Cláusula filioque

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Icono de la Santísima Trinidad en el Monasterio de Vatopediou del Monte Athos.

En la teología cristiana la cláusula filioque, o controversia filioque, hace referencia a la disputa entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa por la inclusión en el Credo del término en latín filioque que significa: «y del Hijo».

La Iglesia de Oriente difiere de la Occidental en lo que expone el Credo Niceno acerca del Espíritu Santo. En la forma Oriental se dice: el Espíritu Santo «procede del Padre». En la forma Occidental se añaden las palabras: «y del Hijo» (en latín filioque). La Iglesia Occidental confiesa una doble procedencia del Espíritu Santo: «del Padre y del Hijo». La Iglesia Oriental considera que esto es una herejía.

Evolución histórica[editar]

La primera versión de Credo se fijó en el Primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea en 325, por lo que es conocido como Credo niceno. En él no se hacía referencia alguna al origen del Espíritu Santo ya que lo que en ese momento se intentaba era sentar, frente al arrianismo, la doctrina de la Iglesia en lo referente a la figura de Jesucristo, por lo que se incluyeron frases como “engendrado, no creado” y “consubstancial al Padre”.

El Credo niceno ampliado por el Segundo Concilio Ecuménico, celebrado en Constantinopla en 381, fue en el que se estableció, siguiendo lo dispuesto en el Evangelio de Juan (15,26b), que el Espíritu Santo “procede del Padre” al decir:

«Credo in únum Deum... et in Spíritum Sánctum... qui ex Patre procédit
«Creo en un solo Dios... y en el Espíritu Santo... que procede del Padre.»

Este nuevo texto es conocido como Credo niceno-constantinopolitano que, sin embargo, no tuvo carácter normativo hasta el Cuarto Concilio Ecuménico celebrado en Calcedonia en 451.

En el año 589, durante el III Concilio de Toledo, al hilo de la conversión de los visigodos al catolicismo, se produjo la añadidura del término Filioque, por lo que el Credo pasaba a declarar que el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo”.

El Credo, con la cláusula Filioque, se extiende en el siglo VIII por el reino franco, lo que obligó a Carlomagno a convocar en 809 un concilio que se celebró en Aquisgrán, donde el papa León III prohibió el uso de la cláusula Filioque ordenando que el Credo, sin la misma, fuera grabado sobre dos tablas de plata y expuesto en la Basílica de San Pedro.

A pesar de dicha prohibición, la cláusula Filioque siguió siendo utilizada en el reino franco con el beneplácito implícito de Roma. Esta actitud será una de las causas del cisma fociano, germen del posterior, y hasta hoy definitivo, Cisma de Oriente datado en el año 1054.

En 1014 con motivo de su coronación como emperador de Sacro Imperio, Enrique II solicitó al papa Benedicto VIII la recitación del Credo con la inclusión del Filioque. El papa accedió a su petición, con lo que por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.

Situación actual[editar]

El 6 de agosto de 2000, el entonces cardenal Joseph Ratzinger y posterior papa Benedicto XVI, publicó en su calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe un documento titulado Dominus Iesus que supone un intento de acercamiento hacia la Iglesia ortodoxa. En dicho documento:

1. Se adjunta una declaración, reservada para los teólogos, en la que se reconoce a las Iglesias ortodoxas los primeros siete concilios ecuménicos.

2. La confesión de fe que lo empieza omite el Filioque.

Notas[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]