J'accuse...!

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En marzo de 1898, Émile Zola es fotografiado por Félix Nadar en la actitud que personifica la conclusión de « ¡Yo Acuso...! » : « Yo espero ».

Yo acuso (en francés J'Accuse) de Émile Zola es un alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, en forma de carta abierta al presidente de Francia M. Félix Faure y publicado por el diario L'Aurore el 13 de enero de 1898 en su primera plana. Ese mismo título fue usado en un discurso de Pablo Neruda, cuando era senador del Congreso Nacional de Chile, tras la aprobación de la «Ley maldita».

Zola y el caso Dreyfus[editar]

El artículo en L'Aurore

En 1894, el caso Dreyfus sale a la luz, y se acusa al capitán Alfred Dreyfus, de treinta y cinco años, judío y alsaciano, de alta traición. Pese a las declaraciones de inocencia del acusado, declaraciones que no se hacen públicas, se lo condena a cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo, en la Guayana francesa.

En marzo de 1896, el nuevo responsable del Servicio de Información (Service de Renseignements), el coronel Picquart, descubre un telegrama que no deja dudas de que Dreyfus no es el informador de los alemanes en el Estado Mayor francés, sino que el verdadero traidor había sido el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy. Picquart informa a sus superiores y expresa su convicción de que fue un error atribuir el escrito a Dreyfus. No obstante, el Estado Mayor destina a Picquart a la frontera del este y, posteriormente, a Túnez. Los tribunales militares se niegan a revisar el caso Dreyfus y tratan de sofocar el escándalo, pero no logran evitar que algunos rumores alerten a personalidades de la izquierda.

En 1897, con la ayuda del periodista Bernard Lazare, del senador Scheurer-Kestner y del diputado Joseph Reinach, Mathieu Dreyfus, hermano de Alfred, promueve una campaña en Le Figaro para exigir que se investigue a Esterhazy y se revise el juicio de 1894. Los conservadores reaccionan de inmediato. Indignado, Émile Zola, próximo a la izquierda radical y a grupos socialistas, entra en liza. La campaña de Le Figaro rompe la conspiración de silencio.

En diciembre de 1897, Esterhazy, cuya letra es idéntica a la de los facsimiles del escrito que la prensa ha reproducido, es inculpado y comparece ante un tribunal militar; los jueces lo absuelven en enero de 1898.

Zola, consciente de los riesgos que corre, plantea la cuestión ante la opinión pública en su célebre carta al presidente de la República, titulada Yo acuso (J'accuse) publicada el 13 de enero en L'Aurore. Ese mismo día, la policía detiene al teniente coronel Picquart. La polémica enardece al país y se desencadenan las hostilidades entre la derecha militarista y la izquierda socialista o radical.

Émile Zola en 1898[editar]

Émile Zola en el mejor momento de su carrera, se involucra en el caso Dreyfus.

En 1898, Émile Zola es un célebre escritor en el punto más alto de su carrera. Si bien es cierto que nunca pudo presentar su candidatura a la Academia Francesa, fue condecorado con el premio de la Legion d'Honneur y presidió la Societé des Gens de Lettres. Habiendo terminado su ciclo como novelista, concluyendo con éxito su obra de veinte volúmenes llamada Rougon-Macquart, publicó un tríptico, Las tres ciudades (Les Trois villes) y se aprestaba a comenzar otro, Los cuatro Evangelios (Les Quatre Évangiles). Ante todo reconocido como novelista, Zola sorprendió al comenzar su carrera en la prensa, pero fue ahí donde comprendió y conoció de cerca el poder. Pronto se convirtió en un columnista que pasó por las oficinas de publicación de numerosos diarios, donde ganó una experiencia vital que encaminó su manera de escribir en lo eficaz. Su elocuencia lo convirtió en uno de los editorialistas más respetados y fidedignos de la prensa parisina.

Antes de sus primeros contactos con el caso Dreyfus, Zola nunca tuvo relación alguna con la política, a excepción de una breve intervención casi al final del Segundo Imperio, con la intención de conseguir una curul como viceprefecto, sin éxito. Observador atento del ocaso de este régimen y del nacimiento de la Tercera República, se quedó al margen de todo compromiso, manteniendo una posición de observador escéptico y guardando cierto menosprecio incrédulo a los políticos de su tiempo. Pero sí estaba convencido de que la República y la democracia son los mejores garantes de las libertades públicas, convicciones que lo llevaron a confiar en un diario de oposición, una prensa de contrapoder que le sirviera cuando decidiera comprometerse por una causa.

El caso Dreyfus hasta enero de 1898[editar]

El caso Dreyfus comienza durante el otoño de 1894 sobre la base de una carta llamada «bordereau». Esta carta demuestra que se organizan huidas desde la Embajada de Alemania hacia París. Como consecuencia Alfred Dreyfus es declarado culpable y condenado a cadena perpetua pues su caligrafía es idéntica a la de la carta. A pesar de que el acusado alegó su inocencia y de que no existían pruebas contundentes en su contra, el Consejo de Guerra lo declara unánimemente culpable. A esta unanimidad, y casi a manera de consecuencia, se le une la aceptación casi total por parte de la opinión pública francesa, de manera que Dreyfus es visto y señalado culpable en un acuerdo social que le valió la degradación de su título militar y la expatriación, enviándolo a la Isla del Diablo en la Guyana Francesa.

La familia de Dreyfus nunca aceptó las condiciones en las que se lo juzgó. Mathieu Dreyfus, su hermano, y Lucie Dreyfus, su esposa deciden investigar a fondo por sus propios medios y la información que encuentran da esperanza a la familia para apelar. Por su parte, Georges Picquart, nuevo jefe de servicios secretos, declara durante el verano de 1896 que el autor de la carta de espionaje no es Alfred Dreyfus sino Ferdinand Walsin Esterhazy, comandante de infantería. Convencido de sus declaraciones, el teniente coronel Picquart pone sobre aviso a sus superiores. Pero estos rehúsan reconocer públicamente el error e insisten en mantener las cosas tal cual se encuentran. Frente a la insistencia de Picquart, el lugarteniente es transferido a África del Norte y viéndose objeto de múltiples elucubraciones maquinadas por su antiguo subordinado, el comandante Henry, Picquart confía sus secretos a su amigo y abogado Louis Leblois. Éste, contrariado por la injusticia cometida contra el capitán Dreyfus, apela al vicepresidente del Senado francés, Auguste Scheurer-Kestner, pero deciden guardar el secreto por falta de pruebas.

La carta abierta[editar]

Se incluye la carta abierta en francés con traducción completa al castellano de la carta párrafo a párrafo.

Publié le 13 janvier 1898 en première page du quotidien parisien L’Aurore, ce texte fut écrit par Émile Zola. Cette tribune qui accuse le gouvernement de l’époque d’antisémitisme dans l’Affaire Dreyfus est une lettre ouverte au président de la République.

Publicado el 13 de Enero de 1898 en la primera página del Diario parisino Aurora, este texto fue escrito por Émile Zola. Esta tribuna que acusa al Gobierno de la época de antisemitismo en el Caso Dreyfus, es una carta abierta al Presidente de la República.

Lettre à M. Félix Faure,

Président de la République

Monsieur le Président,

Carta a Señor Félix Faure, Presidente de la República. Señor Presidente.

Me permettez-vous, dans ma gratitude pour le bienveillant accueil que vous m’avez fait un jour, d’avoir le souci de votre juste gloire et de vous dire que votre étoile, si heureuse jusqu’ici, est menacée de la plus honteuse, de la plus ineffaçable des taches?

¿Me permite usted, en mi gratitud por la benévola acogida que usted me hizo un día, de tener la preocupación de su justa gloria y de deciros que vuestra estrella, tan afortunada hasta ahora, está amenazada por la más vergonzosa, por la más imborrable de las manchas?

Vous êtes sorti sain et sauf des basses calomnies, vous avez conquis les cœurs. Vous apparaissez rayonnant dans l’apothéose de cette fête patriotique que l’alliance russe a été pour la France, et vous vous préparez à présider au solennel triomphe de notre Exposition Universelle, qui couronnera notre grand siècle de travail, de vérité et de liberté. Mais quelle tache de boue sur votre nom — j’allais dire sur votre règne — que cette abominable affaire Dreyfus ! Un conseil de guerre vient, par ordre, d’oser acquitter un Esterhazy, soufflet suprême à toute vérité, à toute justice. Et c’est fini, la France a sur la joue cette souillure, l’histoire écrira que c’est sous votre présidence qu’un tel crime social a pu être commis.

Salió usted sano y salvo de sucias calumnias, conquistó los corazones. Aparecía usted radiante en la apoteosis de esa fiesta patriótica que la alianza rusa fue para Francia, y se prepara para presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará nuestro gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. ¡Pero qué mancha de barro sobre vuestro nombre – llegaría a decir sobre vuestro reino – que es este abominable caso Dreyfus ! Un consejo de guerra acaba, por orden, de absolver a un tal Esterhazy, alucinación suprema de toda verdad, de toda justicia. Y se terminó, Francia tiene sobre el rostro esta bajeza, y la historia escribirá que fue bajo vuestra presidencia como tal crimen social pudo cometerse.

Puisqu’ils ont osé, j’oserai aussi, moi. La vérité, je la dirai, car j’ai promis de la dire, si la justice, régulièrement saisie, ne la faisait pas, pleine et entière. Mon devoir est de parler, je ne veux pas être complice. Mes nuits seraient hantées par le spectre de l’innocent qui expie là-bas, dans la plus affreuse des tortures, un crime qu’il n’a pas commis.

Puesto que ellos osaron, yo también osaré. Diré la verdad, puesto que prometí decirla, si la justicia, regularmente sometida, no lo hiciera, plena y enteramente. Mi deber es de hablar, no puedo ser cómplice. Mis noches estarían llenas de vergüenza por el espectro de un inocente que expía allí, en la más horrible de las torturas, un crimen que no cometió.

Et c’est à vous, monsieur le Président, que je la crierai, cette vérité, de toute la force de ma révolte d’honnête homme. Pour votre honneur, je suis convaincu que vous l’ignorez. Et à qui donc dénoncerai-je la tourbe malfaisante des vrais coupables, si ce n’est à vous, le premier magistrat du pays?

Y es a usted, señor Presidente, a quién gritaré esta verdad, con todas las fuerzas de mi indignación de hombre honesto. Pero su honor, ya que estoy convencido de que usted desconoce lo sucedido. ¿Y a quién por tanto denunciaré la turba malhechora de verdaderos culpables, si no es a usted, el Primer Magistrado del País?

La vérité d’abord sur le procès et sur la condamnation de Dreyfus.

En primer lugar, la verdad sobre el proceso y la condena de Dreyfus.

Un homme néfaste a tout mené, a tout fait, c’est le lieutenant-colonel du Paty de Clam, alors simple commandant. Il est l’affaire Dreyfus tout entière ; on ne la connaîtra que lorsqu’une enquête loyale aura établi nettement ses actes et ses responsabilités. Il apparaît comme l’esprit le plus fumeux, le plus compliqué, hanté d’intrigues romanesques, se complaisant aux moyens des romans-feuilletons, les papiers volés, les lettres anonymes, les rendez-vous dans les endroits déserts, les femmes mystérieuses qui colportent, de nuit, des preuves accablantes. C’est lui qui imagina de dicter le bordereau à Dreyfus ; c’est lui qui rêva de l’étudier dans une pièce entièrement revêtue de glaces ; c’est lui que le commandant Forzinetti nous représente armé d’une lanterne sourde, voulant se faire introduire près de l’accusé endormi, pour projeter sur son visage un brusque flot de lumière et surprendre ainsi son crime, dans l’émoi du réveil. Et je n’ai pas à tout dire, qu’on cherche, on trouvera. Je déclare simplement que le commandant du Paty de Clam, chargé d’instruire l’affaire Dreyfus, comme officier judiciaire, est, dans l’ordre des dates et des responsabilités, le premier coupable de l’effroyable erreur judiciaire qui a été commise.

Un hombre nefasto dirigió todo, lo hizo todo ; es el teniente coronel Du Pay de Clam, entonces un simple comandante. Él es el caso Dreyfus al completo ; no se sabrá hasta que una investigación legal haya establecido completamente sus actos y responsabilidades. Aparece como uno de los espíritus más evanescentes, más complicado, obsesionado por las intrigas novelescas, por los encuentros en sitios desiertos, por las mujeres que divulgan, de noche, pruebas inculpatorias. Es él quién imaginó dictando la nota a Dreyfus, fue él quién soñó estudiarlo en una habitación completamente revestida de espejos ; es el a quién el comandante Forzinetti nos presenta armado con una tenue lámpara, deseando hacerse introducir cerca del dormido acusado, para proyectar sobre su rostro un brusco trazo de luz y sorprender así su crimen, en la sorpresa del despertar. Y no he dicho todo, lo que se busca, se encontrará. Declaro simplemente que el Comandante Du Paty de Clam, encargado de instruir el caso Dreyfus, como oficial judicial, es, en orden de las fechas y responsabilidades, el primer culpable del espantoso error judicial que cometió.

Le bordereau était depuis quelque temps déjà entre les mains du colonel Sandherr, directeur du bureau des renseignements, mort depuis de paralysie générale. Des « fuites » avaient lieu, des papiers disparaissaient, comme il en disparaît aujourd’hui encore ; et l’auteur du bordereau était recherché, lorsqu’un a priori se fit peu à peu que cet auteur ne pouvait être qu’un officier de l’état-major, et un officier d’artillerie : double erreur manifeste, qui montre avec quel esprit superficiel on avait étudié ce bordereau, car un examen raisonné démontre qu’il ne pouvait s’agir que d’un officier de troupe. On cherchait donc dans la maison, on examinait les écritures, c’était comme une affaire de famille, un traître à surprendre dans les bureaux mêmes, pour l’en expulser. Et, sans que je veuille refaire ici une histoire connue en partie, le commandant du Paty de Clam entre en scène, dès qu’un premier soupçon tombe sur Dreyfus. À partir de ce moment, c’est lui qui a inventé Dreyfus, l’affaire devient son affaire, il se fait fort de confondre le traître, de l’amener à des aveux complets. Il y a bien le ministre de la Guerre, le général Mercier, dont l’intelligence semble médiocre ; il y a bien le chef de l’état-major, le général de Boisdeffre, qui paraît avoir cédé à sa passion cléricale, et le sous-chef de l’état-major, le général Gonse, dont la conscience a pu s’accommoder de beaucoup de choses. Mais, au fond, il n’y a d’abord que le commandant du Paty de Clam, qui les mène tous, qui les hypnotise, car il s’occupe aussi de spiritisme, d’occultisme, il converse avec les esprits. On ne saurait concevoir les expériences auxquelles il a soumis le malheureux Dreyfus, les pièges dans lesquels il a voulu le faire tomber, les enquêtes folles, les imaginations monstrueuses, toute une démence torturante.

La nota estaba desde algún tiempo ya entre las manos del Coronal Sandherr, director de la Oficina de Investigaciones, muerto tras una parálisis general. Algunas « huidas » tuvieron lugar, papeles que desaparecieron, como desaparecen aún hoy. : y el autor de la nota era buscado, cuando a priori se hizo poco a poco que ese autor no podía ser mas que un oficial del Estado Mayor, y un oficial de artillería : doble error manifiesto, que muestra con qué espíritu superficial se estudió esta nota, ya que un examen razonado demuestra que no se podía tratar de un oficial de tropa. Se buscaba por tanto en la casa, se examinaban las escrituras, aquello era como un asunto de familia, un traidor sorprendido en las mismas oficinas, para expulsarlo de allí. Y, sin querer volver a contar aquí una historia en parte conocida, el Comandante Du Paty de Clam entra en escena, en cuanto una primera sospecha cae sobre Dreyfus. A partir de este momento, es él quién inventó a Dreyfus, y el caso se convierte en su caso. Se cree capaz de confundir al traidor, de conducirlo a una confesión completa. Está el Ministro de la Guerra, el General Mercier, cuya inteligencia parece mediocre ; está también el Sub-Jefe del Estado Mayor, el General Gonse, cuya conciencia pudo acomodarse a muchas cosas. Pero en el fondo, no está en primer lugar más que el Comandante Paty de Clam, que los dirige a todos, que los hipnotiza, ya que se dedica también al espiritismo, al ocultismo, conversa con los espíritus. No sabría concebir las experiencias a las que sometió al desgraciado Dreyfus, las trampas en las que quiso hacerle caer, las enloquecidas investigaciones, las monstruosas imaginaciones, toda una demencia torturadora.

Ah ! cette première affaire, elle est un cauchemar, pour qui la connaît dans ses détails vrais ! Le commandant du Paty de Clam arrête Dreyfus, le met au secret. Il court chez madame Dreyfus, la terrorise, lui dit que, si elle parle, son mari est perdu. Pendant ce temps, le malheureux s’arrachait la chair, hurlait son innocence. Et l’instruction a été faite ainsi, comme dans une chronique du XVe siècle, au milieu du mystère, avec une complication d’expédients farouches, tout cela basé sur une seule charge enfantine, ce bordereau imbécile, qui n’était pas seulement une trahison vulgaire, qui était aussi la plus impudente des escroqueries, car les fameux secrets livrés se trouvaient presque tous sans valeur. Si j’insiste, c’est que l’œuf est ici, d’où va sortir plus tard le vrai crime, l’épouvantable déni de justice dont la France est malade. Je voudrais faire toucher du doigt comment l’erreur judiciaire a pu être possible, comment elle est née des machinations du commandant du Paty de Clam, comment le général Mercier, les généraux de Boisdeffre et Gonse ont pu s’y laisser prendre, engager peu à peu leur responsabilité dans cette erreur, qu’ils ont cru devoir, plus tard, imposer comme la vérité sainte, une vérité qui ne se discute même pas. Au début, il n’y a donc, de leur part, que de l’incurie et de l’inintelligence. Tout au plus, les sent-on céder aux passions religieuses du milieu et aux préjugés de l’esprit de corps. Ils ont laissé faire la sottise.

¡Ah ! ¡Este primer caso es una pesadilla para quien lo conoce en sus detalles más íntimos ! El comandante Du Paty de Clam detiene a Dreyfus, lo somete al secreto sumarial. Corre a casa de la esposa de Dreyfus, la aterroriza, le dice que si habla, su marido está perdido. Durante este tiempo, el desgraciado se arrancaba la carne, gritaba su inocencia. Y de este modo fue realizada la instrucción, como en una crónica del Si. XV, rodeada de misterio, con expedientes esquivos, todo basado sobre un único cargo infantil, esa estúpida nota, que no era solamente una vulgar traición, sino que era también la más imprudente de las estafas, ya que los famosos secretos revelados se hallaban ya prácticamente todos sin valor. Si insisto, es porque el ojo está aquí, de donde saldrá más tarde el verdadero crimen, la espantosa negación de la justicia de la que Francia está enferma. Querría señalar con el dedo como pudo ser posible el error judicial, como nació a partir de las maquinaciones del Comandante Du Paty de Clam, como el general Mercier, los generales Boisdeffre y Gonse pudieron caer en él, comprometer poco a poco sus responsabilidades en dicho error, que había creído deber, más tarde, como una verdad santa, una verdad que incluso ni se discute. Al principio, no había por tanto por su parte, más que la injuria y la estupidez. Aún más, se les siente ceder a las pasiones religiosas del medio y a los prejuicios de su espíritu de cuerpo. Dejaron actuar a la imbecilidad.

Mais voici Dreyfus devant le conseil de guerre. Le huis clos le plus absolu est exigé. Un traître aurait ouvert la frontière à l’ennemi pour conduire l’empereur allemand jusqu’à Notre-Dame, qu’on ne prendrait pas des mesures de silence et de mystère plus étroites. La nation est frappée de stupeur, on chuchote des faits terribles, de ces trahisons monstrueuses qui indignent l’Histoire ; et naturellement la nation s’incline. Il n’y a pas de châtiment assez sévère, elle applaudira à la dégradation publique, elle voudra que le coupable reste sur son rocher d’infamie, dévoré par le remords. Est-ce donc vrai, les choses indicibles, les choses dangereuses, capables de mettre l’Europe en flammes, qu’on a dû enterrer soigneusement derrière ce huis clos ? Non ! il n’y a eu, derrière, que les imaginations romanesques et démentes du commandant du Paty de Clam. Tout cela n’a été fait que pour cacher le plus saugrenu des romans-feuilletons. Et il suffit, pour s’en assurer, d’étudier attentivement l’acte d’accusation, lu devant le conseil de guerre.

Pero aquí está Dreyfus frente al consejo de guerra. El secreto sumaria más absoluto es exigido. Un traidor habría abierto la frontera al enemigo para conducir al Emperador alemán hasta la Catedral de Norte-Dame, que no tomaría más que medidas en el silencio y el misterio más estrechos. La nación se encuentra golpeada por el estupor, se cuchichean hechos terribles, traiciones monstruosas que indignan a la historia, y naturalmente la nación se inclina a ello. No hay castigo suficientemente severo, la nación aplaudirá la degradación pública, querrá que el culpable permanezca sobre su peñasco infamante, devorado por los remordimientos. ¿Es por tanto cierto, según todos los indicios, que los hechos más peligros capaces de lanzar a Europa a las llamas, han debido ser cuidadosamente enterrados detrás de estas puertas cerradas ? ¡No ! No ha habido detrás de ello, más que las imaginaciones novelescas y dementes del comandante Du Paty de Clam. Todo esto no fue realizado más que para ocultar el más descabellado de los folletines. Y basta, para asegurarse de ello, con estudiar atentamente el acta de acusación, leída frente al consejo de guerra.

Ah ! le néant de cet acte d’accusation ! Qu’un homme ait pu être condamné sur cet acte, c’est un prodige d’iniquité. Je défie les honnêtes gens de le lire, sans que leur cœurs bondisse d’indignation et crie leur révolte, en pensant à l’expiation démesurée, là-bas, à l’île du Diable. Dreyfus sait plusieurs langues, crime ; on n’a trouvé chez lui aucun papier compromettant, crime ; il va parfois dans son pays d’origine, crime ; il est laborieux, il a le souci de tout savoir, crime ; il ne se trouble pas, crime ; il se trouble, crime. Et les naïvetés de rédaction, les formelles assertions dans le vide ! On nous avait parlé de quatorze chefs d’accusation : nous n’en trouvons qu’une seule en fin de compte, celle du bordereau ; et nous apprenons même que les experts n’étaient pas d’accord, qu’un d’eux, M. Gobert, a été bousculé militairement, parce qu’il se permettait de ne pas conclure dans le sens désiré. On parlait aussi de vingt-trois officiers qui étaient venus accabler Dreyfus de leurs témoignages. Nous ignorons encore leurs interrogatoires, mais il est certain que tous ne l’avaient pas chargé ; et il est à remarquer, en outre, que tous appartenaient aux bureaux de la guerre. C’est un procès de famille, on est là entre soi, et il faut s’en souvenir : l’état-major a voulu le procès, l’a jugé, et il vient de le juger une seconde fois.

¡Ah ! ¡La nulidad de esta acta de acusación ! Que un hombre haya podido ser condenado por este acta, es un prodigio de iniquidad. Desafío a la gente honesta a leerla, sin que sus corazones rebosen de indignación y griten su cólera, pensando en la expiación desmesurada allá lejos, en la isla del Diablo. Dreyfus conoce numerosos idiomas, crimen; no se ha encontrado en su casa ningún papel comprometedor, crimen; es laborioso, se preocupa en saberlo todo, crimen: no se confunde jamás, crimen; se confunde, crimen. ¡Estas pueriles redacciones, son afirmaciones formales en el vacío! Se nos ha hablado de catorce cargos de acusación, pero no encontramos más que una sola a fín de cuentas, la de la nota, y descubrimos que incluso los expertos no estaban de acuerdo, que uno de ellos Sr. Gobert, fue presionado por el estamento militar, porque se permitió no llegar a las conclusiones deseadas. Se habla también de veintitres oficiales que fueron llamados para acusar a Dreyfus con sus testimonios. Ignoramos aún sus interrogatorios, pero es cierto que no todos lo acusaron; y hay que recalcar que por otro lado, todos pertenecían a las Oficinas de Guerra. Es un proceso en familia, entre ellos, y es preciso recordarlo: el Estado Mayor quiso el proceso, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Donc, il ne restait que le bordereau, sur lequel les experts ne s’étaient pas entendus. On raconte que, dans la chambre du conseil, les juges allaient naturellement acquitter. Et, dès lors, comme l’on comprend l’obstination désespérée avec laquelle, pour justifier la condamnation, on affirme aujourd’hui l’existence d’une pièce secrète, accablante, la pièce qu’on ne peut montrer, qui légitime tout, devant laquelle nous devons nous incliner, le bon Dieu invisible et inconnaissable ! Je la nie, cette pièce, je la nie de toute ma puissance ! Une pièce ridicule, oui, peut-être la pièce où il est question de petites femmes, et où il est parlé d’un certain D… qui devient trop exigeant : quelque mari sans doute trouvant qu’on ne lui payait pas sa femme assez cher. Mais une pièce intéressant la défense nationale, qu’on ne saurait produire sans que la guerre fût déclarée demain, non, non ! C’est un mensonge ! et cela est d’autant plus odieux et cynique qu’ils mentent impunément sans qu’on puisse les en convaincre. Ils ameutent la France, ils se cachent derrière sa légitime émotion, ils ferment les bouches en troublant les cœurs, en pervertissant les esprits. Je ne connais pas de plus grand crime civique.

Por tanto, no quedaba más que la nota, sobre la cual los expertos no se ponían de acuerdo. Se cuenta que, en la cámara del consejo, los jueces querían naturalmente absolverlo. ¡Y, desde entonces, como se comprende de la obstinación desesperada con la que, para justificar la condena, se afirma todavía hoy la existencia de un documento secreto, abrumador, un documento que no se puede mostrar, que legitima todo, delante del cual debemos inclinarnos, como ante un Dios invisible e irreconocible ! ¡Refuto esta prueba, la refuto con todas mis fuerzas ! Un documento ridículo, si, puede ser el documento que obsesiona a mujeres jóvenes, en que se ha hablado de un tal Sr....., que se ha vuelto muy exigente: algún marido que sin duda creyera que no quería suficiente a su mujer. Pero un documento que compromete la seguridad nacional, que no se podría comunicar sin que la guerra fuera declarada mañana!No, no¡!Es una mentira¡

Voilà donc, monsieur le Président, les faits qui expliquent comment une erreur judiciaire a pu être commise ; et les preuves morales, la situation de fortune de Dreyfus, l’absence de motifs, son continuel cri d’innocence, achèvent de le montrer comme une victime des extraordinaires imaginations du commandant du Paty de Clam, du milieu clérical où il se trouvait, de la chasse aux « sales juifs », qui déshonore notre époque.

Aquí están por tanto, señor Presidente, los hechos que explican como pudo cometerse un error judicial ; y las pruebas morales, la azarosa situación de Dreyfus, la ausencia de motivos, su continuo grito de inocencia, acaban por mostrar como una víctima de extraordinarias imaginaciones del comandante Du Paty de Clam, del medio clerical en que se encontraba, de la caza de los « sucios judíos » que deshonra nuestra época.

Et nous arrivons à l’affaire Esterhazy. Trois ans se sont passés, beaucoup de consciences restent troublées profondément, s’inquiètent, cherchent, finissent par se convaincre de l’innocence de Dreyfus.

Y llegamos al caso Esterhazy. Han pasado tres años, muchas conciencias se mantienen profundamente agitadas, se inquietan, buscan, y terminan por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

Je ne ferai pas l’historique des doutes, puis de la conviction de M. Scheurer-Kestner. Mais, pendant qu’il fouillait de son côté, il se passait des faits graves à l’état-major même. Le colonel Sandherr était mort, et le lieutenant-colonel Picquart lui avait succédé comme chef du bureau des renseignements. Et c’est à ce titre, dans l’exercice de ses fonctions, que ce dernier eut un jour entre les mains une lettre-télégramme, adressée au commandant Esterhazy, par un agent d’une puissance étrangère. Son devoir strict était d’ouvrir une enquête. La certitude est qu’il n’a jamais agi en dehors de la volonté de ses supérieurs. Il soumit donc ses soupçons à ses supérieurs hiérarchiques, le général Gonse, puis le général de Boisdeffre, puis le général Billot, qui avait succédé au général Mercier comme ministre de la Guerre. Le fameux dossier Picquart, dont il a été tant parlé, n’a jamais été que le dossier Billot, j’entends le dossier fait par un subordonné pour son ministre, le dossier qui doit exister encore au ministère de la Guerre. Les recherches durèrent de mai à septembre 1896, et ce qu’il faut affirmer bien haut, c’est que le général Gonse était convaincu de la culpabilité d’Esterhazy, c’est que le général de Boisdeffre et le général Billot ne mettaient pas en doute que le bordereau ne fût de l’écriture d’Esterhazy. L’enquête du lieutenant-colonel Picquart avait abouti à cette constatation certaine. Mais l’émoi était grand, car la condamnation d’Esterhazy entraînait inévitablement la révision du procès Dreyfus ; et c’était ce que l’état-major ne voulait à aucun prix.

No haré relato de las dudas, como de la convicción del Sr. Scheurer-Kestner. Pero, mientras investigaba por su lado, graves hechos sucedían incluso en el Estado Mayor. El coronel Sandherr había muerto y el teniente coronel Picquart le había sucedido como jefe de la Oficina de Investigaciones. Y es en esta función, en el ejercicio de sus funciones, como este último tuvo entre sus manos un telegrama, dirigido al comandante Esterhazy, por un agente de una potencia extranjera. Su estricto deber era abrir una investigación. La verdad es que nunca actuó fuera de la voluntad de sus superiores. Dirigió por tanto sus sospechas a sus superiores jerárquicos, el general Gonse, como al general Boisdeffre, así como el general Billot, que había sucedido al general Mercier como ministro de la Guerra. El famoso dossier Picquart, del que tanto se había hablado, no fue más que el dossier Billor, entendiendo el dossier hecho por un subordinado para su ministro, dossier que debe existir aún en el Ministerio de la Guerra. Las inventigaciones duraron de mayo a septiembre de 1896, y es preciso afirmarlo bien alto, el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy, así como los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la nota fue escrita por Esterhazy. La investigación del teniente coronel Picquart había conducido a dicha certera constatación. Pero la emoción era grande, ya que la condena de Esterhazy conllevaba inevitablemente la revisión del proceso Dreyfus, y eso era algo que el Estado Mayor no quería a ningún precio.

Il dut y avoir là une minute psychologique pleine d’angoisse. Remarquez que le général Billot n’était compromis dans rien, il arrivait tout frais, il pouvait faire la vérité. Il n’osa pas, dans la terreur sans doute de l’opinion publique, certainement aussi dans la crainte de livrer tout l’état-major, le général de Boisdeffre, le général Gonse, sans compter les sous-ordres. Puis, ce ne fut là qu’une minute de combat entre sa conscience et ce qu’il croyait être l’intérêt militaire. Quand cette minute fut passée, il était déjà trop tard. Il s’était engagé, il était compromis. Et, depuis lors, sa responsabilité n’a fait que grandir, il a pris à sa charge le crime des autres, il est aussi coupable que les autres, il est plus coupable qu’eux, car il a été le maître de faire justice, et il n’a rien fait. Comprenez-vous cela ! Voici un an que le général Billot, que les généraux de Boisdeffre et Gonse savent que Dreyfus est innocent, et ils ont gardé pour eux cette effroyable chose ! Et ces gens-là dorment, et ils ont des femmes et des enfants qu’ils aiment!

Debió haber allí un minuto psicológicamente lleno de angustia. Fíjese usted que el general Billot no estaba comprometido en nada, llegaba sin ninguna deuda, podía decir la verdad. No se atrevió, sin duda aterrorizado ante la opinión pública, ciertamente por el miedo a enfrentarse a todo el EstadMayor el general de Boisdeffre, el general Gonse, sin contar los que se encontraban bajo sus órdenes. Entonces, no hubo allí mas que un minuto de combate entre su conciencia y lo que él creía el interés militar Cuando ese minuto hubo pasado, era ya demasiado tarde. Se encontraba atado, se encontraba comprometido. Y desde entonces, su responsabilidad no hizo más que crecer, cargó en su conciencia con los crímenes de otros ; es tan culpable como los otros, es más culpable que ellos, ya que fue capaz de hacer justicia, y no hizo nada. ¡Comprenda esto ! ¡Hace ya un año que el general Billot, que los generales Biosdeffre y Gonse saben que Dreyfus es inocente, y se guardaron para ellos tales espantosos hechos ! ¡Y esas gentes duermen, y tienen mujeres e hijos que los aman!

Le colonel Picquart avait rempli son devoir d’honnête homme. Il insistait auprès de ses supérieurs, au nom de la justice. Il les suppliait même, il leur disait combien leurs délais étaient impolitiques, devant le terrible orage qui s’amoncelait, qui devait éclater, lorsque la vérité serait connue. Ce fut, plus tard, le langage que M. Scheurer-Kestner tint également au général Billot, l’adjurant par patriotisme de prendre en main l’affaire, de ne pas la laisser s’aggraver, au point de devenir un désastre public. Non ! Le crime était commis, l’état-major ne pouvait plus avouer son crime. Et le lieutenant-colonel Picquart fut envoyé en mission, on l’éloigna de plus en plus loin, jusqu’en Tunisie, où l’on voulut même un jour honorer sa bravoure, en le chargeant d’une mission qui l’aurait sûrement fait massacrer, dans les parages où le marquis de Morès a trouvé la mort. Il n’était pas en disgrâce, le général Gonse entretenait avec lui une correspondance amicale. Seulement, il est des secrets qu’il ne fait pas bon d’avoir surpris.

El coronel Picquart había cumplido con su deber de hombre honesto. Insistía al lado de sus superiores, en nombre de la justicia. Incluso les suplicaba, les decía cuantos de sus plazos eran anti-políticos, frente a la terrible tormenta que se anunciaba, que debía desencadenarse, cuando la verdad fuera conocida. Este fue más tarde, el lenguaje que Sr. Scheurer-Kestner mantuvo con el general Billot, jurando por patriotismo tomar el caso en sus manos, no dejarlo agravarse, hasta el punto de convertirse en un desastre público. !No¡El crimen se había cometido, el Estado Mayor no podía ya confesar su crimen. Y el teniente coronel Picquart fue enviado en una misión, se le apartó cada vez más lejos, hasta Túnez, un día se quiso incluso honrar su bravura, encargándole una misión que le habría seguramente matado, en los parajes donde el Marqués de Morès encontró la muerte. No había caído en desgracia, el general Gonse mantenía con él una correspondencia amistosa. Este es, tan solo, uno de los secretos que no hace bien haber conocido.

À Paris, la vérité marchait, irrésistible, et l’on sait de quelle façon l’orage attendu éclata. M. Mathieu Dreyfus dénonça le commandant Esterhazy comme le véritable auteur du bordereau, au moment où M. Scheurer-Kestner allait déposer, entre les mains du garde des Sceaux, une demande en révision du procès. Et c’est ici que le commandant Esterhazy paraît. Des témoignages le montrent d’abord affolé, prêt au suicide ou à la fuite. Puis, tout d’un coup, il paye d’audace, il étonne Paris par la violence de son attitude. C’est que du secours lui était venu, il avait reçu une lettre anonyme l’avertissant des menées de ses ennemis, une dame mystérieuse s’était même dérangée de nuit pour lui remettre une pièce volée à l’état-major, qui devait le sauver. Et je ne puis m’empêcher de retrouver là le lieutenant-colonel du Paty de Clam, en reconnaissant les expédients de son imagination fertile. Son œuvre, la culpabilité de Dreyfus, était en péril, et il a voulu sûrement défendre son œuvre. La révision du procès, mais c’était l’écroulement du roman- feuilleton si extravagant, si tragique, dont le dénouement abominable a lieu à l’île du Diable ! C’est ce qu’il ne pouvait permettre. Dès lors, le duel va avoir lieu entre le lieutenant-colonel Picquart et le lieutenant-colonel du Paty de Clam, l’un le visage découvert, l’autre masqué. On les retrouvera prochainement tous deux devant la justice civile. Au fond, c’est toujours l’état-major qui se défend, qui ne veut pas avouer son crime, dont l’abomination grandit d’heure en heure.

En París, la verdad continuaba su camino irresistible, y es conocido de qué manera la tormenta esperada se desencadenó. Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como el verdadero autor de la nota, en el momento en que D. Scheure-Kestner iba a poner, entre las manos de la Guardia de Altos Secretos, una solicitud de revisión del proceso. Y es en este punto en que el comandante Esterhazy apareció. Los testimonios lo muestran enloquecido, presto al suicidio o a la huida. Después, de un golpe paga su audacia, sorprende a París por la violencia de su actitud. Sucedió que la ayuda había llegado, recibió una carta anónima advirtiéndole de los movimientos de sus enemigos, una dama misteriosa se había tomado la molestia de enviarle una carta robada al Estado Mayor, que debía salvar. Y nada me impide encontrar allí al teniente coronel Du Paty de Clam, reconociendo los trazos de su fértil imaginación. Su obra, la culpabilidad de Dreyfus estaba en peligro, y quiso seguramente defender su obra. !La revisión del proceso, significa el agotamiento del folletín tan extravagante, tan trágico, cuyo desenlace abominable tiene lugar en la isla del Diablo ! Eso era algo que él no podía permitir. Mientras, el duelo tendrá lugar entre el teniente coronel Picquart y el teniente coronel De Clam, uno a cara descubierta, el otro oculto. Se les encontrará a continuación a ambos frente a la justicia civil. En el fondo, es el Estado Mayor quien se defiende, quien no quiere confesar su crimen, cuya abominación crece a cada hora.

On s’est demandé avec stupeur quels étaient les protecteurs du commandant Esterhazy. C’est d’abord, dans l’ombre, le lieutenant-colonel du Paty de Clam qui a tout machiné, qui a tout conduit. Sa main se trahit aux moyens saugrenus. Puis, c’est le général de Boisdeffre, c’est le général Gonse, c’est le général Billot lui-même, qui sont bien obligés de faire acquitter le commandant, puisqu’ils ne peuvent laisser reconnaître l’innocence de Dreyfus, sans que les bureaux de la guerre croulent dans le mépris public. Et le beau résultat de cette situation prodigieuse est que l’honnête homme, là-dedans, le lieutenant-colonel Picquart, qui seul a fait son devoir, va être la victime, celui qu’on bafouera et qu’on punira. Ô justice, quelle affreuse désespérance serre le cœur ! On va jusqu’à dire que c’est lui le faussaire, qu’il a fabriqué la carte-télégramme pour perdre Esterhazy. Mais, grand Dieu ! pourquoi ? dans quel but ? donnez un motif. Est-ce que celui-là aussi est payé par les juifs ? Le joli de l’histoire est qu’il était justement antisémite. Oui ! nous assistons à ce spectacle infâme, des hommes perdus de dettes et de crimes dont on proclame l’innocence, tandis qu’on frappe l’honneur même, un homme à la vie sans tache ! Quand une société en est là, elle tombe en décomposition.

Nos preguntamos con estupor quienes eran los protectores del comandante Esterhazy. Es en principio en la sombra, el teniente coronel Du Paty de Clam fue quién todo lo maquinó, a quién todo conduce. Su autoría se revela en acciones ridículas. Después está el general de Boisdeffre, está el general Gonse, está el general Billiot incluso, que están obligados a absolver al comandante, puesto que no pueden dejar de reconocer la inocencia de Dreyfus, sin que las oficinas de guerra caigan en el desprecio público. Y el verdadero resultado de esta prodigiosa situación es que un hombre honesto, aquí dentro, el teniente coronel Picquart, que solo ha cumplido con su deber, va a ser la víctima, lo que lo escarnecerá y castigará. Oh, justicia, que terrible desesperanza oprime el corazón. Se llega hasta a decir que es un falsificador, que fabricó el telegrama para hacer caer a Esterhazy. Pero, por Dios ! Por qué ? ¿Con qué fin ? Dadme un motivo. ¿Ha sido él pagado por los judíos ? Lo irónico de esta historia, es que él era precisamente antisemita. ¡Si ! Asistimos a un espectáculo infame, de hombres llenos de deudas y de crímenes de los que se proclama su inocencia, mientras que se golpea el honor de un hombre con una vida sin mácula ! Cuando una sociedad llega a ese punto, cae en la descomposición.

Voilà donc, monsieur le Président, l’affaire Esterhazy : un coupable qu’il s’agissait d’innocenter. Depuis bientôt deux mois, nous pouvons suivre heure par heure la belle besogne. J’abrège, car ce n’est ici, en gros, que le résumé de l’histoire dont les brûlantes pages seront un jour écrites tout au long. Et nous avons donc vu le général de Pellieux, puis le commandant Ravary, conduire une enquête scélérat d’où les coquins sortent transfigurés et les honnêtes gens salis. Puis, on a convoqué le conseil de guerre.

Este es por tanto, señor Presidente, el caso Esterhazy : un culpable que trataba de justificarse. Después de dos meses, podemos seguir a cada hora sus afanes. Abrevio, porque no es más, que a grandes trazos, de hacer el resumen de la historia cuyas encendidas páginas serán un día escritas en conjunto. Y hemos, por tanto, visto el general Pellieux, después el comandante Ravary, realizado una investigación malvada conde los pícaros salen transfigurados y los honestos manchados. Tras esto, se convocó el consejo de guerra.

Comment a-t-on pu espérer qu’un conseil de guerre déferait ce qu’un conseil de guerre avait fait?

¿Como se puede esperar que un consejo de guerra deshiciera lo que un consejo de guerra había creado?

Je ne parle même pas du choix toujours possible des juges. L’idée supérieure de discipline, qui est dans le sang de ces soldats, ne suffit-elle à infirmer leur pouvoir d’équité ? Qui dit discipline dit obéissance. Lorsque le ministre de la Guerre, le grand chef, a établi publiquement, aux acclamations de la représentation nationale, l’autorité de la chose jugée, vous voulez qu’un conseil de guerre lui donne un formel démenti ? Hiérarchiquement, cela est impossible. Le général Billot a suggestionné les juges par sa déclaration, et ils ont jugé comme ils doivent aller au feu, sans raisonner. L’opinion préconçue qu’ils ont apportée sur leur siège, est évidemment celle-ci : « Dreyfus a été condamné pour crime de trahison par un conseil de guerre, il est donc coupable ; et nous, conseil de guerre, nous ne pouvons le déclarer innocent ; or nous savons que reconnaître la culpabilité d’Esterhazy, ce serait proclamer l’innocence de Dreyfus. » Rien ne pouvait les faire sortir de là.

No hablo ni siquiera de la posible elección de los jueces. La idea superior de disciplina, que se encuentra en la sangre de los soldados ¿bastaría para invalidad su equidad ? Quien dice disciplina, dice obediencia. Cuando el Ministro de la guerra, el mando supremo, estableció publicamente entre aclamaciones de la representación nacional, la autoridad de lo establecido, ¿pretendeis que un consejo de guerra realice un desmentido formal ? Jerárquicamente, esto es imposible. El general Billot sugestionó a los jueces con su declaración, y estos juzgaron como si debieran arrojarse a las llamas, sin razonar. La opinión preconcebida que aportaron sobre su sede era evidentemente esta : « Dreyfus fue condenado por el crimen de traición por un consejo de guerra, es por tanto culpable, y nosotros, el consejo de guerra, no podemos declararlo inocente. Por otro lado, sabemos que reconocer la culpabilidad de Esterhazy sería proclamar la inocencia de Dreyfus ». Nada podía hacerles salir de ahí.

Ils ont rendu une sentence inique, qui à jamais pèsera sur nos conseils de guerre, qui entachera désormais de suspicion tous leurs arrêts. Le premier conseil de guerre a pu être inintelligent, le second est forcément criminel. Son excuse, je le répète, est que le chef suprême avait parlé, déclarant la chose jugée inattaquable, sainte et supérieure aux hommes, de sorte que des inférieurs ne pouvaient dire le contraire. On nous parle de l’honneur de l’armée, on veut que nous l’aimions, la respections. Ah ! certes, oui, l’armée qui se lèverait à la première menace, qui défendrait la terre française, elle est tout le peuple, et nous n’avons pour elle que tendresse et respect. Mais il ne s’agit pas d’elle, dont nous voulons justement la dignité, dans notre besoin de justice. Il s’agit du sabre, le maître qu’on nous donnera demain peut-être. Et baiser dévotement la poignée du sabre, le dieu, non!

Realizaron una sentencia llena de iniquidad, que pesará por siempre sobre nuestros consejos de guerra, que llenará a partir de ahora de sospechas todas las detenciones. El primer consejo de guerra pudo ser ininteligible, el segundo es por fuerza criminal. Su excusa, lo repito, es que el jefe supremo había hablado, declarando lo juzgado como inatacable, santo y superior a los hombres, de manera que los inferiores no podían decir lo contrario. Se nos ha hablado del honor del ejército, se quiere que lo amemos, que lo respetemos. ¡Ah, ciertamente ! El ejército que alzaría a la primera amenaza, que defendería la tierra francesa, es todo el pueblo, y no tenemos por él más que cariño y respeto. Pero no se trata de él, del que queremos su dignidad, a quien afecta nuestra necesidad de justicia. Se trata del sable, el señor que nos golpeará quizá mañana. ¡Y `podemos besar devotamente la empuñadura del sable, pero no aceptarlo como a Dios!

Je l’ai démontré d’autre part : l’affaire Dreyfus était l’affaire des bureaux de la guerre, un officier de l’état-major, dénoncé par ses camarades de l’état-major, condamné sous la pression des chefs de l’état-major. Encore une fois, il ne peut revenir innocent sans que tout l’état-major soit coupable. Aussi les bureaux, par tous les moyens imaginables, par des campagnes de presse, par des communications, par des influences, n’ont-ils couvert Esterhazy que pour perdre une seconde fois Dreyfus. Quel coup de balai le gouvernement républicain devrait donner dans cette jésuitière, ainsi que les appelle le général Billot lui-même ! Où est-il, le ministère vraiment fort et d’un patriotisme sage, qui osera tout y refondre et tout y renouveler ? Que de gens je connais qui, devant une guerre possible, tremblent d’angoisse, en sachant dans quelles mains est la défense nationale ! Et quel nid de basses intrigues, de commérages et de dilapidations, est devenu cet asile sacré, où se décide le sort de la patrie ! On s’épouvante devant le jour terrible que vient d’y jeter l’affaire Dreyfus, ce sacrifice humain d’un malheureux, d’un « sale juif » ! Ah ! tout ce qui s’est agité là de démence et de sottise, des imaginations folles, des pratiques de basse police, des mœurs d’inquisition et de tyrannie, le bon plaisir de quelques galonnés mettant leurs bottes sur la nation, lui rentrant dans la gorge son cri de vérité et de justice, sous le prétexte menteur et sacrilège de la raison d’État!

Lo he demostrado en otro lugar : el caso Dreyfus era el caso de las oficinas de Guerra, un oficial del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del Estado Mayor, condenado bajo la presión de los jefes del Estado Mayor. Todavía una vez, no puede ser declarado inocente sin que todo el Estado Mayor fuera culpable. También las oficinas, por todos los medios imaginables, mediante campañas de prensa, comunicados, influencias, han protegido a Esterhazy para condenar una segunda vez a Dreyfus. ¡Qué escobazo debiera dar el Gobierno en esta jesuitería, tal y como lo llama incluso el general Billot! ¿Donde está, ese ministro verdaderamente fuerte y de un patriotismo sabio, que se atreverá a refundarlo todo y a renovarlo todo? ¡Cuanta gente conozco que frente a una posible güera, tiemblan de angustia, sabiendo en qué manos está la defensa nacional! ¡Qué nido de bajas intrigas, de comadreos y dilapidaciones se han convertido este lugar sagrado, donde se decide el destino de la patria! Nos espantamos delante del día terrible en que acabe cayendo el caso Dreyfus, ese sacrificio humano de un desgraciado, de un “puerco judío”! ¡Ah, todo lo que está movido allí por la demencia y la estupidez, por imaginaciones locas, por prácticas de policía de baja estofa, prácticas inquisitoriales y tiránicas, por el placer de algunos engalanados que ponen sus botas sobre la nación, devolviéndoles a su seno sus gritos de verdad y de justicia, bajo el pretexto mentiroso y sacrílego del asunto de Estado!

Et c’est un crime encore que de s’être appuyé sur la presse immonde, que de s’être laissé défendre par toute la fripouille de Paris, de sorte que voilà la fripouille qui triomphe insolemment, dans la défaite du droit et de la simple probité. C’est un crime d’avoir accusé de troubler la France ceux qui la veulent généreuse, à la tête des nations libres et justes, lorsqu’on ourdit soi-même l’impudent complot d’imposer l’erreur, devant le monde entier. C’est un crime d’égarer l’opinion, d’utiliser pour une besogne de mort cette opinion qu’on a pervertie jusqu’à la faire délirer. C’est un crime d’empoisonner les petits et les humbles, d’exaspérer les passions de réaction et d’intolérance, en s’abritant derrière l’odieux antisémitisme, dont la grande France libérale des droits de l’homme mourra, si elle n’en est pas guérie. C’est un crime que d’exploiter le patriotisme pour des œuvres de haine, et c’est un crime, enfin, que de faire du sabre le dieu moderne, lorsque toute la science humaine est au travail pour l’œuvre prochaine de vérité et de justice.

Y es otro crimen verse apoyado por una prensa inmunda, que...(falta)

Cette vérité, cette justice, que nous avons si passionnément voulues, quelle détresse à les voir ainsi souffletées, plus méconnues et plus obscurcies ! Je me doute de l’écroulement qui doit avoir lieu dans l’âme de M. Scheurer-Kestner, et je crois bien qu’il finira par éprouver un remords, celui de n’avoir pas agi révolutionnairement, le jour de l’interpellation au Sénat, en lâchant tout le paquet, pour tout jeter à bas. Il a été le grand honnête homme, l’homme de sa vie loyale, il a cru que la vérité se suffisait à elle- même, surtout lorsqu’elle lui apparaissait éclatante comme le plein jour. À quoi bon tout bouleverser, puisque bientôt le soleil allait luire ? Et c’est de cette sérénité confiante dont il est si cruellement puni. De même pour le lieutenant-colonel Picquart, qui, par un sentiment de haute dignité, n’a pas voulu publier les lettres du général Gonse. Ces scrupules l’honorent d’autant plus que, pendant qu’il restait respectueux de la discipline, ses supérieurs le faisaient couvrir de boue, instruisaient eux-mêmes son procès, de la façon la plus inattendue et la plus outrageante. Il y a deux victimes, deux braves gens, deux cœurs simples, qui ont laissé faire Dieu, tandis que le diable agissait. Et l’on a même vu, pour le lieutenant-colonel Picquart, cette chose ignoble : un tribunal français, après avoir laissé le rapporteur charger publiquement un témoin, l’accuser de toutes les fautes, a fait le huis clos, lorsque ce témoin a été introduit pour s’expliquer et se défendre. Je dis que ceci est un crime de plus et que ce crime soulèvera la conscience universelle. Décidément, les tribunaux militaires se font une singulière idée de la justice.

Esta verdad, esta justicia, que nosotros queremos tan apasionadamente,...(falta)

Telle est donc la simple vérité, monsieur le Président, et elle est effroyable, elle restera pour votre présidence une souillure. Je me doute bien que vous n’avez aucun pouvoir en cette affaire, que vous êtes le prisonnier de la Constitution et de votre entourage. Vous n’en avez pas moins un devoir d’homme, auquel vous songerez, et que vous remplirez. Ce n’est pas, d’ailleurs, que je désespère le moins du monde du triomphe. Je le répète avec une certitude plus véhémente : la vérité est en marche et rien ne l’arrêtera. C’est d’aujourd’hui seulement que l’affaire commence, puisque aujourd’hui seulement les positions sont nettes : d’une part, les coupables qui ne veulent pas que la lumière se fasse ; de l’autre, les justiciers qui donneront leur vie pour qu’elle soit faite. Je l’ai dit ailleurs, et je le répète ici : quand on enferme la vérité sous terre, elle s’y amasse, elle y prend une force telle d’explosion, que, le jour où elle éclate, elle fait tout sauter avec elle. On verra bien si l’on ne vient pas de préparer, pour plus tard, le plus retentissant des désastres.

Esta es la pura verdad, señor Presidente, y es espantosa, permanecerá en vuestra presidencia como un deshonor No tengo ninguna duda que no tiene usted ningún poder en dicho caso, y que es usted prisionero de la Constitución y de vuestro entorno. Usted no tiene más que un deber como hombre, al que se debe usted y que cumplirá. No es que yo desespere ni un ápice del triunfo. Lo repito con la certeza más vehemente: la verdad está en marcha y nadie la detendrá. Hoy tan solo el caso empieza, puesto que solo hoy las posiciones están claras: de un lado, los culpables que no quieren que se haga la luz, de otro lado, los justicieros que darán su vida para que se haga la luz. Lo digo otra vez y lo repito aquí: cuando se entierra la verdad, ésta se comprime, y provoca tal explosión, el día que explota, que hace saltar todo por los aires. Ya veremos si no estamos creando para más tarde, el más sonoro de los desastres.

Mais cette lettre est longue, monsieur le Président, et il est temps de conclure.

Pero esta carta es larga, Señor Presidente, y es tiempo de terminar.

J’accuse le lieutenant-colonel du Paty de Clam d’avoir été l’ouvrier diabolique de l’erreur judiciaire, en inconscient, je veux le croire, et d’avoir ensuite défendu son œuvre néfaste, depuis trois ans, par les machinations les plus saugrenues et les plus coupables.

Acuso al teniente coronel Du Paty de Clam de haber sido el diabólico creador de este error judicial, quiero creer que inconscientemente, y de haberlo a continuación defendido, durante tres años, mediante las maquinaciones más ridículas y culpables posibles.

J’accuse le général Mercier de s’être rendu complice, tout au moins par faiblesse d’esprit, d’une des plus grandes iniquités du siècle.

Acuso al general Mercier de haberse convertido en cómplice, al menos por debilidad de espíritu de una de las mayores iniquidades del siglo.

J’accuse le général Billot d’avoir eu entre les mains les preuves certaines de l’innocence de Dreyfus et de les avoir étouffées, de s’être rendu coupable de ce crime de lèse-humanité et de lèse-justice, dans un but politique et pour sauver l’état-major compromis.

Acuso al general Billot de haber tenido entre sus manos las pruebas notorias de la inocencia de Dreyfus y de haberlas ocultado, de ser culpable de este crimen de lesa humanidad y de lesa justicia, con un objetivo político y para salvar al Estado Mayor incriminado.

J’accuse le général de Boisdeffre et le général Gonse de s’être rendus complices du même crime, l’un sans doute par passion cléricale, l’autre peut-être par cet esprit de corps qui fait des bureaux de la guerre l’arche sainte, inattaquable.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse de haberse convertido en cómplices de dicho crimen, uno sin duda por pasión clerical y el otro quizá por ese espíritu corporativo que crea las oficinas de guerra, templo sagrado, inatacable.

J’accuse le général de Pellieux et le commandant Ravary d’avoir fait une enquête scélérat, j’entends par là une enquête de la plus monstrueuse partialité, dont nous avons, dans le rapport du second, un impérissable monument de naïve audace.

Acuso al general de Pellieux y al comandante Ravary de haber hecho una investigación malintencionada, tal y como lo veo, una investigación de la más monstruosa parcialidad, de la que tenemos, en relación a la segunda, como un imperecedero monumento de su infeliz audacia.

J’accuse les trois experts en écritures, les sieurs Belhomme, Varinard et Couard, d’avoir fait des rapports mensongers et frauduleux, à moins qu’un examen médical ne les déclare atteints d’une maladie de la vue et du jugement.

Acuso a los tres expertos en escritura, los señores Belhomme, Varinard et Couard, de haber hecho informes mentirosos y fraudulentos, a menos que un examen médico los declare afectados por una enfermedad de la vista y el juicio.

J’accuse les bureaux de la guerre d’avoir mené dans la presse, particulièrement dans L’éclair et dans L’Écho de Paris, une campagne abominable, pour égarer l’opinion et couvrir leur faute.

Acuso a las oficinas de guerra de haber dirigido en la prensa, particularmente en El Amanecer y El Eco de Paris, una campaña abominable, para asustar a la opinión pública y ocultar sus errores.

J’accuse enfin le premier conseil de guerre d’avoir violé le droit, en condamnant un accusé sur une pièce restée secrète, et j’accuse le second conseil de guerre d’avoir couvert cette illégalité, par ordre, en commettant à son tour le crime juridique d’acquitter sciemment un coupable.

Acuso en fin, al primer consejo de guerra de haber violado el derecho, enviando a un acusado bajo un acta mantenida en secreto y acuso al segundo consejo de guerra de haber ocultado esta ilegalidad, según las órdenes, cometiendo a su vez el crimen jurídico de absolver voluntariamente a un culpable.

En portant ces accusations, je n’ignore pas que je me mets sous le coup des articles 30 et 31 de la loi sur la presse du 29 juillet 1881, qui punit les délits de diffamation. Et c’est volontairement que je m’expose.

Y portando estas acusaciones, no ignoro que me someto al peso de los artículos 30 y 31 de la ley de prensa del 29 de julio de 1881, que castiga los delitos de difamación. Y me expongo voluntariamente.

Quant aux gens que j’accuse, je ne les connais pas, je ne les ai jamais vus, je n’ai contre eux ni rancune ni haine. Ils ne sont pour moi que des entités, des esprits de malfaisance sociale. Et l’acte que j’accomplis ici n’est qu’un moyen révolutionnaire pour hâter l’explosion de la vérité et de la justice.

En cuanto a las personas que acuso, no las conozco, no las he visto jamás, no tengo contra ellos ni rencor ni odio. No son para mías más que entidades, espíritus de maldad social. Y el acto que realizo no es más que un medio revolucionario para activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Je n’ai qu’une passion, celle de la lumière, au nom de l’humanité qui a tant souffert et qui a droit au bonheur. Ma protestation enflammée n’est que le cri de mon âme. Qu’on ose donc me traduire en cour d’assises et que l’enquête ait lieu au grand jour!

No tengo más que una pasión, la de la luz, en nombre de la humanidad que tanto ha sufrido y que tiene el derecho a la alegría. Mi protesta indignada no es más que el grito de mi alma. ¡Que se atrevan a llevarme a la Corte de justicia y que la investigación tenga lugar un gran día!

J’attends.

Lo espero.

Veuillez agréer, monsieur le Président, l’assurance de mon profond respect.

Reciba usted, señor Presidente, la seguridad de mi profundo respeto.Traducción de Rogelio Carrillo

L'Aurore[editar]

Raymond Tournon, afiche creado para la publicación de Fecundidad en forma de folleto por La Aurora

El apoyo que Émile Zola necesitaba para su texto, lo encontró en un joven diario militante, un periódico llamado La Aurora, que en ese tiempo se trataba de una publicación matutina recién creada a finales del mes de octubre de 1897 y que consistía en una sola página. Por lo tanto, el diario no tiene más de tres meses de existencia al momento de la publicación del artículo de Zola. El jueves 13 de enero, sale a la luz la edición n° 87. Su fundador y director, Ernest Vaughan, con una influencia muy fuerte de Proudhon, relacionado con La Internacional. Colaborador de múltiples diarios, fue gerente de L'Intransigeant (EL Intransigente) en 1881, al que debió abandonar a raíz de un altercado con su cuñado, Henri Rochefort en 1988. Después de crear L'Aurore en 1897, dará por terminada su carrera en 1903.

Un título estruendoso, «un grito por la calle»[editar]

Un título ideado para generar un impacto a primera vista.

Habiendo establecido contactos con Clemenceau a principios de 1898, Emile Zola se encuentra con Ernest Vaughan, editor de La Aurora (L’Aurore) la mañana del 12 de enero para conversar sobre su artículo titulado “Carta al Sr. Félix Faure, Presidente de la República” (Lettre à M. Félix Faure Président de la République) Después del mediodía, Zola se presenta en las oficinas del diario y lee su artículo para la directiva de la editorial. Clemenceau discrepa. La Aurora defiende, en efecto, una visión sobre todo jurídica del caso de Dreyfus. La inocencia de Dreyfus debe ser probada en un nuevo proceso, no en un diario; pero es el editor quien se inclina ante las cualidades innegables del texto, exclamando: “¡Es obvio que este asunto es de grandes proporciones!”

El título del artículo no logra convencer del todo al equipo de redacción. La razón radicaba en una situación de compromiso para el escritor y para la editorial. Este título fue escogido por Zola de la misma manera que sus publicaciones precedentes como “Carta a la Juventud” (Lettre à la jeunesse), pero luego el problema inicial de represalias es reemplazado por una simple cuestión de publicidad. El título seleccionado por el autor en un primer momento no convencía a Georges Clemenceau ni a Ernest Vaughan, pues según las palabras de éste último, lo que deseaban era: “…hacer un gran título y llamar la atención del público.” Entonces, a la postre, es la decisión de publicarlo en un diario matutino lo que realmente los comprometió.

Dada la situación, la primera plana del diario debía ser claramente visible desde lejos y tener un título para que los voceadores lo gritaran en las calles. Además, la intención era la de responder a la prensa vespertina, llamada la “prensa inmunda”, orientada sobre las crónicas, contraria al oficial Dreyfus y acostumbrada al uso de caracteres gruesos en los titulares a manera de “marca de fábrica”. Es contra este estilo de prensa que Zola se levanta, y utilizando uno de sus artificios, se dirige a los lectores con un contundente título.

Por lo tanto, era obvio que el título inicialmente escogido por Zola era inadecuado debido a su longitud, pues al fin de este siglo, sin medios audiovisuales, la información está ahí fuera, en la calle y para informarse hay que ir al menos a las grandes ciudades a escuchar a los voceadores que gritan los titulares. Así, entre Vaughan y Clemenceau seleccionan un título a manera de grito: ¡Yo acuso…! (J’accuse…!), título que va a arrasar con la primera plana del diario de la mañana del día siguiente.

Un artículo mordaz y deliberadamente difamatorio[editar]

«J'accuse...!» en la primera plana de La Aurora

Si ”J’accuse…!“ dejó una impresión duradera en los lectores, se debe a que aportó un cierto número de novedades que nunca se vieron en los diarios antes de su publicación.

Un plan simple[editar]

Para su artículo, Zola opta por un plan simple. El objetivo del escritor es hacer comprender el embrollo del caso Dreyfus de la manera más clara posible. Zola explica primero, en su introducción, las causas iniciales de error judicial al que califica como implacable e inhumano. De esa forma justifica su mensaje en forma de una carta abierta al Presidente de la República. En la primera parte, Zola hace regresiones que llevan al lector a tres años atrás, al otoño de 1894, asistiendo a diferentes proceso judiciales en contra de Alfred Dreyfus, desde su arresto hasta su condena. En la segunda parte, el escritor explica cómo se dieron las condiciones del descubrimiento del verdadero culpable, Ferdinand Esterházy. La tercera parte hace referencia a la colusión en los poderes públicos a fin de proteger al verdadero traidor absolviéndolo frente al Consejo de Guerra del 11 de enero, de esa forma, un doble delito se consuma: La condena de un inocente y la absolución de un culpable. A Zola, le queda concluir citando los cargos nominativos de las personas que él considera como responsables del delito, en una letanía que parte de la frase “¡yo acuso!”

Una forma eficaz[editar]

La forma empleada por Zola es totalmente directa, desde el punto de vista de de su redacción revolucionaria para expresar su descontento. El artículo es bastante largo, con casi 4570 palabras, ejecutadas en no menos de 8 columnas, ocupando la totalidad de la primera página de La Aurora.

En reacción a « J’accuse… !», « Psst… !» le hace una parodia al famoso titular de La Aurora

Es una novedad en la prensa de opinión, acostumbrada a ser muy moderada en la forma, donde los editoriales sobrepasan muy rara vez dos columnas en primera página. Además, la mayoría de estos diarios, en esa época, no publicaban más que cuatro páginas; « J’accuse… !»ocupa casi un tercio de la superficie útil de la edición del 13 de enero de 1898. El título se forma de una sola palabra con dos sílabas. La tipografía fue particularmente cuidadosa; las dos mayúsculas iniciales y los tres puntos suspensivos seguidos de un signo de exclamación dan fuerza al aspecto dramático de la proclamación. Éste dispositivo tipográfico, un poco olvidado actualmente, significó una referencia de impresión, al punto que, en reacción, la oposición a Dreyfus publica un periódico antisemita cuyo título rezaba « psst…!», una interjección que, tomando los artificios tipográficos de « J’accuse… !», intentó remarcar el menosprecio en la réplica.

Los antecedentes: entre la acusación y la defensa[editar]

Imagen caricaturizando a Zola después de la pubicación de su artículo.

La historiografía[1] [2] ha enfatizado la ruptura encarnada por « J'accuse!» "Contrastando significativamente con cualquier trabajo anterior periodístico de Emile Zola.

«J'accuse...» "Es una sorpresa para los contemporáneos que ven este tipo de violencia, un compromiso claro, de manera inequívoca pero también como la exposición al peligro de la pluma de un escritor muy ordenado, tranquilo y estimado.[3] Zola anuncia al principio la inocencia de Dreyfus:

«Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. Mis noches serían atormentadas por el espectro del inocente que expía allí, en la tortura más horrible, un crimen que no cometió.»

Pero al hacerlo, invierte los papeles, y asume el de un abogado, tomando el atuendo de la Fiscalía. Muy agresivo, el texto pretende ser un ataque contra distintos actores del caso: los generales, los oficiales responsables del error involuntario de la justicia que llevó a juicio y la condena, los peritos calígrafos, los civiles expertos, culpables de «informes fraudulentos y falsos».

También cuestiona a las oficinas del ejército responsable de una campaña de desprestigio, y los dos consejos de guerra, «uno de los cuales condenó Dreyfus sobre la base de un documento que debía mantenerse en secreto, mientras que el segundo absuelto al que era a sabiendas culpable» El artículo termina con la célebre letanía, que ofrece al público los nombres de los culpables de su condena.

Para sus contemporáneos, el gran interés del artículo de Zola se encuentra en el resumen consolidado de los diferentes eventos que constituyen los primeros cuatro años del caso Dreyfus, que el lector tiene acceso por primera vez. Zola les cuenta la historia completa. En efecto, debe ponerse en el lugar del lector del caso Dreyfus que lee, poco a poco, el desarrollo de este complejo drama. El escritor por lo tanto, llama a la "verificación de la realidad" mediante la entrega de una narrativa completa, basada en la documentación disponible para él en ese momento.[4]

Pero Zola y los que le suministran información también han cometido errores, simplemente porque no sabían en ese momento parte de los hechos y circunstancias. Por ejemplo, Zola, limita la responsabilidad del Ministro de Guerra de la época, el general Auguste Mercier, exagerando el papel de Du Paty de Clam y completamente ignorando a comandante Henry, un jugador clave del caso Dreyfus. "Yo acuso...! "sin embargo, no es un texto histórico en sus detalles, pero es la propia confesión del autor de una manera, un punto de inflexión en affaire Dreyfus. Se trata de un texto político".[5]

Zola sabe a lo que se expone y advierte al lector de antemano. En efecto, viola los artículos 30 y 31 de la Ley de prensa de 29 de julio 1881, lo que hará que sea acusado de calumnia pública. De hecho, no tiene ninguna evidencia para apoyar sus acusaciones. Según la ley, se trata de un delito penal, dando lugar a una deliberación en un jurado. La esperanza de Zola es que los jueces puedan tomar una decisión independiente del poder militar.[6]

Las consecuencias de la publicación de « J’accuse… !»[editar]

Le Lion, le Corbeau et le Pou, caricature anti-dreyfusarde de Caran d'Ache.

Contrariamente a la creencia popular de que el artículo de Zola ha recibido una respuesta muy positiva por parte de sus lectores, Zola se enfrenta a una hostilidad casi universal desde el primer día de su publication.[7]

Ya sea en los círculos políticos, artísticos y literarios, académicos, periodísticos o militares, los ataques directos contra el gobierno y el Ejército escandalizaron a sus contemporáneos. Sólo una minoría estaba de acuerdo con el escritor.

La segunda parte del «affaire Dreyfus» acababa de empezar. El caso Dreyfus se convierte en el « l'Affaire» a secas, es decir, ya no es una tema sencillo en torno a la cuestión de la justicia, sino una verdadera confrontación política y social.[8]

Reviviendo el caso Dreyfus[editar]

La primera consecuencia de « J’accuse… !» es que el caso Dreyfus revivió. Dreyfus había sido juzgado dos veces, primero en 1894 e indirectamente durante el juicio Esterházy que finalizó en enero de 1898, y Jules Méline el presidente del Consejo, había afirmado que no había nada más que hacer en el caso de Dreyfus.[9]

En respuesta, el escritor publica ese mismo mes "J'accuse...!" exponiéndose a demandas civiles para extraer el caso Dreyfus de las manos de los militares. A partir de ese momento, la cadena de acontecimientos provocará el derrumbe de la pantalla creada por los militares, lo que lleva a un nuevo juicio menos de un año después del artículo escrito por el novelista.[10]

Sorpresa y manifestación de partidarios de Dreyfus[editar]

La emoción y la sorpresa en torno a las acusaciones hechas por Zola son tan fuertes, que traen una explosión a mediano plazo en la opinión pública.[11] Muy pequeño era el círculo de los iniciados acerca de las verdaderas intenciones de Emile Zola. Mathieu Dreyfus, hermano del condenado, descubrió el folleto en la mañana del 13 de enero. Él sabía que habría una intervención inminente de Zola, pero la descubre admirado pues, "no esperaba que fuese demasiado enérgica".[12]

Scheurer-Kestner y Clemenceau son más reticentes, incluso hostiles en relación con el Vicepresidente del Senado, diciendo que es riesgoso para participar como jurado de la Audiencia.[13] Pero, en general, los partidarios de Dreyfus, muy afectados por la absolución de Esterhazy, y pasado el momento de sorpresa, fueron alentados por la poderosa intervención del escritor. El debate por lo tanto se reavivó, se extendía por una nueva fase judicial en un Tribunal Civil en esta vez, impuesto sobre los poderes públicos por un escritor-periodista.[14]

El miedo y furor anti-Dreyfus[editar]

Zola aux outrages, huile sur toile de Henry de Groux (1898), montrant l'écrivain à la sortie du Tribunal et faisant écho au thème religieux classique du Christ aux outrages.

En el bando anti-Dreyfus, hay asombro mezclado con furia vengativa.[15] Columnistas como el nacionalista y antisemita Judet Rochefort o Drumont, inmediatamente comprenden la importancia del compromiso del escritor,[16] en su poder y determinación. En Drumont, en su La Palabra Libre, no hay siquiera un indicio de admiración por el coraje de Zola.

En el aspecto político, la hostilidad es unánime, la forma de «J’accuse…!» es considerada ofensiva.[17] El día de la publicación se toma la decisión por parte del gobierno de no reaccionar a los ataques.

El objetivo es rechazar una nueva batalla legal, la más peligrosa que se celebraría en la Audiencia, ante un jurado. Sin embargo, el diputado Católico Albert de Mun, desafió al gobierno durante todo el día el 13 de enero, obligandó al ministro de Guerra, el general Billot, el entonces Presidente, Jules Meline, para posicionarse y actuar contra Zola, lo que finalmente es resuelto al final del día.[18]

En cuanto a los militares, los mencionados por el folleto de Emile Zola, la reacción es aún más dramática. El pánico es total, incluyendo a varios jugadores en el «l'Affaire» como Esterházy, quien trató de escapar. Este terror se calmó rápidamente por las mentes militares, que de inmediato comenzaron a preparar la respuesta legal.[19]

Consecuencias políticas y sociales[editar]

L'âge du papier, de Félix Vallotton. Aguafuerte publicada el 23 de enero de 1898 en el Cri de Paris.

Radicalización política[editar]

Inicialmente hay unanimidad política en la condena de "traidor Dreyfus" en 1894, pero a partir de allí el mundo político se divide gradualmente a partir de sucesivas revelaciones. Esta división en dos bandos radicalmente opuestos, es una consecuencia de la publicación del folleto de Zola, y el proceso que sigue un mes más tarde.

La izquierda republicana en su completo cambio de perspectiva informados por la evidencia de la manipulación política y militar.[20] Al igual que Clemenceau o Jaures, muy hostiles a Dreyfus en 1894, terminan siendo convencidoss por los más ardientes defensores de que el capitán es inocente. Ellos se comprometen por lo tanto para la rehabilitación del Capitán Dreyfus.[N 1]

Pero a partir de esta división, la política de Francia se mantendrá permanentemente dividida en dos campos irreductibles. René Remond considera incluso que este caso es uno de los orígenes de la confrontación de derecha-izquierda, que sigue vigente hoy en día.[21]

El compromiso de los «intelectuales»[editar]

La acusación periodística de Zola fue convincente. Muchos intelectuales firmaron a continuación, después de él, una "protesta"[N 2] a favor de un nuevo proceso. Entre ellos, Anatole France, Georges Courteline, Octave Mirbeau o Claude Monet, también Charles Péguy, Lugné-Poe, Victor Bérard, Lucien Herr, o Alfred Jarry.[22] Las firmas fueron recogidas por los estudiantes o jóvenes escritores como Marcel Proust.

Estas peticiones también reúnen a los principales científicos como Émile Duclaux, director del Instituto Pasteur.[23] Las peticiones de cuarenta escritores, de artistas, y científicos de la Universidad, por un total de 1482 firmas.[24]

El cuarto poder[editar]

En famille de Félix Vallotton dans Le Cri de Paris. La presse touche quasiment tous les Français, seul moyen d'information disponible.

La Obtencion del poder por veinte años, la prensa popular y la opinión alcanzó un nuevo hito con el escrito « J’accuse… !» "Ganar hoy frente a una gran potencia.[25] Zola, periodista desde hace mucho tiempo, ha utilizado esta herramienta de manera eficaz. Él es asistido por miembros importantes de la prensa, como Vaughan, quien de inmediato se dio cuenta del alto contenido de "truco", creado por Zola, y le dio apertura a los medios de distribución masiva para una gran circulación, una distribución de alta densidad. Antes de los sucesivos fracasos del poder judicial, ejecutivo y legislativo, inaceptando la más mínima interrogación[26] es un artículo violento, impreso en un pequeño diario de opinión, estímulando sin duda el caso Dreyfus y, de hecho dio lugar a un nuevo juicio en 1894. En estas proporciones es la primera vez, plenamente consciente y querida por Emile Zola, que habla de una "forma revolucionaria para acelerar la explosión de la verdad y la justicia".

Aunque la prensa sigue siendo más del 90% de anti-Dreyfus en 1899,[27] « J’accuse… !» se unió a la de Panteón como un ejemplo del poder periodístico que tiene sobre población y contra el abuso de poder. Pero la adhesión en el gesto de Zola fue tardío el reconocimiento de su acto es mencionado en la segunda mitad del Plantilla:Siglo XX

Creación de la Declaración de los Derechos Humanos[editar]

Ludovic Trarieux, MP y Senador de Girondenombra al Ministro de Justicia poco después de la degradación del capitán Dreyfus, 26 de enero 1895.[28] Pronto se convenció de que las formas jurídicas no se respetaron durante las diferentes etapas de justicia y eso provoco la condena de Dreyfus en la cárcel. Especialmente, Gabriel Hanotaux, ministro de Relaciones Exteriores, pone al tanto de la existencia de un documento secreto ( El bribón... D, llamada así porque contiene la palabra) que se transmiten a los jueces exterior de el acusado y sus defensores. Sin embargo, no realizó ninguna acción, absorbido por los deberes de su ministerio.[29]

Relevado de sus deberes ministeriales a fines de octubre de 1895 él era el único senador en apoyo de la Cámara Auguste Scheurer-Kestner durante su detención, el gobierno de Jules Meline de Dreyfus en el otoño de 1897. Factor crucial del juicio de Zola, el incluye la oportunidad de una organización para que la defensa de las libertades individuales deban aplicarse en Francia. Esto inspirado a varios grupos humanistas especialmente los creados en Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XIX.[30]

Es el resultado del juicio de Emile Zola acogido en la primera reunión que sentó las bases para el futuro [Sociedad [Francésa para la Defensa de los Derechos Humanos y del Ciudadano | Sociedad de los Derechos Humanos del hombre]] 25 de febrero 1898[31] Esta sociedad nació oficialmente 4 de junio 1898 y que reúne a partidarios de Dreyfus intelectuales más importantes en torno a su presidente, Ludovic Trarieux. Trarieux permaneció como presidente de la Sociedad hasta su muerte, el 13 de marzo 1904, dos años antes de la rehabilitación de Alfred Dreyfus

Consecuencias para Zola[editar]

Fotografía antropométrica de Émile Zola.

Por esta carta recibió amenazas de distintos tipos y sectores, fue juzgado y condenado y debió enfrentar el exilio. Semanas después se confirma que el documento que se utilizó para comprometer a Dreyfus en el juicio era falso. El Tribunal Supremo, que había empezado a revisar el expediente Dreyfus en junio, ordenó la revisión del caso.

Zola regresa de su exilio en junio de 1899 y el Gobierno renuncia a tomar medidas contra él. Dreyfus es trasladado a Francia, se somete a un segundo juicio y de nuevo le condenan los tribunales militares, que no acceden a reconocer el error judicial que se cometió antes. Hasta el 12 de julio de 1906 no obtendrá Dreyfus la rehabilitación en el ejército. Cuatro años antes, la noche del 28 al 29 de septiembre de 1902, Émile Zola muere misteriosamente asfixiado en su casa, debido a las emanaciones de una chimenea. Desde 1898, Zola había recibido numerosas amenazas de muerte, pero este «caso» nunca llegó a esclarecerse.

Yo acuso no sólo fue un giro en la obra de Zola, sino también en la historia occidental y en su propia vida.

Insulto[editar]

Con "Yo acuso...! "Zola se convierte en el único blanco de la lucha contra Dreyfus. El aumento del movimiento Dreyfus, a partir de 1896, no había permitido a sus oponentes identificar un líder que manifestará su venganza. La familia se había excluido, los primeros partidarios de Dreyfus (Forzinetti, Lázaro), simplemente despreciado. El compromiso de Auguste Scheurer-Kestner había concentrado un nutrido fuego de la prensa nacionalista. Sin embargo, tienden a mantener el prestigio del político, Vicepresidente del Senado y de Alsacia ultra-patriótico.

« Coucou, le voilà », caricature de Caran d'Ache dans Psst…!, 1898

Dichos ataques decidieron junto con Zola intervenir en el Figaro de manera relativamente moderada. Pero el compromiso del escritor con "Yo acuso...! "Cambia completamente la situación en el contexto del caso Dreyfus. El anti-Dreyfus encuentran inmediatamente sus metas porque creen que Zola encarna la imagen del oponente perfecto.

Célebre escritor, pero muy juzgado, acusado de "pornografía", estigma y condenadas al ostracismo, incluyendo Lourdes recién publicado, odiado por un caballero militar que no perdonó su novela La Caída',

Zola representa a un apátrido, no creyente, contra la guerra odiado por la población con su artículo "Yo acuso...! ".[32] Se trata de un "intelectual" que de la noche a la mañana se convirtió en un blanco predilecto de los anti-Dreyfus. Insultado, llamadó « italianasse» caricaturizado en exceso (cientos de artículos y caricaturas aparecen, a veces incluso periódicos enteros), objeto de amenazas escritas y verbales, Zola recivé la ira de nacionalistas y racistas. Que en realidad, no paran hasta que la muerte del escritor en 1902.[33]

La calumnia[editar]

La calumnia toma a Zola por sorpresa en la primera mañana de su segundo juicio en mayo de 1898. Para François Zola, el padre del escritor, este ataque se pone en marcha por Ernest Judet, editor dePetit Journal. Es el resultado de una campaña de prensa que pone en duda la honestidad de François Zola cuando fue cometido en la Légion étrangère de 1830. El padre de Zola es abiertamente acusado de malversación de fondos y de ser expulsado de las fuerzas armadas por estos hechos. El objetivo es llegar a Zola a través de un ataque ad hominem, que toma el autor de la Rougon-Macquart en error de sus derechos de herencia, lo que sugiere "de tal padre, tal hijo" principio de explicar su supuesto aversión al ejército.[34]

Zola se embarca en una investigación detallada de su padre, que él no conoció jamas[N 3] y el desmantela punto a punto los argumentos del periodista nacionalista de una manera objetiva. También demuestra que los documentos en que se basa Judet, son falsificaciones de los escrito de tres artículos en L'Auroredel 23 de enero,[N 4] 24 de enero,[N 5] y 31 de enero 1900.[N 6] Las falsificaciones se realizan en parte por el teniente coronel Henry, pocos meses antes de su suicidio.

De ello se desprende un juicio, del que Zola es absuelto, después de haber tenido éxito en el establecimiento de las mentiras de los periodistas, y en el que se desprende que el Estado Mayor del Ejército está detrás de esta campaña en contra de Zola. Sin embargo, Zola dice que nunca se arrepentio de su compromiso, ¿cuál fue el precio. Él escribió en sus notas:  

La condena[editar]

Le 9 février 1898, lors de la deuxième audience du procès, le général Mercier dépose devant Zola, attentif.

Al concluir su artículo, Zola exige un juicio ante la Audiencia para llegar a la verdad. Él espera sustituir un caso de Zola, Dreyfus y los casos de Esterhazy, en la que está prohibido retomarlos, después de haber sido juzgados. La indecisión es alta en el gobierno, que se muestran renuentes a traducir el escritor en la corte.

La primera actitud de los políticos y los militares, es abandonar. El riesgo es demasiado grande al tomar en cuenta las irregularidades abiertas objetables de la prueba de 1894.[35] Pero durante todo el día el 13 de enero, Albert de Mun, diputado conservador, hizo que el gobierno adopte una posición clara. Sucesivamente en la tarde, Jules Meline, Presidente del Consejo, y el general Billot, ministro de Guerra, tuvieron éxito en la la cámara para anunciar las demandas.[36]

Usos posteriores del término[editar]

  • En 1915, el pacifista alemán Richard Grelling escribió un libro titulado J'Accuse! en el que condenaba las acciones del Imperio Alemán.
  • En 1919, Abel Gance estrenó su película J'accuse como una declaración contra la Primera Guerra Mundial, lanzando a Gance a la fama internacional.
  • En 1950, en el Domingo de Pascua, miembros del movimiento Lettrist proclamaron la muerte de Dios antes de la congregación de la Catedral de Notre Dame en París. Michel Mourre usó la frase "J'accuse" para proclamar lo que vio como la iniquidad de la Iglesia católica.
  • En 1954, durante la controversia en torno a J. Robert Oppenheimer y a las acusaciones de que él representaba un riesgo de seguridad para la Comisión de Energía Atómica, los periodistas Joseph y Stewart Alsop escribieron un artículo para la Harper's Magazine titulado "We Accuse!" (Nosotros acusamos), en el que defienden a Oppenheimer como la víctima de un insignificante rencor mantenido por el director de la AEC Lewis Strauss.[37]
  • En 1982, Graham Greene declaró en su panfleto "J'Accuse — The Dark Side of Nice" que el crimen organizado floreció en Niza.
  • En 1982, el editor de la revista Commentary Norman Podhoretz utilizó el título "J'Accuse" para un artículo culpando al antisemitismo por la crítica presuntamente excesiva sobre Israel durante la guerra entre Israel y Líbano.[38]
  • En 1989, en el episodio "Acciones desesperadas en el cementerio" de la serie de televisión Allo, Allo, Lieutenant Gruber cuenta de sus encuentros con el fantasma del hermano de René: "Me despierto en la noche, al verlo al pie de la cama. Me señala con sus dedos, y dice, 'J'accuse! J'accuse!'", a lo que Helga responde, "¿Quién es este Jack Hughes?".
  • En la película de 1995 Murder in the First, el abogado defensor Christian Slater hace el discurso de apertura en defensa del asesino en prisión Henri Young: "Señalo al guardián asociado Glenn, al guardián Humson, y a la institución conocida como Alcatraz y digo 'I accuse!'”
  • En 1997, en Argentina: “Yo acuso al gobierno de (Carlos) Menem y (Eduardo) Duhalde de consentir la impunidad, de consentir la indiferencia de los que saben y callan”, fueron las palabras pronunciadas por Laura Ginsberg durante el tercer aniversario del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina. Aquel mensaje había sido un claro señalamiento al gobierno nacional de entonces como encubridor de la conexión local que participó en el ataque a la mutual judía. (Página 12, Argentina)
  • En octubre del 2000, el senador Teofisto Guingona de Filipinas pronunció un discurso de honor en el Senado titulado "I Accuse", acusando al entonces Presidente Joseph Estrada de permitir a amigos operar un ilegal juego de números de varios miles de millones de pesos llamado Jueteng. Esta acusación llevó a Estrada a ser sometido a juicio político en el 2001. El senador Guingona fue nominado y aprobado unánimemente por el Senado de Filipinas como el próximo Vicepresidente, lo que resulta en el ascenso de la Vicepresidenta Gloria Macapagal-Arroyo hacia la presidencia tras la renuncia de Estrada.
  • En 2001, en el episodio de The West Wing llamado "Indios en el vestíbulo", Josiah Bartlet proclama "J'accuse!" a su esposa, antes de decir "mon petite fromage", sin saber que la llamó su pequeño queso.
  • En 2003, en la "The President Wore Pearls", un episodio de la décimo quinta temporada de Los Simpson, Lisa postula a la presidencia de la sociedad estudiantil. Durante el debate presidencial, Lisa hace hincapié en la necesidad de la escuela por un profesor de francés que realmente hable francés, gritando al actual profesor de francés mientras exclamaba "J'Accuse, Monsieur Cochferberg!" a lo que él responde, "¿de qué está hablando?" en un crudo acento de Brooklyn.
  • En 2003, New Directions publicó J'Accuse del poeta Israeli Aharon Shabtai, una colección de poemas extraídos de dos colecciones diferentes, Politika y Artzenu y traducidos por Peter Cole.
  • En 2008 el director de cine Peter Greenaway publicó un documental titulado Rembrandt's J'accuse. Se trata de una pieza complementaria a su película Nightwatching. Este ilustra la teoría de Greenaway de que la pintura de Rembrandt La ronda de noche deja pistas sobre el asesinato de algunos de los retratados.
  • En 2010, el autor Naomi Wolf escribió un artículo llamado "J'Accuse: Suiza, Gran Bretaña, y la Interpol, insultan a las víctimas de violación a nivel mundial" sobre el tema de que Julian Assange es tratado por las autoridades de forma diferente que los otros hombres que presuntamente cometieron violación, y cómo esto no es justo para las mujeres que fueron violadas y que tratan de conseguir una investigación seria en sus casos, encontrándose a veces rechazadas por la justicia.[39]
  • En 2011, el director ejecutivo del semanario egipcio Al-Ahram llamado Hani Sukrallah, publicó un artículo titulado "J'accuse" a raíz de la masacre de Alejandría del 2011 en la Víspera de Año Nuevo el cual dejó al menos 23 coptos muertos. En su artículo, él criticó la doble moral de los musulmanes moderados de Egipto por permitir que se desarrolle un entorno que podría permitir la muerte de cristiano egipcios.
  • En 2011, la New York Times Magazine publicó un artículo sobre su participación con Wikileaks. Este incluía una ilustración de Eric Yahnker en el que se representaba el rostro de Julian Assange con la frase de "j'accuse j'assange" superpuesta en letra cursiva.[40]
  • En 2012, el escritor, lingüista y contribuidor de la revista L'Express de Francia Mickael Korvin, publicó un artículo titulado j'abuse, en referencia al "J'accuse", en el que elaboraba con mayor profundidad su argumento por la simplificación del idioma francés escrito.[41] [42]
  • En 2013, el político español Albert Rivera, presidente del partido Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, espetó susodicha frase al presidente de la comunidad autónoma catalana Artur Mas. Preocupado porque "en los últimos meses hay una escalada de señalar a aquellos que quieren una Cataluña en convivencia y unida al resto de España y de Europa ". Acusándole de instigar "pedagogía del odio" mediante la manipulación educativa. Así mismo le recordó que "la democracia se basa en el debate y en entender que en la sociedad hay opiniones diferentes." Tras la negativa de Artur Mas a cambiar su política, Albert Rivera finalizó su intervención con la siguiente frase "Lo acuso de todo lo que pueda pasar en Catalunya en un futuro".[43] [44]

Bibliografía de referencia[editar]

Caso Dreyfus[editar]

  • Patrice Boussel (1960). «L'Affaire Dreyfus et la Presse». Armand Colin. 
  • Jean-Denis Bredin (1993). «L'Affaire». Fayard, Paris. 
  • Éric Cahm (1993). «L'Affaire». Fayard, Paris. 
  • «L’Affaire Dreyfus». Le Livre de Poche/Références. 1994. ISBN 978-2213629520. 
  • Cassation (2006). «De la justice dans l’affaire Dreyfus». Fayard. 
  • collectif. ISBN 978-2213629520.  Falta el |título= (ayuda)
  • Vincent Duclert (2006). «Alfred Dreyfus: L'Honneur d'un patriote». Fayard, Paris. ISBN 2213627959. 
  • Vincent Duclert (2006 (1re éd. 1994)). «L'Affaire Dreyfus». La Découverte. ISBN 2707147931. 
  • Pierre Miquel (1961, réédité 2003). «L'Affaire Dreyfus». Presses universitaires de France. Que sais-je?. ISBN 2130532268. 
  • Alain Pagès (1998). «Une journée dans l'affaire Dreyfus: 13 janvier 1898». Perrin. Une journée dans l'histoire. ISBN 2262012873. 
  • Marcel Thomas (1961 - 1979). «L'Affaire sans Dreyfus». Fayard - Idégraf (Genève). 
  • Michel Winock (1999). «Le Siècle des intellectuels». Points. Le Seuil. 

Otras obras[editar]

  • Grégoire Kauffmann (1960). «Édouard Drumont». Armand Colin. ISBN 2-262-02399-9. 
  • Gérard Minart (2005). «Clemenceau journaliste». L'Harmattan. ISBN 2-7475-8475-5. 
  • Gérard Minart (2005). «Zola: La Vérité en marche». L'Harmattan. ISBN 2-7475-8475-5. 

Notas y referencias[editar]

Notas
  1. Lire à cet égard la plaidoirie de Georges Clemenceau à l'occasion du Procès Zola, vol 2, dans laquelle il décrit en détail le changement qui s'est fait en lui à ce propos. Voir aussi le volume publié par Jean Jaurès, Les preuves, réunion de l'ensemble des articles de l'homme politique publiés à partir de 1898 dans La Petite République.
  2. Lire l'article « Une protestation» sur Gallica
  3. . Estos hechos ocurrieron en un período anterior a la reunión del padre y la madre de Emile Zola.
  4. L'Aurore du 23 janvier 1900 sur Gallica
  5. L'Aurore du 24 janvier 1900 sur Gallica
  6. L'Aurore du 31 janvier 1900 sur Gallica
Referencias
  1. A. Pagès, Émile Zola : De J'accuse au Panthéon, p. 99
  2. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 360
  3. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Item.ens.fr
  4. A. Pagès, Une journée dans l'affaire Dreyfus, p.269
  5. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p.396
  6. Sur l'argumentation d'Émile Zola dans « J’accuse… !», A. Pagès, Le Discours argumentatif de « J’accuse… !» sur item
  7. A. Pagès, Émile Zola : De J'accuse au Panthéon], p. 191 et suiv.
  8. E. Cahm, L'Affaire Dreyfus, p. 98
  9. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 297
  10. E. Cahm, L'Affaire Dreyfus, p. 96
  11. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 402-403
  12. Mathieu Dreyfus, L'Affaire telle que je l'ai vécue, Grasset, 1978, p. 212
  13. E. Cahm, L'Affaire Dreyfus, p. 97
  14. H. Mitterand, Zola, vol. 3, pp. 412-414
  15. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 378
  16. M. Winock, Plantilla:S- idéologique et politique, coll. « Tempus», Perrin, 2009, pp. 315-316
  17. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 380-382
  18. A. Pagès, Une journée dans l'affaire Dreyfus, p. 267
  19. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 385-386
  20. Sur l'évolution des mentalités politiques, lire M. Winock, Plantilla:S- idéologique et politique, Plantilla:Opcit, p. 305-336
  21. René Rémond, La Droite en France de 1815 à nos jours. Continuité et diversité d'une tradition politique, Les Aubiers, 1954, 1963, 1968, 1982
  22. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 396
  23. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Mitterand_p394
  24. Christian Charles, Naissance des « Intellectuels» 1880-1900, Editions de Minuit, 1990, p. 142
  25. Sur les répercussions de « J’accuse… !» dans la presse, lire Patrice Boussel, L'Affaire Dreyfus et la Presse, Armand Colin, 1960 p. 110.
  26. Guy Canivet, premier président de la Cour de cassation, De la Justice dans l’affaire Dreyfus, Fayard, 2006, p. 15.
  27. Patrice Boussel, L'Affaire Dreyfus et la Presse, Armand Colin, 1960 p. 92
  28. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 344
  29. Duclert, Alfred Dreyfus : L'Honneur d'un patriote, p. 566
  30. J.-D. Bredin, L'Affaire, p. 346
  31. Duclert, Alfred Dreyfus : L'Honneur d'un patriote, p. 568
  32. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 368
  33. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 394-395
  34. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 481
  35. H. Mitterand, Zola, vol. 3, p. 497-498
  36. A. Pagès, Une journée dans l'affaire Dreyfus, p. 144 - 145
  37. Alsop, J., & Alsop, S. "We Accuse!" Harper's (Octubre de 1954).
  38. "J'accuse" por Norman Podhoretz en la revista Commentary, edición del septiembre de 1982.
  39. Naomi Wolf para El Huffington Post, publicado 13/12/2010: "J'Accuse: Sweden, Britain, and Interpol Insult Rape Victims Worldwide"
  40. Bill Keller para The New York Times Magazine, publicado 26/01/2011: "Dealing With Assange and the WikiLeaks Secrets"
  41. Mickael Korvin para la revista L'Express, publicado 30/04/2012: "Une réforme ambitieuse de la langue française est nécessaire à sa survie"
  42. Vincent Kirchenbaum para Presswire, publicado 16/05/2012: "One US writer’s war on language: from the Bronx to the Academie francaise"
  43. E-Noticies, publicado 03/07/2013: "Rivera acusa a Mas de todo"
  44. ABC, publicado 03/07/2013: "El "Yo acuso" de Rivera contra Artur Mas"

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