Deísmo

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El deísmo (del gr. «ντεϊσμό»: deísmó) es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de un Dios o más dioses, a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición.

En general, un deísta es aquel que se inclina a aseverar la existencia de un Dios supremo o más, pero no necesariamente practica una religión,[1] y niega la intervención divina en el mundo. No obstante, dentro de religiones como el hinduismo, el budismo y el helenismo pueden existir posturas deístas. En este caso, quienes las siguen simplemente creen que Dios (o los dioses), no intervinieron en el mundo más que para crearlo.

Historia del deísmo[editar]

Las raíces del deísmo están en los filósofos de Grecia, cuyo planteo deísta era no a un solo dios, sino a varios dioses, por estar inmersos en una cultura por milenios politeísta. Se podría fechar a partir del siglo V a. C. en adelante, siendo Sócrates, Platón y Epicuro los más prominentes, y cuya continuidad trascendió con Aristóteles (siglo IV a. C). También entronca con los principios epicúreos encontrados en sus "paradojas". Existen varias obras que tratan el deísmo en esta época, se puede citar Apología de Sócrates (Ἀπολογία Σωκράτους), que es una obra de Platón. Otra de importancia ha sido la versión de Jenofonte, en su también titulado Apología de Sócrates. Ambas escritas por sus discípulos, abordan el juicio que le hizo Atenas a Sócrates por inventar nuevos dioses y despreciar los establecidos. En las mismas, se transcribe la defensa puramente deista de Sócrates, y las interpretaciones deístas de sus autores.

Contrariamente a Demócrito, padre del atomismo, quien enumeró sus principios en el siglo V a. C.(y vigentes hasta mediados del siglo XX), quien sostenía que el pensamiento y la sensación son atributos de la materia reunida en un modo suficientemente fino y complejo, y no de ningún espíritu infundido por los dioses de la materia (en otras palabras, reconoce a los dioses, pero niega su influencia en la sensación y el pensamiento de las personas). Por su parte, el filósofo y médico Hipócrates, considerado padre de la medicina (y discípulo de Demócrito), negaba que los dioses tengan intervención en la enfermedad de un individuo.

Tras la caída de Grecia en manos de Roma, y antes del comienzo de la Edad Media (s. IV d. C.), la práctica de la filosofía quedó permitida solamente al clero cristiano. Oculta por varios siglos a la sociedad, no es hasta la época de la Ilustración, a fines del siglo XVII, que el movimiento deísta llega a su apogeo a partir de los escritos de autores ingleses y franceses, como Thomas Hobbes, Jean Jacques Rousseau y Voltaire.

Durante el período jacobino (1793-1794) de la Revolución Francesa, Robespierre decretó el deísta «culto al Ser Supremo» frente al ateo. Al mismo tiempo influyó en los escritos de los padres fundadores norteamericanos, como John Adams, Ethan Allen, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, James Madison, George Washington y, sobre todo, Thomas Paine. Concretamente los principios deístas tuvieron un efecto en las estructuras políticas y religiosas de EE.UU., como son la separación de la Iglesia y el Estado, y la libertad religiosa. Con el tiempo el deísmo también llevó al desarrollo de grupos religiosos, tales como el Unitarismo que se convirtió más tarde en el Unitarismo universalista.

El deísmo continúa hasta la actualidad en las formas de deísmo clásico y deísmo moderno.

Descripción general[editar]

Uno de los principales postulados de esta posición está basado en la consolidación de que Dios existe y creó el universo físico, pero no interfiere con él (postulado que incluye a la evolución teísta). Este postulado se relaciona y origina con una filosofía y movimiento religioso que deriva la existencia y naturaleza de Dios mediante la razón. Por ello no toma posición sobre lo que hace Dios fuera del universo, en contraste con el fideísmo (a diferencia de la fe) que se encuentra en muchas enseñanzas del cristianismo,[2] islamismo y el judaísmo que sostienen que la religión depende de la revelación de las sagradas escrituras o del testimonio de otras personas sin usar el intelecto racional sino lo que sería una "fe ciega".

Los deístas típicamente también tienden a rechazar los acontecimientos sobrenaturales (milagros, profecías, etc.), las interpretaciones de los libros religiosos. Por ello, a menudo utilizan la analogía de las divinidades como reloj, o la idea de un Dios cósmico. Lo que para las religiones organizadas son revelaciones divinas y libros sagrados, la mayoría de deístas entiende como interpretaciones deducidas por otros seres humanos, más que como fuentes autorizadas, pero podrían aceptarlas como inspiración espiritual, recibidas en una búsqueda personal. Los deístas aseguran que el mayor don divino a la humanidad no es la religión, sino «la capacidad de razonar».

Los deístas, en general, rechazan la religión organizada y los dioses personales «revelados», argumentando que las divinidades no intervienen de forma alguna en los quehaceres del mundo. Para ellos, se revelan a sí mismos indirectamente a través de las leyes de la naturaleza descritas por las ciencias naturales.

Para afirmar el uso de la razón en la religión, el deísmo permite utilizar en mayor o menor medida el argumento científico, el argumento teológico y otros aspectos de la llamada «religión natural».

Las corrientes filosóficas deístas tienen una concepción cosmológica de un Dios o mas, este creó el Universo que es una manifestación de sí mismo. El Universo sería el gran reloj cuyo funcionamiento se ajusta a unas leyes establecidas, donde determinados acontecimientos se desarrollan en función a su propia naturaleza, pero no pueden ser alterados por sus creadores.

Posturas[editar]

Los deístas aceptan la existencia de Dios, pero se encuentran fuertemente insatisfechos o no concuerdan con todos los postulados de las religiones y cuestionan constantemente sus principales afirmaciones. Por ello se considera que el deísta:

  1. Asegura la existencia de Dios, pero no acepta los credos de ninguna religión particular.
  2. Considera que Dios creó el universo y las leyes de la naturaleza, pero no acepta que esté representado total o parcialmente en libros o escritos considerados sagrados.
  3. Usa la razón para reflexionar acerca de cómo puede ser Dios, en lugar de aceptar que lo adoctrinen sobre él.
  4. Prefiere guiar sus opciones éticas a través de su conciencia y reflexión racional, en lugar de adecuarlas a lo dictado en libros sagrados o autoridades religiosas.
  5. Disfruta de la libertad de buscar la espiritualidad por sí mismo, y su vida espiritual no se ha formado por la tradición o la autoridad religiosa.
  6. Prefiere considerarse racional o espiritual antes que religioso.
  7. Considera que hay creencias básicas religiosas que son muy racionales tras eliminar lo que pueda haber de superstición.
  8. Ratifica que la religión y el Estado deben estar separados.

Deístas famosos[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]