cargo de José Luis Suárez, Granada, Universidad, 1997)
  5. Véase Ernst Cassirer (1932), Filosofía de la Ilustración, trad. de E. Ímaz, México, FCE, 1972, 3.ª ed. rev.
  6. Cf. P. Aullón de Haro (ed.), Teoría de la Crítica literaria, ob. cit., p. 18 y ss.
  7. Véase Mary Luz Vallejo Mejía, La crítica literaria como género periodístico, Pamplona, EUNSA, 1994.
  8. Véanse de A. Reyes: La Crítica en la Edad Ateniense, La antigua Retórica (O.C., FCE, vol. XIII); y en su versión más completa La experiencia literaria, Barcelona, Bruguera, 1986
  9. A. Chicharro Chamorro, Teoría, crítica e historia literarias españolas (Bibliografía sobre aspectos generales. 1939-1992), Sevilla, Alfar. 1993.
  10. Véase Jesús Castañón, La crítica literaria en la prensa española del siglo XVIII (1700-1750), Madrid, Taurus, 1973; P.-J. Guinard, La Presse Espagnole de 1737 à 1791. Formation et signification d'un genre, París, Centre de Recherches Hispaniques, 1973; P. Aullón de Haro, Los géneros didácticos y ensayísticos en el siglo XVIII, Madrid, Taurus, 1987.
  11. Autores todos ellos monográficamente estudiados.
  12. J. Andrés (1782-1799), Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, ed. de J. García Gabaldón, S. Navarro y C. Valcárcel, dir. por P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum, 1997-2002, 6 vols.
  13. M. Milá y Fontanals (1857), Principios de Estética o teoría de lo bello, ed. P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum, 2013; y Estética y Teoría literaria, Madrid, Verbum, 2002.
  14. Véase Ch. F. Krause, Compendio de Estética, ed. de P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum, 1995, 2.ª ed. rev. 2009.
  15. Muchos de estos autores disponen de estudios monográicos individuales, en su mayoría publicados por Editorial Gredos.
  16. Véanse, entre otros, las valiosas compilaciones de J. L. García Delgado (ed.), Sobre Menéndez Pelayo, Santander, UIMP, 2003; y A. Lago Carballo (ed.), Sobre Menéndez Pelayo, Santander, UIMP, 2004.
  17. Véase Bibliografía.
  18. Se trata de un terreno tan controvertido como incluso a veces denostado. Véase A. Chicharro Chamorro, Periodismo y crítica literaria. Esbozo de una situación, Sevilla, Alfar. 1996; o el más polémico, M. García Viñó, 1999, http://www.lafieraliteraria.com/index.php?...critica-literaria-en-espana...