Matanza en la embajada española de Guatemala

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Quema de la Embajada de España en Guatemala
Falta imagen.svg
Un documental fílmico se encuentra en Ni uno vivo: Tragedia en la Embajada de España en Guatemala
Suceso Matanza de la embajada española en Guatemala
Lugar Ciudad de Guatemala, Flag of Guatemala.svg Guatemala
Fecha 31 de enero de 1980
Participantes

La matanza de la embajada española en Guatemala remite al suceso del incendio y masacre que se produjo en dicho país centroamericano el jueves 31 de enero de 1980.

Motivaciones[editar]

El motivo fue la movilización en forma de protesta por parte de un grupo de indígenas, secundado por el Comité de Unidad Campesina, la Coordinadora de Pobladores, obreros, cristianos y estudiantes de secundaria y universitarios, miembros del Frente Estudiantil Robin García[Nota 3] , con el fin de llamar la atención al mundo sobre las deficientes condiciones de trabajo en el área rural de El Quiché y los abusos que cometía el ejército guatemalteco del gobierno del presidente general Fernando Romeo Lucas García[Nota 4] para imponer dichas condiciones. En especial, la represión contra la población civil, estuviese ésta adherida o no a los grupos insurrectos en el área.

El hecho[editar]

Film Reel.svg
Documental fílmico «Ni uno vivo»
Guatemala 31 de enero de 1980:

Secciones Descripción
Ni uno vivo: Tragedia en la Embajada de España en Guatemala Documental sobre los hechos acontecidos el 31 de enero de 1980 en la Embajada de España en Guatemala. Presenta entrevistas con los principales participantes, entre sobrevivientes y periodistas que cubrieron los hechos.

De acuerdo con datos históricos, cerca del mediodía del jueves 31 de enero se reunían en la sede diplomática española el exvicepresidente de Guatemala, Eduardo Cáceres Lehnhoff, el excanciller y miembro de la Corte Internacional de Justicia de La Haya Adolfo Molina Orantes y el jurista Mario Aguirre Godoy con el embajador de ese entonces, Máximo Cajal López. Los exfuncionarios y el jurista guatemaltecos visitaban al embajador por una celebración próxima del Instituto de Cultura Hispánica, cuando irrumpieron aproximadamente 30 campesinos de El Quiché acompañados de líderes universitarios y guerrilleros, quienes anunciaron que ocuparían la sede diplomática, para solicitar la intervención de la misma en los sucesos que estaban ocurriendo del noroccidente del país.[1] De acuerdo a las versiones del gobierno guatemalteco de entonces, el embajador Cajal habría convocado a la reunión con los prestigiosos profesionales guatmaltecos para aprovechar su presencia en la embajada al momento de que el grupo campesino ocupara las instalaciones, confiando en que las autoridades respetarían el derecho internacional y la integridad de la sede diplomática.[2]

Al presentarse las fuerzas de seguridad, rápidamente irrumpieron en las instalaciones, forzando a los ocupantes y a los rehenes a refugiarse en una habitación que se encontraba en el segundo nivel del edificio que ocupaba entonces la embajada española. Tras un intenso asedio, se inició el incendio. El origen del incendio es también discutido: por un lado, los representantes de la izquierda guatemalteca indican que las llamas fueron provocadas por lanzallamas y por el uso de fósforo blanco, mientras que el gobierno guatemalteco enfatizó que los ocupantes de la embajada se inmolaron con las bombas molotov que llevaban al momento de ocupar las instalaciones. [Nota 5]

Luego saldrían en la prensa española fotografías de un policía con lanzallamas[3] , además de las pruebas testimoniales y periciales que confirmarían que varias víctimas habían sido baleadas; incluso, según la testigo presencial Odette Arzú, adscrita a la Cruz Roja Guatemalteca, la mayoría de las víctimas estaban quemadas sospechosamente sólo de la cintura hacia arriba.[4]

Lo que sí no se discute por ninguna de las partes, es que a los cuerpos de socorro no se les permitió la entrada para sofocar el incendio, hasta que éste prácticamente se consumió por sí solo.[4]

Investigaciones[editar]

Plaza de Héroes y Mártires en la Universidad de San Carlos, donde se encuentra la tumba de Gregorio Yujá

Existen varias versiones de las causas del hecho:

  1. Versión de la URNG: Durante los siguientes años, sucesivas comisiones de investigación llegaron a la conclusión, aceptada por el gobierno guatemalteco en 1984, de que las víctimas habían muerto por quemaduras producidas por granadas de fósforo blanco, asumiendo que la Policía Nacional de Guatemala era la responsable de lo acaecido y exonerando completamente a los ocupantes de cualquier responsabilidad en el trágico desenlace. [Nota 6]
  2. Versión del gobierno guatemalteco: La toma de la embajada de España fue planificada por el embajador Cajal quien pensaba utilizar a sus invitados como rehenes, dado el considerable prestigio que éstos tenían en los círculos oficiales e intelectuales guatemaltecos de la época. Por ejemplo, Adolfo Molina Orantes había sido canciller en dos ocasiones y era un jurisconsulto respetado en el mundo entero tras su brillante actuación en el Caso Nottebohm ante la Corte Internacional de La Haya. Asimismo, no se trató de una toma pacífica por campesinos porque los asaltantes eran liderados por guerrilleros que llevaban bombas molotov y armas. Estas armas fueron usadas para retener por la fuerza a los rehenes, según demostraron las autopsias que se efectuaron. Además las bombas estallaron desde dentro, quemando a todos, cuando la policía imprudentemente, ingresó a las instalaciones de la embajada.[5] [6] . Algunos medios españoles concordaron con esta versión.[5]
  3. Version del Licenciado Adolfo Molina Sierra, hijo de una de las víctimas y testigo presencial de los hechos del 31 de enero de 1980:
«Mi padre llegó con su chofer a la Embajada de España, a las 11:00 am a una reunión con el embajador Cajal, el licenciado Eduardo Cáceres Lehnhoff y el licenciado Mario Aguirre Godoy. El licenciado Mario Aguirre Godoy había sugerido pedir la colaboración del embajador español para el próximo Congreso Iberoamericano de Derecho Procesal, a llevarse a cabo en Guatemala.»
«A las 11:30 am, el chofer de mi padre observó que la Embajada de España era invadida por un grupo sospechoso de manifestantes con pancartas y mochilas. Después ingresar, el personal de la Embajada cerró las puertas. Inmediatamente, el chofer llamó por teléfono a mi casa y le informó a mi familia. Me dirijí personalmente a la Embajada para averiguar lo que sucedía, mientras mi esposa Emilia de Molina, llamaba al Ministro de Gobernación Donaldo Alvarez Ruiz, para pedirle ayuda, ya que el ministro conocía a mi padre y se creyó que podía auxiliar en algo; pero el ministro no contestó las llamadas.»
«Al llegar su hijo a las 12:00 horas a la Embajada, la policía ya se encontraba en la calle rodeando la Embajada. Ya habían unas mantas sobre las ventanas que decían Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y Comité de Unidad Campesina (CUC). Tambíen se encontraban muchas personas particulares viendo lo que sucedía. El Embajador tenía un megáfono en la mano y con él pedía la colaboración de la policía para mantener el control de la situación. Mi padre, que había sido tomado como rehén, fue forzado a pedir ayuda por el megáfono, para que la policía colaborara y así evitar cualquier desgracia. Los ocupantes se encontraban por toda la casa. Había un carro de la Cruz Roja aparcado al lado de la Embajada. Empezaron a llegar más policías y judiciales, y se empezaron a subir al techo por las paredes. Mario Aguirre Godoy logró salirse de la Embajada y fue escoltado a su casa.»
«A eso de las 14:00 empezó el movimiento más intenso de la policía; dijeron que iban a entrar. Yo le pedí al jefe de la Policía Nacional que esperara diez minutos más, que iría a llamar otra vez por teléfono al Ministro de Gobernación Donaldo Alvarez Ruiz. Cuando regresé, la policía ya había ingresado al primer piso de la Embajada. Los ocupantes se atrincheraron en el segundo piso, en el despacho del Embajador y cerraron la puerta y las ventanas. No se oía nada. La policía subió al segundo piso. Se oyeron dos disparos que salieron por las ventanas del despacho hacia la calle. Tras de eso, se escuchó desde dentro un sonido apagado, como cuando se enciende una estufa de gas o como cuando a la gasolina se le prende fuego, y entonces salió el humo negro del despacho hacia la calle y empezaron los disparos y los gritos. Corrí, agarré la manguera del jardín y trepé al balcón; quería apagar el fuego, ayudar a mi padre, ayudar a todos. Había mucho humo, poco fuego pero los alaridos eran interminables. Una indígena puso su cara y sus manos en los barrotes y allí murió, enfrente de mí, sin que pudiera hacer nada por ella. El fuego vino de adentro, del despacho del Embajador, pero él se salvó. El Embajador Cajal salió vivo, todos los demás murieron. Los rehenes fueron sacrificados por los guerrilleros más radicales que juraron que nadie saldría vivo ayudados por el Embajador Cajal.»[7]

El resultado[editar]

Esquela de Roberto Mertins.

El resultado fue el asesinato de 37 personas (dos más en días siguientes) y la ruptura de relaciones diplomáticas entre España y Guatemala que no se volverían a normalizar hasta el 22 de septiembre de 1984 con un tratado firmado en Bogotá, (Colombia). Tan sólo tres personas lograron sobrevivir a la matanza, el embajador Máximo Cajal López, el abogado Mario Aguirre Godoy y el campesino manifestante Gregorio Yujá Xona, quien logró salvarse cobijándose bajo los cadáveres calcinados de sus compañeros. Posteriormente, esa noche fue secuestrado del hospital donde estaba internado y asesinado Gregorio Yujá Xona, y su cadáver, arrojado frente a la Rectoría de la Universidad de San Carlos, y tenía un cartel colgado del cuello con la frase «Cajal, comunista, te ocurrirá lo mismo». El embajador Cajal también fue perseguido esa noche y tras escapar del hospital privado en que se encontraba, lo refugiaron en la casa de habitación del embajador de Estados Unidos, en donde se sufrió un atentado al ser disparados balazos contra el inmueble. Finalmente, el día del entierro de las víctimas fueron asesinados Gustavo Adolfo Hernàndez y Jesús España.

El gobierno español evacuó al Embajador Máximo Cajal, con la asistencia del cuerpo diplomático en Guatemala y rompió relaciones diplomáticas con el país centroamericano. Unos meses después fue asesinado de 55 disparos Roberto Mertins Murúa, profesor en la Universidad Rafael Landívar y director del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica - CCE/G,[8] director del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica -actual Centro Cultural de España en Guatemala-, que había criticado en Televisión Española la actuación de las autoridades militares en el asalto a la embajada.

Algunos nombres de los que perecieron son:

Los otros muertos en la embajada fueron:

  • Indígenas de El Quiché:
    • Vicente Menchú[Nota 7]
    • María Ramírez Anay
    • María Ramírez Anay (hermana)
    • Gaspar Viví
    • Mateo Sic Chen
    • Regina Pol Juy
    • Juan Tomás Lux
    • María Pinula Lux
    • Juan Us Chic
    • Gabina Morán Chupé
    • José Angel Xona Gómez
    • Mateo Sis
    • Juan Chic Hernández
    • Juan López Yac
    • Francisco Tum Castro
  • Estudiantes de la Universidad de San Carlos y combatientes guerrilleros:
    • Mateo López Calvo
    • Juan José Yos
    • Salomón Tavico Zapeta
    • Francisco Chen Tecú
    • Felipe Antonio García Rac
    • Trinidad Gómez Hernández
    • Luis Antonio Ramírez Paz
    • Edgar Rodolfo Negreros
    • Leopoldo Pineda
    • Sonia Magali Welches Valdez


Edificio de la Rectoría de la Universidad de San Carlos, frente al cual fue abandonado el cuerpo sin vida de Gregorio Yujá Xona.

Reflexiones[editar]

En 2005, en el periódico español El País fue publicada una reflexión que hizo el entonces exembajador Cajal:[10] «Es hora también de reflexionar. Sobre unos acontecimientos que sacudieron Latinoamérica, de Tierra del Fuego a El Quiché, ante la pasividad cuando no complicidad del mundo occidental. Eran los años de la guerra fría, de la amenaza marxista, del espectro del castrismo. De los Videla, Pinochet, Bordaberry, Trujillo, Somoza, Lucas y Ríos Montt. De los Montoneros, los Tupamaros, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, de los Sandinistas, del Ejército Guerrillero de los Pobres y del ORPA. De la contrainsurgencia y de la Escuela de las Américas. Eran años de una represión salvaje, sin cuartel y sin piedad. Años en los que valía todo. Como arrojar a las víctimas desde aviones o helicópteros al Atlántico, al Pacífico o al volcán Pacaya en Guatemala. Y tildar de comunista o de subversivo a quien se quería eliminar físicamente, destruirlo moralmente o desacreditarlo profesionalmente. Afortunadamente, hoy en día es inconcebible imaginar tanta pesadilla. Como la posibilidad de seguir, en directo, desde la calle, por la radio o en televisión, el asalto a una embajada por las fuerzas de seguridad del país ante el que está acreditada, desoyendo sus más altos dirigentes las reiteradas peticiones del embajador y de su ministro de Asuntos Exteriores para que la policía levante el cerco de la representación diplomática. También es impensable asistir a la llegada vergonzante a España, hurtado al contacto con la prensa, de ese mismo embajador, vivo aunque herido, único testigo de cargo de aquella matanza. Como si el hecho de haber sobrevivido a la matanza incomodara al Gobierno de turno. Pero entonces todo era posible. También aquí lo era, cuando apenas habían transcurrido cuatro años desde la muerte en la cama de Francisco Franco y faltaban poco más de doce meses para el golpe de Tejero.»[10]

Juicio[editar]

El 1 de octubre de 2014 en la ciudad de Guatemala, en el Tribunal Primero B de Mayor Riesgo inició el juicio contra el exjefe de la extinta Policía Nacional, Pedro García Arredondo, por la muerte de 37 personas, como resultado del incendio de la embajada de España en 1980. La Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, quien perdió a su padre en este hecho testificó en el proceso, en el que, además, participa como querellante.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. «Un aniversario más de la quema de la Embajada de España, aún en la impunidad». Diario La Hora. Consultado el 27 de enero de 2007.
  2. Sabino, 2008, p. 85.
  3. «Imagen de policía con lanzallamas durante la toma de la embajada de España». De Guate. Consultado el 14 de octubre de 2014.
  4. a b «www.youtube.com Ni uno vivo. Tragedia en la Embajada de España en Guatemala». YouTube. Consultado el 20 de septiembre de 2014.
  5. a b «Acusan al exembajador en Guatemala de idear el asalto a la sede diplomática en 1980». La voz de Galicia (Galicia). 15 de diciembre de 2004. http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/12/15/3296618.shtml. Consultado el 13 de octubre de 2014. 
  6. Sabino, 2008, p. 92.
  7. Información proporcionada por la familia Molina.
  8. Castrillón, Jorge. «Le acribillaron por ser culpable de leer libros y no callarse delante de atrocidades del calibre como la anteriormente mencionada». Esta semana en el CCE/G. (Centro Cultural de España en Guatemala). 
  9. «Era la primera misión extranjera de Ruiz del Arbol». El País, Internacional (1ro. de febrero de 1980).
  10. a b «La masacre en la embajada de España». EL PAÍS, España. Opinión (29 de enero de 2005). Consultado el 21 de julio de 2014.

Bibliografía[editar]

Notas[editar]

  1. Exvicepresidente de Guatemala
  2. Excanciller de Guatemala
  3. Organizaciones sociales que influenciadas por el Ejército Guerrillero de los Pobres
  4. Quien ostentó la presidencia de ese país centroamericano del 1ro. de julio de 1978 al 23 de marzo de 1982
  5. Existen tomas de televisión en donde se observa a agentes de las fuerzas de seguridad arrojando un paquete dentro del cuarto en llamas, pero no se puede determinar si era un artículo incendiario. Asimismo, existen tomas de un policía portanto un lanzallamas, pero tampoco hay evidencia de que le mismo fue utilizado durante la ocupación.
  6. «www.youtube.com Ni uno vivo. Tragedia en la Embajada de España en Guatemala». YouTube. Consultado el 20 de septiembre de 2014. «Evidencia del uso de aparatos que podrían ser explosivos puede verse en este video».
  7. Padre de la futura Premio Núbel de la Paz, Rigoberta Menchú