Revuelta de julio de 1927

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La Revuelta de julio de 1927 es como se conoce habitualmente la matanza de ochenta y seis manifestantes en Viena a manos de la policía, resultando cuatro agentes muertos en los enfrentamientos entre los manifestantes socialdemócratas y la policía.

Antecedentes[editar]

El choque fue el resultado del conflicto entre los socialdemócratas y una alianza conservadora que incluía a industriales ricos y la Iglesia católica de Austria, junto con veteranos de guerra, monárquicos y nacionalsocialistas. Las organizaciones paramilitares de ambos bandos se habían formado a comienzos de los años 1920: la de la derecha austriaca, la Heimwehr, en 1921-1923 y la de la izquierda, la Republikanischer Schutzbund («Liga de Defensa Republicana»), en 1923. A lo largo de la década, se habían producido una serie de asesinatos por motivos políticos; las víctimas habían sido habitualmente socialistas y las condenas de los asesinos, escasas o inexistentes, lo que, con el tiempo, acabó por soliviantarlos.[1]

En Burgenland, territorio fronterizo hasta hacía poco húngaro, gobernaba una coalición de socialcristianos y socialdemócratas que, para evitar incidentes que facilitasen la propaganda magiar en favor de la recuperación del territorio, hasta 1926 se habían abstenido de formar unidades paramilitares.[2] La influencia de los irrendentistas y monárquicos en las filas de las unidades de derecha acentuaba la hostilidad de las formaciones socialistas contra estas.[2] El odio mutuo produjo varias refriegas en la zona.[3]

El 30 de enero se habían organizado dos reuniones paralelas, cada una convocada en una de las tabernas del diminuto pueblo de Schattendorf.[4] Los socialistas acudieron a la de sus rivales, lo que se interpretó como una provocación que condujo a los primeros altercados, hasta que fueron expulsados por la gendarmería.[4] A continuación, tuvo lugar otro choque entre un grupo de doscientos socialistas que impidieron la llegada de nuevos miembros de la organización rival a la localidad.[4] Lo mismo sucedió en la estación de ferrocarril, que los socialistas rodearon; bloquearon a golpes la salida a los dirigentes de la formación derechista que habían acudido a la manifestación.[5] Finalmente, las dos organizaciones acordaron anular sus respectivas marchas.[5]

De vuelta al pueblo, al pasar por delante de la taberna de sus adversarios, algunos de los socialistas retaron a estos a salir y pelear.[5] En vez de hacerlo, algunos de ellos, quizá movidos por el temor de que los socialistas, más numerosos, asaltasen el establecimiento, o por simple odio, subieron al segundo piso, empuñaron unos rifles que tenían dispuesto, y comenzaron a disparar indiscriminadamente contra los socialistas que ya se alejaban.[5] A causa del tiroteo, murieron dos personas, un inválido y un niño de ocho años y hubo varios heridos leves.[6] [7] [8] [9] [5] Los socialistas marchaban pacíficamente y desarmados cuando comenzaron a tirotearlos desde una taberna cercana.[7] [10] [8] Los disparos causaron las dos muertes e hirieron a otras cinco personas, entre ellas otro niño.[7] [10] Las autoridades optaron entonces por prohibir temporalmente las reuniones políticas en la zona y reforzar a la agrupación local de la gendarmería.[7] Tanto en la capital como en las provincias, las muertes causaron consternación e ira, principalmente entre los socialistas, pero también entre parte de los demás partidos.[11] Se convocó una huelga general de quince minutos como repulsa el día del entierro de la víctimas, el 2 de febrero.[6] [12]

Algunas semanas más tarde el ejército trató de desarmar a ciertas unidades de los paramilitares socialdemócratas, sin conseguirlo por la oposición de los trabajadores.[13] En abril, en ambiente de tensión creciente,[13] se celebraron las elecciones nacionales, que ganaron los socialdemócratas con el 42 % de los votos,[13] pero sin lograr sustituir al canciller conservador Seipel, que hubo, sin embargo, de añadir a los conservadores agrarios de la Landbund («Liga Agraria») a su coalición para mantenerse al frente del Gobierno.[13] El fracaso de Seipel en frenar a los socialdemócratas, no obstante, despertó el deseo de algunos conservadores de abolir el sistema democrático.[13] Los partidarios de los socialistas se sentían frustrados por haber ganado las elecciones pero no lograr el poder en el Gobierno federal, debido a la maniobra de Seipel.[12]

Desarrollo[editar]

Absolución de los acusados[editar]

Palacio de Justicia, incendiado por los manifestantes, en una imagen de 1881, recién construido.
Schober, excanciller y jefe de la policía vienesa que disparó contra los manifestantes, causando decenas de muertos.

Mientras, tres veteranos de la formación de derecha habían sido acusados de las muertes en un tribunal de Viena en julio, pero fueron absueltos por el jurado el día 14,[14] bien por dudas[15] sobre su culpabilidad o por el enrarecido ambiente político.[7] [nota 1] El jurado había tres horas de deliberación para acordar el veredicto.[14] La tensión era enorme.[16] [17] Se había desplegado a la policía durante el 13 y el 14, en previsión de que estallasen disturbios por el veredicto pero, aunque este se anunció a las 10 p. m. del día 14, esa noche pasó sin incidentes.[8] A las 6 a. m., el jefe de la policía de la capital, Johann Schober, puso fin a la vigilancia especial y envió a los guardias a sus casas, agotados por dos días de servicio ininterrumpido.[8]

Manifestación espontánea[editar]

Solamente la negativa[18] de la dirección del partido socialdemócrata de convocar una gran manifestación de protesta y la pérdida a manos de la policía del arsenal de la Schutzbund en Viena evitaron el estallido de los combates.[16] La dirección socialista, en buenas relaciones con la policía, comunicó a Schober que el partido no tenía intención de convocar protesta alguna por la absolución.[19] Dada la capacidad de la dirección socialista, demostrada en anteriores ocasiones, de controlar a sus seguidores, la policía no realizó preparativos para afrontar una gran protesta.[19]

Como sustitución de la protesta, la dirección socialista decidió condenar duramente la absolución de los acusados de la matanza en el editorial del Arbeiterzeitung.[20] Cuando los trabajadores comenzaron a llegar a las fábricas entre las seis y las siete de la mañana del día 15, se encontraron con la noticia, aparecida en el Arbeiterzeitung, de la absolución de los acusados.[8] La indignación por lo que se consideraba «justicia de clase» en su contra llevó a la formación de reuniones inmediatas en las que se decidió marchar en protesta al centro de la ciudad.[8] [21] Era la primera vez desde diciembre de 1921 en que se producía una gran manifestación obrera sin el beneplácito del Partido Socialdemócrata.[17] Incapaz de movilizar a tiempo a la Liga de Defensa Republicana que solía escoltar estas marchas para evitar incidentes, su comandante, el socialista Julius Deutsch, informó a las 8 a.m. al jefe de la Policía Política, de la marcha y solicitó que se desplegase suficiente policía —desarmada para no provocar a los manifestantes iracundos— para evitar cualquier choque.[8] [19] La policía, sin embargo, no contaba en ese momento con efectivos suficientes para hacer frente a la emergencia, y tardó[19] en reunir a sus agentes.[8] Aunque habitualmente el edificio de las Cortes contaba con una guardia de ciento cincuenta policías, ese día apenas se pudieron reunir sesenta y siete para proteger tanto este como el Palacio de Justicia.[22] [19]

Así, la manifestación espontánea de trabajadores, comenzada por los técnicos electricistas a la que se unieron otros,[16] [20] no pudo ser controlada por el pequeño grupo de la policía que se había reunido a toda prisa.[15] Durante la madrugada, Deustch había tratado en vano de disuadir a los técnicos electricistas de marchar al centro de la ciudad, a petición del propio alcalde.[20] Los manifestantes protestaban por la sentencia absolutoria.[7] [15] El primer incidente de la mañana se produjo en la Facultad de Teología, a donde comenzaban a llegar sus alumnos.[23] La burla de uno de ellos a los manifestantes hizo que algunos de estos se abalanzasen a tomar el edificio; solo la intervención primero de un policía y luego de representantes de los obreros lo evitó.[23] El siguiente sucedió cerca del Ayuntamiento, del que algunos funcionarios había salido para protestar frente al cercano edificio del Parlamento.[23] Un cordón de policía impidió en un principio que siguiesen adelante, aumentando la furia de los manifestantes.[23] Una vez que se les permitió el paso, los funcionarios dieron una vuelta a las Cortes gritando consignas y regresaron al Ayuntamiento.[23]

Llegó entonces el grueso de los manifestantes, con los electricistas a la cabeza, que volvieron a encontrarse con el paso cerrado por el cordón policial, que se había vuelto a formar, cortando el paso a la marcha.[23] Esta carecía de ruta alternativa en aquel lugar y solo hubiese podido darse la vuelta.[24]

Cuando ya la línea de policías estaba cediendo a la presión de los manifestantes por continuar su ruta, Schober ordenó a la policía montada —veinticinco jinetes— detener a los manifestantes, lo que causó varios heridos por sable y enfureció a la multitud.[16] [19] Hasta media mañana, la manifestación se había desarrollado sin incidentes y en un ambiente relativamente festivo.[22] Los manifestantes deseaban marchar junto al Palacio de Justicia y regresar a sus barrios en la periferia, pero el comandante de la policía montada decidió impedirles el paso, desencadenando el choque con la multitud.[22] La carga inesperada y la visión de los heridos desató la furia de los manifestantes, que se reagruparon y comenzaron a lanzar adoquines a la policía, a pesar de los ruegos de calma de los representantes obreros.[25]

Disturbios[editar]

Esta marchó al Palacio de Justicia, símbolo del trato discriminatorio a su clase social,[13] [7] y construyó barricadas, mientras la policía entraba en el edificio y comenzaba a disparar a los manifestantes —que la habían apedreado,[15] causando algunos heridos en sus filas—.[16] Se desconoce si los manifestantes apedrearon primero a la policía o si fue esta la que empezó el enfrentamiento al disparar contra la multitud.[22] La escasa policía montada cargó contra la marcha de nuevo, en vano.[22] Los manifestantes volvían a reagruparse.[26] Se levantaron entonces las barricadas, aprovechando los materiales de una obra cercana.[27] La policía quedó acorralada en el Palacio de Justicia,[26] desde donde disparó a la gente hasta agotar la munición y hacia el que la multitud empujó a los guardias a caballo.[27] [28] Algunos de los jinetes fueron derribados y golpeados por los manifestantes.[26] La policía se refugió en el edificio, pero no pudo impedir la entrada a los atacantes.[28]

Los manifestantes entonces le prendieron fuego al edificio.[13] [15] [27] [28] Para entonces, otros grupos habían asaltado una comisaría cercana, que también incendiaron, y los principales diarios de los socialcristianos y pangermanos, en los que causaron destrozos.[29] A mediodía, la situación se había calmado en cierta medida, y la muchedumbre contemplaba arder el Palacio de Justicia.[29]

Se negaron a permitir a los bomberos apagar el fuego,[7] a pesar de las súplicas[7] del alcalde socialdemócrata; Schober le solicitó permiso para enviar al ejército, a lo que aquel se negó,[15] [30] [31] a pesar de ser la policía incapaz de controlar la situación.[16] Para cuando la multitud se avino a permitir que se apagase el incendio,[32] este era incontrolable y no se puedo evitar que destruyese el edificio.[33] La Schutzbund, que trató de interponerse entre los manifestantes y la policía y permitir el paso de los bomberos, fracasó en su misión,[15] y el canciller Seipel permitió armar a la policía y enviar seiscientos refuerzos.[16] La liga logró, sin embargo, rescatar a unos setenta policías —además de a otras personas como jueces y funcionarios, también atrapados— del edificio en llamas, disfrazándolos de civiles para evitar que fuesen asesinados por los que lo cercaban.[30] [32] En la operación de rescate murieron once de sus hombres, la mayoría a manos de los propios policías, que en ocasiones no creyeron que acudían en su auxilio.[30] Armada finalmente la policía con rifles y carabinas y una munición especialmente dañina,[31] causó numerosos heridos por toda la ciudad, disparando contra cualquier grupo de gente, a menudo simples curiosos.[34] [35] Schober desplegó seiscientos hombres para aplastar las protestas.[31] Entre las dos y las cinco de la tarde continuó el tiroteo de los grupos de gente, en muchos casos simplemente curiosos que se habían acercado a contemplar el gran incendio del Palacio de Justicia.[35]

En los combates que se libraron por la ciudad murieron ochenta y seis personas y quedaron heridas mil cien.[13] [nota 2] De los muertos civiles, treinta y cuatro no tenían relación con la manifestación y fallecieron debido al tiroteo de la policía.[36] De los policías, uno solamente murió durante los enfrentamientos del 15 de julio en el centro de la ciudad, dos más fueron tiroteados en una emboscada esa misma noche durante los últimos enfrentamientos aislados y el cuarto falleció durante el asedio a una comisaría al día siguiente.[38]

El incendio se utilizó para avivar el miedo a una revuelta socialista[39] y aplastar las protestas. La dirección socialista, reunida de urgencia, rechazó armar a los obreros, como muchos de estos exigían.[40] Durante la huelga revivió la alicaída Heimwehr,[39] que se dedicó a tratar de reventar la huelga, actuando en algunos casos como policía auxiliar y logrando hacerla fracasar en las provincias,[39] donde los socialdemócratas eran más débiles, dejando a los trabajadores de Viena aislados del exterior.[39] [36]

Al día siguiente una huelga general convocada por los socialdemócratas pareció mostrar la fortaleza del partido —los sindicatos socialistas paralizaron el transporte en gran parte del país—,[41] pero el aplastamiento de la protesta espontánea le supuso en realidad una gran derrota.[16] Seipel había logrado capear la crisis y mantener el control de la situación.[41]

Consecuencias[editar]

Miembros de la Heimwehr, organización paramilitar de derecha que colaboró en el aplastamiento de la huelga general convocada por los socialistas como protesta por la matanza en Viena y salió fortalecida de la crisis.

El aplastamiento de las protestas supuso el revivir de la Heimwehr,[41] el aumento de su prestigio en los conservadores círculos gubernamentales, el crecimiento de sus reclutas y su consolidación como organización nacional.[42] Si bien en la capital y en la Baja Austria había quedado paralizada por la huelga general, en el resto de las provincias había conseguido ponerla fin por la fuerza,[37] sin que la Schutzbund socialista pudiese evitarlo —en el Tirol y Vorarlberg, los Gobierno provinciales habían aceptado a las unidades de la Heimwehr como policía auxiliar—.[41] El nuevo prestigio permitió a la organización comenzar negociaciones con la Italia de Mussolini, que comenzó a financiar a la organización,[42] y con el Gobierno reaccionario húngaro de István Bethlen.[42] La organización comenzó a sopesar la posibilidad de marchar contra la capital —imitando la marcha sobre Roma de Mussolini— para implantar un Gobierno fascista.[36]

Se considera al acontecimiento un hito en la historia de la primera república austriaca, un símbolo de la radicalización del movimiento socialdemócrata austriaco y de su impaciencia ante la falta de reformas en el país.[13] La dirección del partido socialdemócrata, que no tomó parte en los choques, había perdido parte de su influencia entre sus seguidores, más radicales.[13]

Mostró también que la derecha austriaca estaba dispuesta a utilizar la mayor violencia contra sus adversarios.[13] El fracaso de la dirección socialista, que conjugaba la retórica revolucionaria con la moderación en la práctica,[13] animó a los conservadores a proseguir con su ataque al poder de su adversario y acelerar el proceso de conversión al fascismo del país.[43] El Gobierno presentó los disturbios, de manera oportunista e incorrecta pero efectiva en el extranjero, como un peligroso alzamiento comunista lanzado con el fin de imponer una república soviética en Austria.[44]

Notas[editar]

  1. Macartnery indica que la absolución de los acusados —dos, según él— se debió a la imposibilidad de probar que habían sido los perpetradores de los asesinatos. Solo se los pudo multar por portar armas sin el permiso necesario.[15]
  2. Según Macartnery, murieron ochenta y cuatro civiles y cinco policías.[36] Gedye da un número similar pero distinto: ochenta y cinco civiles y cuatro policías fallecidos.[37] Gulick coincide con Gedye.[38]

Referencias[editar]

  1. Gulick, 1948, p. 719-720.
  2. a b Gulick, 1948, p. 726.
  3. Gulick, 1948, p. 726-727.
  4. a b c Gulick, 1948, p. 727.
  5. a b c d e Gulick, 1948, p. 728.
  6. a b Kitchen, 1980, p. 19.
  7. a b c d e f g h i Carsten, 1977, p. 110.
  8. a b c d e f g h Gedye, 1939, p. 21.
  9. Gulick, 1948, p. 725.
  10. a b Macartney, 1929, p. 299.
  11. Gulick, 1948, p. 728-729.
  12. a b Gulick, 1948, p. 730.
  13. a b c d e f g h i j k l Kitchen, 1980, p. 20.
  14. a b Gulick, 1948, p. 732.
  15. a b c d e f g h Macartney, 1929, p. 300.
  16. a b c d e f g h Kitchen, 1980, p. 102.
  17. a b Gulick, 1948, p. 735.
  18. Gulick, 1948, p. 733-734.
  19. a b c d e f Gulick, 1948, p. 737.
  20. a b c Gulick, 1948, p. 734.
  21. Gulick, 1948, p. 734-735.
  22. a b c d e Gedye, 1939, p. 22.
  23. a b c d e f Gulick, 1948, p. 736.
  24. Gulick, 1948, p. 736-737.
  25. Gulick, 1948, p. 738.
  26. a b c Gulick, 1948, p. 739.
  27. a b c Gedye, 1939, p. 23.
  28. a b c Gulick, 1948, p. 740.
  29. a b Gulick, 1948, p. 741.
  30. a b c Gedye, 1939, p. 24.
  31. a b c Gulick, 1948, p. 744.
  32. a b Gulick, 1948, p. 742.
  33. Gedye, 1939, p. 23-24.
  34. Gedye, 1939, p. 24-25.
  35. a b Gulick, 1948, p. 744-745.
  36. a b c d Macartney, 1929, p. 301.
  37. a b Gedye, 1939, p. 27.
  38. a b Gulick, 1948, p. 746.
  39. a b c d Kitchen, 1980, p. 57.
  40. Gulick, 1948, p. 746-747.
  41. a b c d Carsten, 1977, p. 111.
  42. a b c Kitchen, 1980, p. 58.
  43. Kitchen, 1980, p. 21.
  44. Gedye, 1939, p. 28.

Bibliografía[editar]

  • Carsten, F. L. (1977). Fascist movements in Austria : from Schönerer to Hitler (en inglés). Sage Publications. p. 356. ISBN 9780803999923. 
  • Gedye, G. E. R. (1939). Betrayal in Central Europe (en inglés). Harper & Bros. p. 499. OCLC 1101763. 
  • Gulick, Charles Adams (1948). Austria from Habsburg to Hitler, volume 1 (en inglés). University of California Press. p. 771. OCLC 312153572. 
  • Kitchen, Martin (1980). The coming of Austrian fascism (en inglés). Croom Helm. p. 299. ISBN 9780709901334. 
  • Macartney, C. A. (1929). «The Armed Formations in Austria». Journal of the Royal Institute of International Affairs 8 (6): 617–632.