Abuso sexual infantil
De manera genérica, se considera abuso sexual infantil o pederastia[1] a toda conducta en la que un menor es utilizado[2] como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder.[3] Se trata de
El abuso sexual constituye una experiencia traumática y es vivido por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica, y no tanto contra su sexo, por lo que constituye una forma más de victimización en la infancia, con secuelas parcialmente similares a las generadas en casos de maltrato físico, abandono emocional, etc.[5] Si la víctima no recibe un tratamiento psicológico adecuado, el malestar puede continuar incluso en la edad adulta.
En su mayoría, los abusadores son varones (entre un 80 y un 95% de los casos) heterosexuales que utilizan la confianza y familiaridad, y el engaño y la sorpresa, como estrategias más frecuentes para someter a la víctima. La media de edad de la víctima ronda entre los 8 y 12 años (edades en las que se producen un tercio de todas las agresiones sexuales). El número de niñas que sufren abusos es entre 1,5 y 3 veces mayor que el de niños.[6]
Los niños con mayor riesgo de ser objeto de abusos son:
- aquellos que presentan una capacidad reducida para resistirse o para categorizar o identificar correctamente lo que están sufriendo, como es el caso de los niños que todavía no hablan y los que tienen retrasos del desarrollo y minusvalías físicas y psíquicas;
- aquellos que forman parte de familias desorganizadas o reconstituidas, especialmente los que padecen falta de afecto que, inicialmente, pueden sentirse halagados con las atenciones del abusador;
- aquellos en edad prepúber con claras muestras de desarrollo sexual;
- aquellos que son, también, víctimas de maltrato.[7]
Según un cálculo de las llamadas «cifras ocultas»,[8] entre el 5 y el 10% de los varones han sido objeto en su infancia de abusos sexuales y, de ellos, aproximadamente la mitad ha sufrido un único abuso.
Los abusos a menores de edad se dan en todas las clases sociales, ambientes culturales o razas. También, en todos los ámbitos sociales, aunque la mayor parte ocurre en el interior de los hogares y se presentan habitualmente en forma de tocamientos por parte del padre, los hermanos o el abuelo (las víctimas suelen ser, en este ámbito, mayoritariamente niñas). Si a estos se añaden personas que proceden del círculo de amistades del menor y distintos tipos de conocidos, el total constituye entre el 65-85% de los agresores.[9]
Los agresores completamente desconocidos constituyen la cuarta parte de los casos y, normalmente, ejercen actos de exhibicionismo; sus víctimas son chicos y chicas con la misma frecuencia.
El 20-30% de los abusos sexuales a niños son cometidos por otros menores.
Es un acto considerado un delito por la legislación internacional y la mayoría de los países modernos, aunque no siempre haya una correspondencia entre el concepto psicológico y el jurídico del problema y no exista consenso sobre los procesamientos jurídicos de los abusadores.
Los testimonios de las personas que han sido objeto de abusos sexuales suelen ser ciertos. Respecto de los adultos, el síndrome de la «memoria falsa» suele ser poco frecuente debido a que se trata de sucesos que dejan una impronta muy relevante en la memoria. La American Psychological Association (Asociación Psicológica Estadounidense o APA) cuestiona la creencia en el supuesto síndrome de memoria implantada (no reconocido por el DSM IV) y declara en su informe oficial sobre el tema[10] que no se debe considerar que los recuerdos de abuso sexual infantil que aparecen en la adultez sean falsas memorias implantadas (aún cuando no tengamos pruebas que nos permitan interpretarlos literalmente como verdades históricas) ya que existen pruebas para afirmar que los abusos sexuales padecidos durante la infancia son tan traumáticos que muchas veces suelen ser olvidados y en algunos casos emergen en la adultez.
En cuanto a los niños, solo un 7% de las denuncias resultan ser falsas; el porcentaje aumenta considerablemente cuando el niño está viviendo un proceso de divorcio conflictivo entre sus padres.[11]
[editar] Concepto
La definición de «abuso sexual a menores» puede realizarse desde dos ópticas: la jurídica y la psicológica, que no siempre coinciden, por cuanto la valoración jurídica de esas conductas sexuales está condicionada por el criterio objetivable del grado de contacto físico entre los órganos sexuales de agresor y víctima, algo que no necesariamente correlaciona con la variación en el grado de trauma psicológico.[12]
Desde el punto de vista jurídico, los abusos sexuales a menores se han concretado en figuras tales como la «violación», cuando se trata de un menor de 13 años y hay acceso carnal, el «abuso deshonesto», cuando no hay acceso carnal en menores de 13 o mayores mediando engaño o intimidación, y «estupro» cuando se trata de una persona mayor de 13 y menor de 16.[13]
Desde un punto de vista psicológico, no existe unanimidad entre los especialistas a la hora de definir con precisión el concepto de «abuso sexual a menores»; los aspectos que diferencian unas definiciones de otras son, entre otros, los siguientes:
- la necesidad o no de que haya coacción o sorpresa por parte del abusador hacia el menor; para muchos autores, la mera relación sexual entre un adulto y un menor ya merece ese calificativo, por cuanto se considera que ha mediado un «abuso de confianza» para llegar a ella.
- la necesidad o no de la existencia de contacto corporal entre el abusador y el menor; aquellos que no lo consideran necesario, incorporan al concepto de «abuso» el «exhibicionismo», esto es, la obligación a un menor de presenciar relaciones sexuales entre adultos o, incluso, de participar en escenificaciones sexuales.
- la cuestión de las edades: tanto en lo que se refiere a si el abusador tiene que ser mayor que el menor, como al valor de esa diferencia y la edad concreta de ambos (la edad máxima para el menor oscila entre los 15 y 12 años en la mayoría de los estudios; en cuanto al abusador, lo habitual es que se sitúe entre 5 y 10 años mayor que la del niño, según sea menor o mayor, respectivamente, la edad de este).
- también existen investigaciones en las que se consideran abusos sexuales los producidos entre jóvenes de la misma edad;
- por último, en otros casos se subraya especialmente la relevancia del abuso sexual «percibido», esto es, se considera específicamente como caso de «abuso sexual a un menor» cuando hay repercusiones clínicas en éste.
Con todo, existe cierto consenso en la idea de que
[editar] Terminología
La bibliografía especializada utiliza el término «abuso sexual» («abuso sexual en la infancia», «abuso sexual a menores», «abuso sexual a niños», etc.) para referirse a este concepto.
Por su parte, en el lenguaje común[15] es designado también con el nombre de «pederastia».[16] [17] Igualmente, también es posible entender la palabra «pederastia» como sinónima de «pedofilia».[18]
Al que comete el abuso se le identifica con el nombre de «agresor sexual» o «abusador» («abusador de menores», «abusador de niños», etc.).
Históricamente, la «pederastia» (del griego παιδεραστία, paiderastía (siendo páis o paidós: ‘muchacho’ o ‘niño’; y erastês: ‘amante’) no ha sido asociada necesariamente al abuso. En la Antigua Grecia, por ejemplo, era la simple relación entre un adolescente y un adulto.[19]
Clínicamente, la patología que sufren la mayoría de los abusadores de menores se conoce con el nombre de «pedofilia»:
Consecuentemente, la persona que sufre esa parafilia se denomina «pedófilo». Con todo, no es frecuente que en los estudios sobre el tema se utilice ese término como sinónimo estricto de «abusador sexual». La razón está, por un lado, en que algunos de los pedófilos no llegan nunca a abusar de niños, sino que se quedan en los límites de las fantasías sexuales; y, por otro, en que algunos abusadores de niños lo hacen como reacción a una frustración con el ámbito adulto, que es sobre el que realmente tienen sus inclinaciones sexuales, de ahí que no sean, estrictamente, «pedófilos». En otras ocasiones, lo que se hace es circunscribir el término «pedófilo» a un tipo concreto de abusador, el primario (cf. infra), que se caracteriza por justificar su inclinación y conducta con criterios racionales. Con todo, hay también especialistas que no hacen distinción entre ambos conceptos.[21]
Etimológicamente, tanto «pedofilia» (paidós: ‘niño’, filia: ‘amistad, amor’) como «pederastia» (paidós: ‘niño’, erastos, eros: ‘deseo sexual’) se basan en el término paidós: ‘niño’.
[editar] Extensión del problema
La relativa imprecisión del concepto de «abuso sexual» es el primero de una serie de factores que impiden una identificación precisa del alcance del problema dentro de la sociedad actual, por cuanto por su identidad tabú favorece su ocultamiento y silenciamiento. En segundo lugar, es un problema también que la mayoría de lo abusos se produzcan sin testigos, por lo que la única vía para su revelación sea el testimonio de la víctima. En tercer lugar, la condición de menor de esta implica que pocos casos sean los denunciados, ya sea por su incapacidad para comunicarlos, ya por el miedo que sienten, ya por no ser conscientes de haber sido sometidos a algo catalogable como «abusos». En cuarto lugar, dado que la mayoría de estos abusos se cometen en el interior de las familias o de círculos muy próximos al menor, es frecuente que se creen estrategias de ocultamiento extraordinariamente eficaces.
De acuerdo con lo anterior, la realización de estudios o encuestas encaminadas a determinar la extensión de la práctica de abusos sexuales está condicionada por múltiples factores, lo que obliga a tomar sus resultados con cierta cautela.
[editar] El abusador
[editar] Características generales
Los abusadores sexuales de menores son, mayoritariamente, hombres (aproximadamente, un 87%, y de más edad que los agresores de mujeres adultas, respecto de los que desempeñan profesiones más cualificadas y mantienen trabajos más estables) casados y familiares o allegados del menor, por lo que tienen una relación previa de confianza con este (solo entre el 15 y el 35% de los agresores sexuales son completos desconocidos para el menor); cometen el abuso en la etapa media de su vida (entre los 30 y los 50 años), aunque la mitad de ellos manifestaron conductas tendentes al abuso cuando tenían menos de 16 años (recuérdese que entre un 20 y un 30% de las agresiones sexuales a menores son cometidas por otros menores). Las mujeres abusadoras suelen ser mujeres maduras que cometen el abuso sobre adolescentes.
El abusador sexual es una persona de apariencia, inteligencia y vida normal. Con todo,
Según un estudio,[24] la mitad de ellos no recibió ningún tipo de expresión de afecto durante su infancia y adolescencia, presenta problemas con el consumo de alcohol y no presenta déficit en habilidades sociales, aunque sí falta de empatía hacia sus víctimas, negando además el delito (rasgos no necesariamente acumulables en cada individuo).
También se ha señalado que la personalidad del abusador, que disfrutaría sometiendo a un niño y causando un sufrimiento, se encuadra dentro de lo que se denomina «estructura psicológica perversa».[25]
[editar] Tipos
Se pueden distinguir dos grandes tipos de abusadores: los primarios y los secundarios o situacionales.
- Los primarios muestran una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y su conducta compulsiva es independiente de su situación personal. Se trata, clínicamente, de «pedófilos» en un sentido estricto del término, que presentan unas distorsiones cognitivas específicas: consideran su conducta sexual como apropiada (no se siente culpables ni avergonzados), planifican sus acciones, pueden llegar a atribuir su conducta a un efecto de la seducción por parte del menor o pueden justificarla como un modo de educación sexual para este.
Pueden, además, coadyuvar determinados problemas de origen psicológico o social, como el abuso del alcohol o de las drogas, los estados depresivos, el escaso autocontrol e, incluso, en algunos casos, leve retraso mental.[27]
- En cuanto a los secundarios o situacionales, estos se caracterizan por que su conducta viene inducida por una situación de soledad o estrés: el abuso suele ser un medio de compensar la baja autestima o de liberarse de cierta hostilidad. No son estrictamente pedófilos, en tanto que su inclinación natural es hacia los adultos, con los que mantienen normalmente relaciones problemáticas (impotencia ocasional, tensión de pareja...); solo recurren excepcionalmente a los niños y lo hacen de forma compulsiva, percibiendo su conducta como anómala y sintiendo posteriormente culpa y vergüenza.
Muchos pedófilos, al ser descubiertos, niegan sus acciones e, incluso, llegan a negárselas a sí mismos. Otra actitud frecuente es la relativización de la trascendencia de los hechos (están convencidos de la imposibilidad de causarle problemas al menor o aluden a un factor de enamoramiento como justificante de la acción sexual) o el dirigir la responsabilidad hacia el menor, que es quien les ha fascinado para cometer los abusos.[28]
La doctora Irene Intebi, experta en abuso sexual infantil,[29] explica:
Algunos autores han clasificado a los abusadores según:
| Las inclinaciones sexuales en | Extrafamiliares , pedófilos centrados en prepúberes, por lo general menores de 13 años | Intrafamiliares , endogámicos, incestuosos |
| La exclusividad de la atracción por niños en | Pedófilos exclusivos (atracción selectiva hacia varones o niñas, o indiscriminada cuando cualquier menor puede ser objeto del impulso sexual) | Pedófilos no exclusivos que también se sienten atraídos por adultos |
| La edad de las víctimas en | Pedófilos propiamente dichos
(eligen niños prebúberes sin capacidad orgásmica) No hacen distinción de género. |
Hebefílicos (prefieren púberes o adolescentes) |
| El estilo | Fijados | Regresivos |
Estas concepciones, que hasta comienzos de los años ‘80 guiaban a los investigadores, se fueron desdibujando con el tiempo al existir más casuística y comprobar que, como los abusadores no constituyen un grupo homogéneo, los casilleros son compartidos y a grandes rasgos. Un pedófilo puede ser heterosexual, estar casado y sin embargo abusar tanto de niñas como de varones, un padre biológico incestuoso puede abusar de sus propios hijos y al mismo tiempo de niños extraños y además haber violado mujeres adultas.[31] No existe un perfil único que pueda englobar a todos los abusadores, ni características que sean comunes a todos los abusadores. Lo único que tienen en común todos los abusadores de niños es un deseo sexual dirigido a menores y una clara disposición a atacarlos.[30]
De acuerdo con su experiencia profesional, William E. Prendergast, especialista en el tratamiento de ofensores sexuales, afirma que la mayoría de los abusadores son personas agradables, educados, caballeros, cooperadores, de buen comportamiento y muy trabajadores, que hacen todo lo posible para agradar y ser aceptados.[32]
[editar] El abusador violento
La violencia en los abusos sexuales se da
Entre los factores que podrían favorecer la aparición de este tipo de pederastia se encuentran la violencia (violaciones, crueldad...) ejercida contra el individuo en su infancia (especialmente, si los agentes fueron sus propios padres) y el haber vivido en ambientes familiares muy desestructurados, con episodios de violencia en los que el individuo no tuvo la oportunidad de intervenir para mejorarlos.[34]
[editar] Fases del abuso sexual
El abuso sexual de un menor es un proceso que consta generalmente de varias etapas o fases:
- Fase de seducción: el futuro abusador manipula la dependencia y la confianza del menor, y prepara el lugar y momento del abuso. Es en esta etapa donde se incita la participación del niño o adolescente por medio de regalos o juegos.
- Fase de interacción sexual abusiva: es un proceso gradual y progresivo, que puede incluir comportamientos exhibicionistas, voyeurismo, caricias con intenciones eróticas, masturbación, etc. En este momento ya se puede hablar de «abusos sexuales».
- Instauración del secreto: el abusador, generalmente por medio de amenazas, impone el silencio en el menor, a quien no le queda más remedio que adaptarse.
- Fase de divulgación: esta fase puede o no llegar (muchos abusos quedan por siempre en el silencio por cuestiones sociales), y, en el caso del incesto, implica una quiebra en el sistema familiar, hasta ese momento en equilibrio. Puede ser accidental o premeditada, esta última a causa del dolor causado a los niños pequeños o cuando llega la adolescencia del abusado.
- Fase represiva: generalmente, después de la divulgación, en el caso del incesto la familia busca desesperadamente un reequilibrio para mantener a cualquier precio la cohesión familiar, por lo que tiende a negar, a restarle importancia o a justificar el abuso, en un intento por seguir como si nada hubiese sucedido.
[editar] Tipología de actos abusivos
Dentro de los abusos sexuales, es importante distinguir aquellos que van acompañados de violencia de aquellos que no. La violencia
Los tipos específicos de abusos sexuales más frecuentes son los siguientes:
- Sin contacto físico: exhibicionismo, masturbación delante del menor, observación del niño desnudo, narración o proyección al menor de historias con contenido erótico o pornográfico;
- Con contacto físico: tocamientos, masturbación, contactos bucogenitales, penetración.
El tipo de conductas que se llevan más a cabo (normalmente, repetidas) son los tocamientos y la masturbación mutua; en cuanto a la penetración -oral, vaginal o anal- es menos frecuente.[6]
[editar] Los abusos sexuales en el ámbito doméstico
El abuso sexual de menores en el ámbito familiar es una realidad compleja en la que los factores que pueden configurar un contexto favorable a los mismos son variados y diversos. En principio, el factor crítico no es tanto la consanguinidad entre los participantes, sino el papel parental que desempeña el adulto respecto del menor. Los casos más frecuentes (70-80%) entre los denunciados son los de padrastro-hija y padre-hija. La edad media del menor está entre los 6-8 años y los 12, y la relación se remonta a un tiempo bastante anterior a su descubrimiento con una duración de unos dos años. Si la familia cuenta con más de un hijo, es normal que los abusos afecten también a más de uno de ellos.
La casuística clínica demuestra que
El silencio que recubre la práctica de abusos sexuales dentro de las familias dificulta su conocimiento en un plazo corto de tiempo y, de hecho, los informes de las víctimas suelen ser retrospectivos, frecuentemente obtenidos en el proceso terapéutico. El silencio al respecto por parte del menor obedece a diversos motivos: miedo a no ser creído (de hecho, son frecuentes los casos de incredulidad explícita por parte de familiares no implicados ante las denuncias de los menores); chantajes por parte del adulto; vergüenza por la posible publicidad del asunto; sentimientos de culpa (además, existe la posibilidad de que se detenga al familiar); temor a la pérdida de referentes afectivos; y, sobre todo, la manipulación sobre el sistema perceptivo del menor que realiza el adulto, en forma de una confusión generada al difuminar la identidad exacta del acto que ha constituido el abuso. En este sentido, el menor
Por lo demás, la práctica de este tipo de incesto no es exclusiva de familias desestructuradas, sino que se puede encontrar también en ámbitos más estables; en este sentido, el descubrimiento de los casos acaecidos en estos últimos resulta mucho más dificultosos, pues los primeros suelen aflorar en los hospitales.
La característica esencial de las familias donde se dan abusos sexuales a los menores es que presentan algún tipo de disfuncionalidad que comporta, normalmente, su tendencia a encerrarse en sí mismas y a aislarse socialmente. Se trata, además, de grupos donde el miedo a la ruptura familiar es perceptible (motivado, en ocasiones, por las dificultades económicas que podría acarrear); consecuentemente, el incesto puede llegar a cumplir la función secundaria de mantener unida a la familia:
El abusador, en estos casos, suele ocupar una posición dominante en el seno de la familia y actúa impidiendo las relaciones de sus miembros con el exterior. En cuanto a la hija, de ser ella la víctima, suele ser la mayor y haber intercambiado su papel familiar con el de la madre, de la que se halla distanciada emocionalmente (es frecuente la presencia en estas familias de madres perturbadas psíquicamente o alcoholizadas).
Se han identificado[40] dos grandes tipos de familias proclives a la práctica de abusos sexuales sobre sus menores, caracterizadas ambas por la presencia de parejas de progenitores en las que uno de los miembros es el dominante y autoritario y el otro el subordinado y pasivo. Los hijos suelen estar implicados, consecuentemente, en la relación de pareja con funciones sustitutivas:
- por un lado, familias donde el perfil patriarcal de su funcionamiento es extremo. El padre es una figura dominante y su comportamiento es autoritario e, incluso, violento. La madre, por el contrario, es pasiva o sumisa, y suele presentar enfermedades físicas o psicológicas que la sitúan en una posición marginal dentro del grupo. En este tipo de familias, una hija reemplaza a la madre, asumiendo también el papel sexual correspondiente.
- por otro lado, habría familias donde los papeles están invertidos respecto de la anterior; la madre es la figura dominante, aunque se halla frecuentemente alejada del hogar por motivos de trabajo, y el padre adopta una posición subordinada y dependiente respecto de ella, con lo que se alinea psicológicamente con los hijos. En este tipo de familias, el padre busca el consuelo afectivo en una hija, lo que deriva frecuentemente en el incesto.
[editar] Consecuencias de los abusos sexuales a menores
[editar] Los indicios de posibles abusos
Existen dos grandes tipos de indicios[42] que pueden sugerir la existencia de abusos sexuales sobre un menor: los problemas conductuales y las dificultades emocionales.
En el primer tipo se incluyen, entre otros, problemas como el fracaso escolar, la negativa a hablar o a interrelacionarse afectivamente con los demás, la tendencia a la mentira, la promiscuidad y excesiva reactividad sexual, los ataques de ira, las conductas autolesivas, la tendencia a la fuga y el vagabundeo, etc.
En el segundo tipo se encuentran dificultades como la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los sentimientos de impotencia, la dificultad para confiar en los demás, determinados síntomas psicosomáticos (dolores en diversas partes del cuerpo, por ejemplo), trastornos del sueño o, por el contrario, deseo constante de refugiarse en él, etc.
[editar] Las consecuencias de los abusos
Una gran cantidad de estudios[43] indican que la mayoría de las víctimas infantiles de abusos sexuales sufren daños como consecuencia de los mismos:
Con todo,
El impacto de la agresión sexual está condicionado por, al menos, cuatro variables que se hallan interrelacionadas:
- el perfil individual de la víctima (respecto del cual es más importante que su edad o el sexo, el contexto familiar donde vive);
- las características de la agresión (cuya gravedad es proporcional a la frecuencia, duración y violencia con que se ha producido);
- la relación entre víctima y abusador: las pruebas muestran que los efectos psicológicos más graves se producen cuando el abusador es una persona conocida en la que el menor confía;[46]
- y las consecuencias provocadas por el descubrimiento del abuso (sobre todo en lo que se refiere a si el abusado es creído o no; una respuesta inadecuada del entorno de la víctima puede complicar el proceso de recuperación).
Por otra parte, se ha estudiado también el dilema al que se enfrentan los niños que han sufrido un abuso cuando han intentado comunicar su experiencia, y que explicaría los enormes problemas que tienen los menores para contar con coherencia y de inmediato la agresión sufrida. R. C. Summit definió, en este sentido, el SAASN (Child Sexual Abuse Accomodation Syndrome: síndrome de acomodación del niño al abuso sexual) de acuerdo con cinco etapas:[47]
- secreto
- indefensión
- acomodación y trampa
- revelación diferida, contradictoria y poco convincente y
- retractación.
Por lo demás, algunos agresores fomentan el silencio de la víctima sugiriéndole a esta que lo que ha ocurrido es un secreto compartido o amenazándola directamente.
[editar] Consecuencias del incesto
En cuanto a las consecuencias de los abusos sexuales intrafamiliares,
Según Jean Goodwin,[49] se pueden describir las consecuencias de este tipo de abusos atendiendo a los distintos estadios del desarrollo: infancia, edad preescolar, edad de latencia, adolescencia y edad adulta.
En la infancia, además de algunos síntomas fisiológicos, se produce un miedo inesperado a los hombres o un apego a la madre también excesivo.
La edad preescolar (4-6 años) es la etapa en la que se producen las situaciones más complejas, debido a que el menor siente auténtico terror ante la posibilidad de perder el afecto y la protección de su familia, por lo que tiene fuertes sentimientos de culpa ante los hechos acaecidos.
La edad de latencia (6-12 años) presenta el mayor porcentaje de menores que confiesan haber sufrido abusos familiares. Aun siendo ya conscientes de lo que les ha pasado, suelen usar la fantasía como defensa y suelen expresarse metafóricamente al respecto. Entre las consecuencias más evidentes están el rechazo a la escuela y la idealización de la familia.
Los adolescentes sometidos a abusos sexuales suelen recurrir con frecuencia a las fugas de casa (no tanto como huida, sino como declaración simbólica de su culpabilidad), la promiscuidad sexual, los intentos de suicidio (habitualmente, entre los 14 y 16 años y motivados por el sentimiento de culpa por haber traicionado a la madre, el sentimiento de fracaso por haber sido causa de disolución familiar, las dificultades para entablar relaciones sexuales normales tras los abusos...), las crisis histéricas, etc.
[editar] Efectos a corto plazo
Entre el 70 y el 80% de las víctimas quedan emocionalmente alteradas después de la agresión (efectos a corto plazo). Las niñas suelen presentar reacciones ansioso-depresivas (muy graves en los casos de las adolescentes) y los niños problemas de fracaso escolar y de socialización, siendo más proclives a presentar alteraciones de la conducta en forma de agresiones sexuales y conductas de tipo violento.
Desde un punto de vista más teórico, el «modelo del trastorno de estrés postraumático» considera que los efectos son los propios de cualquier «trauma»: pensamientos intrusivos, rechazo de estímulos relacionados con la agresión, alteraciones del sueño, irritabilidad, dificultades de concentración, miedo, ansiedad, depresión, sentimientos de culpabilidad, etc. (efectos que pueden materializarse físicamente en síntomas como dolor de estómago, de cabeza, pesadillas...).
Por su parte, otro modelo teórico, el «traumatogénico», centra su atención en cuatro variables como causas principales del trauma:
- sexualización traumática: el abuso sexual es una interferencia en el desarrollo sexual normal del niño, por cuanto aprende una vivencia de la sexualidad deformada (especialmente, cuando la agresión se ha producido en el hogar);
- pérdida de confianza: no solo con el agresor sino con el resto de personas cercanas que no fueron capaces de impedir los abusos;
- indefensión: el haber sufrido los abusos lleva a la víctima a considerarse incapaz de defenderse ante los avatares de la vida en general, provocando en él actitudes pasivas y de retraimiento;
- estigmatización: sentimientos de culpa, vergüenza, etc. que minan su autoestima.
[editar] Efectos a largo plazo
A largo plazo, aunque los efectos son comparativamente menos frecuentes que a corto plazo, el trauma no solo no se resuelve sino que suele transitar de una sintomatología a otra. Con todo, no es posible señalar un síndrome característico de la adultos que fueron objeto de abusos sexuales en la infancia o adolescencia. Existen numerosos condicionantes de la pervivencia de efectos a largo plazo, como puede ser, entre otros, la existencia en el momento de los abusos de otro tipo de problemas en la vida del niño (maltratos, divorcio de los padres, etc.) e, incluso, en muchos casos los efectos aparecen provocados por circunstancias negativas en la vida adulta (problemas de pareja, en el trabajo, etc.).
Los fenómenos más regulares son las alteraciones en el ámbito sexual, como inhibición erótica, disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, depresión, falta de control sobre la ira, hipervigilancia en el caso de tener hijos o adopción de conductas de abuso o de consentimiento del mismo, y síntomas característicos de cualquier trastorno de estrés postraumático.
De forma más pormenorizada, pueden señalarse como efectos a largo plazo los siguientes: el abusado puede experimentar síntomas como retrospecciones (recuerdos traumáticos que se imponen vívidamente en contra de la voluntad), inestabilidad emocional, trastornos del sueño, hiperactividad y alerta constante. Por otra parte, también se pueden producir aislamiento, insensibilidad afectiva (petrificación afectiva), trastornos de memoria y de la concentración, fobias, depresión y conductas autodestructivas.
Debido a que el inicio en la vida sexual del menor fue traumático, experimenta sensaciones y conductas distorsionadas en el desarrollo de su sexualidad, como agresividad sexual, conductas inadecuadas de seducción hacia otros, masturbación compulsiva, juegos sexuales, promiscuidad sexual, trastornos de la identidad sexual, prostitución, e incluso llegan a reexperimentar la situación abusiva siendo, posteriormente la pareja de un abusador.
Hay pruebas también de que las personas pueden olvidar y olvidan de hecho las agresiones sexuales (así como otros acontecimientos traumáticos de su vida). Quienes han sufrido traumas pueden tener recuerdos invasivos de los sonidos de un acontecimiento y simultáneamente ser incapaces de recordar las imágenes (o viceversa), o pueden recordar los sentimientos experimentados durante el abuso, pero no los acontecimientos exactos que los provocaron.
La experiencia clínica tradicional ha demostrado que son tres las causas fundamentales para reprimir los recuerdos: evitar el dolor, evitar quedar abrumado y evitar deseos inaceptables. Recientemente, se ha añadido el «evitar información que amenaza un vínculo necesario» como una causa más y, quizá, la más relevante, en la misma línea que algún especialista ya había señalado de que un motivo para la inconsciencia de los recuerdos es la «preservación del amor de los otros» (M. J. Horowitz).[50]
[editar] La amnesia como consecuencia del abuso
Un informe de 1994 de la American Psychological Association (Asociación Psicológica Estadounidense) estableció cuatro ideas básicas en relación al asunto de los recuerdos diferidos de abusos en los niños:[51]
- la mayoría de las personas que sufrieron abusos sexuales en la infancia recuerdan todo o parte de lo ocurrido;
- una agresión sexual que se llegase a olvidar durante mucho tiempo puede recordarse (se desconoce el cómo);
- son posibles los pseudorrecuerdos de hechos no ocurrido (se desconoce el cómo);
- existe un conocimiento insuficiente de los procesos que llevan a un recuerdo exacto o inexacto del abuso sexual en la infancia.
Con todo, el fenómeno del olvido de las agresiones sexuales está muy extendido y bien documentado, aunque no se comprenden con exactitud sus causas y mecanismos. Por otro lado, también existen recuerdos fabricados (sobre todo, en presencia de un individuo persuasivo en posición de autoridad: terapeuta, progenitor, etc.); muchas víctimas expresan, de hecho, grandes dudas acerca de la realidad de sus propios recuerdos de la agresión, independientemente de la frecuencia de sus recuerdos.[52]
En este sentido, se cree que las dudas acerca de los hechos están directamente vinculadas a la naturaleza del abuso, esto es, el hecho de que en la infancia las personas tiendan a subordinar nuestras percepciones de la realidad a las de un tercero, implica para el caso de las agresiones sexuales que luego haya una serie de consecuencias distorsionadoras en la capacidad de conocimiento de la realidad para el adulto que las ha sufrido.
En 1996, Jennifer J. Freyd expuso su teoría de que
Esta teoría, que denomina «del trauma de la traición», propone que los traumas que más posibilidades tienen de ser olvidados son aquellos en los que la traición es un componente fundamental. Así, considera que la traición de un cuidador de confianza es clave para prever un caso de amnesia con respecto al abuso sexual cometido por este, en tanto que el apego del niño a ese cuidador convierte a la amnesia en adaptativa:
[editar] Tratamiento de víctimas y agresores
[editar] Las víctimas
El principal problema que hay con los abusos sexuales a menores es que, tanto si se trata de un simple acoso como si hay penetración, no suele dejar pruebas física duraderas en los niños. Por otro lado, ni el agredido ni los agresores, unos por la edad y otros por su problema, suelen ser capaces de explicar con precisión lo que ha ocurrido. Además, la confirmación de los hechos es complicada porque no suele haber más testigos oculares que la víctima y el agresor, el cual suele negar la acusación.
La valoración psicológica de un caso de abusos se aborda, fundamentalmente, a través de la entrevista psicológica al menor y la observación. Básicamente, son dos los tipos de entrevistas que se programan con la víctima: por un lado, aquellas que están encaminadas a investigar lo que ha ocurrido, y por otro las que están orientadas a la intervención sobre el niño como víctima del abuso.
La consecuencia inmediata que se extrae de los primeros contactos con la víctima es si la intervención terapéutica es necesaria o conveniente, pues no todos los menores víctimas de abusos presentan síntomas psicopatológicos que obligan a un tratamiento. Normalmente, determinadas características individuales del menor y de su contexto sociofamiliar pueden ser suficientes como para proteger al menor del impacto negativo del abuso.
Se han señalado cuatro criterios básicos que sugieren una mayor urgencia de actuación en un caso de abuso:[55] la convivencia del agresor con el niño tras el abuso; la actitud pasiva o de rechazo hacia el niño por parte de su familia; la gravedad del abuso; la ausencia de una supervisión del caso que pudiese evitar nuevos abusos.
Se han señalado, también, dos grandes fases, con sus correspondientes técnicas, en el proceso de intervención sobre una víctima de abusos sexuales:[56] una primera fase educativa y una segunda específicamente terapéutica.
La fase educativa pretende que el menor comprenda tanto su propia sexualidad como la del agresor de una forma objetiva y adaptada a su nivel. Se trata de informar al menor y hacer que comprenda qué son los abusos sexuales y cómo prevenirlos. El objetivo es no solo garantizar su seguridad en el futuro sino, sobre todo, aumentar la autoestima en el menor confiriéndole mecanismos de control sobre los aspectos relativos a la sexualidad.
La fase terapéutica[57] aborda la situación en que ha quedado el niño tras el abuso y pone en práctica determinadas técnicas para que pueda superar el trauma y evite recaídas en la edad adulta. Entre las técnicas que se pueden utilizar están:
- el desahogo emocional del menor, con el objeto de romper el secreto y el correspondiente sentimiento de aislamiento, que en ocasiones puede llevar a que el niño cree sus propios y errados mecanismos de defensa;
- la revaluación cognitiva, con el objeto de evitar la disociación o la negación de la experiencia, de forma que el niño reconozca que sus sentimientos son legítimos y normales tras una experiencia como la que ha vivido;
- técnicas que permitan cambiar las alteraciones cognitivas, afectivas, sexuales y conductuales (habilidades sociales y asertividad; entrenamiento en relajación y control de la ira; autoexploración...).
- terapias basada en el «juego dramático» (para crear con la imaginación situaciones y personajes que permitan al menor regresar al hecho perturbador pero desde una posición analítica, externa y controladora); los cuentos infantiles (para explicar y analizar los hechos metafóricamente); el dibujo (con una función diagnóstica y terapéutica, a la vez).
[editar] Los agresores
El abusador de niños es una persona razonablemente integrada en la sociedad, en cualquier caso siempre mucho más que un violador. Suelen carecer de historial delictivo. En consecuencia, su actitud habitual ante el problema es negarlo o minimizarlo, con el objeto de no ser identificado como tal por la sociedad, en la que el abuso sexual a menores genera un gran rechazo y es objeto de sanciones penales.
El pederasta puede aprender a controlar su conducta, pero no la inclinación pedófila, la cual es causa de sufrimiento en una parte de los pederastas (conscientes de su proclividad a los abusos sexuales) pero no en todos. Por lo demás, no todos los pederastas son pedófilos, pues en muchos casos solo están usando a los niños como sustitutos de adultos a los que no pueden acceder para mantener relaciones sexuales con ellos.
Se han señalado cuatro categorías principales de negación por parte de los abusadores sexuales, las cuales implican sendos tipos de dificultades a la hora del tratamiento:[59]
- negación de los hechos: se trata de la categoría que implica la forma más difícil de tratar y superar el problema;
- negación de conciencia: el abusador echa la culpa a distintos aspectos no controlables por él, como el alcohol, impulsos irrefrenables, etc.
- negación de responsabilidades: el abusador atribuye la culpa a la víctima;
- negación del impacto: el agresor acepta su responsabilidad, pero minimiza sus consecuencias.
El tratamiento psicológico para los abusadores que aceptan someterse al mismo, y para el que deben haberse resuelto previamente esas formas de negación, es muy parecido al utilizado para adicciones como el alcohol se suele centrar en las siguientes líneas de actuación:[60]
- la prevención de nuevos episodios de abuso;
- la modificación de las ideas distorsionadas en relación con el abuso sexual;
- la supresión o reducción de los impulsos sexuales inadecuados;
- el aumento de la excitación heterosexual adecuada y de las habilidades sociales requeridas;
- el entrenamiento en autocontrol y solución de problemas;
- mejora de la autoestima;
- las estrategias de prevención de recaídas.
[editar] El menor ante su denuncia
La verificación de una acusación de abuso sexual no es una tarea fácil. Existen dos principios básicos de actuación que hay que manejar siempre: por un lado, asumir que cada caso es distinto de todos los demás, aunque solo sea en un matiz o detalle; por otro, que el interés en la protección del menor debe ser prioritaria, pues la revelación del abuso puede interrumpir este y, por el contrario, las actitudes indecisas y superficiales ante determinadas evidencias pueden agravar las consecuencias del mismo.
En general, si bien es cierto que puede existir, tanto en adultos como en menores, la inducción de falsas denuncias o de falsos recuerdos a través de diversos mecanismos,
A este respecto, son más frecuentes las falsas retracciones, debido a que la inherente vulnerabilidad del menor puede llevarle a sentir terror ante las consecuencias de su denuncia. Estas retracciones se originan en motivos como el temor a las amenazas, la relación afectiva con el abusador, los sentimientos de culpa cuando es un caso de incesto, el sentimiento de vergüenza, etc.
Cuando la actitud del menor es el silencio, esto se puede deber a su percepción de que lo que le ha ocurrido es algo normal, a que no es capaz de identificar conceptualmente lo que ha sufrido, al recelo que siente por todos los adultos, al miedo a destruir los vínculos familiares en el caso del incesto, etc.
Además, es posible que la revelación del abuso por parte del menor se haga de forma enmascarada, esto es, a través de síntomas, y no de palabras, de tipo psicosomáticos y conductuales.
Se distinguen dos tipos de enfoque para abordar el tema de la validez de las declaraciones del menor: el enfoque de los estándares y el enfoque de los indicadores. El primero presta especial atención al proceso a través del cual se va a realizar la entrevista con el menor y a cómo se van a evaluar sus resultados; el segundo, por el contrario, busca relacionar las respuestas emocionales, conductuales o fisiológicas del niño con las de otros con un historia de abusos sexuales ya comprobado.[63]
Para la evaluación de la veracidad de las declaraciones, se está utilizando con preferencia, aunque en una fase de desarrollo y refinamiento, un método conocido con el nombre de «análisis de la validez de la declaración» (statement validity analysis) y su elemento centro llamado «análisis del contenido basado en criterios» (criteria-bases content analysis),
[editar] Pederastia e Internet
Los pederastas suelen intercambiar información sobre cómo engañar a los padres de un niño, cómo intercambiar pornografía de manera privada y cómo evitar ser descubiertos. Los foros en los que operan son cada vez más cerrados. Los que tienen conocimientos sobre seguridad en Internet los comparten con los demás, de modo que cada vez son más difíciles de localizar, si bien los métodos de la policía son, también, cada vez más sofisticados.[65]
Las imágenes que se suelen ver por Internet proceden de lo que la Policía llama «intercambio altruista». Normalmente no son colocadas por organizaciones, sino por los propios pederastas, que muchas veces las obtienen de su entorno familiar (hijos, sobrinos, hijos de vecinos...).[65]
Los policías expertos en Internet han explicado en reiteradas ocasiones que los pederastas se infiltran a menudo en chats de adolescentes, haciéndose pasar por personas de su misma edad y consiguiendo en algunos casos que lleguen a desnudarse frente a la webcam. También intentan obtener sus teléfonos para tratar de lograr un contacto real. Lo más usual es que el pederasta ingrese en un chat, se registre con un apodo y abra una sala de usuario en la que, en apenas media hora, puede intercambiar decenas de fotos y vídeos. Luego la sala desaparece.[65]
De acuerdo con diversos informes policiales, los pederastas empiezan con imágenes más suaves y van derivando hacia imágenes cada vez más duras y con víctimas más jóvenes, lo que les lleva a desear un contacto real que, en muchos casos, se acaba satisfaciendo en el denominado «turismo sexual».[65]
[editar] Medidas de control de la pederastia por Internet
En junio de 2008, tres grandes proveedores de Internet en Estados Unidos, Verizon, Sprint y Time Warner Cable, llegaron a un acuerdo para bloquear los boletines on line y páginas web a través de las que se distribuyen imágenes de pornografía infantil. Por su parte, Microsoft desarrolló un sofisticado programa para rastrear pederastas en la Red, que fue puesto en práctica por la policía de Toronto (Canadá).[65]
En Reino Unido, la policía creó un portal trampa sobre pedofilia con la intención de cazar a los que busquen este tipo de contenidos en Internet. La página ofrecía indicios de contenido ilegal y luego almacenaba los datos de las personas que intentaban acceder a contenidos más escabrosos. En China, con más de 90 millones de usuarios de Internet, cerca del 50% de los cuales son menores de 24 años, se ha llegado a restringir el uso de contraseñas para luchar contra las páginas de contenido pedófilo.[65]
En España, en febrero de 2005, Terra, MSN-Microsoft, Yahoo y Wanadoo se unieron en un proyecto para defender los derechos de los menores en la red, en colaboración con el Defensor del menor de la Comunidad de Madrid y varias asociaciones de protección de la infancia. Los proveedores de servicios y contenidos de Internet se comprometieron a retirar las páginas, foros y comunidades virtuales en las que se haga apología de la pedofilia y el delito sexual, o se incite a la anorexia y la bulimia.[65]
[editar] Regulación jurídica
Hoy día las relaciones sexuales consentidas entre un adulto y un muchacho pueden ser legales penalmente en cualquier país donde la edad legal para mantener relaciones sexuales consentidas sea más baja que la mayoría de edad (dieciocho años). Sin embargo, si se carece de este consentimiento, se comete un abuso sexual punible. Este marco penal castiga la falta de consentimiento en la práctica sexual y además contempla agravantes y circunstancias modificativas específicas en los casos de minoría de edad.
Puede faltar el consentimiento por tres causas principales: la incapacidad del sujeto pasivo de dar consentimiento válido (en este sentido únicamente cabe contemplar la falta de edad suficiente para otorgar dicho consentimiento), la falta de consentimiento por parte del sujeto pasivo y la emisión de un consentimiento que carezca de validez (generalmente, por engaño doloso suficiente e idóneo).
La mera tendencia sexual (pedofilia) no se encuentra penada en la inmensa mayoría del derecho penal al ser un derecho penal de acto y no un derecho penal de autor. Sin embargo, en algunas conductas determinadas, incluso los códigos penales occidentales contemplan delitos que castigan la mera tendencia.[66]
- 189.2. El que para su propio uso posea material pornográfico en cuya elaboración se hubieran utilizado menores de edad o incapaces, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión o con multa de seis meses a dos años.
- 189.7. Será castigado con la pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis meses a dos años el que produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada.[67]
Así, pues, el elemento principal es el consentimiento, y es por ello que se requiere que el adolescente presente una edad mínima exigida por la ley, a fin de poseer el elemento volitivo que otorgue validez a la voluntad del consentimiento.[68]
Por ello, de no tener dicha edad mínima, se consideraría automática pederastia y sería tratado como delito, que en la mayoría de los códigos penales no queda contemplado de manera expresa, ya que se encuentra subsumido tácitamente en los delitos de abuso sexual cualificado, agresión sexual cualificada y otros delitos sexuales de carácter heterogéneo, como la exhibición obscena ante menores, la facilitación de pornografía a menores o la tenencia y fabricación de pornografía de menores.[68]
De tener dicha edad, únicamente sería penado si la práctica no fuera consentida o el consentimiento fuera nulo (generalmente por vicio o engaño doloso suficiente e idóneo). Si así fuera, la pederastia comprendería los delitos sexuales tipificados por la ley con las circunstancias modificativas y cualificaciones genéricas y específicas aplicables al caso concreto.[68]
A pesar de estar prohibido por ley en todos los países, el matrimonio de menores sin su consentimiento es una práctica común en algunos países. La Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas considera el casamiento forzado de niñas menores de 18 como una severa violación a los derechos humanos. Cada tres segundos una niña es obligada en el mundo a casarse con un varón de muchísima mayor edad que ella (eso significa unas diez millones por año) condenándolas a la ignorancia (pues abandonan sus estudios) y poniendo en riesgo su salud por una maternidad temprana.[69] Según Unicef el matrimonio no consentido de una menor de edad es considerado una forma de abuso sexual.[70]
[editar] Derecho internacional
También en el ámbito internacional se han desarrollado instrumentos que dentro de la protección general de la niñez hacen especial hincapié en el cuidado frente a los abusos sexuales:
- Convención Americana sobre Derechos Humanos
- Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud
- Convención sobre los Derechos del Niño (Naciones Unidas)
Artículo 34 Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales. Con este fin, los Estados Partes tomarán, en particular, todas las medidas de carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias para impedir:
- La incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal;
- La explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales;
- La explotación del niño en espectáculos o materiales pornográficos.
[editar] Véase también
- Casos de pederastia por miembros de la Iglesia católica
- Crimen sollicitationis
- Casos de pederastia por miembros de los Testigos de Jehová
- Estupro
- Pedofilia
- Pornografía infantil
- Prostitución infantil
- Violencia contra la mujer
[editar] Notas y referencias
- ↑ Véase la segunda acepción de la voz «pederastia» en el DRAE (Avance de la vigésima tercera edición).
- ↑ Para algunos autores, como se indica más adelante en el artículo, es relevante para la definición de «abuso sexual» la especificación de la no existencia de consentimiento por parte del menor en las conductas sexuales llevadas a cabo con el adulto.
- ↑ Cf. Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ: Aproximación psicológica..., págs. 68-69.
- ↑ Enrique ECHEBÚRUA y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 1). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ↑ Cf. ibídem, pág. 3.
- ↑ a b Cf. Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ, «Aproximación psicológica...», pág. 72.
- ↑ Cf. Enrique ECHEBURÚA y otros: «Indicaciones terapéuticas...», pág. 116.
- ↑ La diferencia entre los delitos que están registrados oficialmente (las conocidas como «cifras manifiestas») y los totales extrapolados del cálculo de número de víctimas de abusos sexuales en una muestra aleatoria.
- ↑ Enrique ECHEBÚRUA y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 12). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ↑ «Report of the American Psychological Association» (en inglés). Consultado el 12 de agosto de 2011. «Some professionals assert that delayed memories of abuse are essentially inaccurate and constitute false memories. (…) Some also charge that delayed memories recovered while an adult is in therapy may have been suggested or implanted by the therapist. (…)Delayed recall should not automatically be assumed to be a false or implanted memory. (…)it is possible for memories of abuse that have been forgotten for a long time to be remembered».
- ↑ Cf. ibídem, págs. 27-28.
- ↑ Cf. Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ: «Aproximación psicológica...», págs. 60-61.
- ↑ Cf. «Estupro», en el Diccionario de la Real Academia Española.
- ↑ Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ: «Aproximación psicológica...», pág. 68.
- ↑ Cf., por ejemplo, el titular de esta noticia en el periódico español El Mundo.
- ↑ Cf. Real Academia Española (avance de la vigésima tercera edición): «Pederastia» en Diccionario de la lengua española y María MOLINER: Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos (2.ª ed.), 1998, ISBN 84-249-1973-4:
1. Abuso sexual cometido con niños.
2. Sodomía [que se define en otra parte como ‘práctica del coito anal’]. - ↑ Esta identificación entre «pederastia» y «abuso sexual infantil» no siempre se produce en la bibliografía especializada; por ejemplo, para Anna Oliverio Ferrari y Barbara Graziosi, la pederastia se define como ‘una forma de homosexualidad basada en la atracción por los adolescentes y los jovencitos’ (en Qué es la pedofilia, pág. 52), entendiéndola así como una variante de la pedofilia.
- ↑ Cf. la primera acepción de la voz «pederastia» en el DRAE.
- ↑ Platón, en El banquete dice:
El otro, en cambio, procede de Urania, que, en primer lugar, no participa de hembra, sino únicamente de varón —y es éste el amor de los mancebos—, y, en segundo lugar, es más vieja y está libre de violencia. De aquí que los inspirados por este amor se dirijan precisamente a lo masculino, al amar lo que es más fuerte por naturaleza y posee más inteligencias. Incluso en la pederastia misma podría uno reconocer también a los auténticamente impulsados por este amor, ya que no aman a los muchachos sino cuando empiezan ya a tener alguna inteligencia, y este hecho se produce aproximadamente cuando empieza a crecer la barba.
- ↑ Enrique ECHEBÚRUA y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 79). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ↑ Cf., por ejemplo, Anna OLIVEIRO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es la pedofilia?
- ↑ Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ: «Aproximación psicológica...», pág. 71.
- ↑ Enrique ECHEBÚRUA y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 82). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ↑ Cf. María José BENEYTO ARROJO: «Intervención con hombres...», págs. 141-142.
- ↑ Cf. Enrique DÍAZ LÓPEZ: «La estructura perversa».
- ↑ Enrique ECHEBÚRUA y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 84). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ↑ Cf. Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es...?, pág. 100.
- ↑ Cf. ibídem, pág. 99.
- ↑ Entrevista a Irene Intebi, experta internacional en prevención del abuso sexual infantil
- ↑ a b Irene Intebi, Joaquín de Paul Ochotorena, Abuso sexual infantil en las mejores familias, (Perfil del abusador ¿Quiénes son? Pág. 110), Granica, 1998 España. 2008 Argentina,ISBN 978-950-641-252-4
- ↑ G. Abel; J. Becker; J. Cunningham-Ralhner; M. Mittleman y J.L Rouleau (1988). «Múltiple paraphiliac diagnosis among sex offenders» (en inglés). Bulletin of the American Academy of Psychiatry and the Law, volumen 16, número 2, pp 153-68. Consultado el 12 de agosto de 2011.
- ↑ Prendergast, William. «Treating sex offenders in correctional institutions and outpatient clinics,» (en inglés). New York, Haworth Press, 1991, ISBN 978-1-56024-207-9.
- ↑ Cf. G. DÓMINI et alii: «Pedofilia e necrofilia, tratti comuni e differenziali», en Psichiatría e psicoterapia analítica (págs. 135-144), 18, n.º 2, junio de 1999; ápud Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es...?, págs. 92-93.
- ↑ Cf. ibídem, pág. 93.
- ↑ Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es...?, pág. 170.
- ↑ Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es...?, pág. 109.
- ↑ Ibídem, pág. 102.
- ↑ Ibídem, pág. 111.
- ↑ Ibídem, pág. 112.
- ↑ Cf. Ibídem, págs. 118-120.
- ↑ Enrique Echeburúa y otros, «Indicaciones terapéuticas...», pág. 134.
- ↑ Cf. Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es...?, págs. 130-131.
- ↑ Cf. Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales..., pág. 43.
- ↑ Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es...?, págs. 127-128.
- ↑ Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales..., pág. 43.
- ↑ Cf. Jennifer J. FREYD: ibídem (pág. 73).
- ↑ Ápud, ibídem, pág. 54.
- ↑ Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es...?, págs. 123-125.
- ↑ Ápud ibídem, pág. 131 y ss.
- ↑ Cf. Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales... (pág. 33).
- ↑ Cf. ibídem, pág. 49.
- ↑ En las dos últimas décadas del siglo XX se difundió en Estados Unidos una especie de «moda del trauma sexual precoz», que llegó a hacer necesario la creación de una fundación (la False Memory Syndrome Foundation o fundación para el síndrome de la memoria falsa) para luchar contra el síndrome de los «falsos recuerdos». El origen, en parte, estuvo en el libro titulado El valor de curar (1988), de Ellen BAJO y Laura DAVIS, dos falsas psicólogas que planteaban la posibilidad de inducir a pacientes el recurdo de abusos sexuales a los que hubiesen estado sometidos durante su infancia. La consecuencia fue que se llegó a acusar a muchas personas inocentes de ese tipo de hechos (cf. Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es...? (págs. 143-151).
- ↑ Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales... (pág. 15).
- ↑ Ibídem, págs. 72-73.
- ↑ Cf. ibídem, pág. 65.
- ↑ Cf. ibídem, pág. 66 y ss.
- ↑ Cf., para una presentación de las principales intervenciones terapéuticas sobre el menor, el capítulo 5 («Efectos del abuso y posibles intervenciones») de Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es la pedofilia?.
- ↑ María José BENEYTO ARROJO: «Intervención con hombres...», pág. 139.
- ↑ Cf. Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es...?, pág. 217.
- ↑ Cf. Jennifer J. FREYD: Abusos sexuales..., págs. 90 y ss.
- ↑ Anna OLIVERIO FERRARIS y Barbara GRAZIOSI, ¿Qué es...?, pág. 152.
- ↑ Ibídem, pág. 155.
- ↑ Cf. José CANTÓN DUARTE y María del Rosario CORTÉS ARBOLEDA: «Evaluación pericial...», págs. 86 y ss.
- ↑ José CANTÓN DUARTE y María del Rosario CORTÉS ARBOLEDA: «Evaluación pericial...», pág. 102.
- ↑ a b c d e f g Pederastia, el peor de los virus, 20minutos, 4 de octubre de 2008.
- ↑ Cf. Francisco MUÑOZ CONDE: Derecho penal (parte especial). Valencia (España): Tirant Lo Blanch (16.ª edición), 2007; ISBN 978-84-8456-942-8. En referencia a los delitos del 189.2 y 189.7 del Código Penal Español, que castiga la posesión (delito de tenencia) de pornografía infantil y la fabricación de pornografía infantil «incluso cuando no se hubieran empleado menores» (por ejemplo, el añadido digital de voces de menores a una película pornográfica de adultos).
- ↑ Código penal español
- ↑ a b c Francisco MUÑOZ CONDE: Derecho penal (parte especial). Valencia (España): Tirant lo Blanch (16.ª edición), 2007. ISBN 978-84-8456-942-8.
- ↑ http://www.trust.org/trustlaw/news/child-marriage-condemns-millions-of-girls-to-poverty/
- ↑ http://www.unicef.org/protection/files/Child_Marriage.pdf
- ↑ Convención Americana sobre Derechos Humanos, o Pacto de San José de Costa Rica.
- ↑ Convención Iberoamericana de Derechos de la Juventud.
- ↑ Convención sobre los Derechos del Niño (Asamblea de Naciones Unidas).
[editar] Bibliografía
- BANGE, Dirk: «Abusos sexuales de los niños», en Mente y cerebro (págs. 38-43), 32, 2008.
- BARUDY, Jorge (1998). El dolor invisible de la infancia. Madrid: Paidós. ISBN 84-493-0494-6.
- BENEYTO ARROJO, María José: «Intervención con hombres que agreden sexualmente a menores», en Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ (coord.): Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicológico y jurídico (págs. 139-157). Madrid: Biblioteca Nueva, 2002. ISBN 978-84-9742-010-5
- CANTÓN DUARTE, José, y María del Rosario CORTÉS ARBOLEDA: «Evaluación pericial de los abusos sexuales en la infancia», en Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ (coord.): Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicológico y jurídico (págs. 85-113). Madrid: Biblioteca Nueva, 2002. ISBN 978-84-9742-010-5
- ECHEBURÚA, Enrique y Cristina GUERRICAECHEVARRÍA: Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico (pág. 1). Barcelona: Ariel (2.ª ed.), 2005. ISBN 978-84-344-7477-2.
- ECHEBURÚA, Enrique y otros: «Indicaciones terapéuticas para los menores víctimas de abuso sexual», en Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ (coord.): Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicológico y jurídico (págs. 115-137). Madrid: Biblioteca Nueva, 2002. ISBN 978-84-9742-010-5
- FREYD, Jennifer J.: Abusos sexuales en la infancia. La lógica del olvido [1996], trad. de Pablo MANZANO. Madrid: Morata, 2003. ISBN 978-84-7112-477-7
- GELITZ, Christiane: «Entrevista a Klaus Beier (responsable de un centro de tratamiento de pederastas)», en Mente y Cerebro (págs. 44-47), 32, 2008.
- LAMEIRAS FERNÁNDEZ, Maria: «Aproximación psicológica a la problemática de los abusos sexuales en la infancia», en Maria LAMEIRAS FERNÁNDEZ (coord.): Abusos sexuales en la infancia. Abordaje psicológico y jurídico (págs. 61-83). Madrid: Biblioteca Nueva, 2002. ISBN 978-84-9742-010-5
- OLIVERIO FERRARIS, Anna y Barbara GRAZIOSI: ¿Qué es la pedofilia?. Barcelona: Paidós, 2004. ISBN 978-84-493-1637-1
[editar] Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Abuso sexual infantilCommons.- FundacionAlia2.org (sitio español contra la pornografía infantil en Internet).
- PAHO.org (Organización Panamericana de la Salud, oficina regional de la OMS: «Maltrato infantil y abuso sexual en la niñez»).
- Abuso sexual infantil NO! - Campaña A.S.I.NO!
- Matrimonio infantil
- Protocolo de Abuso Sexual Infanto Juvenil, Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires,Resolución 904/2008
- Abusadores Sexuales Jóvenes ¿Víctimas o victimarios?
- Estudio sobre la prevalencia del abuso sexual infantil en Buenos Aires