Conferencia de Paz de Madrid

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La Conferencia de Paz de Madrid fue una tentativa por parte de la comunidad internacional de empezar un proceso de paz entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, Siria, Líbano y Jordania. Ideada por el gobierno de España y auspiciada por Estados Unidos y la URSS, empezó entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre de 1991 y duró tres días.

Antecedentes[editar]

Esta conferencia tuvo lugar ocho meses después de la Guerra del Golfo de 1991.

Desarrollo[editar]

La Conferencia contaba con la presencia de los principales dirigentes de los países árabes, los líderes palestinos de los territorios ocupados y el primer ministro israelí en aquella época, Isaac Shamir. Los representantes palestinos formaron parte de la Delegación jordana. A pesar de que los representantes palestinos no eran miembros de la OLP, era ésta la que conducía a los representantes palestinos. Esta conferencia estableció las bases, las condiciones y el calendario para las futuras negociaciones, e inauguró el principio de "paz por territorios", que aún sigue vigente hoy en día. Como consecuencia de la conferencia de Madrid, las conversaciones se establecieron de dos formas: un conjunto de conversaciones bilaterales entre los países afectados dos a dos, y unos grupo de trabajo multilateral. Los grupo de trabajo multilateral se crearon en torno a diferentes temas: control de armamento y seguridad regional, desarrollo económico regional, agua, medioambiente y refugiados.

Errores y consecuencias[editar]

El mayor fracaso que se pueden extraer de la conferencia de Madrid fue el hecho de la negociación y las conversaciones de todo el proceso se pactara sin la participación internacional de las Naciones Unidas. Este papel fue atribuido exclusivamente a Estados Unidos. Así pues, el proceso de paz nació sin el marco legal de referencia del conflicto, es decir, el conjunto de resoluciones de las Naciones Unidas. Las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad se tomaron como punto de partida y no como un mínimo incuestionable a cumplir por ambas partes. La ausencia de Naciones Unidas en el proceso dejó las negociaciones en manos de la correlación de fuerzas de las partes, extremadamente desiguales. Este hecho determinará el futuro desarrollo fracasado del proceso de paciencia.