Argentina en la Segunda Guerra Mundial

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La historia de Argentina durante la Segunda Guerra Mundial es un período complejo que comenzó en 1939 con el estallido de la guerra en Europa y acabó en 1945 con la rendición de Imperio del Japón. La influencia alemana en Argentina era fuerte, en buena medida debido a la presencia de un gran número de inmigrantes alemanes y la rivalidad tradicional de Argentina con Gran Bretaña, fundamentando la creencia de que el gobierno argentino respaldaba la causa del Eje.[1]​ Debido a los lazos cercanos entre Alemania y Argentina, esta última se mantuvo neutral durante la mayor parte de la contienda, a pesar de las disputas internas y la presión de los Estados Unidos para forzar a Argentina a unirse a los Aliados. Argentina finalmente cedió ante la presión aliada, rompiendo relaciones con las Potencias del Eje el 26 de enero de 1944 y declarando la guerra a Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945.

Primeros años[editar]

Roberto Marcelino Ortiz era el presidente de Argentina al momento del estallido de la guerra, en septiembre de 1939. El país transitaba un periodo de conservadurismo político y crisis económica denominada Década Infame, durante la que la Concordancia estuvo acusada de corrupción y fraude electoral. La Unión Cívica Radical se hallaba dividida entre la FORJA, una línea que apoyaba al depuesto presidente radical Hipólito Yrigoyen, y la dirigencia oficial encabezada por Marcelo Torcuato de Alvear, cercano a la Concordancia. El Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista eran también conservadores. El Partido Comunista, si bien mantuvo inicialmente cercanía hacia los sindicatos, acabó otorgando prioridad a los intereses de la Unión Soviética.[2]

El ejército argentino era altamente germanófilo, influencia que había crecido desde fines del siglo XIX y precedía a ambas guerras mundiales. Esto, sin embargo, no implicó un rechazo hacia la democracia, sino más bien admiración por la historia militar alemana y la tradición prusiana, que, combinadas con un intenso nacionalismo argentino, influyeron en la actitud tomada por el ejército: el mantenimiento de la neutralidad. El apoyo a Adolf Hitler en el seno del ejército era insignificante. Los argumentos en favor de la neutralidad variaron desde la propia tradición militar argentina (el país se había mantenido al margen tanto de la Primera Guerra Mundial como de la Guerra del Pacífico), a la anglofobia, y al rechazo de intentos extranjeros para forzar a Argentina a unirse a una guerra que era percibida como un conflicto entre países extranjeros en el que no estaban en juego intereses argentinos.[3]

La guerra generó un pequeño impulso a la economía argentina en la medida en que la reducción de las importaciones procedentes de Gran Bretaña dio lugar a un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, el cual tuvo algunos antecedentes durante la Gran Depresión. Esta industrialización dio inicio a un proceso de migración interna desde el interior rural hacia los centros urbanos.[4]

Crecen las divisiones[editar]

A medida que la contienda se desarrollaba, se complicaban las reacciones hacia la misma. Los principales partidos políticos, los periódicos y la clase intelectual apoyaban a los Aliados,[cita requerida] pero el vicepresidente Ramón Castillo mantuvo la neutralidad. Ortiz, quién estaba enfermo de diabetes, era incapaz de ejercer como presidente, pero no dimitía. La posición de Argentina vis-à-vis en la guerra generó disputas entre ellos, prevaleciendo la de Castillo. La FORJA respaldaba la neutralidad y la consideraba como una oportunidad para liberarse de lo que percibía como la injerencia británica en la economía argentina. Algunos trotskistas promovieron la lucha contra el nazismo y el fascismo como un primer paso hacia una lucha de clase internacional.

El ejército y algunos sectores nacionalistas abogaban por la industrialización del país y promovían la neutralidad como una forma de oposición al Reino Unido. Si bien se estudió la posibilidad de recuperar las Islas Malvinas, los planes nunca se llevaron a cabo.

Existen varias interpretaciones respecto de los motivos de Castillo para mantener la neutralidad. Un foco de interpretación es la tradición argentina de neutralidad. Otros lo veían como un nacionalista que, por haber nacido en la provincia de Catamarca, no estaba influido por la estructura de poder porteña y podía, con el respaldo del ejército, desafiar la presión para unirse a los Aliados. Una perspectiva similar considera, en cambio, que Castillo nunca estuvo en posición de oponerse a los deseos del ejército, y en caso de declarar la guerra sería derrocado. Una tercera interpretación considera que sólo Estados Unidos buscaban que Argentina declarase la guerra, en tanto que el Reino Unido se beneficiaba con la neutralidad argentina dado que el país suministraba grandes cantidades de ganado. Esta interpretación, sin embargo, no explica las constantes peticiones para declarar guerra por parte de las facciones anglófilas.[5]​ Más probablemente, se trató una combinación de los deseos de la diplomacia británica y del ejército argentino, el cual prevaleció sobre los aliadófilos.[6]​ Uno de los principales dirigentes pro eje fue el Ministro de relaciones exteriores, Enrique Ruiz Guiñazú, quien desde su puesto mantuvo fuertes contactos con el cónsul argentino en Berlín, Jorge Amuchástegui, durante el ascenso de Adolf Hitler, quien a su vez causó controversia por negar e incluso revocar el pasaporte a ciudadanos judeoargentinos.[7][8]

El diputado socialista Enrique Dickmann creó una comisión en el Congreso Nacional para investigar rumores acerca de un intento alemán para tomar la Patagonia y así conquistar el resto del país.[cita requerida] El diputado conservador Videla Dorna declaró que el riesgo real era una invasión comunista, y la FORJA afirmó que una invasión alemana era sólo un riesgo potencial, mientras que el dominio británico de la economía argentina era una realidad.[9]

Una misión diplomática con el británico Freeman Freeman-Thomas arregló tratados comerciales por los cuales Argentina envió miles de cabezas de ganado a Gran Bretaña sin ningún cargo, decoradas con los colores argentinos y con la frase «Buena suerte» escrita encima. Tanto Alvear como el periódico El Pampero y la FORJA criticaron este arreglo, y Arturo Jauretche argumentó que, mientras esto ocurría, provincias argentinas adolecían de desnutrición.[10]

Pearl Harbor[editar]

La situación cambió dramáticamente después del ataque japonés en Pearl Harbor y la subsiguiente entrada de Estados Unidos en la guerra. Washington quería que todos los países latinoamericanos se unieran a los Aliados. La oposición argentina motivó un embargo y bloqueo. Castillo, sin embargo, declaro el estado de emergencia después del ataque.

El buque mercante argentino Uruguay, hundido por el submarino alemán U-37.
El Victoria, dañado por el U-201.[11]

Conspiraciones militares[editar]

El mandato de Castillo debía finalizar en 1944. Inicialmente, se había acordado que Agustín Pedro Justo se postulase por segunda vez, pero tras su inesperado fallecimiento en 1943, Castillo debió buscar otro candidato, decantándose finalmente por Robustiano Patrón Costas.[12]​ El ejército, por su parte, no estaba dispuesto a apoyar el fraude electoral necesario de asegurar la victoria de Costas, ni a continuar las políticas conservadoras ni arriesgar la entrada en la contienda por parte de Costas.[13]​ Algunas débiles declaraciones en favor de Inglaterra y los lazos de Costas con las facciones pro-aliadas sugieren que, de haber llegado a la presidencia, podría haber declarado la guerra.[14]

Relaciones entre Castillo y el Reich[editar]

A mediados de la Segunda Guerra Mundial, Juan C. Goyeneche mantuvo contactos secretos en Berlín con los jerarcas máximos del Tercer Reich. Goyeneche, en una misión en la que actuó en nombre del presidente argentino Ramón Castillo y de grupos nacionalistas de Buenos Aires, logró en Berlín algo impensable en aquellos años para cualquier político latinoamericano de segunda línea: ser recibido por los más altos jerarcas alemanes e incluso obtener una promesa de apoyo al gobierno argentino del propio Adolf Hitler. Goyeneche arribó finalmente a Berlín en octubre de 1942 y fue alojado en el Hotel Adlon, a cuenta del Reich.[15]​ Visitó el Frente Oriental para examinar a los hombres de la División Azul.[16]​ A su vuelta de Rusia, solicitó a Otto Reinebeck, director de la agencia de asuntos latinoamericanos de la Oficina de Asuntos Exteriores alemana, que le organizara sendos encuentros con Adolf Hitler y Joachim von Ribbentrop.[16]

El 30 de noviembre de 1942, mantuvo una reunión con Ribbentrop, con Sandstede como intérprete. Ribbentrop le manifestó el apoyo nazi a un incremento del comercio entre ambos países en caso de una victoria del Eje en la guerra, el apoyo del Tercer Reich a la toma de las Islas Malvinas por parte de Argentina y el apoyo al desarrollo de lazos más fuertes entre España y Argentina. A pesar de esto, Goyeneche encontró desagradable a Ribbentrop. Posteriormente se reuniría con Walter Schellenberg, jefe del Servicio de seguridad Exterior, y con el propio Heinrich Himmler en enero de 1943. No se sabe con certeza si Goyeneche se llegó a reunir directamente con Hitler. El diplomático estadounidense W. Wendell Blancke sostuvo que llegó a ver documentos que describían una reunión entre ambos el 7 de diciembre de 1942.[17]

Revolución del 43[editar]

Un diario que anuncia el principio de la Revolución de 43.

El presidente Castillo fue destituido mediante un golpe de Estado consumado el 4 de junio de ese año, el cual marcó el fin de la Década Infame, asumiendo Rawson como presidente. El nuevo gobierno procedió medidas tanto progresistas como reaccionaria. Estableció precios máximos para productos populares, redujo alquileres, anuló los privilegios de la fábrica Chadopyff e hizo gratuitos a los hospitales.[18]​ Rawson se entrevistó con un delegado de la embajada británica el 5 de junio y prometió romper relaciones con las Potencias del Eje y declararles la guerra en un plazo de 72 hs. Un nuevo golpe tuvo lugar, reemplazando a Rawson con Pedro Pablo Ramírez.[19]​ Así, el mandato de Rawson se convirtió en el más corto para un presidente no interino en la historia argentina.[20]​ Ramírez designó como Ministro de Relaciones Exteriores al contralmirante Segundo Storni, un nacionalista moderado aliadófilo, partidario de la entrada de Argentina en la guerra. El gobierno mantuvo discusiones diplomáticas con Estados Unidos, en las que Argentina solicitó aviones, combustible, buques y tecnología militar. Storni argumentó que, si bien Argentina no declaró la guerra, se mantenía cercana a los Aliados enviándoles alimentos, y que las potencias del Eje no habían tomado acción contra el país que justificase una declaración de guerra. En ese respecto, el 5 de agosto de 1943 le envió una carta personal al Secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, anticipándole que era intención de Argentina romper relaciones con las potencias del Eje, pero también le solicitaba paciencia para ir creando un clima de ruptura en el país, a la vez que algún gesto de los Estados Unidos en materia de suministro de armamentos, que fuera aislando a los «neutralistas».

La naturaleza del golpe fue objeto de confusión durante sus primeros días: la embajada alemana, temiendo un golpe pro aliado, hizo quemar su documentación, mientras que Washington interpretó que se trataba de un golpe pro Eje.[21][22]

El Partido Comunista se alineó con la diplomacia de la Unión Soviética. Como resultado, respaldó la neutralidad y se opuso a la influencia británica en Argentina durante las etapas tempranas de la guerra, en línea con el Tratado de No-Agresión entre Alemania y la Unión Soviética. La Operación Barbarroja y la consecuente entrada soviética en la guerra cambió esa actitud. Los comunistas se mostraron a favor de la guerra y dejaron de apoyar las huelgas laborales contra fábricas británicas en Argentina. Este cambio redujo el apoyo de los trabajadores al Partido Comunista, quienes viraron hacia Perón y al nuevo gobierno.[23]

Perón respondió a los planteos de los comunistas, afirmando:

Lo que buscan las excusas es muy bien sabido. Dicen que somos 'nazis', pero estamos tan lejos del nazismo como de cualquier otra ideología extranjera. Somos argentinos y queremos, ante todo, el bien común para los argentinos. No queremos más fraude ni más mentiras. No queremos que quienes no trabajan vivan de quienes lo hacen.
Juan Domingo Perón[24]

El Secretario de Estado estadounidense Cordell Hull respondió que Argentina era el único país latinoamericano que no había roto relaciones con con el Eje, que el ganado argentino era vendido de manera lucrativa y que la ayuda militar estaba destinada a países ya en guerra, algunos de los cuales afrontaban escasez de combustible.[cita requerida] A raíz del rechazo, Storni dimitió.[25]

Los Estados Unidos aumentaron la presión sobre Argentina. Todas las compañías argentinas sospechosas de tener lazos con el Eje fueron puestas en listas negras y boicoteadas, se limitó el suministro de papel de periódico a diarios pro aliados. Las exportaciones estadounidenses de electrodomésticos, aceite, químicos y maquinaria fueron suspendidas. Las propiedades de cuarenta y cuatro compañías argentinas fueron embargadas y los préstamos cancelados. No obstante, también Roosevelt también vio la situación como una oportunidad para socavar la influencia británica en Argentina y reemplazarla por la estadounidense.[26]Winston Churchill fue crítico de la dura política de Estados Unidos hacia Argentina, señalando que los suministros argentinos eran vitales para Londres y que, por sacar su presencia diplomática del país, podrían forzar a Argentina a buscar protección en el Eje. La diplomacia británica intentó garantizar el suministro de comida argentina mediante la firma de un tratado, mientras que EE. UU. buscó lo opuesto.

La ruptura de las relaciones generó malestar dentro del ejército, y Ramírez consideró desplazar a los influyentes Farrell y Perón del gobierno. Aun así, el GOU descubrió el plan de Ramírez.[cita requerida] La agrupación fue siduelta a fin de evitar que los elementos leales a Ramírez supieran que su plan ya no era secreto, y procedieron a derrocarlo. Edelmiro Julián Farrell asumió la presidencia el 24 de febrero.[27]

Los Estados Unidos negaron reconocimiento a Farrell en tanto mantuviera la neutralidad. Farrell la ratificó el 2 de marzo y EE. UU. rompió relaciones con Argentina dos días después.

En este punto, los Estados Unidos se inclinaban por respaldar militarmente a Brasil para que atacase Argentina en su nombre. El embajador brasileño en Washington apuntó que la Fuerza Aérea Brasileña podría destruir Buenos Aires por completo.[28]

El 26 de enero de 1944, el gobierno argentino rompió las relaciones diplomáticas con Alemania y Japón (Italia estaba en parte ocupada por los aliados): "Declárase el estado de guerra entre la República Argentina y el Imperio del Japón", y recién en el artículo 3 se le declaraba la guerra a Alemania por carácter transitivo: "Declárase igualmente el estado de guerra entre la República Argentina y Alemania, atento al carácter de esta última aliada del Japón". El nuevo gobierno argentino tomó medidas tendientes a mejorar su imagen: cese total del intercambio comercial con los países del Eje, cierre de publicaciones pronazis, intervención de empresas alemanas, arresto de un número importante de espías nazis o sospechosos de serlo.[29]

Fin de la guerra[editar]

El submarino alemán U-977 en Mar del Plata, después de rendirse a la Armada Argentina en agosto de 1945.

La Liberación de París en agosto de 1944 dio nuevas esperanzas a las facciones aliadófilas en Argentina, quienes interpretaron la inminente caída del Tercer Reich como un presagio de la posible caída del gobierno argentino, y llamaron a elecciones. Las manifestaciones a favor de de los Aliados pronto se convirtieron en protestas contra el gobierno, produciéndose incidentes con la policía.[30]

Se rumoreaba que algunos políticos argentinos en Uruguay crearían un gobierno en el exilio, pero el proyecto nunca se materializó. Franklin D. Roosevelt apoyó las afirmaciones de Hull sobre Argentina, emitiendo similares afirmaciones contra el país. También citó a Churchill cuando este afirmó que la historia juzgaría a todas las naciones por su papel en la guerra, tanto beligerantes como neutrales.[31]

Para enero de 1945, la Segunda Guerra Mundial se acercaba a su fin. El Ejército Rojo se había hecho con Varsovia y se acercaba a la frontera alemana, mientras que Berlín se encontraba ya bajo ataque. La victoria aliada era inevitable. Perón, hombre fuerte del gobierno, predijo correctamente que los Aliados dominarían la política internacional por década y que, a pesar de que Argentina resistió con éxito la presión aliaida, mantener la neutralidad hasta el fin de la contienda dejaría aislado al país, si no objeto de ataque militar. Las negociaciones estuvieron se vieron distendidas por la salida de Hull como Secretario de Estado y su reemplazo por Edward Stettinius Jr. Las demandas a Argentina eran: celebración de comicios, declaración de guerra a las Potencias del Eje, erradicar cualquier presencia nazi en el país y cooperar completamente con organizaciones internacionales. Perón manifestó su conformidad: se restringieron las organizaciones alemanas, se prohibieron las manifestaciones en favor del Eje, y se embargaron bienes alemanes. La marina mercante argentina, por su parte, recibió la orden de ignorar el bloqueo alemán.[32]

Estas medidas aliviaron las relaciones con los Estados Unidos. Cuando los Aliados capturaron Frankfurt, Argentina formalizó finalmente las negociaciones. El 27 de marzo, mediante el decreto 6945, Argentina le declaró la guerra al Imperio del Japón y por extensión a Alemania, como aliada de este. La FORJA se distanció del gobierno debido a esto, pero Arturo Jauretche comprendería las razones más tarde. Jauretche razonó que los Estados Unidos eran hostiles hacia Argentina por la negativa de esta a entrar en la guerra, mientras que la neutralidad se fundamentaba en la defensa de intereses argentinos, los cuales ya no estarían en juego con una declaración de guerra en un momento en que el país no participaría de hecho en el conflicto. Jauretche reconocería que el pragmatismo de Perón era mejor para el país que su perspectiva idealista de mantener la neutralidad hasta el final.

Unos cuantos días más tarde, el 10 de abril, el Reino Unido, Francia, los Estados Unidos y los otros países latinoamericanos restauraron relaciones diplomáticas con Argentina. Sin embargo, la hostilidad diplomática se reavivó luego del fallecimiento inesperado de Roosevelt, quién fue sucedido por Harry S. Truman. El embajador Spruille Braden organizaría la oposición al gobierno de Farrell y Perón.

La derrota del Eje en el teatro europeo tuvo lugar un mes más tarde y fue recibida con alegres manifestaciones en Buenos Aires.[33]​Manifestaciones similares tuvieron lugar en agosto, después de la rendición de Japón, llevando la guerra a su definitivo final.[34]​ Farrell levantoó el estado de emergencia declarado por Castillo después del ataque de 1941 en Pearl Harbor.[35]

Argentinos en la Segunda Guerra Mundial[editar]

Durante la Segunda Guerra Mundial, cinco mil argentinos sirvieron en las Fuerzas Armadas británicas, a pesar de que Argentina era oficialmente un país neutral durante la guerra.[36][37]​ Aproximadamente 750 voluntarios argentinos sirvieron con ambos a la Fuerza Real Aérea y la Fuerza de Aire canadiense Real, mayoritariamente en Núm. 164 (argentino) escuadrón, cuyo escudo aburre el sol de la Bandera de Argentina y el motto, "Determinó Volamos (Firmes Volamos)".[38][36]

Maureen Dunlop, nacido en Quilmes, dejó a sus padres anglo-australianos para unirse al Auxiliar de Transporte del Aire (ATA). Grabe encima 800hrs servicio, ferrying Spitfires, Mosquitos P-51 Mustangs, Tifones, y los tipos bombarderos que incluyen el Wellington y Lancaster al frontline estaciones de RAF. Después de que el ser fotografió salir su Fairey Barracuda, presente en la cubierta de Correo de Cuadro encima septiembre 16, 1942 y devenía un wartime alfiler-arriba. Dunlop Regresó a Argentina después de la guerra, y trabajo continuado como comercial piloto quién también voló para y entrenó pilotos de la Fuerza Aérea Argentina. Ella más tarde levantado puro-sangre caballos árabes con su marido en su stud granja, "Milla Lauquen Stud".[39][40][41]

Casi 500 argentinos sirvieron en la Marina Real británica alrededor del mundo, del norte del Océano Atlántico al sur del Pacífico.[42]​ Muchos eran parte de las fuerzas especiales, como John Godwin.

Muchos miembros de la comunidad anglo-argentina también fueron voluntarios en no-funciones de combate, o proveían dinero y suministros para las tropas británicas. En abril de 2005, un especial remembrance el servicio estuvo aguantado en la iglesia de RAF de St Clement Danes en Londres.[37]

El 9 de mayo de 2015, los restos del capitán de grupo de voluntarios argentinos Kenneth Langley Charney DFC & Barra, fueron repatriados y enterrados en el Cementerio Británico, en Buenos Aires. Charney nació en Quilmes, Argentina, en 1920, y murió en Andorra en 1982.[43]

Presencia nazi[editar]

Antes de la guerra, Argentina albergaba una fuerte y bien organizada red de espionaje controlada por la embajada alemana. Entre 1945 y 1946, siendo ya Perón presidente, el gobierno permitió la entrada de dirigentes y criminales de guerra que huían de Europa después del derrumbamiento del Eje. El número de fugitivos nazis que huyeron a Argentina superó los 300. En mayo de 1960, Adolf Eichmann fue secuestrado en Argentina por la agencia de seguridad israelí Mossad, llevado a juicio y ejecutado en Israel, en 1962.[44]

Galería[editar]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Referencias[editar]

  1. Latinoamérica Durante Segunda Guerra mundial.
  2. Galasso, 2006, p. 117.
  3. Galasso, 2006, p. 118.
  4. Galasso, 2006, pp. 118-119.
  5. Galasso, 2006, p. 135.
  6. Galasso, 2006, p. 137.
  7. Generales y embajadores. (Ediciones B-Vergara)I.S.B.N : 9501523691 pag 283.
  8. «Los Vaivenes de la Política Argentina en los años del nazismo». www.delacole.com. Consultado el 15 de noviembre de 2017. 
  9. Galasso, 2006, pp. 133-134.
  10. Galasso, 2006, p. 134.
  11. Victoria — Historia y Arqueología Marítima
  12. Mendelevich, 2010, p. 142.
  13. Galasso, 2006, pp. 153-154.
  14. Galasso, 2006, pp. 151-152.
  15. Uki, 2003, p. 7.
  16. a b Goñi, 2003, p. 7.
  17. «Esquela». ABC (Madrid): 91. 14 de noviembre de 1982. 
  18. Galasso, 2006, pp. 162-166.
  19. Galasso, 2006, pp. 159-161.
  20. Mendelevich, 2010, pp. 144-145.
  21. Galasso, 2006, pp. 155-158.
  22. Mendelevich, 2010, pp. 146.
  23. Galasso, 2006, pp. 167-169.
  24. Galasso, 2006, p. 174.
  25. Galasso, 2006, pp. 178.
  26. Galasso, 2006, pp. 193-194.
  27. Galasso, 2006, pp. 196-197.
  28. Galasso, 2006, pp. 215-216.
  29. Rogelio García Lupo, La Revolución de los generales, Buenos Aires, Editorial Jamaica, 1963.
  30. Galasso, 2006, pp. 230-231.
  31. Galasso, 2006, pp. 237-238.
  32. Galasso, 2006, pp. 247-248.
  33. Galasso, 2006, p. 252.
  34. Galasso, 2006, p. 274.
  35. Mendelevich, 2010, p. 152.
  36. a b PR Newswire. 6 abril 2005.
  37. a b "Cómo Argentines ayudó británico gana guerra".
  38. Silencio de rotura de pilotos argentino sobre Guerra Mundial Dos
  39. Telégrafo diario. 15 junio 2012.
  40. "Maureen Dunlop: Piloto para el Transporte de Aire Auxiliar quién hizo la cubierta de Correo de Cuadro".
  41. "Pionero hembra piloto quién voló Spitfires durante Segunda Guerra mundial y devenía chica de cubierta de la revista muere envejecida 91".
  42. ISBN 978-987-45062-3-8
  43. Buenos Aires Herald
  44. "Argentina, un Puerto para Nazis, Balks en De apertura Sus Archivos".