Leucemia

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Leucemia
Acute leukemia-ALL.jpg
Frote sanguíneo de precursores linfocíticos en una Leucemia linfoide aguda (LLA).
Clasificación y recursos externos
CIE-10 C95
CIE-9 V10.6
CIAP-2 B73
DiseasesDB 7431
MedlinePlus 001299
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La leucemia (del griego λευκός /leukós/ ‘blanco’, y αἷμα /aima/ ‘sangre’) es un grupo de enfermedades malignas de la médula ósea (cáncer hematológico[1] ) que provoca un aumento descontrolado de leucocitos en la misma. Sin embargo, en algunos tipos de leucemias también pueden afectarse cualquiera de los precursores de las diferentes líneas celulares de la médula ósea, como los precursores mieloides, monocíticos, eritroides o megacariocíticos.[2]

Epidemiología[editar]

La leucemia es el cáncer más frecuente en la infancia, con 3 a 5 casos cada año por cada 100 000 niños menores de 15 años.[3] En el año 2000, unos 256 000 niños y adultos desarrollaron algún tipo de leucemia.[4]

Clasificación[editar]

Existen distintos tipos de clasificación, en función del criterio que se utilice para ello.

Según la población celular afectada[editar]

Según la gravedad de la patología[editar]

  • Aguda: en este caso, se da un aumento muy rápido de las células sanguíneas inmaduras. Estas células no realizan las funciones sanguíneas necesarias, y ocupan un espacio que permitiría el desarrollo de las células maduras. Es muy importante que el tratamiento sea precoz ya que la progresión celular y la dispersión de las células malignas puede conducir a que la leucemia llegue a otros órganos corporales. Esta forma de leucemia es la más común en niños.
  • Crónica: en esta afección, se producen demasiados glóbulos blancos maduros pero anormales. Progresa durante meses o años, por lo que no siempre se administra el tratamiento inmediatamente, si no que a veces se monitoriza la situación para ver cual es el momento más efectivo para la terapia. Aunque pueden ocurrir en cualquier grupo de edad, la leucemia crónica ocurre más a menudo en personas mayores.

La principal característica de las leucemias agudas es la presencia de un "cese madurativo" de las células de línea mieloide (LMA) o Linfoide (LLA) con blastosis en médula ósea (superior de 20% de celularidad no eritroide según la OMS). Dado que todavía queda hematopoyesis normal residual, puede verse en sangre periférica la existencia de un "hiato leucémico", es decir, presencia de formas inmaduras en sangre periférica y formas maduras pero con ausencia de elementos intermedios.

En las leucemias crónicas, la principal característica morfológica es la no existencia de dicho hiato leucémico, ya que no existe detenimiento madurativo, permitiendo secretar a la sangre células maduras, y su curso clínico suele ser indolente.

Cuadro clínico[editar]

Se producen daños en la médula ósea, a modo de desplazamientos de las células normales de la médula ósea con un mayor número de glóbulos blancos inmaduros. Todo esto se traduce en una falta de plaquetas en la sangre, fundamentales en el proceso de coagulación sanguínea, por lo que las personas con leucemia pueden desarrollar fácilmente hematomas y un sangrado excesivo o hemorragias punteadas (petequias).

Los glóbulos blancos, implicados en la defensa del organismo, pueden ser deficientes o disfuncionales. Esto puede causar que el sistema inmune del paciente sea incapaz de luchar contra una infección simple. Debido a que la leucemia impide que el sistema inmunitario funcione con normalidad, algunos pacientes experimentan infecciones frecuentes, que van desde las amígdalas infectadas, llagas en la boca, diarrea, neumonía o infecciones oportunistas.

Por último, la deficiencia de glóbulos rojos produce anemia, que puede causar disnea y palidez.

De manera resumida, algunas de sus manifestaciones clínicas más importantes son:


  • Decaimiento, falta de fuerzas, mareos, náuseas, vómitos, inapetencia, disminución de peso importante.
  • Fiebre que dura varios días sin una causa aparente, sudoración nocturna, escalofríos.
  • Dolor o sensibilidad ósea, dolores articulares y de extremidades.
  • Hemorragias frecuentes sin motivo aparente, por ejemplo, sangrado anormal de las encías o de la nariz.
  • Petequias o hematomas sin haber tenido algún golpe.
  • Palidez de piel, interior de la cavidad oral o de los párpados.
  • Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.
  • Aparición de masas o crecimientos anormales de órganos abdominales como el bazo y el hígado, o aparición de masas que crecen en otras partes del cuerpo.
  • Alteraciones de los exámenes sanguíneos (hemograma, VIH, etc.).
  • Irregularidad en los ciclos menstruales.
  • Dolor en articulaciones.

La palabra leucemia, que significa "sangre blanca", se deriva de la alta cantidad de glóbulos blancos que la mayoría de los pacientes de leucemia tienen antes del tratamiento. El elevado número de células blancas en la sangre es evidente cuando se observa una muestra de sangre afectada bajo el microscopio. Con frecuencia, estas células blancas extra son inmaduras o disfuncionales. El excesivo número de células también puede interferir con el nivel de otras células, causando un desequilibrio perjudicial en la proporción de la sangre.

Algunos pacientes con leucemia no tienen una alta cantidad de glóbulos blancos visibles durante un recuento sanguíneo normal. Esta enfermedad menos común se denomina aleucemia. La médula ósea contiene las células cancerosas aún blancas de la sangre que perturban la producción normal de células sanguíneas. Sin embargo, las células leucémicas se alojan en la médula en lugar de entrar en el torrente sanguíneo, donde serían visibles en un análisis de sangre. Para un paciente aleucémico, el recuento de glóbulos blancos en la sangre puede ser normal o baja. La aleucemia puede ocurrir en cualquiera de los cuatro tipos principales de leucemia, y es particularmente común en la leucemia de células pilosas.

Etiología[editar]

No hay una única causa conocida para todos los distintos tipos de leucemia que existen. Las causas conocidas, que no son factores intrínsecos de la persona, representan relativamente pocos casos.[6] Cada leucemia distinta puede tener varias causas diferentes.

La leucemia, al igual que otros tipos de neoplasias, son el resultado de mutaciones del ADN. Ciertas mutaciones producen la activación de oncogenes o la desactivacion de los genes supresores de tumores, y con ello alterar la regulación de la muerte celular, la diferenciación o la mitosis. Estas mutaciones ocurren espontáneamente o como resultado de la exposición a la radiación o a sustancias cancerígenas, además de la probable influencia de factores genéticos.[7]

Entre los adultos, podemos diferenciar entre los factores biológicos (virus como el virus linfotrópico T humano) y los artificiales (radiación ionizante, benceno, agentes alquilantes y quimioterapia para otras enfermedades).[8] [9] [10] El consumo de tabaco se asocia con un pequeño aumento en el riesgo de desarrollar leucemia mieloide aguda en adultos.[8] El uso y la exposición a algunos productos petroquímicos y tintes para el cabello se ha relacionado con el desarrollo de algunas formas de leucemia. También se han descrito casos de transmisión materno-fetal.[8]

Algunas formas de leucemia están vinculadas a infecciones víricas. Experimentos en ratones y otros mamíferos han demostrado la relación entre los retrovirus y la leucemia y también han sido identificados retrovirus humanos. El primer retrovirus humano identificado fue el virus linfotrópico T humano o HTLV-1, el cual causa la leucemia de células T.[11]

Algunas personas tienen una predisposición genética hacia el desarrollo de leucemias. Esta predisposición se demuestra por los antecedentes familiares y los estudios en gemelos.[8] Los afectados pueden tener un solo gen o genes múltiples en común. En algunos casos, las familias tienden a desarrollar el mismo tipo de leucemia que los demás miembros; en otras familias, las personas afectadas pueden desarrollar formas diferentes de leucemia o neoplasias relacionados con la sangre.[8]

Además de estas cuestiones, las personas con anomalías cromosómicas o ciertas enfermedades genéticas tienen un mayor riesgo de padecer leucemia.[9] Por ejemplo, las personas con síndrome de Down tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar formas de leucemia aguda y la anemia de fanconi es una factor de riesgo de desarrollar leucemia mieloide aguda.

La radiación no ionizante como causa de la leucemia ha sido estudiada durante varias décadas. Los expertos del grupo de trabajo de la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer realizaron una revisión detallada de todos los datos estadísticos acerca de frecuencias extremadamente bajas de energía electromagnética, que se produce de forma natural y en asociación con la generación, transmisión y uso de la energía eléctrica.[12] Llegaron a la conclusión de que hay muy pocas pruebas de que altos niveles de campos magnéticos de ELF (frecuencia extremadamente baja) ―pero que no sean eléctricos― podrían causar leucemia infantil. La exposición a campos magnéticos de ELF significativa podría dar lugar a un doble riesgo excesivo para la leucemia de los niños expuestos a estos altos niveles de campos magnéticos. Sin embargo, el informe también dice que las deficiencias metodológicas y sesgos en estos estudios probablemente hayan hecho que el riesgo sea exagerado.[12] No se ha demostrado evidencia de una relación con la leucemia u otro tipo de tumor maligno en los adultos.[12] Dado que la exposición a tales niveles de ELF es relativamente poco común, la Organización Mundial de la Salud concluye que la exposición de ELF, que cada año representa solo entre 100 y 2400 casos en todo el mundo, lo que representa 0,20 a 4,95 % de la incidencia total para ese año.[13]

Diagnóstico[editar]

El diagnóstico se basa generalmente en repetidos conteos sanguíneos completos y un examen de médula ósea tras los síntomas observados. La biopsia de un ganglio linfático puede realizarse también para diagnosticar ciertos tipos de leucemia en algunas situaciones. Una vez diagnosticada la enfermedad, una analítica sanguínea puede utilizarse para determinar el grado de daño al hígado y a los riñones o los efectos de la quimioterapia en el paciente. Para observar los posibles daños visibles debidos a la leucemia, se pueden utilizar radiografías (en huesos), resonancia magnética (cerebro) o ultrasonidos (riñón, bazo e hígado). Las tomografías computarizadas rara vez se utilizan para revisar los nódulos linfáticos en el pecho.

Si bien algunas leucemias tienen carácter fulminante, otras pueden ser enfermedades indolentes, de presentación insidiosa. Ya que no existe ningún síntoma que por sí solo y de manera específica permita diagnosticar esta enfermedad, siempre debe descartarse la presencia de leucemia en presencia de manifestaciones clínicas sugerentes, tales como un hemograma alterado. El método más seguro para confirmar o descartar el diagnóstico es mediante la realización de un mielograma y, solo en casos seleccionados, puede ser necesario realizar una biopsia de la médula ósea.

Tratamiento[editar]

El tratamiento de la leucemia puede incluir:[14]

Posible cura[editar]

En 2014, investigadores de Minnesota (Estados Unidos) han conseguido acabar con el cáncer de sangre de una mujer de 50 años inyectándole una dosis masiva de una cepa genéticamente modificada del virus del sarampión de tipo MV-NIS.[16]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Leucemia», artículo en español en el sitio web OncoLink.
  2. Pizzo, A. Philip; Poplack, David G. (2002): Principles and practice of Pediatric Oncology. Filadelfia (Estados Unidos): Lippincott Williams & Wilkins. Pág. 545.
  3. "La leucemia", artículo en el sitio web LatinSalud.
  4. Mathers, Colin D.; Boschi-Pinto, Cynthia; López, Alan D.; y Murray, Christopher J. L. (2001): «Cancer incidence, mortality and survival by site for 14 regions of the world», en Global Programme on Evidence for Health Policy Discussion Paper No. 13 (Organización Mundial de la Salud).
  5. LLA, en Fundación Josep Carreras, España
  6. Ross JA, Kasum CM, Davies SM, Jacobs DR, Folsom AR, Potter JD (August 2002). «Diet and risk of leukemia in the Iowa Women's Health Study». Cancer Epidemiol. Biomarkers Prev. 11 (8):  pp. 777-781. PMID 12163333. http://cebp.aacrjournals.org/content/11/8/777.long. 
  7. «Do We Know What Causes Leukemia». Detailed Guide: Leukemia. American Cancer Society (2010). Consultado el 18 de mayo de 2010. Uso incorrecto de la plantilla enlace roto (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  8. a b c d e Wiernik, Peter H. (2001). Adult leukemias. Nueva York: B. C. Decker. pp. 3–15. ISBN 1-55009-111-5. 
  9. a b Robinette, Martin S.; Cotter, Susan; Van de Water (2001). Quick Look Series in Veterinary Medicine: Hematology. Teton NewMedia. p. 105. ISBN 1-893441-36-9. 
  10. Stass, Sanford A.; Schumacher, Harold R.; Rock, William R. (2000). Handbook of hematologic pathology. Nueva York: Marcel Dekker. pp. 193–194. ISBN 0-8247-0170-4. 
  11. Leonard, Barry (1998). Leukemia: A Research Report. DIANE Publishing. p. 14. ISBN 0788171895. 
  12. a b c Non-Ionizing Radiation, Part 1: Static and Extremely Low-Frequency (ELF) Electric and Magnetic Fields (IARC Monographs on the Evaluation of the Carcinogenic Risks).. Génova: World Health Organisation. 2002. pp. 332–333, 338. ISBN 92-832-1280-0. 
  13. «WHO | Electromagnetic fields and public health». Consultado el 18 de febrero de 2009.
  14. Hernández Menéndez, Maite; y Ríos Hernández, María de los Ángeles: «Oncogenes y cáncer», en Revista Cubana de Oncología, 15 (2): págs. 131-139; 1999
  15. Agentes citostáticos. Protocolos de vigilancia sanitaria específica. Comisión de Salud Pública de Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, España, 2003
  16. «Logran curar el cáncer de sangre a una mujer en EE. UU.», artículo en el diario ABC (Madrid) del 16 de mayo de 2014.

Enlaces externos[editar]

Noticia[1]Wikinoticias[2]