Roble

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Quercus robur una de las especies de robles.

El término roble puede ser usado para referirse a muchas especies de árboles del género Quercus, nativo del hemisferio norte, y ocasionalmente también a especies de otros géneros de la misma familia (Fagaceae) o incluso de otras familias, como en el caso de algunas especies sudamericanas de Nothofagus (fam. Nothofagaceae).

En su uso originario el término, derivado del latín robur, designa a especies europeas de Quercus de hojas blandas, de borde sinuoso, caducas, propias de climas templados oceánicos; o bien de variantes frescas, por altitud, del clima mediterráneo.

El más notable de los robles europeos es Quercus robur, la especie forestal dominante en la vertiente atlántica de Europa. Así, esta variedad recibe los nombres de carballo en Galicia, en la frontera extremeña con Portugal, y en Zamora (La Carballeda y Sanabria), carbayu en Asturias y cajiga en Cantabria.

Otra especie de ecología semejante es Quercus petraea, el roble albar. De las especies mediterráneas la más extendida en la Península Ibérica es Quercus pyrenaica, dominante por ejemplo en las sierras próximas a Madrid.

El roble común crece en suelos con humedad por lo que en la Península Ibérica solo abunda espontáneo en las cordilleras húmedas o las regiones más septentrionales. No se suele emplear en silvicultura dado su lento crecimiento, pero su madera, de tipo dura, es una de las más apreciadas.

En el hemisferio norte, es posible encontrarlo tanto en climas fríos como tropicales en Asia y América. Su desarrollo se alcanza a los 200 años y hay datos de haber llegado a los 1600 años.

Un bosque de robles recibe el nombre de robleda, robledo o robledal.[1]

Simbología[editar]

El roble es un árbol muy querido en todas las manifestaciones artísticas.
Roble en en un grabado danés del siglo XIX.

A lo largo de la historia, el roble ha sido y es uno de los árboles más queridos por el hombre. La belleza de sus bosques, la majestuosidad de su porte, su preciada madera y la abundancia de los robledos, todo ello hace de este árbol todo un símbolo, una identidad. En latín roble y fuerza se expresan con la misma palabra: robur y simboliza tanto la fortaleza física como la moral.[2]

La importancia del roble va mucho más allá que la utilidad de su madera. La imagen de este longevo árbol es grandiosa con recias ramas que se elevan al cielo. Para todos los pueblos que lo han conocido constituye un sinónimo de fuerza, de no dejarse doblegar ante ningún obstáculo.

Miguel Herrero Uceda, El alma de los árboles
Robles de Valcuende.

Con el romanticismo, los escritores volvieron los ojos a la naturaleza silvestre, ajena de las maquinaciones de los hombres. Para ellos, la fuerza del roble simboliza también la vida libre.[2]

Yo sólo he de decir que mis cantares
surgen en confusión de esta alma mía
cual surge de los hondos robledales
al comenzar el día,
ese rumor incierto,
enredo de las brisas,
quizá besos de flores,
o agrestes, misteriosas armonías
que en este mundo triste
la ruta celestial buscan, perdidas.
Rosalía de Castro

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «robleda», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=robleda, consultado el 13 de agosto de 2010 
  2. a b Herrero Uceda, Miguel: "El alma de los árboles". 2008. ISBN 9788493658502

Enlaces externos[editar]