Meningococemia

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Meningococemia
Charlotte Cleverley-Bisman Meningicoccal Disease.jpg
Charlotte Cleverley-Bisman (2003-), lactante neozelandesa con meningococemia, la sobreviviente más joven de la enfermedad. Los brazos y las piernas infectados debieron amputarse posteriormente.
Clasificación y recursos externos
CIE-10 A39
CIE-9 036.9
DiseasesDB 8847
MedlinePlus 000608 meningitis. 001349 meningococemia
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La púrpura fulminante, o meningococemia, es una enfermedad generada por varios tipos de meningococo (Neisseria meningitidis), habitante frecuente de la nariz y la garganta de los individuos sanos. La meningococemia ocurre cuando el meningococo invade el torrente sanguíneo.

Epidemiología[editar]

La incidencia de la meningococemia se relaciona con la condición socioeconómica de los países, como ocurre con tantas otras enfermedades infecciosas, con mayor número de casos en las áreas de menores recursos. Se observan casos aislados durante todo el año, pero su frecuencia aumenta durante los meses más fríos (invierno y primavera). El meningococo se aloja en las vías respiratorias de los individuos sanos, algunos de los cuales pueden convertirse en portadores asintomáticos, sin desarrollar la enfermedad. La incidencia aumenta en niños, en casos de individuos institucionalizados (guarderías, asilos) y en condiciones de hacinamiento. En individuos con buenas defensas no hay diseminación de bacterias desde la garganta a la sangre pero en algunos individuos, en determinadas circunstancias, esta bacteria puede provocar enfermedad grave.

Etiología[editar]

Existen diferentes grupos de meningococo —los más comunes se denominan A, B, C, W135 e Y— y todos ellos pueden generar enfermedades humanas de diferente gravedad. Los casos pueden ser aislados o constituir una epidemia. Cuando se produce una epidemia habitualmente es causada por un único grupo de meningococo.

El meningococo alojado en la garganta o en la nariz de un portador o de una persona infectada se disemina al ambiente a través de las gotitas de saliva que salen de la boca al hablar, al toser o al estornudar (gotitas de pflügge). Queda «suspendido» en el aire y penetra en el aparato respiratorio de otro individuo para alojarse allí o, en el peor de los casos, para difundirse desde allí al resto del organismo y provocar enfermedad. En espacios abiertos o en ambientes bien ventilados el contagio es muy poco probable. Por lo tanto, debe considerarse «contacto» en riesgo de contagio a todas las personas que viven en el mismo domicilio y a los compañeros de clase que se sientan al lado del niño afectado puesto que es probable que en los días anteriores hayan permanecido durante varias horas cerca de él en un ambiente cerrado. Otro niño de la misma clase no es "contacto" si en los últimos días no ha permanecido en el aula cerca del niño enfermo durante varias horas. Tampoco lo son los vecinos de la casa, ni los del barrio, ni los familiares que no han estado con él en los últimos días.

En el caso de un "contacto" real se debe consultar al médico para que indique la conducta correcta.

Cuadro clínico[editar]

Por lo general hay sangrado dentro de la piel (petequias y púrpura) y el tejido de esas áreas puede morir (tornarse necrótico o gangrenoso). Si el paciente sobrevive, las áreas sanan con cicatrices.

Tratamiento[editar]

El tratamiento se dirige a sostener las funciones vitales que fallan (circulación, respiración, función renal y cerebral) y combate la progresión de la infección con antibióticos como ampicilina, cefalosporinas o aminoglucósidos para cubrir Haemophilus influenzae y Neisseria meningitidis, entre otros.

Pronóstico[editar]

Afortunadamente en la mayoría de los casos de meningitis meningocócica se logra una curación satisfactoria con un tratamiento adecuado. Sin embargo, en algunas ocasiones la meningitis meningocócica y, sobre todo, la sepsis meningocócica (púrpura fulminante) tienen un desenlace fatal. La enfermedad puede presentarse como meningitis, o meningococemia fulminante. Esta última presentación es la forma más grave y es más frecuente en los niños que en los adultos. En pocas horas un niño que estaba sano desarrolla un cuadro de fiebre, decaimiento y manchas violáceas en la piel y la enfermedad progresa rápidamente al fallo de la circulación y depresión de la función cardíaca con caída de la presión arterial, mala irrigación de los diferentes órganos, insuficiencia respiratoria, insuficiencia renal, trastornos de la coagulación, hemorragias, convulsiones, coma y desequilibrios del metabolismo, todo esto de tal magnitud que la muerte puede producirse en pocas horas. En un niño febril la aparición en la piel de petequias (pequeñas manchas violáceas) que se extienden con rapidez por todo el cuerpo puede determinar que el tejido de esas áreas muera (se torne necrótico o gangrenoso). Si el paciente sobrevive, las áreas sanan con cicatrices.

Existen otras enfermedades que se acompañan de fiebre y púrpura, como es el caso de algunas virosis, y si bien no son graves, hasta estar seguros del diagnóstico la meningococemia debe temerse y descartarse.

Prevención[editar]

Existen tres tipos de vacuna:[1]

  • Las vacunas basadas en polisacáridos, disponibles desde la década de 1970. Dichas vacunas pueden ser bivalentes (grupos A y C), trivalentes (grupos A, C y W) o tetravalentes (grupos A, C, Y y W135).
  • Las vacunas contra el meningococo del grupo B desarrolladas en Cuba, Noruega y los Países Bajos sobre la base de proteínas de la membrana externa del microorganismo.
  • Las vacunas conjugadas contra el meningococo del grupo C disponibles desde 1999. Además, en 2005 se autorizó en los Estados Unidos, Canadá y Europa una vacuna conjugada tetravalente (grupos A, C, Y y W135) para niños y adultos.

Hay grandes controversias con respecto a la utilidad de las vacunas que, si bien no ofrecen el ciento por ciento de cobertura, por el momento representan la única protección disponible. Se recomienda que en todos los casos se consulte con el pediatra o médico tratante, que seguramente tendrá una opinión atendible con respecto a cada paciente.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Organización Mundial de la Salud (noviembre de 2012). «Meningitis meningocócia. Prevención». Consultado el 9 de octubre de 2013. «Existen varias vacunas que permiten controlar la enfermedad: una vacuna conjugada contra los meningococos del grupo A, vacunas conjugadas contra el grupo C, vacunas tetravalentes (grupos A, C, Y y W135) y vacunas basadas en polisacáridos meningocócicos.»