Las bacantes

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Las Bacantes o Las Báquides (Βάκχαι) es el título de una tragedia de Eurípides datada en el año 409 a. C. y representada en 405 a. C., tras la muerte de su autor.

Personajes[editar]

Detalle de la pintura de la tapa de un lekanis
de cerámica ática de figuras rojas:
Penteo desgarrado por Ino y Ágave.
Ca. 450 - 425 a. C. Museo del Louvre.

Argumento[editar]

Marco[editar]

El dios Dioniso era hijo de Zeus y una mortal, Sémele, hija a su vez de Cadmo, el rey fundador de Tebas. Tras sus viajes por toda Asia Menor, Dioniso llega cubierto en piel de cabrito a Tebas, ciudad en la que se negaba su condición de dios, acompañado por un coro de adoradoras, formado por bacantes (adoradoras humanas) y ménades (ninfas de las fuentes).

Las hermanas de su madre habían difundido el rumor de que Sémele se había acostado con algún mortal y que Zeus la había fulminado por haberse inventado la historia de que se había acostado con él. Por ello, Dioniso las había hecho enloquecer y ahora practicaban también ritos a Dioniso como bacantes. El rey Penteo, nieto de Cadmo, tampoco le ofrece libaciones. Dioniso llegaba con la intención de demostrar que él es un dios.

Tiresias y Cadmo defienden el culto a Dioniso[editar]

Cadmo y el adivino Tiresias, ambos ancianos, se disponen a participar en los ritos en honor a Dioniso. Penteo llega explicando cómo las mujeres de Tebas han participado en esos ritos y tras beber vino se han entregado a la lujuria, por lo que ha ordenado apresarlas, así como a un extranjero que es el que está difundiendo la creencia de que Dioniso es un dios.

Tiresias le explica cómo el divino Dioniso fue el que trajo el vino a Grecia y que con esa bebida se produce el dulce placer del sueño y el olvido de los males. Asimismo añade que el mito de que nació del muslo de Zeus es en realidad una deformación de la realidad, ya que lo que ocurrió es que Zeus formó un fantasma de Dioniso que ofreció como rehén a Hera y, por la similitud de las palabras rehén y muslo (hómeros y merós), se gestó el mito.

Además, señala que si algunas mujeres se entregan a la lujuria, ello no es culpa de los ritos, sino de su propio carácter.

Cadmo además trata de hacer comprender a su nieto que los que se creen mejores que los dioses sufren castigos divinos.

Dioniso es capturado[editar]

Penteo no atiende a las razones de ambos y apremia a sus sirvientes para que capturen al extranjero que va difundiendo el culto a Dioniso. El extranjero, que resulta ser el propio Dioniso, es capturado, sin que oponga resistencia, y encadenado. Sin embargo, las bacantes se escapan como por arte de magia.

Penteo interroga a Dioniso. Éste le dice que es de la región de Lidia y que fue iniciado en el culto a Dioniso por el mismo dios, pero se niega a decirle qué tipo de ritos son los que practica y qué aspecto tiene Dioniso.

Penteo le dice que será castigado; le cortarán el pelo, le requisará un tirso que lleva consigo y será llevado a prisión.

Ruina del palacio[editar]

Las bacantes se lamentan de que Dioniso esté encerrado y creen que pronto serán capturadas. Sin embargo, son llamadas por Dioniso, que se ha liberado de su encierro y salen del palacio, que está a punto de derrumbarse.

Explica a las bacantes lo que sucedió: él se había burlado de Penteo haciéndole creer una ilusión. En realidad, Penteo encadenó a un toro que había en el establo y el dios permaneció mientras tanto junto a éstos, observando. En ese momento el dios fue el que provocó un terremoto que hizo temblar el palacio hasta dejarlo en ruinas, prendió el fuego al sepulcro de su madre y creó un fantasma que Penteo intentó matar con la equivocada idea de que era el prisionero. Y Penteo feliz mato al fantasma quedando cubierto de gloria.

Prodigios de las bacantes[editar]

Penteo aparece sorprendido por todo lo ocurrido y ve que Dioniso se ha liberado. Llega en ese momento un mensajero que explica a Penteo que tres coros de bacantes, dirigidas por Autónoe, Ágave (la propia madre de Penteo) e Ino, habían sido halladas durmiendo y sin signos de lujuria. Cuando despertaron hicieron brotar una fuente de agua, otra de vino, un río de leche y miel del extremo de sus tirsos. Los boyeros y pastores habían tratado de hacer cumplir las órdenes de Penteo y capturar a las bacantes, pero éstas habían reaccionado y armadas con sus tirsos habían descuartizado vacas y toros, saqueado dos aldeas y herido a los aldeanos, sin haber sufrido ellas el menor daño. A continuación, habían regresado donde habían hecho brotar las fuentes, para lavarse y que unas serpientes les limpiaran las mejillas con su lengua.

Penteo ante las bacantes[editar]

El mensajero insta a su rey a que, en vista de tales prodigios, se apresure a reconocer a Dioniso como dios, pero Penteo no cede y prepara su ejército para matar a las bacantes, sin embargo vacila ante la posibilidad de que las bacantes sigan realizando prodigios y hagan huir al ejército.

Penteo siente ahora curiosidad por ver con sus propios ojos el comportamiento de las bacantes y Dioniso le indica que para poder hacerlo sin peligro deberá ponerse ropas de mujer.

Vestido así, es conducido por Dioniso hasta el monte Citerón donde se hallan las bacantes.

Un mensajero relata la muerte de Penteo: Dioniso había alzado al rey para que éste subiera a las ramas de un abeto para observar a las bacantes. Entonces éstas últimas fueron arengadas por Dioniso para que se vengasen del rey. Las bacantes le arrojaron piedras y arrancaron el abeto de la tierra.

Penteo cayó al suelo y pidió a su madre Ágave que lo reconociese y no lo matase, pero estaba poseída por Dioniso; ella y el resto de las bacantes, mataron y descuartizaron al rey.

El coro de bacantes llega con Ágave a palacio, con la cabeza de Penteo entre las manos. Ágave muestra orgullosa a los tebanos la cabeza de lo que ella cree que es un animal salvaje, la cabeza de un león. Tras escuchar a Cadmo, Ágave entra en razón y comprende el crimen que ha cometido, matando a su hijo, a causa de que ella, como Penteo, no reconocían a Dioniso como dios.

Por último aparece Dioniso y dice que Cadmo será transformado en dragón y su esposa Harmonía en serpiente y tras comandar un ejército y devastar ciudades serán conducidos por Ares a las islas de los Bienaventurados. Ágave y sus hermanas son desterradas.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Eurípides. Tragedias III. Edición de Juan Miguel Labiano. Cátedra. Madrid. 2000. ISBN 84-376-1833-9.

Enlaces externos[editar]

  • Philippe Renault: estructura de Las bacantes, y un fragmento de la obra.
  • Henri Patin (1793 - 1876): Estudios sobre los tragediógrafos griegos, o examen crítico de las obras de Esquilo, de Sófocles y de Eurípides precedido de una historia general de la tragedia griega (Études sur les tragiques grecs, ou Examen critique d'Eschyle, de Sophocle et d'Euripide, précédé d'une histoire générale de la tragédie grecque, 1841 - 1843).
    • IV: El teatro de Eurípides (Théâtre d'Euripide); 20: Las bacantes (Les Bacchantes).