Inmigración japonesa en el Perú

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Bandera de Japón Japoneses en el Perú Bandera del Perú
日系ペルー人
Día de la amistad Perú-Japón (7100214571).jpg
Día de la Amistad Peruano-Japonesa en 2012
Otros nombres nikkei, peruano-japonés, nipo-peruano
Descendencia estimada 90 mil habitantes
Idiomas español, japonés
Religiones Budismo, Catolicismo, Shintoismo
Migraciones relacionadas Japoneses en Argentina, Japoneses en Brasil, Japoneses en Colombia, Japoneses en México
Asociaciones civiles destacadas
1.º Asociación Peruano Japonesa

La inmigración japonesa en el Perú comenzó a finales del siglo XIX, como un acuerdo entre el gobierno de Japón y del Perú, pues Japón vivía desde fines del siglo XIX una crisis demográfica, mientras que el Perú necesitaba de mano de obra para los trabajos en las haciendas. La población japonesa del Perú está estimada en 90 mil personas,[cita requerida] constituyendo la segunda mayor población nipona fuera de Japón en Latinoamérica, después de Brasil. Especificamente se donominan issei a los inmigrantes nacidos en Japón, nissei a los hijos de japoneses, sansei a los nietos, y yonsei a los bisnietos. El uso de los términos nikkei, peruano-japonés o nipo-peruano (日系ペルー人?) son actualmente los más adecuados para denominar a los japoneses y a sus descendientes en el Perú en general.

Historia[editar]

En 1897 arribó al Perú el primer representante del Imperio japonés, unos años después el entonces empresario Augusto B. Leguía gestiona el ingreso de japoneses para el trabajo agrícola en haciendas de la costa; de esta manera Leguía contacta con Teikichi Tanaka, contratista de la "Compañía japonesa de inmigración" iniciando así un importante movimiento migratorio desde Japón hacia el Perú.[1]

El contrato firmado por los inmigrantes japoneses fue totalmente distinto al firmado por los inmigrantes chinos. Los inmigrantes nipones eran contratados por 4 años en los cuales se les pagaría 2 y 1/2 libras esterlinas mensuales, trabajarían 10 horas diarias y se les daría atención médica y alojamiento. Estos trabajadores tendrían que tener entre 20 y 25 años.[1]

Durante el oncenio de Leguía ingresó otro grupo de japoneses, pero esta vez su destino no fueron las haciendas costeras, sino más bien las zonas caucheras de Tambopata y Madre de Dios. Con la caída de Leguía los inmigrantes japoneses ampliaron sus actividades y al finalizar sus contratos abrieron pequeñas industrias y comercios o empresas importadoras como Shotai Kilsutami.[1]

El flujo de ingreso de los inmigrantes japoneses continuó vigorosamente, tanto así que en el año 1909 se contaron más de 6 mil. Algunos datos sobre ingresos de japoneses son:[1]

Año Número de japoneses Presidente Puerto
1899 790 Nicolás de Piérola Callao
1923 18 mil Augusto B. Leguía Callao

A principios de los años 30 existieron campañas en contra de los japoneses que culminaron en 1936 cuando el presidente Óscar R. Benavides limitó el ingreso de los inmigrantes. El motivo de estas campañas y protestas fueron la competencia de los negocios japoneses contra los negocios peruanos, acusados de monopolizar algunas industrias y trabajos artesanales.[1]

Durante la segunda guerra mundial Japón pasó a formar parte del eje Berlín-Roma-Tokio mientras que el presidente peruano Manuel Prado Ugarteche le declaró la guerra al eje. En ese contexto circularon rumores absurdos de que los japoneses querían apoderarse del Perú y que los negocios nipones eran arsenales de guerra. En mayo de 1939 estos rumores degeneraron en saqueos a los negocios japoneses; esta situación de tensión empeoró luego del ataque japonés a Pearl Harbor, este ataque propició que el presidente Prado inmovilice los fondos japoneses y se inició una represión hacia los inmigrantes de origen japonés. Muchas de estas actitudes represivas culminaron con el exilio de algunos ciudadanos japoneses quienes eran entregados a la justicia estadounidense por ser considerados "peligrosos".[1]

Al finalizar la guerra mundial el estado peruano autorizó el retorno de 79 ciudadanos japoneses detenidos entre 1942 y 1943 (de 1800, aproximadamente), quienes habían sido separados de sus familias y negocios.[1]

Costumbres[editar]

Luego de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad nikkei peruana continuó con sus actividades, principalmente a través de la práctica de tradiciones heredadas de sus ancestros. Así, festividades como la celebración del Año Nuevo (Shinnenkai), el Día de las Niñas (Hinamatsuri), el Día del Niño (Kodomo no Hi), el Matsuri, festividades budistas como el Obón y el Ohigan, entre otras, continúan siendo preservadas por los nikkei.

Los nikkei en el Perú han sabido también conservar precisamente algunas de las costumbres y tradiciones que trajeron consigo sus padres y abuelos, y que son parte de su herencia natural. Al mismo tiempo, los peruanos de ascendencia japonesa, ahora vistos como una comunidad "cerrada", son por hoy ciudadanos que se desempeñan en todos los campos. Sus raíces y orígenes son parte de sus recuerdos y vivencias que sin duda enriquecen su identidad como peruanos. Actualmente los peruano-japoneses son una de las comunidades nikkei más grandes del mundo y, la segunda más grande de Latinoamérica. Los peruanos-japoneses habitan principalmente en la costa central peruana y en algunos poblados de la selva como en Puerto Maldonado.[2]

Peruanos japoneses destacados[editar]

Algunos peruanos-japoneses destacados son:

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g Juan Luis Orrego (2000). «La república oligárquica 1850 - 1950». En Teodoro Hampe Martínez. Historia del Perú. Etapa republicana. Barcelona: Lexus. ISBN 9972-625-35-4. 
  2. Asociación Peruano Japonesa

Enlaces externos[editar]

  • Documental del programa A la vuelta de la esquina, "Inmigración Japonesa en el Perú" (parte 1, parte 2, parte 3)