Declaración Balfour

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Declaración Balfour
Balfour declaration unmarked.jpg
La Declaración Balfour, contenida en la carta original de Balfour a Rothschild.
Función Confirmación del apoyo del gobierno británico al establecimiento de un «hogar nacional» en Palestina para el pueblo judío.
Creación 2 de noviembre de 1917
Redactor(es) Walter Rothschild, Arthur Balfour, Leo Amery, Lord Milner
Signatarios Arthur James Balfour
Ubicación British Library
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Texto original:
Declaración Balfour (1917)
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La Declaración Balfour (fechada el 2 de noviembre de 1917) fue una manifestación formal del gobierno británico en una carta firmada por el ministro de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office) Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda.

El texto de la carta fue publicado en la prensa una semana después, el 9 de noviembre de 1917. La Declaración Balfour fue más tarde incorporada tanto el tratado de paz de Sèvres con el Imperio otomano, y el Mandato para Palestina. El documento original se conserva en la Biblioteca Británica.

La Declaración, donde el gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en Palestina,[1]​ es considerada como la primera declaración de una potencia mundial en favor del derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel.[2]​ Sin embargo, la emisión de la Declaración tuvo también múltiples consecuencias de larga duración, y la controversia continúa sobre su contradicción con la correspondencia McMahon-Husayn, que prometía al movimiento de independencia árabe el control de los territorios de Oriente Medio «en los límites y fronteras propuestos por el Jerife de La Meca (Husayn ibn Ali)».

Antecedentes[editar]

Apoyo británico temprano[editar]

«Memorando a los Monarcas Protestantes de Europa para la restauración de los judíos en Palestina», de Lord Shaftesbury, como se publicó en el Colonial Times, en 1841.

La base para el apoyo británico a un aumento de la presencia judía en Palestina estaba vinculado principalmente con los cálculos geopolíticos, si bien también idealísticamente incrustado en las expectativas evangélicas dispensacionalistas que habían motivado a Lord Shaftesbury y otros grupos de presión a inicios de la mitad del siglo XIX y creado un sentimiento de apoyo entre la élite política británica hacia la «restauración de los judíos» en Palestina, además de los sentimientos cristianos de que Inglaterra iba a desempeñar un rol en el advenimiento del Milenio y la segunda venida de Cristo.

El temprano apoyo político británico se precipitó a inicios de 1830 y fue dirigido por Lord Palmerston, a raíz de la crisis del Este después de que Mehmet Alí ocupara Siria y Palestina. La influencia francesa como protectora de las comunidades católicas comenzó a crecer en la región, a medida que la influencia rusa comenzó a crecer como protectora de los ortodoxos orientales, dejando a Gran Bretaña sin una esfera de influencia. El Ministerio de Relaciones Exteriores británico trabajó para fomentar la emigración judía a Palestina, ejemplificada por las exhortaciones de Charles Henry Churchill a Moses Montefiore, el líder de la comunidad judía británica, en 1841 y 1842. Tales esfuerzos fueron prematuros, ya que el sionismo no surgiría dentro de las comunidades judías del mundo hasta las últimas décadas del siglo, gracias a los esfuerzos de Theodor Herzl, un periodista judío de Austria-Hungría, cuyos esfuerzos para obtener apoyo internacional para sus ideas no tuvieron éxito durante su vida.

Con la reorganización política ocasionada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, los cálculos anteriores, que habían caducado desde hace algún tiempo (los propios intentos anteriores de Theodor Herzl para obtener apoyo internacional para su proyecto habían fracasado) dieron lugar a una renovación de las evaluaciones estratégicas y la negociación política con respecto al Medio y Lejano Oriente.

El sionismo temprano[editar]

El «programa de Basilea», aprobado por el Primer Congreso Sionista en 1897, en el cual la primera línea declara: «El sionismo busca establecer un hogar para el pueblo judío en Palestina garantizado por el derecho público».

El sionismo surgió a finales del siglo XIX como reacción a los movimientos nacionalistas antisemitas y excluyentes en Europa. El nacionalismo romántico en Europa central y oriental en ese siglo ayudó a impulsar la Haskalá o «Ilustración judía», creando una división en la comunidad judía entre los que veían el judaísmo como su religión, y los que lo veían como su origen étnico o nación. Los pogromos antijudíos en el Imperio ruso de 1881-84 alentaron el crecimiento de esta última identidad, dando como resultado la formación de las organizaciones pioneras como Jovevéi Zion y la publicación de Autoemancipación, de León Pinsker.

En 1896, Theodor Herzl, un periodista judío de Austria-Hungría, publicó Der Judenstaat (El Estado judío o El Estado de los judíos), en el que afirmaba que la única solución a la «cuestión judía» en Europa, incluyendo el creciente antisemitismo, era a través de la creación de un Estado para los judíos. Esto marcó la aparición del sionismo político. Un año más tarde, Herzl fundó la Organización Sionista, que en su primer congreso «instó al establecimiento de un hogar para el pueblo judío en Palestina con garantía de derecho público». Las medidas propuestas para alcanzar este objetivo incluyeron el fomento del establecimiento de asentamientos judíos allí, la organización de los judíos en la diáspora, el fortalecimiento de la sensibilidad y la conciencia judía, y las etapas preparatorias para alcanzar esas subvenciones gubernamentales necesarias. Herzl murió en 1904 sin el prestigio político requerido para llevar a cabo su agenda de un hogar judío en Palestina.

El líder sionista Jaim Weizmann, más tarde presidente de la Organización Sionista Mundial, comenzó a vivir en el Reino Unido en 1904 y se reunió con Balfour durante su campaña electoral de 1905-1906 en una sesión organizada por Charles Dreyfus, su representante electoral judío. Durante el primer encuentro entre Weizmann y Balfour en 1906, Balfour preguntó a Weizmann sobre las objeciones sionistas al Plan de Uganda de 1903. El esquema, que había sido propuesto a Herzl por el secretario de Colonias Joseph Chamberlain después de su viaje a África oriental a principios del año, había sido posteriormente rechazado tras la muerte de Herzl por el Séptimo Congreso Sionista en 1905, después de dos años de intenso debate en la Organización Sionista. De acuerdo con las memorias de Weizmann, la conversación fue así:

«Sr. Balfour, suponiendo que yo estuviera ofreciéndole París en lugar de Londres, ¿lo aceptaría?». Se sentó, me miró, y contestó: «Pero Dr. Weizmann, nosotros poseemos Londres». «Eso es verdad», dije, «pero nosotros poseíamos Jerusalén cuando Londres era una marisma». Él [...] dijo dos cosas que recuerdo vívidamente. La primera fue: «¿Hay muchos judíos que piensan como usted?». Respondí: «Creo que hablo en el espíritu de millones de judíos a quienes usted nunca podrá ver y que no pueden hablar por sí mismos». [...] A esto, él dijo: «Si esto es así, algún día serán una fuerza».

En enero de 1914, Weizmann conoció al Barón Edmond de Rothschild, un miembro de la rama francesa de la familia Rothschild y uno de los principales defensores del movimiento sionista, en relación con una proyecto de construcción de una universidad hebrea en Jerusalén. El Barón no era parte de la Organización Sionista Mundial, pero había financiado las primeras colonias agrícolas judías durante la primera gran oleada de inmigración judía a Palestina en la década de 1880, y los trasladó a la Jewish Colonization Association en 1899. Esta conexión dio sus frutos más adelante ese año cuando el hijo del barón, James de Rothschild, pidió una reunión con Weizmann el 25 de noviembre de 1914, con el fin de que él y los sionistas se alistaran para influir en los que eran considerados receptivos dentro del Gobierno británico a su agenda de un «Estado judío» en Palestina. A través de la esposa de James Dorothy, Weizmann se reunió con Rózsika Rothschild, quien le presentó a la rama inglesa de la familia, en particular a su marido Charles y su hermano mayor Walter, un zoólogo y ex-miembro del Parlamento. Su padre, Lord Nathan Rothschild, jefe de la rama inglesa de la familia, tenía una actitud cautelosa hacia el sionismo, pero murió en marzo de 1915 y su título fue heredado por Walter.

Muchos judíos británicos en esta época no eran sionistas; antes de la declaración sólo 8.000 de los 300.000 judíos eran considerados sionistas.

La Primera Guerra Mundial[editar]

1914-16: Discusiones iniciales entre el gobierno británico y los sionistas[editar]

Memorando del Gabinete de Herbert Samuel, The Future of Palestine, como fue publicado en los documentos del Gabinete británico (CAB 37/123/43), el 21 de enero de 1915.

En 1914, estalló la guerra en Europa entre la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y el Imperio ruso) y las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría y más tarde ese año, el Imperio otomano). El 9 de noviembre de 1014, 4 días después de la declaración de guerra de Gran Bretaña contra el Imperio otomano,

Tras la declaración de guerra contra el Imperio otomano en noviembre de 1914 por parte de Gran Bretaña, los esfuerzos de Weizmann se aceleraron. El 10 de diciembre de 1914, se reunió con miembro del Gabinete británico, el sionista Herbert Louis Samuel, quien consideraba que las demandas de Weizmann eran muy modestas. Dos días más tarde, Weizmann se reunió de nuevo con Balfour, por primera vez desde 1906. Un mes más tarde, Herbert Samuel hizo circular un memorándum titulado El futuro de Palestina ante sus colegas del Gabinete. El memorándum decía que «estoy seguro de que la solución del problema de Palestina que sería mucho más bienvenida a los líderes y seguidores del movimiento sionista en todo el mundo sería la anexión del país al Imperio británico». Muchas otras discusiones siguieron, incluyendo una reunión entre Lloyd George, entonces ministro de Guerra británico, y que dentro de poco sería primer ministro, y Weizmann en 1916, de los cuales Lloyd George describe en sus Memorias de guerra que Weizmann «[...] explicó sus aspiraciones en cuanto a la repatriación de los judíos a la tierra sagrada que ellos habían hecho famosa. Esto fue la fundación y el origen de la famosa declaración acerca del Hogar Nacional de los judíos en Palestina [...]. Tan pronto como me convertí en primer ministro hablé todo el asunto con el señor Balfour, que era entonces secretario de Relaciones Exteriores».

1915-16: Compromisos británicos anteriores sobre Palestina[editar]

Mapa desde FO 371/4368 (1918), mostrando Palestina como una zona «árabe».
Estractos desde CAB 24/68/86 (noviembre de 1918) y el Libro Blanco de Churchill (junio de 1922).
El documento del Gabinete afirma que Palestina fue incluida en la promesa de McMahon a los árabes, mientras que el Libro Blanco afirma que «siempre se ha considerado» como excluida.

A finales de 1915, el Alto Comisionado Británico en Egipto, Henry McMahon, había intercambiado diez cartas con Husayn ibn Ali, Jerife de la Meca, en las que le había prometido reconocer la independencia árabe «en los límites y límites propuestos por el Jerife de la Meca», a excepción de «partes de Siria» situadas al oeste de los «distritos de Damasco, Homs, Hama y Alepo», a cambio de que Husayn lanzara una revuelta contra el Imperio otomano. En las décadas posteriores a la guerra, el alcance de esta exclusión costera fue muy disputado, dado que Palestina estaba al suroeste de Damasco y no fue mencionada explícitamente.

Palestina en el mapa del Acuerdo Sykes-Picot bajo «administración internacional», con la bahía de Haifa, Acre y Haifa como un enclave británico, y excluyendo el área al sur de Hebrón.
Palestina en el mapa del Acuerdo Sykes-Picot bajo «administración internacional», con la bahía de Haifa, Acre y Haifa como un enclave británico, y excluyendo el área al sur de Hebrón.

Sobre la base de la correspondencia, la revuelta árabe comenzó el 5 de junio de 1916. Sin embargo, en mayo de 1916, los gobiernos del Reino Unido, Francia y Rusia también habían concluido en secreto el Acuerdo Sykes-Picot, que Balfour describió más tarde como un «método totalmente nuevo» para repartir el área, después de que el acuerdo de 1915 «parece haber sido olvidado». Este acuerdo secreto fue negociado a principios de 1916 entre Mark Sykes y François Georges-Picot. Sykes era un miembro del Parlamento británico cuyo papel se había desarrollado desde su asiento en el comité De Bunsen de 1915 para tener una influencia significativa en la política británica en la región, incluyendo la creación de la Oficina Árabe, mientras que Picot era un diplomático francés y ex cónsul general en Beirut. El acuerdo definió sus esferas de influencia y control propuestas en Asia Occidental, en caso que la Triple Entente consiguiera derrotar al Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. Dividió muchos territorios árabes en áreas administradas por los británicos y franceses, y permitió la internacionalización de Palestina, proponiendo que la forma de la administración de esa región sería confirmada después de consultar con Rusia y Husayn.

Estas iniciativas en tiempos de guerra, inclusive de la Declaración, son consideradas frecuentemente juntas por los historiadores debido a la posibilidad, real o imaginaria, de incompatibilidad entre ellos, sobre todo en lo que se refiere a la disposición de Palestina. Para una discusión más completa de estas y otras cuestiones, el lector se remite al artículo pertinente. Basta decir, en palabras de Albert Hourani: «El argumento acerca de la interpretación de estos acuerdos es imposible de terminar, ya que estaban destinados a soportar más de una interpretación».

1916-17: Cambio del Gobierno británico[editar]

En términos de la política británica, la declaración fue resultado de la llegada al poder del Lloyd George y su Gabinete, que reemplazó al Gabinete liderado por Asquith en diciembre de 1916, ya que él y Balfour habían favorecido el reparto del Imperio otomano en la posguerra, en contraste con Asquith y Grey, quienes favorecían su reforma.

Lloyd George había querido hacer de la destrucción del Imperio Otomano un importante objetivo de guerra británico, y dos días después de asumir el cargo le dijo al general Robertson, el Jefe del Estado Mayor Imperial, que quería una victoria importante, preferiblemente la captura de Jerusalén, para impresionar a la opinión pública británica. Lloyd George consultó inmediatamente a su Gabinete de guerra sobre una «nueva campaña en Palestina, en cuanto El Arish hubiera sido asegurado». La presión subsecuente de Lloyd George, sobre las reservas de Robertson, dio lugar a la recaptura del Sinaí por el Egipto controlado por los británicos, con la captura de El Arish en diciembre de 1916 y Rafah en enero de 1917, y la llegada de las fuerzas británicas a las fronteras meridionales del Imperio otomano. Después de dos intentos infructuosos de capturar Gaza, en abril de 1917 se inició un estancamiento en el sur de Palestina, y la campaña del Sinaí y Palestina no lograría ningún progreso sustancial hasta el 31 de octubre de 1917.

1917: Negociaciones oficiales británico-sionistas[editar]

Tras el cambio de gobierno, Sykes fue transferido a la Secretaría de la Oficina de Guerra como secretario político para Asuntos del Cercano Oriente, y encargado de reanudar las discusiones con los sionistas. A principios de 1917, a pesar de haber establecido previamente una relación con el líder sionista británico Moses Gaster, comenzó a buscar a otros líderes sionistas y fue presentado a Weizmann y Nahum Sokolow a finales de enero de 1917. El 7 de febrero de 1917 comenzaron las negociaciones oficiales entre Sykes y los líderes sionistas.

Finales de 1917: Progreso de una guerra más amplia[editar]

Durante el período de las discusiones del Gabinete de guerra británico que condujo a la declaración, la guerra más amplia había llegado a un período de estancamiento. En el Frente Occidental, la marea estaría inicialmente a favor de las Potencias Centrales durante la primavera de 1918, antes de decidirse a favor de los Aliados a partir de julio de 1918 en adelante. Aunque Estados Unidos había declarado la guerra a Alemania en la primavera de 1917, no sufrirían sus primeras bajas hasta el 2 de noviembre de 1917, momento en el que el presidente Wilson todavía estaría esperando evitar el envío de grandes contingentes de tropas a la guerra. Las fuerzas rusas se sabían distraídas por la reciente Revolución rusa y el creciente apoyo a la facción bolchevique, pero la República Rusa de Alexander Kerensky permaneció en la guerra y solo se retiraría después de la etapa final de la revolución el 7 de noviembre de 1917.

Motivación[editar]

Historiografía[editar]

Avi Shlaim dice que hay dos principales escuelas de pensamiento sobre los orígenes de la Declaración Balfour, una representada por Leonard Stein y la otra por Mayir Vereté. Señala que Stein no llega a conclusiones claras, que se sobreentiende en su narración que la declaración fue causada por la actividad y la habilidad de los sionistas; mientras que, según Vereté, fue por el trabajo de los pragmáticos obstinados motivados por los intereses imperiales británicos en el Medio Oriente. Gran parte de la erudición moderna, sobre la decisión de emitir la declaración, se centra en el movimiento sionista y las rivalidades dentro de él con un debate clave para saber si el papel de Weizmann fue decisivo o si los británicos probablemente hubieran emitido una declaración similar en cualquier caso. Más recientemente, el historiador Martin Kramer ha argumentado que asegurar el asentimiento de los aliados de Gran Bretaña (Francia y Estados Unidos) y del Vaticano, que controlaba muchos Lugares Santos cristianos en Palestina, era una condición previa necesaria de la Declaración Balfour; y los ensayos de Gutwein, un giro a una vieja idea, afirmando que el acercamiento de Sykes a los sionistas era para perseguir una agenda política radical en nombre del gobierno británico.

Los cálculos geopolíticos detrás de la decisión de emitir la declaración fueron debatidos y discutidos en los años siguientes. Algunos historiadores sostienen que la decisión del gobierno británico refleja lo que James Gelvin llama «antisemitismo patricio», la sobreestimación del poder judío tanto en Estados Unidos como en Rusia. Además, los británicos pretendían evitar la previsible presión francesa para una administración internacional.

Los británicos creían que expresar su apoyo sería atractivo para los judíos en Alemania y particularmente en Estados Unidos, dado que dos de los asesores más cercanos de Woodrow Wilson eran conocidos como ávidos sionistas; también esperaban animar el apoyo de la gran población judía en Rusia.

Lloyd George, en sus Memorias, publicó en 1939 una lista de nueve factores que motivaron su decisión como Primer Ministro para emitir la declaración, incluyendo la opinión de que una presencia judía en Palestina fortalecería la posición de Gran Bretaña sobre el canal de Suez y reforzaría el camino hacia el dominio imperial de Gran Bretaña en la India. Lloyd George dijo a la Comisión Real Palestina en 1937 que la declaración fue hecha «debido a razones propagandísticas [...] en particular, la simpatía judía confirmaría el apoyo de los judíos estadounidenses, y haría más difícil para Alemania reducir sus compromisos militares y mejorar su posición económica en el frente oriental».

Aprobaciones[editar]

Abril a junio: Discusiones aliadas[editar]

Según Schneer, Sykes tenía como objetivo la movilización del sionismo a la causa de la soberanía británica en Palestina para tener argumentos, para poner a Francia en apoyo de ese objetivo. En este punto, los sionistas todavía ignoraban el acuerdo Sykes-Picot, aunque tenían sus sospechas. En cuanto a los árabes, citando a Stein (de las notas de Sokolow de la reunión), Schneer escribe que Sykes dijo que «Los árabes declaraban que el lenguaje debía ser la medida [por la que debía determinarse el control de Palestina] y [por esa medida] podían reclamar toda Siria y Palestina. Sin embargo, los árabes podrían ser manejados, sobre todo si recibían el apoyo judío en otros asuntos».

El Gabinete de guerra había acordado previamente permitir que un destacamento de tropas musulmanas francesas acompañara a las fuerzas británicas cuando finalmente entraran en Palestina. Los franceses eligieron a Picot como Alto Comisionado francés para el pronto territorio ocupado de Siria y Palestina. Los británicos designaron a Sykes como oficial político principal de la Fuerza Expedicionaria de Egipto. El 3 de abril de 1917, Sykes se reunió con Lloyd George, Curzon y Hankey para recibir sus instrucciones a este respecto, a saber, mantener a los franceses de su lado mientras presionaba por una Palestina británica y «el Primer Ministro sugirió que Sir Mark Sykes no debería comprometerse políticamente con los árabes, y particularmente de ningún modo con respecto a Palestina».

En el camino hacia oriente, Sykes primero fue a Francia, llegando algunos días después de Sokolow, quien mientras tanto se había encontrado con Picot y otros funcionarios franceses (seegún Schneer, cada uno de parte de Sykes y de Picot, representando a su gobierno respectivo, tratando de socavar el acuerdo Sykes-Picot a expensas del otro. «Los franceses están decididos a tomar la totalidad de Palestina», informó Sokolow a Weizmann) y luego convencieron al Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia de aceptar para su estudio una declaración de objetivos sionistas, sus «desiderata con respecto a facilidades de colonización, autonomía comunal, derechos de lengua y el establecimiento de una compañía legalmente constituida judía».

La posición francesa respecto a Palestina (y al Levante) durante la preparación de la Declaración Balfour fue dictada en gran parte por los términos del acuerdo Sykes-Picot y se complicaron a partir del 23 de noviembre de 1915, al aumentar la conciencia francesa de las conversaciones británicas con el Jerife de La Meca. La participación de Italia en la guerra, guiada por el Tratado de Londres (1915), condujo finalmente al Acuerdo de Saint-Jean-de-Maurienne en abril de 1917; en esta conferencia, Lloyd George había planteado la cuestión de un protectorado británico de Palestina y la idea «había sido recibida muy fríamente» por los franceses y por los italianos. El Gabinete de guerra, al revisar esta conferencia el 25 de abril, «se inclinó a la idea de que tarde o temprano el Acuerdo de Sykes-Picot tendría que ser reconsiderado [...] No se deben tomar medidas en ese momento sobre ese asunto».

Junio y julio: Decisión de preparar una declaración[editar]

Una copia del borrador inicial de la declaración, de Lord Rothschild, junto con su carta de presentación, 18 de julio de 1917, desde os archivos del abinete de guerra británico.

El 13 de junio de 1917, se admitió en el Ministerio británico de Relaciones Exteriores que los tres políticos más importantes (el Primer Ministro, el Ministro de Relaciones Exteriores y el Subsecretario Parlamentario de Relaciones Exteriores, Lord Robert Cecil) estaban todos a favor de apoyar al Movimiento sionista. El 19 de junio, Balfour se reunió con Lord Rothschild y Weizmann, y les pidió que presentaran una fórmula para una declaración.

Tras recibir el proyecto de declaración de Lord Rothschild presentado por el Ministerio de Relaciones Exteriores el 18 de julio, el asunto fue sometido a consideración formal del Gabinete.

Septiembre y octubre: Consentimiento estadounidense y aprobación del Gabinete de guerra[editar]

Como parte de las discusiones del Gabinete de Guerra, se buscaron opiniones de diez líderes judíos «representativos». Los partidarios eran cuatro miembros del equipo negociador sionista (Rothschild, Weizmann, Sokolow y Samuel), Stuart Samuel (el hermano mayor de Herbert Samuel) y el rabino principal Joseph Hertz. Aquellos en contra eran Montagu, Philip Magnus, Claude Montefiore y Lionel Cohen.

La decisión de emitir la declaración fue tomada por el Gabinete de guerra británico el 31 de octubre de 1917. Esto siguió a la discusión en cuatro reuniones del Gabinete de guerra (incluida la reunión del 31 de octubre) durante el espacio de los dos meses anteriores. Se solicitó el consentimiento del Presidente de los Estados Unidos durante el mismo período.

Los funcionarios británicos pidieron al presidente Wilson sus opiniones sobre el asunto en dos ocasiones: primero el 3 de septiembre, cuando respondió que el momento no era el adecuado; y más tarde el 6 de octubre, cuando estuvo de acuerdo con la publicación de la Declaración. Después de la entrada de Estados Unidos a la guerra a principios de abril, durante un mes (abril y mayo de 1917), Balfour había estado en Estados Unidos en la Misión Balfour y pasó mucho tiempo discutiendo el sionismo con el asesor de Wilson y líder sionista Louis Brandeis.

Con respecto al Gabinete de guerra, para ayudar a las discusiones, la Secretaría del Gabinete solicitó aclaraciones interministeriales, así como las opiniones del presidente Woodrow Wilson y en octubre, presentaciones formales de seis líderes sionistas y cuatro judíos no sionistas.

Extractos de las actas de estas cuatro reuniones del Gabinete de guerra proporcionan una descripción de los principales factores que los ministros consideraron:

  • 3 de septiembre de 1917: «Con referencia a una sugerencia de que se podría aplazar el asunto, [Balfour] señaló que se trataba de una cuestión en la que el Ministerio de Relaciones Exteriores había estado muy presionado durante mucho tiempo. Había una organización muy fuerte y entusiasta, más particularmente en los Estados Unidos, que estaban fervientes en este asunto, y su creencia era que sería de la ayuda más sustancial a los aliados tener la diligencia y el entusiasmo de esta gente alistada en nuestro lado. No hacer nada era arriesgarse a una ruptura directa con ellos, y era necesario enfrentar esta situación».
  • 4 de octubre de 1917: «[...] [Balfour] señaló que el Gobierno alemán estaba haciendo grandes esfuerzos para captar la simpatía del Movimiento Sionista. Este Movimiento, aunque contrario a una serie de judíos ricos en este país, tenía detrás de él el apoyo de la mayoría de los judíos, en todo caso en Rusia y Estados Unidos, y posiblemente en otros países [...] El Sr. Balfour leyó entonces una muy simpática Declaración del Gobierno francés que había sido transmitida a los sionistas, y afirmó que sabía que el Presidente Wilson era extremadamente favorable al Movimiento».
  • 25 de octubre de 1917: «[...] el Secretario mencionó que estaba siendo presionado por el Ministerio de Relaciones Exteriores para plantear la cuestión del sionismo, cuyo arreglo temprano era considerado de gran importancia».
Acta del gabinete de guerra británico, aprobando la emisión de la declaración, 31 de octubre de 1917.
  • 31 de octubre de 1917: «[Balfour] afirmó que había llegado a la conclusión de que todos estaban de acuerdo en que, desde un punto de vista puramente diplomático y político, era deseable que se hiciera una declaración favorable a las aspiraciones de los nacionalistas judíos. La gran mayoría de los judíos en Rusia y Estados Unidos, como, de hecho, en todo el mundo, ahora parecía ser favorable al sionismo. Si pudiéramos hacer una declaración favorable a tal ideal, deberíamos ser capaces de llevar a cabo una propaganda extremadamente útil tanto en Rusia como en Estados Unidos».

Redacción[editar]

Autores y evolución del borrador[editar]

«Palestine and the Balfour Declaration», documento del Gabinete revisando los antecedentes de la declaración, enero de 1923.
«Palestine and the Balfour Declaration», documento del Gabinete revisando los antecedentes de la declaración, enero de 1923.

Lloyd George y Balfour permanecieron en el gobierno hasta el colapso de la coalición en octubre de 1922. Bajo el nuevo gobierno conservador, se intentaron identificar los antecedentes de la redacción. En enero de 1923 se produjo un memorando del Gabinete en el que se afirmaba que los autores principales eran Balfour, Sykes, Weizmann y Sokolow, con «tal vez Lord Rothschild como figura de fondo» y que «las negociaciones parecen haber sido principalmente orales y por medio de notas privadas y memorandos de los que solo los registros más escasos parecen estar disponibles».

En las décadas siguientes, la desclasificación de los archivos gubernamentales permitió a los estudiosos reconstruir la coreografía de la redacción de la declaración; en su ampliamente citado libro de 1961, Leonard Stein publicó cuatro borradores anteriores de la declaración. Stein ilustró la evolución de la redacción de la propuesta original de la Organización Sionista, seguida de varias iteraciones. Los autores subsecuentes han debatido sobre quién era realmente el «autor principal». En su libro póstumamente publicado de 1981, The Anglo-American Establishment, Carroll Quigley, profesor de historia de la Universidad de Georgetown, explicó su opinión de que el autor principal de la declaración era Lord Alfred Milner y, más recientemente, William D. Rubinstein, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Aberystwyth, Gales, escribió que el político conservador y pro-sionista Leo Amery, como Subsecretario del Gabinete de guerra británico en 1917, debería ser considerado el principal autor de la declaración.

Borrador Texto Cambios
Borrador sionista preliminar
julio de 1917[3]
His Majesty's Government, after considering the aims of the Zionist Organization, accepts the principle of recognizing Palestine as the National Home of the Jewish people and the right of the Jewish people to build up its national life in Palestine under a protection to be established at the conclusion of peace following upon the successful issue of the War.

His Majesty's Government regards as essential for the realization of this principle the grant of internal autonomy to the Jewish nationality in Palestine, freedom of immigration for Jews, and the establishment of a Jewish National Colonizing Corporation for the resettlement and economic development of the country.
The conditions and forms of the internal autonomy and a Charter for the Jewish National Colonizing Corporation should, in the view of His Majesty's Government, be elaborated in detail and determined with the representatives of the Zionist Organization.
[4]

Borrador de Lord Rothschild
12 de julio de 1917[3]
1. His Majesty's Government accepts the principle that Palestine should be reconstituted as the national home of the Jewish people.

2. His Majesty's Government will use its best endeavours to secure the achievement of this object and will discuss the necessary methods and means with the Zionist Organisation.[5]

1. His Majesty’s Government ====== accepts the principle of recognizing that Palestine should be reconstituted as the national home of the Jewish people.======

2. His Majesty's Government ======will use its best endeavours to secure the achievement of this object and will discuss the necessary methods and means with the Zionist Organisation.

Borrador de Balfour
mediados de agosto de 1917
His Majesty's Government accepts the principle that Palestine should be reconstituted as the national home of the Jewish people and will use their best endeavours to secure the achievement of this object and will be ready to consider any suggestions on the subject which the Zionist Organisation may desire to lay before them.[5] 1. His Majesty's Government accepts the principle that Palestine should be reconstituted as the national home of the Jewish people. and 2. His Majesty's Government will use its their best endeavours to secure the achievement of this object and will discuss the necessary methods and means with be ready to consider any suggestions on the subject which the Zionist Organisation may desire to lay before them.
Borrador de Milner
fines de agosto de 1917
His Majesty's Government accepts the principle that every opportunity should be afforded for the establishment of a home for the Jewish people in Palestine and will use its best endeavours to facilitate the achievement of this object and will be ready to consider any suggestions on the subject which the Zionist organisations may desire to lay before them.[5] His Majesty's Government accepts the principle that Palestine should be reconstituted as the national home of every opportunity should be afforded for the establishment of a home for the Jewish people in Palestine and will use their its best endeavours to secure facilitate the achievement of this object and will be ready to consider any suggestions on the subject which the Zionist Ooorganisations may desire to lay before them.
Borrador Milner–Amery
4 de octubre de 1917
His Majesty's Government views with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish race, and will use its best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine or the rights and political status enjoyed in any other country by such Jews who are fully contented with their existing nationality.[5] His Majesty's Government accepts the principle that every opportunity should be afforded for views with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish people in Palestine race, and will use its best endeavours to facilitate the achievement of this object and will be ready to consider any suggestions on the subject which the Zionist organisations may desire to lay before them , it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine or the rights and political status enjoyed in any other country by such Jews who are fully contented with their existing nationality.[5]
Versión final His Majesty's Government view with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country. His Majesty’s Government views with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish race, and will use its their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country by such Jews who are fully contented with their existing nationality.[5]

La Declaración[editar]

Foreign Office,

November 2nd, 1917.

Dear Lord Rothschild,
I have much pleasure in conveying to you, on behalf of His Majesty's Government, the following declaration of sympathy with Jewish Zionist aspirations which has been submitted to, and approved by, the Cabinet:
"His Majesty's Government view with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country"


I should be grateful if you would bring this declaration to the knowledge of the Zionist Federation.

Yours sincerely
Arthur James Balfour

Traducción:

Foreign Office,

2 de noviembre de 1917.

Estimado Lord Rothschild:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida, y aprobada, por el Gabinete:
«El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país».


Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour

Términos[editar]

La versión acordada de la declaración, una sola oración de tan solo 67 palabras, fue enviada en una breve carta de Balfour a Walter Rothschild, para ser transmitida a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda el 2 de noviembre de 1917. La declaración contenía cuatro cláusulas, de las cuales las dos primeras prometieron apoyar «el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío», seguidas de dos «cláusulas de salvaguarda» con respecto a «los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina», y «los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país».

Hogar nacional para el pueblo judío vs. Estado judío[editar]

Este es un documento muy cuidadosamente redactado y, sin embargo, por la frase algo vaga «Un Hogar Nacional para el Pueblo Judío» podría considerarse lo suficientemente no alarmante [...] Pero la vaguedad de la frase citada ha sido causa de problemas desde el comienzo. Varias personas en posiciones altas han utilizado lenguaje en un sentido más amplio, calculado para transmitir una impresión muy diferente a la interpretación más moderada que se puede poner sobre las palabras. El presidente Wilson rechazó todas las dudas sobre lo que se pretendía desde su punto de vista cuando, en marzo de 1919, dijo a los líderes judíos en Estados Unidos: «Estoy persuadido además de que las naciones aliadas, con la mayor concurrencia de nuestro propio Gobierno y pueblo, están de acuerdo en que en Palestina se sentarán las bases de una Commonwealth judía». El fallecido presidente Roosevelt declaró que una de las condiciones de paz de los Aliados debería ser que «Palestina debe convertirse en un Estado judío». El Sr. Winston Churchill ha hablado de un «Estado judío» y el Sr. Bonar Law ha hablado en el Parlamento de «restaurar Palestina a los judíos».
—Reporte de la Comisión Palin, agosto de 1920.[6]

La frase «hogar nacional» se usó intencionalmente en lugar de «Estado» por oposición al programa sionista dentro del gabinete británico, aunque los principales arquitectos de la declaración consideraron que un Estado judío surgiría en el tiempo. El término «hogar nacional» era intencionalmente ambiguo. Por ejemplo, la expresión «hogar nacional» carecía de valor jurídico o precedente en el derecho internacional, por lo que su significado no era claro en comparación con otros términos como «Estado».

Se ha buscado una explicación de la redacción en la correspondencia que condujo a la versión final de la declaración. Tras la discusión del borrador inicial, el Secretario del Gabinete, Mark Sykes, se reunió con los negociadores sionistas para aclarar sus objetivos. Su informe oficial al gabinete declaró categóricamente que los sionistas no querían «establecer una República judía o cualquier otra forma de estado en Palestina o en cualquier parte de Palestina». sino que preferían alguna forma de protectorado como estaba dispuesto en el Mandato de Palestina.

Al aprobar la Declaración Balfour, Leopold Amery, uno de los Secretarios del Gabinete de Guerra Británico de 1917-18, testificó bajo juramento ante el Comité Angloamericano de Investigación en enero de 1946, de su conocimiento personal que:

La frase «el establecimiento en Palestina de un Hogar Nacional para el pueblo judío» fue concebida y comprendida por todos los interesados en el momento de la Declaración Balfour, según la cual Palestina se convertiría finalmente en una «Commonwealth judía» o un «Estado judío», si solo los judíos vinieran y se establecieran allí en número suficiente.

David Lloyd George, que era Primer Ministro en el momento de la declaración, dijo a la Comisión Real Palestina en 1937 que se pensaba que Palestina podría convertirse en una Commonwealth judía si y cuando los judíos «se hubieran convertido en una mayoría definida de los habitantes».

La idea era, y ésta era la interpretación que se hacía entonces, de que un Estado judío no debía ser establecido inmediatamente por el Tratado de paz sin referencia a los deseos de la mayoría de los habitantes. Por otra parte, se contemplaba que cuando llegara el momento de acordar instituciones representativas a Palestina, si los judíos hubieran respondido mientras tanto a la oportunidad que les ofrecía la idea de un hogar nacional y se hubieran convertido en una mayoría definitiva de los habitantes, entonces Palestina se convertiría así en una Commonwealth judía.

Tanto la Organización Sionista como el gobierno británico dedicaron sus esfuerzos a negar que su intención fuera establecer un Estado durante las décadas siguientes, incluso en el Libro Blanco de 1922 de Winston Churchill. Sin embargo, en privado, muchos funcionarios británicos estaban de acuerdo con la interpretación de los sionistas de que un Estado se establecería cuando se alcanzara una mayoría judía; en particular, en una reunión privada celebrada el 22 de julio de 1922 en la casa de Balfour, tanto Balfour como Lloyd George admitieron que un eventual Estado judío siempre había sido su intención.

Alcance del Hogar Nacional «en Palestina»[editar]

La elección de declarar tal patria se encontraría «en Palestina» en lugar de «de Palestina» tampoco fue un accidente. Con respecto al alcance del Hogar Nacional Judío, el borrador inicial de la declaración, contenido en una carta enviada por Rothschild a Balfour, se refería al principio de que «Palestina debería ser reconstituida como el Hogar Nacional del pueblo judío». En el texto final, siguiendo la enmienda de Lord Milner, la palabra «reconstituida» fue removida y reemplazada por «en».

De este modo, este texto evitaba comprometer la totalidad de Palestina al Hogar Nacional Judío, resultando en controversias en años futuros sobre el alcance previsto. Esto fue aclarado más adelante por el Libro Blanco de Churchill de 1922, que escribió que «los términos de la declaración mencionada no contemplan que Palestina en su totalidad debe convertirse en un Hogar Nacional Judío, sino que tal Hogar debe ser fundado ‹en Palestina›».

La declaración no incluía límites geográficos para Palestina. Tras el final de la guerra, tres documentos (la declaración, la correspondencia Husayn-McMahon y el acuerdo Sykes-Picot) se convirtieron en la base de las negociaciones para establecer los límites de Palestina.

Derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina[editar]

Sin embargo, si se respetan los términos estrictos de la Declaración Balfour [...] no cabe duda de que el Programa Sionista extremo debe ser grandemente modificado. Porque «un hogar nacional para el pueblo judío» no es equivalente a convertir a Palestina en un Estado judío; ni puede lograrse la erección de tal Estado judío sin la más grave violación de los «derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina». El hecho se manifestó repetidamente en la conferencia de la Comisión con los representantes judíos, que los sionistas esperaban con ansias un despojo prácticamente completo de los actuales habitantes no judíos de Palestina, mediante diversas formas de compra.
—Reporte de la Comisión King-Crane, agosto de 1919.[7]

La primera cláusula de salvaguardia de la declaración se refería a la protección de los derechos civiles y religiosos de los no judíos en Palestina. Los «no judíos» constituían el 90% de la población de Palestina; Ronald Storrs, gobernador militar británico de Jerusalén entre 1917 y 1920, describió que esta comunidad había observado que «no habían sido nombrados como árabes, musulmanes o cristianos, sino agrupados bajo la negativa y humillante definición de ‹comunidades no judías› y relegadas a condiciones subordinadas». También se señaló que no había ninguna referencia a la protección del «estatus político» o los derechos políticos de estas comunidades, como existía en la subsiguiente salvaguarda relativa a los judíos en otros países. Esta protección fue frecuentemente comparada con el compromiso con la comunidad judía, y a lo largo de los años se usaron una variedad de términos para referirse a estas dos obligaciones juntas.

Balfour declaró en febrero de 1919 que Palestina se consideraba un caso excepcional en el que «deliberadamente y con razón nos negamos a aceptar el principio de autodeterminación». Este principio de autodeterminación había sido declarado en numerosas ocasiones después de la declaración: los Catorce Puntos del presidente Wilson (enero de 1918), la Declaración a los Siete de McMahon (junio de 1918), la Declaración Anglo-Francesa (noviembre de 1918) y el Pacto de la Sociedad de Naciones (junio de 1919), que estableció el sistema de mandato. En un memorando de agosto de 1919, Balfour reconoció la inconsistencia entre estas declaraciones, y explicó además que los británicos no tenían intención de consultar a la población existente de Palestina. Los resultados de la Comisión de Investigación King-Crane estadounidense sobre la consulta a la población local fueron posteriormente suprimidos durante tres años hasta que se filtró el informe en 1922. Los gobiernos británicos subsiguientes reconocieron esta deficiencia, como el comité de 1939 encabezado por el Lord canciller, Frederic Maugham, que concluyó que el gobierno no había sido «libre de disponer de Palestina sin tener en cuenta los deseos e intereses de los habitantes de Palestina» y la declaración de abril de 2017 de la Ministra británica de Relaciones Exteriores, la Baronesa Anelay, de que el Gobierno reconoció que «la Declaración debería haber pedido la protección de los derechos políticos de las comunidades no judías en Palestina, en particular su derecho a la autodeterminación».

Derechos y estatus político de los judíos en otros países[editar]

El memorando de Edwin Samuel Montagu (23 de agosto de 1917) declaraba su creencia en que: «La política del Gobierno de Su Majestad es antisemita en resultado y proveerá un punto de encuentro para los antisemitas en cada país del mundo».

La segunda cláusula de salvaguarda era un compromiso de que no se debería hacer nada que pudiera perjudicar los derechos de las comunidades judías en otros países fuera de Palestina.

Los borradores originales de Rothschild, Balfour y Milner no incluyeron esta salvaguardia, que surgió en parte como resultado del impulso de Edwin Samuel Montagu, un influyente judío antisionista y Secretario de Estado para la India. Montagu, el único miembro judío del gabinete británico, expresó su oposición declarando:

La política del Gobierno de Su Majestad es antisemita en resultado y proveerá un punto de encuentro para los antisemitas en cada país del mundo.

Lord Rothschild tomó la excepción a la nueva cláusula sobre la base de que presuponía la posibilidad de un peligro para los no sionistas, lo que negó.

Reacción[editar]

El texto de la declaración fue publicado en la prensa una semana después de su firma, el 9 de noviembre de 1917.

Acuerdo Sykes-Picot expuesto[editar]

El gobierno zarista era una parte menor en el acuerdo Sykes-Picot y cuando, después de la revolución rusa, los bolcheviques publicaron el acuerdo en los diarios Izvestia y Pravda el 23 de noviembre de 1917 y en el The Guardian británico el 26 de noviembre de 1917, «los británicos estaban avergonzados, los árabes consternados y los turcos encantados».

Los sionistas habían sido conscientes de los esbozos del acuerdo desde abril, y específicamente la parte relevante para Palestina, después de una reunión entre Weizmann y Sir Ronald Cecil, donde Weizmann dejó muy claras sus objeciones al esquema propuesto.

Reacción sionista[editar]

La Declaración Balfour, publicada en The Times, 9 de noviembre de 1917.

La publicación de la intención galvanizó al sionismo, que finalmente había obtenido un estatuto oficial. Se publicó por primera vez en los periódicos el 9 de noviembre y se distribuyeron folletos por las comunidades judías. Estos folletos fueron lanzados desde el aire sobre las comunidades judías en Alemania y Austria, así como la Zona de Asentamiento, que había sido entregado a las Potencias Centrales después de la retirada rusa.

Weizmann había argumentado que una consecuencia de tal compromiso público por parte de Gran Bretaña, que hacía del establecimiento de una patria judía en Palestina uno de los objetivos de guerra de los Aliados, era que tendría tres efectos: obligaría a Rusia a mantener la presión sobre Alemania desde el Frente Oriental, puesto que los judíos habían sido prominentes en la revolución de marzo de 1917; reuniría a la gran comunidad judía en Estados Unidos para presionar por una mayor financiación para el esfuerzo de guerra estadounidense, en curso desde abril de ese año; y, por último, que socavaría el apoyo judío alemán al Káiser Wilhelm II.

El sionismo americano todavía estaba en su infancia; para 1914 la Federación Sionista tenía un presupuesto pequeño de alrededor de $ 5.000 y solo 12.000 miembros, a pesar de una población judía estadounidense de tres millones. Sin embargo, las organizaciones sionistas habían tenido éxito recientemente, después de una demostración de fuerza dentro de la comunidad judía estadounidense, en la organización de un congreso judío para debatir el problema judío en su conjunto. Esto impactó los cálculos del gobierno británico y francés sobre el equilibrio de poder dentro del público judío estadounidense.

En la campaña del Sinaí y Palestina en curso, tanto Gaza como Jaffa cayeron varios días después. Una vez bajo la ocupación militar británica, fueron posibles grandes transferencias de fondos y un gran esfuerzo comenzó a drenar la tierra pantanosa del valle de Jezreel, cuya redención como el granero de Palestina se convirtió en la prioridad de los colonos de la tercera Aliyá, provenientes principalmente de Europa Oriental.

La declaración estimuló un aumento involuntario y extraordinario en el número de partidarios del sionismo estadounidense; en 1914, las 200 sociedades sionistas estadounidenses abarcaban un total de 7.500 miembros, que crecieron a 30.000 miembros en 600 sociedades para 1918 y 149.000 miembros en 1919. Mientras que los británicos habían considerado que la declaración reflejaba un predominio previamente establecido de la posición sionista en el pensamiento judío, fue la propia declaración la que posteriormente fue responsable de la legitimidad y el liderazgo del sionismo.

En agosto de 1919, Balfour aprobó la solicitud de Weizmann de nombrar en su honor al primer asentamiento de la posguerra en el Mandato de Palestina, «Balfouria». Se pensaba que sería un modelo de asentamiento para la futura actividad judía estadounidense en Palestina.

El 24 de abril de 1920, Lloyd George pidió a Herbert Louis Samuel, parlamentario sionista cuyo memorándum de 1915 había enmarcado el inicio de las discusiones en el gabinete británico, actuar como el primer gobernador civil de la Palestina británica, en sustitución de la anterior administración militar que había gobernado la zona desde la guerra. Poco después de tomar el cargo en julio de 1920, dio una lectura en la sinagoga Hurva en Jerusalén, que, según sus memorias, llevó a la congregación de los colonos mayores a sentir que el «cumplimiento de la antigua profecía podría por fin estar al alcance».

Desde 1918 hasta la Segunda Guerra Mundial, los judíos del Mandato de Palestina celebraron el día de Balfour como una fiesta nacional anual el 2 de noviembre. Las celebraciones incluyeron ceremonias en escuelas y otras instituciones públicas y artículos festivos en la prensa hebrea.

Oposición en Palestina[editar]

El periódico árabe palestino más popular, Filastin (La Palestine), publicó un editorial de cuatro páginas dirigido a Lord Balfour en marzo de 1925.

La comunidad cristiana y musulmana local de Palestina, que constituía casi el 90% de la población, se opuso firmemente a la declaración. Como lo describió el filósofo palestino-americano Edward Said en 1979, se percibió que se hacía: «(a) por una potencia europea, (b) sobre un territorio no europeo, (c) en un plano desprecio tanto de la presencia y los deseos de la mayoría nativa residente en ese territorio, y (d) tomaban la forma de una promesa sobre este mismo territorio a otro grupo extranjero».

Según la Comisión King-Crane de 1919, «Ningún oficial británico, consultado por los comisionados, creyó que el programa sionista podría ser llevado a cabo excepto por la fuerza de las armas». Una delegación de la Asociación Musulmana-Cristiana, encabezada por Musa al-Husayni, expresó su desaprobación pública el 3 de noviembre de 1918, un día después del desfile de la Comisión Sionista que conmemoraba el primer aniversario de la Declaración Balfour. Entregaron una petición firmada por más de 100 notables a Ronald Storrs, el gobernador militar de la Administración del Territorio Enemigo Ocupado (OETA):

Hemos notado ayer una gran multitud de judíos llevando pancartas y corriendo por las calles gritando palabras que dañaban el sentimiento y herían el alma. Pretenden con voz abierta que Palestina, que es la Tierra Santa de nuestros padres y el cementerio de nuestros antepasados, que ha sido habitada por los árabes desde hace mucho tiempo, que la amaron y murieron en su defensa, es ahora un hogar nacional para ellos [...] Nosotros los árabes, musulmanes y cristianos, siempre hemos simpatizado profundamente con los judíos perseguidos y sus desgracias en otros países [...] Pero hay una gran diferencia entre esa simpatía y la aceptación que de esa nación [...] gobierne sobre nosotros y disponga sobre nuestros asuntos.

El grupo también protestó contra el hecho de que se llevaran nuevas «banderas blancas y azules con dos triángulos invertidos en el medio», señalando a la atención de las autoridades británicas las graves consecuencias de cualquier implicación política en la elevación de las banderas. Más tarde ese mes, en el primer aniversario de la ocupación de Jaffa por los británicos, la Asociación Musulmana-Cristiana envió un memorando y una petición extensos al gobernador militar, que protestaba una vez más cualquier formación de un Estado judío.

Respuesta árabe en general[editar]

En el mundo árabe en general, la declaración fue vista como una traición de los entendimientos británicos de la guerra con los árabes. El jerife de La Meca y otros líderes árabes consideraron la declaración como una violación de un compromiso anterior hecho en la correspondencia McMahon-Husayn a cambio de lanzar la Rebelión árabe.

Después de la publicación de la declaración, los británicos enviaron al comandante David George Hogarth para ver a Husayn en enero de 1918 con el mensaje de que la «libertad política y económica» de la población palestina no estaba en cuestión. Hogarth informó que Husayn «no aceptaría un Estado judío independiente en Palestina, ni se me instruyó para advertirle que tal estado era contemplado por Gran Bretaña». Husayn también había tomado conocimiento del acuerdo Sykes-Picot, cuando fue filtrado por el nuevo gobierno soviético en diciembre de 1917, pero se satisfizo con dos telegramas insinceros de Sir Reginald Wingate, que había sustituido a McMahon como Alto Comisionado de Egipto, asegurándole que los compromisos británicos con los árabes seguían siendo válidos y que el acuerdo Sykes-Picot no era un Tratado formal.

La continua inquietud árabe por las intenciones de los Aliados también llevó durante 1918 la Declaración Británica a los Siete y la Declaración Anglo-Francesa, prometiendo «la completa y definitiva liberación de los pueblos que durante tanto tiempo han sido oprimidos por los turcos, y la creación de gobiernos y administraciones nacionales que deriven su autoridad del libre ejercicio de la iniciativa y de la elección de las poblaciones nativas».

Los representantes sionistas y árabes asistieron a la Conferencia de Paz, al haber firmado ambos el acuerdo Faisal-Weizmann, un acuerdo de corta duración para la cooperación árabe-judía en el desarrollo de una patria judía en Palestina y una nación árabe en gran parte de Oriente Medio. El acuerdo nunca fue implementado.

El sionismo y la guerra[editar]

El sionismo era aún minoritario entre los judíos durante la guerra, con una implantación más fuerte en el Este de Europa y en las comunidades judías de esta procedencia en Gran Bretaña y Estados Unidos. La Organización Sionista Mundial tenía su sede en Berlín y, aunque teóricamente era neutral, en sus filas predominaba un sentimiento favorable a la victoria de Alemania (aliada del Imperio otomano), o más bien a la derrota de Rusia (aliada de Gran Bretaña y Francia), a causa de los excesos cometidos o acicateados por el zar contra los judíos rusos. Los sionistas del II Reich intentaban, además, que Alemania influyera en su aliado otomano con vistas a la creación de un hogar nacional judío en la Palestina bajo su dominio y se propusieron a sí mismos como vehículo de la extensión del área de influencia germánica a esa región.

En el otro bando, en Gran Bretaña, los sionistas (emigrados del Este en su mayor parte) presionaban también al gobierno británico para que se comprometiera a facilitar la creación del hogar nacional judío en Palestina una vez liberada de los otomanos. A lo largo del conflicto cunde entre los dirigentes aliados la idea de que los judíos —el factor judío—, dadas su supuesta cohesión como comunidad y sus alianzas a través de las fronteras, podían en alguna medida ser decisivos en el curso de la guerra. Los sionistas no dejaban de alimentar esta idea, sugiriendo además que los proyectos en relación a Palestina decantarían las simpatías de los judíos hacia unos u otros, y en especial en el caso de la muy nutrida e influyente comunidad judía estadounidense, que podría en un momento dado presionar para lograr la entrada de su país, hasta entonces neutral, en el bando aliado. Jaim Weizmann sería el principal artífice de la creación de un lobby prosionista entre los dirigentes británicos, mientras que Nahum Sokolov haría lo propio en Francia.

Francia fue la primera en reaccionar a las sugerencias sionistas. El 4 de junio de 1917 el Ministerio de Asuntos Exteriores redactó una declaración (la Declaración Cambon) que expresaba la simpatía del Gobierno francés hacia la colonización judía en Palestina y hacia un eventual «renacimiento de la nacionalidad judía» bajo la protección aliada.

La Declaración Cambon aguijoneó al gobierno británico para que hiciera una declaración en el mismo sentido, pero sobre todo un nuevo factor apareció: el general Edmund Allenby, coordinado con las tropas de la Rebelión Árabe, estaba a punto de conquistar Palestina a los otomanos. Gran Bretaña planeó desdecirse de lo acordado en el tratado Sykes-Picot acerca de la internacionalización de Palestina y conservarla bajo su dominio una vez conquistada. En este sentido, hacerse valedora de los «intereses judíos» en la región podría servir para justificar ese dominio del mismo modo que Francia utilizaba la «protección de los intereses católicos» para justificar sus pretensiones sobre Tierra Santa.

Los sionistas, y muchos medios de prensa que se hicieron eco de ella, acogieron la declaración como un reconocimiento de los derechos judíos sobre Palestina. Sin embargo, la Declaración Balfour era muy imprecisa y remitía realmente a las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad. Probablemente, como en el caso de los acuerdos Sykes-Picot o las promesas hechas a los árabes, Gran Bretaña esperaba el desenlace de la guerra mundial para determinar cuáles iban a ser sus posiciones reales en la región.

  • En primer lugar, Palestina no tenía unos límites definidos. Para los sionistas, se extendía a ambos lados del río Jordán, es decir, comprendiendo las posteriores Transjordania y la Palestina del mandato británico; en los acuerdos Sykes-Picot, sin embargo, era aún más pequeña que esta última, pues excluía lo que hoy es el norte de Israel.
  • No se decía tampoco si ese «hogar nacional» iba a construirse en toda Palestina o en una parte de ella.
  • No se precisaba, por otro lado, el alcance de la expresión «hogar nacional». Los sionistas, por razones tácticas, habían evitado en su trato con la administración británica hablar de Estado, y por tanto nuevamente el estatus real de ese «hogar» quedaba confiado a las interpretaciones.
  • Tampoco precisaba en qué consistían los «derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías», esto es, de los árabes palestinos, que constituían entonces más del 90 % de los habitantes de Palestina.

Consecuencias[editar]

Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina. Alemania, para no perder los apoyos sionistas con que contaba desde principios de la guerra, hizo su propia declaración en favor de la «implantación judía en Palestina», a través de una «instalación sin restricciones» y de un régimen de autogobierno, para proceder al «libre desarrollo de su civilización».

Los árabes de la región, que a través de la Rebelión árabe se hallaban en proceso de construcción de su propio Estado, rechazaron en el congreso nacional convocado en Damasco «las pretensiones sionistas de convertir la parte sur de Siria, es decir, Palestina, en una commonwealth nacional para los israelitas».

Del mismo modo se había expresado unos meses antes un congreso árabe celebrado en Jerusalén. En cuanto al yishuv (comunidad judía en Palestina), desde el mismo momento en que el ejército británico tomó la región, reclamó que la Declaración Balfour se hiciera efectiva y que la administración británica reconociera las instituciones que los judíos habían puesto en pie como poder paralelo. Sin embargo, hubo de pasar un tiempo antes de que los ocupantes hicieran nada: en primer lugar, la Convención de La Haya obligaba a Gran Bretaña a mantener escrupulosamente el statu quo en Palestina en tanto no firmase un tratado con quienes hasta entonces habían administrado el territorio, esto es, el Imperio otomano. Los británicos alegaban también el elevado riesgo de graves choques entre judíos y árabes si se daba a estos la preeminencia que reclamaban, habida cuenta, entre otras cosas, que los judíos constituían a fines de la Primera Guerra Mundial apenas un 10 % de la población de Palestina. Finalmente, dados los conflictos que todo esto no dejaba de generar, la administración recomendó a Gran Bretaña la cancelación de las promesas hechas en la Declaración Balfour. La construcción del hogar nacional judío no contaría con un efectivo apoyo británico hasta 1920, fecha en que, una vez establecido el mandato británico, fue nombrado alto comisionado (máxima autoridad civil) sir Herbert Samuel. Gran Bretaña, no obstante, volvería a replantearse su apoyo al proyecto sionista a principios de los años treinta, a raíz de los conflictos crecientes entre los árabes y los judíos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. The Balfour Declaration.
  2. «The Balfour Declaration.»
  3. a b Halpern, 1987, p. 163.
  4. Rhett, 2015, p. 24.
  5. a b c d e f Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Stein664
  6. Wikisource:Palin Report
  7. Bickerton y Klausner, 2016, p. 109.