Orgasmo

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Frenesí de exultaciones (1894, por Władysław Podkowiński.

El orgasmo (del idioma griego ὀργασμός) o clímax (del griego κλίμαξ, «escalera» o «subida») es la descarga repentina de la tensión sexual acumulada, durante el ciclo de la respuesta sexual, resultando en contracciones musculares rítmicas en la región pélvica caracterizadas por el placer sexual.[1] [2] [3] Experimentados por los machos y las hembras, los orgasmos son controlados por el sistema nervioso involuntario o autónomo. A menudo se asocian con otras acciones involuntarias, incluyendo espasmos musculares en múltiples áreas del cuerpo, una sensación de euforia en general y, frecuentemente, se exteriorizan movimientos del cuerpo y vocalizaciones.[2] El período después del orgasmo (conocido como periodo refractario) es a menudo una experiencia relajante, atribuido a la liberación de las neurohormonas oxitocina y la prolactina, así como las endorfinas (o "morfina endógena").[4]

Los orgasmos humanos generalmente resultan de la estimulación sexual física del pene en los hombres (típicamente acompañando a la eyaculación), y del clítoris en las mujeres.[2] [5] [6] La estimulación sexual puede ser por práctica propia (masturbación) o con una pareja sexual (relaciones sexuales con penetración, relaciones sexuales sin penetración, u otra actividad sexual erótica).

El orgasmo en los animales se ha estudiado significativamente menos que el orgasmo en los seres humanos, pero se continúa investigando el tema.

La llegada al orgasmo[editar]

Aspectos generales[editar]

Se puede llegar al orgasmo con una gran variedad de actividades. En el caso de los hombres, se puede alcanzar la suficiente estimulación en el pene mediante la práctica coital vaginales u anales, sexo oral (felación) o mediante masturbación o sexo sin penetración. Para las mujeres, se puede llegar a la suficiente estimulación sexual mediante el coito vaginal, sexo oral (cunnilingus) o mediante masturbación o sexo sin penetración. También se puede llegar al orgasmo mediante el uso de juguetes sexuales, como vibradores o electroestimuladores eróticos. También se puede alcanzar mediante la estimulación de los pezones, el útero u otras zonas erógenas aunque es menos común.[7] [8] [9] Además de llegar mediante la estimulación física, se puede alcanzar el orgasmo mediante únicamente excitación psicológica, como durante los sueños eróticos (Polución nocturna de hombres o mujeres)[10] [11] [12] [13] o el control del orgasmo. Los orgasmos originados únicamente mediante estimulación psicológica fueron reportados por primera vez entre personas con lesiones de médula espinal.[12] Aunque las lesiones de médula espinal suelen acarrear la pérdida de ciertas sensaciones y altera la percepción de uno mismo, una persona con estas alteraciones no deja de tener impulsos sexuales como la excitación sexual y los deseos eróticos.[12]

Una persona puede experimentar orgasmos múltiples,[2] [14] o un orgasmo involuntario como en el caso de un contacto sexual forzado (durante una violación o una agresión sexual). Un orgasmo involuntario de un contacto sexual forzado suele tener como consecuencia sentimientos de vergüenza causada por la internalización de las actitudes ajenas como culpar a la víctima.[15] [16] La incidencia de aquellos que han tenido una experiencia sexual no solicitada y que han experimentado un orgasmo es muy baja, además cabe la posibilidad de que no se reporten muchos de estos casos por la vergüenza y la turbación. Estos casos se dan indiferentemente del género de la víctima.[16]

La literatura científica se centra en la psicología del orgasmo femenino más que en el masculino, en la que «parece reflejar la suposición de que el orgasmo femenino es psicológicamente más complejo que el orgasmo masculino», pero «la escasa evidencia empírica disponible sugiere de que el orgasmo masculino y femenino pueden tener más similitudes que diferencias. En un estudio controlado de Vance y Wagner (1976), los evaluadores independientes no podían diferenciar descripciones escritas de las experiencias de orgasmo masculino versus femenino».[11]

En hombres[editar]

Variables generales[editar]

En los hombres, la forma más común de llegar al orgasmo es mediante la estimulación física del pene.[2] Suele estar acompañado de la eyaculación pero es posible, aunque raro, tener orgasmos sin eyacualción (conocidos como orgasmo seco) o eyacular sin llegar al orgasmo (que puede ser un caso de eyaculación retardada, polución nocturna o un caso de anorgasmia).[2] [10] [14] Los hombres también pueden llegar al orgasmo mediante la estimulación de la próstata (ver abajo).[2] [17]

Modelo de dos estadios[editar]

El punto de vista tradicional es que hay dos estadios en los orgasmos masculinos: eyaculación seguida de orgasmo casi instantáneamente seguido por un periodo refractario (que impide que el hombre tenga varios orgasmos seguidos).[14] En 1996, Masters y Johnson publicaron investigaciones esenciales sobre las fases de la estimulación sexual.[1] [18] Su trabajo incluía hombres y mujeres, y de otra forma a la de Alfred Kinsey en 1948 y 1953,[19] trataron de determinar los estados fisiológicos antes y después del orgasmo. Masters y Johnson defendían que, en el primer estadio «los órganos accesorios se contraen y el hombre puede notar llegar la eyaculación, dos o tres segundos después llega esta, la cual el hombre no puede constreñir, retrasar o retraer de ninguna forma».[14] Reportaron que, contrariamente a las mujeres, «para los hombres, la fase de resolución incluye un periodo refractorio impuesto» y añaden que «algunos hombres menores de 30 años, aunque no muchos, tienen la habilidad de eyacular frecuentemente y tienen cortos periodos refractorios durante la fase de resolución». Masters y Jonhson han equiparado el orgasmo masculino y la eyaculación y mantienen la necesidad de un periodo refractario entre orgasmos.[14]

Orgasmo subsiguiente y orgasmo múltiple[editar]

En contraste con el modelo de dos estadios del orgasmo masculino, Kahn (1939) igualó el orgasmo y la eyaculación y estableció que se pueden tener varios orgasmos y que «de hecho, algunos hombres son capaces de continuar un orgasmo con otro y un tercero y cuarto».[14] Aunque es raro en hombres conseguir orgasmos múltiples,[2] la afirmación de Kahn se apoya en hombres que han tenido orgasmos múltiples y consecutivos reduciendo el periodo refractario.[14] [20] Algunos hombres se pueden masturbar durante horas, llegando al orgasmo varias veces.[20] Muchos hombres que comienzan a masturbarse o su actividad sexual antes de la adolescencia son capaces de conseguir múltiples orgasmos sin eyaculación. Algunas pruebas indican que los orgasmos de los hombres antes de la pubertad son cualitativamente similares a la experiencia normal del orgasmo femenino, ya que no hay eyaculación ni periodo refractario, lo que sugiere que los cambios hormonales que ocurren en la pubertad tienen una fuerte influencia en el orgasmo masculino.[21]

Se cree que un aumento de la producción de la hormona oxitocina durante la eyaculación es la principal responsable del periodo refractario, y la cantidad en la que esta hormona se incrementa puede afectar a la duración del periodo refractario.[22] Otro compuesto químico considerado el responsable del periodo refractario másculino es la prolactina,[2] [23] que reprime la dopamina, responsable de la excitación sexual.[23] Por eso existe un interés experimental en drogas que inhiben la prolactina, como la cabergolina (también conocida como Cabeser o Dostinex). Informes anecdóticos sobre la cabergolina sugieren que se puede eliminar el periodo refractario, permitiendo a los hombres experimentar orgasmos múltiples eyaculatorios en una rápida sucesión. Al menos un estudio científico apoya estas pruebas,[24] pese a que la cargolina es una medicación que altera las hormonas y tiene muchos efectos secundarios potenciales. No se ha aprobado para tratar la disfunción eréctil.[24] Otra razón para la falta o ausencia del periodo refractario es un aumento en la producción de oxitocina. Se cree que la cantidad en la que se produce afecta a la duración de cada periodo refractario. En 1995 se llevó a cabo un estudio en la Universidad Rutgers que logró documentar orgasmos múltiples naturales y con eyaculación completa en hombres adultos. Durante el estudio, se experimentaron seis orgasmos con eyaculación completa en 36 minutos, sin aparente periodo refractario.[2] [25] Más tarde, P. Haake et al. observó un único sujeto másculino que tenía múltiples orgasmos sin una respuesta elevada de prolactina.[26]

En los últimos años, cierto número de libros han descrito numerosas técnicas que dicen permitir al hombre alcanzar orgasmos múltiples. La mayor parte de los hombres multiorgasmicos (y sus parejas) informan de que refrenar la eyaculación da como resultado un estado post-orgásmico mucho más energético.[27] Una técnica para retrasar la eyaculación es ejercer presión en el perineo, a medio camino entre el escroto y el ano, justo antes de la eyaculación. Sin embargo, esto puede llevar a eyaculación retrógrada, por ejemplo, redirigiendo el semen a la vejiga urinaria en vez de salir hacia el exterior por la uretra. También puede causar daños a largo plazo por la presión que se ejerce en los nervios y vasos sanguíneos del perineo, semejante al que tienen algunos hombres que andan en bicicleta con asientos estrechos durante largos periodos de tiempo.[28] Los hombres que han sido operados de la próstata o de la vejiga, por alguna razón, pueden experimentar orgasmos secos causados por eyaculación retrógrada.

Otras técnicas son análogas a los informes de mujeres multiorgásmicas, indicando que deben relajarse y dejarse ir para experimentar múltiples orgasmos. Estas técnicas incluyen control físico y mental sobre las emisiones y la vasocongestión preeyaculatoria más que forzar la retención o las contracciones eyaculatorias. Anecdóticamente, la implementación exitosa de estas técnicas pueden dar lugar a continuos o múltiples orgasmos "de cuerpo entero".[29]

En mujeres[editar]

Factores orgásmicos generales y variables[editar]

La mayoría de las mujeres, 70-80% en las estadísticas generales, requiere estimulación clitoriana directa (puede ser manual, oral u otra fricción concentrada contra la parte externa del clítoris) para alcanzar el orgasmo,[30] [31] [32] [33] aunque la estimulación clitorica indirecta (por ejemplo vía penetración vaginal)también puede ser suficiente.[6] [32] La Clínica Mayo declaró, Los orgasmos varían en intensidad, y cada mujer tiene diferentes frecuencias en los orgasmos y en la cantidad de estimulación necesaria para conseguirlos.[34] Los orgasmos clitoriales son más fáciles de conseguir porque el glande del clítoris, o el clítoris en sí, tiene más de 8.000 terminaciones nerviosas,[13] [35] [36] tantas o más que el pene humano, así como más que cualquier parte del cuerpo humano.[36] [37] Como el clítoris es homólogo al pene, es equivalente en su capacidad de recibir estimulación sexual.[38] [39] [40] Rodea a la vagina en una forma parecida a una herradura,[13] con patas que se extienden a lo largo de los labios vaginales y hasta el ano.[41]

Un concepto erróneo, especialmente en algunas publicaciones de investigación, es que la vagina es completamente insensitiva.[42] Sin embargo, hay áreas en la pared vaginal anterior y entre la unión superior de los labios menores y la uretra que son especialmente sensitivas.[43] En cuanto a densidad específica de terminaciones nerviosas, mientras que el área comúnmente descrita como el punto G puede producir un orgasmo,[13] [44] [45] este se encuentra en la esponja uretral, en el "techo" de la vagina y puede crear sensaciones de placer cuando es estimulado. El intenso placer sexual y el orgasmo por la estimulación vaginal es ocasional, ya que la vagina tiene significativamente menos terminaciones nerviosas que el clítoris.[5] [37] [46] Go Ask Alice! informa de que aunque el coito vaginal da un sentimiento satisfactorio de plenitud o cercanía con el compañero sexual,[37] [47] las paredes vaginales contienen relativamente pocas terminaciones nerviosas, haciendo que la estimulación sexual intensa, el placer y el orgasmo con únicamente penetración vaginal improbables y esto es generalmente solo el tercio inferior de la vagina (la pared anterior, al lado de la entrada) que tiene suficientes nervios para sentir estimulación.[37]

La educadora sexual Rebecca Chalker declara que solo una parte del clítoris, la esponja uretral, está en contacto con lo que lo pueda estimular desde la vagina.[13] Hite y Chalker añaden que la punta del clítoris y los labios menores, que también son muy sensibles, no reciben estimulación directa durante el coito.[13] [48] Es por esto que algunas parejas se acoplan con la mujer encima o usando la técnica de alineamiento coital para maximizar la estimulación clitoriana.[49] [50] [51] Para algunas mujeres, el clítoris es muy sensible tras el clímax, haciendo la estimulación adicional inicialmente dolorosa.[52]

Masters y Johnson afirmaron que todas las mujeres son potencialmente multiorgásmicas, pero los hombres multiorgásmicos son poco comunes, y declararon que la mujer es capaz de volver al orgasmo inmediatamente después de una experiencia orgásmica, si se vuelve a estimular antes de que las tensiones bajen de la fase plateau de los niveles de respuesta.[14] Aunque generalmente las mujeres no experimentan periodo refractorio y pueden tener un orgasmo adiccional o múltiples orgasmos, rápidamente después del primero,[2] [53] algunas fuentes declaran que tanto hombres como mujeres tienen periodo refractario, ya que las mujeres también tienen un periodo tras el orgasmo en el que más estimulación no produce excitación.[54] [55] Tras el orgasmo inicial, los orgasmos subsiguientes en la mujer pueden ser más fuertes o más placenteros por la estimulación acumulada.[52]

Categorías vaginal y clitoriana[editar]

Los análisis del orgasmo femenino son complicados ya que son típicamente divididos en dos categorías: orgasmo clitoriano y orgasmo vaginal (o Punto-G).[11] [56] Ladas, Whipple y Perry propusieron tres categorías: el tipo "tenting" (derivado de la estimulación clitoriana), el tipo "A-frame"(derivado de la estimulación vaginal), y el tipo mezclado (derivado de la estimulación clitoriana y vaginal);;[57] Whipple y Komisaruk propusieron más tarde que la estimulación del cervix induce un cuarto tipo de orgasmo,[57] aunque los orgasmos conseguidos por otros medios que la estimulación del clítoris o la vagina son menos frecuentes en la literatura científica[11] y muchos científicos mantienen que no se debe hacer distinción entre tipos de orgasmo femenino.[56] Esta distinción comienza con Sigmund Freud, quien postulaba el concepto de orgasmo vaginal como uno separado del orgasmo clitoriano. En 1905, Freud declaró que los orgasmo clitóricos son un fenómeno puramente adolescente y que al llegar la pubertad, la respuesta adecuada de una mujer madura es tender hacia los orgasmos vaginales, es decir, sin ninguna estimulación del clítoris. Aunque Freud no proveía ninguna prueba para esta suposición básica, las consecuencias de esta teoría fueron considerables. Muchas mujeres se sintieron inadecuadas cuando no conseguían llegar al orgasmo únicamente por vía vaginal, incluyendo poca o ninguna estimulación clitorial, ya que la teoría de Freud hacía de la relación pene-vagina el componente central de la satisfación sexual de la mujer.[58] [59] [60] [61]

Las primeras encuestas nacionales sobre el comportamiento sexual fueron los Informes Kinsey.[19] Alfred Kinsey fue el primer investigador en criticar duramente las ideas de Freud sobre la sexualidad y el orgasmo femeninos, ya que a través de sus entrevistas con miles de mujeres,[19] Kinsey descubrió que la mayoría de las entrevistadas no podían tener orgasmos vaginales.[58] El criticaba a Freud y otros teóricos de proyectar construcciones sexuales masculinas sobre la mujer y vio el clítoris como el principal centro de la respuesta sexual y la vagina como relativamente poco importante para la satisfacción sexual, ya que pocas mujeres se insertan dedos u objetos en la vagina cuando se masturban. El concluye que la satisfacción por penetración es principalmente psicológica o quizás como resultado de la sensación referida.[58]

Masters y Johnson investigaron en la respuesta sexual femenina, y así como la investigación de Shere Hite, apoyaban en general los descubrimentos de Kinsey sobre el orgasmo femenino.[48] [58] [62] [63] La investigación se llevó a cabo durante la segunda ola del feminismo e inspiró a feministas como Anne Koedt a hablar sobre la falsa distinción entre los orgasmos vaginales y clitorianos y sobre que la biología femenina no se analiza con propiedad.[60]

Relaciones clitóricas y vaginales[editar]

El punto G es el eje que coordina el rítmo del clítoris, la uretra, la pared vaginal y la red de nervios, músculos y glándulas de todo el conjunto vaginal

Aunque la vagina es capaz de producir orgasmos, continúa siendo objeto de debate por su bajo nivel de concentración de terminaciones nerviosas, por la inconsistencia de la localización del punto-G o incluso por no aparecer en algunas mujeres, y por ser una extensión de otra estructura (como la glándula de Skene o el clítoris, que es una parte de esta glándula).[6] [42] [44] [46] [64] La información de los medios públicos llevan a uno a pensar que el punto-G es una entidad bien caracterizada capaz de proveer extrema estimulación sexual, aunque está muy lejos de la realidad, declararon los académicos Kilchevsky, Vardi, Lowenstein y Gruenwald en un artículo de Journal of Sexual Medicine en 2012.[46] Masters y Johnson fueron los primeros investigadores que determinaron que las estructuras clitóricas rodean y se extienden a lo largo y en el interior de los labios. Además observaron que la mayoría de los sujetos femeninos, solo pueden tener orgasmos clitoriales, y descubrieron que los orgasmos clitoricos y vaginales tienen los mismos estadios de respuesta física. Basándose en esto, argumentaron que la estimulación clitoriana es la base de ambos orgasmos,[62] [63] [65] ya que el clítoris se estimula durante la penetración por la fricción contra su capuchón, aunque esta teoría, de que el clítoris recibe suficiente estimulación así, ha sido criticada por investigadores como Elisabeth Lloyd.[32]

La investigación de 2005 la uróloga australiana Helen O'Conell indica una conexión entre los orgasmos experimentados vaginalmente y el clítoris, sugiriendo que el tejido clitoriano se extiende a lo largo de la pared anterior de la vagina, por lo que los orgasmos vaginales y clitoricos tienen el mismo origen.[6] Mientras que algunos estudios, usando ultrasonidos, han hallado pruebas fisiológicas del Punto-G en mujeres que han tenido orgasmos,[44] [45] O'Connell sostiene que la relación interconectada del clítoris con la vagina es la explicación fisiológica del conjeturado punto-G. El uso de resonancia electromagnética permitió ver con más claridad la relación entre las patas o raíces del clítoris y el tejido eréctil


Estimulación[editar]

En esta dirección Emmanuel Giannini y Odile Buisson de la Universidad de Florencia en Italia, han investigado la anatomía sexual humana en acción, lo que implica un cambio de paradigma para estudiar el punto G. Para ellos ya no se trata de un punto en particular, sino de un eje dentro de la vagina. A diferencia del pene que es rígido y arqueado, el clítoris (principal organo de estimulación) es un sistema móvil y flexible que trabaja rítmicamente en conjunto con la ureta, la pared vaginal y la red de nervios, músculos y glándulas.[66] [67] La estimulación consistiría en encontrar en cada mujer el eje interno (punto G) que coordina el ritmo de todo el conjunto vaginal. En esta misma dirección Pierre Foldés afirma que existe una importarte relación entre el punto G y el clítoris. Él nos dice que "cuando se presiona el punto G toda la estructura del clítoris y la vagina se desforma, lo que no ocurre cuando se presiona cualquier otro punto",[68] por tanto Foldés está corroborando que el punto G funciona como eje coordinador del sistema vaginal que funciona de manera más rítmica y flexible que el pene.

Aspectos fisiológicos y teorías antropológicas[editar]

Respuesta fisiológica al orgasmo[editar]

El orgasmo es el resultado final del clímax explosivo de una relación sexual, que produce una sensación de liberación repentina y placentera luego de un punto casi insoportable e irrefrenable de esa tensión sexual, acumulada y guardada de manera continua desde que se inicia la excitación. El comienzo del ciclo está en la mera excitación, durante la cual la sangre acude al pene, al clítoris y a las zonas muy inervadas del plexo nervioso perineal, en el que se produce una intensa excitación pélvico-peritoneal del abdomen inferior, una suerte de peritonismo fisiológico. Algunos expertos[¿cuál?] se inclinan por pensar que es el fenómeno final de la estimulación continua de un reflejo nervioso de la propia médula espinal, que produce un relax placentero por la excitación particular de un tipo de neuronas especializadas llamadas espinotalámicas, localizadas en la región lumbar-sacro-coxígea, zona muy inervada e irrigada.

El desenlace del orgasmo en el hombre da lugar a la eyaculación o fase expulsora del semen. Una vez desencadenada la eyaculación, al parecer, el cerebro no enviaría señales específicas a las glándulas seminales ni al pene para que el semen salga expulsado, sino que éste sería el producto de una respuesta refleja de esos plexos. El curso del orgasmo genera sensaciones propias de una explosión placentera que, una vez desencadenado, produce un placer muy intenso. Durante el orgasmo, las paredes del útero y la vagina se contraen, apretando al pene y transmitiendo un placer superior, seguido de un fuerte cosquilleo y de una explosión placentera, el “clímax”, punto donde el placer estalla desbordante.

William Masters y la trabajadora social Virginia Johnson diferenciaron 4 fases de respuesta a la estimulación sexual humana: excitación, meseta, orgasmo y resolución. El Orgasmo en sí es el deseo más profundo que mujeres y hombres buscan desde que se transforman en seres sexualmente activos. El orgasmo es la penúltima fase del ciclo de la respuesta sexual, consistente en un breve episodio de liberación física que sucede al aumento previo de la tensión muscular, de la congestión sanguínea pélvica y de la sensación corporal de excitación con percepción subjetiva de este clímax. Esta liberación energética se evidencia por descargas musculares rítmicas a nivel genital y perineal, aunque también comprometen en su sensación al resto del cuerpo. Estas contracciones son sumamente placenteras para ambos sexos y producen una sensación de alivio y relajación.

Centro cerebral del orgasmo[editar]

Una investigación llevada a cabo en 2013 por Gert Holstege, neurocientífico de la Universidad de Groningen, parece haber delimitado con precisión la región cerebral donde se origina el orgasmo. En su estudio, publicado en Journal of Sexual Medicine, Holstege señala un lugar del tallo cerebral conocido como "tegumento pontino dorsolateral", cuya parte izquierda controlaría tanto la eyaculación (masculina y femenina) como el orgasmo, mientras que la parte derecha se encargaría de las funciones que permiten orinar. A la luz de esta nueva función recién descubierta, Holstege propone rebautizar al tegumento pontino dorsolateral como «Centro de Estimulación de los Órganos Pélvicos» (POSC, en sus siglas en inglés).[69]

Disfunciones corporales[editar]

Control consciente del orgasmo[editar]

Para experimentar placer sexual intenso no es necesario que el orgasmo se produzca en cantidades grandes, sino que está más relacionado con la capacidad de sobrellevar el autocontrol y en cierta medida con la autoestima. Por eso, un "juego sexual" es más placentero que una simple "caza del orgasmo", que lleva a disfunciones como el orgasmo fingido. La denominación en varios idiomas para la actividad sexual en pareja lleva consigo la palabra "juego".

La intensidad del orgasmo femenino puede aumentarse con algunas técnicas, como el cambio de intensidad de los contactos corporales, estimulaciones múltiples (por ejemplo, del clítoris y los pechos a la vez) y una puesta en escena del acto sexual como juego, por ejemplo juegos de rol en los cuales los amantes asumen papeles activos, pasivos o imaginarios, o el vendado de los ojos. Esperar el orgasmo o someterse a presión, en cambio, es considerado obstáculo para la experimentación de placer.

Con experiencia creciente, los hombres aprenden a controlar su orgasmo a través de la autodisciplina. Así sobre todo pueden retrasarlo, lo cual puede aumentar la intensidad del placer. También la pareja tiene posibilidad de ayudarle a controlarlo a través de cambios de intensidad de los estímulos.

Una técnica popular es la interrupción del coito y de la estimulación en general cuando los amantes ya han conseguido un nivel de excitación avanzado. En ella se basa el tantra hindú, y la combina con técnicas de respiración para transformar la vivencia del orgasmo, por ejemplo, en un estado de éxtasis perdurable.

Partes de la colección de textos india Kamasutra comprueban que ya en la Antigüedad el ser humano se ha preocupado por técnicas para aumentar el placer sexual. Una cuestión interesante es que hoy en la India la moral en cuestiones sexuales es bastante conservadora.

Tanto en el hinduismo como en el budismo, el sexo es visto como acto espiritual, y el aumento del placer es solamente un producto colateral de éste. El tantra según la concepción tradicional quiere producir una cercanía a los dioses a través del orgasmo, sobre todo relacionado con la deidad doble Shivá. El orgasmo es visto como disolución de los límites del Yo, que a través de este proceso se mezcla con la identidad de la deidad. El budismo tántrico Vajrayāna en cambio lo relaciona con una experiencia de la unión entre felicidad y vaciedad. Algunos tántricos creen que esta experiencia es un samādhi (estado) especial, que no puede ser alcanzado por otras técnicas de meditación. Otras concepciones ven al orgasmo como baño del cuerpo en (la energía de la vida). En todas juega un rol fundamental la capacidad de dejar atrás el Yo.

Anorgasmia[editar]

Con el término anorgasmia se denomina una disfunción que impide experimentar el orgasmo de manera temporal o constante, con respuesta sexual normal en las fases fuera del orgasmo.

Es más común en las mujeres que los hombres: solamente un tercio de las mujeres sexualmente activas reportan que llegan al orgasmo con regularidad, y entre 5 a 10 % nunca lo han experimentado.[cita requerida]. En el caso de los hombres, hace falta diferenciar la anorgasmía de la disfunción eréctil y de problemas de eyaculación.

Una de las posibles causas es la ingestión de antidepresivos, otros problemas psicológicos, enfermedades que impiden la correcta circulación de la sangre y lesiones de los nervios en las zonas erógenas, que pueden ser causadas por operaciones llevadas a cabo de manera inadecuada. Sobre todo en el caso de la mujer juega un papel importante que la anatomía de los órganos sexuales todavía no es comprendida en su totalidad (recién en el año 1998, por ejemplo, se descubrió el verdadero tamaño del clítoris). La organización International Society for the Study of Woman’s Sexual Health fue fundada para combatir esta situación de desinformación, que frecuentemente impide un tratamiento adecuado de la anorgasmia femenina.

Nuevos estudios han demostrado que las causas de la anorgasmia son similares en mujeres y hombres. Recientemente se han desarrollado nuevos métodos y aparatos para detectar posibles obstáculos para el orgasmo, como el Genito-Sensory-Analyzer, un artefacto que es introducido en la vagina y aplica diversos estímulos, como cambios de temperatura y vibraciones para detectar nervios lesionados, y otros que miden la intensidad de la circulación de la sangre y la humedad en los órganos sexuales.

Otros estudios han descubierto que una posible causa de la anorgasmia femenina es una deficiencia en la producción de tetosterona. Para compensar esto se utilizan geles con los que es tratado el clítoris. Si la causa es, en cambio, una deficiencia en la circulación sanguínea, el ginecólogo alemán Joachim Siewers recomendó la emplear Viagra por parte de las mujeres. Otras posibilidades son bombas que producen un vacío en la vagina y entrenan a los vasos de la zona genital.

En 1951 Terman encontró que un 30 por ciento de las mujeres casadas estudiadas nunca llegaban al orgasmo o lo conseguían ocasionalmente.[70] En 1953 Alfred C. Kinsey informó de un 50 por ciento de casos.[71] Una teoría muy popular sostiene que la mujer que no puede llegar al orgasmo mediante el coito es porque tiene problemas psicológicos de inhibición sexual y está gravemente perturbada. A la mujer que utiliza la estimulación manual u oral del clítoris se la considera inmadura, equiparando salud mental con capacidad orgásmica. Otra teoría gira en torno de la ineptitud del compañero sexual masculino, suponiendo que si la mujer buscara un compañero sexual lo bastante hábil y experto para estimularla de la manera adecuada lograría alcanzar el clímax. Incluso algunos manuales sexuales enseñan técnicas para lograrlo. Ninguna de estas teorías se apoya en estudios científicos.[72]

El hecho de que las mujeres conserven su capacidad orgásmica hasta una edad muy avanzada (Alfred C. Kinsey 1953,[71] o Masters y Johnson 1966) hace pensar que los factores hormonales son de una importancia muy relativa.[73]

No debe equipararse orgasmo con respuesta sexual: capacidad orgásmica y respuesta sexual son variables independientes. Según Cheser (1959) existen mujeres que no logran un orgasmo pero que sin embargo disfrutan del coito.[74]

El estudio de Fisher (1978) revela que las dificultades orgásmicas femeninas se vinculan con la preocupación por la inestabilidad o la pérdida potencial del compañero amoroso.[72]

Existe, además, la anorgasmia provocada intencionalmente, que es una técnica del BDSM que consiste en que un participante es imposibilitado intencionalmente de alcanzar el orgasmo, sobre todo por aparatos técnicos. La forma más extrema es el Never-Inside, una relación en la cual uno de los amantes es desprovisto de manera continua de todas las posibilidades de alcanzar un orgasmo, por ejemplo, mediante un cinturón de castidad.

Paraplejía[editar]

El sistema nervioso interno.

Personas que sufren de paraplejía no tienen sensaciones físicas a partir de la parte dañada de la médula espinal. Sin embargo, hay casos donde estas personas pueden ser capaces de alcanzar orgasmos normales.

Algunos parapléjicos utilizan un aparato llamado Brindley Stimulator, que a través de contactos debajo de la piel puede hacer vibrar al abdomen. La función primaria del aparato es estimular a los intestinos y a la vejiga para causar la defecación o la micción. Sin embargo, también provoca estimulación y excitación sexual y puede llevar a estas personas a disfrutar un orgasmo, que según reportes es altamente placentero.

Un reciente estudio alemán del Centro de Lesionados de la Médula Espinal en Halle reveló que mujeres parapléjicas pueden percibir una penetración de la vagina aún cuando éstas no tengan sensaciones físicas en esta área del cuerpo. Todavía no se ha podido comprobar si esto está relacionado con una posible estimulación del útero.[75] [76] [77] [78]

Aspectos históricos[editar]

Antigüedad[editar]

Los antiguos griegos le daban un alto valor al orgasmo, no importando si éste se alcanzaba a través de la masturbación o del sexo homo- o heterosexual. Los romanos reservaban el orgasmo al hombre; no era deseado que las mujeres tuvieran sentimientos agradables en el acto sexual. Un hombre que ayudaba a su esposa a llegar al orgasmo con técnicas como el cunnilingus era visto como impotente[cita requerida].

Sin embargo, en varias culturas - entre ellas también la griega y la romana - se ha comprobado la existencia de objetos que ayudaban a la mujer a llegar al orgasmo, la mayoría, en forma de falo. Los primeros de ellos se encontraron en Pakistán y datan de alrededor de 4.000 a. C. En Egipto, el orgasmo femenino tuvo una gran importancia ritual, por ejemplo, en la fiesta de Isis.[79]

Medievo y Edad Moderna[editar]

Los tabúes sexuales que se difundieron en la moral del Medioevo y en ciertos grupos culturales que influyen hasta hoy, derivaron de las religiones que asumieron el NeoPlatonismo como criterio de interpretación, justo en tales ideologías es donde lo corpóreo, material y genital era lo opuesto a lo bueno, celeste y espiritual dando lugar a su propia idea del sexo. El orgasmo, sobre todo el femenino, no era visto como algo "natural" sino como material, maligno, corpóreo y para algunos diabólico. Hasta épocas recientes algunas conductas que son vistas como "normales" en sociedades tolerantes de hoy eran entonces prohibidas, así por ejemplo, en Alemania, hasta 1994 era vigente el Artículo 175 que penaba relaciones homosexuales.

A partir del Siglo XV es documentado que los médicos europeos se valieron de la ayuda manual para que las mujeres con enfermedades catalogadas como "histeria" (por ejemplo, nerviosidad y dolores de cabeza) pudieran conseguir el orgasmo. En el Siglo XIX estas prácticas disminuyeron dado que se empezaron a comercializar otra vez aparatos como los primeros vibradores. En el mismo siglo, la literatura medicinal mencionaba varias veces al orgasmo femenino y lo describía - erróneamente - como necesario para una concepción exitosa. En Francia ya era común la expresión la petite mort, la pequeña muerte, para referirse al orgasmo femenino.

Siglo XX[editar]

Los cambios en las concepciones morales, la disminución de la influencia de la Iglesia y mejores métodos científicos hicieron posible investigar el fenómeno de manera más profunda y ayudaron a destabuizarlo.

Sigmund Freud y Wilhelm Reich[editar]

El psicoanalista Sigmund Freud, uno de los pioneros del psicoanálisis, jugó un rol importante en el establecimiento de la sexualidad como objeto de estudios científicos serios. Según él, la tensión sexual (libido) incumplida era la responsable de las enfermedades psicológicas, mientras que desde la sublimación de ésta resultaban los logros culturales del hombre. Sin embargo, Freud no le concedió demasiada importancia al orgasmo mismo.

A partir de mediados de la década del 1920, el alumno de Freud, Wilhelm Reich investigó la capacidad de alcanzar el orgasmo. En 1927 escribió la primera monografía sobre el tema, La función del orgasmo. En este trabajo propuso utilizar la potencia orgásmica como indicador para la salud mental, basándose en sus experiencias como terapeuta y estudios empíricos. Las enfermedades neuróticas, según Reich revelaban una impotencia de vivir un orgasmo "completo", lo que bloqueaba a la libido. Como meta para curar estas patologías, propuso lograr que el paciente acepte el "reflejo" del orgasmo. Estos estudios lo llevaron una década más tarde hacia la vegetoterapia, que incluía mente y cuerpo.[80]

En los años 1950 otros psicólogos desarrollaron variantes de este tipo de terapia, incluyendo técnicas como el yoga, el cual había sido desaprobado por Reich ya que éste según él iba dirigido hacia un mayor autocontrol , lo que justo buscaba evitar.[81] Un ejemplo es el neotantra de Margot Anand, una alumna de Osho. Un alumno de Reich, Alexander Lowen, modificó su vegetoterapia sin incluir a técnicas exóticas, llegando hacia el análisis bioenergético. Ninguno de estos tipos de psicoterapia tuvieron como meta la recuperación de la "potencia orgásmica" de Reich.

Informe de Masters y Johnson[editar]

Según Masters y Johnson (1966) los procesos fisiológicos que intervienen en el orgasmo femenino son análogos a los observables en el orgasmo masculino, pero la capacidad de experimentar orgasmos múltiples en un lapso temporal limitado es superior en la mujer promedio que en el varón promedio.

Masters y Johnson investigaron el orgasmo humano en la década del 1960 y crearon el término del ciclo de la respuesta sexual humana. En la investigación se recurrió a personas que aceptaron realizar el coito y otras estimulaciones sexuales en condiciones de laboratorio. Por lo tanto es cuestionada la representatividad del estudio, ya que se trataba de personas con un alto interés en la sexualidad y poco pudor al respecto. Masters y Johnson concluyeron que existía en el humano una permanente tensión sexual, que solamente debía ser estimulada para llegar al orgasmo. Hoy la mayoría de los científicos ya no concuerda con esta tesis, argumentando que la sexualidad humana no se puede reducir al hecho de alcanzar el orgasmo.

Estudios recientes[editar]

Desde el conocido informe Kinsey de los años 50 han sido numerosas las encuestas y los estudios empíricos sobre la conducta sexual en general y la relación de las personas con el orgasmo en particular.

  • En el año 2004, una encuesta alemana reveló que la mayoría de las mujeres no distinguían orgasmos "clitorales" de orgasmos "vaginales", solamente mencionaban diferencias respecto al tipo de estimulación, pero no respecto a la vivencia del orgasmo. Esto va conforme con estudios recientes que todos los orgasmos son producidos por el clítoris.[82]
  • Un estudio publicado el 11 de junio de 2005 en el magazín New Scientist reveló que probablemente la capacidad de alcanzar orgasmos femenina es influenciada por los genes. Las encuestadas habían sido mellizas, y se encontró una importante correlación en las parejas de hermanas respecto a su capacidad de alcanzar orgasmos por medio del coito y por medio de la masturbación.[83]

Importancia cultural[editar]

Aunque en varias sociedades existen tabúes respecto al orgasmo, éste ha sido tematizado en todas las épocas en el arte y también en la religión.

Arte y literatura[editar]

Un estudio realizado por Leonardo da Vinci en 1492 analizó el orgasmo desde la biología.

El arte ha tematizado al orgasmo desde distintos puntos de vista. En algunos casos es mencionado explícitamente, en otros, se lo ha ocultado a través de símbolos y metáforas. Artistas de diversa índole han tratado tanto los aspectos biológicos como los sentimientos relacionados a él, llegando hasta el voyeurismo e instrucciones técnicas.

Además de la literatura, que ya desde la Antigüedad ha tratado el tema, el orgasmo también ha sido tematizado en las artes plásticas, el teatro y la música. Un ejemplo es la pieza Bolero de Maurice Ravel que de manera repetitiva llega a un clímax.[cita requerida]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]