Tristeza

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Tristeza
(nombre de síntoma)
Face of fatigue.jpg
Rasgos faciales típicos de la tristeza.
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Escena de Unción del cuerpo de Cristo (1672), que muestra a María Magdalena llorando.

La tristeza es una de las seis emociones básicas (no natales) del ser humano según Paul Ekman, junto con el miedo, la ira, el asco, la felicidad y la sorpresa. Es una clase de dolor emocional o estado afectivo provocado por un decaimiento espiritual y expresado a menudo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, la lasitud etc. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas o cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. El sentimiento opuesto es la alegría.

Etimología[editar]

La palabra española tristeza viene del latín, trístĭtĭa.

Neurología[editar]

Según la American Journal of Psychiatry, se ha encontrado que la tristeza está asociada a "aumentos de la actividad bilateral en las proximidades media y posterior del lóbulo temporal, cerebelo lateral, vermis, mesencéfalo, putamen y caudado".[1]​ El equipo del investigador en neurociencia cognitiva José V. Pardo usó la tomografía por emisión de positrones (PET) para estudiar la tristeza en siete hombres y mujeres normales pidiéndoles que pensaran en cosas tristes. Observaron una mayor actividad cerebral en la corteza orbitofrontal y bilateral inferior.[2]​ En un estudio que indujo la tristeza en sujetos mostrando clips emocionales de películas, la sensación se correlacionó con aumentos significativos en la actividad cerebral regional especialmente en la corteza prefrontal, en la región llamada área 9 de Brodmann y el tálamo. También se observó un aumento significativo de la actividad en las estructuras temporales anteriores bilaterales.[3]

Otras tristezas[editar]

La tristeza puede ser también un síntoma del trastorno médico de la depresión o la distimia, que se caracteriza, además de por un abatimiento general de la persona, el descenso de la autoestima y los sentimientos de pesimismo, desesperanza y desamparo, por una tristeza profunda y crónica, esto es, duradera en el tiempo. En psiquiatría se habla de tristeza patológica cuando hay una alteración de la afectividad, que se produce un descenso del estado de ánimo, que puede incluir también anhedonia, pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación. La tendencia alternativa entre las emociones de alegría y de tristeza es la labilidad emocional.

Los síntomas más evidentes de la tristeza en el ser humano son el llanto, el nerviosismo y el decaimiento moral.

La tristeza en la infancia[editar]

La tristeza es una experiencia común en la infancia. Algunas familias pueden tener la idea (consciente o inconsciente) de que la tristeza no debe "permitirse"[4]​ en esta época de la vida, pero Robin Skynner ha sugerido que esto puede causar problemas, argumentando que si se elimina la tristeza la gente puede volverse superficial y maníaca.[5]​ El pediatra T. Berry Brazelton sugiere que reconocer la tristeza puede hacer más fácil que las familias aborden problemas emocionales más serios.[6]

La tristeza es parte del proceso natural del niño que se separa de una simbiosis temprana con la madre y se vuelve más independiente. Cada vez que un niño o niña se separa un poco más, tendrá que hacer frente a una pequeña pérdida. Si la madre no puede permitir el menor sufrimiento involucrado en este proceso, el niño nunca podrá aprender a lidiar con la tristeza por sí mismo.[7]​ Brazelton sostiene que "animar" demasiado a un niño devalúa la emoción de la tristeza para ellos;[8]​ y Selma Fraiberg sugiere que es importante respetar el derecho del niño a experimentar una pérdida completa y profundamente.[9]

Margaret Mahler también vio la capacidad de sentir tristeza como un logro emocional en contraposición, por ejemplo, a protegerse a través de la inquieta hiperactividad.[10]​ D. W. Winnicott también vio en el llanto triste la raíz psicológica de valiosas experiencias musicales en la vida posterior.[11]

Factores que generan tristeza[editar]

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La pena y la desolación que se asocian a la tristeza son provocadas sobre todo por factores únicos o concurrentes como estos:

Curación[editar]

El famoso Ángel del dolor, escultura del cementerio protestante de Roma

Daniel Goleman explica que "las personas solas a menudo tienden a estar tristes... Por desgracia, dejarlos caer solo empeora su estado. La única estrategia que adoptan es quedarse solas..."[12]​ "rumiando y ahogando el dolor", algo contraproducente. La atención y la paciencia con la tristeza es la única manera de enseñar a las personas a salir de la soledad.[13]​ Goleman sugiere dos alternativas positivas que recomiendan las terapias cognitivo-conductuales: "Una de ellas, aprender a controlar las emociones negativas para convertirlas en pensamientos positivos. La otra consiste en ocupar la mente con actividades placenteras".[14]​ Las teorías de las relaciones de objeto, sin embargo, sugieren la utilidad de permanecer en la tristeza: "Es importante transmitir a una persona que su tristeza es "aceptada" más fácilmente cuando se le ofrece un "apoyo emocional" para ayudar a superar esta tristeza".[15]​ Tal enfoque se alimenta de la creencia subyacente en que la pérdida (cuando se siente sinceramente) puede conducir a una nueva fase de vitalidad y a un re-compromiso con el mundo exterior.

Cuando algunas personas se sienten tristes, prefieren retirarse de su entorno y, gracias a ello, son más capaces de salir de ella. A expensas de los individuos que tienen su propia manera de curar su tristeza pueden pasar tiempo con otras personas o con una mascota o animal de compañía, o expresar esta tristeza de varias maneras, por ejemplo bailando,[16]​ escribiéndola o creando arte. En todo caso, algunos de los mecanismos de adaptación incluyen buscar el apoyo de otros, pasar tiempo con una mascota o participar en cualquier actividad que le ayude a expresar ese sentimiento. Otras personas pueden ser temporalmente excluidas del entorno social siempre y cuando esto ayude a recuperarse de su decaimiento. Para los que padecen tristeza de un modo orgánico y patológico (es decir, originado por su organismo como enfermedad) existe también el tratamiento farmacológico y los procedimientos complementarios ya citados.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Ahern, G.L., Davidson, R.J., Lane, R.D., Reiman, E.M., Schwartz, G.E. (1997). Neuroanatomical Correlates of Happiness, Sadness, and Disgust. The American Journal of Psychiatry, 926-933.
  2. Pardo J. V., Pardo P. J., Raichle M. E.: Neural correlates of self-induced dysphoria. Am J Psychiatry 1993; 150:713–719
  3. George MS, Ketter TA, Parekh PI, Horowitz B, Herscovitch P, Post RM: Brain activity during transient sadness and happiness in healthy women. Am J Psychiatry 1995; 152:341–351
  4. Masman, Karen (2010). The Uses of Sadness: Why Feeling Sad Is No Reason Not to Be Happy. Allen & Unwin. p. 8. ISBN 9781741757576.
  5. R. Skynner / J. Cleese, Families and how to survive them (1994) p. 33 y 36
  6. T. Berry Brazelton, To Listen to a Child (1992) p. 46 y p. 48
  7. R. Skynner/J. Cleese, Families and how to survive them (1994) p. 158–9
  8. Brazleton, p. 52
  9. Selma H. Fraiberg, The Magic Years (New York 1987) p. 274
  10. M. Mahler et al., The Psychological Birth of the Human Infant (London 1975) p. 92
  11. D. W. Winnicott, The Child, the Family, and the Outside World (Penguin 1973) p. 64
  12. Daniel Goleman, Emotional Intelligence, Londres, 1996, p. 271
  13. Aliki Barnstone New England Review (1990-) , Vol. 21, No. 2 (Spring, 2000), p. 19
  14. Goleman, 1996, p. 271.
  15. Skynner/Cleese, p. 164
  16. "Feeling Sad", Kids Help Phone, November 2010 https://kidshelpphone.ca/search?keys=emotional%20well%20being

Enlaces externos[editar]