Debate sobre el cálculo económico en el socialismo

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El debate sobre el cálculo económico en el socialismo es uno de los subtemas relacionados con el debate teórico sobre el cálculo económico iniciado por Ludwig von Mises, con la posterior colaboración de Friedrich von Hayek. Intentaron la resolución de este problema economistas como Oskar Lange (1904-1965) y Abba Lerner (1905-1982), entre muchos otros. Sin embargo ninguno de ellos ha podido solucionar los problemas iniciales sobre el cálculo económico en un sistema socialista, por lo que los argumentos de Mises aun hoy siguen en pie.

Introducción[editar]

Tal vez el mejor desarrollo del debate a lo largo de la historia se encuentre en la obra "Socialismo, cálculo económico, y función empresarial"[1] de Jesús Huerta de Soto. Se define socialismo a todo sistema de agresión institucional contra el libre ejercicio de la función empresarial, mediante la coacción de un órgano director que se encarga de las tareas de coordinación de los comportamientos desajustados de los seres humanos que participan en el proceso social. Dentro de esta definición de socialismo, cabe concebir a todos aquellos sistemas que difieren en el grado de agresión, pero que de todas formas recurran a la misma, ya sea de forma específica, en un sector social, como global. Por lo tanto, la imposibilidad del cálculo económico se le atribuye a sistemas comunistas, socialistas, intervencionistas, socialismo de mercado, y a todos aquellos sistemas que utilicen la coacción sobre la libertad de ejercer la función empresarial, con el fin de coordinar el comportamiento social desde un órgano director.

Se presenta entonces al cálculo económico como un proceso que sólo puede llevarse a cabo en la medida que exista libertad de ejercer la función empresarial, y propiedad privada de los medios de producción.

Entre muchas definiciones sobre el cálculo económico, se puede encontrar la de Max Weber, si asumimos que el punto de partida más relevante del debate se encuentra en el artículo de Ludwig von Mises publicado en 1920 por Archiv für Sozialwissenschaften und Sozialpolitik. La definición de Weber sería algo como lo siguiente:

“Esto significa actuar de tal manera que ellos [los hombres] asignen los ‘bienes’ y la ‘fuerza de trabajo’ cuantitativamente limitados, de los cuales ellos pueden disponer u obtener, a las ‘necesidades’ particulares del presente y del futuro previsible de acuerdo a la importancia que ellos le atribuyan al presente y al futuro.”[2]

Max Weber

Inicio del debate[editar]

Los orígenes del debate se pueden trazar a una sugerencia de Vilfredo Pareto de que, dado que la determinación del estado de equilibrio económico en un momento o economía determinada se encuentra a través de la solución de un sistema de ecuaciones simultáneas, existe la posibilidad teórica de que una economía socialista o colectivista calcule esta solución y alcance así idéntico resultado que un sistema de mercados.[3] (ver Ley de Walras y tâtonnement walrasiano)

El punto de arranque del debate es un artículo[4] de Ludwig von Mises de 1920, en el que negaba categóricamente la posibilidad de cálculo económico racional en un sistema económico socialista. Específicamente, Von Mises argumentaba que en una economía puramente socialista no se puede fijar el precio de los "bienes de capital" de forma eficiente para cumplir con el propósito del cálculo económico. El argumento principal es que el socialismo busca eliminar el mercado,[5] y, sin mercado, no puede haber una base racional para la asignación de recursos, específicamente, para la creación e intercambio de bienes de capital. Según Von Mises, no habría en ese caso una razón económica para decidir cuales y cuántos bienes de capital se producirían, a quién se asignaríann ni a cambio de qué, es decir, supuestamente no podría haber cálculo económico.[6] Además Von Mises argumentaba que el mecanismo de formación de precios sólo era posible mediante las relaciones de intercambio de bienes producidos sobre la base de de un régimen de libre oferta y demanda, lo cual implica además la propiedad privada del capital . Más tarde el economista rumano Abba Lerner y el polaco Oskar Lange intentaron refutar los argumentos de Mises, aun siendo advertidos de forma previa por él mismo y por Hayek, que era incorrecto plantear el problema desde un punto de vista estático, dado que la función empresarial, la acción humana y la economía son procesos dinámicos, y los seres humanos están permanentemente creando y descubriendo nuevos fines y medios, por lo que entonces cualquier intento de tomar estos procesos como estáticos para explicar el cálculo económico carecería de sentido. Sin embargo, Lange se encaminó en una serie de explicaciones de modelos estáticos que proponían una "aparente solución" al problema del cálculo económico, tomando los medios y fines como dados, es decir, como ya disponibles antes de realizar el proceso de coordinación social desde el órgano director. Es importante remarcar que los argumentos de Lange no fueron refutación alguna de los problemas planteados inicialmente por Mises, y que no deberían haber sido mucho más que cualquiera de otras falsas refutaciones si no fuera por la popularidad que alcanzó esta aparente solución entre las corrientes socialistas, que no alcanzaron a entender verdaderamente los problemas planteados por Mises y Hayek.

Los argumentos de Mises[editar]

Pueden resumirse los argumentos de Mises en dos: desde el punto de vista de la sociedad, y desde el punto de vista del órgano de planificación central.

Desde el punto de vista de la sociedad[editar]

Argumento estático[editar]

La información relevante para la vida social se crea y transmite de forma implícita, descentralizada y dispersa, es decir, no conciente ni deliberada, de modo que los diferentes agentes aprenden a disiplinar su comportamiento en base a los demás, pero sin ser concientes de que forman parte del proceso de aprendizaje: sólo son concientes de que actúan, buscando sus propios fines y de acuerdo a los medios que ellos creen les servirán para alcanzarlos. Por tanto, el conocimiento del que estamos hablando es un conocimiento del que sólo disponen los seres humanos que actúan en sociedad y que, por su propia naturaleza, no puede ser transmitido explícitamente a ningún órgano coactivo de tipo central. Como este conocimiento es imprescindible para poder coordinar socialmente los distintos comportamientos individuales haciendo con ello posible la sociedad, al no poderse transmitir el mismo al órgano director, por su carácter no articulable, es lógicamente absurdo pensar que un sistema socialista pueda funcionar.

Desde el punto de vista de los seres humanos que interactúan entre sí constituyendo la sociedad, es preciso recordar que cada uno de ellos posee con carácter privativo una información práctica y dispersa que en su mayor parte es de naturaleza tácita y por tanto no articulable. Esto hace que sea lógicamente imposible concebir su posible transmisión al órgano director. En efecto, no se trata tan sólo de que el volumen agregado de información práctica sentida y manejada de forma dispersa por todos los seres humanos a nivel individual sea de tal magnitud que no quepa concebir su consciente adquisición por parte del órgano director, sino que, sobre todo, tal volumen se encuentra disperso en la mente de todos los hombres en forma de conocimiento tácito no articulable, por lo que no puede ser expresado de una manera formal ni explícitamente transmitido a ningún centro director.

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Argumento dinámico[editar]

El socialismo es imposible, no sólo porque la información que poseen los actores es por su propia naturaleza explícitamente intransmisible, sino porque, además, y desde un punto de vista dinámico, los seres humanos al ejercer la función empresarial, es decir, al actuar, constantemente crean y descubren nueva información. Y difícilmente se podrá transmitir al órgano director la información o el conocimiento que aún no se ha creado, sino que va surgiendo como resultado del proceso de coordinación social en la medida que no se vea intervenido o agredido institucionalmente.

Es evidente que será imposible que el órgano director se haga con la información necesaria para coordinar mediante mandatos la sociedad, no sólo por ser ésta una información, como hemos visto, de tipo disperso, privativo y no articula- ble, sino porque, además, la misma va continuamente modificándose y surgiendo ex nihilo conforme transcurre el tiempo y se ejerce con libertad la función empresarial. Y difícilmente se puede suponer que sea posible transmitir al órgano director una información que en cada momento le es imprescindible para coordinar la sociedad, pero que ni siquiera ha sido todavía creada por el propio proceso empresarial, ni jamás podrá generarse si tal proceso se ve institucionalmente coaccionado.

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Desde un punto de vista dinámico, es el ser humano el que crea y descubre constantemente medios y fines, ejerciendo la función empresarial como acción humana, mediante la cual se identifican las oportunidades para resolver los desajustes sociales. Siendo el socialismo un sistema donde por definición, se agrede institucionalmente mediante la coacción del Estado el libre ejercicio de la función empresarial que crea la información necesaria para la coordinación de la sociedad, resulta imposible hacerse con información que todavía no se ha creado, y que puede ser descubierta o creada mediante la libertad de ejercicio de la función empresarial y la propiedad privada de los medios de producción.

Se encuentra entonces, en una paradoja irresoluble:

El órgano director se encuentra, por tanto, ante un dilema inerradicable, pues necesita absolutamente la información que va generando el proceso social, información que en ningún caso puede lograr, pues si interviene coactivamente en tal proceso, destruye su capacidad creadora de información, y si no interviene, tampoco obtiene información alguna.

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Desde el punto de vista del órgano de planificación[editar]

Incluso asumiendo que aquellos responsables de la planificación fueran seres humanos absolutamente incorruptibles, honestos y bienintencionados, seguirían siendo seres humanos de carne y huesto, al igual que el resto de los actores, tendrán sus fines personales que actuarán como incentivos que les llevarán a descubrir la información que sea relevante en función de sus intereses particulares. Es decir, el órgano de planificación se encuentra en el mismo problema que el resto de las personas, no es omnisapiente ni omnipresente, por lo que sólo podrá tener una vaga o nula idea en torno a cual es el conocimiento y la información que se encuentra dispersa en la mente de todos los seres humanos. Es decir, el órgano director ni siquiera llegará a darse cuenta del estado de ignorancia inerradicable en el que se encuentra.

Tampoco es posible para el órgano director efectuar el correspondiente cálculo económico:

Con independencia de cuáles sean sus fines (y podemos incluso suponer de nuevo que se trate de los fines más «humanos» y «moralmente elevados»), no podrá saber si los costes en los que incurre a la hora de perseguir dichos fines tienen para el propio órgano director un valor superior al valor que él mismo atribuye subjetivamente a los fines perseguidos. El coste no es sino el valor subjetivo que el actor atribuye a aquello a lo que renuncia al actuar persiguiendo un determinado fin. Es evidente que el órgano director no puede hacerse con el conocimiento o información necesarios para darse cuenta del coste verdadero en el que incurre según sus propias escalas valorativas, pues la información sobre las circunstancias específicas de tiempo y lugar necesaria para estimar los costes se encuentra dispersa en la mente de todos los seres humanos o actores que constituyen el proceso social y que se ven coaccionados por el órgano director (democráticamente elegido o no) encargado de ejercer de forma sistemática la agresión sobre el cuerpo social.

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La falsa solución de Heimann y Polanyi[editar]

Antes del trabajo de Lerner y Lange, de hecho el debate ya había empezado. Durante la década de 1930 hubo numerosos intentos de refutar esta tesis por parte de F. Taylor, H. D. Dickinson, C. Landauer, E. Heimann y otros. Entre estos polemistas destaca Karl Polanyi cuya aversión tanto por la concepción del mercado libre como por el socialismo centralizado le habían llevado a tratar de elaborar una teoría positiva de la economía socialista. Polanyi consideraba que la economía de mercado y el socialismo centralizado eran dos formas de «ilibertad», y durante el transcurso de un seminario impartido en Viena en 1922 sobre guild socialism lanzó un desafío de debate a Von Mises sobre sus puntos de vista. La "solución" de Heimann consiste en una "competencia pacífica" mediante organizaciones empresariales gestionadas con caracter sectorial, pero que responden en definitiva a los mandatos de un órgano de planificación central.

Heimann mantiene que bastaría con que los gestores de los diferentes monopolios sectoriales tuvieran distintos fines, ideales e intereses, para que el resultado de su actividad fuera igual de «competitivo» que el que se produce constantemente en una economía real de mercado. De esta manera cree que no surgirían problemas de cálculo económico y que la mayor parte de las ventajas del sistema competitivo se mantendrían, aun cuando no existiera propiedad privada de los medios de produc- ción y la distribución de la renta fuera igualitaria. Además, Heimann propone la abolición de las rentas, intereses y dividendos, que irían a parar directamente al órgano central de coacción. Finalmente, los gestores de los monopolios sectoriales recibirían la instrucción de fijar sus precios al nivel de los costes incurridos, sin que, en ningún caso, pudieran hacer uso del poder monopolista que les concediese su situación.

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Refutación de las teorías de Heimann y Polanyi[editar]

En primer lugar, Heimann cae en un razonamiento circular al intentar explicar que en su sistema los precios puedan establecerse en función de los costes, dado que éstos en definitiva son también precios.

(...) es absurdo pensar que, tal y como propone Heimann, los precios puedan establecerse en función de los costes. Tal propuesta, de acuerdo con Mises, carece de sentido no sólo porque los costes son subjetivos y tan sólo pueden enjuiciarse empresarialmente y de una manera tácita en el contexto de cada acción concreta (constituyendo, por tanto, una información no transmisible objetivamente al órgano de planificación ni generable directamente por el mismo), sino porque, además, los costes monetarios que se tienen en cuenta en el cálculo económico personal no son sino estimaciones de precios de factores de producción, con lo cual, siempre que se propone recurrir a los costes para fijar los precios, se está cayendo en un ineludible razonamiento circular que deja sin solución el problema del cálculo económico.

[12]

Además, son erroneos los argumentos de Heimann sobre la competencia, el interés y la planificación mediante monopolios sectoriales.

(...) la «competencia» entre los gestores de los monopolios sectoriales sería tan sólo una competencia «entre comillas». Por un lado, no cabe entender cómo podrían llegar a ser conocidos los costes por los gestores de los monopolios sectoriales, no sólo por no permitirse el libre ejercicio de la competencia y la función empresarial dentro de cada sector, sino además porque las cuotas de amortización son uno de los elementos esenciales a la hora de determinar el coste,y su cálculo depende del tipo de interés, cuya fijación a nivel central, por no ser resultado de un proceso competitivo, sería completamente arbitraria. Además, Heimann no comprende que la esencia del funcionamiento del mercado es el ejercicio de la empresarialidad, que es la única que permite descubrir y crear constantemente la información práctica necesaria en cada contexto concreto para llevar a cabo el cálculo económico. Al impedirse el libre ejercicio de la empresarialidad en amplísimas áreas de la vida económica, tal generación de información no es posible en el modelo propuesto por Heimann, con lo cualel problema del cálculo económico queda sin resolver. En efecto, no se entiende cómo los gestores de los distintos monopolios podrían actuar empresarialmente, no sólo porque no se pueden hacer con los correspondientes beneficios empresariales (que al quedar eliminados por definición, no actuarían como incentivo empresarial para descubrir y crear la información necesaria para llevar a cabo el cálculo económico), sino porque además ni siquiera tendrían la posibilidad de fomentar la empresarialidad dentro de sus propios sectores.

[13]

En resumen, las propuestas de Heimann solo tendrían sentido en un irreal mundo estático donde los medios y fines estuvieran dados por definición, y en el que toda la información estuviera disponible con caracter previo. Además, aquellos monopolios sectoriales responderían siempre al órgano coordinador, pero sigue siendo para éste imposible hacerse con la información necesaria para coordinar sus mandatos, y se sigue encontrando en la misma paradoja, según la cual si interviene de manera coactiva impidiendo el ejercicio de la libre función empresarial, no podrá hacerse con la información futura que sólo es generada mediante la función empresarial y la propiedad privada de los medios de producción. En síntesis, Heimann no ha podido resolver el problema de cálculo económico en un sistema socialista.

Tampoco ha podido resolver el problema Polanyi, que optaba por un "socialismo gremial" mediante el cual la propiedad de los medios de producción sería de un órgano central de planificación, mientras que el derecho de disponer de los bienes y servicios de producción y consumo se asignaría a asociaciomes gremiales de producción. Se pueden aplicar las mismas críticas que se le atribuyen a Heimann, dado que en definitiva, las asociaciones gremiales de producción dependerían de un órgano central, y éste no es capaz de hacerse con la información necesaria para coordinar la sociedad mediante mandatos coactivos. Por lo que sigue sin resolverse el problema central de imposibilidad del socialismo.

La falsa solución de Oskar Lange[editar]

La «solución de Lange-Lerner» apareció en un ensayo de Lange[14] y en dos ensayos de Lerner.[15] [16] El trabajo de Lerner y Lange intentaba probar la equivalencia entre planificación y libre mercado en la asignación de recursos, negando así la validez teórica del argumento de Von Mises. [17]

Lange concibe la economía como un conjunto de «trusts sectoriales» dotados de mucha autonomía y en los que los representantes sindicales habrían de tener una gran influencia en su gestión. Los trusts, en todo caso, serían «coordinados» por un banco central que, aparte de controlar y supervisar su funcionamiento, se ocuparía de proporcionarles los necesarios recursos financieros. Cada uno de estos monopolios sectoriales recibiría la orden de llevar una rigurosa contabilidad y de establecer los precios en función de los costes de producción. Como es lógico, toda la propiedad de los medios de producción sería pública y los correspondientes beneficios y dividendos deberían transferirse con carácter forzoso al banco central. Para Lange y Breit es importante separar, tanto como sea posible, las organizaciones económicas de la autoridad política, y con la finalidad de evitar que los correspondientes sectores acaben siendo unos monopolios que exploten al consumidor, habría de establecerse por ley la obligación de que dieran empleo a todo trabajador que deseara colocarse en cualesquiera de ellos.

[18]

La principal contribución de Lange es la de incorporar <precios paramétricos> que reemplazarían a los precios de mercado de una sociedad con propiedad privada de los medios de producción. Estos precios paramétricos vendrían a ser ratios o relaciones abstractas de intercambio. Lange intenta explicar los procesos del mercado desde un punto del tanteo walrasiano, de forma que el órgano coordinador pueda efectuar su tarea.

Refutación de las teorías de Lange[editar]

En efecto, se le pueden atribuir a Lange las mismas críticas hechas a Heimann y Polanyi. Lange esquiva de forma deliberada los planteos de Mises, o demuestra que si los leyó, no los ha entendido.

los precios paramétricos, por sí mismos, no garantizan que sea posible llevar a cabo un cálculo económico «racional», es decir, una función coordinativa del comportamiento de los distintos agentes económicos. Esto sólo será posible si los mencionados precios llegan a incorporar la información o el conocimiento precisos para que la función coordinadora y el cálculo económico puedan llevarse a cabo. El argumento esencial de Mises nada tenía que ver con este concepto «paramétrico» de los precios, sino que se basaba en el concepto de precios de mercado, es decir, aquellos determinados como resultado del libre ejercicio de la función empresarial, y en cuya ausencia no se crea la necesaria información para coordinar el comportamiento de los agentes económicos y hacer racional el cálculo económico de los mismos.

[19]

Para que los precios contengan la información necesaria para coordinar la sociedad mediante un órgano de planificación, debe existir en primer lugar propiedad privada de los medios de producción y libre ejercicio de la función empresarial, dado que los únicos precios que contienen aquella información son los precios de mercado; por lo que en realidad, no se ha solucionado ningún problema. Lange sin embargo afirmaba categóricamente haber resuelto el problema mediante su <solución competitiva>, y se burlaba irónicamente de Mises al decir que sin él no se hubiera impulsado la búsqueda de un sistema socialista que pudiera funcionar.

Lange creía que Mises estaba confundiendo los precios de mercado con los <precios paramétricos>, siendo aquellos, para Lange, solo un conjunto dentro de éstos. En realidad, lo que Mises estaba planteando es un problema de imposibilidad de efectuar un cálculo económico racional de tipo coordinativo en ausencia de precios que incorporasen la información necesaria para ello, y no, como explica Lange, un mero problema de imposibilidad de efectuar cualquier tipo de «cómputos» o «cálculos algebraicos».

Como ha afirmado Hayek, que Lange diga que Mises estaba equivocado porque exige, de forma innecesaria para el cálculo económico, la utilización de unos «precios de mercado» entendidos en su sentido estricto y limitado, cuando cualquier sistema paramétrico de precios permite efectuar cómputos y cálculos, es tan ingenuo, que parece "inexcusable en un pensador que no se encuentre influido por prejuicios de tipo político".

[20]

Lange no sólo no alcanza a entender la profundidad de los argumentos de Mises, sino que basa su sistema de resolución considerando la información como "dada", es decir, la información se conoce con caracter previo a la coordinación, por lo que sigue planteando el problema desde un irreal mundo estático, al igual que sus predecesores. El problema planteado por Mises es cómo hacerse de la información necesaria en un sistema que impide mediante mandatos coactivos el libre ejercicio de la función empresarial y no permite la propiedad privada de los medios de producción, con el fin de coordinar el proceso social desde un órgano director. Si ya desde un comienzo, Lange plantea que toda la información está dada, es decir, ya es conocida por el órgano coordinador, sin ningún tipo de argumentación, se está esquivando el problema originalmente planteado por Mises:

En efecto, para Mises, el problema económico fundamental es el de cómo llegar a hacerse con la información necesaria en ausencia de mercado, precios de mercado y libre ejercicio de la función empresarial. Pero, si se supone ab initio que tal información se encuentra dada, no existe, como es lógico, problema de cálculo económico alguno, puesto que se parte de considerar que el mismo ya ha sido, de entrada, resuelto.

[21]

Lange considera resuelto de entrada el problema, sin esbozar argumento alguno de cómo el órgano director se haría con la información necesaria para organizar la sociedad en base a mandatos coordinadores desde un órgano de planificación central en ausencia de precios de mercado. Desconoce los procesos de creación y descubrimiento de medios y fines, propios de la función empresarial, y se limita a intentar dar con la solución a partir de modelos matemáticos, mientras que tampoco puede explicar como el órgano director se haría de la información teniendo en cuenta que ésta está dispersa y no es articulable, y que se encuentra en los precios de mercado que, el propio sistema socialista, agrede por definición al intervenir o impedir el libre ejercicio de la función empresarial que le da origen a aquellos precios. Como crítica resumida:

En una economía de mercado la información de ninguna manera se encuentra "dada", sino que, por el contrario, es constantemente creada, descubierta y apercibida por miles y miles de agentes económicos que ejercen interactivamente su función empresarial dentro de un contexto de economía de mercado y de derecho de propiedad sobre los factores de producción. Es inadmisible suponer de partida, como hace Lange, que ese proceso de constante creación y descubrimiento de nueva información pueda llegar a ser emulado o replicado en un sistema socialista en el que, por definición, no se permite el libre ejercicio de la función empresarial y en el que los derechos de propiedad de los factores de producción han sido abolidos. Y si en estas circunstancias ni siquiera puede llegar a ser creada y descubierta por los propios agentes dicha información, mucho menos podrá llegar a ser conocida por un hipotético órgano central de planificación. La información no puede considerarse "dada" a nivel central, no sólo por su carácter subjetivo, práctico, disperso y no articulable, sino porque, además, ni siquiera se genera a nivel de los agentes económicos individuales cuando éstos no pueden ejercer libremente su actividad empresarial.

[22]

Von Hayek sugiere en Camino de servidumbre (1944) que en la práctica los planificadores centrales no pueden en ningún caso, tener la información suficiente como para tomar decisiones racionales. No puede haber algo superior al "sistema de precios", que tiene como:

verdadera función comunicar información. Es maravilloso como en un caso de escasez de un bien determinado, sin que nadie tenga que dar una orden, con quizás sólo un puñado de individuos conociendo las causas, decenas de miles de personas cuya identidad no se podría determinar en meses de investigación, empiezan a usar ese material o sus derivados con más cuidado, es decir, se mueven en la dirección correcta

Camino de servidumbre, 1944

La contribución de von Hayek puede considerarse una extensión de la posición de von Mises, y del problema que ocasiona el que los bienes de capital sean considerados bienes intermedios se pasa a la "abolición absoluta" de precios. También hace incapié en puntos que vale la pena considerar; por ejemplo, que "la capacidad de una economía para autoregularse depende de la información disponible a los "participantes" y que "el desequilibrio es el resultado de información que es imperfecta"[23]

Situación actual[editar]

En la actualidad, el debate sigue en pie. Los argumentos inicialmente propuestos pos Mises y luego refinados en detalle por las siguientes generaciones de economistas, todavía no han podido resolverse, y no se ha descubierto un sistema alternativo que pueda solucionar el problema de la imposibilidad del cálculo económico sin libertad de ejercer la función empresarial, sin la propiedad privada de los medios de producción, ni precios de mercado. Aún no se conoce otro sistema que no sea la economía de mercado, que permita transmitir la información necesaria para la coordinación social de forma tan eficiente, así como tampoco se han encontrado soluciones a los argumentos de Von Mises, de cómo el órgano coordinador se haría con la información necesaria (además de que esta información es subjetiva, práctica, dispersa y no articulable) sin precios de mercado ni propiedad privada de los medios de producción, ni tampoco en cómo el órgano director recogería la información futura que se crea en base a la función empresarial, si por definición el propio órgano director es el que impide el proceso de creación de esa información, al impedir el libre ejercicio de la función empresarial.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. http://www.jesushuertadesoto.com/socialismo-calculo-economico-y-funcion-empresarial/
  2. Citado en: "Socialismo de Mercado ¿Preferencias del Gobierno o Preferencias Individuales?" en Revista Académica Polis, Vol.5, Nº16, 2007. de Alejandro Agafonow
  3. Enrique A. Bour: nota sobre Pareto en Eficiencia y Bienestar
  4. Von Mises (1920): "Die Wirtschaftsrechnung im sozialischen Gemeinewsen", recopilado en Collectivist Economic Planing, 1935.
  5. El argumento es debatible. Ver Orígenes y evolución del término y mas abajo
  6. EL argumento es mas sutil que lo que puede parecer a primera vista. Mises no niega que se puedan conocer las necesidades de una población. Por ejemplo, que en una ciudad de un millón de habitantes se necesiten, por ejemplo, anualmente dos millones de pares de zapatos y tres millones de camisas. Lo que niega es que, a partir de eso, se tenga una base económicamente racional para decidir la alocacion de recursos de capital: que tipo, color, estilo, calidad, adecuación a usos específicos, etc, de camisas, zapatos, etc deben ser producidos? Eso no es solo un asunto de consumismo, pero incide directamente en decisiones de inversión de capital: se invertirá -o no- en producción de cueros, algodón, sedas, colorantes, etc, sobre la base de esas decisiones. Pero ¿como podemos tomarlas cuando todos aquellos que producen proclaman la misma finalidad: producción de bienes de consumo “necesarios”? Obviamente, se podría -por lo menos- tratar de producir, por decir algo, tres millones de cada estilo, color, etc, de camisas. Pero eso, aparte de no ser muy realista, implicaría falta de eficiencia. Igualmente se podría decidir que basta con solo un estilo y color, pero eso tampoco seria muy eficiente, al menos en términos de satisfacer la demanda real, por lo menos una ves superada la situacion de carencia de los bienes en cuestion. En otras palabras von Mises argumenta que el problema se deriva cuando consideramos una economia real, cambiante: en esa la demanda (necesidades) se modifica a traves del tiempo. Pero no hay ni puede haber una base racional para anticipar esos cambios de forma tal como para distribuir los recursos de capital. El mercado implica incertidumbre y riesgo, que no se pueden eliminar.
  7. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 96
  8. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 98
  9. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 98
  10. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 103
  11. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 271
  12. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 273
  13. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 271 a 272
  14. Publicado en 1936-37, en Review of Economical Studies; existe traducción española en, O. Lange & F. Taylor, Sobre la teoría económica del socialismo, Barcelona, 1970.
  15. "Economic Theory and Socialist Economics", Review of Economical Studies, 1934
  16. "Statistcis and Dynamics in Socialist Economics", Economic Journal, 1937
  17. Barone: "Il Ministro de la produzione nello Statto colletivista"
  18. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 287-288
  19. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 290
  20. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 292
  21. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 292
  22. Huerta de Soto, "Socialismo, cálculo económico y función empresarial, pág. 296-297
  23. Leijonhufvud, "Effective Demand Failures," pp. 37-41 .- en: Economics as a Coordination Problem: The Contributions of Friedrich A. Hayek .- O'Driscoll, Gerald P., Jr.

Bibliografía y enlaces externos[editar]