Primera República de Austria

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Republik Österreich
República de Austria

Flag of Austria.svg

1919-1938

Flag of German Reich (1935–1945).svg

Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de Austria
Primera República de Austria.
Capital Viena
48°12′N 16°22′E / 48.200, 16.367
Idioma oficial Alemán
Gobierno República
Canciller de Austria
 • 1918-1920 Karl Renner
 • 1932-1934 Engelbert Dollfuß
 • 1934-1938 Kurt von Schuschnigg
 • 1938 Arthur Seyß-Inquart
Presidente de Austria
 • 1918-1920 Karl Seitz
 • 1928-1938 Wilhelm Miklas
Período histórico Período de entreguerras
 • Tratado de Saint-Germain-en-Laye 10 de septiembre de 1919
 • Asesinato de Dollfuss 25 de julio de 1934
 • Anschluss 12 de marzo de 1938
Superficie
 • 1938 83 871 km²
Historia de Austria
Babenberg
Habsburgo
Sacro Imperio Romano Germánico
Imperio austríaco
Imperio Austrohúngaro
Austria Alemana
I República
Austrofascismo
Anschluss y Ostmark
Austria ocupada
II República
Cronologías
Imperio austrohúngaro


La I República de Austria es el nombre histórico de la República de Austria creada después del desmembramiento del Imperio austrohúngaro al finalizar la I Guerra Mundial. Esta República inicialmente intentó sin éxito unirse a Alemania (véase Austria Alemana), pero las potencias occidentales de la época, Francia y Reino Unido, se opusieron. No fue hasta 1938 cuando finalmente la Alemania Nazi ocupó Austria y la I República dejó de existir.

La Constitución de Austria entró en vigor en 1920 y fue enmendada en 1929. Con la llegada del austrofascismo al poder, se proclamó una nueva Constitución en 1934 por la que Austria ya no era una república, sino una federación. Por esta razón algunos historiadores aseguran que la I República en realidad dejó de existir en 1934.

A partir de 1920, el Gobierno de Austria quedó dominado por el Partido Social Cristiano, que mantenía estrechos vínculos con la Iglesia católica. El primer canciller del partido, monseñor Ignaz Seipel, trató de forjar una alianza política entre los ricos industriales y la Iglesia católica. A pesar de contar con un sólido partido en el gobierno, la nación, la política del país fue convulsa y violenta, con fuerzas paramilitares de izquierda (en alemán: Republikanischer Schutzbund) y derecha (en alemán: Heimwehr) enfrentadas constantemente. Los partidos conservadores realizaron diversas coaliciones que dejaron fuera del Gobierno federal a los socialdemócratas durante toda la década, a pesar del aumento de votos de estos en las sucesivas elecciones.[1] Las medidas para separar a las provincias de Viena y para reforzar el poder de la minoría parlamentaria se volvieron contra los conservadores que las habían defendido, permitiendo a los socialdemócratas controlar la capital, donde desarrollaron una gran política social con los grandes impuestos que los conservadores criticaron.[2] [3]

En 1922, ante la agudización de la crisis financiera, el país hubo de solicitar un crédito a la Sociedad de Naciones, que se lo concedió a cambio de la aceptación de ciertas condiciones políticas, que incluían el mantenimiento de su independencia, lo que impidió su absorción por Alemania.[4] [5]

Fin del imperio y surgimiento de la república austriaca[editar]

La derrota en la Primera Guerra Mundial y las tensiones nacionalistas precipitaron el fin del Imperio austrohúngaro.[6] El 11 de noviembre de 1918, el emperador Carlos cedió el poder, que pasó a una coalición de partidos, convertida el Gobierno revolucionario con un programa democrático.[6] El proceso de debilitamiento del apoyo a la monarquía, que había afectado a las distintas nacionalidades del Imperio, se había extendido también entre los austriacos: el proletariado urbano, parte de la burguesía liberal, nacionalista o anticlerical y el campesinado radicalizado por la contienda se oponían a la continuación del sistema de gobierno monárquico.[7]

La asamblea provisional dominada por los socialistas, abolió la autocracia imperial y, mediante una serie de proclamas, implantó una república unitaria democrática con gran autonomía local, gran poder del Parlamento, escaso del Gobierno, un importante proceso de socialización y la vista puesta en la unión con Alemania.[8] Si bien el apoyo a la república era amplio entre la población, no lo era tanto el sistema democrático, respaldado principalmente por el proletariado urbano y una minoría de la clase media.[9]

El campesinado abandonó pronto su espíritu revolucionario, surgido principalmente de las penurias de la guerra y del deseo de ponerle fin.[10] [11] El aumento de las requisiciones para alimentar a la capital —sometida al bloqueo económico de la Entente y al cierre de las fronteras de los nuevos países surgidos de la disgregación del imperio— desilusionó a los campesinos, que habían supuesto que el fin de la guerra y del imperio acabarían con las obligaciones para con el Estado.[10] El pago de los productos agrícolas tampoco los satisfacía, ya que la inflación anulaba rápidamente el valor de sus ingresos.[10] Surgió así una intensa hostilidad entre la ciudad y el campo.[10] Las provincias se volvieron casi independientes de la capital y se dotaron de unidades armadas.[12] En parte estas se utilizaron al comienzo del periodo republicano para defender el territorio frente a los países vecinos —en especial contra Yugoslavia— dada la ineficacia del nuevo Ejército republicano —el Volkswehr—, organizado por los socialdemócratas.[12] Estas unidades improvisadas, formadas por soldados que regresaban del frente, fueron el germen de la Heimwehr.[12]

Retos del nuevo país[editar]

Uno de los principales problemas que aquejó al nuevo país fue su viabilidad económica y la conveniencia de unirse a una estructura política mayor.[6] Perdido el acceso a las economías del resto del antiguo imperio, ahora las de nuevas naciones o países crecidos, Austria, formada por los restos del imperio, no podía sobrevivir económicamente por sí sola.[6] Una de las opciones, favorecida por la mayoría de la población, era la unión de la pequeña república con Alemania, a la que la unían intensos lazos culturales y económicos.[13] [6] Para sus partidarios, el Aschluss era la solución para la república, que juzgaban inviable como entidad independiente.[13] Entre sus más decididos detractores se encontraba Francia y sus aliados de Europa oriental, que no deseaban que se desbaratase el orden europeo surgido de Versalles y que Alemania se fortaleciese.[13]

A la conveniencia o no de mantener la independencia del país se añadía el del irredentismo.[14] La derrota en la guerra mundial había conllevado la entrega a Italia del Tirol meridional, con una población de un cuarto de millón de personas, la mayoría de lengua alemana.[14] Esta disputa territorial agrió las relaciones bilaterales entre Viena y Roma, en especial tras la toma del poder de Mussolini en 1922.[14]

Otro problema añadido era la falta de historia como Estado independiente de las provincias que formaban el país.[15] Su evolución histórica había sido muy diferente: Viena se había convertido con el tiempo en una gran ciudad cosmopolita, capital del imperio austrohúngaro.[15] Otras zonas de la república, como el Tirol, Vorarlberg o Carintia, por el contrario, habían quedado arrinconadas como pequeñas provincias del vasto señorío de los Habsburgo, con sus propios intereses y escasa relevancia internacional.[15] Durante el periodo imperial alemán —hasta 1871—, tampoco había surgido ningún lazo especial entre las provincias austriacas.[16] Los territorios habían quedado unidos tardíamente, en 1918, cuando el desmembramiento los dejó como restos de lengua alemana del imperio desaparecido —aunque la república no englobó a todos los territorios imperiales con mayoría de germanoparlantes—.[16] El objetivo original, hasta que la Entente lo vetó, había sido que estos territorios se integrasen en la nueva República de Weimar, no que se mantuviesen como un nuevo Estado independiente.[17]

La estructura social del país, muy estratificada y reflejada en las formaciones políticas de las Cortes, tampoco favorecía a la nueva nación, y lo abocaba a la parálisis parlamentaria, tentadora como justificación para poner fin al sistema democrático para aquellos que la aceptaron a regañadientes en los primeros momentos de la posguerra.[6]

Fuerzas políticas[editar]

Durante la primera década del periodo de entreguerras, los tres principales partidos fueron: el socialdemócrata, que representaba principalmente al proletariado urbano; el socialcristiano, partido conservador católico apoyado esencialmente por la pequeña burguesía,[18] el campesinado[18] y la alta burguesía judía —a pesar del origen antisemita de la formación—; y el pangermano, muy debilitado respecto del periodo imperial, que agrupada a la población antisemita, antisocialista y anticlerical.[19] La importancia de este último partido residía en que, dado el equilibrio la fuerza de las dos organizaciones principales, su respaldo decantaba el poder hacia uno o hacia el otro.[19] Sus votantes provenían principalmente de las clases medias urbanas: funcionarios, tenderos o profesionales liberales.[18]

El socialcristiano, a diferencia del resto, era una formación confesional dedicada a la protección de los intereses de la Iglesia católica —a la que pertenecía el 91 % de la población—.[6] Aunque con diversas corrientes, la principal abogaba por la implantación de un Estado corporativista, con un Ejecutivo dotado de grandes poderes.[11] Paulatinamente, la formación fue adoptando una posición antidemocrática a lo largo del periodo republicano.[9]

Por su parte, el partido socialdemócrata, teóricamente marxista y revolucionario, sostuvo una posición contradictoria: la retórica extremista revolucionaria contrastaba con la moderación de la acción y la defensa de las instituciones republicanas surgidas en 1918.[9]

Coaliciones entre socialcristianos y socialdemócratas[editar]

Tratado de paz[editar]

El primer ministro austriaco, Karl Renner, se dirige a los representantes de la conferencia de paz tras conocer las condiciones del tratado de paz.

Resignado, el gabinete de coalición respaldó la ratificación del tratado de paz en el debate en las Cortes del 17 de octubre de 1919.[20] Aprobado el tratado, Renner presentó la dimisión, poniendo así fin al primer Consejo de Ministros de coalición entre los dos grandes partidos austriacos.[20] [19] La desaparición de las repúblicas soviéticas de Baviera y Hungría animaron a los círculos más conservadores de los socialcristianos a aprobar el fin de la alianza.[20] El aplastamiento de las repúblicas soviéticas húngara y bávara, el aumento del empleo industrial por la depreciación de la divisa y el abandono de las filas socialistas de muchos de los que habían apoyado al partido durante la revolución supusieron un debilitamiento de este.[21]

La necesidad de aprobar una nueva Constitución, sin embargo, llevó a la mayoría de los dos partidos a decidirse a formar un nuevo Consejo de Ministros de coalición, que nuevamente presidió el socialista Renner, aunque con mayor peso de los socialcristianos.[22] [19]

Constitución de 1920: parlamentarismo y federalismo[editar]

La nueva coalición «rojinegra», sin embargo, no llegó a promulgar la nueva ley: alianza frágil una vez que la desaparición de la amenaza soviética eliminó el principal interés socialcristiano en el pacto con los socialistas, sucumbió a los desacuerdos por un asunto menor relacionado con el Ejército en junio de 1920.[23] La Entente había exigido la disolución del Ejército surgido durante la revolución y la formación de uno nuevo, y los dos partidos deseaban hacerse con su control.[19] Aunque finalmente fueron los conservadores los que lo lograron, la disputa se prolongó durante años.[19]

Fue precisamente el socialcristiano tirolés Michael Mayr, responsable de la oficina creada para redactar la nueva Constitución en octubre de 1919, el encargado de formar un nuevo Gobierno provisional, con los ministerios repartidos entre los partidos con representación en la Cortes de acuerdo a su proporción de escaños.[24] Este Gobierno debía encargarse de aprobar la Constitución y preparar las elecciones parlamentarias, fijadas para el 17 de octubre.[25]

Elecciones parlamentarias.
(1919)
Según Graham, p. 146.[26]

  1   Socialdemócratas   2   Socialcristianos   3   Pangermanos   4   Otros

Abandonado por la presión extranjera el intento de unión con Alemania, se produjo en el país una reacción al periodo anterior, que se caracterizó por el bloqueo del Parlamento, el auge del regionalismo, la inflación y una cierta desilusión ante las expectativas creadas.[1] En este ambiente se promulgó la Constitución, que abandonó el modelo unitario del país por otro más federal,[27] en parte por el deseo de los partidos conservadores de quitar poder a Viena, centro de poder de los socialdemócratas,[28] y, en parte, para dificultar la absorción del país por Alemania.[1] [2] Se creaban dos Cámaras (Nationalrat, de representación nacional, y Bundesrat, donde estaban representadas las provincias, según su población) y un presidente de la república, de poco poder comparado con el francés, y se descentralizaba fiscal y administrativamente el país —aunque el Gobierno central conservaba[28] gran poder—.[1] Todos estos cambios favorecían, en general, a los partidos conservadores, más fuertes en las provincias que en la capital.[1] La conversión de Viena en provincia separada —consumado el 29 de diciembre de 1921—, por el contrario, favoreció a los socialdemócratas, que mantuvieron el control incluso cuando perdieron el control de la Baja Austria en la que hasta entonces había estado incluida la capital.[28] La primacía de la Asamblea Nacional ( Nationalrat) sobre el presidente —elegido por unión de las dos Cámaras y no por votación popular directa— y la Asamblea Federal (Bundesrat), sin embargo, se debía en especial a los socialistas, que la impusieron como reacción al absolutismo de los Habsburgo.[27] Los socialistas vetaron la iniciativa popular en la legislación, preferida por los socialcristianos, e impusieron asimismo el sistema proporcional en la asignación de escaños.[28] Para proteger a las minorías de los cambios constitucionales unilaterales, se aprobó que estos solo pudiesen promulgarse si contaban con dos tercios de los votos en las Cortes.[28]

La Constitución austriaca condujo a un debilitamiento del sistema parlamentario, cuya parálisis, a diferencia del caso alemán, no podía evitarse mediante medidas especiales como el artículo 48 de la Constitución de Weimar, que no existían en la Constitución austriaca.[29] El presidente no contaba con la potestad para solventar una posible crisis parlamentaria.[29] La concentración del poder político en el Parlamento, el sistema proporcional de la asignación de escaños y las listas cerradas robustecieron la influencia de los partidos políticos.[29] Las Cortes quedaron divididas férreamente en bloques ya que los diputados no votaban independientemente, sino de acuerdo a las directrices de su formación.[29]

Década de Seipel[editar]

Triunfo electoral socialcristiano y crisis del Anschluss[editar]

Elecciones parlamentarias.
(octubre de 1920)
Según Von Klemperer, p. 151.[30]

  1   Socialdemócratas   2   Socialcristianos   3   Pangermanos   4   Otros

Las elecciones de octubre de 1920 pusieron fin a la preponderancia de los socialistas, que había comenzado con la crisis imperial de finales de 1918.[31] Los socialcristianos se alzaron con la victoria gracias al respaldo de las zonas rurales y de las capitales de provincia; los socialistas retuvieron el apoyo de Viena y de los centros industriales, pero perdieron el apoyo de las clases medias.[30] El respaldo de las clases sociales a los distintos partidos quedó fundamentalmente fijo: los obreros apoyaban a los socialdemócratas, mientras que los campesinos y las clases media-bajas lo hacían a los socialcristianos.[30] Incapaces de obtener una mayoría absoluta en las Cámaras, las formaciones políticas se vieron abocadas a pactar, aunque la creciente rigidez ideológica dificultaba esta tarea.[5]

Se encargó la formación de un nuevo gabinete al partido vencedor, los socialcristianos, que, dada la gran tensión con el resto de partidos, se vieron en apuros.[32] Finalmente, se optó por un Consejo de Ministros pseudotecnocrático: seis ministros escogidos del funcionariado completaban el Gobierno formado por otros cuatro ministros socialcristianos.[33] Mayr permaneció al frente del nuevo Consejos de Ministros, que tuvo que enfrentarse a la intensa agitación a favor de la unión con Alemania, en especial en las provincias, que plantearon sus propios plebiscitos en favor de la unión.[34] [nota 1] Estos y el que preparaba el propio Gobierno dificultaron las negociaciones gubernamentales en busca de créditos extranjeros.[34] [35] Las potencias veían en la situación bien un ardid de Viena para obtener mejores condiciones, bien una pérdida de control del poder central sobre las provincias, y amenazaron con cesar toda cooperación económica[35] e incluso invadir el país para asegurar el pago de las compensaciones de guerra.[34] El 30 de mayo el gabinete se encontró en una situación desesperada cuando perdió el apoyo del Partido Pangermano, que decidió apoyar los plebiscitos regionales y acusó al Gobierno de abandonar el Anschluss a cambio de obtener créditos extranjeros.[36] El 1 de junio, ante la convocatoria de un nuevo plebiscito por la Dieta de Estiria, el Gobierno dimitió,[35] en medio de una crisis del Partido Socialcristiano, que se hallaba dividido en la cuestión de la unión con Alemania.[36]

Seipel al frente del partido y Schober del Gobierno[editar]

Johann Schober, varias veces canciller y figura moderada del Partido Socialcristiano, responsable de las enmiendas constitucionales de 1929.

En el congreso del Partido Socialcristiano celebrado a principios de junio, Seipel fue nombrado presidente de la formación, que apostó por forjar un nuevo gabinete de coalición, esta vez con el Partido Pangermano.[37] El nuevo Gobierno tenía una mayoría de tecnócratas y su presidente era el jefe de la policía de la capital, Johann Schober,[35] pero contaba con el apoyo en las Cortes de los socialcristianos, de los pangermanos y de los diputados del pequeño Partido Campesino.[37] Contaba así con mayoría en el Parlamento y con el acuerdo de los partidos de cesar[35] al menos de forma temporal la convocatoria de nuevos plebiscitos.[37] El nuevo presidente del Gobierno gozaba, además, del respaldo de la Entente.[35]

A pesar de las esperanzas de que el fin de los plebiscitos en favor de la unión con Alemania proporcionarían al país la posesión de Burgenland —territorio fronterizo con Hungría con población de lengua alemana— y los ansiados créditos extranjeros para mejorar la grave situación económica del país, Austria solo logró parte de la región disputada y no obtuvo los préstamos que deseaba.[35]

El gabinete entró en crisis cuando, tras un acuerdo alcanzado entre el canciller y Checoslovaquia —pacto económico rubricado por Schober para tratar de mejorar la aguda crisis—, los pangermanos le retiraron el apoyo.[38] [39] Estos acusaban al canciller de favorecer un acuerdo con la Pequeña Entente.[38] A pesar de los intentos de reconciliación de Seipel, los pangermanos continuaron con sus críticas al Gobierno, a las que se unieron las de los socialistas, que exigieron que se formase un nuevo gabinete con Seipel al frente —del que consideraban que Schober era un mero títere—.[38] Ante la falta de respaldo, el 24 de mayo Schober dimitió y dio paso a Seipel, que ocupó efectivamente la Presidencia del Gobierno.[38]

Seipel canciller: estabilización financiera y crecimiento de las formaciones fascistas[editar]

Seipel contó con el apoyo de los pangermanos, que en una reunión en Graz decidieron a finales de mayo ingresar en el nuevo Gobierno junto a los socialcristianos.[40] [41] Se redactó a tal efecto un programa de alianza que evitaba los asuntos más espinosos en las relaciones entre los dos partidos y estipulaba claramente los términos de aquella.[42] La coalición, a pesar de las negativas de los dos socios, era en la práctica un bloque burgués enfrentado a la oposición socialista.[42] [41]

Monseñor Ignaz Seipel, figura principal de la política en la década de los veinte.

Seipel tuvo que enfrentarse de inmediato con una grave situación económica: la divisa se había devaluado considerablemente, la inflación crecía alarmantemente y con ella el coste de la vida.[43] [nota 2] La inflación estaba afectando intensamente a la clase trabajadora y a parte de la clase media.[43] En agosto, no obstante, los planes de recuperación económica puestos en marcha por Seipel fracasaron: unos bancos controlados por Francia y el Reino Unido exigieron avales de las potencias para cooperar con el Gobierno, lo que desbarató el plan principal de reforma interna; por otro lado, en la conferencia de Londres, las potencias se negaron a otorgar ayuda financiera inmediata a Austria y traspasaron la cuestión a la Sociedad de Naciones.[44] La situación del pequeño país era desesperada.[44] Los socialistas habían presentado un plan de estabilización que evitaba la solicitud de préstamos externos y cuya clave era un gran préstamo nacional.[39] Aunque los socialcristianos aceptaron algunas de las medidas del plan, rechazaron, junto con los pangermanos, el núcleo de este, el préstamo forzoso.[39]

Seipel decidió entonces realizar una gira diplomática por Checoslovaquia, Alemania e Italia antes de acudir ante la Sociedad, con el fin de llamar la atención internacional.[45] Finalmente, acudió a Ginebra y el 6 de septiembre realizó ante la Sociedad de Naciones su llamamiento de ayuda, en un brillante discurso que fue bien recibido por las numerosas delegaciones presentes.[46] El 4 de octubre, la Sociedad de Naciones aprobó el plan de ayuda a Austria.[47] Este contenía la obligación de que Austria mantuviese la independencia política y económica,[48] un préstamo de seiscientos cincuenta millones de coronas controlado por un comisario nombrado por la Sociedad y por una junta cuatripartita —de las cuatro naciones que garantizaban el préstamo: Gran Bretaña, Francia, Italia y Checoslovaquia— que podía vetar nuevos créditos, el compromiso austriaco de equilibrar el presupuesto estatal y la promesa de aprobar una ley que durante dos años permitiese al Gobierno aplicar cualquier medida para cumplir el plan de ayuda sin necesidad de aprobación parlamentaria.[47]

A pesar de la furibunda oposición de los socialistas al plan de la Sociedad de Naciones en las Cortes —los pangermanos aceptaron el abandono[48] de la unión con Alemania exigido por la Sociedad de Naciones—,[49] finalmente le otorgaron su beneplácito —necesario ya que la ley de plenos poderes para el Gobierno, parte del plan, requería dos tercios de los votos parlamentarios para poderse aprobar— y, tácitamente, lo aceptaron.[50] Los socialistas tuvieron que admitir su derrota, asumir la falta de un programa alternativo y aceptar la victoria de Seipel, que logró disipar los riesgos de hundimiento económico, invasión[39] y disgregación del país.[51] [41]

Elecciones parlamentarias.
(octubre de 1923)
Según Graham, p. 146.[26]

  1   Socialdemócratas   2   Socialcristianos   3   Pangermanos   4   Otros

La ayuda de la Sociedad de Naciones logró estabilizar rápidamente las finanzas austriacas aunque,[41] para los críticos de Seipel, suponía abandonar todo plan de unión con Alemania —una de las condiciones era el mantenimiento de la independencia del país al menos durante los veinte años que duraba el crédito— y convertía al país en una colonia del capital europeo occidental.[52] El 14 de noviembre se creó un nuevo banco emisor de moneda privado y pocos días más tarde se dejó de imprimir moneda para uso estatal, lo que llevó a un rápido aumento de los depósitos privados en los bancos.[52] La divisa se estabilizó y el Gobierno logró equilibrar el presupuesto —tanto mediante el aumento de los ingresos como gracias al recorte de gastos— en noviembre de 1923, medio año antes de lo previsto.[53] A comienzos de 1924, se decidió solicitar solo parte del crédito concedido, por la mejora de la situación financiera estatal.[53] A este éxito de Seipel se unieron, empero, importantes consecuencias negativas: la estabilización de la moneda trajo una subida del precio de los precios, que afectó duramente a la clase trabajadora y a la clase media empobrecida; la reducción del gasto estatal produjo un importante aumento del desempleo —de treinta y ocho mil personas en septiembre de 1922 a ciento sesenta y un mil en enero de 1923—; y el nuevo sistema de tributación afectó de manera especial a los más pobres, situación que el Gobierno no alivió.[54]

Otro importante acontecimiento caracterizó el mandato de Seipel como canciller: la conversión al fascismo, entonces en alza en Europa central, de los ejércitos paramilitares provinciales surgidos en la posguerra.[41] Influidos y en ocasiones dirigidos por oficiales alemanes —principalmente bávaros— exiliados tras el fracaso del golpe de Estado de Kapp, estas formaciones se robustecieron.[41]

El descontento social de los perjudicados por las medidas económicas, no obstante, no benefició sustancialmente a la oposición socialista ni impidió que Seipel obtuviese una nueva victoria electoral en las elecciones de octubre de 1923.[55] A pesar de no contar con mayoría absoluta y de un notable debilitamiento de sus socios de gobierno, consiguió revalidar la mayoría mediante la coalición con los pangermanos.[55] Las clases medias empobrecidas se inclinaron por respaldar a Seipel y no a los socialistas, al tiempo que se sentían tentadas por el antisemitismo y el nacionalismo como compensación por su pérdida de influencia social.[55] pero, por el momento, Seipel controlaba a los radicales de derecha gracias al dominio de su financiación —proveniente de los industriales austriacos—, aunque permitía su crecimiento como fuente de apoyo a su Gobierno.[56]

A principios de los años veinte, hubo varios intentos por parte de distintas provincias de unirse por su cuenta a Alemania, que fracasaron ante la hostilidad francesa.[26] Además, el intento de las provincias de evitar el control financiero central —que menoscababa todo intento del Gobierno central de recortar los gastos presupuestarios— solo se suprimió en parte en 1926.[26] El año anterior, se enmendó la Constitución para limitar los poderes de los Gobierno provinciales, que estaban minando los esfuerzos de recuperación económica del Gobierno central.[26]

Elecciones parlamentarias.
(1927)
Según Graham, p. 146.[26]

  1   Socialdemócratas   2   Socialcristianos   3   Pangermanos   4   Otros

La sucesivas votaciones mostraron la división política de los territorios: los socialistas controlaban la capital —y con ella importantes servicios públicos, como la red de ferrocarriles, la de teléfonos o la de correos— y algunas zonas industriales, mientras que las provincias occidentales eran intensamente conservadoras.[3]

Ante el continuo crecimiento de los socialistas en las sucesivas elecciones gracias a la ampliación de su espectro político —que, a partir de 1926 incluía a como grupos a los intelectuales, las mujeres y la pequeña burguesía—, los conservadores fueron acercándose al fascismo y crearon grupos paramilitares.[57] Estos contaron con la ayuda de algunos oficiales del nuevo Ejército.[58] Los socialistas reaccionaron creando sus propias grupos armados.[59] [58] La Republikanischer Schutzbund proclamó su intención de defender tanto al partido socialdemócrata como el sistema parlamentario; los dirigentes de la Heimwehr, por su parte, expresaron su intención de expulsar de la capital a los socialistas mediante una marcha sobre la capital, a imitación de Mussolini.[59] Las dos formaciones obtuvieron respaldo del extranjero: la Schutzbund de los socialistas de los países vecinos y de la Reichsbanner alemana; la Heimwehr de los industriales, monárquicos, elementos agrarios y clericales austriacos y de los grupos nacionalistas y la Stahlhelm alemanes.[60]

En el Parlamento, los socialistas recurrieron a la obstrucción de las sesiones, con larga tradición en las Cortes imperiales.[61] Además, aprovecharon la autonomía de Viena —a la vez capital federal y provincia—, para poner en práctica su programa electoral, con gran eficiencia administrativa y limitando en lo posible la influencia del Gobierno federal de los partidos rivales.[62]

Al Gobierno de Seipel le siguió otro más de coalición entre socialcristianos y pangermanos, presidido por Rudolf Ramek, mucho más débil y en continua consulta con el anterior canciller.[63] Este gabinete tuvo que enfrentarse a la quiebra de varios bancos y a algunos escándalos financieros, en los que algunos de sus miembros se vieron implicados.[63] En octubre de 1926, Seipel retomó la Presidencia del Gobierno.[64]

Decadencia del sistema parlamentario[editar]

Fracaso socialdemócrata y crecimiento de la Heimwehr[editar]

Para las elecciones de 1927, Seipel logró forjar una gran coalición, que incluía no solo a los pangermanos y a los socialcritianos, sino también formaciones más pequeñas, entre ellas, los nacionalsocialistas.[65] La «lista de unidad», sin embargo, no logró su objetivo de obtener la mayoría parlamentaria en las votaciones del 24 de abril.[66] Los socialistas obtuvieron mejores resultados que en las anteriores, aunque Seipel consiguió asegurarse el Gobierno gracias a la alianza con la Landbund en una gran coalición burguesa.[66]

El 15 de julio, los partidarios de izquierda participaron en una masiva protesta por la absolución de los paramilitares de derecha que habían sido declarados culpables de matar a un hombre y un niño.[67] La «rebelión», en la que ardió el Palacio de Justicia de la capital,[68] fue aplastada por la policía, que mató a algunos manifestantes —hubo ochenta y nueve[69] muertos y cientos de heridos—.[2] Los socialistas consideraban que la Administración era exorable con la violencia de los paramilitares de derecha.[2] Ante la huelga general convocada a continuación por los socialistas, el Gobierno movilizó al Ejército y utilizó a la Heimwehr para aplastarla, principalmente en las provincias.[2] [69] Esta salió muy reforzada de la crisis: a pesar de su división interna en grupos y caudillos regionales, se transformó en una gran agrupación popular de derecha, que unió a grupos dispares (aristócratas, industriales, nacionalistas, católicos, pangermanos, antisemitas y judíos).[70]

Los socialistas continuaron estorbando las sesiones parlamentarias —sus propuestas de desarme general y de formación de nueva coalición habían sido rechazadas—, y las formaciones fascistas reaccionaron amenazándolos si no abandonaban estas tácticas y convocando una marcha por una de las localidades con mayor simpatía por aquellos, Wiener Neustadt —importante centro metalúrgico—, para el 7 de octubre de 1928.[71] Los socialistas reaccionaron a la provocación convocando una contramarcha.[71] A pesar de la enorme tensión, el día terminó sin choques.[72]

La dimisión de Seipel el 3 de abril de 1929 facilitó tanto la formación de un nuevo gabinete de coalición —presidido por el socialcristiano Ernst Streeruwitz— como un cierto acuerdo con la oposición socialista, que produjo un apaciguamiento temporal de la situación política austriaca.[73] Los socialistas decidieron facilitar la acción del Ejecutivo para evitar un posible golpe de mano de la Heimwehr; la tolerancia para con el Gobierno debía reforzar el sistema parlamentario, amenazado por la derecha radical.[74] El nuevo canciller, cercano a la industria y a la Heimwehr, sin experiencia política pero más conciliador que Seipel, era en la práctica un títere de este.[74] La relación entre el canciller y Seipel, sin embargo, se agrió pronto: Streeruwitz trataba de robustecer el sistema constitucional, mientras que Seipel criticaba este con dureza y atizaba la impaciencia de la Heimwehr, deseosa de cambios radicales e inmediatos.[75]

Al mismo tiempo, la Heimwehr —con conocimiento de Seipel— tramaba con Mussolini y el Gobierno húngaro.[76] Estos planeaban la implantación de un sistema de gobierno autoritario y derechista.[77] Seipel, desilusionado con Streeruwitz, del que opinaba que no parecía capaz de presidir el país con la firmeza necesaria, fomentó y toleró las intrigas contra el canciller.[78] La reunión de Seipel con los jefes de la Heimwehr y la falta de apoyo al canciller precipitaron la renuncia de este el 20 de septiembre de 1930.[78] Le sucedió en el cargo Johann Schober.[78]

Reformas constitucionales y Gobierno de Schober[editar]

Schober, el único rival relevante de Seipel entre los políticos de los partidos burgueses, representaba la ley y el orden en un momento turbulento de la política austriaca.[79] Para la burguesía austriaca, parecía el campeón que debía asegurar la vuelta al viejo orden imperial y desbaratar lo que percibía como peligro socialista.[79] Íntegro, eficiente y sin lazos estrechos con las formaciones políticas, se lo consideraba partidario de la unión con Alemania.[79] Por el momento, contó incluso con el beneplácito de la Heimwehr, que confió en que llevase a cabo las reformas políticas que deseaba.[79] Los socialdemócrata decidieron tolerarlo, como alternativa a un Ejecutivo presidido por Seipel.[79]

En 1929, ante el cariz que estaban tomando los enfrentamientos entre las fuerzas paramilitares, el canciller Johann Schober aprobó unas enmiendas a la Constitución, consensuadas con la oposición socialdemócrata, que reforzaban el poder del presidente de la república.[80] Tuvo que enfrentarse no solo a las intrigas de Seipel, partidario ya para entonces de abandonar el sistema parlamentario democrático y sustituirlo por otro filofascista, sino a una grave crisis financiera por la quiebra de uno de los mayores bancos del país, el Boden-Creditanstalt.[81] Por insistencia del Gobierno, el Creditanstalt, propiedad de la familia Rothschild, compró en banco quebrado y resolvió temporalmente el aprieto.[81] La crisis resurgiría, con mayor virulencia, en 1931, cuando puso en peligro tanto al Estado como a toda la estructura financiera de la Europa central.[81] Evitada la crisis financiera, el Gobierno se enfrascó en las enmiendas constitucionales.[81] Seipel, por su parte, atizó las sospechas de la Heimwehr, que temía que Schober cediese en demasía ante los socialdemócratas en las negociaciones sobre la Constitución.[82] A pesar de la hostilidad de la Heimwehr hacia el canciller, este logró la aprobación de las enmiendas el 7 y el 10 de diciembre de 1929 tras largas y duras conversaciones con la oposición.[82]

A la aprobación de la reforma constitucional le siguieron varios éxitos en política internacional obtenidos por Schober: en enero de 1930, logró que el país dejase de pagar indemnizaciones de guerra, intereses por los créditos de estabilización y se rescindiese la hipoteca sobre los bienes e ingresos estatales que garantizaban estos pagos.[83] El 6 de febrero, firmó un tratado de amistad y arbitraje con Italia durante su visita a la capital italiana, notable logro después de las malas relaciones bilaterales durante el anteior mandato de Seipel.[83] En abril, consiguió firmar con Alemania un tratado de comercio, que Seipel tampoco había logrado rubricar.[83]

Últimos Gobiernos parlamentarios[editar]

Elecciones parlamentarias.
(1930)
Según Graham, p. 146.[26] [nota 3]

  1   Socialdemócratas   2   Socialcristianos   3   Schoberblock (Pangermanos y Landbund)   4   Heimatblock (Heimwehr)

Tras la caída de Schober, Carl Vaugoin, de la derecha socialcristiana, asumió la Presidencia del Gobierno, con Seipel como ministro de Asuntos Exteriores.[84] Su misión principal era la de organizar las elecciones parlamentarias del 9 de noviembre de 1930, adelantadas por el nuevo gabinete, que espera lograr una amplia mayoría.[85] El Gobierno contaba con el respaldo de la Heimwehr.[84] Los resultados de las votaciones, empero, fueron un grave revés para el gabinete: los socialdemócratas se alzaron con el mayor número de sufragios y los partidos burgueses no obtuvieron el ansiado porcentaje de escaños —dos tercios— que les hubiese permitido realizar sin estorbos reformas constitucionales.[86]

La derrota electoral conllevó la renuncia de Vaugoin y la marcha de Seipel del Consejo de Ministros.[87] Se formó un nuevo gabinete presidido por el socialcristiano Otto Ender —de Vorarlberg—, con Vaugoin como ministro de Defensa y Schober de Asuntos Exteriores.[87]

En junio de 1931, en medio de la crisis por el proyecto de unión aduanera austro-germana y por la debilidad financiera del país —por la quiebra del Creditanstalt y la devaluación del chelín austriaco—, cayó el Gobierno Ender.[88] El presidente Miklas tuvo que amenazar a los renuentes partidos con nombrar un Consejo de Ministros tecnócrata para que estos aceptasen retomar la coalición y formar un nuevo Gobierno, que presidió el socialcristiano Karl Buresch, hasta entonces gobernador de la Baja Austria.[88] El anterior encargo presidencial a Seipel de formar un nuevo Gobierno había fracasado por el rechazo de los diversos grupos —los partidarios de Schober, pangermanos y agrarios, y los socialistas— a aceptar un Ejecutivo presidido por el sacerdote.[89]

En enero de 1932 dimitió el gabinete Buresch, debilitado por el fracaso del plan de unión aduanera con Alemania —asociado a la figura de Schober, que debía abandonar el Ejecutivo para facilitar la obtención de nuevos créditos extranjeros— y por el abandono de la coalición de los pangermanos.[90] Estos sufrían la presión de los nacionalsocialistas, cada vez con mayor respaldo, y tenían que competir con estos en «germanismo».[90] El abandono gubernamental de la asociación aduanera con el Reich selló por ello su retirada del gabinete.[90] Buresch formó un nuevo Gobierno, pero ya en minoría, con el único sostén de su propio partido.[90] En este nuevo Gobierno se hallaban ya las dos figuras que dominaron el Partido Socialcristiano durante la década de 1930: Engelbert Dollfuß —ministro de Agricultura— y Kurt von Schuschnigg —de Justicia—.[90]

Las elecciones provinciales de abril de 1932 reflejaron el considerable crecimiento de los nacionalsocialistas, que eliminaron a los pangermanos como tercera fuerza política austriaca.[90]

La violencia en Austria siguió aumentando hasta principios del decenio de 1930 cuando se convirtió en canciller Engelbert Dollfuß. Dollfuß, canciller entre los años 1932 y 1934 instauró un régimen inspirado en el fascismo italiano, conocido como austrofascismo, que regiría el país hasta 1938. Dicho gobierno estaba basado en el partido Vaterländische Front y su milicia paramilitar Heimwehr.

Economía[editar]

La república surgió en un momento de agudísima crisis económica, causada por la guerra mundial.[91] En 1918 la producción agrícola se había reducido a la mitad, la industria carecía de las materias primas necesarias y la situación alimentaria de la población era gravísima.[91] Viena, la capital del nuevo país, apenas consumía un 7 % de la leche de antes del conflicto mundial; las raciones de pan y harina eran exiguas.[92] Aún en 1920, la producción agrícola no había sobrepasado el 50 % de la anterior a la guerra.[92] Sin carbón suficiente para alimentar la industria, doscientos mil obreros se hallaban en desempleo en el verano de 1919; la producción industrial apenas alcanzaba un tercio de la de 1913.[92]

La enorme inflación eliminó la mayor parte del capital de los bancos austriacos.[93] En 1913, estos contaban con 2213 millardos de coronas, en 1923, apenas con 8,7 millones.[93] En 1925, los depósitos bancarios apenas representaban un 11 % de los disponibles antes de la guerra.[93] Esta falta de capital obligó a la república a buscar financiación externa.[93] Como el resto de los países de la región, trató de llevar a cabo una reducción de los intercambios comerciales con los países surgidos del imperio y aumentó la producción de los productos agrícolas que antes importaba de otras regiones del imperio.[94] Gracias al capital británico, la república pudo controlar la inflación y estabilizar la economía en 1922.[95] Esta ayuda económica contó con el respaldo francés —dado el interés de París de evitar la unión de Austria con Alemania—, pero no con el de Italia, deseosa de dominar el nuevo país, ni el de los países vecinos de la Pequeña Entente.[95]

Notas[editar]

  1. Tanto el plebiscito celebrado en el Tirol el 24 de abril de 1921 como el de Salzburgo del 29 de mayo resultaron en amplias mayorías favorables a la unión con Alemania.[34] Vorarlberg, por su parte, votó a favor de unirse a Suiza.[35]
  2. El franco suizo valía 3 coronas austriacas a comienzos de 1919, pero a finales de mayo de 1922 se cotizaba a 2151 coronas y el 2 de junio a 4110. Entre mayo y octubre de 1922, el coste de la vida se había multiplicado por diez.[43]
  3. Los datos que aporta Von Klemperer son ligeramente diferentes: 82 escaños para los socialcristianos, 68 para los socialistas, 10 para los pangermanos y 5 para la Landbund agraria.[55]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Graham, 1930, p. 145.
  2. a b c d e Macartney, 1929, p. 622.
  3. a b Macartney, 1929, p. 298.
  4. Gehl, 1963, p. 3.
  5. a b Von Klemperer, 1972, p. 151-152.
  6. a b c d e f g Diamant, 1957, p. 603.
  7. Diamant, 1957, p. 605.
  8. Graham, 1930, p. 144.
  9. a b c Diamant, 1957, p. 606.
  10. a b c d Macartney, 1929, p. 291.
  11. a b Diamant, 1957, p. 604.
  12. a b c Macartney, 1929, p. 292.
  13. a b c Von Klemperer, 1972, p. 301.
  14. a b c Von Klemperer, 1972, p. 330.
  15. a b c Macartney, 1929, p. 288.
  16. a b Macartney, 1929, p. 289.
  17. Macartney, 1929, p. 289-290.
  18. a b c Diamant, 1957, p. 607.
  19. a b c d e f Macartney, 1929, p. 293.
  20. a b c Von Klemperer, 1972, p. 130.
  21. Macartney, 1929, p. 292-293.
  22. Von Klemperer, 1972, p. 131.
  23. Von Klemperer, 1972, p. 131-132.
  24. Von Klemperer, 1972, p. 136-137.
  25. Von Klemperer, 1972, p. 137.
  26. a b c d e f g Graham, 1930, p. 146.
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  28. a b c d e Von Klemperer, 1972, p. 141.
  29. a b c d Von Klemperer, 1972, p. 143.
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  33. Von Klemperer, 1972, p. 152-153.
  34. a b c d Von Klemperer, 1972, p. 165.
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  42. a b Von Klemperer, 1972, p. 175.
  43. a b c Von Klemperer, 1972, p. 179.
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  45. Von Klemperer, 1972, p. 188, 197.
  46. Von Klemperer, 1972, p. 199.
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  48. a b Macartney, 1929, p. 297.
  49. Von Klemperer, 1972, p. 207.
  50. Von Klemperer, 1972, p. 211.
  51. Von Klemperer, 1972, p. 212.
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  53. a b Von Klemperer, 1972, p. 216.
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  57. Graham, 1930, p. 148-149.
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  62. Macartney, 1929, p. 298-299.
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  78. a b c Von Klemperer, 1972, p. 357.
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  81. a b c d Von Klemperer, 1972, p. 361.
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  91. a b Berend y Ránki, 1969, p. 171-172.
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  93. a b c d Berend y Ránki, 1969, p. 175.
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Bibliografía[editar]