Campaña de la Breña o Sierra

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Campaña de la Breña o Sierra
Guerra del Pacífico
Patricio Lynch(5).jpg
Patricio Lynch, jefe del gobierno de ocupación
Andrés Avelino Cáceres.jpg
Andrés Cáceres, jefe de la resistencia militar
Aroya Railway bridge verruga.gif
Representación del impresionante Viaducto Verrugas, como fue entregado al uso en 1873 como parte de la línea férrea que unía Lima con Chicla,[1] muestra los enormes accidentes geográficos que debían enfrentar los contendores. El ferrocarril permitía a los chilenos entrar rápidamente hasta el borde de la sierra, pero no más allá. En San Bartolomé, cerca del puente, ocurrió el combate del Puente Verrugas el 8 de agosto de 1881 y el 23 de julio de 1882 montoneros quemaron 14 durmientes del puente para entorpecer la retirada de Del Canto.[2] :307[3] :239:266
Fecha Febrero de 1881 a octubre de 1884
Lugar Sierra norte, centro y sur del Perú
Conflicto Guerra de guerrillas contra la ocupación chilena
Resultado Victoria chilena.
Consecuencias Firma del Tratado de Ancón, fin de la Guerra del Pacífico
Beligerantes
Bandera de Chile. Ejército de Chile Flag of Peru (1825-1950).svg Fracciones del Ejército de Perú
Comandantes
Patricio Lynch Andrés Avelino Cáceres
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La Campaña de la Breña o Campaña de la Sierra es fase de la Guerra del Pacífico que comprende desde la ocupación de Lima, enero de 1881, hasta la retirada de las tropas chilenas de ocupación al sur del río Sama en junio de 1884. Tras la caída de Lima ninguna de las fuerzas políticas peruanas aceptó la cesión de Tarapacá como condición para el retiro del ejército expedicionario chileno, por el contrario comenzaron a reorganizarse remanentes del ejercito peruano en las regiones no ocupadas. Alrededor de los núcleos de regulares se agruparon numerosos campesinos e indígenas mal armados y sin instrucción militar, pero que defendían su territorio y su sustento contra las tributos que les exigía el gobierno de ocupación. El caudillo Andrés Cáceres era su principal organizador y jefe militar.

El gobierno de ocupación envió varias expediciones desde Lima hacia la sierra peruana para combatir contra los remanentes del ejército de Lima y las guerrillas. Los rebeldes y los expedicionarios exigían y requisaban de la población civil contribuciones de guerra, que la empobrecían cada vez más.

Finalmente, los desastres de campaña generaron un tercer bando, de civiles y militares peruanos que querían poner fin, aún al precio de la cesión territorial, a una guerra que devastaba el país y que amenazaba convertirse en una guerra de civil de raíz social y racial. El primero en exigirlo, en 1882, fue Miguel Iglesias, quien fue proclamado presidente del Perú y posteriormente reconocido por Chile.

Aunque la resistencia no tenía una perspectiva militar, Chile dominaba las costas peruanas con su armada y su ejército, profesionales, con experiencia y bien armados, solo lentamente y bajo enormes tensiones, fue aceptada la cesión del sur del Perú.

La derrota de las tropas caceristas en Huamachuco el 10 de julio de 1883 fue un golpe sicológico que devastó a los seguidores de Cáceres y afianzó el gobierno de Iglesias, pero la última campaña militar fue la de Arequipa, al sur de la sierra central, que condujo a la ocupación de Arequipa, el desbande de 4,000 soldados de Montero, la fuga de Lizardo Montero a Bolivia y el reconocimiento de parte de Cáceres del Tratado de Ancón.

La campaña contiene en sí el comienzo de la Guerra civil peruana de 1884-1885 que enfrentó a Iglesias contra Cáceres.

Contexto histórico[editar]

Durante la Guerra del Pacífico, tras las batallas de Chorrillos y Miraflores en enero de 1881, Lima fue ocupada por tropas chilenas y el dictador Nicolás de Piérola huyó a la sierra. Los primeros tres jefes del gobierno de ocupación fueron Manuel Baquedano, Cornelio Saavedra Rodríguez, y Pedro Lagos, todos ellos en los primeros dos meses de ocupación.[2] :17 El 17 de mayo de 1881 Patricio Lynch tomó el cargo de jefe del gobierno de ocupación y lo mantuvo hasta el retiro de las fuerzas chilenas en agosto de 1884.[2] :21

Movido por el interés de tener un representante peruano que firmase la paz, el gobierno chileno aceptó la constitución en Lima de un régimen peruano dominado por los civilistas, enemigos políticos del dictador Nicolás de Piérola, encabezado por Francisco García Calderón Landa en el pueblo de La Magdalena, a las orillas de Lima. En la práctica, ello condujo a la existencia de dos regímenes peruanos paralelos: la dictadura en la Sierra y el gobierno de La Magdalena en Lima. El gobierno pierolista se negó a la cesión de Tarapacá como indemnización a Chile por las pérdidas y gastos causadas por la guerra. El gobierno de La Magdalena también se opuso a la cesión y pronto recibió el reconocimiento de los EE.UU. y el apoyo verbal de su representante en Lima de que los EE.UU. no aceptaban una cesión territorial a Chile. A fines de 1881 Chile, que nunca reconoció oficialmente al gobierno de La Magdalena, arrestó a García Calderón y lo trasladó a Chile. Sin embargo, antes de ser detenido, García Calderón entregó el mando a Lizardo Montero y a fines de 1881 Piérola salió del Perú.

A cambio de la cesión de territorio, el gobierno peruanos de La Magdalena promovía el plan de la Société General de Credit Industriel et Commercial, organizada por tenedores de bonos peruanos garantizados por depósitos de guano y salitre que querían asegurar el pago de su deuda. El plan era dar a la "Credit Industriel" la explotación de las riquezas de Tarapacá, la que pagaría anualmente ₤ 550,000 al Perú, ₤ 550,000 a Chile y ₤ 1,200,000 a los deudores. Para ello los EE.UU. debían bloquear la cesión territorial a Chile, crear un protectorado estadounidense en Tarapacá durante la explotación y obtendrían la supremacía en asuntos latinoamericanos.[4] :68

Alentados por el apoyo exterior de EE.UU. y Bolivia (que se había retirado de la guerra pero que formalmente continuaba en guerra), las fuerzas peruanas comenzaron a reorganizarse en la sierra peruana con el objetivo de desgastar las fuerzas de ocupación hasta que Chile abandonase sus conquistas. Chile, por su parte, mantenía y endurecía la ocupación para obligar a un gobierno peruano a firmar la cesión de Tarapacá, aunque también habían voces en Chile que exigían el retiro de las tropas hasta la línea de Sama y la anexión de Tarapacá sin esperar la cesión.

Tras la muerte del presidente James A. Garfield el 19 de septiembre de 1881, los EE.UU. cambiaron su política exterior y reconocieron, en el Protocolo de Viña del mar, el derecho de Chile a una cesión territorial y declararon su neutralidad. Finalmente, la paz se encontró sin la mediación de los EE.UU., y los intentos estadounidenses prolongaron la guerra en vez de acortarla.[5] :45

El enorme sufrimiento humano causado por la guerra que desvastaba al Perú, el temor a una revuelta social de campesinos e indígenas, las pérdidas económicas en la agricultura y la industria, los enfrentamientos armados entre pierolistas, civilistas e iglesistas, las tensiones raciales entre blancos, indígenas, mestizos, negros y chinos, los costos de la ocupación que eran pagados por los peruanos, la falta de apoyo internacional y la imposibilidad de vencer militarmente a las fuerzas chilenas[n 1] (que ademas poseían el dominio indisputado del Oceáno Pacífico) condujeron a un grupo de peruanos a aceptar la cesión de Tarapacá a cambio de la paz. El iniciador fue Miguel Iglesias con su Grito de Montán. José Antonio de Lavalle, uno de sus primeros seguidores, lo expresó en el periodico "La Tribuna" el 19 de Julio de 1883 con las siguientes palabras:

Cáceres triunfando en Matucana, en el Cerro de Pasco, en Huaraz o en Huamachuco, ni conquistaba el dominio del mar, ni desalojaba las fuerzas chilenas de las costas, ni recuperaba la capital ni conquistaba las provincias que el vencedor exige como rescate del vencido [...] ¿Por qué, pues, tanto y tan estéril sacrificio?[3] :79-80

Contexto geográfico[editar]

La campaña de la Breña se realizó bajo condiciones totalmente diferentes a las que había tenido la guerra hasta entonces. Los Andes peruanos o breña están cruzados por valles, altas montañas, ríos y eran para el ejército invasor una región insalubre, desconocida, de difícil acceso, cuyo abastecimiento debía hacerse por el largo y peligroso camino a Lima, comprarlo a elevados precios a los lugareños o requisarlo, lo que exacerbaba aún más la resistencia peruana. Pero también el factor información jugaba contra las tropas chilenas: mientras las montoneras eran informadas por la población de cualquier movimiento, número o siquiera intención de los chilenos, estos a menudo no sabían que dirección seguir en la persecución de las guerrillas.[2] :454[3] :257 Los expedicionarios chilenos obtenían sus informaciones por cooperación, compra o extorsión de los pobladores pero también por partidas de reconocimiento.

El ferrocarril desde Lima llegaba solamente hasta Chicla y la última estación del telégrafo era Casapalca, unos kilómetros al oriente de Chicla. Otras líneas férreas en el Perú no tuvieron una importancia similar, con excepción de la línea Mollendo-Puno, que cuando fue ocupada por Chile en 1883, fue una amenaza directa a Bolivia.

Las fuerzas de Cáceres operaban una guerra de guerrillas que comprendía la región de Cajamarca (norte) y la sierra central (desde Cerro de Pasco a Ayacucho). Desde Huanuco a Huacavelica y Ayacucho se producía trigo, cebada y animales. Pero la fiebre tifoidea, la viruela, el pique y las verrugas malignas eran endémicas en la zona.[2] :27

Sobre caminos y distancias dice el historiador chileno G. Bulnes: El habitante de un país de llanuras no comprenderá facílmente estas características de la guerra de montañas. En el plan por todas partes se llega a Roma. En las cordilleras americanas se llega a Roma sino por pasos determinados, donde un ejército puede ser facilmente detenido i destruido.[2] :465

Horrores de la guerra[editar]

El mando chileno no consideraba a las montoneras y guerrilleros como soldados regulares protegidos por las leyes de la guerra. Se regía por las reglas adoptadas por el ejército de los Estados Unidos de América en la Guerra de Secesión (1861-65) e incorporadas en el derecho internacional vigente entonces, y que se aplicó por ambos lados en la Guerra franco-prusiana de 1870.[2] :24 El Código Lieber permitía represalias contra prisioneros de guerra, ejecuciones sumarias de espías, saboteadores, francotiradores y fuerzas guerrilleras capturadas durante su misión (prácticas que tras el Tercer y Cuarto Convenio de Ginebra en 1949 fueron abolidas tras las experiencias en la Segunda Guerra Mundial).

Cáceres justificaba la venganza de los indígenas con el siguiente argumento: Declarados fuera de la ley, anatema que los excluye hasta del seno de la humanidad, no se creían obligados a reconocer en sus opresores derechos que se les negaba[6]

También muchos oficiales peruanos habían obtenido su libertad tras las batallas de Chorrillos y Miraflores bajo la promesa de no levantar las armas contra el gobierno de ocupación, de tal manera que tras su captura eran sometidos a la pena capital[2] :24, convirtiendo la guerra en una cruel sucesión de venganzas, castigos y abusos contra la población civil de parte de ambos lados.

Las fuerzas regulares peruanas no disponían de un contingente ni armas suficientes para combatir a los expedicionarios chilenos en una guerra regular por lo que debían enviar a la lucha también a campesinos sin armas de fuego. Cáceres lo explicaba así:

Rodeado de tan poderosos elementos [indígenas], no me quedaba sino darles una organización conveniente y conducirlos a la pelea, sin que obstara la falta de armamento de fuego, pues sobraban el entusiasmo y [el] valor, que suelen hacer en ocasiones solemnes milagros de heroísmo
Andrés Cáceres, citado en Hugo Pereyra Plasencia "Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883"[7]

Pero a su alrededor se veía la muerte con un sentimiento diferente. Su esposa relata el siguiente diálogo en su casa:

«¿por qué lloras?» «Mamacita —me respondió—, porque me dan mucha pena estos pobres indios; van para que los maten como a perros, no llevan balas para defenderse». Yo le aclaré: «Dirás que los matarán como a héroes». Y lloré con ella”
Antonia Moreno Leyva, citada en Hugo Pereyra Plasencia, Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883[8]

Peor aún eran los casos en que los campesinos se enfrentaban solos contra las tropas chilenas. Luis Milón Duarte, testigo ocular de la captura y destrucción de Chupaca el 19 de abril de 1882 relata los hechos de la siguiente manera:

... Y en las primeras bajas del río se lanzaron los carabineros[n 2] en los magníficos caballos chilenos y una vez que ganaron la orilla opuesta sus ingenieros improvisaron un puente de cables de alambre. A las 24 horas de la conclusión del puente, la artillería chilena comenzó el bombardeo desde la altura de la Mejorada, sus blancos preferidos fueron las iglesias de los pueblos de Pillo y las otras del bajío, sobre todo Chupaca, a cuya entrada se presentó la caballería sable en mano. El combate fue horroroso; los invasores tuvieron que emplear unos la carabina y otros el sable; un indio empuñaba el caballo, otro lanzaba al jinete; los pocos rifles resistían a toda la infantería enemiga. Los chilenos tomaron Chupaca a sangre y fuego. La matanza a los fugitivos fue cruel y los cadáveres los dejaron insepultos, por decenas y centenas, ocultando sus pérdidas los agresores. La población fue entregada al pillaje. ... En seguida, comenzó el incendio de esa población importante, que duró varios días, a la vez que los caseríos anexos”
Luis Milón Duarte, citado en Hugo Pereyra Plasencia "Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883"[9]

Gonzalo Bulnes describe las tácticas utilizadas en los cerros y desfiladeros con las siguientes palabras:

Los peruanos habían colocado su línea a media falda del cerro, en uno de esos Pucará ... el cual tenía su frente cubierto con una pirca de piedra desde la cual disparaban de mampuesto, i al alcance de las manos una batería de peñascos (galgas), listos para rodar al menor impulso, cuando el enemigo llegase al pié de su posición. Esta fue la táctica que siguieron casi invariablemente las montoneras de esos territorios contra las diversas espediciones chilenas a la sierra, i por su lado la táctica chilena fue entretenerlas con un ataque de frente más o menos vigoroso, según las circunstancias, i tomarles la espalda haciendo un rodeo por los cerros, al cual seguía invariablemente la carnicería i la fuga.
Gonzalo Bulnes, "Ocupación del Perú"[2] :20-[n 3]

De hecho las fuentes primarias que relatan los hechos dan el número de bajas chilenas o de soldados peruanos, pero nunca el número de campesinos muertos, se da solo una número redondo, "decenas", "varios cientos". Los campesinos muertos no eran contados. La respuesta de los pobladores a las carnicerías sufridas fue una venganza horrible y repugnante, pero justa según el periodista peruano M.F.Horta en El Eco de Junín del 26 de agosto de 1882.[3] :151

Sobre la motivación y la intensidad de la rebelión campesina no existe un denominador común. Lo que cabe destacar es que en los tiempos del gran desorden, de fines de 1882 a junio de 1884, coexistieron claramente, en una compleja gama de situaciones independientes o combinadas, las venganzas y represalias contra los colaboracionistas (quienes deseaban la paz) junto con acciones violentas originadas en rencillas de clase, viejos odios de casta, y también en simples deseos de saqueo y de robo en un nivel puramente delincuencial.[3] :174 El apoyo recibido por Cáceres en Junín y Huancavélica (sierra central más integrada con Lima y la costa) fue mayor que en Ancash, La Libertad y Huánuco (más sujeta a los terratenientes).[3] :168 También hubo diferencias entre los pobladores de los valles y la de los de los montes.[3] :170

Las guerrillas obligaban al ejército chileno a dispersar sus fuerzas, volviéndolas vulnerables a ataques en masa de las guerrillas o montoneras. Las ciudades y poblados de la región eran ocupados y desocupados por los rebeldes peruanos según hubiese o no fuerzas militares chilenas en ellas evitando así un combate frontal entre ejércitos regulares.

Escaramuzas, persecuciones, asaltos y emboscadas fueron la norma de enfrentamiento. Durante la campaña se utilizó la desinformación del enemigo, la extorsión para la obtención de información, la destrucción de caminos, vías férreas e infraestructura para impedir el paso del enemigo.

Fuerzas enfrentadas[editar]

Fuerzas peruanas[editar]

Durante la campaña existieron diferentes fracciones peruanas que lucharon contra los chilenos, a favor de ellos y a veces entre las fracciones.

  1. En Arequipa permaneció durante toda la guerra una división peruana de 3,000 a 4,000 hombres que no había participado ni en la campaña de Tacna ni en la de Lima. Siempre estuvo bajo el mando de Lizardo Montero, quien primero apoyó a Piérola y luego a García Calderón para finalmente quedar él mismo como representante del arrestado García Calderón. En octubre de 1883 cuando las tropas chilenas avanzaron sobre Arequipa, los soldados de Montero se desbandaron sin resistencia.
  2. Las fuerzas peruanas de Cáceres estaban compuestas de un contingente regular, uniformado y armado, más una cantidad variable de campesinos, indígenas y habitantes de la zona que los acompañaban pero que en gran parte no tenían armas de fuego ni entrenamiento ni disciplina militar. Estas fuerzas fueron las protagonistas de la resistencia.
  3. Las fuerzas peruanas del gobierno de La Magdalena en Lima, creadas en 1881, que en un comienzo trataron de imponerse en la sierra (contra Montero) pero que finalmente sufrieron deserción y el resto fue desarmado por los chilenos.(Bu, 47, 121)
  4. Las fuerzas peruanas de Miguel Iglesias que en un comienzo estuvieron a las órdenes de Cáceres y que a partir del Grito de Montán se opusieron a continuar la guerra y fueron apoyadas por el gobierno de ocupación.
  5. Grupos autónomos que eran liderados por caudillos fuera de la estructura militar, a menudo enemistados entre sí, como la de Gregorio Albarracín Lanchipa y la familia Vento[10] , la de Lorenzo Iglesias (hermano de Miguel Iglesias), que no aceptó ayuda de José Mercedes Puga durante el combate de San Pablo[3] :92 o la de Panizo y Vento que se opusieron a Cáceres en Acuchimay y Canta, respectivamente.

Faltos de recursos, las montoneras utilizaron una variedad de armas: galgas (piedra grande que, desprendida de lo alto de una cuesta, baja rodando y dando saltos, para atacar al que esta mas abajo), hondas, picas, rejones, etc, además de armas de fuego.

Además del caudillismo, otra marcada diferencia con las fuerzas chilenas consistía en que la ascendencia étnica era un factor determinante en las relaciones entre los seguidores de Cáceres: indios, mestizos y blancos formaban sus filas. En última instancia, el poder de Cáceres sobre los indígenas, que hablaba quechua y había tratado con ellos desde su infancia, se enraizaba en la realidad ancestral de viejas tradiciones paternalistas basadas en vínculos de sujeción personal y familiar, es decir no institucional.[3] :257

Fuerzas chilenas[editar]

Dado que la Armada de Chile controlaba el Pacífico sur sin contrapeso, las zonas costeras estaban a merced del ejercito chileno, que podía atacar, abastecer, desplegar y evacuar tropas sin mayores problemas, en casi cualquier lugar. La guerra se desarrolló en la sierra peruana, de difícil acceso y abastecimiento para los chilenos. En las sierras peruanas las tropas debían cruzar cordilleras nevadas, bordear precipicios, vadear ríos, soportar a la interperie los rigores del clima y las enfermedades desconocidas transportando su propio abastecimiento y sus enfermos, sin guías seguros y de confianza por largas distancias.

Las fuerzas chilenas estaban bien armadas, disciplinadas y comandadas por oficiales profesionales. Sin embargo, el ejército chileno no poseía la capacidad logística ni sanitaria para abastecer grandes fuerzas expedicionarias en la sierra por largo tiempo. En consequencia, no podía sostener largas expediciones contra las fuerzas caceristas en las montañas.[11] :309

Mapa simplificado de la costa y sierra central del Perú entre Huamachuco y Ayacucho en base a mapas de Mariano Paz Soldan de 1865. El río que recorre el callejón de Huaylas es llamado por Paz Soldán río de Huaraz, en otros mapas río Santa. Otros nombres del hoy llamado río Mantaro son Oroya, Jauja, Izcuchaca, Angoyacu o Grande.[2] :267

1881: Expedición Letelier[editar]

Quizás el primer enfrentamiento en la campaña fue el ocurrido en abril de 1881, el combate de San Jerónimo, cerca de Chosica al oriente de Lima, cuando las montoneras organizadas por el coronel José Agustín Bedoya se enfrentan a los soldados chilenos bajo el mando de José Miguel Alcérreca, los cuales luego de un tiroteo dispersan a los hombres de Bedoya, para luego incendiar el lugar y retornar a Lima.[2] :20[12]

La primera expedición chilena de importancia a la sierra fue enviada por el Coronel Pedro Lagos, entonces al mando de las fuerzas de ocupación, el 15 de abril de 1881 y comandada por el Teniente Coronel Ambrosio Letelier, fuerte en 700 efectivos[11] :309, a Junín con la orden de eliminar las fuerzas peruanas en ese sector. La expedición ocupó, con pequeños destacamentos, poblados desde Huanuco (norte) hasta Jauja (sur) y desde Chicla (oeste) hasta Tarma (este). Aún no se había formado una resistencia organizada, por eso una pequeña fuerza pudo ocupar una región tan vasta.[2] :35 G. Bulnes dice de ella que mas que una expedición militar fue una empresa de requisición de dinero a mano armada, negándole protección a cualquier persona que hubiese cooperado en la guerra contra Chile y cometiendo abusos de poder las zonas abarcadas. Mucha repercusión tuvieron las injusticias cometidas contra el ciudadano italiano Emmanuele Chiessa, de Cerro de Pasco.

Entretanto, Lynch había sido designado por el Senado chileno como Contralmirante de la Armada. Lynch llega a Lima en mayo de 1881, como nuevo comandante de las fuerzas de ocupación, reemplazando al Coronel Lagos. Al llegar a Lima, tiene noticias de las tropelías de Letelier, ordenándole el 22, y reiteradamente el 28 de mayo regresar inmediatamente a Lima.

En junio se alzaron los pobladores contra Letelier. Durante el regreso se produjo el combate de Sangrar, en un poblado a medio camino entre Canta y Chicla, donde 73 soldados chilenos fueron atacados durante dos días y sufrieron bajas.

Recién el 4 de julio llegó Letelier a Lima, donde una corte marcial condenó a el y a dos de sus subalternos a penas de cárcel por apropiación indebida de dineros. Sin embargo, una vez en Chile apelaron y la corte suprema les condenó nuevamente[13] . Para la población de Junín las desgracias no terminaron allí, pues tras la salida de Letelier las fuerzas peruanas de Tafur ocuparon la plaza y aduciendo que los pobladores no se habían opuesto enérgicamente contra Letelier les impuso una contribución de $250,000 , la mitad de lo impuesto por Letelier.[2] :41

La expedición de Letelier sembró un germen malo para su causa, preparó el terreno para los posteriores infaustos acontecimientos.[3] :154[2] :26

El 2 de septiembre de 1881 ocurrió el combate de Calientes, cerca de Pachia donde ocurriría al día siguiente el primer combate de Pachía. En el norte del Perú ocurrió el combate de Motupe el 10 de octubre de 1881 y el 25 de octubre ocurrió el combate de Guadalupe.

Intervención de los EE.UU.[editar]

En julio de 1881 se reunieron en Perú dos congresos, el de Chorrillos (civilista) y el de Arequipa (pierolista). El primero confirmó la presidencia de García Calderón en La Magdalena y el segundo confirmó a Piérola como presidente del Perú. El gobierno de La Magdalena casi no poseía fuerzas militares, pero había sido reconocido en junio por los EE.UU., mientras que el de Piérola comenzaba a organizar fuerzas a través de Miguel Iglesias en el norte, Andrés Cáceres en el centro y Lizardo Montero en el sur.

El 24 de agosto el ministro plenipotenciario estadounidense en Lima, Hurlbut, comunicó a Lynch en un memorándum que EE.UU. no aceptaría una paz con cesión de territorios, alentando al gobierno de La Magdalena y exigiendo a Piérola y Cáceres someterse a él para unir al Perú.[14] :43 Finalmente Piérola se asiló en Lima con aquiescencia de Chile para pronto abandonar Perú. Tras el arresto de García Calderón por los chilenos, Montero asumió el cargo de presidente, reconocido también por Cáceres lo que originó más tarde el combate de Acuchimay, entre caceristas y pierolistas.

El 19 de septiembre fallece en los EE.UU. el presidente James A. Garfield y es sucedido por Chester Alan Arthur con un nuevo secretario de estado y siguiendo otra política exterior que desdecía lo afirmado por Hurlbut (quien murió en Peru a principios de 1882). Chile y EE.UU. firmaron el protocolo de Viña del Mar el 11 de Febrero de 1882 (Trescot-Balmaceda) que afirmaba la neutralidad norteamericana en el conflicto.

1882: Expedición Del Canto[editar]

El puente colgante de La Oroya, en una foto de 1881, permitía el cruce del río Mantaro para llegar desde la costa (Lima) a Tarma. Las tropas chilenas lograron impedir su destrucción en enero de 1882[2] :270 lo que permitió a la división chilena ingresar a Junín. Fue defendido por los chilenos en el Segundo Combate de La Oroya para permitir el regreso de las tropas chilenas a Lima en 1882. En julio de 1882 estaba cortado completamente[3] :248 como lo encontró Del Canto en mayo de 1883 durante la expedición de Arriagada.[2] :442 El Mantaro tenía solo cinco puentes: en Oroya, Jauja, Concepción, Mejorada (Huancayo) y Chupaca.[15]

Desde la retirada de Letelier en 1881, la sierra era controlada por Cáceres que tenía su cuartel general en Chosica, a las puertas de Lima.

En un nuevo intento de eliminar las guerrillas de Cáceres, el gobierno de ocupación planificó un movimiento de tenazas y persecución contra las guerrillas, aunque también con la intención de ganarse "el corazón y la mente" de los habitantes de la sierra con un trato justo que los liberaría de las arbitrariedades de las montoneras. Las tropas cobrarían solo la contribución prevista y justa pero serían implacables en la persecución de delitos.

El 1 de enero de 1882 salieron de Lima 3,000 hombres al mando de Lynch por el camino a Canta desde donde debían caer sobre la retaguardia de Cáceres en Chosica. Unos dias más tarde salió la división Gana con 1,500 hombres directamente a Chosica adonde llegó el 8 de enero. Ambas divisiones debían llegar simultáneamente y sorprender las montoneras, pero la división Lynch no llegó sino hasta el 14 de enero cuando Cáceres había retirado sus huestes a Tarma evitando ser rodeado.

Los chilenos comenzaron la travesía de la cordillera el 19 de enero, con 2,300 hombres al mando de Gana (Lynch volvió a Lima) por Casapalca, Morococha y llegaron a La Oroya el 23 de enero oportunamente antes que un piquete cacerista cortara el puente.[2] :270 El 25 de enero los chilenos ocuparon Tarma sin resistencia, pero las fuerzas peruanas había enfilado ya a Jauja con destino a Ayacucho. Cuando una partida de reconocimiento chilena descubrió que no estaban demasiado lejos, Gana ordenó su persecución y el 1. de febrero ocupó Jauja y transfirió el mando y las órdenes recibidas a Del Canto. Del Canto dividió sus fuerzas en dos contingentes y, río de por medio (Robles al poniente del río), las persiguieron. Robles logró cruzar una parte de su contingente a la orilla oriente. Del Canto logró alcanzarlas el 5 de febrero en el Primer Combate de Pucará, poco después llegó la parte de Robles, ambos derrotaron a las fuerzas de Cáceres pero no pudieron acabar con el, que siguió a Ayacucho.

El 18 de febrero una tempestad en Julcamarca diezma las tropas de Cáceres quedando solo con 368 soldados, luego de perder un número similar de combatientes que “rodaron al abismo”. El 22 de febrero, en el combate de Acuchimay, Cáceres, que ahora reconocía a García Calderón, vence a las fuerzas rebeldes piérolistas del coronel Arnaldo Panizo, que contaba con 1.500 hombres, engrosando su ejército con los restos de tropas de Panizo. Luego de este suceso Cáceres ingresa a Ayacucho.

Entretanto los chilenos habían ocupado desde Cerro de Pasco al sur y habían iniciado el cobro de contribuciones de guerra. El 2 de marzo ocurrió el emboscada de Sierralumi entre Comas y La Concepción, el 5 y 6 de abril la guarnición chilena de Ñahuimpuquio fue atacada por 3,000 indigenas guiados por un cura.[3] :263 El 10 de abril ocurrió el combate de Llocllapampa. Para intimidar a los campesinos partió el 19 de abril de Cerro de Pasco al sur un destacamento de 1,200 hombres que durante 10 días requisaron azúcar, licor, arroz, manteca, vacunos y ovejas a los habitantes de la región. El 22 de abril fue el enfrentamiento en Huaripampa. Gonzalo Bulnes critica: Cuán errados estaban los que se habían halagado con que la ocupación de la Sierra restablecería el trabajo i la paz!. Paulatinamente las enfermedades, la mala alimentación, el asedio y las deserciones fueron mermando a las fuerzas expedicionarias que debían ser sostenidas por los habitantes.

Contraofensiva cacerista de julio y retirada de la división Del Canto a Lima[editar]

Tras la advertencia de Del Canto de que sin abastecimientos desde Lima la rebelión continuaría creciendo, le fue permitido trasladar el cuartel general desde Huancayo a Tarma, La Concepción y Jauja, además de enviar una parte de la tropa a Lima.

Cáceres, que logró enterarse de las órdenes, organizó el alzamiento general de la sierra, dejó Ayacucho y estableció su cuartel general en Izcuchaca el 1 de junio, donde planeó atacar a la expedición chilena al mismo tiempo desde Huancayo a La Oroya. Organiza tres columnas: a destruir el puente colgante de La Oroya envía al coronel Máximo Tafur, a Concepción envía al coronel Juan Gastó y a la columna a Huancayo quedó bajo su mando.

La columna de Tafur debería pasar por Chongos y Chupaca y atacar la guarnición chilena de La Oroya el 2 de julio. El general Cáceres atacaría la posición chilena de Marcavalle y Pucará el 9 de julio. La orden del coronel Gastó eran avanzar por las alturas de los cerros del valle hasta Comas donde se reuniría con los guerrilleros de Ambrosio Salazar para atacar al destacamento chileno de La Concepción también el 9 de julio.

El 3 de junio fue asaltada una compañía chilena en Marcavalle, asalto que fue repetido el 28 de junio.

El 9 de julio ocurrió el combate de La Concepción, donde la 4.ª compañía del batallón Chacabuco al mando del Capitán Ignacio Carrera Pinto fue completamente eliminada por las fuerzas peruanas comandadas por el coronel Juan Gastó y las guerrillas al mando de Ambrosio Salazar. El mismo 9 de julio, la columna de Cáceres atacó a la 4.ª compañía del batallón Santiago en Marcavalle y Pucará. El 10 de julio Máximo Tafur atacó a las fuerzas chilenas al mando del Teniente Francisco Meyer en el puente de La Oroya, pero la guarnición chilena mantuvo el control del puente.

Tras la derrota en La Concepción, la división del Canto dejó Huancayo y se apostó en Tarma, esperando poder retirarse a Lima. El 9 de julio, la columna de Cáceres atacó a la 4.ª compañía del batallón Santiago en Marcavalle y Pucará. Del Canto despachó el 14 de julio a una compañía del Lautaro al mando del Subteniente Arturo Benavides Santos con 80 soldados al caserío de Tarmatambo. Cáceres continuó su marcha hacia Huancayo y luego a Jauja.

Pero también en el norte del Perú se asediaba a las fuerzas de ocupación. El 13 de julio de 1882, al oeste de Cajamarca, se enfrentaron en la batalla de San Pablo la guarnición chilena de 375 soldados y las fuerzas peruanas al mando del coronel Lorenzo Iglesias (hermano de Miguel Iglesias). Las fuerzas chilenas se retiran del lugar en dirección a Trujillo y regresan con refuerzos ante lo cual las montoneras abandonan la zona de Cajamarca.

El 15 de julio, los 80 soldados de la guarnición chilena en el caserío de Tarmatambo (pocos kilómetros al sur de Tarma) son atacados por las fuerzas dirigidas por el Coronel Juan Gastó y Máximo Tafur en el combate de Tarmatambo. Al día siguiente, el 16 de julio, las fuerzas de Cáceres se enfrentan con una compañía del batallón 2° de Línea en el combate de San Juan Cruz. Cáceres decide no atacar el pueblo, sino apostar la segunda división y los guerrilleros de San Jerónimo en las alturas cercanas a Tarma.

Con un considerable número de enfermos y heridos Del Canto se retiró de Tarma protegido por la neblina en dirección a La Oroya donde llega el 17 de julio. El 18 de julio las fuerzas chilenas abandonan el valle del Mantaro con dirección a Chicla en la sierra de Lima. Cáceres intentó perseguir a las fuerzas chilenas, pero al enterarse de que Tafur no había destruido el puente de la Oroya, retornó a Tarma. El 18 de julio Cáceres estableció en Tarma su nuevo cuartel de operaciones. El 27 de julio fue atacado un pelotón chileno en Tambo de Mora, dos días después una compañía en Chincha[2] :309

Al llegar del Canto a Chicla, asumió el mando de las fuerzas expedicionarias el coronel Martiniano Urriola y conforme a órdenes impartidas por Lynch organiza la retirada por la quebrada de Chicla siendo hostilizado por montoneros que coronaban las pendientes los que arrojando galgas y realizando disparos de armas de fuego ocasionan a la columna chilena 27 bajas, la mayoría de ellos heridos sin que fuera posible para los chilenos responder el ataque por encontrarse sus enemigos en alturas inaccesibles,[16] tras estos incidentes las tropas chilenas arriban a Lima los primeros días de agosto de 1882.

En Cajamarca el 17 de noviembre de 1882 se enfrentaron las fuerzas caceristas de José M. Puga con las fuerzas al mando de Lorenzo Iglesias, pero luego de un par de horas de lucha los caceristas se retiraron nuevamente a Pauca.[17]

Grito de Montán[editar]

En vista de los desastres causados por la guerra, el 31 de agosto de 1882, Miguel Iglesias, que había sido ministro de guerra de Piérola, emite[18] el Grito de Montán, manifestando la necesidad de acordar la paz aún con cesión territorial ya que los triunfos peruanos eran inútiles ante las fuerzas chilenas y además los recursos de Tarapacá habían causado la guerra:

Quise ganar algún tiempo retirándome a la provincia de Chota, pero desgraciadamente el pueblo inexperto, exaltado por el ultraje que de una pequeña porción del enemigo recibía, exigió combatir y se ensangrentaron las alturas de San Pablo. ¡Cuán caro se ha pagado el estéril triunfo de un instante! Los pocos abnegados voluntarios que me acompañan, no son, ni con mucho, bastantes para oponer seria resistencia a las formidables fuerzas invasoras que asolan en estos momentos, ansiosas de venganza y exterminio, el noble departamento de Cajamarca; conducirlos a un sacrificio estéril provocando mayores iras de parte de un enemigo que las descarga sobre vecindarios indefensos, sería imperdonable.

Manifiesto de Montán. Miguel Iglesias a sus conciudadanos[2]

Retrospectiva[editar]

En el parte que el coronel del Canto elevó al jefe de ocupación Patricio Lynch a su llegada a la capital manifestó que sus bajas mortales ascendieron a 154 que murieron en combate, más 277 por enfermedades (principalmente el tifus) y 103 que desertaron, un total de 534 hombres. De igual manera venían con la expedición 480 enfermos, 72 de los cuales lo hacían en camillas por su gravedad. Del Canto justificó el retorno de la expedición porque 1) el abastecimiento debía llegar desde Lima, a 80 leguas (480 km), cruzando dos cordilleras nevadas, 2) en el camino eran acosados y a veces capturados por el enemigo 3) el tifus, la viruela y las inclemencias del tiempo les mantenían de 400 a 500 enfermos 4) las bajas sufridas[2] :306

Sobre los resultados de la Campaña del Centro entre febrero y julio de 1882, dice el historiador chileno Gonzalo Bulnes:

La campaña de Canto fue un desastre, emprendida en el concepto de ganarse la simpatía de la sierra y de privar de nuevos soldados al ejército de Cáceres, lo que se consiguio fue estimular un levantamiento de odios implacables y dar a Cáceres un poderoso concurso de hombres.(pág. 306)

...

En vez de un asomo de esa paz deseada por el vencedor, lo que se veia era la guerra a muerte; el montonero sacrificado sin piedad; las poblaciones incendiadas; el chileno herido, descuartizado por manos inhumanas! (pág. 311)
Guerra del Pacífico. vol. 3: Ocupación del Perú - La Paz G. Bulnes

En Lima se vivieron los éxitos de Cáceres con una soterrada efervescencia patriótica,[3] :233 y el gobierno de ocupación aumentó los cupos a pagar en Lima y fueron más los desterrados a Chile.

La historiografía peruana sostiene que la campaña de 1882 fue una victoria para la resistencia pues no solo se logró librar una efectiva guerra de guerrillas sino que también se sostuvieron victoriosos combates y el departamento de Junín quedó libre de los invasores.

1883: Batalla de Huamachuco y ocupación de Arequipa[editar]

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La iglesia católica peruana se sumó plenamente a la lucha contra la ocupación chilena[2] :276, sus más conocidos miembros fueron el obispo de Cuzco Pedro José Tordoya (izq.) quien desde Lima abasteció con dinero y armas a los combatientes peruanos de la resistencia y el obispo de Huanuco Manuel Teodoro del Valle, consejero de Cáceres. Según G. Bulnes, antes del combate de Ñahuelpuquio, un cura prometió a los indígenas que si caían luchando el viernes santo, tendrían la salvación eterna.[2] :277[3] :194-

Tras los acuerdos preliminares de Ancón con Miguel Iglesias, que en enero de 1883 fue proclamado "Presidente Regenerador de la República", el gobierno chileno ordena a Lynch desbaratar la montoneras.[2] :434 Por su parte, el 5 de junio el congreso de Arequipa había confirmado a Calderón como presidente, a Montero y Cáceres com 1. y 2. vicepresidentes y acusaba a Iglesias de traición.

Tras la desastrosa campaña chilena de 1882, la sierra central estaba en manos de las montoneras que el 3 de marzo derrotaron en Canta a las fuerzas de Manuel de la Encarnación Vento y Tadeo Simón Antay, partidarios de Iglesias. Un destacamento de 250 hombres bajo las órdenes de Recavarren fue enviado a Huaraz para que organizara nuevas tropas y que luego marchara al norte a deponer el gobierno de Iglesias en Cajamarca mientras Cáceres intentaba sorprender a la guarnición chilena en la costa de Chancay, que fue retirada oportunamente por mar en la Corbeta Chacabuco. El 20 de marzo Lynch envió desde Lima a Arriagada con 1,100 hombres ante los cuales las montoneras se retiran a Canta.[2] :431

Antes de ordenar una nueva ofensiva contra el ejército de Cáceres, que necesitaría el abastecimiento desde Lima, Lynch ordenó la protección de la vía férrea a Chicla, la reparación del puente de Purhuay y la línea telegráfica que los montoneros de Chosica habían destruido lo que demoraba el tránsito y abastecimiento de las tropas chilenas hacia las zonas ocupadas por la resistencia peruana. Con tal misión partió de Lima el mayor Julio Quintavalla quien arribó a Chosica el 14 de abril. En los días siguientes la fuerza chilena fue constantemente hostilizada por las montoneras peruanas. El 20 de abril tuvo lugar el Segundo Combate de Purhuay, a dos millas y media del puente del mismo nombre.

El plan de Lynch era perseguir y encerrar a las montoneras en la sierra central o empujarlas por el callejón de Huaylas hacia el norte donde una división chilena les cortaría el paso. En caso de lograr burlar la persecución y escabullirse al sur, enfrentarían un destacamento chileno en Cerro de Pasco.[2] :434-5 Lo primero lo haría Arriagada, en el norte estaría Gorostiaga y en Cerro de Pasco esperaría Urriola.

Politicamente, la expedición tendría además la misión de dar a conocer, explicar y exigir apoyo para el gobierno peruano de Iglesias. Acompañaban la expedición el coronel Vento y el coronel Luis Milton Duarte, que había sido nombrado por Iglesias Jefe del Centro.[2] :441 Aunque se ordenó tratar correctamente a la población civil y pagar por los productos recibidos, se ordenaba también el ajusticiamiento de irregulares tomados prisioneros con armas en la mano y oficiales liberados que hubiesen incumplido su promesa de no lenvantarse en armas contra el gobierno de ocupación.

Expedición Arriagada[editar]

El 7 de abril Juan León García salió de Lima con 2,000 hombres con la orden de encerrar a los caceristas en Canta, pero no realizó el despliege con la velocidad debida, permitiendo a las fuerzas de Cáceres salir de Canta y llegar a Tarma. Del Canto fue enviado de Lima el 25 de abril con 1,200 hombres para despejar Lurín de guerrillas. Tras escaramuzas en Balconcillo, Sisiscaya (por Lurín) las dos columnas confluyeron en Chicla el día de la firma del convenio de Chorrillos, el 3 de mayo. Allí García recibió órdenes de Lynch de copar los rebeldes en Tarma, llevando las fuerzas de Del Canto que estimase necesarias. Posteriormente Del Canto marchó hacia también a Tarma vía La Oroya, cuyo puente estaba cortado, por lo que los 700 soldados debieron vadearlo con sus fusiles y ropa sobre la cabeza, en invierno a 3,000 m de altura.[2] :443 Los chilenos tenían ya en Chicla 140 enfermos de tifus. El 21 de mayo llegó León García y el 26 de mayo llegó Del Canto a Tarma. Pero las fuerzas caceristas ya se habían escapado al norte el 16 de mayo.

Las fuerzas chilenas siguieron la huella de los caceristas hacia el norte pasando por Palcamayo, Junin, Carhnaniayo, San Rafael, Salapampa, Chavinillo y Aguamiro (12 de junio)[2] :452, donde el mando chileno pasó a Arriagada por desavenencias entre Del Canto y León García. No hubieron enfrentamientos durante la persecución.

Para el cruce de la cordillera desde Aguamiro a Huaraz (30 leguas[n 4] 180 km) Arriagada dividió sus fuerzas en dos, que demoraron tres jornadas en llegar a Recuay el 17 de junio, a sólo 5 leguas (30 km) de Huaraz, adonde Cáceres había llegado el 15 de junio.

En Huaraz, Cáceres envió la orden a Recavarren de unírsele en Yungay, y esparce el rumor de que dará batalla a los chilenos en Yungay, pero cuando el 20 de junio se le únen las fuerzas de Recavarren en Yungay, Cáceres decide rodear la posición de Gorostiaga marchando hacia el oriente y cruzar la cordillera por la Laguna de Llanganuco. Así llega a Pomabamba el 26 de junio y envía falsas noticias a Yungay, que anunciaban su repliege de fuerzas por la sierra sur, detrás de la Cordillera Blanca.

Arriagada llegó a Yungay el 23 de junio, sin encontrar a Cáceres ni a sus fuerzas. Sin información filedigna a disposición, la división chilena marchó de vuelta hacia el sur, creyendo, equivocadamente, perseguir a Cáceres. En Cerro de Pasco se reunió con las tropas de Urriola, enviadas por Lynch el 12 de julio. Finalmente Arriagada y Urriola no encuentran a Cáceres, y llegan de regreso a Lima el 5 de agosto. La división de Arriagada había salido de Lima con 3,334 soldados y tuvo en total 732 bajas, entre enfermos, desaparecidos y muertos, sin haber disparado un solo tiro.[2] :462

Huamachuco[editar]

Camino en las laderas de un valle cerca de Tarma, en el año 2008

El 9 de junio Gorostiaga salió de Huamachuco, por órdenes de Lynch, con destino a Caraz, para impedir la huída de Cáceres hacia el norte perseguido por Arriagada. Los chilenos no sabían si Recavarren estaba en Huaraz o en Huaylas, ni sabían cuantos hombres tenía a su disposición: 800 según Lynch, pero Gorostiaga suponía unos 1,600. En la guarnición chilena de Trujillo quedó el comandante Gonzáles con 600 hombres, que se unirían a Gorostiaga apenas las tropas peruanas de Iglesias pudieran hacerse cargo de esa plaza.

Cuando Recavarren recibió la orden de reunirse con Cáceres en Yungay, procedió en su marcha desde Huaylas a Yungay, a destruir los caminos y puentes de Corongo a Yungay[2] :463 para impedir que Gorostiaga le persiguiera. En el momento en que Recavarren y Cáceres se unen en Yungay, Gorostiaga y sus 1,000 hombres se encontraban en Sihuas desde el 25 de junio, impedidos de avanzar al sur. Arriagada estaba en Recuay con sus 3,000 hombres, sin saber las verdaderas intenciones de los montoneros: dar la batalla, escabullirse por Pomabamba hacia Cajamarca o entrar otra vez en la provincia de Junín.[2] :455

El 16 de junio Gorostiaga se reunió en Angasmarcas con Sofanor Parra y 182 reclutas (más 80,000 tiros de munición y botas cargados en 72 mulas (Vergara, 14)), el 17 ocupó Mollepata, para luego ocupar Corongo donde encontró los caminos al sur destruídos. Dado que las intenciones de Cáceres le eran desconocidas, en un consejo de guerra reunido el 25 de junio en Corongo acordó con sus oficiales no continuar la marcha al sur, como se le había ordenado, sino desplazarse a Sihuas, sobre la ruta que debía utilizar Cáceres si quería atacar Cajamarca.[2] :464 Poco después, todavía en Corongo, Gorostiaga fue informado que Cáceres ya estaba en camino al norte por lo que ordenó inmediatamente, el 27 de junio, enfilar a Huamachuco en marchas forzadas, enviando a su vez la misma orden a Gonzáles.[2] :466 Durante el paso al norte fue hostigado por las montoneras[n 5] , pero no demorado, al contrario, su travesía demoró la mitad del tiempo que había tomado la ida a Corongo. Gorostiaga llegó a Huamachuco el 5 de Julio con 1,112 hombres incluídos arrieros, empleados y sanidad, pero sin contar los enfermos que sumaban cerca del 10% de la tropa.

Tras entregar Trujillo al designado por Iglesias, García y García[2] :466, Herminio González había salido de Trujillo con 600 hombres y 80,000 tiros de munición con el fin de unirse a Gorostiaga en Mollepata. Sabiendo que Caceres estaba cerca con un contingente mucho mayor, pasó por Mollepata y Tres Ríos en marcha forzada sin detenerse durante dos días, llegando a Huamachuco el 6 de julio de 1883. A esa fecha las fuerzas chilenas reunidas contaban con 1500 hombres de las tres armas.

Cáceres pasó por Conchucos y llegó a Mollepata y, conocido el avance del pequeño destacamento de González, decide enviar a Recavarren para atacarlo en Tres Ríos (30 km al sur de Huamachuco). De ser perseguido por Arriagada, Cáceres se transformó en perseguidor de González, cuyas tropas no descansan y continúan su marcha dejando atrás a Recavarren. González llego el 7 de junio a Huamachuco, un pueblo de 8,000 habitantes.

Cáceres llegó a Tres Ríos el 7 de julio donde realizó un consejo de guerra que decidió dar batalla las fuerzas chilenas. Fue la única vez que Cáceres comandó una batalla contra tropas chilenas en la campaña. Cuando el 8 de julio las fuerzas de Cáceres llegaron a Huamachuco, sumaban 1.440 hombres armados con fusiles Peabody y Remington, sin bayonetas, con escasez de municiones (30.000 unidades[19] ) y poca caballería. Contaba con 11 cañones de diversas fabricaciones y calibres. El guerrillero Puga con 600 hombres estaba a 5 leguas (30 km) en Cajabamba, pero no concurrió a la batalla.

Al ver a las fuerzas de Cáceres en el cerro Cuyulga, Gorostiaga deja el poblado de Huamachuco y se posiciona en el cerro Sazón al norte del pueblo. Así transcurren el 8 y el 9 de julio, sin mayores movimientos. El 10 de julio se enfrentan ambos ejércitos en la batalla de Huamachuco, en la cual Gorostiaga vence a las tropas de Cáceres. Cáceres perdió 1,000 hombres[3] :26, los chilenos 161 bajas. Entre las bajas peruanas se cuentan montoneros y oficiales ejecutados por quebrar la palabra dada después de Chorrillos y Miraflores.

Padójicamente, Gorostiaga tenía órdenes de combatir a Cáceres solo en conjunción con Arriagada. La derrota de Huamachuco no acabó la guerra pero fue un golpe del que Cáceres no pudo recuperarse, aunque volvió a formar un pequeño ejército.

Arequipa[editar]

Puente colonial de piedra de Izcuchaca, donde ocurrió el combate de Izcuchaca

Derrotado Cáceres y sus montoneros, el gobierno de Iglesias fue afianzado, pero el gobierno chileno debía operar cuidadosamente para hacer reconocer la cesión de Tarapacá con el compromiso da Ancón. Ya en Chile se habían levantado voces contra la permanencia de tropas chilenas en Perú y la firma de un protocolo con un débil gobierno peruano. Vicuña Mackenna llamaba a desocupar los territorios al norte de la línea de Sama (Tacna-Arica).[2] :491- De septiembre de 1882 a junio de 1883 habían muerto 172 soldados en acciones de guerra, 726 de enfermedades naturales y 1,622 habían desertado.[2] :418,489

El 28 de junio González había entregado Trujillo a García y García, posteriormente todo el departamento de La Libertad.[2] :497 El 18 de octubre Chile reconoció oficialmente el gobierno de Iglesias como gobierno del Perú, el 20 de octubre se firmó el Tratado de Ancón, el 23 de octubre Iglesias ocupó Lima y el Callao, desocupada por Lynch el mismo día. Los tribunales y la municipalidad abrieron sus puertas y se comenzó la recaudación de impuestos en el Callao. Para el 1 de marzo de 1884 Iglesias convocó a una asamblea constituyente para ratificar el tratado.

En la sociedad peruana los pierolistas, civilistas y caceristas continuaban oponiéndose a la paz, como también los empleados chilenos en Perú que enfrentaban un incierto futuro laboral de regreso a Chile. Asimismo, el cuerpo diplomático en Lima era escéptico sobre la permanencia de Iglesias en el poder.[2] :507 Montero en Arequipa aún poseía, aparentemente, capacidad militar para desestabilizar a Iglesias.

Durante la campaña de Huamachuco, el presidente de Chile ya preparaba la ocupación de Arequipa, más aún cuando se supo de la derrota de Cáceres.[2] :534 El 14 de septiembre salieron de Tacna con dirección a Moquegua 2,200 hombres al mando de Velazquez, quien quedó a cargo de la operación que ocuparía el último bastión militar de resistencia al tratado de Ancón. Los primeros días de octubre desembarcaron en Pacocha, Ilo, 3,000 hombres al mando de Del Canto, y marchó inmediatamente a Moquegua. Demasiado tarde para participar en los acontecimientos llegaron a Moquegua 1,800 soldados desde Valparaíso al mando de Goostiaga. Por el Norte, Urriola con 1,700 hombres debía ocupar Jauja, Huancayo y Ayacucho para impedir a Montero enfilar a Junín.

Las fuerzas de Montero en Arequipa eran considerables, entre 3,000 y 4,000 hombres armados con rifles modernos, municiones y artillería Krupp. Los sueldos eran pagados parcialmente por Bolivia.[2] :550 Arequipa era fácilmente defendible en Huasacachi y en caso de caer ese baluarte, existía una segunda línea natural de defensa, Puquina. El 23 de octubre antes del amanecer los defensores de la cima de Huasacachi se encontraron flanqueados por los 5,200 chilenos y emprendieron la fuga hacia Puquina. Para impedir que se agregaran a las fuerzas que ya estaban en Puquina, los chilenos las persiguieron y marcharon a Puquina sin descanso para llegar el 24 de octubre allí. También la guarnición de Puquina se dió a la fuga dejando libre el camino a Arequipa. En Arequipa se sublebó el populacho al saberse que ambas líneas de defensa habían sucumbido y que la ciudad sería asaltada por los chilenos. Montero huyó a Bolivia y el cuerpo consular entregó a nombre de la municipalidad la ciudad el 29 de octubre a los jefes chilenos.[2] :553-

Como parte del plan chileno, se le había ordenado a Martiniano Urriola ocupar Ayacucho para encerrar a Montero en caso de que abandonara Arequipa para unirse a Cáceres o su su lugarteniente Justo Pastor Dávila que ocupaba Jauja con 500 hombres. Urriola permaneció hasta mediados de noviembre en Ayacucho, cuando apremiado por la falta de municiones, forraje y abastecimiento salió de Ayacucho sin esperar el permiso de Lynch. En Mayoc debió vadear el río porque el puente estaba cortado y en el Combate de Izcuchaca, el 15 de noviembre, debió abrirse paso por el puente clausurado y defendido por montoneros. Llegó a Lima el 12 de diciembre.[2] :566

El último combate de la guerra fue el Segundo Combate de Pachía ocurrido el 11 de noviembre de 1883 entre las fuerzas del capitán Matías López y las guerrillas de Pacheco Céspedes en la sierra de Tacna.

Cáceres reconoce el Tratado de Ancón[editar]

Durante su huída a Bolivia, Montero nombró a Cáceres como Presidente del Perú. Cáceres veía el Tratado de Ancón en sí mismo como inaceptable, pero temía enfrentar militarmente a los chilenos porque consideraba a Iglesias como el verdadero enemigo. El 6 de junio de 1884, Cáceres envió al Coronel Gutierréz al mando de la guarnición chilena de Tarmo una carta donde reconoce el Tratado de Ancón como hecho consumado:

En tales circunstancias de aniquilamiento i ruina (del Perú), el deber i los intereses permanentes del Perú me han obligado a reconocer el referido Tratado de paz como un hecho consumado, quedándome por la voluntad manifiesta de los pueblos la sagrada tarea de reconstruir el Perú sobre las mas sólidas bases que afianzen su engrandecimicnto i garanticen su porvenir[2] :604[20]

Posteriormente, el 19 de junio de 1884, Cáceres envió una carta a Patricio Lynch donde reitera el reconocimiento:

Cuando a consecuencia de mi reconocimiento oficial de la paz de Octubre como un hecho consumado ...[2] :605

Ocupación del eje Mollendo-Puno[editar]

La ocupación de Mollendo, Moquegua, Puno, Arequipa y la ocupación de las orillas del Titicaca fue una clara señal de presión militar al gobierno boliviano para que el gobierno boliviano aceptara las condiciones de paz chilenas.[2] :559

En diciembre de 1883 Bolivia reconoció el gobierno de Iglesias,[2] :608 y el congreso peruano aprobó el Tratado de Ancón el 8 de marzo de 1884 por 90 votos contra 6.[2] :607 El 4 de abril de 1884 se firmo la tregua entre Chile y Bolivia.[2] :594

El fin de la Campaña de la Breña fue también el fin de la Guerra del Pacífico.

Ver también[editar]

Notas[editar]

  1. Cáceres fue vencido en Huamachuco por una fuerza secundaria, la de Gorostiaga, que solo debía apoyar por el norte a la división de Arriagada, que era la principal.
  2. No se refiere a Carabineros de Chile. Carabineros era un nombre usado por algunas formaciones de caballería, por ejemplo "Carabineros de Chancay".
  3. Los textos chilenos de la época están escritos con la ortografía de Bello, que simplifica la escritura asimilando el lenguaje escrito al hablado.
  4. La unidad de distancia "legua" no tiene una definición única, sino según el país en que se use. En este caso, dado que la fuente de información es el historiador chileno Gonzalo Bulnes, utilizamos 1 legua= 6 kilómetros.
  5. Según Gonzalo Bulnes, en Pallasca

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Gandhi, Kirti. Verrugas Viaduct and its Reconstruction, Peru, South America. Consultado el 7 julio 2015. 
  2. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t u v w x y z aa ab ac ad ae af ag ah ai aj ak al am an ao ap aq ar as Bulnes, 1919
  3. a b c d e f g h i j k l m n ñ Pereyra Plasencia, 2005
  4. David Healy (1 de enero de 2001). James G. Blaine and Latin America. University of Missouri Press. ISBN 978-0-8262-6329-2. 
  5. Kenneth Duane Lehman (1999). Bolivia and the United States: A Limited Partnership. University of Georgia Press. ISBN 978-0-8203-2116-5. 
  6. Andrés Cáceres, citado en Hugo Pereyra Plasencia "Aproximación ..." pag. 147
  7. Andrés Cáceres, citado en Hugo Pereyra Plasencia "Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883" pag. 146-7
  8. Antonia Moreno Leyva, citada en Hugo Pereyra Plasencia "Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883" pág. 46
  9. Luis Milón Duarte, citado en Hugo Pereyra Plasencia "Una aproximación política, social y cultural a la figura de Andrés Cáceres entre 1882 y 1883" pág. 156-7
  10. Luis Guzmán Palomino, citado en [1]
  11. a b Sater, 2007
  12. Combate de San Jerónimo en www.laguerradelpacifico.cl
  13. Pelayo González, Mauricio. «Teniente Coronel Ambrosio Letelier». La Guerra del Pacífico ; Los Héroes Olvidados. Consultado el 13 de julio de 2015. 
  14. William F. Sater (1990). Chile and the United States: Empires in Conflict. University of Georgia Press. ISBN 978-0-8203-1250-7. 
  15. Patricio Greve Moller, Crónica del Chacabuco 6° de Línea pág. 559
  16. Parte del coronel Urriola a P. Lynch fechado el 7 de agosto de 1882, inserto en "Recopilación de partes y documentos de Ahumada Moreno" pág. 217
  17. "El doctor José Mercedes Puga y su participación en los sucesos del norte" publicado en Lima en 1886,tomado de José M Puga
  18. Ya antes Maximiliano Frías y Julio S. Hernández habían fundado en Huaraz el periódico "Reacción" en que llamaban a acordar la paz. Reynaldo Moya, "Piura y la Guerra con Chile", citado en Maximiliano Frías,
  19. Pongo, Carlos (09/08/07). «Huamachuco : 10 de Julio 1883». Perú. Consultado el 2007. 
  20. Cáceres, Andrés (6 de junio de 1884). «Ultimátum de Cáceres». Voltairenet. Consultado el 14 de julio de 2015.