Tu quoque

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Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem, o de la falacia ad personam (cfr. Perelman) o ataque personal, mediante la cual se procura demostrar que una crítica o una objeción se aplica igualmente a la persona que la realiza, rechazándola sin entrar a analizarla.

Un ejemplo de la falacia es: «Thomas Jefferson decía que la esclavitud estaba mal. Sin embargo, él mismo tenía esclavos. Por lo tanto se deduce que su afirmación es errónea y la esclavitud debe de estar bien.»

Esta falacia se utiliza frecuentemente como una técnica de retórica. Podría considerarse una variante de la falacia ad hominem ya que el objetivo es refutar la afirmación de un individuo desacreditándolo. Con este argumento se busca distraer la atención sobre la cualidad atribuida al sujeto B por el sujeto A, atribuyendo la misma cualidad al sujeto A. Así el sujeto A pierde credibilidad al ser presentado como un hipócrita. El sujeto B busca así demostrar la falsedad de la proposición enunciada por A.

Origen[editar]

Tu quoque es el comienzo de la célebre exclamación de Julio César cuando vio que, entre los conjurados, Bruto, su protegido, también empuñaba el puñal para asesinarlo (15 de marzo del 44 a. C.) La frase completa puede que fuese tu quoque, fili mi! (‘¡tú también, hijo mío!’) o et tu quoque Brute fili mi! (‘¡Bruto, hijo mío, también tú!’), aunque Suetonio piensa que las dijo en griego (Καὶ σὺ τέκνον;). Con este sentido original, la expresión todavía se usa para indicar la ingratitud por los beneficios recibidos respectivamente.

Estructura del argumento[editar]

  1. A critica P.
  2. A es también culpable de P.
  3. Por tanto, la crítica a P es rechazada.

Se trata de una falacia porque la conclusión (rechazo de la crítica a P) no se sigue de las premisas.

Un ejemplo clásico:

Ahí está ése dándonos consejos a los griegos sobre concordia, cuando aún no ha logrado convencerse a sí mismo, a su mujer y a su criada –tres personas tan solo– a ponerse de acuerdo en su vida íntima.

Plutarco

Uso coloquial[editar]

El recurso al tu quoque es de uso muy frecuente, incluso por parte de aquellos que desconocen su existencia. Es fácilmente reconocible porque responde a la estructura «y tú también» o «y tú más» como respuesta a una crítica.

No todo recurso al tu quoque es falaz. Se considera que existe un uso legítimo cuando se utiliza para rechazar el recurso a la autoridad moral. La autoridad moral se basa en ser consecuente con lo que se aconseja, por tanto si se demuestra que quien realiza la afirmación es inconsecuente, sus consejos carecerán de valor. Por ejemplo, si alguien aconseja sacrificios a otros pero no está dispuesto a asumirlos, puede ser fácilmente desacreditado mediante el recurso al tu quoque. Hay muchos refranes, expresiones populares y parábolas morales que hacen alusión a ello: «consejos vendo y para mí no tengo», «ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio», «el que esté libre de pecado...»

Sin embargo, cuando un argumento no se basa en la autoridad moral, el recurso al tu quoque suele ser falaz. Por ejemplo, un caso habitual sería el de un médico que aconseja a su paciente dejar de fumar y dicho paciente le responde que él también fuma, así que, viniendo de él, el consejo no tiene validez. En este caso se trata de una falacia, ya que el criterio médico no se asienta en la autoridad moral, sino en verdades científicas que son independientes de la conducta del médico.

Véase también[editar]

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