Lucifer

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Lucifer (del latín lux ‘luz’ y ferre ‘llevar’: ‘portador de luz’) según el Diccionario de la lengua española lo define como forma poética de llamar a un Lucero,[1]​ haciendo referencia al brillo que se obtiene del planeta Venus al amanecer, dando nombre a varias figuras del folclore.[2]

Surgió en la antiguedad debido a la ausencia de mecanismos para distinguir a Venus de estrellas a simple vista, ya que esta (Venus) entre la más luminosa del cielo, pero a diferencia, deambulaba sin rumbo fijo sin nunca alcanzar la cúspide. Los Mitos daban respuesta a los interrogantes; Venus era un cuerpo celeste compitiendo entre estrellas, o bien, una estrella expulsada.

Este concepto se mantuvo en la astrología de la antigua Roma en la noción de la stella matutina (el ‘lucero del alba’) contrapuesto a la stella vespertina o el véspere (el ‘lucero de la tarde’) o “véspero”.

En la tradición cristiana, Lucifer como sinónimo de lucero (Isaías 14:12) representa al ángel caído, ejemplo de belleza e inteligencia a quien la soberbia le hizo perder su posición en los cielos, transformándose en Satanás.

Grecia y Roma[editar]

En la mitología romana, el nombre Lucifer se utiliza como un equivalente al dios griego Fósforo, Eósforo (Έωσφόρος, lucero del amanecer), hermano de Héspero (Ἓσπερος, lucero del atardecer).[3]

Lucifer se personificaba como una figura masculina que portaba una antorcha y se decía que era hijo de Aurora y Cefalus ( Κέφαλος), padre de Ceyx". A menudo se presentaba en la poesía como el presagio del amanecer.[3]

El mitógrafo romano del siglo II Pseudo-Hyginus escribió sobre el planeta:[4]

"La cuarta estrella es la de Venus, Lucifer por su nombre. Algunos dicen que es de Juno. En muchos cuentos se registra que también se llama Hesperus. Parece ser la más grande de todas las estrellas. Algunos han dicho que representa al hijo de Aurora y Céfalo, que superó a muchos en belleza, de modo que incluso compitió con Venus, y, como dice Eratóstenes, por eso se le llama la estrella de Venus. Es visible tanto al amanecer como al atardecer, y tan propiamente ha sido llamado Luciferus y Hesperus. "

En el período romano clásico, Lucifer no se consideraba típicamente una deidad y tenía pocos mitos, si es que tenía alguno,[3]​ aunque el planeta estaba asociado con varias deidades y a menudo personificado poéticamente.[5]

El mito griego de Faetón, una personificación del planeta Júpiter,[6]​sigue un patrón similar.[7]

En el levante[editar]

La diosa sumeria Inanna (Inanna Babilonia) está asociada con el planeta Venus, y las acciones de Inanna en varios de sus mitos, incluidos Inanna y Shukaletuda y el Descenso de Inanna al inframundo, parecen ser paralelos al movimiento de Venus a medida que avanza a través de su ciclo sinódico.[8][9][10][11]

Un tema similar está presente en el mito babilónico de Etana. La Enciclopedia Judía comenta:

El brillo de la estrella de la mañana, que eclipsa a todas las demás estrellas, pero que no se ve durante la noche, puede haber dado lugar fácilmente a un mito como el que se contó de Ethana y Zu: su orgullo lo llevó a luchar por el asiento más alto. entre los dioses estelares en la montaña norteña de los dioses ... pero fue derribado por el gobernante supremo del Olimpo babilónico ".[12]

El motivo de la caída del cielo también tiene un paralelo en la mitología cananea. En la antigua religión cananea, la estrella de la mañana está personificada como el dios Attar, quien intentó ocupar el trono de Baal y, al descubrir que no podía hacerlo, descendió y gobernó el inframundo.[13][14]

El mito original pudo haber sido sobre el dios menor Helel tratando de destronar a Ēl, dios supremo cananeo, quien vivía en lo alto de una montaña.[15][16]​ Según Hermann Gunkel, erudito alemán del Antiguo Testamento, el mito relata así: Un poderoso guerrero llamado Hêlal tenía la ambición de llegar a lo más alto del cielo, sobre las demás divinidades, pero primero tenía que empezar desde las profundidades; así retrató como una batalla el proceso por el cual la brillante estrella de la mañana no alcanza el punto más alto antes de ser desvanecida por el sol naciente.[7]

En el cristianismo[editar]

La caída de Lucifer, ilustración de Gustave Doré para El paraíso perdido de John Milton.
Los luciferinos, por Pierre Méjanel (1886)

La primera vez que se cita el nombre de Lucifer es en un texto del profeta Isaías (Is 14.12-14) de la Vulgata de San Jerónimo (siglo V), traducción que él hace de la Biblia, del griego (Nuevo Testamento) y hebreo (Antiguo Testamento) al latín, para designar a la palabra Lucero. En este texto se vislumbra el antiguo relato del ángel caído:

Español: "¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la Aurora!

¡Has sido abatido a la tierra dominador de naciones!

Tú decías en tu corazón: "escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo"[17]

Latín: "Quomodo cecidisti de caelo, lucifer, fili aurorae?!

Deiectus es in terram, qui deiciebas gentes!, qui dicebas in corde tuo: 'In caelum conscendam, super astra Dei exaltabo solium meum, sedebo in monte conventus in lateribus aquilonis; ascendam super altitudinem nubium,

similis ero Altissimo'".[18]

No obstante, además del sentido grecolatino del término, Lucifer ya era identificado por la tradición veterotestamentaria con una estrella caída, ya que en el lenguaje bíblico las estrellas representan a los ángeles.

Otro texto del profeta Ezequiel también podría ser ilustrativo:

"Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre."
Ez. 28.12-19

Puede apreciarse que en un mismo mensaje tiene doble destinatario: va dirigido a Satanás pero también a un engreído rey humano. Aunque el mensaje va para el rey de Tiro, se dice que era ‘querubín protector’, que estaba en el Edén, pero luego fue “precipitado a tierra”... La soberbia fue lo que caracterizó todo el proceso de rebeldía. Satanás y los suyos pretendían asemejarse a Dios. Precisamente la soberbia es considerada como el más grave pecado (Proverbios 6:16-17 "los ojos altivos" encabeza la lista). De ella se derivaron todas las clases de perdición (Tobías 4:14). “Ciertamente la soberbia creará contienda…” (Proverbios 13:10; Habacuc 2:5).

Puede resumirse que Lucifer era un ángel muy hermoso que por soberbia se rebeló contra Dios, queriendo ser como Él, y fue denigrado como castigo, junto con el ejército de ángeles rebeldes que arrastró consigo, siendo desde ese momento reconocido como un Ángel caído. Desde su rebelión es denominado "adversario" (en hebreo Satán -Satanás-).

  • Dicha caída es lo que se relata en el Génesis, cuando Satanás es simbolizado como "la serpiente".
  • Durante los tiempos antiguos -Antiguo Testamento- Satanás estaba en el ámbito terrestre (había perdido su condición de querubín celestial), pero podía retornar al cielo. El relato de Job permite esa deducción:
“Y dijo el Señor a Satán: ¿De dónde vienes tú? Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra”.
Job 1:7; 2:2

Siglos después, en tiempos de Jesús, estaba siendo juzgado (Jn 16:11), pero aún no había ocurrido lo fundamental. Jesús explica que el Reino de Dios tiene como fin contrarrestar "la autoridad y poder de Satanás". Para confinarlo en tierra (sin retorno al cielo) era indispensable el sacrificio de Cristo. Eso fue lo determinante.

  • “... la sangre del Cordero” determinó que “no tenga más lugar en el cielo”. (Apocalipsis 12 lo expresa en los versículos 11 y 8). Luego, la acción de arrojarlo por tierra es efectuada por el arcángel Miguel con sus ángeles. Las consecuencias de ese hecho se describen en Apocalipsis 12 versículos 7 al 11.

Para el diablo, lo trágico es que si antes podía subir al cielo (Zac 3:1), desde el triunfo de Cristo ha perdido ese privilegio, o sea, no puede volver hasta aquel nivel como “acusador” (Ap 12:8). Por eso la alegría celestial:

“alegraos, ¡oh cielos, y los que moráis en ellos! ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira...”.
Ap. 12:12

Igualmente el gnosticismo considera a Satanás y a Lucifer dos personajes diferentes, siendo el primero un terrible demonio sin determinar y el segundo la sombra del logos, el divino tentador, el entrenador psicológico, aquel que pone a prueba al adepto para lograr la iniciación. [cita requerida] Esta definición dulcificada y otras similares según varios historiadores y teólogos católicos expertos en la materia, sirven para ocultar la verdadera identidad y propósito de Lucifer. Aunque afirmen que Satanás no es Lucifer, no dan ninguna definición clara del primero y las acciones de Lucifer que defienden siguen siendo las mismas que se narran en la Biblia, es decir, la rebelión contra Dios por soberbia y codicia, confirmando que esta teoría gnóstica es solo una forma de ocultar la verdadera identidad de Lucifer. Todas las creencias que se basan en el gnosticismo, como la New age, el esoterismo o la teosofía, se caracterizan por seguir el ejemplo de la rebelión de Lucifer y su caída en la soberbia, debido a que mediante la iniciación por grados o gnosis hacen creer al adepto que puede convertirse en un ser superior, alcanzando un estado casi divino, sin necesidad alguna de Dios.[19]

En el cristianismo ambos conceptos son identificados con el Diablo (Apocalipsis 12,9). La diferenciación radica en que Lucifer es el nombre del "Príncipe de los demonios" como ángel antes de su caída; y el nombre de "Satán" o Satanás, el que adopta después. (Ya que "Lucifer" significa en latín "portador de luz", mientras que "Satán" es "adversario" en hebreo).

Sin embargo, el sentido original de la palabra latina lucifer (equivalente al griego fósforos) es "aquel que porta la luz". Así era llamado el lucero matutino (el planeta Venus). La liturgia católica de la resurrección (Sábado Santo), en el pregón pascual (Exultet), compara a Cristo mismo resucitado que asciende al Padre en el alba del Domingo de Resurrección, con ese lucero (en latín lucifer):

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, 
humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

TRADUCCIÓN:

Que el lucero matutino lo encuentre ardiendo,
Él, digo, lucero, que no conoce ocaso,
Cristo tu Hijo resucitado,
que volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Otras interpretaciones[editar]

Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía describe la potencia de Lucifer como algo que incita el humano a todas las exaltaciones, los falsos misticismos, el orgullo de elevarse sin frontera[20]​ y la de su opuesto Ahriman (equivalente de Satanás) como algo que incita al humano a las supersticiones materialistas.[20]

Por lo demás, Lucifer forma parte también del panteón de deidades vuduistas, hecho este que hace ostensible, una vez más, el carácter sincrético de este culto.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. http://dle.rae.es/?id=Nf1xsB5
  2. Lucifer es el nombre latino del planeta Venus en sus apariciones matutinas. Corresponde al nombre griego (Φωσφόρος),"portador de luz" y Ἑωσφόρος, "portador del amanecer"..
  3. a b c "Lucifer" en Enciclopedia Británica.
  4. Astronomica 2. 4 (trans. Grant).
  5. Cicero, De Natura Deorum 3. 19.
  6. Cicero. De Natura Deorum. Project Gutenberg. 
  7. a b Gunkel, Hermann (2006). «Isa 14:12–14». Creation And Chaos in the Primeval Era And the Eschaton. A Religio-historical Study of Genesis 1 and Revelation 12. Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing Company. pp. 89-90. ISBN 978-0-8028-2804-0. «… it is even more definitely certain that we are dealing with a native myth!». 
  8. Marvin Alan Sweeney (1996). Isaiah 1–39. Eerdmans. p. 238. ISBN 978-0-8028-4100-1. Consultado el 23 December 2012. 
  9. Cooley, Jeffrey L. (2008). «Inana and Šukaletuda: A Sumerian Astral Myth». KASKAL 5: 161-172. ISSN 1971-8608. 
  10. Black, Jeremy; Green, Anthony (1992). Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia: An Illustrated Dictionary. The British Museum Press. pp. 108-109. ISBN 0-7141-1705-6. 
  11. Nemet-Nejat, Karen Rhea (1998). Daily Life in Ancient Mesopotamia. Santa Barbara, California: Greenwood Publishing Group. p. 203. ISBN 978-0-313-29497-6. 
  12. https://www.jewishencyclopedia.com/articles/10177-lucifer
  13. Day, John (2002). Yahweh and the gods and goddesses of Canaan. London: Continuum International Publishing Group. pp. 172-173. ISBN 978-0-8264-6830-7. 
  14. Boyd, Gregory A. (1997). God at War: The Bible & Spiritual Conflict. InterVarsity Press. pp. 159-160. ISBN 978-0-8308-1885-3. 
  15. Pope, Marvin H. (1955). Marvin H. Pope, El in the Ugaritic Texts. Consultado el 22 December 2012. 
  16. Gary V. Smith (30 August 2007). Isaiah 1–30. B&H Publishing Group. pp. 314-315. ISBN 978-0-8054-0115-8. Consultado el 23 December 2012. 
  17. Isaías 14:12-14, esp.
  18. Isaías 14:12-14, lat.
  19. Bárcena, Dr. Alberto (2017). Iglesia y masonería. Las dos ciudades. SAN ROMAN. ISBN 9788494210792. 
  20. a b Rudolf Steiner, Lucifer y Ahriman, Éditions Anthroposophiques Romandes, 1977, p.16