Masacre de las Bananeras

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Líderes de la huelga de los trabajadores en las plantaciones bananeras. De izquierda a derecha: Pedro M. del Río, Bernardino Guerrero, Raúl Eduardo Mahecha, Nicanor Serrano y Erasmo Coronel. Guerrero y Coronel fueron asesinados por el ejército colombiano.

La Masacre de las bananeras fue perpetrada por un regimiento de las Fuerzas Armadas de Colombia bajo mandato presidencial de Miguel Abadía Méndez y ejecutada por orden del general Cortés Vargas en el municipio colombiano de Ciénaga el 6 de diciembre de 1928, quienes asesinaron vilmente a un número indeterminado de manifestantes (aproximadamente 300 personas afirmado por las investigaciones más serias de la época) que marchaban por las pésimas condiciones de trabajo en la United Fruit Company.[1]

La huelga[editar]

Varias versiones no oficiales afirman que la huelga transcurrió de forma pacífica, no obstante sí se contaba con un nivel de orden y apoyo popular inédito. Los altos representantes de la bananera movieron sus influencias en el gobierno logrando que se trasladara un contingente de soldados, al mando del Comandante General Carlos Cortés Vargas.

Los 20 mil huelguistas tenían a su favor la simpatía de la población y del propio Alcalde, de los indígenas de la Sierra Nevada, de los comerciantes y algunos ganaderos que les enviaban reses para su manutención. Y algo inusitado, por lo contrario a las ideas generalizadas, fue el hecho de que muchos trabajadores norteamericanos se solidarizaron con ellos. Se sabe, también, que hubo deserciones individuales y de grupo en el primer tiempo de la huelga, en el que obreros y soldados confraternizaron, razón por la cual los militares tuvieron que reemplazar los contingentes y mantenerlos acuartelados.

La masacre[editar]

El 5 de diciembre fue el día fijado para negociación de los 9 puntos del pliego de exigencias de los trabajadores. Se estima en 5000 los trabajadores que estaban en la plaza algunos con sus hijos y familia cuando fueron rodeados por unos 300 hombres armados. Contaban los sobrevivientes que después de un toque de corneta el propio Cortés Vargas dio la orden de fuego por tres veces. Nunca se supo a ciencia cierta la cifra real de muertos. Las narraciones populares orales y los documentos escritos dan cifras de entre 800 a 3000 asesinados, y agregan que los arrojaron al mar.


Encubrimiento oficial[editar]

Según la versión oficial del gobierno colombiano del momento sólo fueron nueve.

  • Otra versión es aquella contenida en los telegramas enviados el 7 de diciembre, un día después de la masacre, por el consulado de Estados Unidos en Santa Marta al Departamento de Estado de los Estados Unidos, donde inicialmente se informaba que fueron cerca de 50 los muertos.
  • Más tarde, en su comunicado del 29 de diciembre indicó que fueron entre 500 y 600, además de la muerte de uno de los militares.
  • Por último, en su comunicado del 16 de enero de 1929 indicó que el número excedía los 1000. Según el consulado, la fuente de dichas cifras fue el representante de la United Fruit Company en Bogotá.

Otras versiones dicen que la cifra era falsa y que la cantidad de muertos reales era tan grande que llenaron trenes de muertos

Aquel fue el “bautizo de fuego” de la clase trabajadora colombiana. Vinieron los Consejos de Guerra, posteriores asesinatos selectivos de otros líderes y cárceles para los dirigentes nacionales y locales.

Impunidad[editar]

El general Cortés Vargas, comandante de las fuerzas del Magdalena y quien dio la orden de disparar, argumentó posteriormente que lo había hecho, entre otros motivos, porque tenía información de que barcos estadounidenses estaban cerca a las costas colombianas listos a desembarcar tropas para defender al personal estadounidense y los intereses de la United Fruit Company, y que de no haber dado la orden, Estados Unidos habría invadido tierras colombianas.

Esta posición fue fuertemente criticada en el Senado, en especial por Jorge Eliécer Gaitán quien aseguraba que esas mismas balas debían haber sido utilizadas para detener al invasor extranjero y quien demostró los vínculos económicos del general Cortés Vargas con la United Fruit Company.

Esta masacre no le generó, sin embargo, ninguna responsabilidad penal ni política a Cortés Vargas. El ministro de Guerra de entonces, Ignacio Rengifo, no sólo lo mantuvo en el cargo, sino que posteriormente fue ascendido y nombrado comandante de la Policía en Bogotá. Seis meses después, en junio de 1929, con ocasión de una protesta callejera estudiantil en Bogotá, fue asesinado por la Policía, Gonzalo Bravo Pérez; un estudiante de la élite bogotana, quien era además hijo de un amigo personal del presidente Miguel Abadía Méndez. Como resultado de esta acción debieron renunciar el ministro Rengifo y el general Cortés Vargas, lo que aumentó la rebelión de los trabajadores y generó nuevas revueltas.

Final de la huelga y consecuencias[editar]

La difusión de la masacre fue amplia en los medios de comunicación de la época, y provocó innumerables debates éticos y políticos. El más llamativo fue el organizado por Jorge Eliécer Gaitán quien viajo al lugar de los hechos para realizar una investigación detallada de lo sucedido. De regreso presentó su informe al Congreso, donde se generó un intenso debate en relación a la decisión de disparar a una manifestación desarmada donde se encontraban mujeres y niños.

Otro de los temas discutidos fue la influencia de las multinacionales en las altas esferas del gobierno, en especial de la United Fruit Company a quién se le logró demostrar relaciones directas con el general Cortés Vargas.[1]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Carlos Arango, Sobrevivientes de las Bananeras, 2a. Edición, Editorial Ecoe, Bogotá, 1985, pp. 63-87
  • Jorge Eliécer Gaitán Ayala, 1928 La masacre de las Bananeras, Editorial Cometa De Papel, Bogotá, 1997, 139 pp.

Enlaces externos[editar]