Vía Francígena

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Logotipo Via Francigena con camino.svg Vía Francígena
Bandera de Unión Europea Unión Europea
VF Ruta completa con pricipales poblaciones.svg
Mapa del recorrido actual de la Vía Francígena en Europa.
Se indican las principales poblaciones y pasos de montaña.
St Peter. detail.1400.Washington NG. Martino di Bartolomeo.jpg
Artgate Fondazione Cariplo - Gemito Vincenzo, Il filosofo (Masto Ciccio) o San Paolo.jpg
Simón Pedro y Pablo de Tarso. La visita a sus sepulturas ha sido el objetivo de los peregrinos que recorrían la Vía Francígena.
Datos de la ruta
Nombre oficial Vía Francígena
Otras denominaciones Vía Romea-Francígena
Tipo Ruta de peregrinación
Longitud ca. 1800 km (originalmente)[1]
ca. 2044 km (en la actualidad)[2]
Inicio Catedral de Canterbury
(Bandera del Reino Unido Reino Unido)
Final Plaza de San Pedro
(Flag of the Vatican City.svg Ciudad del Vaticano)
Administración
Administración Gobiernos regionales
Otros datos
Primera descripción completa Año 990 por Sigerico el Serio
Primera guía moderna Año 1990 por Giovanni Caselli con el nombre «Via Romea, Cammino di Dio»[3]
Reconocimientos 1994 Itinerario Cultural Europeo
2004 Gran Itinerario Cultural Europeo
Segmentos
Segmento 1
Bandera del Reino Unido Reino Unido
Longitud 32 km
Segmento 2
Flag of France.svg Francia
Longitud 785 km
Segmento 3
Flag of Switzerland (Pantone).svg  Suiza
Longitud 214 km
Segmento 4
Flag of Italy.svg Italia
Longitud 1014 km
Lugares
Lugares que atraviesa Bandera del Reino Unido Reino Unido:
Canterbury; Dover

Flag of France.svg Francia:
Calais; Wissant; Guines; Licques; Lumbres; Therouanne; Amettes; Bruay-la-Buissière; Arrás; Bapaume; Péronne; Seraucourt-le-Grand; Tergnier; Laon; Corbeny; Reims; Trépail; Chalons-en-Champagne; Le Meix-Tiercelin; Brienne-le-Château; Bar-sur-Aube; Châteauvillain; Langres; Trépail; Champlitte; Dampierre-sur-Salon; Gy; Besanzón; Étalans; Ouhans; Pontarlier

Flag of Switzerland (Pantone).svg  Suiza:
Sainte-Croix; Yverdon-les-Bains; Orbe; Cossonay; Lausana; Vevey; Saint-Maurice; Martigny; Orsières; Bourg-Saint-Pierre; Gran San Bernardo

Flag of Italy.svg Italia:
Échevennoz (Etroubles); Aosta; Châtillon; Verrès; Pont-Saint-Martin; Ivrea; Viverone; Santhià; Vercelli; Robbio; Mortara; Garlasco; Pavía; Santa Cristina e Bissone; Orio Litta; Plasencia; Fiorenzuola d'Arda; Fidenza; Fornovo di Taro; Cassio (Terenzo); Paso de la Cisa; Pontremoli; Aulla; Avenza (Carrara); Pietrasanta; Lucca; Altopascio; San Miniato; Gambassi Terme; San Gimignano; Monteriggioni; Siena; Ponte d'Arbia (Monteroni d'Arbia); San Quirico d'Orcia; Radicofani; Acquapendente; Bolsena; Montefiascone; Viterbo; Vetralla; Sutri; Campagnano di Roma; La Storta; Roma

Flag of the Vatican City.svg Ciudad del Vaticano:
Plaza de San Pedro
Sitio web
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La Vía Francígena[a] también denominada como Vía Romea-Francígena[5] es el nombre oficial[6] que recibe actualmente una ruta que discurre de norte a sur por el centro de Europa. Comienza en la ciudad inglesa de Canterbury y finaliza en Roma, concretamente en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. Este itinerario, en su trayecto completo, fue utilizado desde la Edad Media por los anglosajones como manera de llegar a Roma. Al camino se unían, en varios puntos de su recorrido, otras Vías Romeas utilizadas por peregrinos procedentes de diversas áreas del continente que también deseaban viajar a la ciudad de San Pedro.

La peregrinación a Roma fue desde tiempos altomedievales y hasta el surgimiento de la reforma protestante, un elemento común de la cristiandad europea. Su popularidad ha variado con el tiempo en función de varios factores como la preferencia de los peregrinos por los otros dos grandes destinos: Jerusalén y Santiago de Compostela, la situación política de los territorios que atravesaban los caminos, la actitud del papado y su promoción del peregrinaje así como la postura que las nuevas iglesias reformadas adoptaron ante el culto a los santos y las reliquias.

La primera descripción completa que se dispone del itinerario es la que dejó el arzobispo de Canterbury Sigerico el Serio quien lo utilizó para llegar a Roma en el año 990. Otras crónicas de peregrinaciones medievales han descrito también las partes de esta ruta que recorrían una vez que se unían a la misma. Tras varios estudios anteriores del itinerario seguido por Sigerico, durante los años 1880 se pudo reconstruir el mismo en buena medida y en 1990 se editó la primera guía moderna del camino completo. A partir de entonces se ha desarrollado una infraestructura de marcado y señalización del recorrido así como de adecuación de alojamientos que permite actualmente utilizar esta ruta como vía para llegar a Roma. Gracias a sus características, el Consejo de Europa la reconoció en 1994 como «Itinerario Cultural Europeo» y posteriormente —en 2004— la incluyó entre los nueve «Grandes Itinerarios Culturales Europeos» que hoy en día (2016) cuentan con esa distinción. Con todo, el estado actual de la Vía Francígena difiere sustancialmente entre los varios países que recorre y se da una clara contraposición entre las partes italiana y francesa. La primera está muy bien marcada, con buena infraestructura de alojamiento y disponibilidad gratuita de guías bien diseñadas; la segunda, en cambio, carece de una completa señalización, el alojamiento para peregrinos es escaso y las guías no son tan abundantes y detalladas como para Italia.

El itinerario se puede dividir en dos partes: una sería la «Vía Francígena» propiamente dicha, que discurre en Italia entre Vercelli y Roma y proviene de un itinerario desarrollado por los lombardos en el siglo VII; la otra parte —entre Canterbury y Vercelli— sería una de las varias Vías Romeas que han existido en Europa utilizadas por los peregrinos provenientes de diversas áreas geográficas para llegar a Roma y que convergían en la antiguo recorrido lombardo.

El itinerario es heredero de las rutas naturales que desde la antigüedad unían el mar del norte con el mediterráneo. Discurre uniendo notables lugares de la cristiandad como Canterbury, Reims, Besanzón, San Mauricio, Pavía, Siena o Viterbo y utiliza puntos estratégicos para salvar accidentes geográficos como montañas y ríos. Atraviesa tres cadenas montañosas (Macizo del Jura, los Alpes y los Apeninos) y pasa por 13 regiones actuales situadas en cuatro países europeos (sin contar con la Ciudad del Vaticano). Su largo trayecto está jalonado con abundantes monumentos y entornos geográficos de notable belleza, algunos de ellos catalogados como Patrimonio de la Humanidad. También se sitúan en su recorrido un buen número de tumbas de santos, las cuales, han sido en sí mismas destinos de peregrinación, carácter que mantienen actualmente algunas de ellas.

La ruta original tenía una longitud de ca. 1800 km que Sigerico dividió en 80 etapas (79 indicadas en su manuscrito más una que tuvo que realizar para llegar desde la costa inglesa hasta Canterbury). Actualmente tiene una longitud de ca. 2040 km por los desvíos que el camino necesita hacer debido a que buena parte del trayecto original no puede ser recorrido a pie al ser actualmente autopistas, carreteras muy transitadas o vías de tren. Estos 2040 km se pueden dividir en 86 etapas por lo que se necesitan cerca de tres meses para recorrerlos. Su punto central es el paso alpino del Gran San Bernardo que permanece cerrado entre octubre y mayo en función de las condiciones meteorológicas, algo que determina las posibles fechas de inicio del viaje si se quiere atravesar a pie este puerto.

Dado que en diversas partes de la ruta convergen Vías Romeas con origen en otras áreas europeas, también es posible realizar el recorrido de peregrinación hasta Roma iniciándolo en España. Para ello se utiliza un itinerario formado por tramos del camino jacobeo y otras rutas que, recorridas en un sentido llevan a Santiago de Compostela y dirección contraria conducen a la unión en diferentes puntos con la Vía Francígena.

Índice

Las peregrinaciones medievales[editar]

Surgimiento[editar]

Los moviemtos eremitas ha sido considerados como las más antiguas manifestaciones del espíritu de la peregrinación.

El origen del vocablo «peregrino» viene de la contracción de las palabras latinas «per» —a través— y «ager» —tierra, campo—. De esta unión surgieron tanto el adjetivo «pereger» —viajero— como el adverbio «peregre» —en el extranjero—. De dicho adverbio derivaron posteriormente los sustantivos «peregrinus» —extranjero— y «peregrinatio» —viaje al exterior — que acabaron dando lugar a los actuales «peregrino» en español, «pèlerin» en francés, «pilgrim» en inglés o «Pilger» en alemán.[7]

El peregrino era el viajero que caminaba lejos, en una especie de «exilio» cuyas más antiguas manifestaciones se han visto en los movimientos eremitas surgidos en los siglos III y IV y que se comparan con la retirada de Jesucristo al desierto previa al inicio de su vida pública.[8] Ya en Plena Edad Media, la peregrinación se asoció al ideal de «pobreza» extendido entre la mentalidad cristiana y que simbolizaba la frase «Nudus nudum Christum sequere» (desnudo, seguir a Cristo desnudo) lo que se asimiló al abandono de todo para dirigirse a Tierra Santa y estar en los lugares donde él estuvo.[8] Con la aparición del concepto teológico de purgatorio, a este ideal se unió otro menos desinteresado debido a la difusión de las denominadas indulgencias que inicialmente buscaban fomentar las cruzadas a Tierra Santa y que se fueron multiplicando hasta culminar en el año 1300 con la proclamación por Bonifacio VIII del primer jubileo romano mediante el cual si un cristiano peregrinaba a Roma durante este periodo se beneficiaba de una «indulgencia plenaria».[9]

El peregrino fue un elemento habitual en la sociedad de la Edad Media tal y como eran los caballeros armados o los campesinos empobrecidos.[10] Su figura ganó en importancia y popularidad con el tiempo y acabó recibiendo una especial protección por parte de las diferentes autoridades de la época.[10] Gracias a esto, su número aumentó considerablemente con los años y atrajo también a una tipología de individuos con motivaciones y comportamiento alejados de lo que se esperaba de un peregrino, algo que causó su frecuente asociación con «vagos y maleantes» durante las décadas finales del Medievo.[10]

Motivos habituales de peregrinación[editar]

Los motivos que llevaban a personas a dejar su casa y vida normal para emprender el arduo viaje que significaba una peregrinación eran diversos:

  • La fe era el motivo paradigmático que hacía que, para vivir mejor la religión, algunos cristianos lo abandonasen todo para marcharse a un largo viaje.[10]
  • La promesa o «voto de peregrinación» era otro motivo que se concebía como una especie de contrato entre el cristiano y el Cielo o un santo en particular mediante el cual, como agradecimiento a un suceso determinado —curación, nacimiento de hijos, retorno de algún ser querido, etc— la persona peregrinaba a un sitio concreto, por lo general, un santuario del santo invocado o un lugar destacado de la cristiandad.[9]
  • Una variante de lo anterior era la peregrinación para acudir a un lugar específico con la esperanza de encontrar allí la curación de una enfermedad.[9] En estos casos se solía viajar acompañado de familiares y se caminaba hacia centros locales o regionales, no hacia los grandes centros de peregrinación que eran Jerusalén, Roma o Santiago de Compostela.[11]
  • La penitencia también era otra causa por la que se emprendía —en estos casos, de manera obligada— una peregrinación.[11] En la Alta Edad Media, esta penitencia se utilizaba con personalidades destacadas para servir de ejemplo al resto de la población; posteriormente su aplicación se fue extendiendo a todas las capas sociales y llegó a ser utilizada para deshacerse de personas molestas u ociosas.[12]
  • El culto a las reliquias estuvo también detrás de un buen número de peregrinaciones —principalmente a Tierra Santa— cuyo objetivo principal consistía en conseguir alguna reliquia tal como restos de algún santo, mártir o trozos de la verdadera cruz.[13]
  • La curiosidad y el afán de aventura fueron asimismo un motivo extendido por el cual se emprendían peregrinaciones que se aprovechaban para visitar lugares desconocidos, conocer gente extraña, probar fortuna o meramente alejarse del lugar de residencia.[13]
  • También existió un tipo profesional de peregrino. Estos eran los denominados «peregrinos por procuración» quienes emprendían el viaje a cambio de un salario y por cuenta de otra persona que era quién había hecho el voto personal.[14] Este tipo de servicio fue utilizado principalmente por las capas medias y altas de la población quienes —además de poder pagarlo— lo usaron para evitar alejarse de sus obligaciones o negocios.[14]

Los viajes de peregrinación[editar]

Los viajes se realizaban siguiendo unas rutas que se había ido consolidando con la costumbre y que convergían para atravesar puntos específicos como pasos de montaña, puentes sobre ríos, etc.[14] A pesar de que se suponía que la peregrinación debía realizarse a pie, era frecuente el uso de cabalgaduras durante el trayecto a excepción de los viajeros con menos recursos.[15]

Las diferentes autoridades medievales fueron configurando una protección jurídica especial para los peregrinos mediante una serie de normas que facilitaran su viaje y que serían las primeras manifestaciones del derecho internacional: protección de sus bienes y familia mientras estaban fuera de su lugar de residencia; paso libre por los reinos cristianos con exención de peajes y tasas similares así como obligación de auxilio por los señores rurales.[14] Para evitar que otro tipo de individuos pudiesen aprovecharse de la protección que se le ofrecía a los peregrinos, fue común el portar «cartas de recomendación» obtenidas antes de partir y que acreditaban esa condición.[16]

Bajorrelieve en la catedral de Fidenza representando a los peregrinos camino de Roma.

Con todo, el viaje de peregrinación suponía asumir un serio riesgo debido a los peligros a los que se podía enfrentar el viajero: no solo desastres naturales, enfermedades y guerras, sino también ladrones y asesinos atraídos por el posible dinero que portase el peregrino para sufragar los gastos de su viaje.[17] En las rutas hacia Roma eran particularmente temidos los pasos alpinos por el riesgo de avalanchas, deslizamientos de tierra o torrentes de agua. No en vano, junto a los caminos de estos pasos se construyeron pequeñas capillas donde se depositaban los cadáveres de los viajeros que fallecían.[18] Para facilitar el cruce de la montaña surgieron expertos locales que actuaban de guías durante la travesía,[18] mientras que para defenderse ante los ataques de bandidos, era común viajar en grupo con otros viajeros a quienes se había conocido previamente en algún alojamiento.[19] Las autoridades en Italia intentaron mejorar la protección de los viajeros frente a los bandidos obligando a los municipios a responsabilizarse de los asaltos e imponiendo severos castigos —incluso la pena capital en la ciudad de Siena— a los asaltantes.[19]

El alojamiento fue inicialmente procurado por monasterios que tenían en su regla la hospitalidad para los peregrinos.[20] A partir del siglo XI, el auge de estos viajes hizo que surgieran adicionalmente dos tipos de establecimientos:[20]

  • Hospitales[b] donde se ofrecía cena y cobijo para una noche[14] y cuyo número aumentó considerablemente durante los siglos XII y XIII a lo largo de la rutas que conducían a Roma.[21] La creación de estas instituciones surgió a iniciativa de individuos particulares, órdenes religiosas o la Orden del Hospital.[21] Entre estos hospitales, hubo varios que quedaron reseñados por las crónicas más antiguas como el situado en el paso del Gran San Bernardo; el Hospital de Eric cerca Piacenza o el situado entre Lucca y Siena que había sido construido a instancia de la condesa de Toscana.[22]
  • Posadas enfocadas al peregrino con más recursos económicos que, además de alojamiento y cena, proporcionaban un buen número de otros servicios como suministro de medicinas o lavandería.[22]

Los grandes destinos de peregrinación también contaban con infraestructura para alojar a los que llegaban: En Jerusalén existía un Hospital General mientras que en Roma se encontraban diversas Scholae que acogían a los peregrinos según su nacionalidad.[23]

Las peregrinaciones a Roma[editar]

Significado de la peregrinación a Roma[editar]

Multimedia externa
«Coro de los peregrinos»
(fragmento de la ópera Tannhäuser)
La peregrinación a Roma forma parte del argumento de Tannhäuser.
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Peregrinar a Tierra Santa representaba poder estar en los mismos lugares donde estuvo Jesucristo. En cambio, Roma era la ciudad donde se encontraba (hasta el descubrimiento de la tumba de Santiago el Mayor) la única sepultura conocida en Occidente de uno de los doce apóstoles: Simón Pedro; además de la del apóstol de los gentiles, Pablo de Tarso.[23] Para las personas que viajaban allí era posible estar junto a sus sarcófagos además de los de multitud de otros santos y mártires enterrados en la ciudad.[24] A pesar de que algunos peregrinos viajaban con la esperanza de curación de alguna enfermedad, la creencia en San Pedro como guardián de las puertas del Cielo y en su poder para perdonar los pecados, hacía que a la mayoría de ellos les moviese el objetivo de encontrar la absolución y facilitar su acceso al Cielo.[25]

La remisión de grandes pecados por parte del Santo Padre fue igualmente otro motivo que hacía emprender la peregrinación a Roma, algo retratado por Richard Wagner dentro de su obra Tannhäuser en la que su protagonista, Heinrich Tannhäuser, realiza este viaje para que el Papa perdone su estancia en la Venusberg.[26]

Este factor de absolución alcanza su máxima expresión en los años jubilares durante los que se abren las Puertas Santas de las cuatro basílicas mayores de Roma y en los que se produce una afluencia masiva de peregrinos a la ciudad con el fin de obtener el don de la indulgencia. Estos años jubilares se ha celebrado desde el 1300 de manera regular y en ocasiones extraordinaria, carácter éste que tiene el último de ellos denominado «Jubileo de la Misericordia» (entre el 8 de diciembre de 2015 y el 20 de noviembre de 2016).[27]

El levantamiento de una excomunión obligó también a personajes de toda condición a emprender el camino hacia la ciudad de San Pedro. Una de las peregrinaciones más notables —en este caso movida más por factores políticos— fue la del emperador Enrique IV que la realizó en 1077 aunque no tuvo que llegar a Roma porque el Papa se desplazó a Canossa para atenderle.

Evolución a lo largo de la historia[editar]

Antigüedad y Baja Edad Media[editar]

Gregorio I. Acometió reformas en los principales santuarios de Roma para facilitar la visita de los peregrinos.

Se estima que las primeras peregrinaciones a Roma comenzaron a realizarse a finales del siglo II ya que se tienen referencias de las que efectuaron Abercio, obispo de Frigia y Orígenes, uno de los padres de la Iglesia oriental.[28] Su popularidad como destino aumentó de manera notable desde finales del siglo IV al desarrollarse el culto a los santos por el cual se estimaba que éstos, además de estar en el Cielo, estaban presentes en su tumba obrando milagros y manteniendo una capacidad intercesora ante Dios.[29]

Las reformas emprendidas por Gregorio Magno a finales del siglo VI en los santuarios de San Pedro y San Pablo tuvieron como objetivo facilitar el acceso a sus tumbas para una multitud creciente de peregrinos[30] que aumentó a partir del siglo VII debido a la pérdida de Tierra Santa por los reinos cristianos.[31]

Buena parte de los que hacían la peregrinación a Roma durante los siglos VIII y IX fueron individuos de pueblos recientemente convertidos al cristianismo: anglos, frisones, francos, y lombardos.[32] Posteriormente, en el siglo XII, se daría una notable presencia de islandeses quienes habían abrazado esta religión durante el siglo anterior.[32]

Plena Edad Media[editar]

Inocencio III.Durante su papado emprendió varias acciones para fomentar la peregrinación a Roma.

Durante el siglo XII se produjo una caída importante en el número de peregrinos que viajaban a Roma debido a varias causas como la conquista de Jerusalén por los cristianos —que provocó un aumento considerable de las peregrinaciones a Tierra Santa en detrimento de las que tenían como destino Roma—[33] o la mala actitud del papado durante esa centuria —que contribuyó a la disminución del interés por viajar a la sede apostólica—. [34] La creciente promoción de Compostela como nuevo destino de peregrinación y su popularidad consiguiente durante el siglo XII también afectó al número de viajeros que se dirigían a ciudad de San Pedro.[35] A estos factores se unió también el aumento de la peligrosidad del viaje durante las últimas décadas del siglo XII y las primeras del XIII debido la inestabilidad que causaron varios conflictos bélicos en Francia e Italia.[36]

Bonifacio VIII.Instauró la figura del año jubilar romano durante el que los peregrinos podían ganar la indulgencia plenaria

El cambio en la tendencia negativa de la peregrinación a Roma lo marcó el papado de Inocencio III (1198-1216) quién recuperó varias ciudades para el dominio de la Iglesia y aumentó la seguridad de los viajeros en el área de los Estados Papales.[37] Este pontífice creó asimismo una insignia específica para los peregrinos donde quedaba reflejado que habían realizado el viaje. En esta acreditación aparecía San Pedro portando una llave y San Pablo sosteniendo una espada junto a la mención: «Signa Apostolorum Petri et Pauli».[38] Otra actuación destacada de Inocencio fue la celebración en Roma de un concilio ecuménico durante 1215 —el IV Concilio de Letrán— que fue el primero realmente universal desde el Concilio de Calcedonia en el 451.[39] Para esta ocasión, se realizaron varias reformas para mejorar la basílica de San Pedro y reforzar así, ante los líderes de la Iglesia que acudieron a la reunión, la vinculación de Roma con este apóstol.[39]

En este contexto de promoción de Roma como destino, durante este siglo XIII se incrementaron las indulgencias que podían ser ganadas si se peregrinaba a la ciudad,[40] lo que culminó con la «indulgencia plenaria» establecida por Bonifacio VIII para el Jubileo del año 1300[41] durante el que se produjo una gran afluencia de peregrinos.[42]

Otro factor importante que ayudó a aumentar el interés por peregrinar a Roma fue la pérdida de Tierra Santa por los cristianos en los años centrales de ese siglo. Bonifacio VIII calificó a la ciudad como «una nueva Jerusalén» que no solo estaba vinculada a San Pedro y San Pablo sino al mismo Jesucristo.[43]

Baja Edad Media y Edad Moderna[editar]

Juan Calvino. La teología protestante se posicionó en contra de las peregrinaciones.

En el siglo XIV se empezaron a levantar voces críticas con las peregrinaciones. Por un lado se argüía que el favorable estatus legal de los peregrinos atraía a individuos cuyas motivaciones estaban muy alejadas de lo que se esperaba de esta figura.[44] Por otro, teólogos como el inglés John Wycliff (1329-84), comenzaron a objetar la hipocresía que envolvía a las indulgencias, la idolatría que denotaba el culto a las reliquias así como el dinero que suponía hacer estos viajes y que podía ser usado más piadosamente si se entregaba a los pobres.[44]

Durante el siglo XV, Martín Lutero (1483-1546), se posicionó contra las indulgencias y el énfasis en las buenas obras que suponían las peregrinaciones y que estaban en contraposición con la justificación por la fe.[45] El holandés Erasmo de Rotterdam (1466-1536) las señaló como una superstición que impedía el verdadero desarrolló de la fe a la vez que incrementaba el poder de unas corruptas órdenes religiosas.[46] Juan Calvino (1509-1564) por su parte, las señaló como un vano intento de ganar la salvación meramente mediante las obras.[45]

Debido a la teología de la Europa protestante, las peregrinaciones a Roma continuaron en la parte católica del continente impulsadas por la Iglesia de la Contrarreforma durante el siglo XVII[47] y convirtiéndose en una de sus señas de identidad.[48] Roma siguió atrayendo peregrinos durante este siglo y el siguiente XVIII pero en bastante menor medida que lo había hecho durante el Medievo.[49]

Edad Contemporánea[editar]

Peregrinos en la plaza de San Pedro durante el Jubileo de 2000.

La Revolución Francesa se opuso firmemente al culto de las reliquias y objetos sagrados mientras continuaron las críticas por parte de intelectuales; Voltaire calificó a las peregrinaciones como «manifestaciones de superstición, estupidez y desvergüenza».[49] En ese siglo XVIII y el siguiente XIX la Ilustración y los avances científicos dieron una base para comprender la naturaleza del universo a la vez que los modernos Estados asumieron el papel que había ejercido la Iglesia en educación y moral.[48] La peregrinación se mantuvo, con todo, como un fenómeno popular en el que los clásicos y nuevos destinos mantuvieron un halo de poder extraordinario que desafiaba las explicaciones seculares.[48] El siglo XIX conoció un resurgir de las peregrinaciones que se ha mantenido hasta la actualidad en la que se estima que alrededor de 50 millones de cristianos viajan cada año para visitar algún santuario.[49] Durante el Jubileo celebrado en 2000, Roma experimentó la llegada de unos veinticinco millones de peregrinos (obviamente, la inmensa mayoría utilizando los modernos sistemas de transporte: carretera, tren y avión), cifra que se estima como la mayor en su historia.[50]

Crónicas de las Vías Romeas medievales[editar]

Trazado esquemático de algunas rutas descritas en crónicas medievales.
Leyenda:       990 Sigerico el Serio      1154 Nicolás de Munkaþverá      1191 Felipe Augusto      1236 Alberto de Stade      1253 Mateo de París      1350 Barthelemy Bonis

Como «Vías Romeas» se conocían aquellos caminos utilizados por los peregrinos (romeros) que se dirigían a Roma.[51] Varias crónicas medievales nos han dejado constancia de algunas Vías Romeas utilizadas en esa época.[52] Una de las más antiguas y que cuenta con un buen detalle es la del obispo Sigerico el Serio —escrita alrededor del 990— quién describió su camino de vuelta desde Roma hasta Canterbury.[53] También se conservan relatos de viajes de otras personalidades: el islandés Nicolás de Munkaþverá en 1150;[53] el castellano Benjamín de Tudela en 1160;[53] el rey francés Felipe Augusto en 1191;[53] Wolfger von Erla, obispo de Passau en 1204;[52] Emo, abad del monasterio de Wierum en 1211;[52] Alberto, abad de la abadía de Stade en 1236;[54] Odo Rigaud, obispo de Ruan en 1253;[52] el inglés Mateo de París en 1255;[52] Gilles Le Muisit, abad del monasterio de St. Martín de Tournai en 1300 o la del mercader francés Barthélemy Bonis en 1350.[52]

(722) San Wilibaldo[editar]

San Willibaldo fue un monje benedictino, misionero y obispo nacido en Wessex. Era hijo del también santo Ricardo el Peregrino así como hermano de san Winebaldo y santa Walburga. Además era sobrino de san Bonifacio, apóstol de los germanos.[55] Alrededor del 722, Wilibaldo emprendió un viaje de peregrinación junto a su padre y su hermano que le llevó a Roma, Jerusalén y Constantinopla para volver otra vez a Roma y dirigirse posteriormente a Eichstätt, de cuya diócesis fue obispo.[55] Una crónica de sus viajes fue escrita por la religiosa Hugeburc de Heidenheim en un libro conocido como Hodoeporicon o Vida de San Willibaldo donde se cita algunos puntos por los que pasaron los peregrinos.[56]

El relato de su viaje nos dice que partieron durante el verano desde el puerto inglés de Hanwih (junto a la actual Southampton).[57] Tras cruzar el Canal de la Mancha, ascendieron por el río Sena hasta llegar a la ciudad de Ruan donde desembarcaron y permanecieron varios días.[57] Continuaron su ruta atravesando Francia en la que visitaron aquellos santuarios que quedaban junto a su camino.[57] Una vez en la península italiana alcanzaron la ciudad de Dertonicum (la actual Tortona) que era un importante cruce de vías romanas.[57] Prosiguieron su itinerario y cruzaron los Apeninos hasta llegar a la ciudad de Lucca donde Ricardo falleció de enfermedad.[57] Tras enterrar a su padre en la basílica de San Frediano, los dos hermanos reanudaron el camino final hasta Roma, ahora junto a un grupo de viajeros para procurarse alguna protección frente a la inestabilidad imperante en la zona.[58]

(990) Sigerico el Serio[editar]

Sigerico el Serio era un monje de Glastonbury que fue consagrado como obispo de Ramsbury en 985 y posteriormente, en 990, se convirtió en el arzobispo de Canterbury.[59] Tras su nombramiento como arzobispo realizó una peregrinación a Roma para recibir el palio a manos del Papa Juan XV.[59] De su estancia en la ciudad papal reseñó las iglesias que visitó y durante el viaje de vuelta hizo escribir una relación de las «estaciones» donde se detuvo en su camino de regreso, probablemente para pernoctar.[60] Esta crónica es conocida como el «Itinerario de Sigerico».[59]

La ruta que se desprende al unir los lugares donde se detuvo es la más directa entre Inglaterra y Roma lo que hace pensar que fue la más popular entre los anglosajones que hacían el trayecto.[60] Aparte de las ciudades principales (Siena, Lucca, Pavía, Lausana, Besanzón, Reims o Arrás), los lugares de parada fueron elegidos por el arzobispo probablemente por varios motivos: el asentamiento de instituciones religiosas en las que encontrar alojamiento y asistencia; la existencia de reliquias dignas de veneración; la localización de hospitales renombrados así como puntos específicos para afrontar accidentes naturales como pasos de montaña o cruces de ríos.[61]

En su vuelta a Inglaterra, el arzobispo siguió la Vía Francígena hasta Vercelli y continuó en dirección norte para cruzar los Alpes por el paso del Gran San Bernardo. Es de señalar que en esta época todavía no existía el albergue situado en dicho puerto de montaña (que entonces se conocía como Mons Iovis) por lo que Sigerico hizo el trayecto sin detenerse en él y caminó durante la misma jornada entre Saint-Rhémy-en-Bosses y Bourg-Saint-Pierre donde se situaba el albergue.[62] Prosiguió su ruta a través de los reinos borgoñón y franco hasta alcanzar la costa del Canal de la Mancha junto a la actual Wissant desde donde partían los barcos hacia Inglaterra.[63]

(1154) Nicolás de Munkaþverá[editar]

Nicolás de Munkaþverá fue un abad islandés que emprendió un peregrinaje a Roma y Tierra Santa y recogió en una crónica llamada Leiðarvísir og borgarskipan su viaje de vuelta al estilo de una «guía para peregrinos» que indicaba, no solo las localidades importantes durante el trayecto sino también incorporaba una amplia información con distancias, tiempos de recorrido, hospitales e incluso comentarios sobre costumbres locales.[64]

El abad viajó en barco desde Islandia a Noruega y desde allí pasó al puerto danés de Aalborg.[64] Partiendo de esta ciudad recorrió la península de Jutlandia hasta Heide para continuar y llegar a Stade tras cruzar el río Elba.[64] Su itinerario prosiguió a través de Verden, Nienburg, Minden y Paderborn hasta llegar a Maguncia.[64] Desde esta ciudad, continuó su ruta a través del valle del Rin alcanzando Estrasburgo y continuando por Basilea, Solothurn y Vevey para llegar al lago Lemán.[64] Al igual que Sigerico, atravesó los Alpes por el paso del Gran San Bernardo y su camino desde ese punto hasta Roma prácticamente coincide con el que había realizado el arzobispo de Canterbury 150 años antes.[64] Dentro del recorrido por la península italiana, Nicolás reseñó un hospital fundado por el rey danés Erico I denominado Hospital de Eric.[64] Situado junto a Borgo San Donnino (la actual Fidenza), estaba creado para los peregrinos del norte de Europa y de él se decía que éstos podían «beber vino gratis y hasta que quedasen saciados».[64]

(1191) Felipe Augusto[editar]

El rey francés Felipe Augusto junto a Ricardo I de Inglaterra participó en la tercera Cruzada en 1191 que dejó para volver a Francia al fallecer el conde de Flandes y abrirse la disputa por la sucesión flamenca. En su camino de vuelta se detuvo en Roma con el objetivo de obtener la aquiescencia del Papa para atacar a Ricardo I y recuperar los territorios de Francia en manos inglesas.[65] Su viaje de retorno a Francia desde Roma quedó reflejado en una crónica que, no solo enumeraba las etapas de su viaje sino que también incluía una detallada información de los territorios por donde pasó con indicaciones geopolíticas e institucionales.[65]

El monarca francés partió de Roma y recorrió la Vía Francígena en dirección norte.[65] Atravesó poblaciones como Bolsena, Radicofani y Siena.[65] Continuó el itinerario y cruzó los Apeninos por el paso del Monte Bardone donde indicó que «deficit Tuscana et incipit Italia».[65] Descendió hasta Fidenza y prosiguió por la Vía Emilia hasta Piacenza para cruzar posteriormente el Po.[65] Después de atravesar el río, continuó por Mortara y Vercelli tras lo cual, se dirigió hacia el este para cruzar los Alpes por el paso de Moncenisio.[65]

(1236) Alberto de Stade[editar]

Alberto de Stade fue un monje alemán, abad del monasterio benedictino de St. Marien en Stade, que durante 1236 realizó un viaje a Roma con el fin de buscar —sin éxito— el apoyo papal para que su abadía adoptase la regla cisterciense.[54] En 1250 comenzó a escribir su obra «Annales Stadenses» dentro de la cual describió varias rutas entre su ciudad y Roma.[54] El viaje de ida indicado por Alberto hace un largo desvío por Francia que se estima motivado por su deseo de visitar varios monasterios cistercienses.[54] El itinerario de regreso sí es más directo aunque se describen diversos desvíos a lo largo de la ruta. Su camino comenzaba en Roma hacia el norte siguiendo la Vía Francígena y abandonándola antes de llegar al Paso de la Cisa para cruzar los Apeninos más al sur.[54] Tras pasar la cordillera se dirigía a Rávena y posteriormente atravesaba los Alpes por el paso del Brennero hasta Innsbruck para cruzar el río Eno.[54] Seguía hacia el norte y después de Augsburgo franqueaba el Danubio en Donauwörth; continuaba por la cuenca del Weser hasta llegar finalmente a Stade, situado en la desembocadura del Elba.[54] Esta ruta de vuelta seguida por Alberto está siendo objeto en estos años de actualización y puesta en uso como camino de peregrinación bajo en nombre de Via Romea Germanica.[66]

(1253) Mateo de París[editar]

El monje benedictino Mateo de París fue un historiador inglés del siglo XIII que realizó una peregrinación a Roma y Jerusalén. En su obra «Historia Anglorum» incluyó un mapa con el trayecto que siguió donde, además indicar las poblaciones principales por las que pasó, consignó varias rutas alternativas.[67] Mateo inició su viaje en Londres para llegar a Dover y cruzar el Canal de La Mancha desembarcando cerca de la actual Wissant.[67] Desde esta población siguió una ruta que cruzaba localidades como Beauvais, París y Troyes para llegar a Beaune y continuar hasta Lyon, lugar que era un importante cruce de caminos.[67] Prosiguió su ruta hacia Roma, y reseñó el recorrido por poblaciones como Chamery, Montmélian y Saint-Michel-de-Maurienne; el cruce de la cordillera de los Alpes lo efectuó a través del paso del Moncenisio.[67]

Ya en la península Italiana, pasó por Turín y se dirigió hasta Vercelli para proseguir por las poblaciones de Mortara, Pavía y Piacenza, donde continuó por la Vía Emilia hasta Borgo San Donnino —la actual Fidenza—.[67] Mateo reseñó que desde esta ciudad podían seguirse dos rutas hasta roma: una de ellas continuaba por la Vía Emilia hasta Forlí para iniciar allí el cruce de los Apeninos y acabar llegando a Roma por la Vía Salaria.[67] La otra continuaba por la Vía Francígena atravesando el paso de la Cisa y las diferentes ciudades de esta ruta —Luca, Altopascio, Siena, Bolsena, Viterbo, etc— hasta alcanzar la ciudad de San Pedro.[67]

(1350) Barthélemy Bonis[editar]

El comerciante francés Barthélemy Bonis realizó un viaje de peregrinación a Roma durante el jubileo de 1350 para agradecer que había conseguido sobrevivir a la peste de 1348.[67] Barthélemy dejó una descripción de su viaje entre sus libros de cuentas que ha llegado hasta nosotros y donde indicó además las localidades en las que era posible pernoctar y en la que se podía parar a comer.[67]

Comenzó su camino a caballo partiendo de la, entonces, sede pontificia de Aviñón, algo que parece haber sido común entre los peregrinos franceses de la época.[67] Desde esta ciudad se dirigió a través de Carpentras y Briançon hasta los Alpes que cruzó usando el Paso de Monginevro.[67] Ya en la vertiente italiana alcanzó Sant Ambrogio di Torino y cruzó el río Po en Moncalieri (junto a Turín).[67] Continuó por Asti, Alessandria, Tortona y Voghera hasta alcanzar Piacenza desde donde usó el camino de la Vía Francígena para llegar a Roma, si bien, en lugar de pasar por Lucca prefirió desviarse para visitar Pisa y volver a continuación a seguir la ruta tradicional.[67]

El itinerario utilizado por Sigerico[editar]

Los caminos medievales[editar]

Albergue en el puerto alpino del Gran San Bernardo. Fue creado alrededor del 1050 y ha continuado abierto hasta la actualidad.

Durante la antigüedad, la unión política que el Imperio Romano significó para Europa Occidental permitió la existencia de grandes rutas que conectaban lugares muy alejados.[68] Al contrario, durante el Medievo, la fragmentación que caracterizó el continente hizo que no se pudiesen organizar este tipo de caminos siendo todas las comunicaciones de carácter local y no existiendo mucha diferencia de construcción entre un sendero que pudiese conectar un castillo con una aldea y el camino que cumplía una función itineraria dentro de una ruta que conectaba lugares alejados.[68]

La calidad de los caminos era modesta y eran recorridos fundamentalmente a pie o en cabalgadura al mismo tiempo que la presencia de tráfico rodado casi desapareció.[68] La infraestructura viaria era dispar: mientras que los puentes eran escasos y precarios, existía una buena cantidad de hospitales que ayudaban a los viajeros.[68] Los más conocidos entre ellos eran los que se situaban en puntos dificultosos como un puerto de montaña, en lugares obligados de paso y allí donde convergían varios caminos importantes.[68] Estas rutas eran recorridas por mercaderes, peregrinos y otro tipo de personas que realizaban un largo viaje movidos por los más diversos motivos.[69]

La Vía Romea desde el mar del Norte hasta Vercelli[editar]

Itinerario seguido por Sigerico entre Canterbury y Roma que ha servido de base para establecer el «Gran Itinerario Cultural Europeo» denominado como Vía Francígena.

Desde tiempos proto-históricos el Mar del Norte y el área mediterránea se han conectado a través de rutas naturales que aprovechaban cuencas fluviales y pasos de montaña.[70] Una de estas rutas naturales partía de la costa y discurría por las cuencas del Somme y Marne para llegar al valle de los ríos Saona y Doubs. En ese punto cruzaba el Macizo del Jura por los pasos disponibles y alcanzaba la cuenca del Ródano en el lago Lemán donde se unía con otra ruta similar que también llegaba desde el Mar del Norte hasta esta zona siguiendo la cuenca del Rin.[70] Proseguía río arriba por el curso del Ródano para internarse en los Alpes donde lo abandonaba y se adentraba por los valles alpinos hasta el paso del Gran San Bernardo.[70] Descendía la montaña por la cuenca del Dora Baltea y alcanzaba finalmente el valle del Po.[70]

Sobre la anterior ruta natural se fue definiendo un itinerario formado por la unión de varios caminos regionales y que quedó como una vía estable dotada de infraestructuras como pavimentación, puentes y hospitales.[71] Este itinerario era el más directo para los peregrinos anglosajones que querían alcanzar los Alpes y por ende, el más utilizado por ellos.[70] Partía desde los puertos en la costa francesa del Canal de la Mancha en dirección a Arrás y posteriormente cruzaba la región de Champaña por Reims y Châlons-en-Champagne para dirigirse hasta Besanzón en el Franco-Condado.[72] El tramo anterior fue conocido como «Chemin des Anglais».[73] Tras la citada Besanzón el itinerario continuaba para cruzar la zona montañosa del Jura franco-suizo por la cluse de Pontarlier y alcanzar la ciudad de Lausana junto al lago Lemán.[57] En este lugar se unían las rutas de francos, alemanes, escandinavos e ingleses para afrontar la travesía de los Alpes.[64] El cruce de la montaña se hacía partiendo del lago para subir por el valle del Ródano hasta Saint-Maurice lugar en que se atravesaba el río para continuar hasta Martigny donde se abandonaba su cauce para internarse por valles alpinos y alcanzar el Gran San Bernardo. El descenso de los Alpes se efectuaba por el valle del Dora Baltea pasando por Aosta hasta llegar a Ivrea en la llanura del Po donde abandonaba el cauce del anterior río y se dirigía a Vercelli, punto de unión con otras rutas que llegaban de atravesar los Alpes para cruzar el Sesia.[60]

La Vía Francígena entre Vercelli y Roma[editar]

Trazado de la Vía Francígena dentro de la red de calzadas romanas en la península Italiana. La ruta surgió entre los siglos VII y VIII para comunicar la capital lombarda de Pavía con los territorios cercanos a Roma.

El nacimiento de la Vía Francígena como ruta específica de largo recorrido se sitúa entre los siglos VII y VIII en una época en la que Italia estaba dominada por bizantinos y lombardos y en la que los territorios de éstos se econtraban divididos en dos partes separadas por los Montes Apeninos.[74] Los lombardos necesitaron desarrollar una ruta que mejorase la comunicación entre sus dominios y que evitase los tradicionales puertos de la época romana en manos de los bizantinos.[74] Para establecer el nuevo camino aprovecharon un antiguo paso de montaña de escaso uso en la antigüedad.[74] Este punto acabó denominándose Mons Langobardorum siendo conocido posteriormente como la Via di Monte Bardone[75] y correspondiendo al actual paso de la Cisa que separa los Apeninos ligures de los toscanos.[74] La ruta desde Pavía —la capital lombarda— hacía Roma se estableció centrada en este paso de montaña lo que hacía que evitase las tradicionales vías romanas y solo las aprovechase cuando era posible y conveniente.[74]

Adriano I solicitando la ayuda de Carlomagno quién acabó derrotando a los lombardos y puso la ruta del Monte Bardone bajo la administración franca.

Vercelli (Vercellae) era una población a unos 70 km de Pavía donde confluían los caminos que, procedentes del ámbito franco, habían atravesado los Alpes por los pasos de Moncenisio, Monginevro, el Pequeño y el Gran San Bernardo así como el del Simplón.[60] Esta localidad situada junto al río Sesia era un punto que permitía su cruce para seguir por antiguas vías secundarias romanas hasta la citada Pavía (Ticinum) —donde también llegaba la ruta procedente del paso de San Bernardino— y posteriormente Plasencia, ciudad en la que se atravesaba el río Po para tomar la Via Emilia.[76] El itinerario seguía esta importante vía romana hasta Fidenza donde la abandonaba para discurrir por la cuenca del río Taro hasta Fornovo (Forum Novum).[76] Tras cruzar este río, avanzaba por la Via di Monte Bardone para atravesar los Apeninos y llegar a la ciudad costera de Luni.[76] Desde este puerto, seguía por la Vía Cassia hasta Lucca donde la abandonaba para continuar por las colinas de la Toscana a través de la población de Siena (Sena Iulia) con el fin de llegar a Bolsena (Bolsinii Novi), ciudad en la que la retomaba para continuar por ella y llegar finalmente a Roma.[72]

Tras la petición de ayuda por parte del papa Adriano I, Carlomagno derrotó a los lombardos en el año 774, se proclamó como su rey e incorporó sus territorios septentrionales al dominio franco. Con la región lombarda incluida en el ámbito carolingio, la ruta que atravesaba el paso de La Cisa se convirtió en una importante vía de comunicación administrada ahora por la administración franca.[74] La ruta comenzó entonces a conocerse como Via Francigena (o vía originaria de Francia).[71] La primera mención escrita conocida que usa esta denominación de Via Francigena se encuentra en un documento del año 876 en la Abbazia San Salvatore situada en el monte Amiata.[77]

Recuperación del itinerario de Sigerico[editar]

Redescubrimiento y reconocimiento oficial europeo[editar]

Los primeros trabajos realizados para redescubrir el trayecto realizado por Sigerico se deben al historiador inglés William Stubbs quien en 1874 publicó un estudio con el detalle del recorrido del arzobispo y la equivalencia actual de las estaciones relacionadas en el relato de su viaje.[60]

Placa conmemorativa para recordar a un voluntario italiano de la Vía Francígena.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, se publicó un trabajo sobre la parte del trayecto que discurre en la región de Toscana, el cual fue ampliado por historiadores locales en los años 70 y 80.[78] En esa década de los 80, el antropólogo italiano Giovanni Caselli se interesó por los antiguas rutas medievales y comenzó una serie de trabajos que culminaron en 1985 con una reconstrucción detallada del trazado entre Canterbury y Roma.[3] En base a sus estudios, el Instituto Geográfico Militar Italiano realizó un mapa completo de la ruta y en 1990 se publicó en italiano por una editorial de Florencia la primera guía moderna de la ruta con el título «Via Romea, cammino di Dio».[3]

Taxi barca para realizar el Transitus Padi (cruce del río Po).

En 1987 se creó por el Consejo de Europa el programa denominado «Itinerarios Culturales Europeos» con el objetivo de demostrar, a través de rutas históricas, cómo el pasado cultural de las diversas naciones europeas ha contribuido a una herencia cultural común.[79] El primer recorrido al que se le otorgó dicha mención en 1987 fue el Camino de Santiago y unos años después, en 1994, el itinerario de Sigerico fue la quinta ruta en ser incorporada a este programa bajo la denominación de «Vía Francígena». Diez años más tarde, en el 2004, ambos caminos de peregrinación obtuvieron la calificación de «Gran Itinerario Cultural Europeo».[80]

Desde 1998 se mantiene un registro del Transitus Padi o cruce del río Po en barca (dentro de la etapa desde Orio Litta hasta Plasencia; a unos 700 km de Roma). Aunque este registro no comprende a quienes cruzan el río usando algún puente ni tampoco incluye a los que comienzan su peregrinación en algún punto más cercano a Roma, es un buen indicativo para la evolución del uso de la Vía Francígena y muestra un aumento constante desde el año 2006 hasta el 2014. Con todo, las cifras se mantienen bien lejanas de las que alcanzan las rutas jacobeas.

La recuperación de la Vía Francígena ha permitido que sea usada también en Italia por peregrinos que se dirigen a otros lugares. La misma estadística anterior muestra que estos peregrinos la recorren para alcanzar alguno de los otros grandes destinos (Santiago y Jerusalén) así como para destinos nacionales italianos como Asís.

Puesta al día del recorrido e infraestructuras[editar]

Varios tipos de señalización en la Vía Francígena.

La puesta al día de la ruta con su señalización e infraestructuras ha corrido a cargo de entidades locales y asociaciones de voluntarios.[83] En 1997 se fundó en Martigny (Suiza) la International Association Via Francigena (AIVF) que actualmente cuenta con 1860 miembros de 27 países.[84] En abril del 2001 se creó en Italia la Asociación de Municipios Italianos de la Vía Francígena con el objetivo de promover el itinerario.[85] Esta asociación se transformó en el 2006 en la Asociación Europea de las Vías Francígenas (AEVF) dando entrada en ella a más entidades locales y asociaciones de otros países, incluida España.[85]

En el 2012 se formó el Comité Europeo para la Coordinación Técnica Interregional de la Vía Francígena que agrupa a las 14 regiones europeas por las que pasa el recorrido y cuyo objetivo es coordinar acciones para el desarrollo de la ruta tales como medidas de seguridad, señalización o alojamiento.[86] Con todo, el estado actual (2016) de la recuperación de la Vía Francígena es dispar según el país.

Típica tienda de alimentación italiana (en Berceto) donde el peregrino se puede abastecer de comida.

En Francia no se ha determinado un recorrido «oficial» lo que provoca que el trayecto varíe ligeramente según la guía utilizada tanto en el trazado como en la división en etapas. Igualmente, la señalización es escasa y la infraestructura de alojamiento muy limitada.[87] En este artículo se utiliza el trazado y división de etapas ofrecido para este país por la asociación de voluntarios «Camminando sulla Via Francigena» ya que la información y mapas están disponibles de manera gratuita en internet. Esta asociación ha comparado varias guías y se ha basado en la seguridad de las carreteras así como las posibilidades de alojamiento para determinar recorrido y etapas.[88]

Doble señalización —Camino de Santiago y Vía Francígena— en Suiza cerca de Lausana.

En Suiza, la situación es mejor ya que el recorrido se encuentra muy bien determinado y señalizado como la n.º 70 de la red helvética de rutas de senderismo, a la vez que mapas muy detallados e información del trazado para cada etapa son accesibles también de manera gratuita en internet.[89]

En Italia es donde la recuperación de la ruta ha alcanzado un mayor avance a través de los gobiernos regionales y asociaciones particulares.[83] El recorrido se encuentra notablemente bien señalizado[90] y la división en etapas claramente determinada.[91] A través de la página oficial de la Asociación Europea de las Vías Francígenas es posible obtener mapas detallados de cada etapa con perfil altimétrico, indicación de distancias parciales, puntos de abastecimiento así como datos de los alojamientos disponibles.[91] Igualmente se ha desarrollado en 2015 una aplicación gratuita para móviles con GPS que permite al caminante situar en todo momento en qué parte de la ruta se encuentra.[92]

Infraestructuras de alojamiento[editar]

Símbolo de albergue para los peregrinos a la tumba de san Pedro.

Las infraestructuras de alojamiento también resultan muy diferente dependiendo del país y no alcanza el nivel que tiene actualmente el Camino de Santiago.[93] Hoy en día (2016), varias asociaciones ponen gratuitamente a disposición de los peregrinos amplios listados de alojamientos, tanto para la ruta completa («urcamino»[94] ), el cantón suizo de Valais e Italia (AEFV[95] ) o exclusivamente para el tramo italiano (Camminando sulla Via Francigena,[96] Ad Limina Petri[97] ) Las instalaciones de acogida se pueden clasificar en dos tipos: una «para peregrinos» muy económica, formada por instituciones religiosas, albergues y pensiones y otra «para turistas» compuesta por alojamientos bed and breakfast, casas rurales y hoteles.[98]

La Abazzia di San Caprasio en Aulla (Italia) cuenta con un albergue para peregrinos.

En Francia los albergues para peregrinos son escasos y solo unos pocos monasterios proporcionan alogamiento.[93] La infraestructura se basa mayoritariamente en casas rurales, hostales, hoteles y cámpines.[93]

En Suiza tampoco existen casi albergues proporcionados por instituciones religiosas y las posibilidades para pernoctar se basan en el uso de alojamientos turísticos como en Francia.[93] Los alojamientos para peregrinos se sitúan principalmente en el cantón de Valais.[98]

En Italia, al contrario, la ruta dispone de una amplia red de alojamientos específicos para peregrinos, ofrecido mayoritariamente por instituciones religiosas, cuya comodidad puede variar desde un colchón en el suelo hasta habitaciones individuales.[93] Las tarifas suelen ser de dos tipos: prefijadas entre 10 y 20 euros o bien a offerta (la voluntad)[98] En este tipo de establecimientos la pernoctación se realiza en literas dentro de habitaciones compartidas y con baños comunes.[98] Igualmente, un buen número de ellos tiene concertado con restaurantes cercanos un «menú del peregrino» a precio económico.[98]

Recorrido actual de la Vía Francígena[editar]

Reino Unido[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Kent.
La Catedral de Canterbury. Desde esta ciudad partió Sigerico para su viaje a Roma.

El trazado actual de la Vía Francígena cuenta con un pequeño trayecto en el Reino Unido —entre las poblaciones de Canterbury y Dover— que se realiza en una sola etapa de 31 km por terreno de suaves colinas en los que se asciende 230 m y se desciende 231 m.[99] Su inclusión dentro del recorrido se debe a que la primera ciudad fue el lugar de partida de Sigerico y aunque no la cite en la crónica de su viaje, tuvo que realizar esta etapa para regresar a su diócesis.

Canterbury ha sido, desde la llegada en el 597 del misionero Agustín, el centro de la religión cristiana en Gran Bretaña.[100] Como tal, fue en la Edad Media un importante destino de peregrinación por albergar las sepulturas de este apóstol de Inglaterra y la de Tomás Becket. Esto hizo que su catedral fuera un punto habitual de paso y reunión para los peregrinos de Gran Bretaña que afrontaban el viaje a Roma, peregrinación muy popular en la Inglaterra anglosajona.[101] La etapa en el Reino Unido se puede considerar que representa el trayecto desde este significativo lugar hasta el puerto de embarque hacia el continente.

Francia[editar]

Norte-Paso de Calais[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Norte-Paso de Calais.

La primera región francesa en ser atravesada por la Vía Francígena es la de Norte-Paso de Calais en la que discurre a lo largo de cerca de 190 km que se pueden dividir en nueve etapas.[102] El recorrido es relativamente plano y durante todo él se debe subir un acumulado de 1140 m y bajar 1023 m.[102] La población más importante durante el trayecto es Arrás con 42 000 habitantes.

El inicio de la ruta presenta dos opciones. La primera es por la costa desde Calais hasta Wissant en cuyas inmediaciones se situaba la estación LXXX Sumeran última de las reseñadas por Sigerico.[103] En este lugar existió desde tiempos romanos el principal puerto de embarque para Inglaterra que fue perdiendo importancia desde el siglo XVI a favor del puerto de Calais.[104] La opción alternativa es saltarse esta etapa y dirigirse directamente a Guînes siguiendo el trazado de un canal.[105] Tras esta población, continúa atravesando la región en dirección sureste hasta Arrás y posteriormente al límite con Picardía.

Catedral y abadía en Arrás.

La escasa señalización, el trazado a través de caminos campestres y la tipología de alojamiento para peregrinos hacen recomendable planificar cada tarde la ruta del día siguiente.[105] Desde Therouanne (antigua población romana) hasta Arrás la ruta serpentea por caminos rurales junto a la carretera denominada Chaussée Brunehaut —heredera de una antigua calzada romana— lo que permite utilizarla en ocasiones para acortar distancias gracias a su trazado rectilíneo.[105] Son reseñables durante el trayecto, la etapa inicial junto a la costa que atraviesa el parque natural denominado Caps et Marais d'Opal por donde la ruta discurre durante algunas etapas;[106] la presencia de cementerios militares provenientes de las luchas que se desarrollaron en esta zona durante las guerras mundiales.[105] así como una antigua cuenca minera que comenzó a explotarse a mediados del siglo XIX y de la que una multitud de elementos han sido catalogados como Patrimonio de la Humanidad.[107]

Igualmente son dignos de mención la ciudad de Arrás con varios elementos (ciudadela y Ayuntamiento) declarados también Patrimonio de la Humanidad[108] [109] o la casa natal de Benito José Labre —patrón de los peregrinos— en Amettes (un pequeño pueblo de 500 habitantes que durante el Jubileo de la Misericordia cuenta con una puerta santa en su iglesia)[110]

Arrás es el primer punto de encuentro con los Caminos de Santiago que la Vía Francígena tiene a lo largo de su recorrido; en este caso con la ruta denominada Route des Pays-Bas que viene desde Ámsterdam y Brujas en dirección a París.[111]

Picardía[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Picardía.

En la región de Picardía la vía recorre un corto trayecto de 132 km dividido en cinco etapas. El trazado continúa siendo mayoritariamente plano ya que el total de subida son 700 m y de bajada 732 m.[102] La ruta sigue hacia el sureste con el objetivo de alcanzar la ciudad de Reims, ya en la región de Champaña-Ardenas. En su trayecto atraviesa tres ríos importantes: Somme, Oise y Aisne.

La ruta continúa entre comarcas muy marcadas por las pasadas guerras mundiales y en cuyos campos todavía se siguen encontrando las denominadas «cosechas de hierro», restos del armamento usado en las mismas.[112] Poco después de entrar en la región, la ruta alcanza Péronne situada junto al río Somme y que fue completamente destruida en la guerra.[112] Como en la región anterior, el trazado y la estructura de las etapas también varían según la guía que se consulte y se presentan varios recorridos alternativos en función de la utilización o no de San Quintín como lugar de paso.[112] [102] Tras Péronne, la ruta cruza el río Somme en Seraucourt-le-Grand y el Oise en Tergnier para llegar a Laon, la principal ciudad por la que pasa en Picardía. Esta es una población de 25 000 habitantes que cuenta con una notable catedral. Tras esta localidad continúa para cruzar el río Aisne a la altura de Berry-au-Bac junto al límite con Champaña-Ardenas.[102]

La Vía Francígena se vuelve a cruzar en esta región con otro de los Caminos de Santiago, en concreto con el denominado Route du Danemark que parte de Aarhus para llegar a París y conectar con el camino de Tours.[113]

Champaña-Ardenas[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Champaña-Ardenas.

En la región de Champaña-Ardenas la Vía Francígena recorre 259 km que se pueden dividir en ocho etapas durante las que se sube un total de 1710 m y se bajan 1330 m.[102] La ruta prosigue hacia el sureste en dirección al macizo del Jura y atraviesa el río Marne a la altura de Châlons-en-Champagne.[102]

En este tramo de la ruta se encuentra Reims, la ciudad más importante de la parte francesa y es de destacar también Châlons-en-Champagne con 46 000 habitantes.

La ruta en esta zona está señalizada en su mayor parte como la GR-145 aunque el trazado propuesto y la división en etapas varía según la guía que se consulte.[102] [114] Entre Trepail y Châlons-en-Champagne el itinerario coincide con un Camino de Santiago que conduce a Vezelay, bien señalizado como GR-654 y con el que vuelve a cruzarse poco después en Bar-sur-Aube.[115]

En esta región siguen presentes los restos de las pasadas Guerras Mundiales que pueden observarse junto a la ruta y entre los que destaca el cementerio militar localizado junto a Sillery[116] La ciudad de Reims cuenta con varios monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad entre los que destaca su histórica catedral.[117] A la salida de la población, la ruta pasa junto a la Colline Saint-Nicaise, recientemente clasificada por la Unesco[118] y seguidamente, una vez pasado Sillery, discurre por el parque natural de la Montagne de Reims hasta Ambonnay.[119] Más avanzado el camino,en Châlons-en-Champagne, se encuentra la colegiata de Notre-Dame-en-Vaux la cual también está incluida en el Patrimonio de la Humanidad como parte de los Caminos de Santiago en Francia.[120] Posteriormente, poco después de Bar-sur-Aube, en Clairvaux la ruta pasa cerca de la histórica abadía de Claraval fundada por Bernard de Fontaine en 1115.[121]

El territorio de Champaña fue famoso en la Edad Media por las ferias que tenían lugar en él y que atraían a comerciantes italianos y flamencos.[122] En Bar-sur-Aube —una de las poblaciones atravesadas por la Vía Francígena— se celebraba una feria anual durante el mes previo a la Semana Santa.[122]

Franco Condado[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Franco Condado.

En la región de Franco-Condado, la Vía Francígena discurre por un total de 210 km que se pueden dividir en ocho etapas durante las que se sube un total de 2730 m y se bajan 2129 m.[102] La ruta continúa en dirección sureste a la búsqueda de Besanzón desde donde afronta el cruce del macizo del Jura, la primera de las tres formaciones montañosas que atraviesa la Vía Francígena (las otras dos son los Alpes y los Apeninos). Dicha cadena montañosa se cruza por el denominado Cluse de Pontarlier, un paso de montaña utilizado ya en época prerromana y que desde época medieval era vigilado por el Fort de Joux. La familia Joux fue una saga de señores feudales que se enriquecieron con el cobro de peaje a los que utilizaban dicho paso.[123] La ruta franquea en esta región los ríos Saona y Doubs, este último dos veces.

Catedral en Besanzón.

De manera similar a las secciones anteriores en Francia, se hace recomendable aprovisionarse de comida y bebida para evitar problemas en caso de atravesar largos tramos sin encontrarlas.[124] Igualmente, se siguen dando varias alternativas de trazado y división de etapas según la guía que se consulte.[124] [102]

El recorrido discurre inicialmente por carreteras locales cerca del pequeño río Salon hasta cruzar el Saona a la altura de Mercey-sur-Saône; continua por el mismo tipo de carretera hasta llegar a Besanzón, punto central de la ruta en la región y donde cruza el río Doubs por primera vez. Después de esta ciudad, la ruta comienza a utilizar más los senderos en detrimento de las vías asfaltadas hasta llegar a Ouhans tras lo que continúa por carretera local para alcanzar Pontarlier y continuar por sendero hasta La Cluse-et-Mijoux; desde aquí hasta la frontera suiza prosigue otra vez por carretera.[102]

El trayecto en esta región es de una notable belleza paisajística y también es de destacar la ciudad de Besanzón con elementos declarados Patrimonio de la Humanidad. El Franco-Condado es un remanente del antiguo reino de Borgoña que tras perder su independencia osciló entre la pertenencia a Francia y su inclusión dentro del Sacro Imperio Germánico. Reflejo de este pasado es el estilo arquitectónico borgoñón que se puede observar durante la ruta. Al igual que en las anteriores regiones francesas atravesadas por la Vía Francígena, en esta se vuelve a cruzar con el Camino de Santiago en Gy y Besanzón.[125]

Suiza[editar]

Cantón de Vaud[editar]

Trazado de la Vía Francígena en el cantón de Vaud.

Vaud es el primero de los dos cantones que la Vía Francígena atraviesa en Suiza. A diferencia del anterior, en este país sí que existe un trazado considerado como «oficial» y con una excelente señalización lo que evita las alternativas de trazado que se dan en Francia.[126] Este trazado considerado como «oficial» es la ruta n.º 70, que forma parte de la red de caminos helvética.[126]

Viñedos en terraza de Lavaux por los que pasa la Vía Francígena en Vaud.

La ruta dentro del cantón de Vaud tiene un recorrido de 134 km que se dividen en seis etapas durante las que se asciende un total de 1220 m y se descienden 1872 m.[126] Se centra en la ciudad de Lausana al borde del lago Lemán, lugar donde convergen las rutas jacobeas que atraviesan el país alpino; de hecho, entre Saint-Sulpice y aquella localidad, el recorrido es común y se da la posibilidad de cruzarse con peregrinos a Compostela caminando en la dirección contraria.[127] También es importante Vevey a la orilla de dicho lago, población donde llegaba una ruta proveniente de Alemania por el valle del Rin.[64]

El recorrido se inicia completando el descenso del macizo del Jura para llegar a Yverdon-les-Bains al borde del lago Neuchâtel.[126] A partir de ahí, se discurre por suaves colinas hasta llegar al lago Lemán a la altura de Saint-Sulpice desde donde transita por la orilla del lago hasta Montreux,[126] para continuar por el valle del río Ródano con el objetivo de iniciar el cruce de los Alpes.[126]

La Vía Francígena dentro de este cantón ofrece una notable belleza paisajística, especialmente al cruzar los viñedos en terraza de Lavaux, una de las dos áreas geográficas (la otra es el Valle de Orcia) declaradas como Patrimonio de la Humanidad que atraviesa la vía en todo su recorrido.[128] También es reseñable el castillo de Chillon, una fortaleza construida a la orilla del lago para controlar la entrada al paso alpino de San Bernardo[129] y que hoy en día es uno de los monumentos nacionales suizos más visitados.[130]

Cantón de Valais[editar]

Trazado de la Vía Francígena en el cantón de Valais.

El cantón de Valais es el segundo y último que atraviesa la Vía Francígena en Suiza. La ruta recorre en este cantón un corto trayecto de 80 km que se dividen en cinco etapas durante las que se asciende un total de 3490 m y se descienden 1437 m.[131] El recorrido continúa por la ruta suiza n.º 70 y representa el ascenso a los Alpes a través de los valles que conducen al paso del Gran San Bernardo. Las etapas durante este recorrido van siendo más cortas, sobre todo al final, debido al esfuerzo físico que suponen los largos tramos de ascenso.

Tramo final del camino que asciende al Gran San Bernardo.

La ruta encuentra la población de San Mauricio al inicio de su recorrido en Valais. En esta localidad se encuentra la abadía territorial de San Mauricio, la más antigua de Europa occidental en funcionamiento.[132] De hecho, esta institución celebró en 2015 su 1500 aniversario.[132]

La siguiente parada a San Mauricio es Martigny, antigua ciudad romana que tuvo una vital importancia para el control del paso del Gran San Bernardo.[133] En esta población se abandona el valle del Ródano y se inicia propiamente el ascenso a dicho puerto de montaña mediante un recorrido de 45 km —con subida de 2640 m y bajada de 640 m— que se realiza en tres etapas con paradas intermedias en Orsières y Bourg-Saint-Pierre.[131] Los diez primeros kilómetros entre Martigny y Sembrancher discurren por la ladera de un estrecho desfiladero y tienen la peculiaridad de ser considerados como los más peligrosos de toda la Vía Francígena por lo que, en caso de mal tiempo, se recomienda utilizar el tren para salvar este tramo.[133] La posibilidad de ascenso al paso del Gran San Bernardo está limitada por la climatología —de hecho, este puerto de montaña se cierra entre octubre y mayo dependiendo de las condiciones meteorológicas—[134] por lo que, en caso de no ser recomendable a la subida a pie, se puede tomar un autobús entre Bourg-Saint-Pierre y Aosta que circula por el túnel existente para salvar el puerto.[135] Esta limitación es determinante para establecer la fecha de inicio del viaje por parte de los peregrinos si se quiere cruzar el paso por uno mismo.

Llegar al paso del Gran San Bernardo situado a una altura de 2473 msnm tiene una notable carácter simbólico, no solo por el esfuerzo que hay que realizar y por lo impresionante del lugar, sino también porque representa la mitad del recorrido entre Canterbury y Roma.[136] En este lugar se sitúa uno de los más famosos albergues de toda la vía que fue fundado por san Bernardo de Menthon hacia el año 1050 y que ha permanecido en funcionamiento ininterrumpido desde entonces regentado por la Congregación de Canónicos del Gran San Bernardo.[137]

Italia[editar]

Valle de Aosta[editar]

Trazado de la Vía Francígena en el Valle de Aosta.

El Valle de Aosta es la primera región que atraviesa la Vía Francígena en Italia. Cuenta con un estatuto especial dentro de este país y en la Edad Media formó parte del reino de Arlés junto a la parte de Suiza atravesada por la ruta y el territorio de Francia alrededor de Besanzón. La vía recorre en esta región un total de 94 km que se dividen en cinco etapas.[138] Los tramos en descenso suman 3723 m y los de ascenso 1595 m.[138] Las partes de ascenso se deben a que, en varios segmentos, la ruta sube y baja por la ladera de la montaña por la imposibilidad de usar la carretera que discurre por el fondo de los valles.[139]

Dos peregrinos bajando el Gran San Bernardo.

Si el recorrido anterior en el cantón de Valais representaba el ascenso a los Alpes, el del Valle de Aosta representa el descenso de esta cordillera. En los primeros kilómetros el camino baja de manera pronunciada hasta cerca de Saint-Rhémy-en-Bosses y a partir de ahí utiliza los valles de varios torrentes (torrente del Gran San Bernardo, Artanavaz y Buthier) para llegar a Aosta desde donde continúa por el valle del río Dora Baltea hasta Pont-Saint-Martin e Ivrea (ya en Piamonte).[138]

El recorrido por el Valle de Aosta es de una notable belleza por los paisajes alpinos.[140] Destacan además, la población de Aosta con sus ruinas romanas —la ruta inicia su salida de la ciudad pasando por la Porta Pretoria y el arco de Augusto—[141] así como Pont-Saint-Martin con un notable puente romano.[142] Antes de la llegada a esta población, se pasa por uno de los puntos más típicos de la Vía Francígena: un pequeño tramo en el que se camina por la antigua vía romana pasando bajo un arco excavado en la piedra.[143] Durante el trayecto pueden observarse también numerosas fortalezas remanentes de un pasado medieval fuertemente feudalizado.[144]

Piamonte[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Piamonte.

La Vía Francígena en la región de Piamonte tiene un corto trayecto de 85 km que se recorren en cuatro etapas.[145] Los tramos de bajada suman un descenso de 820 m y los de subida un ascenso de 614 m.[145] Representa el final de la salida de los Alpes y la entrada en la llanura padana por la que se dirige hacia el este en dirección a la ciudad de Pavía, antigua capital lombarda. La ruta en esta región se centra en Vercelli, punto de encuentro con otras Vías Romeas y Caminos de Santiago así como comienzo de la Vía Francígena propiamente dicha.[60] Esta población es actualmente el inicio —o final— de la ruta denominada «Vía Alta» o «Vía Domitia»[146] la cual pasa por Turín, cruza los Alpes por el Colle del Monginevro y llega a Arlés donde empalma con la Vía Tolosana.[146] Un buen número de peregrinos italianos con destino Compostela recorren la Vía Francígena en sentido inverso hasta llegar aquí, por lo que a partir de este punto es común cruzarse con ellos caminando en la dirección contraria. Esta ruta hace posible también que, desde España y usando los Caminos de Santiago, sea posible llegar a Roma (ver más delante el apartado al respecto).

Basilica di Sant'Andrea en Vercelli.

En las primeras dos etapas el relieve es algo ondulante y pasa a ser completamente llano en las posteriores. Cerca de Vercelli se entra de lleno en una amplia zona de arrozales por donde discurrirá el camino durante las etapas posteriores.[147] La gran cantidad de agua estancada hace que, durante el recorrido, los mosquitos sean una presencia constante.[147] La ruta serpentea por senderos con el fin de evitar la carretera lo que alarga el trayecto respecto a lo que tuvo que ser el recorrido original.[147]

Destaca durante este tramo el lago Viverone, junto a la población homónima,[147] así como los centros urbanos de Ivrea[148] y Vercelli[149] las localidades más importantes del camino dentro de la región piamontesa. Por otro lado son llamativas las denominadas «torre reloj» o «torre campanaria» que se encuentran en varios pueblos y por debajo de las cuales suele pasar la vía.

Lombardía[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Lombardía.

La Vía Francígena en Lombardía continúa atravesando la llanura padana en dirección este para buscar el punto de cruce del río Po. El tramo en esta región tiene como eje central a Pavía, antigua capital del reino lombardo. El trayecto en Lombardía tiene 127 km que se completan en seis etapas.[150] El desnivel durante el recorrido es mínimo, acorde con la naturaleza de la planicie que se atraviesa: un total de 102 m de subida y 182 m de bajada.[150]

Mausoleo de Agustín de Hipona en Pavía.

El camino prosigue entre cultivos agrícolas, principalmente arrozales durante las primeras etapas.[147] Tiene en Mortara uno de sus puntos destacados; cerca de la localidad se encuentra la abbazia di Sant'Albino fundada en el siglo V y que actualmente ofrece alojamiento a los peregrinos de la Vía Francígena.[151]

Pavía es la localidad más importante en este tramo. Al llegar a ella se atraviesa un parque natural y se cruza el río Ticino por un bello puente cubierto.[152] La ciudad de 72 000 habitantes cuenta con un destacado centro histórico y en una de sus iglesias —San Pietro in Ciel d'Oro— se encuentran los restos atribuidos a Agustín de Hipona conservados en un notable mausoleo.[153] Tras esta ciudad, el camino se dirige hasta Orio Litta desde donde se procederá al cruce del Po.[150]

Emilia-Romaña[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Emilia-Romaña.

La Vía Francígena en Emilia-Romaña recorre un total de 148 km divididos en seis etapas.[154] El tramo en esta región representa el final del cruce de la llanura padana y el ascenso de los Apeninos. Esto hace que la orografía sea bien diferente entre las dos mitades: las tres primeras etapas del recorrido continúan siendo prácticamente planas (123 m de ascenso y 110 m de descenso) mientras que las tres últimas cuentan con tramos de subida y bajada que suponen un ascenso total de 2417 m y un descenso de 1451 m.[154] De hecho, la 5.ª etapa Fornovo di Taro-Cassio es la etapa de toda la Vía Francígena en la que los tramos de subida suponen el mayor ascenso acumulado: 1102 m.

Ermita de Nostra Signora della Guardia situada en el Paso de la Cisa.

También la entidad de las poblaciones es diferente entre ambas mitades. En la primera se pasa por Plasencia con 102 000 habitantes, Fiorenzuola d'Arda con 15 400 hab. y Fidenza con 26 600 hab.. En la segunda mitad, en cambio, las localidades que se atraviesan son de pequeña entidad hasta llegar al Paso de la Cisa.[154]

El trayecto en esta región comienza con una de las etapas más destacadas de toda la Vía Francígena. Durante ella se cruza el río Po en una barca conducida por Danilo Paresi; persona que se ha convertido en famosa por su servicio a los peregrinos y además regenta un albergue.[155] También mantiene una estadística de los cruces realizados desde 1998 tanto en dirección Roma como en dirección Santiago de Compostela.[156]

Plasencia es la mayor ciudad que atraviesa la ruta en esta región y es muy conocida por la denominada Piazza dei Cavalli además de por su catedral.[157] Aparte de esta ciudad, es notable la población de Fidenza. En ella tiene su sede la Asociación Europea de las Vías Francígena y en el exterior de su catedral de San Donino se encuentra un relive de peregrinos camino a Roma que se ha convertido en una imagen icónica de la Vía Francígena.[158]

El ascenso a los Apeninos ocupa la segunda mitad del tramo en esta región y permite contemplar unos paisajes más bellos que en las etapas anteriores.[159] Culmina con la llegada al citado Paso de la Cisa situado a m,s,n,m, y donde el camino abandona Emilia-Romaña para comenzar en Toscana.[160]

Toscana[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Toscana.

Toscana es la región en la que la Vía Francígena recorre más distancia en todo su trayecto, un total de 368 km divididos en catorce etapas.[161] Debido a su orografía de colinas, el recorrido es bastante fatigoso con constantes tramos de subida y bajada que suponen un ascenso acumulado de 5887 m y un descenso de 6151 m.[161]

La ruta comienza hacia el sur descendiendo el Apenino durante las tres primeras etapas hasta llegar al nivel del mar junto a Avenza.[162] Poco antes de esta población, pasa por Sarzana, localidad desde donde —al igual que en la anterior Vercelli— parte un camino hacia el norte en dirección a Santiago de Compostela. Esta es la denominada Via della Costa[163] o Vía Aurelia que llega por Génova hasta la frontera francesa en Ponte San Ludovico donde conecta con la ruta GR-653-A la cual continúa por Menton para llegar a Arlés donde conecta con la Vía Tolosana.[164] Esta vía es una alternativa a la anteriormente citada «Via Alta» o «Via Domitia» como manera de peregrinar desde España con destino Roma.

Después de Avenza, la ruta abandona la costa y se dirige hacia el interior recorriendo el área de las famosas minas de mármol de Carrara[165] tras lo que llega a Lucca, ciudad de gran belleza[166] y la primera de las dos importantes por las que pasa en Toscana. Tras Lucca continúa en terreno plano y alcanza Altopascio, población significativa ya que está muy ligada a los caballeros del Tau, orden de caballería dedicada a la protección de los peregrinos a Roma y Compostela.[167] El hospital creado en el siglo XII por dicha orden en esta localidad experimentó un gran desarrollo y los caballeros del Tau extendieron su actividad en otras partes de Italia, Alemania, Francia y España.[167]

Camino de la Vía Francígena en el Valle de Orcia.

La vía continúa por las colinas toscanas atravesando bellas poblaciones medievales entre las que las que destacan San Gimignano[168] (cuyo centro está declarado Patrimonio de la Humanidad) y Monteriggioni (antiguo pueblo amurallado medieval muy bien conservado).[169] Posteriormente alcanza Siena —la segunda ciudad importante que atraviesa en la región— que cuenta con un centro histórico también declarado Patrimonio de la Humanidad donde destacan la Piazza del Campo y la catedral con su exterior de mármol.[170]

Tras Siena, el camino continúa dirección sureste por el mismo tipo de terreno ondulado y entra en el valle de Orcia de notable belleza y que también está declarado Patrimonio de la Humanidad.[171] En este valle pasa por más poblaciones medievales y culmina con la etapa entre San Quirico d'Orcia y Radicofani de gran belleza pero con un nivel muy alto de dificultad.[172] Radicofani, fortaleza medieval situada en alto, representa el final del tramo toscano de la Vía Francígena.[172]

Lacio[editar]

Trazado de la Vía Francígena en la región de Lacio.
Camino de la Vía Francígena entre Vetralla y Sutri.

El Lacio es la última región que atraviesa la Vía Francígena. Representa el tránsito por los antiguos Estados Pontificios hasta llegar a Roma. El camino recorre en esta región un total de 193 km que se dividen en nueve etapas articuladas en torno a Viterbo, la principal ciudad por la que pasa antes de alcanzar la capital.[173] El trayecto continúa siendo ondulado y a lo largo del mismo los tramos de subida suman un ascenso acumulado de 2213 m y los de bajada un descenso de 2954 km.[173]

La ruta se inicia descendiendo desde Radicofani hasta llegar a Acquapendente, localidad en la que dentro de su catedral existe la reproducción más antigua (siglo XII) en Europa de la antigua iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén.[174] Esta población es importante ya que se debe recorrer la Vía Francígena al menos desde aquí para cumplir con el requisito de andar 140 km, necesario para obtener el «Testimonium» (equivalente a la Compostela en el Camino de Santiago) que acredita la peregrinación «devotinis causa» a la tumba de san Pedro.[175] Tras esta ciudad, el camino bordea por el este el lago de Bolsena parando en la población homónima —donde la tradición sitúa el milagro que dio origen a la festividad del Corpus Christi[176] y en Montefiascone, ambas de notable belleza.

Un peregrino contemplando la cúpula de San Pedro desde el Monte Mario.

El camino avanza por suaves colinas hasta llegar a la ciudad de Viterbo, que también fue una importante residencia papal.[177] La patrona de la ciudad es Rosa de Viterbo cuyo cuerpo incorrupto puede verse en la catedral[178] y en cuyo honor se celebra una procesión anual que ha merecido la catalogación como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.[179] Tras Viterbo, el camino bordea por el oeste el lago de Vico pasando por zonas boscosas hasta llegar a Sutri[180] y después circunda, ahora por el este y atravesando Campagnano di Roma, otro lago, el de Bracciano.[181] Entre la anterior localidad y la siguiente parada, La Storta, la vía discurre dentro del Parco di Veio, un notable parque natural regional con atractivos paisajes.[182]

La Storta supone el inicio de la entrada en Roma. La ruta discurre junto a un tráfico intenso y la señalización es escasa.[183] Alcanza La Giustiniana desde donde continúa por la Via Triunfale hasta llegar al Monte Mario, un colina boscosa protegida en la que, desde su mirador, se puede contemplar una destacada vista de la ciudad en la que sobresale la cúpula de San Pedro.[183]

Roma y Ciudad del Vaticano[editar]

Mapa representando las siete iglesias de Roma utilizado para el año santo de 1600.

Roma es del destino de la Vía Francígena y la plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, su punto final. En esta plaza se encuentra la basílica homónima con la tumba de Simón Pedro. Los peregrinos que han llegado hasta aquí, si así lo desean, pueden obtener un certificado de haber realizado la peregrinación «devotionis causa» denominado «Testimonium».[175] El documento se puede solicitar en dos sitios: en el Palazzo della Canonica y en las dependencias de la Opera Romana Pellegrinaggi.[175] También es posible pedirlo por correo en el caso de no poder acudir personalmente a los anteriores lugares.[175]

Tumba de Pablo de Tarso.

El alojamiento en Roma se puede conseguir en un amplio número de establecimientos, entre los que destaca el Spedale della Provvidenza di San Giacomo e San Benedetto Labre situado en Trastévere a unos 30 minutos de la plaza de San Pedro.[184] El albergue ofrece un alojamiento básico a los peregrinos llegados a pie o en bicicleta y que hayan recorrido al menos 100 km (a pie) o siete jornadas (en bicicleta) siendo atendido por voluntarios así como por la Confraternita di San Jacopo di Compostella y las Suore Missionarie del Cuore Immacolato di Maria.[185]

Una vez en la ciudad de San Pedro se pueden realizar también peregrinaciones urbanas a varias iglesias destacadas donde reposan los restos de un buen número de santos. Una de las más tradicionales —ya se realizaba en el año jubilar de 1300— es el llamado giro delle Sette Chiese (ronda de las siete iglesias) que recorre siete importantes iglesias de la ciudad.[186]

En los años jubilares la Iglesia católica ofrece el denominado «don de la indulgencia», tanto para uno mismo como para el alma de un difunto.[187] Para obtenerlo es necesario cumplir una serie condiciones y haber realizado determinadas obras, una de las cuales puede ser la peregrinación piadosa a uno de los santuarios o lugares jubilares existentes en Roma.[187]

Sigerico el Serio reseñó en su crónica, aparte del itinerario, un buen número de santuarios que visitó en la ciudad.[188] Previamente a él otros autores dejaron desde el siglo VII constancia de las iglesias existentes en Roma[188] y posteriormente vieron la luz otras obras más detalladas a modo de «guía para peregrinos» como Mirabilia Urbis Romae, escrita a mediados del siglo XII, con los elementos cristianos y seculares dignos de visitarse en la ciudad.

El culto a los santos ha sido una de las características de la peregrinación a Roma. Aparte de las existentes en Roma y el Vaticano, son numerosas las tumbas con reliquias de santos —algunos de ellos notables— a lo largo del camino (aunque muchas de las situadas en Inglaterra y Francia desaparecieron bajo la reforma anglicana y la revolución francesa). Así, el peregrino puede visitar durante la ruta las tumbas de Tomás Becket, Remigio de Reims, Agustín de Hipona, Gema Galgani o Rosa de Viterbo. Roma merece una mención aparte por su gran número: a las principales de Simón Pedro y Pablo de Tarso, hay que agregar las de varios apóstoles (Judas Tadeo, Simón el Zelote, Santiago el Menor, Felipe de Betsaida, Bartolomé); padres de la Iglesia (León I, Gregorio I, Jerónimo de Estridón, Clemente de Roma, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir); doctores de la Iglesia (Dámaso I, Catalina de Siena, Roberto Belarmino); otros personajes destacados (entre ellos, Cirilo, Jose de Calasanz, Helena de Constantinopla, Cecilia de Roma, Ignacio de Loyola o Juan Bautista de La Salle) así como el patrón de los peregrinos, Benito José Labre. Muchas de estas tumbas fueron o son actualmente destinos de peregrinación en sí mismos (véase Anexo:Tumbas de santos en la Vía Francígena).

La Vía Francígena desde España[editar]

Mapa de los caminos que forman el itinerario para conectar desde España con la Vía Francígena y llegar a Roma.
Testimonio de 2013 en la Abazzia di Sant'Albino (Mortara) de un peregrino español que recorría el trayecto Santiago-Roma-Santiago.

El Itinerario de Sigerico describe la Vía Francígena propiamente dicha (el tramo entre Vercelli y Roma) y una de las Vías Romeas que existían en Europa y que convergían en la anterior. La Vía Romea recorrida y detallada por el abad de Canterbury fue la que utilizaron los peregrinos anglosajones y a la que se unían otras rutas procedentes del norte de Europa (como la seguida por el islandés Nicolás de Munkaþverá). Un peregrino medieval procedente de la península ibérica seguía otro itinerario diferente que, recorrido en sentido contrario, también conducía a los peregrinos que venían desde la península itálica hasta Santiago de Compostela.[189]

Doble distintivo jacobeo-romeo en el albergue de Ponte d'Arbia.

Este itinerario está formado actualmente por la unión de varios caminos. El primero es la Vía Tolosana que lleva desde Somport hasta Arlés el cual, a diferencia de otras rutas jacobeas, se puede recorrer en los dos sentidos (hacia Santiago o hacia Roma) y está balizado en ambas direcciones.[189] Tiene una longitud de ca. 780 km que se dividen en 30 etapas.[190] Una vez en Arlés, la ruta presenta dos alternativas para continuar hasta Roma:[191]

La primera opción (por el sur) utiliza el trazado de la antigua Vía Aurelia mediante la ruta definida actualmente como GR-653-A. Esta tiene una longitud de ca. 345 km que se pueden dividir en 14 etapas y conduce desde Arlés en dirección sur hasta Aix-en-Provence, alcanza la costa mediterránea en Frejus y continúa hasta Menton junto a la frontera italiana.[192] Desde la frontera (punto de Ponte San Ludovico) continúa por la denominada Via della Costa que a lo largo de ca. 348 km divididos en 12 etapas, conduce hasta Sarzana donde se une a la Vía Francígena para llegar a Roma.[193]

Itinerario Somport-Roma (opción por la costa)
Tramo Inicio Final Etapas Km
Muszla Jakuba.svg Vía Tolosana Somport Arles 30 780
 GR-653-A  (Vía Aurelia) Arles Menton 14 345
Vía della Costa Menton Sarzana 12 348
Subtotal hasta la unión con la opción norte: 56 1473
Logotipo Via Francigena con camino.svg Vía Francígena Sarzana Roma 20 475
Total hasta Roma: 76 1948
La Sacra di San Michele, una de las paradas de la Vía Alta

La segunda alternativa (norte) discurre inicialmente junto al recorrido de la antigua Vía Domitia por un camino que hoy en día está marcado como GR-653-D y tras ca. 435 km dividos en 22 etapas, conduce hasta el paso alpino del Monginevro.[192] Desde este punto continúa por la hoy denominada Via Alta que, mediante un recorrido de ca. 185 km dividido en ocho etapas, llega hasta Vercelli donde conecta con la Vía Francígena para continuar hasta Roma.[194]

Itinerario Somport-Roma (opción alpina)
Tramo Inicio Final Etapas Km
Muszla Jakuba.svg Vía Tolosana Somport Arles 30 780
 GR-653-D  (Vía Domitia) Arles Monginevro 22 435
Vía Alta Monginevro Vercelli 8 185
Logotipo Via Francigena con camino.svg Vía Francígena Vercelli Sarzana 15 360
Subtotal hasta la unión con la opción sur: 75 1760
Logotipo Via Francigena con camino.svg Vía Francígena Sarzana Roma 20 475
Total hasta Roma: 95 2235

Como se ve, la opción sur que discurre junto a la costa ligur tiene la ventaja de ser casi 300 km más corta si bien, el recorrido alpino por el norte presenta el atractivo de la visita a otros centros de peregrinación como la Sacra di San Michele[195] cerca del paso de Monginevro o el mausoleo de San Agustín[196] en Pavía, aparte del aliciente deportivo que supone el cruce a pie de la cordillera Alpina.

Véase también[editar]

  • Anexos del artículo

Notas[editar]

  1. La denominación Via Francigena significa «el camino que viene de Francia» por lo que su uso actual para toda la ruta, incluyendo la parte francesa, provoca el sinsentido de conocer como «camino que viene de Francia» a una ruta que discurre por la misma Francia.[4] Por hacer un símil con los Caminos de Santiago, es como si se denominase «Camino Francés» no solo al que se conoce como tal sino también a alguno de los caminos que discurren en Francia y que se unen a él, por ejemplo, el Camino de Tours que viene desde París.
  2. Hospital, entendido como «Casa que sirve para recoger pobres y peregrinos por tiempo limitado» (DRAE)

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]

Asociaciones[editar]

Blogs de peregrinos[editar]

  • Kent on the Via Francigena. Blog de una peregrina que realizó el trayecto entre Canterbury (Reino Unido) hasta el Vaticano (en inglés).
  • Anita's Italian Cammino. Blog de una peregrina que realizó el trayecto entre Martigny (Suiza) hasta el Vaticano (en inglés).
  • La via Francigena 2011. Blog de peregrinos italianos que realizaron el trayecto entre el Gran San Bernardo hasta el Vaticano (en italiano).

Rutas relacionadas con la Vía Francígena[editar]