Diana (mitología)

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Diana de Versalles, copia romana del original griego atribuido a Leocares (Museo del Louvre, París).
Diana cazadora, obra de Peter Paul Rubens, colección privada, Madrid.

En la mitología romana, Diana era la diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza y lunar. Su diosa griega equivalente en la literatura es Artemisa, si bien en cuanto a culto era de origen itálico.

Funciones[editar]

Diana fue originalmente una diosa de la caza, relacionada con los animales y las tierras salvajes. Más tarde pasó a ser una diosa de la luna, suplantando a Luna y siendo también un emblema de la castidad. Los robledos le estaban especialmente consagrados. Era alabada en la poesía por su fuerza, gracia atlética, belleza y habilidades en la caza.

En la práctica formaba una trinidad con otras dos deidades romanas: Egeria, la ninfa acuática, su sirviente y ayudante comadrona, y Virbio, el dios de los bosques. Etimológicamente, el nombre Diana significa "del día" (Lat. dies= día)[1] o "divina" (Lat. divus= divina),[2] siendo pues su paralelo griego en este sentido (aunque no en el culto) Dione en Dódona.

Mito[editar]

Diana cazadora, obra de Gaston Casimir Saint-Pierre.

Nacida poco antes que su hermano gemelo Apolo en la isla de Ortigia (luego llamada Delos), Diana era hija de Júpiter y Latona. Siendo testigo de los dolores del parto de su madre, concibió tal aversión hacia el matrimonio que pidió y obtuvo de su padre la gracia de guardar perpetua virginidad, como su hermana Minerva. Por esta razón estas dos diosas recibieron del oráculo de Apolo el nombre de «vírgenes blancas».

El propio Júpiter la armó con arco y flechas y la hizo reina de los bosques. Le dio como comitiva un numeroso grupo de hermosas ninfas que debían hacer votos de castidad, y con quienes se dedicaba a la caza, su ocupación favorita.

Diana era grave, severa, cruel e incluso vengativa. Prevalecía sin piedad contra todos los que se ganaban su resentimiento: no vacilaba en destruir sus cosechas, devastar sus manadas, sembrar epidemias a su alrededor, humillarles e incluso matar a sus hijos. Así, exigió el sacrificio de Ifigenia, aunque en el momento clave fue sustituida por un ciervo. A instancias de Latona se unió a Apolo para matar con sus flechas a todos los hijos de la infeliz Níobe, que había presumido de su más numerosa prole. Trataba a sus ninfas con el mismo rigor, si olvidaban su deber: transformó a Calisto en osa y la expulsó de su cortejo por quedar embarazada.

También fue la perdición del pastor Acteón, que la vio bañándose desnuda junto a sus ninfas, por lo que Diana lo transformó en venado e hizo que sus propios perros de caza lo devorasen. En otra ocasión, en un acceso de celos, taladró con sus flechas e hizo fallecer cruelmente a Orión.

Se enamoró, aunque sólo platónicamente, del pastor Endimión, a quien besaba cuando dormía tan suavemente que no se despertaba.

Culto[editar]

Diana era adorada en un festival celebrado el 11 de agosto,[3] cuando el rey Servio Tulio, esclavo de nacimiento, le dedicó un altar en el monte Aventino a mediados del siglo VI a. C. El estar en este lugar, y por tanto fuera del pomerium, significa que el culto de Diana siguió siendo esencialmente «extranjero», como el de Baco y nunca fue oficialmente «transferida» a Roma como lo fuera Juno tras el saqueo de Veyes.

Parece que su culto procedía de Aricia,[4] donde permaneció su sacerdote, el Rex Nemorensis. Allí mantuvieron en común las tribus latinas el simple templo abierto,[5] que Roma aspiró a fusionar en una sola.

Diana de los bosques fue pronto completamente helenizada,[6] «un proceso que culminó con la aparición de Diana junto a Apolo en el primer lectisternium de Roma».[7] Diana fue considerada con gran reverencia por los ciudadanos de clase inferior y los esclavos, pudiendo éstos recibir asilo en sus templos.

Arte[editar]

Fuente de Diana en el jardín de la Château de Fontainebleau.

Aunque algunos patrones romanos ordenaban réplicas en mármol de la específicamente anatolia «Diana» de Éfeso, donde se erigía el Templo de Artemisa, la diosa solía ser representada a los romanos en su atuendo griego. Si iba acompañada por un ciervo, como en la Diana de Versalles, se debía a que era la patrona de la caza. El ciervo también puede suponer una referencia solapada al mito de Acteón.

Imágenes[editar]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Albaigès, Josep M.; Albaigès i Olivart, Josep M. (1993), «Diana», Diccionario de nombres de personas (3 edición), Edicions Universitat Barcelona, p. 88, ISBN 8447502643, 9788447502646, http://books.google.es/books?id=A_KHaYiixzwC&lpg=PA134&dq=diana%20etimolog%C3%ADa&hl=es&pg=PA88#v=onepage&q=diana%20&f=false, consultado en 2011 
  2. Salas, Emílio (1995). Los Nombres: (su significado y su influencia secreta sobre el carácter y el destino). Grasindo. p. 147. ISBN 8479271213, 9788479271213. http://books.google.es/books?id=7un-75e7ROoC&lpg=PA147&ots=FV9ojaw1-I&dq=etimologia%20diana%20divina&hl=es&pg=PA147#v=onepage&q&f=false. Consultado en 2011. 
  3. Esta fecha coincide con las de la fundación celebrada en Aricia; véase Gordon (1932, p. 178)
  4. Su culto en Aricia fue el primero registrado en la literatura latina por Catón el Viejo, en una cita recogida por el gramático posterior Prisciano. Los supuestos orígenes griegos del culto de Aricia son estrictamente un topos literario.
  5. Commune Latinorum Dianae templum en Varrón, Lingua latina v. 43; el culto allí era de antiqua religione en la Naturalis historia de Plinio, xliv.91, 242.
  6. El aspecto de Potnia Theron de la Artemisa helénica aparece representado en Capua y Signia, ciudades de la Magna Graecia, en el siglo V a. C.
  7. Gordon, 1932, p. 179.

Bibliografía[editar]

  • Gordon, Arthur E. (1932). «On the Origin of Diana». Transactions and Proceedings of the American Philological Association (63). 

Enlaces externos[editar]