Cine de rumberas

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Cine de Rumberas»)
Saltar a: navegación, búsqueda
Portada del libro Las Reinas del Trópico: María Antonieta Pons, Meche Barba, Amalia Aguilar, Ninón Sevilla, Rosa Carmina, del periodista mexicano Fernando Muñoz Castillo (Grupo Azabache, México, 1993), que reúne las trayectorias de las principales exponentes del llamado Cine de rumberas.

El cine de rumberas fue un género cinematográfico que floreció en México, en la llamada Época de Oro del Cine Mexicano en los años cuarenta y cincuenta. Sus estrellas principales fueron las llamadas "rumberas", bailarinas de ritmos musicales afroantillanos. El género es una curiosidad fílmica, un híbrido que encuentra sus raíces en diversos géneros cinematográficos y hoy en día, gracias a sus singulares características, es considerado dentro del llamado cine de culto. El cine de rumberas, así como el Cine de luchadores, es una de las aportaciones del cine mexicano a la cinematografía internacional.

Raíces[editar]

El cine de rumberas encuentra sus raíces en diversos géneros cinematográficos: El cine negro, muy popular en Hollywood y en otras cinematografías en los años treinta y cuarenta, puede considerarse como su piedra angular, dado el ambiente urbano caracteristico del género. A este se le sumaría el cine musical hollywoodense de los años treinta, estilizado por Busby Berkeley y sus famosos números musicales vistosos y extravagantes, dotados de una profunda expresión estética. También encuentra otra de sus raíces en el cine B hollywoodense de los años treinta, famoso, entre otras cosas, por su exaltación de los ambientes exóticos y extravagantes. Por último, el género también se enriquecerá del cine social o cine urbano melodramático, cuyo principal artesano en México fue el director Alejandro Galindo. Toda esta mezcla de elementos y géneros puede considerarse la base del cine de rumberas.[1]

Orígenes[editar]

Se conoce como rumberas a las bailarinas y actrices que se movían al compás de ritmos musicales afroantillanos, que florecieron en el Cine mexicano en su Época de Oro en los años cuarenta y cincuenta. El término "rumbera", proviene del baile cubano conocido como la Rumba, ritmo musical que se puso de moda en América Latina desde finales del siglo XIX hasta los años cuarenta del siglo XX. Las primeras rumberas bailaban al compás de este ritmo. Eventualmente, surgieron nuevos ritmos musicales afroantillanos, como el Mambo y el Cha-cha-chá, que rapidamente desplazaron a la Rumba como el ritmo favorito del público. Aunque las rumberas incursionaron eventualmente en estos nuevos géneros y los plasmaron con sus danzas en el cine, el término "Rumbera" siguió utilizándose para referirse a ellas. Las rumberas primero llegaron a México a través del teatro, y lo hicieron desde el siglo XIX, cuando llegaron acompañando a muchos cómicos y bufos de orígen cubano que se establecieron en la Ciudad de México, en la época de las Carpas y los Teatros de revista. En las primeras tres décadas del siglo XX, en pleno furor de las grandes Vedettes del teatro frívolo mexicano (Como María Conesa o Lupe Vélez), empezaron a surgir figuras que bailaban al compás de la Rumba. Se considera popularmente a Lolita Téllez Wood como la primera bailarina en popularizar este baile en los teatros. Durante el transcurso de la siguiente década, llegaron a México numerosas rumberas y vedettes provenientes de Cuba.[2]

El paso al cine[editar]

La figura de la "rumbera" se plasmó en el Cine mexicano desde los inicios de su etapa sonora, a principios de los años treintas. Maruja Griffel, fue la primera en bailar rumba en la cinta ¡Que viva México! (Sergei Eisenstein, 1930). A ella le siguieron otras como Rita Montaner en La Noche del Pecado (1933), Consuelo Moreno en ¿Mujeres sin Alma: Venganza Suprema? (1934), y Margarita Mora en Águila o Sol (1937), además de la Puertorriqueña Mapy Cortés (llamada "La Rumbera Blanca"), famosa por bailar la Conga en numerosos filmes. La misma Lolita Téllez Wood participó en tres películas mexicanas: El rosal Bendito (Juan Bustillo Oro, 1936), Mujeres de Hoy (Ramón Peón, 1936) y Honrarás a tus Padres (1936), esta última dirigida por Juan Orol, considerado el "padre espiritual" del cine de rumberas, y de cuya imagen probablemente se inspiró para moldear a su futura musa: María Antonieta Pons.

Juan Orol nació en España, pero pasó su infancia en Cuba, donde se crió en los llamados "solares", como se le conoce en Cuba a las vecindades o barrios populares. Allí tuvo mucho contacto con gente de orígen africano, quienes le enseñaron todas sus técnicas de baile, particularmente la Rumba.[3] Después de establecerse como director de cine en México, Orol se volvió famoso por importar numerosas figuras cubanas al Cine Mexicano. María Antonieta Pons fue uno de sus descubrimientos. Es común reconocer a María Antonieta como la primera rumbera del cine a raíz de su debut en la cinta Siboney (1938), dirigida por Orol, quien se percató de que tenía entre sus manos una mina de oro tras el éxito taquillero que resultó la cinta. De esta manera, poco a poco el Cine de Rumberas se va perfilando y enriqueciendo. Quién inventó las maracas en la cintura, fue la bailarina Estela, para asi hacer mas llamativos los numeros musicales. Otra destacada figura fue la cubana Celina, quién montó las coreografías de numerosas películas. En Cuba, la mexicana Luz Gil, era considerada la principal maestra de las rumberas.[4] Aunque la Rumba fue el género musical que inicialmente se bailó en estas producciones, pronto otros ritmos tropicales se integraron al repertorio, tales como Mambo, conga, calypso, samba. Son cubano, bolero o Cha Cha Cha. Mención especial merecen artistas como Dámaso Pérez Prado, Beny Moré, Agustín Lara, Kiko Mendive, Toña la Negra, Rita Montaner, María Luisa Landín, Olga Guillot, Pedro Vargas, Los Panchos, María Victoria y otros más, cuyos números musicales acompañaron a las rumberas en sus cintas y contribuyeron a su lucimiento fílmico.

Auge del género[editar]

Durante el sexenio del presidente mexicano Miguel Alemán Valdés (1946-1952), el crecimiento de la Ciudad de México como una gran metrópoli, se reflejó en el enorme auge de los cabarets y vida nocturna por toda la ciudad. El Cine mexicano se vio influenciado por este fenómeno. Las tramas de corte rural que marcaron la pauta durante la primera mitad de los años cuarenta, comenzaron a perder terreno frente a los nuevos melodramas de corte urbano, arrabalero. La célebre cinta Salón México (Emilio Fernández, 1950), marcó la transición del rol de la heroína del Cine mexicano. Las jóvenes campiranas e ingenuas, pasaron la batuta a las mujeres de clases bajas, pecadoras, mujeres "nocturnas" arrastradas por la revolución urbana a los arrabales y la perdición. En este sentido, aún con toda su fantasía y extravagancias troopical, el Cine de rumberas fue un género que mostró de una forma más autentica la vida social del México de la época, sin las falsas imágenes estilizadas que había mostrado el cine de corte mexicanista o indigenista de Emilio Fernández y otros directores.

Aunque es común reconocer a María Antonieta Pons como la primera "rumbera" cinematográfica, en toda su extensión, se considera a la cinta Humo en los ojos (1946), del cineasta Alberto Gout, y protagonizada por Meche Barba, como la que comenzó la producción masiva del Cine de Rumberas, pues las grandes casas productoras mexicanas encontraron en ellas un cheque de muchos dígitos en la taquilla. Por su parte, la cinta Aventurera (1950), también dirigida por Alberto Gout, es considerada la obra cumbre del género, pues tiene los ingredientes industriales perfectos que amarran a la cinta al género: cinco intermedios cantados, tres números musicales, una historia emblemática de inocencia mancillada por la perversión y un cuadro actoral que, a esas alturas, ya coqueteaba con la leyenda. Los tics genéricos más evidentes del Cine de rumberas (es decir, las canciones, los bailes, los actores, la escenografía) son fácilmente identificables en Aventurera y no difieren gran cosa de otras muchas películas más.

El Cine de rumberas, tan propio de México, alcanzaría en algunos años la atención de muchas plumas especializadas, e incluso el célebre director francés François Truffaut, todavía crítico de la revista Cahiers du Cinéma, escribiría un dossier sobre este subgénero exótico exclusivo de México y tan empapado en sudores como en lágrimas.[5] En general, el Cine de Rumberas volvió locos a los cine-críticos franceses de Cahiers du Cinéma, que escribieron algunas de las páginas más ardientes que hayan sido dedicadas a cualquier actriz mexicana en esa revista.

Además, es importante destacar que gracias al éxito del Cine de rumberas, se financiaron muchas otras cintas, que en su conjunto, permitieron consolidar la industria fílmica mexicana, que al día de hoy no se recupera, pese a éxitos muy puntuales.

Las Reinas del Trópico[editar]

De acuerdo con expertos y críticos cinematográficos, de todas las rumberas que transitaron por el Cine mexicano, solo cinco de ellas han logrado pasar a la historia como las verdaderas forjadoras del género. En 1993, el periodista Fernando Muñoz Castillo, las bautizó como las Reinas del Trópico. Ellas fueron:

María Antonieta Pons (1922-2004)[editar]

Es la primera rumbera del Cine Mexicano. Llegó a México en 1938 de la mano de su entonces marido, el cineasta español Juan Orol. Durante los años cuarenta, Maritoña (como también se le conocía en la época), ayudó a sentar las bases para el esplendor que lograría el Cine de rumberas en los próximos años. La estrella encontró su mejor momento cinematográfico bajo la la batuta de su segundo marido, el también cineasta Ramón Pereda. De su extensa filmografía (las más larga entre las Reinas del Trópico), destacan títulos como Siboney (1938), Konga Roja (1943), Embrujo antillano (1945), La reina del trópico (1945), La bien pagada (1948), El Ciclón del Caribe (1950), La reina del mambo (1950) y María Cristina (1951), entre otras. Tras el declive del género, María Antonieta intentó incursionar, con escaso éxito en géneros como la comedia y los dramas rancheros. Tras su último filme en 1965, la actriz permaneció completamente aislada de la vida pública hasta su muerte.[6]

Meche Barba (1922-2000)[editar]

Fue la única mexicana entre las cinco grandes exponentes del género, por lo que también es conocida como "La Rumbera Mexicana". Barba inició su carrera siendo una niña en las Carpas o teatros populares, donde recibió enseñanza y alternó con grandes figuras del espectáculo mexicano. Debuta en el cine en 1944. Su incursión al Cine de rumberas ocurre con la cinta Rosalinda (1945). Fue la protagonista de Humo en los ojos (1946), cinta que inicia la realización masiva de películas de rumberas. De sus cintas destacan Cortesana (1947), Lazos de fuego (1948), Amor de la calle (1950), Si fuera una cualquiera (1950), Cuando los hijos pecan (1952), La mujer desnuda (1953) y Ambiciosa, entre otras. Formó una célebre pareja cinematográfica con el cantante y actor Fernando Fernández. Meche Barba se retiró del cine a principios de los años cincuenta, reapareciendo en la televisión tres décadas después. A través de las telenovelas mexicanas, la actriz permaneció vigente hasta su muerte.[7]

Amalia Aguilar (1924)[editar]

También conocida como "La Bomba Atómica". Amalia llega a México en 1945 de la mano del bailarín cubano Julio Richard. Su enorme carisma y extraordinaria técnica de baile, le abrieron las puertas del cine y le brindaron la oportunidad de incursionar en Hollywood. A diferencia de sus colegas, en su carrera cinematográfica, Amalia jamás fue la mujer sufrida o perversa, y prefirió inclinarse por las comedias ligeras. De sus cintas destacan Pervertida (1946), Calabacitas tiernas (1948), Ritmos del Caribe, Al son del mambo (1950), Amor perdido (1951), Las tres alegres comadres (1952), Las interesadas (1952), Los dineros del diablo (1953), Mis tres viudas alegres (1953) y Las cariñosas (1953), entre otras. Aguilar se retiró del cine en 1955, realizando a partir de entonces, solo apariciones esporádicas en espectáculos en vivo. A pesar de su retiro, la actriz hace apariciones frecuentes en eventos públicos.[8]

Ninón Sevilla (1929-2015)[editar]

Comenzó su formación en centros nocturnos en Cuba y llega a México en 1946 de la mano del cineasta y productor Fernando Cortés. Fue estrella exclusiva de Cinematográfica Calderón, y formó célebre mancuerna con el cineasta Alberto Gout, bajo cuya batuta filmó una serie de cintas que la convirtieron en la favorita de mercados como Francia y Brasil. Fue una vedette completa, pues no solo bailaba y actuaba, sino también cantaba y montaba sus propios números musicales. De su filmografía destacan Perdida (1949), Aventurera (1949), Víctimas del pecado (1950), Sensualidad (1950), Aventura en Río (1953), Llévame en tus brazos (1954), Mulata (1954) y Yambaó, entre otras. Tras retirarse mas de una década del cine, regresó a los sets de filmación en los años ochenta, y permaneció vigente a través de la televisión hasta su muerte.[9]

Rosa Carmina (1929)[editar]

Poseedora de una singular estatura y una deslumbrante belleza física, Rosa Carmina llega a México en 1946, tras ser descubierta por Juan Orol en Cuba. En ese mismo año debutó en el Cine mexicano en la cinta Una mujer de Oriente. Rosa Carmina no solo fue exponente del Cine de rumberas, sino también del Cine negro mexicano, cuyo principal exponente fue precisamente Juan Orol. Por este motivo, fue llamada "La Reina de los Gángsters". Entre sus cintas más relevantes se encuentran Tania, la bella salvaje (1947), Gángsters contra charros (1947), Amor salvaje (1949), Cabaret Shangai (1950), En carne viva (1951), Viajera (1952), La diosa de Tahití (1953) y Sandra, la mujer de fuego (1954), entre otras. En su versátil carrera cinematográfica, Rosa Carmina transito por numerosos géneros fílmicos (terror, acción, drama etc.). Tras el declive del género, la actriz se dedicó principalmente a sus espectáculos personales. Tras esporádicas apariciones en la televisión, Rosa Carmina se retiró del espectáculo en 1992. Actualmente radica en España.[10]

Otras[editar]

Es un error frecuente confundir a las Rumberas con las llamadas Exóticas, nombre que se le dió en México a una serie de vedettes que florecieron en la vida nocturna de México en la misma época del auge del Cine de rumberas. Aunque las Exóticas también bailaron en el Cine mexicano, se caracterizaron por bailar ritmos diferentes (polinesios, orientales, africanos, tahitianos, hawaianos, etc.). Debido al control de la censura sobre el Cine, las Exóticas vivieron su momento de gloria en los centros nocturnos, y solo aparecieron de manera muy puntual en el cine. Algunas se caracterizaron por utilizar nombres exóticos. Entre las más famosas se encuentran Su Muy Key, Kalantán, Trudi Bora, Bongala, Eda Lorna, Turanda, Gemma, Josefina del Mar etc. La más destacada de todas fue Tongolele, probablemente la única Exótica que logró consolidar una carrera destacada en el cine.

Muchas actrices también bailaron ritmos tropicales en algunas películas, pues el Cine de rumberas se encontraba en su apogeo y era un éxito en las taquillas. De ellas destacan:

  • Rosita Quintana, en La última noche (1948).
  • Elsa Aguirre, en Los viejos somos así (1948) y Cantando nace el amor (1953).
  • Lilia Prado, en Confidencias de un Ruletero (1949), El Gavilán Pollero (1950), Pobre Corazón (1950), Las Tres Alegres Comadres(1952), Las Interesadas (1952) y Rumba Caliente (1952).
  • Leticia Palma, en Vagabunda (1950).
  • Lilia del Valle, en Las Tres Alegres Comadres (1952), Las Interesadas (1952), Mis Tres Viudas Alegres (1953) y Las Cariñosas (1953).
  • Silvia Pinal, en Me traes de un ala (1952), El Casto Susano (1952), Mis Tres Viudas Alegres (1953), Las Cariñosas (1953), Reventa de Esclavas (1953), Mi Desconocida Esposa (1955), Teatro del Crímen (1956), Viva el Amor (1956) y Préstame tu cuerpo (1957).
  • Ana Bertha Lepe, en Qué lindo Cha-cha-chá (1954), Lo que le pasó a Sansón (1955) y Aladino y la Lámpara Maravillosa (1957).
  • Evangelina Elizondo, en Los Platillos Voladores (1955) y Tropicana (1956).
  • Ana Luisa Peluffo, en Nacida para amar (1958).

También hay otras bailarinas que incursionaron en el género, pero que, por diversas circunstancias, no alcanzaron a consagrarse y tuvieron un paso fugaz en la pantalla. Entre ellas se encuentran la puertorriqueña Marquita Rivera, las cubanas Blanquita Amaro, Olga Chaviano y Lina Salomé; las hermanas Caridad y Mercedes Vázquez, mejor conocidas como "Las Dolly Sisters", así como la costarricense Yadira Jiménez, la cubana Mary Esquivel y la mexicana Dinorah Judith, que también fueron importadas al cine por Juan Orol.

Principales directores[editar]

Entre 1946 y 1958, se realizaron más de un centenar de producciones del llamado cine de rumberas. Entre sus principales directores se encuentran:

Filmes[editar]

Decadencia del género[editar]

Rosa Carmina y Meche Barba en una escena de la telenovela María Mercedes (Televisa, 1992).

A mediados de los años cincuenta, las tramas del cine de rumberas habían perdido originalidad. Todas las estrellas actuaron en tramas y papeles similares y el género dejó paulatinamente de ser atractivo para el público. El final del Cine de rumberas coincide también con el final del sexenio presidencial alemanista, pues administración resultó mucho menos tolerante para la vida nocturna que triunfaba en la Ciudad de México, que si bien no desapareció, si perdió el esplendor del que había gozado años atrás. El Cine mexicano en general estaba a punto de comenzar su estrepitosa declive. A esto se sumaron los ataques de grupos radicales como la llamada "Liga de la Decencia", que contaba con el apoyo de las autoridades (entre ellos el que fuera regente de la Ciudad de México, Ernesto P. Uruchurtu), y que consideraba al género como una falta a la moral y a las buenas costumbres. Y es que la rumbera del cine mexicano representaba la imagen de la prostituta, la mujer nocturna y la pecadora. La doble moral imperante en la sociedad mexicana comenzó la marginación de las rumberas en el cine. Las estrellas rápidamente se quedaron sin personajes cinematográficos a su disposición. Incluso la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas vetó durante muchos años a sus estrellas en la entrega del Premio Ariel. Algunas rumberas comenzaron a transitar hacia otros géneros cinematográficos, o bien, se refugiaron en sus espectáculos personales en teatros y centros nocturnos, mientras que otras optaron por un decoroso retiro. La película Caña Brava (1965), estelarizada por María Antonieta Pons, es considerada la cinta que cierra el género, e incluso puede considerarse una especie de In Memoriam al mismo.

Figuras como Ninón Sevilla, Meche Barba y Rosa Carmina optaron por emigrar a la televisión. Sin embargo la censura imperante en la televisión mexicana marginó a las rumberas a apariciones especiales en las telenovelas mexicanas, generalmente en personajes de corte popular, alejados de sus mitos cinematográficos y en la gran mayoría de los casos, con personajes poco acordes a sus trayectorias.

Revaloración del género[editar]

Ninón Sevilla, Amalia Aguilar y Rosa Carmina en un tributo al Cine de Rumberas organizado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York en el hotel Waldorf Astoria (1988)
Ninón Sevilla, Meche Barba y Amalia Aguilar en un evento organizado por la desaparecida revista mexicana SOMOS en 1999.

En la década de los setenta, la Ciudad de México vive una nueva época de oro de la vida nocturna y los cabarets. Esto fue posible en gran parte a la desaparición de la Liga de La Decencia. El cine mexicano, que había vivido un nuevo esplendor con el cine gubernamental de principios de la década, nuevamente cayó en la declive con el auge de películas de escasa calidad que se valieron del morbo y la explotación para llenar las taquillas. El ejemplo más claro, es el auge del llamado Cine de ficheras de finales de los setenta y principios de los ochenta. Al igual que el Cine de rumberas, el Cine de ficheras basaba sus argumentos en las mujeres de la vida nocturna, las mujeres del cabaret, pero desde un contexto muy distinto, pues para ese momento, la censura cinematográfica se había relajado y el cine internacional se encontraba atrapado en medio de la revolución sexual. A diferencia del Cine de rumberas, el Cine de ficheras se valió los desnudos explícitos para atraer público a sus taquillas, en contraste con la labor de las rumberas, que habían demostrado ser vedettes completas, y que nunca necesitaron mostrar sus cuerpos de forma explícita para lograr el éxito. De cualquier manera, el auge de las tramas cabaretiles en el Cine mexicano comenzó a provocar la nostalgia de los espectadores, que poco a poco comenzaron a reclamar la presencia de las autenticas "reinas de la noche" a las pantallas. Algunas rumberas comenzaron a reaparecer, primero en el cine, y luego en la televisión. La Academia Mexicana de Cine reconoció por primera vez las carreras de Ninón Sevilla en 1984 y de Meche Barba en 1992.

El escritor de telenovelas Carlos Romero fue otra figura vital para la revaloración del género al rescatar a varias rumberas del olvido y homenajearlas en algunas telenovelas como La pasión de Isabela, en 1984, o Salomé, en 2001. Las telenovelas de la cantante Thalia fueron punto de reunión vital de las grandes rumberas. Las rumberas, aunque alejadas por completo de sus mitos cinematográficos que las consagraron, encontraron una nueva forma de permanecer vigentes en la memoria del público y de acercarse a las nuevas generaciones conviertiéndose en nuevos mitos populares. Para el gusto del público, una trama de vecindad en una telenovela, no está completa sin la presencia de Barba, Sevilla o Rosa Carmina.

Muchos festivales y ciclos de cine alrededor del mundo comenzaron a homenajear al Cine de rumberas. Su condición, de curiosidad fílmica exclusiva de México, sumado a sus otras singulares características, le ha hecho de un nicho en el hoy en día cotizado Cine de culto.

Entre 1997 y 2011, la actriz mexicana Carmen Salinas revivió el clásico Aventurera a través de una obra de teatro musical (la más duradera de la historia en México), y en donde hace un homenaje a la vieja época del Cine de rumberas. La obra logró llegar a Broadway y ha sido protagonizada por diversas actrices como Edith González, Itatí Cantoral, Niurka Marcos y Maribel Guardia, entre otras. Con esta misma línea, comenzaron a realizarse otras obras teatrales, espectáculos musicales y revistas de corte cabaretil (como 'Perfume de Gardenia), todas ellas inspiradas en el viejo Cine de Rumberas.

En 2012, se estrenó la cinta biográfica El fantástico mundo de Juan Orol, dirigida por Sebastián del Amo, e inspirada en la vida y obra del cineasta Juan Orol. La cinta muestra de una manera resumida los orígenes y auge del Cine de Rumberas entre los años 1940's y 1950's.[11]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]