Epistolografía

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Carta de Joan Miró a Josep Tremoleda, 1965.

La epistolografía (del griego ἐπιστολή, «carta» y γραφία, «escritura») es una actividad literaria que consiste en escribir cartas. Generalmente, se consideran de interés general, y por tanto publicables, las cartas que el propio autor juzga apropiado publicar o que, sin cumplir esa condición, sirven sin embargo para conocer mejor la biografía y la obra de algún artista o algún acontecimiento o período histórico.

Encuadre[editar]

Por su temática y su uso del 'yo', la epístola se encuadra dentro de la escritura subjetiva, junto con la autobiografía, las confesiones, el diario, las memorias y el monólogo.[1] [2]

Clasificación[editar]

La carta o epístola es un género muy flexible, que se presta a múltiples usos y clasificaciones. Desde el punto de vista del emisor, cabe distinguir cartas reales, apócrifas y ficticias.[3] Por su interés literario, histórico o antropológico, algunos de los tipos más notables son los siguientes:

  • Carta a los Reyes Magos: en los países en los que está extendida la creencia de que los Reyes Magos traen regalos a los niños el día 6 de enero, es común que los padres animen a sus hijos a escribir a los monarcas una carta explicando qué regalos desean. La mayoría de los servicios postales aceptan estas cartas.[4] [5] Actualmente, los Reyes Magos reciben también correos electrónicos[6] y mensajes dirigidos a su página web.[7] [8]
  • Carta abierta: aunque tiene un destinatario concreto, el autor la envía a un medio de comunicación. Suele contener críticas o peticiones, y su publicación funciona como una forma de presión. Un ejemplo célebre es Yo acuso, de Émile Zola, carta abierta dirigida al presidente de Francia sobre el Caso Dreyfus. El escritor español Fernando Arrabal ha publicado varias cartas de este tipo (Carta al general Franco, Carta a Fidel Castro, Carta a Stalin).
  • Carta al director: mensaje que el lector de una publicación periódica dirige al director de la misma, generalmente aportando puntualizaciones o críticas a alguna noticia o artículo de opinión aparecidos en la misma. Las publicaciones recogen una selección de estas cartas en una sección específica, reservándose generalmente el derecho a acortar el texto y negándose a aceptar misivas anónimas o pseudónimas.[9]
  • Carta apócrifa: es aquella que se atribuye, falsamente, a un autor célebre. Algunas cartas apócrifas, consideradas auténticas por muchas personas, han ejercido una influencia notable: tal es el caso de la presunta correspondencia entre Jesucristo y el rey sirio Abgaro V de Edesa que Eusebio de Cesarea incluye en su Historia eclesiástica. En los siglos XX y XXI, algunos autores recurren a la carta apócrifa como recurso literario: así, C. S. Lewis escribe Cartas del diablo a su sobrino (1942) y Fernando Sánchez Dragó publica en 2001 Carta de Jesús al Papa.
  • Carta de amor: aunque se trata en principio de un documento privado, trasciende esta categoría para convertirse en un género literario específico, de lo que da fe la convocatoria de concursos de este tipo de cartas.[10] La correspondencia entre Pedro Abelardo y su amante Eloísa puede considerarse un clásico del género.[11] Desde 1937, en que llega la primera misiva, la ciudad de Verona recibe innumerables cartas de amor dirigidas a Julieta.[12]
  • Carta ficticia: es aquella que se atribuye a un personaje de ficción. El sofista griego Alcifrón es el autor clásico de este tipo de cartas, puestas en boca de personajes típicos o pintorescos, como parásitos y cortesanas.
  • Carta filosófica: Epicuro, Séneca y otros autores grecolatinos utilizan la carta para divulgar sus ideas filosóficas. Voltaire retoma esta práctica en sus famosas Cartas filosóficas.
  • Carta oficial: tiene como objetivo establecer o mantener una relación oficial entre personas o instituciones. Las Cartas de Amarna son un ejemplo célebre de este tipo de correspondencia.
  • Carta privada: el epistolario de muchos personajes públicos consta de cartas privadas, dirigidas en principio a amigos o familiares. Sin embargo, posteriormente, generalmente de forma póstuma, estas cartas se han considerado de interés general y se han publicado. Tal es el caso, por ejemplo, de la Carta al padre de Franz Kafka y de las cartas escritas por el poeta español Antonio Machado a la poetisa Pilar de Valderrama ("Guiomar").[13]
  • Carta proemio: es aquella que sirve de prólogo a un libro. Así, las Geórgicas del poeta latino Virgilio se abren con una dedicatoria a su protector, Mecenas. Un ejemplo clásico de la literatura española es la carta de «El autor a un su amigo» que abre La Celestina, de Fernando de Rojas.
  • Epístola en verso: su referente clásico son las Epístolas del poeta latino Horacio y las cartas en verso que Ovidio escribe desde el exilio (Pónticas). En el siglo XX, el poeta vasco Gabriel Celaya recupera esta tradición en su libro Las cartas boca arriba (1951).
  • Novela epistolar: numerosas novelas incluyen cartas de alguno de los personajes. En la antigüedad tardía, Heliodoro y Aquiles Tacio usan ya el recurso. Cuando toda la novela (o al menos parte importante de ella) consta de una o varias cartas, hablamos de novela epistolar. Son ejemplos célebres Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos y Los idus de marzo de Thornton Wilder.

Historia[editar]

La Antigüedad[editar]

Tablilla que contiene una de las cartas de Amarna, escrita en caracteres cuneiformes.

La historia de la epistolografía comienza en la antigua Mesopotamia y Egipto. Para entender las cartas que se conservan de esta época hay que tener en cuenta que la escritura es entonces una técnica especializada al alcance de muy pocas personas. De ahí que se trate, sobre todo, de correspondencia oficial o mercantil. En Egipto, tienen especial importancia las cartas de Amarna, que recogen la correspondencia diplomática de los faraones Amenofis III y Akenatón y arrojan luz sobre las relaciones del Egipto de la época con las naciones vecinas.[14]

La epistolografía goza de gran consideración como género literario en el mundo grecolatino.[15] Se concibe la carta como una "conversación por escrito", de estilo austero y claro.[16] La composición de epístolas apócrifas y ficticias es uno de los ejercicios favoritos de rétores y sofistas.[17] Así, el sofista griego Alcifrón debe su fama a sus cartas ficticias (ordenadas en cuatro series: cartas de pescadores, de labradores, de parásitos y de cortesanas). Uno de los desarrollos más interesantes del género es la epístola en verso, cultivada por Horacio y otros poetas. En sus Heroidas, Ovidio ofrece 21 cartas de amor, puestas en boca de personajes femeninos célebres, como Safo, Penélope y Dido. Las cartas de Cicerón, sin ser la parte más importante de su obra, se consideran un testimonio de gran valor sobre la vida del autor y la cultura y manejos políticos de la Roma de su época. Destacan también, entre otras, las cartas del filósofo Séneca, de Plinio el Joven y de los sofistas Luciano, Claudio Eliano y Filóstrato. Las cartas o epístolas de Pablo de Tarso y otros autores cumplen una función muy especial en el Nuevo Testamento, permitiéndonos conocer algunos de los conflictos y puntos de vista de los primeros núcleos cristianos. Algunas de ellas se consideran hoy apócrifas.[18] Lo mismo sucede con el epistolario de los primeros padres de la Iglesia, como Ignacio de Antioquía y Clemente de Roma.[18]

De la antigüedad tardía se conservan epistolarios de gran interés, tanto de autores paganos (Libanio, Juliano el Apóstata) como de padres de la Iglesia (Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo, Sinesio de Cirene, Teodoreto de Ciro).[19]

El estudio de los epistológrafos grecolatinos ha generado una bibliografía voluminosa, volcada en un primer momento hacia las cartas como material auxiliar para el estudio de otros géneros y materias. En los últimos años, la epistolografía ha comenzado a despertar interés por sí misma, como un género literario con valor propio.[20]

Edad Media[editar]

En la Edad Media, hay intercambios epistolares de justa fama, como los del filósofo Pedro Abelardo y su amante Eloísa.[21] La cultura bizantina produce también epistolarios de gran riqueza, como los de Eustacio de Tesalónica,[22] Juan Tzetzes y Miguel Psello.

Siglos XVI y XVII[editar]

Ya en el Renacimiento, Petrarca y Erasmo de Rotterdam, entre otros, siguen cultivando con acierto el género. La correspondencia de Erasmo con Martín Lutero se considera un documento esencial para entender la Reforma Protestante. Erasmo y Juan Luis Vives escriben sendos manuales sobre el arte de escribir cartas, con el mismo título (De conscribendis epistolis, de 1522 y 1536, respectivamente).[23]

En España, la epístola poética conoce un momento de esplendor en el Siglo de Oro, con creaciones como la Epístola a Boscán de Garcilaso de la Vega y la Epístola moral a Fabio de Andrés Fernández de Andrada.

Siglos XVIII y XIX[editar]

Los autores ilustrados del siglo XVIII retoman con interés el género, utilizado por ejemplo por Voltaire (Cartas filosóficas, Cartas de Memmius), Montesquieu (Cartas persas), José Cadalso (Cartas marruecas) y el Padre Feijoo (Cartas eruditas y curiosas) A finales de siglo, Pierre Choderlos de Laclos publica Las amistades peligrosas, novela epistolar de enorme éxito.

La epistolografía sigue viva en el romanticismo, con creaciones como Cartas desde mi celda y Cartas literarias a una mujer, del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer. Se publican también en este período novelas epistolares célebres, como Las cuitas del joven Werther de Goethe, Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker.

Los autores realistas recurren también a la novela epistolar, que les permite ahondar en la psicología de los personajes. Un ejemplo notable es la primera parte de Pepita Jiménez, de Juan Valera.

Siglos XX y XXI[editar]

En el siglo XX, las cartas de Howard Phillips Lovecraft y J. R. R. Tolkien se consideran parte esencial de la obra de estos autores, pues iluminan muchos aspectos de su obra de ficción.[24] [25] Algo similar puede decirse de poetas como los españoles Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre y el nicaragüense Rubén Darío. En su libro Las cartas boca arriba (1951), el poeta vasco Gabriel Celaya recupera la tradición de la carta en verso, de estirpe horaciana, relativamente abandonada en los tiempos modernos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Beltrán Almería, Luis (1996). «Las estéticas de los géneros epistolares». 1616: Anuario de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada (10). ISSN 0210-7287, págs. 239-246 (cita en pág. 241).. http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01159074986708347448813/018675.pdf?incr=1. 
  2. Pulido Tirado,Genara (2001). «La escritura epistolar en la actual encrucijada genérica». Signa (10). ISSN 1133-3634, págs. 435-447 (cita en pág. 437).. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371852677834857430035/p0000025.htm. 
  3. Ruiz García, Elisa (1994). «Introducción». Teofrasto, Caracteres y Alcifrón, Cartas de parásitos. Cartas de cortesanas. Barcelona: Planeta DeAgostini. ISBN 978-84-473-5303-3. 
  4. «Correos pone buzones especiales para las cartas a los Reyes Magos» (15/12/2006). Archivado desde el original el 2008-09-22. Consultado el 29 de julio de 2008.
  5. «Correos comienza a enviar las cartas a los Reyes Magos» (16/12/2004). Consultado el 29 de julio de 2008.
  6. «Los Reyes Magos contestarán este año vía e-mail» (16/12/2004). Consultado el 29 de julio de 2008.
  7. «Los Reyes Magos ya tienen página web» (14/12/2007). Consultado el 29 de julio de 2008.
  8. «El buzón de los Reyes Magos». Consultado el 29 de julio de 2008.
  9. «Sección de cartas al director en el diario español El País». Consultado el 29 de julio de 2008.
  10. «Concursos de cartas de amor en Google». Consultado el 29 de julio de 2008.
  11. Usunáriz, Jesús M (2003). «Cartas de amor en la España del Siglo de Oro». Pliegos Volanderos del GRISO (5). pág. 2.. http://www.unav.es/griso/docs/publicaciones/volanderos/pdf/pliegos05.pdf. 
  12. «Cartas a Julieta». Consultado el 29 de julio de 2008.
  13. Baamonde, Miguel Ángel (noviembre de 2006). «¿Pilar de Valderrama, falsa Guiomar?». Consultado el 29 de julio de 2008.
  14. Serrano Delgado, José Miguel (1993). Textos para la historia antigua de Egipto. Madrid: Cátedra. pp. 125–129. ISBN 978-84-376-1219-5. 
  15. En la Ilíada (VI, 155-205) encontramos la primera referencia griega a la escritura de cartas. Estenebea, esposa del rey Preto, convence a éste de que Belerofonte, huésped en su corte, ha intentado violarla. Como venganza, Preto envía a Belerofonte al reino de Licia para que haga entrega de una carta al rey Yóbates, padre de Estenebea. La carta indica a Yóbates que debe matar al portador.
  16. Suárez de la Torre, Emilio (1988). «Literatura imperial. Prosa: epistolografía». Historia de la literatura griega. Madrid: Cátedra. ISBN 978-84-376-0770-2, pág. 1148.. 
  17. Suárez de la Torre, obra citada, págs. 1145-1146.
  18. a b Suárez de la Torre, obra citada, pág. 1147.
  19. Suárez de la Torre, obra citada, págs. 1147-1148.
  20. Prieto Domínguez, Óscar (2008). «Los acercamientos científicos a la epistolografía griega y sus enfoques teóricos». Estudios Clásicos (133). ISSN 0014-1453, págs. 111-132.. 
  21. Froldi, Rinaldo. «El tema literario de Eloísa y Abelardo y las Heroidas de José Marchena». Consultado el 29 de julio de 2008.
  22. Bourbouhakis, Emmanuel C.. «Las cartas de Eustacio de Tesalónica» (en inglés). Consultado el 29 de julio de 2008.
  23. Beltrán Almería, obra citada, pág. 239.
  24. «Las cartas de Lovecraft». Consultado el 29 de julio de 2008.
  25. Helios de Rosario. «Las cartas de J.R.R. Tolkien». Consultado el 29 de julio de 2008.

Enlaces externos[editar]