Cognición animal

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La cognición animal es el estudio de las capacidades mentales de los animales. Se refiere al proceso mediante el cual un animal recibe información de su entorno a través de sus sentidos y la procesa. Su estudio se ha desarrollado a partir de la psicología comparada, pero ha estado fuertemente influenciada por la etología, la ecología del comportamiento y la psicología evolucionista. El nombre alternativo de etología cognitiva se utiliza a veces para abarcar lo que solía ser considerado bajo el título de inteligencia animal.[1]

La investigación en cognición animal se refiere en su mayoría a los mamíferos, especialmente primates, cetáceos y elefantes, así como perros, gatos, mapaches y roedores. Sin embargo, la investigación también se extiende a los no mamíferos vertebrados como pájaros, loros, córvidos y palomas, así como para reptiles, lagartos, serpientes, y peces, incluso a los invertebrados tales como cefalópodos, arañas e insectos.[1]

Historia[editar]

En la mayor parte del siglo XX, la aproximación predominante a la psicología animal era experimentar sobre la inteligencia en animales mediante procesos de aprendizaje simples (como condicionamiento clásico y condicionamiento operante), y así intentar explicar las aparentemente más complejas habilidades intelectuales de los humanos. Esto está bien descrito por Hilgard,[2] aunque su filosofía era reduccionista y estaba combinada con una fuerte metodología conductista, que en la forma más radical considera que todo lo que un organismo hace, puede y debe ser considerado únicamente como comportamientos sin recurrir al concepto de mente.[3] Es decir, que no existen diferencias filosóficas entre lo observable (acciones) y los procesos no observables (como pensar y sentir), por lo que se califica a estos últimos como epifenómenos en humanos.

El éxito de la psicología cognitiva al dirigirse a los procesos mentales en humanos, que empezó a finales de los años 50 y fue proclamado por Neisser,[4] llevó a una revaluación del paradigma de la investigación y a que se empezaran a enfocar los procesos mentales de los animales desde otro punto de vista, tomando lo conocido sobre los procesos mentales humanos y buscando evidencias de procesos similares en las otras especies. En un sentido esto fue una vuelta al enfoque del protegido de Darwin: George Romanes,[5] discutiblemente el primer psicólogo comparativo de la era moderna. Sin embargo, mientras Romanes se basaba en la anécdota y en una proyección antropomórfica de las capacidades humanas en el resto de especies, la mayoría de los investigadores modernos de cognición animal siguen el método conductista, aunque difieran totalmente de la filosofía conductista. Algunas excepciones a esta regla son John Lilly y Donald Griffin,[6] quienes mantienen firmemente la posición de que los animales tienen mente y que el estudio de su cognición debería hacerse desde esta perspectiva. Estos argumentos no encuentran una gran aceptación en la comunidad científica, pero sí que han conseguido atraer a entusiastas seguidores entre el resto de la población.

El desarrollo en cognición animal también estuvo fuertemente influenciado por:

Esta explicación de la historia del estudio de la cognición animal está inevitablemente simplificada. Desde Romanes siempre ha habido psicólogos comparativos que han estado más o menos inclinados cognitivamente: Wolfgang Köhler, famoso por sus estudios en chimpancés, y Edward C. Tolman, que introdujo en psicología una explicación del comportamiento de las ratas en laberintos, aportaron dos ideas que han sido muy influyentes en la psicología cognitiva humana (el mapa cognitivo y el concepto de decisión ante una elección arriesgada según el valor esperado).

Métodos[editar]

La investigación en cognición animal continua usando algunas de las técnicas establecidas en psicología comparativa y en análisis experimental del comportamiento, como laberintos y cajas de Skinner, aunque empleando nuevas variedades (como el laberinto de 8 brazos y el laberinto de agua de Morris) para estudios de memoria espacial y otros nuevos usos. Esto se complementa con la observación de animales en sus medios naturales o casi naturales, y con trabajos de campo.

Se caracteriza por un alto número de proyectos a muy largo plazo, como los de aprendizaje de lenguaje por los primates Washoe y Nim Chimpsky, la serie de estudios de Irene Pepperberg con el loro gris africano Alex, el trabajo de Louis Herman con delfines mulares, y los estudios de memoria a largo plazo en palomas en los que las aves demostraban recordar dibujos durante periodos de varios años.

Algunos estudios cognitivos requieren del manejo del comportamiento animal y del uso de condicionamiento operante para facilitar el entrenamiento del animal. En general, para conseguir la formación del concepto en el animal se necesitan técnicas de generalización, para que así el animal responda apropiadamente a un nuevo estímulo en el que el aprendizaje asociativo no puede explicar el comportamiento de respuesta. Otros investigadores han usado con eficacia la metodología de Jean Piaget, escogiendo cometidos que los niños dominan en distintos estados del desarrollo e investigando cuáles de ellos podían realizar los individuos de otras especies. Por otro lado, ha habido quienes se han inspirado en asuntos de bienestar animal y manejo de las especies domésticas: Temple Grandin aparejó su habilidad única en bienestar animal y trato ético de los animales de granja para destacar las similitudes entre humanos y animales.

Temas de estudio[editar]

Dada la amplitud del campo de estudio de la cognición animal en la búsqueda de analogías animales a procesos cognitivos humanos, se intenta que las áreas de estudio sigan más o menos el esquema desarrollado en la psicología cognitiva humana. Sin embargo, el progreso en las diferentes áreas es muy variable.

Atención[editar]

Se centra en la habilidad de los animales para distribuir la atención en las distintas propiedades de un estímulo. Al igual que los humanos, al distribuir la atención entre las características del estímulo se reduce la capacidad de detectar las diferencias entre ellas, aunque hay algunas actividades de búsqueda visual ecológicamente relevantes en las que algunas especies particulares muestran habilidades remarcables (las palomas tienen una capacidad extraordinaria para distinguir el grano del sustrato).

Categorización[editar]

Siguiendo la investigación pionera de Richard Herrnstein, ha habido una gran cantidad de estudios sobre la habilidad de las aves para distinguir entre categorías de estímulos, incluyendo tipos de mal definidas categorías usadas en el lenguaje humano cotidiano. Se ha visto que las aves aprenden este tipo de tarea fácilmente y transfieren las respuestas correctas a los nuevos casos de categorías.

Memoria[editar]

Se han aplicado las categorías desarrolladas para analizar la memoria en humanos: a corto y largo plazo, y memoria de trabajo, y se ha detectado que algunos de los fenómenos característicos de la memoria a corto plazo humana (efecto de posición serial) también se dan en animales, particularmente en monos. Sin embargo, la mayor parte del progreso se ha hecho en el análisis de la memoria espacial, en parte por estudios de psicología sobre la memoria espacial y el papel del hipocampo, y en parte por la observación de animales que almacenan alimentos diseminados, como el cascanueces de Clark, ciertos arrendajos, carboneros, y algunas ardillas, cuyos nichos ecológicos requieren recordar la localización de miles de escondites y a menudo con cambios radicales del entorno.

Cognición espacial[editar]

La habilidad de desplazarse y la búsqueda visual son actividades críticas para muchos animales. La investigación en esta área se ha centrado en temas tan difusos como el uso de mojones y faros por hormigas y abejas, la codificación y uso de propiedades geométricas del ambiente por palomas, o la habilidad de las ratas de representar un patrón espacial en laberintos de brazo radial o cajas laberinto piscina.[8]

Uso de herramientas[editar]

Chimpancé usando un palo para conseguir comida.

Algunas especies, como el pinzón carpintero de las Galápagos, usan herramientas particulares como una parte esencial de su comportamiento de búsqueda de comida. Estos comportamientos suelen ser bastante inflexibles y no pueden ser aplicados de forma eficaz en situaciones nuevas. Sin embargo, se ha demostrado que animales como los grandes simios sí son capaces de hacer un uso más flexible de las herramientas, tanto en cautividad como en su medio natural:

Se ha conseguido enseñar a varias especies de córvidos a usar herramientas en experimentos controlados, o migas de pan como cebo para pescar,[11] y se sabe que algunos cefalópodos usan cáscaras de cocos para protegerse o camuflarse.

Razonamiento y solución de problemas[editar]

El estudio del uso de herramientas está muy ligado al de la capacidad de razonar y resolver problemas. Wolfgang Köhler observó que el modo en que los chimpancés solucionaban problemas como conseguir plátanos colocados fuera de su alcance, no era a través de ensayo y error sino claramente a propósito.[12] Las soluciones espontáneas a problemas sin entrenamiento previo de los chimpancés, evidenciaron que los animales de determinados niveles evolutivos tienen razonamiento abstracto, visto también en grajos y cuervos de Nueva Caledonia.[13] [14] La línea de investigación de los estudios más recientes tiende a demostrar que se pueden encontrar comportamientos similares en animales aparentemente mucho menos inteligentes, si antes se les da el entrenamiento oportuno.

Lenguaje[editar]

Además de los experimentos de lenguaje en primates mencionados anteriormente, ha habido otros intentos más o menos exitosos de enseñar el lenguaje o sistemas parecidos a animales no primates, como loros y picos picapinos. Louis Herman (Herman, Richards & Wolz, 1984) publicó un artículo en la revista Cognition sobre la comprensión de lenguaje artificial en los delfines Akeakamai y Phoenix usando métodos cognitivos. La comprensión del lenguaje se evaluó a través de observadores ciegos que analizaban el tosco comportamiento físico en vez de intentar interpretar la putativa producción de lenguaje. Los resultados de estas investigaciones causaron mucha controversia entre los lingüistas cognitivos.

Conciencia[editar]

El caluroso debate sobre si los animales tienen conciencia o concepto de sí mismos está también relacionado con el concepto de mente en animales. En este campo es destacable la prueba del espejo diseñada por Gordon G. Gallup, en la que la piel de un animal se marca de algún modo mientras está dormido o sedado y después se le permite ver su reflejo en un espejo. Si el animal dirige espontáneamente el acicalado hacia la marca se toma como indicativo de que es consciente de sí mismo. Según este criterio se ha referenciado autoconciencia en chimpancés y otros grandes simios, urraca europea,[15] algunos cetáceos y un elefante solitario. La prueba ha atraído controversia ya que se centra únicamente en la vista, el sentido primario en humanos mientras que especies como el perro tienen más desarrollados los sentidos del olfato o el oído.

Un enfoque diferente para determinar si un animal no humano es consciente proviene del caso de Airelle, un guacamayo azul y amarillo. Algunos investigadores proponen que por escucha pasiva de un discurso es posible aprender los pensamientos de otra criatura y determinar que el hablante es consciente. Este procedimiento fue usado originalmente por Ruth Hirsch Weir en 1962 para investigar el discurso de su hijo antes de dormirse, y por Greenfield y otros en 1976 en sus investigaciones sobre el lenguaje temprano en niños, por lo que en las aves capaces de hablar este método abre una nueva puerta a la investigación.

Matemáticas[editar]

Algunos animales distinguen entre distintas cantidades y utilizan contabilidad rudimentaria. Se sabe que los elefantes realizan aritmética simple[16] y los monos Rhesus pueden contar.[17] Las hormigas usan valores cuantitativos y saben trasmitir esta información;[18] [19] de hecho, las hormigas de varias especies son capaces de estimar con bastante precisión el número de encuentros con miembros de otras colonias en sus territorios de alimentación.[20] [21] Por su parte, chimpancés jóvenes han superado a estudiantes humanos en tareas como recordar números.[22]

Facultad cognitiva[editar]

Mucha gente piensa que animales como los grandes simios, cuervos, delfines, elefantes, perros, gatos, cerdos, ratas y loros, son más inteligentes que otras especies. De hecho, en el folklore de muchas culturas se atribuye a los cuervos una inteligencia parecida a la humana, y las encuestas de un estudio reciente han demostrado la consistencia de estos rankings entre gente de una determinada cultura y su considerable alcance a través de las culturas.[23]

La imagen característica es la scala naturae, la escalera de la naturaleza en la que los animales de distintas especies ocupan niveles más altos sucesivamente, con los humanos típicamente en lo más alto.[24] Un enfoque más útil ha reconocido que los diferentes animales pueden tener diferentes tipos de procesos cognitivos, que se entienden mejor desde el modo en que están cognitivamente adaptados a sus diferentes nichos ecológicos que posicionándolos por cualquier tipo de jerarquía.(Shettleworth;[25] Reznikova, 2007).

Una pregunta que puede ser respondida coherentemente es saber lo lejos que las distintas especies están en inteligencia de los humanos, es decir, lo que sus procesos cognitivos se parecen a los nuestros. No es sorprendente que los más relacionados evolutivamente, los grandes simios, suelan quedar entre los mejores en estas valoraciones, y entre las aves, generalmente los córvidos y los loros suelen salir bien. Pero a pesar de las ambiciosas argumentaciones, las pruebas de inteligencia no muy alta en cetáceos están incompletas, en parte porque el coste y la dificultad de realizar investigación con mamíferos marinos significa que los experimentos se realizan en pequeñas muestras, con controles inadecuados y son difíciles de replicar. También se ha probado que los pulpos muestran un alto nivel en habilidades como el uso de herramientas, [26] pero la cantidad de estudios de este tipo todavía es bastante limitada.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Shettleworth, Sara J (2010). 2nd. ed. Cognition, evolution, and behavior. Ficha en OpenLibrary: Oxford University Press. pp. 720. ISBN 978-0195319842. 
  2. Hilgard, ER (1958). Theories of learning. London: Methuen. 
  3. Skinner, Burrhus Frederic (1969). Contingencies of reinforcement: a theoretical analysis. ew York: Appleton-Century-Crofts. 
  4. Neisser, U (1967). Cognitive psychology. New York: Appleton-Century-Crofts. 
  5. Romanes, GJ (1886). Animal intelligence. London: Kegan Paul, Trench. 
  6. Griffin, Donald (1992). Animal minds. Chicago: University of Chicago Press. 
  7. Kamil, Alan C; Balda RP (1990). «Differential memory for different cache sites by Clark's nutcrackers (Nucifraga columbiana)». Journal of Experimental Psychology: Animal Behavior Processes (16). p. 162-168. 
  8. Brown, MF; Cook, RG (2006). «Animal Spatial Cognition: Comparative, Neural, and Computational Approaches». Consultado el 18 de mayo de 2010.
  9. Goodall, Jane (1991). Through a window. London: Penguin. 
  10. John Roach (febrero de 2007). «Chimpancés usando lanzas para cazar mamíferos». Consultado el 18 de mayo de 2010.
  11. Oren Hasson. «Cuervos pescando con cebo». Consultado el 18 de mayo de 2010.
  12. Köhler, Wolfgang (1917). The Mentality of Apes. 
  13. Tebbich S; Seed AM; Emery NJ; Clayton NS (2006). «Non-tool-using rooks, Corvus frugilegus, solve the trap-tube problem». Animal Cognition (diciembre). p. 225-231. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17171360?dopt=Abstract. 
  14. Taylor AH; Hunt GR; Medina FS; Gray RD (2009). «Do New Caledonian crows solve physical problems through causal reasoning?». Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (enero). p. 247-254. http://rspb.royalsocietypublishing.org/content/276/1655/247. 
  15. Prior, Helmut; Schwarz, Ariane; Güntürkün, Onur (2008). «Mirror-Induced Behavior in the Magpie (Pica pica): Evidence of Self-Recognition». PLoS Biology (agosto). http://www.plosbiology.org/article/info:doi/10.1371/journal.pbio.0060202. 
  16. Lewis, Leo (2008). «Elephants show flair for arithmetic». Times Online (septiembre). http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/asia/article4660924.ece. 
  17. Brannon, Elizabeth M; Terrace, Herbert S (2000). «Representation of the Numerosities 1-9 by Rhesus Macaques (Macaca mulatto)». Journal of Experimental Psychology: Animal Behavior Processes (I). p. 31-49. http://www.columbia.edu/cu/psychology/primatecognitionlab/References/BrannonTerrace2000.pdf. 
  18. Reznikova, Zhanna; Ryabko, Boris (2001). «A study of ants' numerical competence». Electronic Transactions on Artificial Intelligence (5). p. 111-126. 
  19. Reznikova, Zhanna (2007). «Animal Intelligence: From Individual to Social Cognition». Cambridge University Press. 
  20. Reznikova, Zhanna (1999). «Ethological mechanisms of population dynamic in species ant communities». Russian Journal of Ecology (marzo). p. 187-197. 
  21. Brown, MJF; Gordon, DM (2000). «How resources and encounters affect the distribution of foraging activity in a seed-harvesting ants». Behav. Ecol. Sociobiol. (47). p. 195-203. 
  22. Hooper, Rowan (2007). «Chimps outperform humans at memory task». Current Biology (17). p. 1004. http://www.newscientist.com/article/dn12993-chimps-outperform-humans-at-memory-task.html. 
  23. Nakajima, S; Arimitsu, K; Lattal, KM (2002). «Estimation of animal intelligence by university students in Japan and the United States». Anthrozoös (15). p. 194-205. 
  24. Campbell, CBG; Hodos, W (1991). «The Scala Naturae revisited: evolutionary scales and anagenesis in comparative psychology». J. Comp. Psychol. (105). p. 211-221. 
  25. Shettleworth, Sara J (1998). Cognition, evolution and behavior. New York: Oxford University Press. 
  26. Finn, JK; Tregenza, T; Norman, MD (2009). «Defensive tool use in a coconut-carrying octopus». Current Biology. 

Enlaces externos[editar]