Odorico de Pordenone

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Odorico de Pordenone
Odoryk z Pordenone.jpg
Beato
Nacimiento 1265
Villa Nuova (Villanova di Pordenone)
Fallecimiento 14 de enero de 1331
Údine
Venerado en Iglesia católica
Beatificación 2 de julio de 1755 por Benedicto XIV
Festividad 14 de enero
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Odorico de Pordenone (también conocido como Odorico Mattiussi; Villanova di Pordenone, Friuli-Venecia Julia, c. 1265-Údine, 1331) fue un viajero y misionero franciscano de la Edad Media, que atravesó Asia desde el mar Negro hasta el extremo oriental de China, empleando en el recorrido nada menos que unos doce años (c. 1318-1330). Su trabajo apostólico le hizo merecedor del nombre de «Apóstol de los chinos».

Biografía[editar]

Posiblemente de origen checo,[1] ingresó siendo adolescente al convento de San Francisco, en Udine, donde fue ordenado sacerdote en 1290. Se distinguió por su austeridad y su celo misionero, que lo llevó a abandonar su país y partir para el Asia Menor.

Inició su viaje, hacia 1318, en Venecia y fue a Constantinopla; desde allí a Trebisonda, Erzurum, Tabriz y Soltaniyeh, todas ciudades donde los franciscanos tenían sedes.[2] Pasó luego a Kashan y Yazd, para posteriormente volver hacia a Persépolis, Shiraz y Bagdad, hasta llegar al Golfo Pérsico. En la isla de Ormuz embarcó hacia la India y llegó a Thana cerca de Bombai, donde hacia poco el gobernador había matado a tres franciscanos italianos y un georgiano; fray Jordanus Catalanus (Jordá Catalán), un dominico de la India, primer obispo del país en la diócesis de Quilon, cogió sus huesos y los llevó a Supera, cerca de Vasai, a menos de 50 kilómetros al norte de Bombai, donde los enterró. Oderico desenterró las reliquias y las llevó consiga a partir de ese momento. Visitó Malabar, Pandarani (20 km. al norte de Calicut), Cranganore y Kulam o Quilon. Desde allí fue a Ceilán y después al santuario de Santo Tomás Apóstol en Maylapur, cerca de Madras.

De la India zarpó en barco hacia Sumatra, y visitó algunos puertos del norte de la isla para pasar a Java, Borneo, y Champa (sur de Vietnam), hasta llegar a Cantón o Guangzhou, que en ese tiempo se llamaba Chin-Kalan. De Guangzhou viajó a los puertos de Fujian, y en uno de dichos puertos, Zayton (actual Xiamen o Amoy), fundó dos casas de los franciscanos, donde fueron depositados los huesos de los mártires que llevaba.

Más tarde, fue a Fuzhou y Zhejiang, pasando por Hangzhou, entonces conocida como Cansay, Khanzai o Quinsai (Residencia Real). A esta, Odorico la describe como la ciudad más grande del mundo y da muchos detalles. Siguió a Nanjing cruzando el río Yangtsé, y por el Gran Canal de China llegó a la sede del Gran Khan, la ciudad de Kambalik o Cambaluc, (la moderna Pekín), donde estuvo tres años (entre 1324 a 1327), seguramente sirviendo a una de las iglesias fundadas por el arzobispo Juan de Montecorvino en esas tierras. Allí, se dice que en breve tiempo administró miles de bautismos.

Emprendió su regreso a Europa atravesando las tierras que él dice que eran del Preste Juan (probablemente Mongolia) y el Tíbet, donde pudo visitar Lhasa, siendo el primer europeo en hacerlo. Desde allí, por una ruta desconocida, volvió a Persia cruzando la tierra de los asesinos en los montes Elburz. La siguiente indicación es que ya se encontraba en Venecia y solo se sabe que pasó por Tabriz. La vaguedad en la parte final de su viaje contrasta con los detalles y la claridad de la primera parte.

En 1330 estaba en Padua, estableciéndose primero en una casa de su orden, donde dictó a un hermano, Guillermo de Solagna, la historia de sus viajes. Deseando reunirse con el Papa, que residía en Aviñón, para informarle sobre la situación de las misiones en el Oriente, Odorico partió para esta ciudad, pero cayó enfermo en el camino, cerca de Pisa (la leyenda cuenta que tuvo una visión de San Francisco le ordenó dar marcha atrás); volvió entonces a Udine, donde murió diez días después de su llegada.

Los rumores sobre sus viajes maravillosos y los milagros póstumos que se le atribulleron se extendieron como reguero de pólvora por todas partes antes de mediados de siglo, pero no fue hasta cuatro siglos más tarde (1755) que el papa Benedicto XIV sancionó formalmente su beatificación. En el año 1881 la ciudad de Pordenone erigió un monumento a su hijo ilustre.

Odorico en perspectiva[editar]

Odorico de Pordenone predicando en China

El viaje de Odorico se da en el contexto de las iniciativas diplomáticas iniciadas por el papa Inocencio IV que envió embajadores franciscanos a Mongolia en 1254, fundándose en los años siguiente algunos conventos en Asia. El primer intento misionero, el de Juan de Plano Carpini, compañero de San Francisco, no había tenido el éxito esperado; pero más tarde, otro franciscano italiano, Juan de Montecorvino, no solamente había llegado a China, sino que había permanecido allí largamente, llegando a ser arzobispo y Patriarca del Extremo Oriente desde la cátedra arzobispal de Kambalik, capital del imperio mongol y sede del Gran Khan. También, otros viajeros europeos como Niccolò, Marfeo, y Marco Polo realizaron viajes a Oriente en 1260, 1271 y 1291.

La obra de Odorico fue traducida a varios idiomas, entre ellos el francés y el italiano, pero se vio perjudicada por la narración de sir John Mandeville que al relato de Odorico añadió fábulas e invenciones, adornadas con buenos canocimientos astronómicos.

Existen, en varias bibliotecas del mundo, unos 73 manuscritos y muchos volúmenes impresos del relato de Odorico, ya sea en latín o en diversas lenguas modernas. En la Biblioteca Nacional de Francia de París se conservan un manuscrito que data de 1350 y la primera versión publicada en francés, del año 1529.

Las historias de sus viajes por el interior de Asia y las Indias Orientales en ese momento totalmente desconocidos para los europeos, la relación -en parte real, en parte imaginaria- de su estancia en la corte del Gran Khan, y otros relatos maravillosos pronto dieron gran popularidad a su nombre. Espitiru menos cultivado que su famoso predecesor Marco Polo, pero en algunos aspectos más positivo, Odorico dejó una narración que se caracteriza por la abundancia de hechos y que lo marcan como un viajero auténtico y original.

Admira en la costa de Malabar los inmensos bosques, poblados de serpientes y cocodrilos, donde crece la planta de la pimienta, y menciona las singulares supersticiones de los indios, el respeto que profesan al buey, la costumbre de las viudas de perecer cremada junto al cadáver del que fuera su esposo, y el fanatismo que les llevaba á morir aplastados bajo las ruedas del gigantesco carro de su Dios. Describió a Sumatra como un país excelente y fértil, donde vivían tribus antropófagas, y donde hombres y mujeres iban desnudos. También habla sobre la isla de Ceilan -con sus diamantes, rubíes y aves de dos cabezas-, y sobre Java, «cuyo rey tenía el más alto y suntuoso palacio del mundo, con escalones de oro y plata, y otras 4400 islas regidas por 64 príncipes».

De China menciona la práctica de pescar con cormoranes mansos, la costumbre de dejar que las uñas crecieran exageradamente y la compresión de los pies de las mujeres, las más hermosas que había bajo el sol.

En definitiva, sus descripciones no están libres de errores, pero son los errores de un testigo ocular.

Referencias[editar]

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