Pentecostés

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Pentecostés
Pentecostés (El Greco, 1597).jpg
Pentecostés, por El Greco.
Celebrada por Cristianismo
Fecha El último domingo del Tiempo pascual, su fecha es variable según el computus.(rito romano)
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Para el punto de vista judío de esta fiesta, véase Shavuot.

Pentecostés (del griego πεντηκοστή pentēkostḗ ‘quincuagésimo’) es el término con el que se define la fiesta cristiana del quincuagésimo día del Tiempo pascual. Se trata de una festividad que pone término al tiempo de pascua y que configura la culminación solemne de la misma Pascua, su colofón y su coronamiento.[1]

Durante Pentecostés se celebra la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus.

En las Iglesias ortodoxas existen además la celebración de las «Tres Divinas Personas» o de la Santa Trinidad. Las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada «Trinitatis» —la fiesta de la Santísima Trinidad— una semana después del Pentecostés.

En las narraciones sobre Pentecostés de los Hechos de los Apóstoles,[a]​ se le adjudica al Espíritu Santo (en congruencia con el Antiguo Testamento) características milagrosas (carismas): él ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión (glosolalia), y fortifica una comunidad universal.

Pentecostés en el Antiguo Testamento[editar]

El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Shavuot (fiesta de las semanas), durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el monte Sinaí. Por lo tanto, en el día de Pentecostés también se celebra la entrega de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel.[2]

Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías y para celebrarlo gran cantidad de ellos subían a Jerusalén para dar gracias a Dios y adorarle en el Templo. A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la «Fiesta de las siete semanas» o «Fiesta de las semanas»,[b]​ que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias,[c]​ en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Estaba estipulado que la celebración debía festejarse siete semanas después de que se empezase la primera labor de la siega. Venía indicado de la siguiente manera:

«Contaréis siete semanas enteras a partir del día siguiente al sábado, desde el día en que habréis llevado la gavilla de la ofrenda mecida, hasta el día siguiente al séptimo sábado, contaréis cincuenta días...» (Levítico 23, 15-16).[2]

por lo que se trataba de una fiesta móvil en el calendario, ya que su fecha dependía del ritmo de la agricultura. Esta fijación tiene varias interpretaciones según el sentido que se dé a la palabra «sábado». Si el día de sábado se entiende como festivo o día de la Pascua, entonces la cuenta empezaba el día siguiente; Filón y Flavio Josefo interpretaban la ley de dicha forma. La otra interpretación es que si la palabra «sábado» se entiende como el séptimo día de la semana, la cuenta empezaría el domingo siguiente a la Pascua; los fariseos y una tradición samaritana la interpretan de esta otra forma.[2]

Más tarde, esta celebración se convirtió en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto. Por designio divino, esta fiesta que los judíos celebraban con tanta alegría se convirtió en la fiesta de la «Nueva Alianza», la de la venida del Espíritu Santo con todos sus dones y frutos.[3]

Pentecostés en el Nuevo Testamento[editar]

No hay registros de la celebración de esta fiesta en el siglo I con connotaciones cristianas. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de san Ireneo, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principios del siglo III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la península ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual por lo que esta cincuentena está íntimamente unida a la «memoria» de Pentecostés.[2]

Significado teológico del Pentecostés cristiano[editar]

En el cristianismo, Pentecostés es el fruto de la obra realizada por Cristo, el resultado de sus merecimientos.[4]​ En el Nuevo Testamento se dice a veces que fue el mismo Cristo simplemente quien envió al Paráclito, también traducido como Consolador, en referencia al Espíritu Santo.[d]​ Otras veces que fue el Padre pero, o bien a ruegos de Cristo,[e]​ o bien en nombre de Cristo.[f]​ En una ocasión se afirma que lo envió Cristo de parte del Padre.[g]​ Según Cabodevilla, todas estas expresiones denotan lo mismo: la emisión del Espíritu por parte del Padre y del Hijo.[4]​ El Apocalipsis lo puso de manifiesto en la siguiente frase: Un río de agua viva, resplandeciente como el cristal, saliendo del trono de Dios y del Cordero.[h][2]

Según los escritos neotestamentarios, el Espíritu Santo es el «Espíritu de Cristo».[i]​ Otras veces se lo llama el «Espíritu de Jesús» o «Espíritu de Jesucristo».[j]​ También se lo llama «Espíritu del Señor»,[k]​ o «Espíritu de su Hijo».[l]

Fue Simón Pedro el primero en explicitar el significado del acontecimiento de Pentecostés en su discurso pronunciado ese mismo día.[m]​ Era el comienzo de la efusión del Espíritu Santo que Dios había prometido para la «plenitud de los tiempos». Esos últimos tiempos, de los que se hablaba en el Libro de Joel,[n]​ En el Libro de Ezequiel,[o]​ y, por último, en los Hechos de los Apóstoles,[p]​ empezaron con la muerte y resurrección de Jesucristo, cuya señal fue la de hacer hablar a los apóstoles como verdaderos profetas mediante la efusión del Espíritu Santo.[2]

El Espíritu Santo en Jesús[editar]

En la iglesia parroquial de San Juan Bautista en Wuchzenhofen, Leutkirch (Alemania), existen dos medallones en la pared del fondo que representan dos momentos bíblicos en la acción del Espíritu Santo: la Anunciación y Pentecostés.

En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo aparece moviendo a Jesús durante toda su vida. Fue el Espíritu Santo quien cubrió el seno materno de María antes de que Jesús naciera.[q]​ Más tarde, descendió de forma visible en el momento del bautismo de Jesús,[r]​ y posteriormente lo condujo al desierto[s]​ para devolverlo luego a Galilea.[t]

El primer sermón de Cristo comienza así: «El Espíritu del Señor está sobre mí».[u]​ De allí que el Espíritu Santo aparezca en la Biblia operando en la misma línea que Jesús.[4]Ireneo de Lyon lo resumió en la siguiente frase: «El Padre se complace y ordena, el Hijo obra y forma, el Espíritu nutre e incrementa».[5]

La frase de Jesús: «Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os enseñará toda la verdad» (Juan 16:13) no se refiere tanto a noticias nuevas cuanto a una mayor profundización de la doctrina dictada ya por el Maestro. La función magisterial del Espíritu Santo se reducirá a la mayor iluminación de lo ya revelado, a la manifestación de elementos parciales, al descubrimiento de nuevos aspectos en las verdades ya poseídas, a la deducción de consecuencias, al asesoramiento en la aplicación de ciertas verdades a determinados sucesos. [...] He aquí el oficio del Espíritu de Cristo: dar testimonio de Cristo.[v][4]

Hasta la muerte de Jesús, el Espíritu Santo parecía estar circunscrito a los límites normales de su individualidad humana y de su radio de acción. Pero cuando murió, entregó su espíritu a Dios:[6]

Jesús [...] dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Juan 19, 30

Los escrituristas suelen interpretar que esa entrega se derrama de inmediato sobre la Iglesia, por lo cual en el Evangelio de Juan aparece Jesús dándoles el Espíritu Santo a sus discípulos en el mismo día de su resurrección:[6]

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana [...] Jesús les dijo otra vez: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, yo también los envío a ustedes.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo.»

Juan 20, 19-22

El Espíritu Santo en la Iglesia[editar]

En la Iglesia, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés no fue un hecho aislado sino que la está santificando continuamente, también a cada alma a través de sus innumerables inspiraciones que, según san Francisco de Sales son:

(...) todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a la vida eterna.[7]

Pentecostés es la confirmación de la promesa de Jesús: «Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo».[w]​ Esto pone de manifiesto varios aspectos, entre los que se destacan:[6]

  • La unidad espiritual de todos los que recibieron el Espíritu de Jesús.

Un solo Cuerpo y un solo Espíritu [...]. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.

Efesios 4, 4-6
  • La constitución de una comunidad abierta a todos los pueblos. Esto se ve simbolizado por el llamado milagro de Pentecostés: todos oían hablar a los apóstoles en su propio idioma.[x]​ Mientras que en la soberbia de la construcción de la torre de Babel terminaron por confundirse todas las lenguas, de forma que nadie podía comprender al otro a punto tal de quedar esa construcción inconclusa,[y]​ Pentecostés se visualiza como la restauración de la unidad perdida en Babel.
  • Si alguien tiene el Espíritu de Jesús, realiza los mismos gestos de Jesús: anuncia la palabra de Jesús;[z]​ repite la oración de Jesús;[aa]​ perpetúa en la fracción del pan la acción de gracias de Jesús;[ab]​ y vive unido con los demás creyentes, compartiendo con ellos.[ac]

Calendario[editar]

Día del Pentecostés, 2002-2020
Año Católicos Ortodoxos
2002 19 de mayo 23 de junio
2003 8 de junio 15 de junio
2004 30 de mayo
2005 15 de mayo 19 de junio
2006 4 de junio 11 de junio
2007 27 de mayo
2008 11 de mayo 15 de junio
2009 31 de mayo 7 de junio
2010 23 de mayo
2011 12 de junio
2012 27 de mayo 3 de junio
2013 19 de mayo 23 de junio
2014 8 de junio
2015 24 de mayo 30 de mayo
2016 15 de mayo 19 de junio
2017 4 de junio
2018 20 de mayo 27 de mayo
2019 9 de junio 16 de junio
2020 31 de mayo 7 de junio

La solemnidad de Pentecostés es una fiesta móvil, lo que significa que no se fija en relación al calendario civil, sino que se celebra en fecha variable, según el año y el rito en cuestión (ver cuadro anexo).

Festividades y celebraciones[editar]

El lunes después de Pentecostés es día de fiesta en muchos países, como Andorra, Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Hungría, Islandia, Liechtenstein, Noruega, los Países Bajos, Rumania (desde el 2008), Suiza y Ucrania. También es festivo en algunas comunidades autónomas y ciudades de España, como en Barcelona, Ciudad Real y Zamora.

España[editar]

En lo referente a las celebraciones populares acontecidas este día, destaca en Almonte, Huelva, Andalucía, la celebración de la Virgen del Rocío ("La Blanca Paloma"); llegan en romería hermandades de todas partes de España.

En Atienza, provincia castellana de Guadalajara, se celebra, desde el año 1162, la fiesta de La Caballada, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

En Santander, provincia castellana de Cantabria, se celebra la Fiesta de la Virgen del Mar.

En Ciudad Real, provincia manchega homónima, se celebra la romería de Santa María de Alarcos.

Otros países[editar]

En la capital italiana, y en Guadalajara, Jalisco, México, se celebra a la Virgen del Divino Amor.

Citas bíblicas[editar]

Referencias[editar]

  1. Bernal, José Manuel (1984). Iniciación al año litúrgico. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 137. ISBN 84-7057-357-8. «Pentecostés no es, en ningún caso, un apéndice de la Pascua, sino su culminación solemne.» 
  2. a b c d e f VV.AA. (1989). Gran Enciclopedia Rialp 18. Madrid: Ediciones Rialp. pp. 255-257. ISBN 84-321-0690-9. 
  3. Fernández Carbajal, Francisco (2010). Hablar con Dios. Madrid: Ediciones Palabra. p. 769. ISBN 978-84-9840-039-7. 
  4. a b c d Cabodevilla, José María (1977). «"Me quedo con vosotros hasta el fin de los siglos": El espíritu de Cristo». Cristo vivo. Vida de Cristo y vida cristiana (5a. edición). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. ISBN 978-84-220-0267-3. 
  5. Ireneo de Lyon. Adversus haereses 4,38. MG 7,1108.
  6. a b c Grelot, Pierre (2001). «Espíritu de Dios». En Léon-Dufour, Xavier. Vocabulario de teología bíblica (18a. edición). Barcelona (España): Biblioteca Herder. pp. 296-303. ISBN 978-84-254-0809-0. 
  7. Fernández Carbajal, Francisco (2010). Hablar con Dios. Madrid: Ediciones Palabra S.A. pp. 771-772. ISBN 978-84-9840-039-7. 

Bibliografía[editar]

  • de Surgy, Paul (2001). «Pentecostés». En Léon-Dufour, Xavier. Vocabulario de teología bíblica (18a. edición). Barcelona (España): Biblioteca Herder. pp. 679-680. ISBN 978-84-254-0809-0. 
  • Fernández Carbajal, Francisco (2010). «96. Solemnidad de Pentecostés». Hablar con Dios. Madris: Ediciones Palabra S.A. ISBN 978-84-9840-039-7. 

Bibliografía adicional[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]