Valido

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Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, por Velázquez, 1624. Aparece el valido como burócrata, apoyado en una mesa y exhibiendo la llave que le caracteriza como hombre que disponía de la confianza absoluta del rey Felipe IV. Sus cargos formales en la corte fueron Sumiller de Corps y Caballerizo mayor (desde 1622), lo que le capacitaba para acompañar al rey en todo momento, tanto en Palacio como si salía de caza, y le obligaba a dormir en sus aposentos. Luego fue también camarero mayor (desde 1636).

El valido fue una figura política (el valimiento) propia del Antiguo Régimen en la Monarquía Hispánica, que alcanzó su plenitud bajo los llamados Austrias menores en el siglo XVII. No puede considerarse como una institución, ya que en ningún momento se trató de un cargo oficial, puesto que únicamente servía al rey mientras éste tenía confianza en la persona escogida.

Aunque no es un cargo con nombramiento formal, el de valido era el puesto de mayor confianza del monarca en cuestiones temporales. Es importante el matiz, porque las cuestiones espirituales eran competencia del confesor real, figura de importancia política nada desdeñable. Las funciones que ejercía un valido eran las de máximo nivel en la toma de decisiones políticas, más que un consejero, pues en la práctica gobernaba en nombre del rey, en un momento en el que las monarquías autoritarias han concentrado un enorme poder en su figura. Si el rey no puede o no quiere gobernar por sí mismo, es imprescindible el valido.

Se utilizan como sinónimos los términos favorito o privado. Conviene evitar el término primer ministro que en alguna ocasión (sobre todo a finales del siglo XVII) se utilizó para situar al valido por encima de cualquier otro ministro o funcionario, pero que se confunde con el concepto totalmente diferente de primer ministro en la monarquía británica, equivalente a lo que en España se llama presidente del consejo de ministros, un cargo propio de la Monarquía Constitucional o la Monarquía Parlamentaria, no existente antes del siglo XIX.

Lo que no es un valido[editar]

No hay que confundir la institución del valido con otras:

  • el regente es un cargo formal, que gobierna sólo porque el rey es menor de edad. Solía ser un pariente próximo de éste (madre, por ejemplo), aunque en algún caso no ocurrió así (el cardenal Cisneros, en el interregno entre la muerte de Fernando el Católico y la llegada a España de Carlos I). Nada impide que un regente tenga valido (Nithard lo fue de Mariana de Austria en la minoría de Carlos II).
  • el virrey sustituye al rey en ausencia de éste en el gobierno de un territorio alejado. Era la forma en que se gobernaba (España)(donde nunca fueron los reyes), Italia o los reinos de la Corona de Aragón (donde esa institución nace durante la Edad Media, con la figura del lugarteniente del reino). Suele ser un miembro de la más alta nobleza o del alto clero, o un pariente del mismo rey.
  • el confesor real, que tiene una enorme influencia por su cercanía a la persona del rey y las condiciones en que trata con éste de todo tipo de asuntos, en particular de nombramientos eclesiásticos, pero también otras cuestiones políticas.
  • el secretario, que sólo se encarga de una parte concreta de la administración, ya que por mucho empeño que ponga un rey amante de la burocracia como Felipe II, es imposible para una sola persona ocuparse de todos los negocios de la monarquía. Los Reyes Católicos, Carlos V y el citado Felipe II gobernaron ayudados por secretarios, habitualmente letrados provenientes de las universidades, el mundo de los negocios o de la baja nobleza como Francisco de los Cobos, o Antonio Pérez.
  • los consejeros de cada uno de los consejos del sistema polisinodial (clérigos, nobles, juristas).

Los validos suelen ser de una extracción social noble, pero no de la más alta nobleza, aunque son engrandecidos por el cargo.

El nacimiento de la institución[editar]

La institución del valido nace con la monarquía autoritaria. En la Castilla que vive las guerras civiles de la Baja Edad Media, es lógico que el rey busque apoyarse no en un miembro de una casa noble muy poderosa, que produciría un trato discriminatorio a las demás, y quizá no detenga su ambición en el cargo de valido. En cambio un personaje más oscuro, que le deba todo al rey y que no sea nada por sí mismo, sino por su cercanía al rey, es de mayor confianza. En el contexto del aumento del poder de la monarquía, rey y valido aumentan cada uno su poder si lo hace el otro, y de esta manera comparten intereses.

Validos por reinado[editar]

Juan II de Castilla (1406-1454)[editar]

  • Álvaro de Luna (nombrado Maestre de las Órdenes Militares y Condestable de Castilla)

Enrique IV de Castilla (1454-1474)[editar]

Reyes Católicos (1474-1504)[editar]

No presentan a ningún personaje que acapare de tal manera la confianza de los reyes.

Fernando II de Aragón (1479-1516) y V de Castilla (regencia durante 1507-1516)[editar]

Juana I de Castilla fue reina de Castilla de 1504 a 1555 si bien desde 1506 no ejerció ningún poder efectivo, pasando Fernando II de Aragón a ser el regente de Castilla (1507-1516). Tampoco aparece ningún personaje destacado aunque el Cardenal Cisneros fue Presidente del Consejo de Regencia de Castilla entre el 25 de septiembre de 1506 y el 17 de agosto de 1507 y Gobernador del Reino de Castilla entre 23 de enero de 1516 y 8 de noviembre de 1517.

Carlos I de España (1516-1556)[editar]

Felipe II de España (1556-1598)[editar]

Felipe III de España (1598-1621)[editar]

Felipe IV de España (1621-1665)[editar]

Carlos II de España (1665-1700)[editar]

Los validos de Felipe III y Felipe IV pertenecían a dos familias rivales: los Sandoval y los Zúñiga, y las conspiraciones para deponerlos actuaban también dentro de las mismas familias. Baltasar de Zúñiga, valido sólo de 1621 a 1622, es el único que murió sin solución de continuidad en el cargo (y de muerte natural). Juan José de Austria, siempre gravitando sobre el reinado de su hermanastro, fue en varias ocasiones alejado y acercado al poder, que ocupó hasta su muerte en 1679.

El fin de todos los validos es la pérdida de confianza del rey en un momento u otro. Con peor suerte, Álvaro de Luna y Rodrigo Calderón murieron ejecutados. El Duque de Lerma terminó convirtiéndose en cardenal para escapar a una condena judicial por sus numerosos escándalos.

Del Conde Duque sus biógrafos destacan la sinceridad de su interés por la reputación de la monarquía. Pero, si no la fama póstuma, el mejor epitafio sin duda lo logró Álvaro de Luna, inmortalizado por Jorge Manrique en sus coplas:

Pues aquel grand Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo cómo lo vimos
degollado.

Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿qué fueron sino pesares
al dexar?

El siglo XVIII: el fin de los validos[editar]

Con el cambio a la dinastía Borbón en el siglo XVIII desaparece el uso del término valido, aunque hubo personajes de gran ascendencia sobre los reyes, comenzando con la Princesa de los Ursinos en tiempos de Felipe V y terminando con Manuel Godoy en tiempos de Carlos IV ambiciosísimo personaje que es sin duda la figura más próxima al concepto, cuando ya el Antiguo Régimen tocaba a su fin. La madurez de la administración de la monarquía hacía que incluso en periodos de incapacidad de los reyes (la mayor parte de los reinados de Felipe V y Fernando VI) funcionase el sistema de Secretarías del Despacho y el Consejo de Castilla, único que quedó con funciones importantes en el sistema político. La figura más importante de la administración era el Secretario de Estado. Personajes de la talla de Orry (impuesto a su nieto por Luis XIV), Patiño, Campillo, el Marqués de la Ensenada, el Marqués de Esquilache, el Marqués de Grimaldi, el Conde de Aranda, Pedro Rodríguez de Campomanes, el Conde de Floridablanca y Gaspar Melchor de Jovellanos, tenían cargos formales por sí mismos en el conjunto de una Administración que funcionaba institucionalmente y no pueden considerarse validos. Otra cosa fue la presencia en la corte de personajes cuya influencia sobre el rey era incluso superior a la de los más altos funcionarios, como ocurrió con embajadores extranjeros (Michael-Jean Amelot o Giulio Alberoni) o damas influyentes, como la princesa de los Ursinos o la reina Isabel de Farnesio.

Referencias[editar]

Véase también[editar]