Huitzilopochtli

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Huitzilopochtli
Huitzilopochtli V.png
Dios Huitzilopochtli en Códice Borbónico
Civilización Mexica
Residencia Omnipresente
Otros nombres Huichilobos
Significado del nombre Colibrí del sur
Templos Capilla sur del Templo Mayor
Esculturas Ninguna conocida, posiblemente todas destruídas
Códice relacionado Códice Telleriano-Remensis, Códice Borbónico, Códice Xólotl
Adoración actual Desconocida
Genealogía
Padres Concepcion virginal de Coatlicue
Cónyuge o dualidad femenina Desconocida
Hermanos Coyolxauqui y sus 400 hermanos (Centzonhuitznahua)
Hijos Desconocidos
Características
Armas Xiuhcóatl y Tehuehuelli
Manifestaciones Tezcatlipoca Azul, mota de plumas de colibrí
Representaciones Semillas de amaranto
Atributos Guerrero, Fundador de los Aztecas
Simbolismo La guerra, la venganza, el poder, la dominación
Ente celeste Sol[1]
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Huitzilopochtli (en náhuatl Huītzilōpōchtli; AFI [wiːtsiloːˈpoːtʃtɬi]:[2] ) fue la principal deidad de los mexicas. También fue conocido como Ilhuicatl Xoxouhqui y ha sido asociado con el sol.[3] A la llegada de los españoles a Mesoamérica, era la deidad más adorada en el Altiplano Central por imposición de los mexicas. Los conquistadores lo llamaron Huichilobos (el topónimo Churubusco deriva de Huītzilōpōchco) quienes buscaron la pronta erradicación de su culto por medio de la asociación del dios con cualidades malignas europeas y la desaparición de esculturas, templos, códices y productos agrícolas asociados a la deidad.

La Fiesta en honor a Huitzilopochtli se celebraba una vez al año. Esta concepción no es común a los demás pueblos nahuas, y al parecer fue debida al poderoso Tlacaélel, quien además instituyó la costumbre de las «guerras floridas» a fin de que Huitzilopochtli pudiera disponer de cautivos de habla náhuatl.

Nacimiento[editar]

El Dios de la guerra,según la leyenda, Huitzilopochtli nació de Coatlicue, la Madre Tierra, quien quedó embarazada con una bola de plumas o algodón azulino que cayó del cielo mientras barría los templos de la sierra de Tollan. Sus 400 hermanos (Centzonhuitznahua) al notar el embarazo de su madre y a instancias de su hermana Coyolxauhqui, decidieron ejecutar al hijo al nacer para ocultar la supuesta deshonra, pero Huitzilopochtli nació y mató a la mayoría. Tomó a la serpiente de fuego Xiuhcoatl entre sus manos, le dio forma de hacha y venció y mató con enorme facilidad a Coyolxauhqui, quien quedó desmembrada al caer por las laderas de los cerros. Huitzilopochtli tomó la cabeza de su hermana y la arrojó al cielo, con lo que se convirtió en la Luna, siendo Huitzilopochtli el Sol.

Este suceso era celebrado por los Mexica-Nahuatlacas el último día del decimoquinto mes del calendario náhuatl que es Pānquetzaliztli (Levantamiento de las Banderas). En el libro del historiador Rafael Tena «El Calendario Mexica y la Cronografía» publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, da como correlación de esta fiesta el día 9 de diciembre del calendario juliano o en su diferencia el 19 de diciembre del vigente calendario gregoriano, con la variante del 18 de diciembre en años bisiestos.

Huitzilopochtli y Tezcatlipoca Azul[editar]

Al ser Huitzilopochtli una deidad originaria de México-Tenochtitlan y sin predecesores identificables a los distintos pueblos mesoamericanos, los antiguos mexicas elevaron a Huitzilopochtli a la misma posición de otras deidades más reconocidas como Xipetótec, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca como uno de los Cuatro Tezcatlipocas, dejando reflejado su identificación mítica como el Tezcatlipoca Azul, cuyo reino sagrado o punto cardinal fuese el Sur. Pero tras el auge del México-Tenochtitlan, los culhuas-mexicas habrían separado el nacimiento de Huitzilopochtli en dos mitos individualizados, el Huitzilopochtli nacido de los dioses primordiales Ometecuhtli y Omecihuatl bajo el relato de la creación del universo, siendo quien incendiara al Medio Sol creado por Quetzalcóatl, representando así la voluntad para decidir y ordenar la creación del mundo, el universo y a la humanidad; Mientras el Huitzilopochtli hijo de Coatlicue (la tierra), la cual según el mito quedara embarazada al tocar unas plumas (o alternativamente de Mixcóatl) ayudará a su madre contra su hermana Coyolxauhqui (la luna) y sus hermanos Centzon Huitznáhuac (las estrellas meridionales), que desearon asesinarla por deshonra, símbolizando así la perpetua lucha entre el sol y la luna a través del firmamento como el dios solar patrón del fuego, de la guerra, de las batallas y de las tácticas bélicas.

Por lo tanto y desde entonces los Tlahtoānis de la Gran Tenochtitlan, fortalecian al dios Huitzilopochtli con la ejecución de guerreros enemigos cautivos como en la mitología mexica del nacimiento de Huitzilopochtli, la cual lograría alimentar la vida indefinidamente del Sol sobre la cima del Templo Mayor, distinguiéndose entre dos manifestaciones representadas por dos historias; Tezcatlipoca Azul o Huitzilopochtli (voluntad solar) y Huitzilopochtli (guerra solar).

Fundación de Tenochtitlan[editar]

El Origen de los mexicas varía respecto a las versiones populares, arqueológicas y mitológicas.La versión popular dice de acuerdo a diversas fuentes se dice que Huitzilopochtli dijo al pueblo de Aztlán que fuera hacia nuevas tierras, también les ordenó que dejaran de llamarse aztecas porque a partir de ese momento serían todos mexicanos, así es relatado en el Códice Aubin y el Códice Durán. De acuerdo a la Tira de la Peregrinación, documento que narra la migración de los aztecas hasta el Valle del Anáhuac, señala que Aztlán estaba ubicado en una isla donde había seis calpullis (clan formado por un conjunto de familias) y un gran templo, que se cree que era dedicado a Mixcóatl. Después los mexicas llegaron a Teoculhuacan en el año 1-pedernal, de ahí partieron ocho calpullis encabezados por cuatro Teomamaque (cargadores de los dioses); uno de ellos, identificado como Tezcacóatl, quien “cargaba” a Huitzilopochtli.

De acuerdo a la leyenda, Huitzilopochtli ordenó que fundaran la ciudad donde estuviera "un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente".

Aztlán significa en náhuatl «lugar de la blancura» o «lugar de garzas», otra versión dice que al dejar esta mítica isla dentro un lago del Norte vagaron años hasta que en el Sur se establecieron en Coatepec cerca de Tula. Pero más tarde los seguidores de Huitzilopochtli pensaron irse, mientras los de su hermana Coyolxauhqui querían quedarse. Se libró una batalla en la que los seguidores de Huitzilopochtli se comenzaron a llamar mexicas (mēxihcah, en náhuatl) en honor a Mextli, un dios guerrero. Según la leyenda dejaron de llamarse aztecas cuando se les apareció en sueños a cuatro sacerdotes en el cerro de Chapultepec (hoy absorbido por la Ciudad de México).

Entonces siguieron hacia el Sur hasta que Huitzilopochtli les indicó donde fundar la nueva capital, México-Tenochtitlan en el valle del Anáhuac en medio del lago de Texcoco, una ciudad llena de canales.[4]

Proceso difamatorio durante y después la Conquista[editar]

Siendo Huitzilopochtli el dios mayor y de la guerra de los mexicas, hubo un proceso de destrucción y difamación que inició poco después de la caída de Tenochtitlan.[5] Las primeras imágenes reportadas en documentos eclesiásticos, enciclopedias, códices coloniales y demás documentos se basan en gran medida en descripciones en tratados religiosos[6] e imágenes de la Edad Media,[7] dónde los dioses Mesoamericanos eran representados como las representaciones europeas del demonio judeo-cristiano medieval. En estas imágenes los dioses mesoamericanos son descritos con la apariencia y comportamiento de demonios, realizando actividades asociadas a la maldad en la religión europea, como el sacrificio, la lujuria, el canibalismo, entre otras.[8]

También hay evidencia de la no neutralidad de grandes obras fundamentales que describen a Huitzilopochtli y así también a las culturas mesoamericanas, como es el caso del Códice Florentino y la Relación de Michoacán. Donde estudios recientes declaran que estos documentos fueron realizados en su mayor parte por autoridades eclesiásticas que reportaron de manera imparcial y bajo las reglas religiosas de reporte etnólogo medieval,[13] y no un reporte científico etnográfico moderno.

La realización de estas magnas obras rebasa con creces el objetivo principal declarado que las motivó, a saber: conocer en profundidad la cultura de los natrurales para eliminarla y asegurar su adecuada evangelización

María del Carmen Alberú Gómez. "La huella medieval en dos códices del siglo XVI: Relación de michoacán y códice florentino", Introducción, p.19[14]

Erradicación del Amaranto[editar]

El proceso de erradicación del culto a Huitzilopochtli alcanzó a algunos productos agrícolas como el amaranto(o huautli en náhuatl), el cual era altamente tributado por los pueblos dominados por los mexicas, y cuya tributación está documentada en el Códice Mendoza[15] y la Matrícula de Tributos. El huautli se mezclaba con miel para formar figuras alusivas a Huitzilopochtli, las cuales le eran ofrendadas,[16] es por esto que se prohibió el cultivo y consumo por los conquistadores españoles,[17] incluso con la pena de muerte,[18] argumentando de nuevo las cualidades malignas del dios mexica.

La sustitución del sacrificio humano por el sacrificio de Cristo fue un proceso que a los religiosos españoles les tomó más de un siglo y que, aún así, nunca llegó a completarse, pues elementos de las religiosidades mesoamericanas afloraron una y otra vez, aunque lo sustancial de los antiguos cultos se erradicara. La conversión fue posible por las experiencias acumuladas en la lucha contra los paganos pero, sobre todo, por las múltiples coincidencias vistas o inventadas por los españoles entre los cultos de sacrificio romanocristianos y mesoamericanos

Robert M. Ogilvie, Los romanos y sus dioses, Madrid, Alianza, 1969[19]

Otros productos agrícolas fueron también prohibidos entre ellos la Chía, la cual era utilizada, entre otros usos, como alimento para las tropas de el Imperio Mexica. Debido al uso alimenticio para las fuerzas militares mesoamericanas, su uso fue reducido y finalmente prohibido con el objetivo de eliminar cualquier relación con la cultura originaria.

Adoración[editar]

Escultura de la Xiuhcóatl, arma de Huitzilopochtli en la sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

Dios mayor de una civilización dedicada a la guerra, era un dios eminentemente guerrero; cuando los aztecas tomaron los dioses de las otras culturas nahuas, como la Tolteca, elevaron su dios al nivel de los dioses mayores de Mesoamérica, como Tláloc, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Por esta razón, construyeron un templo con dos altares en el centro de Tenochtitlan, uno dedicado a Tláloc y el otro a Huitzilopochtli. Sobre el templo, cada 52 años se la añadía otra construcción, cada vez más grande. En las ruinas actuales se pueden ver las distintas etapas de construcción.[20]

En el centro ceremonial de Tenochtitlan, en el templo más importante, el Templo Mayor, se realizaba el culto a Huitzilopochtli, el cual tenía dos templos en la cima uno dedicado al dios de la guerra y otro a Tláloc. Dentro de la jerarquía mexica habían dos sumos sacerdotes, uno llamado Quetzalcoatl Totec Tlamacazqui el cual regulaba el culto a Hutzilopochtli, mientras que el Quetzalcoatl Tlaloc Tlamacazqui dirigía la adoración a Tlaloc[21]

Debate medieval en España acerca de los sacrificios Humanos[editar]

El propósito de las ejecuciones de guerreros cautivos a Huitzilopochtli cada 52 años (xiuhmolpilli) era darle vigor para que pudiera subsistir en su batalla diaria, y lograr así que el sol volviera a salir en el siguiente ciclo de 52 años. Según la tradición nahua, han transcurrido 4 eras que terminaron en desastre, y vivimos en la quinta creación que terminará en un año «uno movimiento», esta fecha se repite cada 52 años en el calendario. Los mexicas pensaban que alimentando al sol, Huitzilopochtli, se podría posponer el fin al menos por otro ciclo. El sacrificio diario o del todo durante las festividades mexicas es considerado una tradición sensacionalista renacentista, donde el supuesto sacrificio de seres humanos es discutido por muchos etnógrafos e historiadores modernos, donde se argumenta que el sacrifico humano fue un argumento de desprestigio de las culturas nativas americanas con el objetivo de justificar la invasión y colonización de América. Las atrocidades de los conquistadores españoles y el proceso de la conquista fueron discutidas en la Junta de Valladolid en 1550 donde Bartolomé de las Casas fue la parte defensora mientras que Juan Ginés de Sepúlveda defendía la erradicación de las culturas americanas.

El que pudiendo no defiende á su prójimo de tales ofensas, comete tan grave delito como el que las hace. De ahí que la guerra sea justa, que sea lícito apropiarse de las nuevas tierras, porque con ello se beneficiarán las víctimas inocentes pues serán menos los muertos por la dominación cristiana que por los antiguos sacrificios

Juan Ginés de Sepúlveda, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, México, FCE, 1987, p. 131[22]

¿Qué cosa pudo suceder á estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo; de torpes y libidinosos, en probos y honrados; de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del verdadero Dios?

Juan Ginés de Sepúlveda, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, México, FCE, 1987, p. 133[23]

...Esto de sacrificar hombres y comerlos, como dice Gómara, yo creo que no es verdad, porque siempre oí en aquel reino de Yucatán que ni hobo (arc.) sacrificios de hombres, ni se supo qué cosa era comer carne humana, y decirlo Gómara, como ni lo vido (arc.) ni lo oyó sino de boca de Cortés, su amo y que le daba de comer, tiene poca autoridad, como sea en su favor y en excusa de sus maldades; sino que esto es lenguaje de los españoles y de los que escriben sus horribles hazañas, infamar todas estas inversas naciones para excusar las violencias, crueldades, robos y matanzas que les han hecho, y cada día y hoy les hacen

Bartolomé de las Casas, Obras Completas, México, 1994, p.2285[24]

Relato del nacimiento de Huitzilopochtli[editar]

El códex florentinus que contiene la Historia general de las cosas de la Nueva España es una recopilación de textos del siglo XVI escrito en náhuatl, que recoge el siguiente relato del nacimiento de Huitzilopochtli:

Mucho honraban los mexicas a Huitzilopochtli sabían ellos que su origen, su principio fue de esta manera:

En Coatépec, por el rumbo de Tula, había estado viviendo, allí habitaba una mujer de nombre Coatlicue.

Era madre de los cuatrocientos Surianos y de una hermana de éstos de nombre Coyolxauhqui.

Y esta Coatlicue allí hacía penitencia, barría, tenía a su cargo barrer, así hacia penitencia, en Coatépec, la Montaña de la Serpiente. Y una vez, cuando barría Coatlicue, sobre ella bajó un plumaje, como una bola de plumas finas. En seguida lo recogió Coatlicue, lo colocó en su seno.

Cuando terminó de barrer, buscó la pluma, que había colocado en su seno, pero nada vio allí. En ese momento Coatlicue quedó embarazada. Al ver los cuatrocientos Surianos que su madre estaba encinta, mucho se enojaron, dijeron: -“¿Quién le ha hecho esto? ¿Quién la dejó encinta? Nos afrenta, nos deshonra”.

Y su hermana Coyolxauhqui les dijo: “Hermanos, ella nos ha deshonrado, hemos de matar a nuestra madre, la perversa que se encuentra ya encinta. ¿Quién le hizo lo que lleva en el seno? Cuando supo esto Coatlicue, mucho se espantó, mucho se entristeció. Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno la confortaba, le decía:

-“No temas, yo sé lo que tengo que hacer” Habiendo oído Coatlicue las palabras de su hijo, Y entretanto, los cuatrocientos Surianos se juntaron para tomar acuerdo, y determinaron a una dar muerte a su madre, porque ella los había infamado. Estaban muy enojados, estaban muy irritados, como si su corazón se les fuera a salir. Coyolxauhqui mucho los incitaba, avivaba la ira de sus hermanos, para que .mataran a su madre.

Y los cuatrocientos Surianos se aprestaron, se ataviaron para la guerra. Y estos cuatrocientos Surianos, eran como capitanes, torcían y enredaban sus cabellos, como guerreros arreglaban su cabellera. Pero uno llamado Cuahuitlícac era falso en sus palabras.

Lo que decían los cuatrocientos Surianos, enseguida iba a decírselo, iba a comunicárselo a Huitzilopochtli. Y Huitzilopochtli le respondía: -“Ten cuidado, está vigilante, tío mío, bien sé lo que tengo que hacer”. Y cuando finalmente estuvieron de acuerdo, estuvieron resueltos los cuatrocientos Surianos a matar, a acabar con su madre,

luego se pusieron en movimiento, los guiaba Coyolxauhqui. Iban bien robustecidos, ataviados, guarnecidos para la guerra, se distribuyeron entre sí sus vestidos de papel, su anecúyotl, sus ortigas, sus colgajos de papel pintado, se ataron campanillas en sus pantorrillas, las campanillas llamadas oyohualli.

Sus flechas tenían puntas barbadas. Luego se pusieron en movimiento, iban en orden, en fila, en ordenado escuadrón, los guiaba Coyolxauhqui. Pero Cuahutlícac subió en seguida a la montaña, para hablar desde allí a Huitzilopochtli, le dijo: -“Ya vienen”- Huitzilopochtli le respondió: -“Mira bien por dónde vienen”.

Dijo entonces Cuahuitlícac: “Vienen ya por Tzompantitlan” Y una vez más le dijo Huitzilopochtli: -“¿Por dónde vienen ya? Cuahuitlícac le respondió: -“vienen ya por Coaxalpan”.

Y de nuevo Huitzilopochtli preguntó: -“Mira bien por dónde vienen”. En seguida te contestó Cuahuitlícac: -“vienen ya por la cuesta de la montaña”. Y todavía una vez más le dijo huitzilopochtli: -“Mira bien por dónde vienen”.

Entonces le dijo Cuahuitlícac: -! Ya están en la cumbre, ya llegan, los viene guiando Coyolxauhqui”.

En ese momento nació Huitzilopochtli, se vistió sus atavíos, su escudo de plumas de águila, sus dardos, su lanza-dardos azul el llamado lanza-dardos de turquesa. Se pintó su rostro con franjas diagonales, con el color llamado ‘pintura de niño. Sobre su cabeza colocó plumas finas, se puso sus orejeras.

Y uno de sus pies, el izquierdo era enjuto, llevaba una sandalia cubierta de plumas, y sus dos piernas y sus dos brazos los llevaba pintados de azul. Y el llamado Tochancalqui puso fuego a la serpiente hecha de teas llamada Xiuhcóatl, que obedecía a Huitzilopochtli. Luego con ella hirió a Coyolxauhqui, le cortó la cabeza, la cual vino a quedar abandonada en la ladera de Coatépetl.

El cuerpo de Coyolxauhqui fue rodando hacia abajo, cayó hecho pedazos, por diversas partes cayeron sus manos, sus piernas, su cuerpo. Entonces Huitzilopochtli se irguió, persiguió a los cuatrocientos Surianos, los fue acosando, los hizo dispersarse desde la cumbre del Coatépetl, la montaña de la serpiente. Y cuando los había seguido hasta el pie de la montaña los persiguió, los acosó cual conejos, en torno de la montaña. Cuatro veces los hizo dar vueltas. En vano trataban de hacer algo en contra de él, en vano se revolvían contra él, al son de los cascabeles y hacían golpear sus escudos. Nada pudieron hacer, nada pudieron lograr, con nada pudieron defenderse. Huitzilopochtli los acosó, los ahuyentó, los destruyó, los aniquiló, los anonadó. Y ni entonces los dejó, continuaba persiguiéndolos.

Pero, ellos mucho le rogaban, le decían: -“¡Basta ya!”. Pero Huitzilopochtli no se contentó con esto, con la fuerza se ensañaba contra ellos, los perseguía. Sólo unos cuantos pudieron escapar de su presencia, pudieron librarse de sus manos. Se dirigieron hacia el sur, porque se dirigieron hacia el sur se llamar Surianos, los pocos que escaparon de las manos de Huitzilopochtli. Y cuando Huitzilopochtli les hubo dado muerte, cuando hubo dado salida a su ira, les quitó sus atavíos, sus adornos, su anecúyotl, se los puso, se los apropió los incorporó a su destino, hizo de ellos sus propias insignias. Nadie apareció jamás como su padre.

A él lo veneraban los mexicas, le hacían sacrificios, lo honraban y servían. Y Huitzilopochtli recompensaba a quien así obraba. Y su culto fue tomado de allí, de Coatépec, la montaña de la serpiente, como se practicaba desde los tiempos

más antiguos
Códice Florentino, libro III, capítulo 1.[25]

Representaciones[editar]

A pesar de ser el dios más importante para la vida de los mexicas, no se han encontrado representaciones de Huitzilopochtli, excepto en algunos códices, debido a que la deidad era exclusivamente mexica y los pueblos Tlaxcaltecas, Huejotzingas entre otros, aliados de los españoles, quienes no rendían culto alguno a Huitzilopochtli. Por parte de la investigación española no se apreciaba la cultura nativa y todo lo relativo a la religión local era considerada demoníaca y se procedió a la erradicación cultural del dios mexica.

Es, cierto, cosa de grande admiración que haya nuestro señor Dios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras, cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal los tiene atesorados

Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España, Vol. 1 Prólogo

Sala Huitzilopochtli en el Museo del Templo Mayor[editar]

En esta sala, número 4 de este museo, se exhiben diversos objetos relacionados con Huitzilopochtli. Entre ellos la escultura de arcilla conocida como el “Guerrero Águila” encontrada en La Casa de las Águilas, edificio religioso ubicado al norte del Templo Mayor, a su vez la representación del dios de la muerte, Mictlantecuhtli, los Porta estandartes, que representan a los Centzonhuitznahua, hermanos de Huitzilopochtli. Además, se puede apreciar una gran cabeza de serpiente hecha en basalto, que representa a la serpiente de fuego, la Xiuhcóatl, misma que es el arma con que Huitzilopochtli derrotó a su hermana.

Otros objetos que fueron encontrados del lado correspondiente a Huitzilopochtli en el Templo Mayor, son: la representación de Mayahuel, diosa del pulque; uno de los varios relieves del Señor de la Tierra, Tlaltecuhtli, varias esculturas del dios del fuego, Xiuhtecuhtli-Huehuetéotl, y el gran monolito de Coyolxauhqui que se asocia con el mito de nacimiento de Huitzilopochtli, diosa lunar que yace desmembrada y que fue hallada el 21 de febrero de 1978.

Galería de Imágenes[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Coe, Michael D. (2008). Mexico: From the Olmecs to the Aztecs. Londres: Thames & Hudson. p. 217. 
  2. aunque el término ha sido traducido habitualmente como 'colibrí zurdo' o 'colibrí del sur', existe desacuerdo entorno al significado ya que el ōpōchtli 'parte izquierda' es el modificado y no el modificador por estar a la derecha, por lo que la traducción literal sería 'parte izquierda de colibrí', ver por ejemplo, F. Karttunen (1983), p. 91
  3. González Torres, Yolotl. Diccionario de Mitología y Religión de Mesoamérica. México, Larousse, 1995.
  4. Azteca o Mexica
  5. «El sacrificio humano: justificación central de la guerra». Consultado el 3 de mayo de 2015. 
  6. Binsfeld, Peter (1591). Tractatus de confessionibus maleficorum et Sagarum recognitus. Consultado el 1 de mayo de 2015. 
  7. Guazzo, Francesco Maria (1608). Compendium Maleficarum. Milan, Italy. Consultado el 1 de mayo de 2015. 
  8. Kappler, Claire (1988). Monstres, démons et merveilles à la fin de Moyan Age (en frances, Español) (Español edición). France: Payot. p. 187. ISBN 2-228-88024-8. 
  9. Weyer, Johann (1563). De praestigiis daemonum. Basel. 
  10. Mallet, Allain Manesson (1683). Description de l'univers (Volumen 5 edición). Paris, D. Thierry. p. 135. 
  11. Gottschling, Caspar (1714). Staat von America. 
  12. «Fanciful Figures» (en inglés). Consultado el 30 de abril de 2015. 
  13. Alberú Gómez, María del Carmen (5 de mayo de 2014). La huella medieval en dos códices del siglo XVI: Relación de michoacán y códice florentino. España: Publicia. p. 18. ISBN 978-3639554168. 
  14. Alberú Gómez, María del Carmen (5 de mayo 2014). La huella medieval en dos códices del siglo XVI: Relación de michoacán y códice florentino. España: Publicia. p. 19. ISBN 978-3639554168. 
  15. Desconocido, Desconocido (1540). Códice Mendoza. p. 19-55. 
  16. «Feria de la Alegría y el Olivo 2011». Página web oficial del Gobierno del Distrito Federal. Consultado el 18 de abril de 2011. 
  17. «Historia del Amaranto». Asociación Mexicana del Amaranto. Consultado el 18 de abril de 2011. 
  18. Cardona, Gloria (2007). Delicias vegetarianas de México. Editorial Pax México. p. 18. ISBN 9789688608364. 
  19. Ogilvie, Robert M. (1969). Los romanos y sus dioses. Madrid: Alianza. ISBN 9788420607665. 
  20. «El Templo Mayor. Etapas de construcción». Consultado el 2 de mayo de 2015. 
  21. Townsend, Richard (1992). The Aztecs. Londres: Thames and Hudson. p. 192. ISBN 0500021139. 
  22. Sepúlveda, Juan Ginés de (1987). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. México: Fondo de Cultura Económica. p. 131. ISBN 9789681601973. 
  23. Sepúlveda, Juan Ginés de (1987). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. México: Fondo de Cultura Económica. p. 131. ISBN 9789681601973. 
  24. De las Casas, Bartolomé (1994). Obras Completas. México. p. 2285. ISBN 84-206-4075-1. 
  25. Códice Florentino, libro III, capítulo 1 (original en náhuatl)

Bibliografía[editar]

  • Frances Karttunen (1983): An Analytical Dictionary of Nahuatl, University of Texas Press, Austin, ISBN 0-8061-2421-0.