Declaración Balfour

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Declaración Balfour
Balfour portrait and declaration.JPG
Una imagen de Balfour y la Declaración.
Función Confirmación del apoyo del gobierno británico al establecimiento de un «hogar nacional» en Palestina para el pueblo judío.
Creación 2 de noviembre de 1917
Signatarios Arthur James Balfour
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La Declaración Balfour (fechada el 2 de noviembre de 1917) fue una manifestación formal del gobierno británico en una carta firmada por el ministro de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office) Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda.

El texto de la carta fue publicado en la prensa una semana después, el 9 de noviembre de 1917. La Declaración Balfour fue más tarde incorporada tanto el tratado de paz de Sèvres con el Imperio otomano, y el Mandato para Palestina. El documento original se conserva en la Biblioteca Británica.

La declaración contrastaba con la correspondencia McMahon-Husayn, que prometía el control de movimiento de la independencia árabe de los territorios de Oriente Medio «en los límites y fronteras propuestos por el Jerife de La Meca», a cambio de la revuelta contra el Imperio otomano.

La Declaración, donde el gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en Palestina,[1] es considerada como la primera declaración de una potencia mundial en favor del derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel.[2] Sin embargo, la emisión de la Declaración tuvo también múltiples consecuencias de larga duración, y fue un momento clave en el período previo al conflicto israelí-palestino, a menudo referido como «conflicto más inextricable»[cita requerida] del mundo.

Trasfondo[editar]

El trasfondo del apoyo británico bajo Balfour de una patria judía en Palestina, aunque idealísticamente incrustada en las expectativas evangélicas del siglo XIX y los sentimientos cristianos de que Inglaterra iba a desempeñar un rol en el advenimiento del Milenio y la segunda venida de Cristo, estaba vinculado principalmente con los cálculos geopolíticos. Estos se precipitaron originalmente por la crisis del Este después de que Mehmet Alí ocupara Siria y Palestina. Con la reorganización política ocasionada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, los cálculos anteriores, que habían caducado desde hace algún tiempo (los propios intentos anteriores de Theodor Herzl para obtener apoyo internacional para su proyecto habían fracasado) dieron lugar a una renovación de las evaluaciones estratégicas y la negociación política con respecto al Medio y Lejano Oriente.

El sionismo temprano[editar]

El sionismo surgió a finales del siglo XIX como reacción a los movimientos nacionalistas antisemitas y excluyentes en Europa. El nacionalismo romántico en Europa central y oriental en ese siglo ayudó a impulsar la Haskalá o «Ilustración judía», creando una división en la comunidad judía entre los que veían el judaísmo como su religión, y los que lo veían como su origen étnico o nación. Los pogromos antijudíos en el Imperio ruso de 1881-84 alentaron el crecimiento de esta última identidad, dando como resultado la formación de las organizaciones pioneras como Jovevéi Zion y la publicación de Autoemancipación, de León Pinsker.

En 1896, Theodor Herzl, un periodista judío de Austria-Hungría, publicó Der Judenstaat (El Estado judío o El Estado de los judíos), en el que afirmaba que la única solución a la «cuestión judía» en Europa, incluyendo el creciente antisemitismo, era a través de la creación de un Estado para los judíos. Esto marcó la aparición del sionismo político. Un año más tarde, Herzl fundó la Organización Sionista, que en su primer congreso «instó al establecimiento de un hogar para el pueblo judío en Palestina con garantía de derecho público». Las medidas propuestas para alcanzar este objetivo incluyeron el fomento del establecimiento de asentamientos judíos allí, la organización de los judíos en la diáspora, el fortalecimiento de la sensibilidad y la conciencia judía, y las etapas preparatorias para alcanzar esas subvenciones gubernamentales necesarias. Herzl murió en 1904 sin el prestigio político requerido para llevar a cabo su agenda de un hogar judío en Palestina.

El líder sionista Jaim Weizmann, más tarde presidente de la Organización Sionista Mundial, comenzó a vivir en el Reino Unido en 1904 y se reunió con Balfour durante su campaña electoral de 1905-1906 en una sesión organizada por Charles Dreyfus, su representante electoral judío.

Durante el primer encuentro entre Weizmann y Balfour en 1906, Balfour preguntó a Weizmann sobre las objeciones sionistas al Plan de Uganda de 1903. El esquema, que había sido propuesto a Herzl por el secretario de Colonias Joseph Chamberlain después de su viaje a África oriental a principios del año, había sido posteriormente rechazado tras la muerte de Herzl por el Séptimo Congreso Sionista en 1905, después de dos años de intenso debate en la Organización Sionista. De acuerdo con las memorias de Weizmann, la conversación fue así:

Sr. Balfour, suponiendo que yo estuviera ofreciéndole París en lugar de Londres, ¿lo aceptaría?». Se sentó, me miró, y contestó: «Pero Dr. Weizmann, nosotros tenemos Londres». «Eso es verdad», dije, «pero nosotros tuvimos Jerusalén cuando Londres era una marisma». Él [...] dijo dos cosas que recuerdo vívidamente. La primera fue: «¿Hay muchos judíos que piensan como usted?». Respondí: «Creo que hablo en el espíritu de millones de judíos a quienes usted nunca podrá ver y que no pueden hablar por sí mismos». [...] A esto, él dijo: «Si esto es así, algún día serán una fuerza».

La Primera Guerra Mundial[editar]

En 1914, estalló la guerra en Europa entre la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y el Imperio ruso) y las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría y más tarde ese año, el Imperio otomano).

Tras la declaración de guerra contra el Imperio otomano en noviembre de 1914 por parte de Gran Bretaña, los esfuerzos de Weizmann se aceleraron. El 10 de diciembre de 1914, se reunió con miembro del gabinete británico, el sionista Herbert Louis Samuel, quien consideraba que las demandas de Weizmann eran muy modestas. Dos días más tarde, Weizmann se reunió de nuevo con Balfour, por primera vez desde 1906. Un mes más tarde, Herbert Samuel hizo circular un memorándum titulado El futuro de Palestina ante sus colegas del gabinete. El memorándum decía que «estoy seguro de que la solución del problema de Palestina que sería mucho más bienvenida a los líderes y seguidores del movimiento sionista en todo el mundo sería la anexión del país al Imperio británico». Muchas otras discusiones siguieron, incluyendo una reunión entre Lloyd George, entonces ministro de Guerra británico, y que dentro de poco sería primer ministro, y Weizmann en 1916, de los cuales Lloyd George describe en sus Memorias de guerra que Weizmann «[...] explicó sus aspiraciones en cuanto a la repatriación de los judíos a la tierra sagrada que ellos habían hecho famosa. Esto fue la fundación y el origen de la famosa declaración acerca del Hogar Nacional de los judíos en Palestina [...]. Tan pronto como me convertí en primer ministro hablé todo el asunto con el señor Balfour, que era entonces secretario de Asuntos Exteriores».

La correspondencia Husayn-McMahon[editar]

En 1915, el alto comisionado británico en Egipto, Henry McMahon, había intercambiado correspondencia con Husayn ibn Ali, en la que le había prometido el control de las tierras árabes, a excepción de «partes de Siria» situadas al oeste de los «distritos de Damasco, Homs, Hama y Alepo». Palestina se encontraba al suroeste de Vilayet de Damasco y no fue mencionada explícitamente. Después de la guerra el alcance de la exclusión costera fue muy disputado.

Sobre la base de las garantías de McMahon, la revuelta árabe comenzó el 5 de junio de 1916. Sin embargo, los británicos y los franceses también concluyeron en secreto el Acuerdo Sykes-Picot el 16 de mayo de 1916. Este acuerdo dividía muchos territorios árabes en áreas administradas por ambas potencias y permitía la internacionalización de Palestina. Husayn conoció del acuerdo cuando fue publicado por el nuevo gobierno soviético en diciembre de 1917, pero se mostró satisfecho por dos telegramas de sir Reginald Wingate, alto comisionado de Egipto, asegurándole que los compromisos del gobierno británico a los árabes seguían siendo válidos y que el Acuerdo Sykes-Picot no era un tratado formal.

Tras la publicación de la Declaración, los británicos enviaron al comandante David George Hogarth para ver a Husayn en enero de 1918, llevando el mensaje de que la «libertad política y económica» de la población palestina no estaba en cuestión. Hogarth informó que Husayn «no aceptaría un Estado judío independiente en Palestina, ni le di instrucciones para advertirle que tal estado es considerado en Gran Bretaña». La continuación de la inquietud árabe sobre las intenciones aliadas dio lugar durante 1918 a la Declaración a los Siete y la Declaración Anglo-Francesa, esta última prometiendo «la liberación completa y definitiva de los pueblos que desde hace tanto tiempo están siendo oprimidos por los turcos, y el establecimiento de gobiernos y administraciones nacionales cuya autoridad derive del libre ejercicio de la iniciativa y la elección de las poblaciones autóctonas».

Lord Grey había sido el secretario de Asuntos Exteriores durante las negociaciones McMahon-Husayn. En declaraciones ante la Cámara de los Lores el 27 de marzo de 1923, él dejó claro que abrigaba serias dudas acerca de la validez de la interpretación del gobierno británico de las promesas que él, como ministro de Asuntos Exteriores, ocasionó que fueran dadas a Husayn en 1915. Llamó a que todos los compromisos secretos con respecto a Palestina se hicieran públicos. Muchos de los documentos pertinentes en el Archivo Nacional fueron posteriormente desclasificados y publicados. Entre ellos se encontraban el acta de una reunión del Gabinete del Comité del Este, presidido por lord Curzon, que se celebró el 5 de diciembre de 1918. Balfour estuvo presente. Las actas revelan que al trazar la posición del gobierno, Curzon había explicado que:

Palestina estaba incluida en las áreas en las que Gran Bretaña se comprometió a que deberían ser árabes e independientes en el futuro.

Contexto[editar]

Arthur James Balfour.

La Declaración Balfour se inscribe en una serie de promesas y planes hechos por el Reino Unido a lo largo de los años de la Primera Guerra Mundial en relación al futuro de Oriente Medio. Estos planes y declaraciones, en buena medida contradictorios entre sí, estaban determinados por las alianzas derivadas de los intereses bélicos que iban evolucionando con el desarrollo de la contienda. Así, los Acuerdos Sykes-Picot de 1916 preveían la división de toda la región entre Francia y Reino Unido, con una soberanía internacional sobre un territorio denominado Palestina y que es más pequeño que el que luego se conocerá generalmente con ese nombre. Unos meses antes, la Correspondencia Husayn-McMahon entre el alto comisionado británico en El Cairo y el líder de la Rebelión Árabe Husayn de La Meca, determinaba la creación de un Estado árabe independiente sobre la mayoría de los territorios arabófonos de Asia, incluida Palestina. Después de la Declaración Balfour habría nuevos proyectos de división de Oriente Medio.

El sionismo y la guerra[editar]

El sionismo era aún minoritario entre los judíos durante la guerra, con una implantación más fuerte en el Este de Europa y en las comunidades judías de esta procedencia en Gran Bretaña y Estados Unidos. La Organización Sionista Mundial tenía su sede en Berlín y, aunque teóricamente era neutral, en sus filas predominaba un sentimiento favorable a la victoria de Alemania (aliada del Imperio otomano), o más bien a la derrota de Rusia (aliada de Gran Bretaña y Francia), a causa de los excesos cometidos o acicateados por el zar contra los judíos rusos. Los sionistas del II Reich intentaban, además, que Alemania influyera en su aliado otomano con vistas a la creación de un hogar nacional judío en la Palestina bajo su dominio y se propusieron a sí mismos como vehículo de la extensión del área de influencia germánica a esa región.

En el otro bando, en Gran Bretaña, los sionistas (emigrados del Este en su mayor parte) presionaban también al gobierno británico para que se comprometiera a facilitar la creación del hogar nacional judío en Palestina una vez liberada de los otomanos. A lo largo del conflicto cunde entre los dirigentes aliados la idea de que los judíos —el factor judío—, dadas su supuesta cohesión como comunidad y sus alianzas a través de las fronteras, podían en alguna medida ser decisivos en el curso de la guerra. Los sionistas no dejaban de alimentar esta idea, sugiriendo además que los proyectos en relación a Palestina decantarían las simpatías de los judíos hacia unos u otros, y en especial en el caso de la muy nutrida e influyente comunidad judía estadounidense, que podría en un momento dado presionar para lograr la entrada de su país, hasta entonces neutral, en el bando aliado. Jaim Weizmann sería el principal artífice de la creación de un lobby prosionista entre los dirigentes británicos, mientras que Nahum Sokolov haría lo propio en Francia.

Francia fue la primera en reaccionar a las sugerencias sionistas. El 4 de junio de 1917 el Ministerio de Asuntos Exteriores redactó una declaración (la Declaración Cambon) que expresaba la simpatía del Gobierno francés hacia la colonización judía en Palestina y hacia un eventual «renacimiento de la nacionalidad judía» bajo la protección aliada.

La Declaración Cambon aguijoneó al gobierno británico para que hiciera una declaración en el mismo sentido, pero sobre todo un nuevo factor apareció: el general Edmund Allenby, coordinado con las tropas de la Rebelión Árabe, estaba a punto de conquistar Palestina a los otomanos. Gran Bretaña planeó desdecirse de lo acordado en el tratado Sykes-Picot acerca de la internacionalización de Palestina y conservarla bajo su dominio una vez conquistada. En este sentido, hacerse valedora de los «intereses judíos» en la región podría servir para justificar ese dominio del mismo modo que Francia utilizaba la «protección de los intereses católicos» para justificar sus pretensiones sobre Tierra Santa.

La declaración[editar]

Balfour declaration unmarked.jpg

La Declaración Balfour se redactó en los últimos meses del año, para que se haga pública antes de Navidad, fecha en la que estaba prevista la conquista definitiva de Palestina por las tropas británicas.

El texto final de la declaración apareció muy mermado de contenido respecto a las redacciones previas (hubo hasta siete borradores sucesivos) debido a las fuertes resistencias que encontró dentro del Gobierno. Las más importantes fueron las del ministro judío Edwin Montagu, secretario para la India, quien consideraba que un apoyo oficial a la idea de Palestina como patria de los judíos ponía en duda sus pertenencias nacionales, lo que a su juicio daba alas al antisemitismo.

Finalmente, el texto se aprobó el 31 de octubre de 1917, con el visto bueno de Estados Unidos, enviado a su destinatario el 2 de noviembre. Decía así:[3]

Foreign Office,
November 2nd, 1917.

Dear Lord Rothschild,
I have much pleasure in conveying to you, on behalf of His Majesty's Government, the following declaration of sympathy with Jewish Zionist aspirations which has been submitted to, and approved by, the Cabinet:
"His Majesty's Government view with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country"


I should be grateful if you would bring this declaration to the knowledge of the Zionist Federation.

Yours sincerely
Arthur James Balfour

Traducción:

Foreign Office,
2 de noviembre de 1917.

Estimado lord Rothschild:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.
«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.

Los sionistas, y muchos medios de prensa que se hicieron eco de ella, acogieron la declaración como un reconocimiento de los derechos judíos sobre Palestina. Sin embargo, la Declaración Balfour era muy imprecisa y remitía realmente a las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad. Probablemente, como en el caso de los acuerdos Sykes-Picot o las promesas hechas a los árabes, Gran Bretaña esperaba el desenlace de la guerra mundial para determinar cuáles iban a ser sus posiciones reales en la región.

  • En primer lugar, Palestina no tenía unos límites definidos. Para los sionistas, se extendía a ambos lados del río Jordán, es decir, comprendiendo las posteriores Transjordania y la Palestina del mandato británico; en los acuerdos Sykes-Picot, sin embargo, era aún más pequeña que esta última, pues excluía lo que hoy es el norte de Israel.
  • No se decía tampoco si ese «hogar nacional» iba a construirse en toda Palestina o en una parte de ella.
  • No se precisaba, por otro lado, el alcance de la expresión «hogar nacional». Los sionistas, por razones tácticas, habían evitado en su trato con la administración británica hablar de Estado, y por tanto nuevamente el estatus real de ese «hogar» quedaba confiado a las interpretaciones.
  • Tampoco precisaba en qué consistían los «derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías», esto es, de los árabes palestinos, que constituían entonces más del 90 % de los habitantes de Palestina.

Consecuencias[editar]

Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina. Alemania, para no perder los apoyos sionistas con que contaba desde principios de la guerra, hizo su propia declaración en favor de la «implantación judía en Palestina», a través de una «instalación sin restricciones» y de un régimen de autogobierno, para proceder al «libre desarrollo de su civilización».

Los árabes de la región, que a través de la Rebelión árabe se hallaban en proceso de construcción de su propio Estado, rechazaron en el congreso nacional convocado en Damasco «las pretensiones sionistas de convertir la parte sur de Siria, es decir, Palestina, en una commonwealth nacional para los israelitas».

Del mismo modo se había expresado unos meses antes un congreso árabe celebrado en Jerusalén. En cuanto al yishuv (comunidad judía en Palestina), desde el mismo momento en que el ejército británico tomó la región, reclamó que la Declaración Balfour se hiciera efectiva y que la administración británica reconociera las instituciones que los judíos habían puesto en pie como poder paralelo. Sin embargo, hubo de pasar un tiempo antes de que los ocupantes hicieran nada: en primer lugar, la Convención de La Haya obligaba a Gran Bretaña a mantener escrupulosamente el statu quo en Palestina en tanto no firmase un tratado con quienes hasta entonces habían administrado el territorio, esto es, el Imperio otomano. Los británicos alegaban también el elevado riesgo de graves choques entre judíos y árabes si se daba a estos la preeminencia que reclamaban, habida cuenta, entre otras cosas, que los judíos constituían a fines de la Primera Guerra Mundial apenas un 10 % de la población de Palestina. Finalmente, dados los conflictos que todo esto no dejaba de generar, la administración recomendó a Gran Bretaña la cancelación de las promesas hechas en la Declaración Balfour. La construcción del hogar nacional judío no contaría con un efectivo apoyo británico hasta 1920, fecha en que, una vez establecido el mandato británico, fue nombrado alto comisionado (máxima autoridad civil) sir Herbert Samuel. Gran Bretaña, no obstante, volvería a replantearse su apoyo al proyecto sionista a principios de los años treinta, a raíz de los conflictos crecientes entre los árabes y los judíos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]