Álvaro de Luna

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Álvaro de Luna
Alvaro-luna.jpg
Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
Condestable de Castilla
1423 - 1453
Predecesor Ruy López Dávalos
Sucesor Miguel Lucas de Iranzo
Información personal
Nacimiento 1390
Cañete
Fallecimiento 2 de junio de 1453
Valladolid
Entierro Toledo

Álvaro de Luna (Cañete, Cuenca, c. 1390 - Valladolid, 2 de junio de 1453) fue un noble castellano de la casa de Luna. Condestable de Castilla, Gran Maestre de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla. Está enterrado en la capilla de Santiago, en la girola de la catedral de Toledo.

Infancia y ascenso en la corte[editar]

Nació en Cañete —actual provincia de Cuenca— en 1390, hijo natural[1] de Álvaro Martínez de Luna, un noble aragonés, y de María Fernández Jaraba, conocida como La Cañeta[2] o Juana de Uranzadi.[3] Su padre murió cuando Álvaro de Luna tenía sólo siete años, mostrando serias dudas acerca de su paternidad sobre este.[4] Su madre tuvo otros hijos con otros hombres, entre ellos al futuro arzobispo de Toledo Juan de Cerezuela, con el que Álvaro de Luna confraternizó y al que trató siempre como hermano.[4] Durante su infancia fue cuidado por su tío Juan Martínez de Luna y por su tío abuelo el antipapa Benedicto XIII de Aviñón,[4] también conocido como el Papa Luna.

Estatua de Álvaro de Luna en Cañete

Fue introducido en la corte como paje de Juan II por su tío Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, en 1408[5] ó 1410.[3] Álvaro aseguró pronto una gran ascendencia sobre Juan II, entonces un niño. Durante la regencia del tío del rey, Fernando, que terminó en 1412, no pudo ascender más allá del puesto de sirviente. Cuando, sin embargo, Fernando fue elegido rey de Aragón tras el Compromiso de Caspe, la regencia quedó en manos de la madre del rey, Catalina de Lancáster, hija de Juan de Gante, nieta de Pedro el Cruel.

Álvaro supo maniobrar para convertirse en una persona muy importante en la corte y para que el joven rey le tuviera en una alta consideración, lo que la superstición de la época atribuyó a un hechizo.[1] No obstante, dados los ambiciosos e inescrupulosos nobles que le rodeaban, entre ellos sus primos, los infantes de Aragón, Juan II de Aragón y Enrique de Aragón hermanos de Alfonso V de Aragón, es bastante comprensible que depositara su confianza en un favorito que tenía todas las razones del mundo para permanecer fiel al rey. Álvaro era también un maestro en todos los talentos que el rey admiraba: era un aceptable caballero, un habilidoso lancero, buen poeta y elegante prosista.

«Fue pequeño de cuerpo e menudo de rostro, pero bien compuesto de sus miembros, de buena fuerça e muy buen cabalgador, asaz diestro en las armas e en los juegos d' ellas. Muy avisado en palacio, muy graçioso e bien razonado, como quier que algo dudase en la palabra, muy discreto, gran disimulador, fingido e cabteloso, e que mucho se deleitava en usar de tales artes e cabtelas, assi que pareçe que lo había natural

Descripción por parte de Fernán Pérez de Guzmán[6]

En 1418, con motivo de la celebración de la mayoría de edad de Juan II tuvo lugar una serie de festejos y torneos, durante uno de los cuales Álvaro de Luna fue gravemente herido en una justa, al dañarse la cabeza por el impacto de la lanza de su contrincante. A pesar de sufrir fracturas craneales y temerse por su vida, Álvaro de Luna se recuperaría del accidente. Sin embargo, durante su convalecencia y consiguiente alejamiento de la Corte se produjeron los primeros movimientos por parte de sus rivales políticos por intentar alejarlo de la órbita del monarca, sin éxito.[7]

Apogeo[editar]

Álvaro de Luna con la capa de la Orden y cruz de Santiago al pecho, del retablo del Maestro de los Luna en la capilla de Santiago en la catedral de Toledo. Fue Maestre de la Orden desde 1445 a 1453. La tabla está pintada en 1488.

A partir de su huida nocturna junto al rey desde Talavera de la Reina al castillo de La Puebla de Montalbán, en noviembre de 1420, cuando tras el golpe de Tordesillas había quedado aquél poco menos que preso de su primo Enrique de Aragón y hasta la pérdida de la confianza del rey, Álvaro de Luna fue la figura central de la Castilla de su época. Era un periodo de conflicto constante provocado por tornadizas coaliciones de nobles que, bajo el pretexto de liberar al rey de la perniciosa influencia de su favorito, realmente trataban de convertirle en una marioneta que sirviera a sus propios intereses. Frente a los infantes de Aragón y la gran nobleza terrateniente, Álvaro de Luna forjó una alianza con la pequeña nobleza, las ciudades, el bajo clero y los judíos (Abraham Benveniste), que se oponían a la oligarquía nobiliaria castellana y a los infantes de Aragón, que defendían los tradicionales intereses políticos y económicos de su familia en Castilla.

La historia de Álvaro de Luna fue una constante de expulsiones de la corte por parte de facciones victoriosas, y su retorno cuando la facción vencedora se disgregaba. De hecho, en uno de sus momentos de gloria, en 1423, logró que el rey abriera un proceso amañado al condestable Ruy López Dávalos aprovechándose de su huida a Aragón por su apoyo a Enrique, para apropiarse de su patrimonio y títulos. Por el contrario, también fue, a su vez, solemnemente expulsado y desterrado a Ayllón en 1427 por los infantes de Aragón y una coalición de nobles descontentos con su favoritismo; sólo para hacerle volver a la Corte un año después. Álvaro de Luna culminó de forma victoriosa una larga guerra con Aragón, iniciada en el verano de 1429, expulsando a los infantes aragoneses de Castilla.

En 1431, se esforzó en emplear a los inquietos nobles en una guerra para reconquistar Granada. Aunque hubo algunos éxitos, como la batalla de La Higueruela, era imposible una política consistente dado el carácter levantisco de los nobles y la indolencia del propio rey. Se dice, según unos, que no conquistó Granada por el terremoto de Atarfe, según otros porque fue sobornado por los moros para que no conquistara la ciudad, entregándole un carro repleto de higos, cada uno de los cuales ocultaba una moneda de oro.

En mayo de 1445, la facción de los nobles aliada con los principales enemigos de Álvaro, los infantes de Aragón, fue derrotada en la batalla de Olmedo. Allí fue malherido en una mano —de cuya infección falleció al poco— el infante Enrique de Aragón, y el favorito, Álvaro, que había sido nombrado condestable de Castilla y conde de Santiesteban en 1423, le sucedió en su título de Gran Maestre de la Orden de Santiago. En ese momento su poder parecía incontestable, pero solo se basaba en el afecto que le dispensaba el rey. Eso cambió cuando la segunda esposa del rey, Isabel de Portugal, madre de Isabel la Católica, temerosa del inmenso poder del condestable, conocedora de sus intrigas, abusos y ciertos asesinatos dispuestos por él, urgió con insistencia a su marido a prescindir del favorito.

Caída[editar]

En 1453, el rey Juan II cedió. El 4 de abril, Álvaro de Estúñiga detuvo al condestable por orden del rey en Burgos y fue trasladado al Castillo de Portillo. Su esposa Juana Pimentel y su hijo Juan de Luna se refugiaron en Escalona, desde donde pidieron ayuda al Papa, por ser la Orden de Santiago (de la que es Gran Maestre) protegida papal. El 28 de abril, Juan II parte desde Portillo hasta Fuensalida para sofocar la rebelión de los partidarios del condestable.

El día 1 de junio se le trasladó a Valladolid, donde fue juzgado y condenado en un manido juicio que no fue más que una parodia de la justicia. Fue decapitado[8] en cadalso público en la plaza Mayor de Valladolid el 2 o 3 de junio[9] de 1453.

Poco después, la gente de Valladolid y algunos nobles llevaron su cuerpo a enterrar al convento de San Francisco, donde él había dejado dicho a los religiosos la noche anterior a su muerte que así lo hicieran. Más tarde, al cuidado casi reverente del que había sido su fiel servidor, Gonzalo Chacón, fueron trasladados a la ciudad de Toledo, donde recibieron tierra definitivamente en la suntuosa capilla de la catedral, llamada de Santiago, construida a sus expensas, donde yacía enterrado su hermano el arzobispo don Juan de Cerezuela, y reposarían después los restos de su mujer, doña Juana Pimentel, y otros miembros de su familia.

Serrano Belinchón, 2000, p. 221
Entierro del Condestable, por Eduardo Cano.

Juana Pimentel, al conocer la ejecución de su marido, abandonó la resistencia y rindió el Castillo de Escalona a las tropas reales. A partir de este momento, y hasta su muerte, Juana firmaría todos sus documentos como «La Triste Condesa», mostrando así el lamento que le producía la ejecución de su marido.

Álvaro de Luna en la historiografía[editar]

El papel interpretado por Álvaro de Luna ha sido juzgado de diversas formas. Para el padre Juan de Mariana (siglo XVI), se trataba simplemente de un ambicioso favorito, en búsqueda constante de su propio interés. Para otros, fue un fiel servidor de su rey, esforzado en reforzar la autoridad de la corona, la cual era, en Castilla, la única alternativa a la anarquía. Por supuesto que buscó su propio beneficio, pero su supremacía fue sin duda mejor que el dictado de los avariciosos nobles.

Se ha especulado en abundancia acerca de la íntima amistad que unía al rey con Álvaro; intelectuales de la talla de Gregorio Marañón han sostenido con solvencia que mantenían relaciones homosexuales.[10]

Álvaro de Luna en la literatura[editar]

Álvaro de Luna escribió el libro Virtuosas e claras mujeres en defensa de las mujeres y contra el moralismo misógino de El Corbacho o Pere Torroella; este interesante texto ha sido editado por Lola Pons Rodríguez (Burgos: Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, 2008. Además su personaje aparece en diversas obras de otros autores:

Matrimonios y descendencia[editar]

Contrajo un primer matrimonio en 1420 con Elvira de Portocarrero, hija de Martín Fernández Portocarrero, señor de Moguer y III señor de Villanueva del Fresno y de Leonor Cabeza de Vaca, no habiendo sucesión de este matrimonio.

Estando casado con Elvira, tuvo una hija fuera de matrimonio con Catalina:

  • María de Luna, señora de Cornago. El 6 de agosto de 1436, el rey Juan II de Castilla despachó una cédula de legitimación a favor de María de Luna, hija del Condestable y Catalina. Casó con un pariente, Juan de Luna y Mendoza, alcaide de Soria, sobrino de su padre.

Después de enviudar de Elvira de Portocarrero, tuvo un hijo natural en Margarita Manuel, viuda de Diego García de Toledo Barroso, e hija de Enrique Manuel de Villena y Beatriz de Sousa:

Contrajo un segundo matrimonio en 1430 en Calabazanos con Juana Pimentel, «La Triste Condesa», condesa de Montalbán e hija del segundo conde de Benavente Rodrigo Alonso Pimentel y Téllez de Meneses y de su esposa Leonor Enríquez,[12] Juana testó el 30 de mayo de 1485. De este matrimonio nacieron:


Predecesor:
Enrique de Aragón
Cross Santiago.svg
Gran Maestre de la Orden de Santiago

1445 - 1453
Sucesor:
Juan II de Castilla

Referencias[editar]

Notas[editar]

  1. a b Hernández Amez, 2002, p. 256.
  2. Serrano Belinchón, 2000, p. 14.
  3. a b Palacios Sánchez, 1980, p. 64.
  4. a b c Serrano Belinchón, 2000, p. 15.
  5. Serrano Belinchón, 2000, p. 16.
  6. Serrano Belinchón, 2000, p. 17-18.
  7. Serrano Belinchón, 2000, p. 25-26.
  8. Alonso de Palencia, Crónicas, Década I, Libro II, Capítulo VII, Página 49
  9. García Cortázar, 2005, p. 240-241.
  10. Marañón, 1930, p. 66.
  11. López de Mendoza, 2005.
  12. Berwick y de Alba, 1898, p. 58.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]