Italia durante la Primera Guerra Mundial

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La historia de Italia durante la Primera Guerra Mundial comenzó con el país neutral en la contienda.[1]​ Entró en ella en mayo de 1915.[2]

En el frente austro-italiano, se libraron doce batallas en el frente del río Isonzo, que concluyeron con la derrota en octubre de 1917.[3]​ En octubre de 1917, el Ejército italiano quedó temporalmente desbaratado por las graves derrotas de Caporetto y del Isonzo.[1]​ Para sostener al país, los Aliados le enviaron un cuerpo expedicionario.[3]​ El descalabro de Caporetto supuso un punto de inflexión para Italia: la guerra ofensiva que había sostenido de 1915 hasta entonces se transformó en defensiva.[4]​ En el conjunto de los Aliados, la derrota y la consecuente pasividad militar hizo del país un miembro secundario, dominado por los más poderosos.[4]

En vísperas del final de la guerra, en octubre de 1918, Italia emprendió una nueva ofensiva contra los austriacos, la batalla de Vittorio Veneto.[3]

Las derrotas militares llevaron a que, pese a contarse entre los vencedores de la guerra, el país no obtuviese las metas esperadas de la Conferencia de Paz de París.[1]

Antecedentes: el periodo de neutralidad (1914-1915)[editar]

Imperialismo y consecuencias[editar]

A principios del siglo XX, Italia, nueva potencia industrial,[nota 1]​ adoptó como otros países europeos una política imperialista.[6]​ En 1911, entró en guerra con el Imperio otomano, al que logró arrebatar Libia, el Dodecaneso y ciertas ventajas económicas.[7]​ La obtención de Libia y el Dodecaneso debían servir como primeros pasos para dominar el Mediterráneo oriental.[8]​ Si en el Adriático el principal rival es Austria-Hungría, en esta zona lo eran Francia y el Reiuno Unido.[8]

Esta expansión y la paralela de Francia en Marruecos en 1912 tensó las relaciones entre estos dos países y acercó a Italia a austriacos y alemanes, pese al acuerdo bilateral de 1902 que había garantizado a los franceses la neutralidad de los italianos en caso de ataque a la Triple Entente por parte de Alemania o Austria-Hungría.[9]​ Los italianos firmaron nuevos acuerdos militares con estas dos potencias centroeuropeas y renovaron el tratado de alianza con ellas, que databa de 1882, cuando el país había tratado en vano de disputar Túnez a Francia.[10]​ La expansión italiana se centró entonces en dos zonas: el sur de Anatolia y en los Balcanes; si para la primera obtuvo el beneplácito de Alemania, que no objetó en que se tornase en zona de influencia italiana, las ambiciones en la segunda chocaron con las de Austria-Hungría.[9]​ La rivalidad austro-italiana por dominar parte de los Balcanes se prolongó a lo largo de 1913.[9]​ Ambos países deseaban controlar el Adriático, dominar la nueva Albania surgida de las guerras balcánicas y aprovechar el desmembramiento del Imperio otomano.[9]​ Además, continuaban teniendo problemas a causa de los territorios imperiales con población de lengua italiana, que se agudizaron en 1914.[11]

En abril de 1914, los austriacos se apoderaron del monte Lovćen, punto estratégico que les permitió dominar la bahía de Cattaro y con ella señorearse de la entrada al Adriático.[11]​ A partir de entonces, el tráfico a este mar, el acceso a los puertos italianos de la costa oriental y los movimientos de la flota anclada en Venecia[nota 2]​ quedaban condicionados al control austriaco del estrecho meridional.[11]

El sistema político italiano[editar]

La política exterior quedaba en manos del rey en virtud de la Constitución de 1861, que hizo del reino una monarquía constitucional, pero no parlamentaria.[11]​ El monarca podía declarar la guerra, firmar la paz y suscribir acuerdos comerciales y alianzas.[11]​ Tanto el Parlamento como el pueblo estaban excluidos de la política exterior.[11]​ Ni siquiera todo el Consejo de Ministros participa en las discusiones de política exterior, que quedaban reservadas al presidente y al ministro del rramo.[12]​ La población en general era indiferente a la política exterior y se sometía a los dictados gubernamentales, influenciada además por la prensa, que el gabinete manipulaba para defender sus decisiones.[12]

En el momento en que el país entró finalmente en guerra tras diez meses de neutralidad, presidía el Gobierno Antonio Salandra, un conservador con escasos apoyos parlamentarios que había asumido el puesto en marzo de 1914.[13]​ Salandra había sucedido en el cargo a Giovanni Giolitti, principal figura de la política nacional durante la década anterior.[14][15]​ Aunque se creía que la presidencia de Salandra no sería más que un pequeño intermedio entre gobiernos de Giolitti, la guerra mundial cambió las expectativas y le permitió al primero mantenerse en el puesto, con el apoyo del segundo durante los primeros meses de la contienda, los de neutralidad italiana.[14]​ Hacia finales de 1914 surgió una seria desavenencia entre ambos: mientras que Giolitti creía que el conflicto sería largo y costoso y que Italia podía obtener compensaciones de Austria-Hungría simplemente por mantenerse neutral,[15]​ el presidente del Gobierno y su ministro de Asuntos Exteriores, Sidney Sonnino, se convencieron de que debían participar en la guerra en el bando Aliado para alcanzar los territorios que ansiaban y mantener su posición de gran potencia.[14][16]​ Giolitti dominaba el Parlamento.[14]

Neutralidad en el conflicto[editar]

«El equilibrio europeo en 1914…», caricatura italiana de la época que muestra al rey Víctor Manuel III entre los Aliados y los Imperios centrales.

Pese a la liga entre las dos naciones, Austria-Hungría no avisó a Italia sobre su intención de atacar Serbia tras el asesinato del archiduque en Sarajevo.[17]​ Ante la posibilidad de que el imperio vecino se apoderase de territorio serbio, Italia exigió compensaciones territoriales (el Trentino) el 28 de julio, que Austria-Hungría rehusó otorgar.[17]​ La actitud austrohúngara sirvió a Italia para justificar la proclamación de la neutralidad el 2 de agosto.[17][18]

La decisión supuso una gran ventaja para Francia, que pudo destinar a otras tareas a las unidades que debían defender la frontera alpina y otras de las colonias africanas.[19]​ Al mismo tiempo, el rechazo italiano a tomar las armas junto a Alemania y Austria-Hungría hizo que esta última mantuviese seiscientos mil soldados en la frontera italiana.[19]​ Francia y el Reino Unido gozaron también gracias a ello de superioridad naval frente a alemanes y austriacos y pudieron imponer el bloqueo continental al enemigo.[19]

Por su parte, Italia dependía de la importación por mar de cereal, que obtenía principalmente del Reino Unido y de Rusia; el mantenerse neutral le permitió conservar el abastecimiento.[19]​ Del Reino Unido provenía asimismo el 87 % del carbón importado.[20][nota 3]​ El Reino Unido controlaba además las vías marítimas de comunicación con Italia merced al dominio de Chipre, Malta, Egipto con el canal de Suez y Gibraltar.[20]​ Francia, que tenía su flota mediterránea concentrada en Tolón y Bizerta, también podía estrangular el comercio italiano con los Estados Unidos a través del Mediterráneo.[22]​ En suma, franceses y británicos podían desbaratar el comercio exterior y el abastecimiento italiano si lo creían conveniente.[22][nota 4]​ Italia también vio aumentar la influencia financiera francesa en el país a costa de la alemana.[22][nota 5]​ Francia instigó la creación de la Banca di Sconto mediante la fusión de dos entidades financieras de las que era la principal accionista; el nuevo banco se contó pronto entre los cuatro principales del país y sostenía con sus inversiones a los dos grupos industriales más destacados del reino: la siderúrgica Ansaldo y las empresas mecánicas de los hermanos Perrone.[22]

Manifestación en favor de la entrada de Italia en el conflicto mundial.

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, que estalló el 2 de agosto de 1914, tanto alemanes como franceses confiaban en vencer tras una corta campaña en la que seguirían los planes previstos, el plan Schlieffen en el caso alemán o el XVII en el francés.[1]​ La batalla del Marne y la posterior guerra de trincheras cambió por completo estas expectativas.[1]​ La contienda iba a ser larga y dependería en gran medida de los recursos industriales de cada bando.[1]​ Los dos trataron de ampliarlos mediante nuevas alianzas.[1]​ Entre las naciones que no participan ya en el conflicto, la principal potencia era Italia.[1]​ Esta se había declarado neutral el mismo 2 de agosto, a pesar de la esperanza alemana de que participase en el ataque a Francia a través de los Alpes.[1]​ En consecuencia, los dos bandos trataron de atraerse a Italia que, por su parte, puso como precio de su entrada en la guerra la obtención de los territorios que no había podido obtener hasta entonces en el proceso de unificación del siglo anterior, en especial Trieste[nota 6]​ y el Trentino.[1]​ Cortejada por los dos bandos, Italia exigió cesiones territoriales para participar en la contienda.[25]​ El 5 de septiembre de 1914, firmó un pacto secreto mediante el que se comprometía a unirse a la Entente y a combatir hasta la victoria.[25]​ Pese a ello, mantuvo durante varios meses tratos con los dos bandos, esperando que la competencia aumentase lo que iba a obtener por entrar en el conflicto.[26]​ El 25 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores, marqués de San Giuliano,[18]​ envió a San Petersburgo la lista de condiciones que Italia exigía que se cumpliesen para abandonar la neutralidad y unirse a los Aliados.[27]​ Esta coincidió bastante con lo luego obtenido en el tratado londinense de 1915, pero por entonces la Entente consideró que las peticiones italianas eran desorbitadas.[28]

En los Balcanes, la inestabilidad en Albania, sumida en una guerra civil, la marcha de las tropas austrohúngaras del norte de la región y la penetración griega en el sur sirvieron de pretexto para que Italia se apoderase de la isla de Saseno y de Valona a finales de diciembre de 1914.[29][30]​ Esta región dominaba el estrecho de Otranto, puerta del Adriático.[31]​ En colaboración con el Gobierno de Essad Bajá —uno de los contendientes por el poder en la región—, los italianos construyeron instalaciones militares en los puertos de Dirraquio, Valona y Saranda.[32]

La entrada el guerra del Imperio otomano complicó las relaciones de Italia con los Imperios centrales, pues el sultán declaró la yihad el 2 de noviembre y ello desencadenó una revuelta contra los italianos en Libia.[33]​ El alzamiento expulsó a los italianos de la región a finales de diciembre.[34]​ La crisis colonial y de prestigio internacional que supuso la pérdida de Libia a consecuencia de la acción de los otomanos hizo que Italia se acercase a la Entente a comienzos de 1915.[34]

Territorios prometidos a Italia según el Tratado de Londres y frontera final tras las negociaciones de posguerra para el periodo de entreguerras (1924-1941).

Pese a propender a ligarse a los Aliados, Italia no dejó por ello de tratar con los Imperios centrales.[35]​ En diciembre, aprovechando la reanudación de las operaciones austrohúngaras contra Serbia, exigió cesiones territoriales al imperio, que contaron con el respaldo alemán —ninguno de los territorios que pedían los italianos era alemán—;[18]​ el 11 de diciembre los austrohúngaros rechazaron secamente la exigencia y la derrota que sufrieron a finales de enero de 1915 en la campaña serbia puso fin temporalmente a las negociaciones.[35]​ Los intentos alemanes de conciliar a austrohúngaros e italianos fracasaron poco después.[36]​ A mediados de febrero, el sucesor del marqués de San Giuliano al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano,[nota 7]Sidney Sonnino[37]​ presentó un ultimátum: cualquier operación austrohúngara en los Balcanes debía conllevar la cesión de territorios a Italia; si este no se verificaba, los italianos abandonarían las conversaciones con los Imperios centrales.[36]​ Aunque los austrohúngaros aceptaron al poco la condición italiana acuciados por los alemanes, los italianos dejaron las negociaciones.[36]​ Las relaciones con Austria-Hungría se tensaron aún más el 3 de marzo, cuando esta desembarcó tropas en el puerto adriático de Antivari.[36]​ Ese mismo mes los austrohúngaros presentaron una nueva oferta: el Trentino —cuyos límites se debían negociar— a cambio de la neutralidad italiana y la aquiescencia de Roma a las actividades austrohúngaras en los Balcanes.[38]​ Los italianos rehusaron la propuesta el 8 de abril y exigieron todo el Tirol meridional hasta el puerto de Brennero, los distritos de Gorizia, Gradisca y el archipiélago de Curzola, la autonomía de Trieste e Istria y libertad para actuar sin cortapisas en Albania.[38]​ El 16 de abril los austrohúngaros rechazaron estas reclamaciones y simplemente repitieron su oferta de ceder el Trentino tras la guerra, lo que bloqueó las negociaciones.[38]

A las malogradas conversaciones con los Imperios centrales se unió la presión aliada destinada a que Italia abandonase definitivamente la neutralidad y se uniese a la Entente.[20]​ Esta empleó para ello la dependencia italiana del Reino Unido, a la que Francia pretendió sumarse.[39]​ La presión económica vino acompañada de las acciones para influir tanto en el Gobierno como en la población para que Italia entrase en guerra.[40]​ Se multiplicaron los tratos con las diversas corrientes políticas, desde la ultraderecha a la izquierda favorable a la participación en el conflicto, pasando por los grupos católicos.[40]​ El embajador francés financió con sus fondos secretos la creación del Il Popolo d'Italia, del exsocialista Benito Mussolini, partidario de la Entente.[40]​ La propaganda aliada tuvo un gran efecto en la opinión pública, lo que aumentó el apremio sobre el Gobierno para que se decantase por entrar en la contienda.[41]​ Por insistencia de Alemania y del Vaticano, el imperio hizo una última oferta el 9 de mayo, cuando Italia ya había abandonado la alianza con los imperios centroeuropeos: estaba dispuesto a ceder todo el Trentino, un franja al oeste del Isonzo, a permitir las actividades italianas en Albania, a conceder autonomía a Trieste y a estudiar la situación de Gorizia y de las islas dálmatas.[42]

El 4 de marzo, el Gobierno italiano reanudó las negociaciones con los Aliados mediante la presentación de un nuevo memorando que contenía las reivindicaciones del país.[43]​ Este sirvió de base a las conversaciones que concluyeron con la firma del pacto de alianza en abril.[41]​ Además del concurso ruso y francés contra Austria-Hungría y del sostén económico británico, los italianos esperaban concesiones territoriales.[44]​ Exigían el Trentino en su totalidad, y fijar la nueva frontera en los Alpes, lo que equivalía a reivindicar ciertas tierras con mayoría de población germanoparlante (el Alto Adigio).[45]​ En el Adriático, limitaban sus exigencias originales a tres regiones de la costa oriental: Istria, Trieste y Pola; dos tercios de la costa dálmata[nota 8]​ —trescientos setenta y cinco kilómetros— y el puerto de Valona, que ya ocupaba desde diciembre del año anterior y que dominaba el estrecho de Otranto.[45][47][48]​ Pedían asimismo la desmilitarización de la bahía de Cattaro.[45]​ En Asia y África, expresaban el deseo de obtener Adalia en caso de que se disgregase el Imperio otomano y rectificaciones fronterizas a su favor en Somalia y Libia en caso de que franceses y británicos se apoderasen de las colonias alemanas.[45][49]​ El principal escollo para el acuerdo provino de Rusia, que trató de defender los intereses serbios en la costa adriática;[48]​ los deseos franceses de llegar a un rápido acuerdo y las continuas derrotas rusas ante los alemanes en marzo y abril allanaron finalmente el pacto.[50]​ Los rusos cedieron el 1 de abril y los británicos se lo comunicaron a los italianos el 9; el 14 los italianos aceptaron lo acordado con aquellos, pero pidieron un mes para prepararse a entrar en la contienda.[51]​ El 26 de abril de 1915, el país firmó el Tratado de Londres, en virtud del cual se comprometió a entrar en guerra en menos de un mes.[6][47][52]​ Salandra había comprometido al país en el conflicto sin contar con el Parlamento.[14]​ El 3 de mayo, el país se retiró formalmente de la Triple Alianza.[42]

El acuerdo desató una grave crisis política.[53]​ La firma del tratado sin el conocimiento del Parlamento era un acto inconstitucional.[16]Giovanni Giolitti acaudilló a los que se oponían a la entrada en la guerra (sus propios partidarios, la menguada aristocracia, los socialistas y algunos grupos católicos),[54][55][56]​ con el apoyo de Alemania.[57][49]​ La última oferta austrohúngara le parecía suficiente y reportaría nuevos territorios sin tener que sufrir las penurias de una guerra.[49]​ En principio, Giolitti se granjeó el apoyo de la mayoría de los diputados y senadores, que exigían que el tratado se sometiese a votación para poder rechazarlo.[57]​ A esta maniobra se opusieron desde el rey,[58]​ que amenazó con abdicar si no se aceptaba el acuerdo con la Entente, hasta los movimientos populares intervencionistas —subvencionados por los Aliados—[59]​ que desataron grandes manifestaciones contra los partidarios de la neutralidad.[57]​ El Gobierno colaboró con el aplastamiento sangriento de las contramanifestaciones opuestas a la guerra.[57]​ Los que abogaban por la neutralidad, amedrentados, acabaron por ceder:[58]​ el 18 de mayo Giolitti abandonó Roma; el 20, el primer ministro Salandra obtuvo por amplia mayoría poderes excepcionales para gobernar durante la contienda;[16]​ el 22[60]​ el Consejo de Ministros proclamó la movilización general y al día siguiente[47]​ el país entró en guerra.[57][61]​ Lo hizo declarando la guerra a Austria-Hungría, pero no a Alemania.[47][61]​ La votación supuso una victoria temporal para los belicistas (denominados «intervencionistas») frente a los neutralistas, pero no acabó con la división entre ellos,[55][62]​ que afectaron a todas las corrientes políticas del país, desde la derecha a la extrema izquierda.[58]​ El primer grupo, minoritario en el Parlamento, logró mantenerse en el poder acusando a los contrarios a la contienda de derrotistas.[63]​ La población, por su parte, también estaba dividida: una mayoría seguía siendo contraria a la guerra, pero una minoría muy activa abogaba por participar en ella.[60][64]

Debilidades y ventajas italianas[editar]

Pese a haber decidido finalmente participar en el conflicto mundial, Italia sufría una serie de debilidades. Para no provocar a los beligerantes, no había llevado a cabo preparativos militares.[65]​ No existía plan de movilización.[60]​ La rebelión de Libia había agotado[66]​ las reservas militares y contaba con un escaso presupuesto militar, que pretendía completar con un empréstito británico.[65]​ El país se encontraba además sumido en una crisis económica, agudizada por la vuelta de cuatrocientos setenta mil emigrantes, que hizo crecer el paro.[65]​ Por añadidura, el Gobierno esperaba que la guerra durase poco —dos o tres meses—,[67]​ por lo que no preparó planes para transformar la industria nacional para la producción bélica ni para asegurar las importaciones durante el conflicto.[68]

En el ejército de tierra, uno de los graves problemas era la escasez de artillería pesada y de ametralladoras,[69]​ mucho menor en cantidad que la del enemigo.[70][nota 9][60]​ La munición también era insuficiente, apenas para unos días de combate al ritmo de consumo del frente occidental.[70]​ Otro grave problema era que los combates se centrarían en los Alpes orientales y la red ferroviaria italiana, principal medio de movilización y concentración de tropas, era deficiente en las conexiones este-oeste (las líneas principales eran las norte-sur) y solo el 21 % del trazado era de doble vía.[21]​ Para transportar seiscientos ochenta mil soldados al frente austriaco, las tres líneas férreas disponibles tardaron seis meses, lo que desbarató los planes ofensivos del alto mando.[71]​ El terreno, montañoso, también favorecía claramente a los defensores.[60]

En cuanto a la Armada, la italiana contaba con algunas desventajas: sus planes de campaña se habían preparado para combatir a Francia, no a Austria-Hungría; era la quinta del mundo, pero había sido superada en tamaño por la alemana; y contaba con un Estado Mayor desde hacía relativamente poco (1907).[72]

Como ventajas, los italianos contaban con unidades de infantería de gran calidad[73]​ y una notable superioridad numérica sobre los austrohúngaros:[60]​ frente a los seiscientos mil de estos, podían reunir un millón cincuenta mil soldados.[74][nota 10]

Periodo bélico (1915-1918)[editar]

Entrada en guerra[editar]

Primeras batallas en los Alpes[editar]

El 26 de mayo de 1915, el país declaró la guerra al vecino Imperio austrohúngaro.[3][76]​ Aunque el mando teórico correspondía al rey, el real estaba en manos del general Luigi Cadorna,[nota 11]​ excelente organizador y experto en artillería, pero distante, arrogante e incapaz de colaborar con sus subordinados.[78][77]​ Su estrategia para la contienda, poco imaginativa como la de muchos de sus colegas de la época, consistía en atacar frontalmente las líneas enemigas.[78][60]​ Por entonces Italia solo tenía dos cuerpos de ejército en la frontera austrohúngara.[79]​ El resto de las veintisiete divisiones tenían aún que reunirse, para lo que tardaron veintiún días, frente a un enemigo ya movilizado.[79]

La ciudad de Gorizia, primer objetivo de las ofensivas italianas en el río Isonzo, que también aparece en la imagen. El plan italiano preveía tomar la población para avanzar luego hacia Liubliana, pero los sucesivos asaltos a las posiciones austrohúngaras fracasaron.

Los austrohúngaros emplearon el periodo de movilización italiano para reforzar sus posiciones en las alturas que dominan los valles alpinos y en preparar una defensa con varias líneas.[79]​ Cuando Italia declaró la guerra, el imperio solo contaba con cien mil soldados en la frontera común, concentrados principalmente en el Trentino (o Tirol meridional) y en la zona del Isonzo y de las cercanías de Trieste.[76]​ Pese a estar en una clara inferioridad numérica de uno a tres, contaban con la ventaja de hallarse a la defensiva en terreno montañoso.[79][76]​ La línea de defensa imperial se fijó a lo largo del río Isonzo, que fluye desde el Tirol hasta Istria.[79]​ La defendían catorce divisiones, con abundantes unidades especializadas en el combate en la montaña y abundante artillería, tanto pesada como ligera.[80]

Por su parte, los italianos desplegaron treinta y cinco divisiones encuadradas en cuatro ejércitos:[81]​ el 1.º entre la frontera suiza y el río Brenta, el 4.º entre este y Tolmino, el 2.º entre Tolmino y Gorizia y el 3.º entre esta y el mar.[82]​ El objetivo del primer ataque era tomar Gorizia y abrir la ruta a Liubliana.[82][83]​ La falta de efectivos impidió atacar simultáneamente en el Trentino, así que el mando italiano optó por hacerlo en la zona del Isonzo y mantenerse a la defensiva los otros sectores.[83]​ En el primer choque —la primera batalla del Isonzo— participó el 2.º Ejército en junio y julio (del 23 de junio al 3 de julio);[84]​ las defensas austrohúngaras detuvieron en seco la acometida e infligieron copiosas bajas al enemigo.[82]​ Los italianos contaban con que rusos y serbios atacasen simultáneamente,[77]​ pero los serbios, disgustados por la promesa hecha a Italia de obtener Istria y Dalmacia que les habían confesado los rusos y debilitados por una grave epidemia de tifus, decidieron permanecer pasivos.[81]​ Las ofensivas rusas en los lagos masurianos y en los Cárpatos se saldaron con sendas derrotas.[81]​ La siguiente Ofensiva de Gorlice-Tarnów obligó a los rusos a retirarse y les infligió ciento cuarenta mil bajas.[81]

Pese al fracaso, Cadorna mantuvo el plan ofensivo, que repitió estérilmente en las siguientes tres batallas del Isonzo: la segunda, del 18 de julio al 4 de agosto;[84][nota 12]​ la tercera, del 18[84]​ de octubre al 24 del mismo mes; y la cuarta, disputada entre el 12 de noviembre y el 2 de diciembre.[82][85][83]​ En total, los italianos sufrieron sesenta y dos mil muertos y ciento setenta mil heridos en esta serie de inútiles asaltos frontales, un 20 % de bajas del millón de hombres que formaban el ejército.[82][nota 13]​ Las bajas italianas duplicaban las del enemigo.[83]​ La entrada en guerra de Italia no solo no condujo a la victoria aliada, sino que ni siquiera impidió que los Imperios centrales arrebatasen su parte de Polonia a Rusia o invadiesen Serbia y Montenegro.[83]

La serie de sangrientas derrotas evidenció la incompetencia del alto mando que, junto a la desastrosa gestión financiera, originó en 1917 una grave crisis y un agudo desánimo entre la población.[86]​ El alto mando francés, que había esperado grandes avances en el nuevo frente italiano, quedó frustrado por los magros resultados de los asaltos y consideró a partir de entonces que este frente era secundario.[87]

Otros acontecimientos[editar]

Para calmar las suspicacias del resto de Aliados, Italia declaró la guerra al Imperio otomano el 21 de agosto de 1915, tras una intensa campaña antiotomana en la prensa.[88]​ El Gobierno, por el contrario, se negó a hacer lo propio con Alemania, lo que disgustó al Gobierno parisino.[89]

En África, Italia trató en vano de recobrar Libia.[90]​ Las fuerzas italianas fueron batidas en Uadi Marsit y Kars ben Ali.[90]​ La ayuda francesa fue mínima, puesto que Francia no deseaba enemistarse con los sanusíes, que mantenían un importante comercio caravanero con las colonias francesas en el Magreb y que recibieron armamento de Alemania y el Imperio otomano para armar treinta mil guerreros.[91]​ Ante la imposibilidad de reconquistar fácilmente la región, los italianos se limitaron en 1915 y 1916 a mantenerse en algunos puertos.[92]

Reveses navales de 1915[editar]

La Armada contaba con un total de 498 000 toneladas, frente a las 372 000 de la austrohúngara, la sexta del mundo en tamaño.[93][87]​ En la parte oriental del país tenía tres bases navales, las de Tarento, Brindisi y Venecia.[94]​ Por su parte, los austrohúngaros gozaban de una ventaja fundamental: la estrechez del Adriático les permitía acometer rápidas incursiones en la indefensa costa italiana desde sus bases en Trieste, Pola y Cattaro sin que el enemigo tuviese tiempo para reaccionar con sus grandes navíos.[94]​ Según lo previsto en la convención naval del 10 de mayo, adjunta al texto principal del Tratado de Londres, el Reino Unido aportó a la defensa de Italia cuatro acorazados y otros tantos cruceros ligeros y Francia, doce contratorpederos, ocho torpederos, nueve submarinos, una escuadrilla de hidroaviones, un dragaminas y un acorazado antiguo.[95]​ En total, la ayuda naval francobritánica equivalía al tamaño de la flota austrohúngara.[95]​ Además, Francia, que había pactado con el Reino Unido ostentar el mando conjunto en el Mediterráneo, cedió el del Adriático a Italia.[95][87]​ Para dominar estas aguas, el reino contaría con dos flotas: la principal fondeada en Brindisi y la secundaria, en el puerto tunecino de Bizerta.[95]

Los austrohúngaros tomaron la iniciativa con una serie de ataques a lo largo de todo el Adriático el 24 de mayo, desde Venecia a Brindisi.[96]​ Golpean catorce puertos y acosan a los mercantes enemigos con cuatro submarinos.[96]​ Los italianos respondieron con una serie de incursiones ineficaces en Dalmacia a principios de junio.[96]​ Privada de tropas terrestres para abordar la conquista de Cattaro, la Armada tuvo que contentarse con ocupar algunas islas del Adriático (Pelagosa y Lagosta) para tratar de atraer a la austriaca y librar la ansiada gran batalla naval que la aniquilase.[97][87]​ Los austrohúngaros, por su parte, evitaron tal choque.[87]​ Los intentos italianos de apostar navíos más veloces en el Adriático para frustrar las incursiones enemigas no dieron fruto, puesto que las naves austrohúngaras eran más rápidas que aquellos.[96]​ Por añadidura, los submarinos imperiales hundieron algunos acorazados durante el verano (el Amalfi el 7 de junio y el Giuseppe Garibaldi el 18 de julio).[98]

Entre el 20 de julio y el 5 de agosto, los austrohúngaros llevaron a cabo una ofensiva contra la costa italiana entre Grottammare y Termoli en la que, sin embargo, no pudieron recuperar Pelagosa, defendida denodadamente por su guarnición.[98]​ Lo volvieron a intentar poco después con grandes medios que convencieron a los italianos de la conveniencia de evacuar la isla a mediados de agosto.[99]​ Los submarinos austrohúngaros también consiguieron hundir veintiuna mil toneladas de mercantes enemigos, lo que obligó a franceses y británicos a enviar a su vez unidades submarinas propias (dos los primeros y doce los segundos) para tratar de frenar esta sangría y proteger el comercio marítimo.[99]​ A finales de año, además de implantar una nueva estrategia de defensa naval, franceses y británicos sometieron al mando italiano una serie de barcos de guerra y de mercantes; el 66 % de la escuadra italiana y el 30 % de la marina mercante provenían de estas cesiones francobritánicas.[99]​ El año concluyó, sin embargo, con una victoria naval italiana: en un infructuoso intento de destruir la base aeronaval enemiga en Dirraquio, los austrohúngaros perdieron cuatro destructores.[100]​ Pese a esto, en los siete primeros meses de guerra, la Armada perdió un tercio de su tonelaje.[101]

El año se cerró con la operación de rescate de los restos del ejército serbio, que se retiraba a través de Albania de la persecución enemiga.[102]​ La pagaron equitativamente entre el Reino Unido, Francia y Rusia, que impusieron los puertos que se iban a utilizar —Dirraquio y San Giovanni di Medua— a Italia, considerada hostil a Serbia y por ello poco fiable para dirigirla por sí misma.[102]​ El mando conjunto se otorgó a Francia, pese a que las operaciones en el Adriático estaban bajo mando italiano.[103]​ A Italia se le encargó, empero, la protección de los transportes que iban a evacuar a las tropas.[103]​ Por entonces, tenía treinta y dos mil soldados en Albania, casi todos concentradoe en Valona.[104]​ Por su parte, los austrohúngaros trataron de desbaratar la operación mediante tres ataques navales el 5, 6 y 29 de diciembre.[103]​ El grueso de la flota imperial marchó a Cattaro para participar en la acometida y el 4 de diciembre hundió un crucero italiano.[103]​ Los ataques austrohúngaros del 5 y 6 de diciembre a San Giovanni y Dirraquio respectivamente, en los que los italianos no consiguieron repeler al enemigo, que hundió varios transportes, minó definitivamente la confianza del resto de Aliados en la Armada italiana.[103]​ Francia decidió reforzar su participación en el rescate y en el combate naval del 29 de diciembre, las pérdidas resultaron más equilibradas: los austrohúngaros perdieron cuatro barcos, tres y un submarino los Aliados.[103]​ El rescate concluye el 22 de enero en San Giovanni y el 9 de febrero en Dirraquio, aunque las tropas de tierra italianas que habían cubierto el embarque serbio se retiraron algunos días más tarde, tras haber sufrido graves pérdidas.[105]​ La evacuación comportó el traslado de doscientos sesenta mil serbios y prisioneros austrohúngaros, entre ellos ciento sesenta mil soldados aliados.[105]​ Los soldados serbios son trasladados a la cercana isla de Corfú; luego, en abril de 1916, se desplegaron en el frente macedonio.[106]

Efectos económicos y sociales[editar]

La guerra acabó temporalmente con el problema del paro mediante el reclutamiento de gran cantidad de hombres.[107]​ Aunque perjudicó a la agricultura, privada de parte de la mano de obra que le era menester, favoreció a la industria mediante los pedidos de material bélico.[107]​ El buen precio pagado por el Estado y los bajos salarios permitieron a los dueños de las industrias siderúrgicas, mecánicas y automovilísticas obtener notables beneficios de la entrada en guerra del país.[107]

1916: mejora en la situación militar y cambio de Gobierno[editar]

Contraataque austrohúngaro y nuevos combates en el Isonzo[editar]

Franz Conrad von Hötzendorf, jefe del Estado Mayor austrohúngaro, propuso a su homólogo alemán Erich von Falkenhayn un embolsamiento del ejército italiano mediante una ofensiva desde el Trentino hacia Venecia que debía permitirles luego atacar el sur de Francia.[86][108]​ Von Falkenhayn, que creía que los efectivos necesarios para tal maniobra no le hubiesen permitido abordar la operación de desgaste de Francia en Verdún rehusó enviar nuevas divisiones alemanas al frente oriental como le solicitaba Conrad.[109][110]​ A pesar de esto, los austrohúngaros decidieron llevar a cabo la maniobra por su cuenta,[110]​ concentrando en el Trentino catorce divisiones.[109]​ en total dos ejércitos y cuatro cuerpos de ejército (ciento dos batallones) se dispusieron frente al 1.er Ejército italiano, cuya primera línea estaba muy separada de las siguientes y no había recibido refuerzos suficientes para frenar la prevista ofensiva enemiga.[109]

El 15 de mayo, tras un bombardeo de dos días que desbarató la primera línea italiana, empezó el embate de la infantería.[109]​ El 28 de mayo, los austrohúngaros, que seguían avanzando hacia el sur, se apoderaron de Asiago[110]​ y Arsiero.[111]​ Cadorna tuvo que socorrer al 1.er Ejército mediante el envío de unidades del resto de los desplegados en el frente y la creación de uno nuevo de reserva, con diez divisiones, que se concentró en Vicenza.[111][110]​ El 30 de mayo comenzó el contraataque italiano, que coincidió con la Ofensiva Brusílov, adelantada para aliviar la presión en el frente italiano.[112][113]​ A mediados de julio, los italianos habían recobrado la mayoría del territorio perdido, pero a costa de cien trece mil nuevas bajas.[112]​ El éxito de la defensa italiana se debió principalmente a la habilidad con la que se usó el ferrocarril para crear el nuevo 5.º Ejército, clave para repeler la invasión enemiga.[112]

Repelido ya el embate austrohúngaro en el Trentino, los italianos retomaron los preparativos para una nueva ofensiva en el Isonzo, que empezó el 6 de agosto.[114][113]​ Esta vez el plan se adecuó más al terreno y permitió avanzar: el 9 de agosto los italianos conquistaron por fin Gorizia y prosiguieron la marcha por la desolada meseta del Carso.[114][113]​ El 16 de agosto, los austrohúngaros pudieron finalmente detener al enemigo que, sin embargo, se alzó con la victoria en esta la sexta batalla del Isonzo.[114][nota 14]​ A esta victoria que sirvió para mejorar el ánimo tanto del ejército como de la población en general, le siguieron una nueva serie de carnicerías inútiles: la séptima (14-16 de septiembre), octava (10-12 de octubre) y novena (1-4 de noviembre) batallas del Isonzo.[115][116]​ En estos cruentos combates los italianos perdieron treinta y siete mil soldados muertos y ochenta y ocho mil heridos; las bajas enemigas fueron un 30 % menores.[115]

Otros frentes[editar]

Dada la creciente tensión con Francia, Sonnino decidió ceder a las peticiones de esta y enviar el 11 de agosto una división al frente macedonio, donde ya estaban desplegados ciento cincuenta mil soldados franceses y cien mil serbios.[117]​ La rivalidad italo-yugoslava por la posesión de los Balcanes agudizaba la tensión entre Roma y París, que defendía las pretensiones serbias y yugoslavas del Comité Yugoslavo.[117]​ Italia, por su parte, deseaba el mantenimiento de la independencia montenegrina para servirse del reino balcánico como punto de penetración en la región.[118]​ Al mismo tiempo, tenía que lidiar con la enemistad albano-montenegrina, pues Albania seguía siendo la base de las ambiciones italianas en los Balcanes.[119]

Más al este, los italianos se enfrentan al nacionalismo griego, con el que se disputan el sur de Albania, que para los griegos es el Epiro Septentrional.[120]​ Cuando en octubre Eleftherios Venizelos parte a Salónica a formar su Gobierno provisional de Defensa Nacional, los italianos desembarcaron tres mil soldados más en Saranda y ocuparon seguidamente Argirocastro y Delvina.[121]​ Esta acción permite la unión de las posiciones italianas en Albania con las del Ejército de Oriente en Grecia, pero las relaciones entre ambos ejércitos es mala, pues en el fondo las dos naciones se disputan la influencia en la zona.[121]

Mejora de la situación en el mar[editar]

Dado que los austrohúngaros continuaban la guerra submarina en el Adriático hundiendo tanto buques mercantes como de la Armada[nota 15]​, los italianos decidieron producir un nuevo barco ligero y rápido diseñado para la incursiones rápidas,[123]​ el MAS (Motoscafo Armato Silurante), una especie de lancha torpedera.[122]​ En el verano, comenzaron a emplearlos en ataques relámpago: el 7 de junio dos de ellas hundieron un carguero en la rada de Dirraquio; el mes siguiente otras dos torpedearon un crucero en Pola y minaron el puerto.[122]​ Para proteger las costas, se dispusieron diez trenes con artillería pesada.[122]

Cambio de Gobierno[editar]

La falta de victorias decisivas y la perpetuación de la división entre intervencionistas y neutralistas hicieron caer finalmente el gabinete Salandra en junio.[124]​ El ataque austrohúngaro sirvió como justificación para que la mayoría parlamentaria, favorable a Giolitti y hostil a Salandra, votase contra este en la cuestión de confianza planteada por el primer ministro.[125]​ Salandra, cansado de tener que lidiar con la oposición en las Cortes y con Cadorna, decidió dejar paso a otro Gobierno.[126]​ El 10 de junio se formó en consecuencia un nuevo gabinete de unión nacional presidido por Paolo Boselli,[55]​ que poco antes había tratado con Salandra para entrar en el Consejo de Ministros.[126]​ Boselli, que a la sazón contaba setenta y ocho años, trató de acabar con la fractura política formando su Consejo de Ministros con hombres de distintos partidos.[124][55]​ Los más poderosos eran Sonnino, que conservó su cartera de Asuntos Exteriores y representaba a los intervencionistas de derecha; Bissolati, su equivalente de izquierda; y Vittorio Orlando, que había tenido buenas relaciones con los socialistas y los seguidores de Giolitti, a los que se pretendía que atrajese desde su puesto de ministro del Interior.[127]​ En vez de aunar las fuerzas de los distintos sectores, el nuevo Gobierno resultó simplemente una reunión de posiciones discordantes, cuyo concierto se fue complicando con el tiempo.[127]

1917: la crisis[editar]

Penurias y revueltas civiles[editar]

La guerra submarina enemiga, que mermó las importaciones de alimentos, y las necesidades del Ejército, que detrajo parte de ellos para uso militar, impidieron que la población civil pudiese alimentarse adecuadamente.[128]​ La escasez de alimentos originó inflación y descontento.[128][129]​ A esta penuria[129]​ se añadieron las largas jornadas de trabajo en las fábricas, impuestas por los industriales con la aquiescencia gubernamental y la imposición de un régimen de producción casi militar.[128]​ En las ciudades, surgieron movimientos de protesta, encabezados fundamentalmente por mujeres, movilizadas para sustituir a los hombres enviados al frente en las fábricas.[128]​ En mayo de 1917, las manifestaciones, esencialmente pacifistas, se tornaron casi en rebeliones en el norte del país.[128][130]​ Pese a la actitud contraria del Partido Socialista Italiano, el movimiento de protesta se redobló durante la primavera y el verano.[131]​ Las huelgas se extendieron y los huelguistas tomaron como modelo de aspiraciones el pacifismo revolucionario ruso, sin que el Gobierno supiese hacerles frente.[132]​ El 22 de agosto, la falta de pan en Turín desató una gran rebelión que no pudieron sofocar ni el ayuntamiento ni los dirigentes socialistas.[133]​ Ante la incapacidad de la policía para someter a los revoltosos, que saquearon varios comercios, el prefecto desplegó al ejército.[133]​ Las primeras tropas se negaron a disparar contra la multitud, por lo que se desplegaron unidades selectas, que recobraron el control de la ciudad tras un matanza de manifestantes.[134][135]​ El Gobierno, incapaz de poner fin pacíficamente a las protestas, cedió la tarea al ejército, que aplastó la rebelión; el coste fue el socavamiento la autoridad gubernamental y la división de la sociedad italiana.[134]

Desánimo en la tropa[editar]

Para mediados de 1917, 410 000 italianos habían muerto en combate y 588 000 habían sido heridos en los dos años de guerra, un 20 % del número de hombres reclutados.[136]​ Este coste inmenso en vidas, que crecía con cada nueva ofensiva, no había producido avances sustanciales, lo que suscitó la desconfianza de los soldados en el mando.[136]​ En dos años de guerra, Italia se había apoderado aproximadamente de 30 km² de territorio enemigo.[137]​ Fomentó asimismo las deserciones, la insubordinación y las mutilaciones para abandonar el frente.[138]​ Para luchar contra estas, el mando contaba con un reglamento militar obsoleto de 1869 que conllevaba la aplicación de una disciplina férrea y de severos castigos.[138]​ En tres años de guerra, los tribunales militares condenaron a 400 000 soldados por insubordinación, a 470 000 por negarse a combatir y a 101 000 por deserción; alrededor de 1000 fueron fusilados.[138]​ En total, un 8 % de los soldados fueron condenados por algún delito militar.[138]

Reveses en el mar[editar]

A finales de enero de 1917, el mando del bloqueo naval del estrecho de Otranto, en el que participaban unas ciento cincuenta embarcaciones menores especializadas en la lucha antisubmarina, pasó al Reino Unido.[139]​ El bloqueo era vulnerable al ataque enemigo, puesto que las pequeñas naves que lo mantenían no tenían protección de buques mayores.[140]​ Los austrohúngaros lo acometieron el 15 de mayo en la mayor operación naval de la guerra en el Adriático.[140]​ Eliminaron la mitad de los cuarenta y siete barcos antisumarinos que en ese momento mantenían el bloqueo.[140]​ En los combates siguieron por la persecución aliada de los navíos enemigos, estos hundieron un destructor y un acorazado ligero.[141]​ Como consecuencia de esta derrota, la Armada, desprestigiada ante los británicos y los franceses, hubo de ceder el mando de las operaciones antisubmarinas en el Adriático a los británicos.[141]

Situación política[editar]

En abril se celebró una reunión entre británicos, franceses e italianos en Saint-Jean-de-Maurienne en la que, a cambio de la aquiescencia italiana a compensar a Grecia por entrar en guerra, Italia obtuvo la promesa de nuevas concesiones en Anatolia.[59]

El llamamiento a la paz del papa Benedicto XV tuvo dos efectos principales en Italia: minar el ánimo de los combatientes y reforzar a la fracción giolittista de las Cortes, que reanudó la oposición a la guerra en el Parlamento y las críticas al gabinete Boselli.[142]​ Este, que solo contaba con el respaldo de la izquierda belicista y los nacionalistas, se encontraba en minoría en las Cámaras.[143]​ La tensión en las calles y en el frente, desde donde Cadorna clama contra los «enemigos internos» que en su opinión minaban el ánimo de la tropa y se habían infiltrado en todo el Estado, mantuvo el Parlamento en ebullición casi permanente desde mayo hasta octubre, cuando la debacle de Caporetto tumbó finalmente al Gobierno de Boselli.[144]​ Los belicistas desencadenaron una dura campaña contra el P. S. I. y los comunistas, alarmados en parte por los acontecimientos en Rusia.[145]

El 25 de octubre, al día siguiente de que el ministro de Defensa anunciase al Parlamento el desencadenamiento del ataque enemigo en Caporetto, el Gobierno fue recusado por la Cámara por amplia mayoría.[146][nota 16]Vittorio Orlando asumió la presidencia de otro Gobierno de coalición de todos los partidos salvo el socialista,[147]​ con algo más de peso para la izquierda belicista, pero con la misma falta de concierto que el anterior.[148]​ La unión parlamentaria temporal en respaldo de un Orlando ya más dispuesto a reprimir a los pacifistas se hizo fundamentalmente contra los socialistas, que fueron objeto de una campaña de persecución, pese a su pasividad general.[149]

Fracaso en el Isonzo y el descalabro de Caporetto[editar]

Esquema de la batalla de Caporeto, que hizo retroceder el frente nororiental de la línea del río Isonzo a la del Piave

Entre mayo y junio se libró una nueva batalla en el Isonzo, sin que los italianos lograsen avanzar.[143]

Entre el 26 de octubre y el 9 de noviembre fundamentalmente, se libró la batalla de Caporetto.[150][151]​ En los primeros diez días de combates, el enemigo avanzó velozmente y eliminó un cuarto de las tropas italianas (hizo ciento ochenta mil prisioneros y precipitó al deserción de cuatrocientos mil soldados).[152]​ El 4 de noviembre, ante la imposibilidad de detener al enemigo en el río Tagliamento, los italianos se replegaron al Piave, en la que se atrincheraron el día 9.[153]​ Los italianos sufrieron en la batalla 10 000 muertos, 30 000 heridos y 293 942 prisioneros; se calcula además que otros 400 000 soldados desertaron.[154][nota 17]​ En cuanto al armamento, perdieron 300 000 fusiles, 3000 ametralladoras, 1732 morteros y 3152 cañones.[154][155]​ En apenas unos días de combate, Italia había perdido más territorio del que había conquistado en dos años de guerra al precio de novecientas mil bajas.[151]​ Económicamente, las pérdidas también fueron muy graves: el Friul y en Véneto eran regiones ricas donde además se concentraba gran parte de las fábricas de armamento.[156]​ El Véneto era la tercera región del país en producción industrial y la primera en la agrícola; descollaba en producción de trigo.[156]​ El Friul tenía un tercio de la industria armamentística nacional.[156]​ El enemigo había ocupado totalmente las provincias de Belluno y Udine y partes de las de Treviso, Venecia y Vicenza; en los territorios perdidos residían 1 150 000 personas.[151]

Para sostener al ejército italiano, británicos y franceses enviaron una decena de divisiones, solicitadas por el Gobierno italiano el 27 de octubre.[157]​ La debacle supuso la subordinación del país a los principales aliados, cuya ayuda necesitaba para sostenerse económica y militarmente.[158]​ Francia y el Reino Unido exigieron el relevo de Cadorna, que ya había sido previsto por los italianos y la formación de una Junta Suprema de Guerra para coordinar las operaciones militares.[159]​ En la batalla del Piave, las divisiones italianas complementadas por las francesas e italianas detuvieron el avance enemigo.[160]

A finales de año se disputaron una serie de cruentos combates, las llamadas «batallas de la Navidad», que no cambiaron esencialmente la situación.[161]

Otros frentes[editar]

En junio, el jefe militar italiano en Albania respondió a la proclama austrohúngara de defender la independencia albanesa —bajo tutela imperial— con otra similar, que disgustó a la Entente.[162]

1918: victoria final[editar]

Entre diciembre de 1917 y octubre de 1918, los italianos se mantuvieron a la defensiva en el frente alpino.[163]​ Los primeros meses los dedicaron a reconstruir el ejército, malparado en la debacle de Caporetto.[163]​ Recibieron para ello abundante material británico y francés.[164]​ Las once divisiones francesas y británicas mientras cubrieron unos treinta kilómetros del frente, entre Nervesa y Pederobba.[163][nota 18]​ La reconstitución del ejército se basó fundamentalmente en la experiencia de Pétain en Francia tras los motines de 1917.[165]

A mediados de junio, los austrohúngaros abordaron su última ofensiva en Italia, la batalla del Piave, que resultó un fracaso.[166]​ No lograron conquistar terreno.[167]​ Entre el Val d'Astico y el río Brenta, los Aliados recuperaron en pocos días el escaso terreno perdido.[168]​ Los austrohúngaros no pudieron apoderarse del monte Grappa, clave del sistema defensivo italiano.[169]​ A lo largo del río, los italianos pudieron detener el primer empuje enemigo a los pocos días de empezar la batalla.[169]​ El 23 de junio, los austrohúngaros habían vuelto a las posiciones de partida.[169]​ El 29 los italianos emprendieron una serie de ataques limitados que les permitió recobrar algunas posiciones y destruir cuatro divisiones selectas del enemigo.[170]​ Este revés imperial supuso una victoria defensiva italiana.[163]​ A partir de ese momento, los austrohúngaros perdieron la iniciativa en el frente italiano.[171]​ Las bajas italianas fueron tan numerosas —ochenta mil, entre muertos y heridos—,[172]​ no obstante, que el alto mando se negó a contraatacar de inmediato como solicitaron británicos y franceses y pospuso la prevista ofensiva del verano a finales del otoño.[173]​ El alto mando italiano pensaba que el ejército todavía no estaba listo para retomar la ofensiva y que no había prisa por atacar, puesto que la guerra duraría al menos hasta 1919; el primer ministro Orlando compartía esta opinión.[174]​ A esta tendencia a la pasividad se oponía se alto mando aliado, que esperaba que, tras la victoria en el Piave, los italianos abordarían una acometida contra el debilitado enemigo.[174]​ Las exhortaciones aliadas fueron vanas: los italianos se negaron a pasar al ataque, solicitando diez divisiones estadounidenses que el presidente Wilson, que deseaba concentrar sus fuerzas en el frente occidental, les negó.[175]

Italia acometió la última y victoriosa campaña de Vittorio Veneto en las últimas semanas de la guerra, para disgusto de Francia, que esperaba se hubiese verificado antes.[176]​ En efecto, en el frente occidental, los Aliados avanzaban desde agosto: en septiembre recuperaron Lille y el octubre Gante; en los Balcanes, la ofensiva de Franchet d'Espèrey precipitó la rendición búlgara y a principios de octubre liberó Belgrado;[175]​ mientras, los italianos no emprendieron ataque alguno hasta finales de octubre.[174]​ Foch, exasperado, ordenó nuevamente a Diaz que atacase a los austrohúngaros el 28 de septiembre; estos solicitaron el armisticio el 5 de octubre.[175]​ Diaz esperó hasta el 11 de octubre para empezar los preparativos de la ofensiva.[175]​ El ataque finalmente se inició el 24 de octubre; durante cuatro días, los austrohúngaros resistieron el embate enemigo, pero la entrada de Franchet d'Espèrey en Hungría y la proclamación de Estados independientes por parte de algunos comités nacionales acabaron con la defensa.[177]​ La mayoría de los soldados húngaros y eslavos abandonaron el frente, lo que permitió al enemigo abrir brecha en las líneas y avanzar por fin velozmente.[177]​ El 29 de octubre, los italianos progresaron cuarenta kilómetros y alcanzaron las orillas del río Livenza.[177]

Mar[editar]

El 10 de diciembre de 1917, dos lanchas italianas hundieron un buque austrohúngaro en la bocana de Trieste, con lo que bloquearon el puerto durante varios días.[178]​ En febrero de 1918, la marina enemiga quedó gravemente paralizada por un motín de parte de la marinería de los buques anclados en Cattaro, que presentaron una serie de exigencias políticas, sociales y económicas.[178]

Declive de la guerra submarina
(1918, pérdidas aliadas en toneladas)

Según Boudas p. 144.[179]

El 22 de abril cinco destructores austrohúngaros trataron de burlar el bloqueo del Adriático; no lo lograron, pero escaparon sin perder ningún navío.[180]​ El 10 de junio volvieron a intentarlo con fuerzas mucho mayores, pero se cruzaron con varias lanchas torpederas italianas que hundieron el SMS Szent István y el SMS Tegetthoff y dieron al traste con el plan.[181]

Por insistencia francesa, el mando naval italiano atacó el puerto de Dirraquio el 2 de octubre, para colaborar en el avance del Ejército de Oriente del general Franchet d'Espèrey, que esperaba con ello cercar al 16.º Ejército austrohúngaro.[182]​ El grueso de las unidades que participaron en el ataque, sin embargo, no fueron italianas, sino del resto de Aliados que participaban en las operaciones navales en el Adriático.[183]​ Los estragos fueron tantos que los austrohúngaros evacuaron la plaza el 11 de octubre.[182]​ El 17 del mes los motines en la Armada hicieron que Austria-Hungría abandonase la guerra submarina contra los Aliados, en la que Italia no había participado.[182][nota 19]​ La única ofensiva a gran escala de la Regia Marina durante 1918 fue la acometida de octubre de Dirraquio.[182]

En el Mediterráneo en general, la participación italiana en la protección del transporte fue casi nula; los Aliados lograron reducir las pérdidas a partir de mayo de 1918 mediante diversos sistemas, pero fueron franceses, británicos y estadounidenses los que los aplicaron, sin apenas colaboración italiana.[179]

Al día siguiente, los austrohúngaros solicitaron de nuevo el armisticio; entre la firma el 3 de noviembre y la entrada en vigor del alto el fuego el mediodía del día siguiente, los italianos aprovecharon para avanzar hasta Trieste y apresar cuatrocientos setenta mil soldados enemigos.[184]

La paz[editar]

La posguerra italiana fue un periodo de graves problemas de adaptación a la paz.[185][186]​ El país tenía una gran deuda externa y problemas comerciales, de transporte y abastecimiento.[185]​ La oligarquía industrial, muy reforzada por el aumento de producción durante la contienda, aumentaba su influencia política, en parte por sus estrechos lazos con las finanzas, el Ejército y la Administración.[185]​ Por otra parte, la experiencia bélica había tenido un efecto radicalizador entre millones de italianos, que deseaban hondas reformas que garantizasen sus derechos.[185]​ El P. S. I., nuevamente, pasivo, no supo encauzar las aspiraciones populares, que suscitaron gran agitación.[187]​ Las estrecheces atizaron el descontento entre obreros y campesinos y multiplicaron las huelgas: en 1914 había habido 781, en 1919 fueron 1860.[188]​ En marzo, Benito Mussolini fundó el Partido Fascista de Italia.[186]

En abril la Conferencia de Paz de París, trató el Adriático.[176][189]​ Hasta entonces, la actividad principal había sido la redacción del tratado de paz con Alemania, que era secundario para Italia.[190]Orlando y Sonnino defendieron infructuosamente las aspiraciones ultranacionalistas: el cumplimiento íntegro del Tratado de Londres y la cesión de Fiume.[191][192]​ Francia y el Reino Unido accedieron a cumplir el primero, pero no a entregar el segundo, mientras que los Estados Unidos rehusaron[193]​ ambas exigencias.[191][nota 20]​ La oposición estadounidense resultó decisiva.[194][195]​ El problema esencial para Italia era su frontera oriental, tanto terrestre como marítima, con el nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos.[190]​ Cuando el presidente Wilson hizo un llamamiento al Parlamento y al pueblo italiano, la delegación italiana se retiró de las conversaciones; al no recibir nuevas ofertas de sus socios, tuvo que volver precipitadamente a París el 6 de mayo, pero en una posición muy debilitada.[189]​ El Gobierno, que no logró resolver la cuestión fronteriza, cayó el 19 de junio.[196]

El descontento popular con la situación económica desencadenó graves disturbios a mediados de junio y ocupaciones de tierras y nuevas huelgas en agosto, que el Gobierno no supo afrontar.[197]​ Las elecciones de noviembre de ese año marcaron la derrota del liberalismo, que perdió la mayoría absoluta en las Cortes y de los intervencionistas y el auge de los socialistas,[198]​ que triplicaron sus escaños (156 diputados) y del Partido Popular católico, que obtuvo cien.[199]

El 23 de junio, Francesco Saverio Nitti sucedió al frente del Consejo de Ministros a Orlando,[200][201]​ destituido por una moción de censura, al tiempo que la derecha comenzaba a agruparse para enfrentarse a los socialistas violentamente.[202]​ El nuevo primer ministro trató de aplicar un programa de reformas moderadas para evitar la revolución, pero se enfrentó a una decidida oposición.[203]​ Los grupos industriales y militares rechazaban el acercamiento a los Estados Unidos y el desarme.[203]​ Los intervencionistas se oponían también a Nitti y organizaron la ocupación de Fiume el 12 de septiembre.[199][200]

En junio de 1920, los liberales volvieron a llamar a Giolitti que, con el país sumido en una crisis económica, no pudo sostener el sistema liberal anterior a la guerra que había dominado.[204]​ El fracaso de Giolitti llevó a una polarización aún mayor que favoreció a los círculos reaccionarios, que implantaron un régimen dominado por las nuevas burguesías industriales y agrarias.[204]

Notas[editar]

  1. Pese a esto, el país es aún eminentemente rural, con cinco millones de campesinos en minifundios de menos de una hectárea y la industria concentrada en el valle del Po (en torno a Milán, Turín, Verona y Venecia) y Roma.[5]
  2. Venecia era el principal puerto comercial del país —casi el 50 % del tránsito marítimo pasaba por ella— y el segundo militar, tras La Spezia.[8]
  3. El 95 % del carbón empleado por los ferrocarriles en tiempos de paz provenía del Reino Unido; el 5 % restante era estadounidense.[21]
  4. En cuanto al porcentaje de importaciones y exportaciones que correspondían a cada bando, la Entente y los Estados Unidos compraban el 50 % de los productos manufacturados y el 27 % de los agrícolas y los Imperio centrales, el 35 % y el 27%, respectivamente; el 58 % de las importaciones italianas provenían del primer grupo de naciones.[23]
  5. Por entonces Francia era la segunda potencia financiera mundial, tras el Reino Unido.[22]
  6. Trieste era un puerto crucial para Austria-Hungría, con un tráfico casi parejo al de Génova y muy superior al de la cercana Venecia.[24]​ El 90 % de los barcos que utilizaban el puerto eran austohúngaros, pero la mayoría de la población era de lengua italiana.[24]
  7. El marqués falleció de ataque cardíaco el 16 de octubre de 1914.[37]
  8. La población italoparlante de la región era minúscula: apenas el 5 % del total, concentrada fundamentalmente en las ciudades.[46]
  9. Los italianos tenían 456 cañones pesados, los austrohúngaros, 2300; en cuanto a las ametralladoras, dos por regimiento, el mismo número que una compañía enemiga.[70]
  10. Treinta y cinco divisiones con un total de trescientos nueve regimientos frente a las catorce austrohúngaras.[74]​ Hanks da un número diferente, si bien coincide en la gran superioridad numérica italiana: 549 batallones de infantería, 166 escuadrones de caballería y 434 baterías frente a los 234 batallones, 21 escuadrones y 155 baterías enemigas.[75]​ Ostenc coincide casi totalmente con el número de batallones de infantería con Hanks.[60]
  11. Era jefe del Estado Mayor desde junio de 1914.[77]
  12. En ella, los italianos sufrieron treinta mil bajas.[84]
  13. Un ejército se considera fuera de combate si pierde más de un 7 % de sus hombres.[82]
  14. Las pérdidas italianas, no obstante, fueron copiosas: 21 630 muertos, 52 940 heridos y 18 000 prisioneros. Capturaron 47 817 austriacos durante la batalla.[114]
  15. Tan solo entre el 16 de mayo y el 16 de junio, el enemigo hundió diez mercantes, dos cruceros y otros tantos destructores.[122]
  16. Trescientos catorce votos antigubernamentales y noventa y seis en su favor.[146]
  17. Saladino da cifras casi iguales, salvo la de desertores: habla de trescientos cincuenta mil desaparecidos.[151]
  18. Los británicos desplegaron ciento catorce mil soldados y los franceses ciento cincuenta mil.[164]
  19. Entre junio y octubre, franceses, británicos y estadounidenses hundieron ocho submarinos austrohúngaros, un cuarto de los que tenían estos.[182]
  20. El presidente Woodrow Wilson consideraba el tratado contrario al principio de nacionalidades y pensaba hacer de Fiume una ciudad libre en unión aduanera con Yugoslavia.[191]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]