Zoofilia

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Leda y el Cisne, una copia del siglo XVI de un cuadro desaparecido de Miguel Ángel de 1530 (Galería Nacional de Londres).
El término zoofilia fue introducido en el siglo XIX por el sexólogo alemán Richard von Krafft-Ebing.[1]

La zoofilia (del griego zoon, "animal", y philia, "amor"), también llamada bestialismo, bestialidad, zoosexualidad o zooerastia,[2]​ es una parafilia que consiste en la realización del acto sexual entre un ser humano y otra especie animal. Las personas que sienten esta afinidad o atracción sexual son conocidas como zoófilos, zoofílicos o zoosexuales[3]​ Para mayor claridad, en este artículo se utilizará el término zoofilia para la atracción sexual, y el término bestialismo para el acto sexual.[4]

La práctica de la zoofilia puede causar lesión o muerte al animal, lo que sumado a consideraciones morales o culturales conlleba que en númerosos países está prohibido el bestialismo, considerándoselo ilegal. La discusión sobre el trato ético a los animales genera pasiones y activismo, incluyendo la zoofilia, sin importar si le genera daño o no al animal.[5]​ Además se especula que el sexo con animales fue el origen del sida, la sifilis y otras enfermedades adquiridas por los humanos.[6]

Según el Informe Kinsey basado en estudios realizados en Estados Unidos entre 1948 y 1953, de 8.000 hombres y 12.000 mujeres, un 3,6% de mujeres y un 8% de hombres reconocíeron haber tenido contactos sexuales con animales, de estos el 17% vivian al ámbito rural.[7]

Por otra parte, la formicofilia es una parafilia diferente a la Zoofilia y se basa en obtener placer sexual mediante el contacto de animales pequeños con las zonas erógenas pero sin establecer contacto sexual como sí sucede en el bestialismo.[8]

Terminología[editar]

El término zoofilia fue introducido por primera vez en el estudio de la sexualidad por Richard von Krafft-Ebing a finales del siglo XIX.[1]​ El ambiguo término sodomía ha sido empleado en algunas ocasiones en un contexto legal para referirse a actos bestialistas.[9]​ En pornografía, el material que presenta prácticas sexuales entre humanos y animales no humanos lleva el nombre de zoofilia o bestialismo.

Perspectiva histórico-religiosa[editar]

El hombre que copula con una yegua. Imagen en el exterior de un templo hinduista-jainista de Khajuraho, India.
Zoofilia en una pintura india.

La mayoría de las religiones han condenado la zoofilia y el bestialismo, con algunas excepciones. Sin embargo, las relaciones sexuales con animales no es algo nuevo. En textos como la Biblia ya se encuentran referencias a este comportamiento.[10]​ En una cueva en Val Camonica, en el norte italiano se muestra una pintura de por lo menos 8000 a. C. en lo cual un hombre está a punto de penetrar un animal.[11]

El bestialismo de la Edad Antigua pudó estra ligado al ritual religioso. Sin embargo, no existe ninguna prueba de que la presencia de dioses con atributos zoomorfos garantiza esto en sí mismo. Sin embargo, Píndaro, Heródoto y Plutarco afirmaron que los egipcios participan en un ritual con cabras.[12]​ Pero tales afirmaciones sobre otras culturas no reflejan necesariamente nada acerca de que el autor tenía pruebas.

En la sociedad europea de la Edad Media, basada en el cristianismo, la parctica de la zoófila llegó a ser castigada con la pena de muerte en la hoguera, sacrificando también a los animales involucrados de igual manera o por ahorcamiento. Teólogos judíos y cristianos citan los versículos 18:23 ("Y no debes acostarte con bestias, haciéndote inmundo por ello, y tampoco mujer alguna debe acostarse con bestias; es perversión"[13]​) y 20:15-16 ("Cualquiera que tenga cópula con bestia alguna, debe ser matado; y mataréis también a la bestia. Y cuando una mujer se acerque y tenga cópula con cualquier bestia, ambos deben ser matados; su sangre estará sobre ellos"[13]​) del Levítico para denunciar el bestialismo. Algunos teólogos (en especial cristianos) extienden estos fragmentos, de forma que los pensamientos lujuriosos sobre animales también son pecado. Algunos zoofílicos defienden que estos versículos especifican que la postura del misionero con animales está prohibida, mientras que las otras no lo están. El Nuevo Testamento de la Biblia cristiana prohíbe la bestialidad (1 Corintios 6:9; Efesios5:5; Apocalipsis 22:15), ya que es una inmoralidad sexual.

Por otra parte, existen diversas referencias en las escrituras hindúes de figuras religiosas teniendo relaciones sexuales con animales (por ejemplo, el dios Brahmā copulando con un oso, o un sabio semihumano nacido de una madre cierva). En el arte védico también hay evidencias de bestialismo (la religión que la civilización védica ejercía es la precursora del hinduismo) y de figuras de personas copulando con animales entre las miles de esculturas que describen "eventos de la vida" en el exterior del templo de Khajuraho. La doctrina hindú ortodoxa defiende que la cópula debería estar restringida a parejas casadas, prohibiendo el bestialismo. Y en el Manusmrti, el apareamiento entre los seres humanos y animales está permitido.

En cuanto al budismo, este trata las conductas sexuales según si éstas hacen daño a uno mismo o a otros. La ética budista en materia sexual por lo general prohíbe todo acto sexual donde uno de los participantes no dé su consenso (violación, pedofilia, etc.), por lo cual, debido a que los animales no podrían dar nunca el consenso, la zoofilia estaría implícitamente prohibida en el budismo.[14]​ Algunas conductas sexuales, incluidas las conductas sexuales con animales, están prohibidas explícitamente para los monjes y monjas budistas.[15][16]

En el caso del Islam, este tiene diferentes posturas frente al bestialismo. Esto se debe a que ello no se menciona en el Corán, o a que la cópula y la sexualidad se trataban menos como tabú en la sociedad musulmana que en la cristiana. Algunos musulmanes afirman que la cópula con animales es detestable; otros, que a pesar de ser condenable, se ha de tratar con cierta indulgencia, como el lesbianismo o la masturbación.[17]

Aspectos psicológicos e investigación[editar]

Pastor penetrando a una cabra. Litografía de Édouard-Henri Avril.

El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV) diagnostica la Zoofilia como F65.9 parafilia no especificada [302.9].[18]​ Investigaciones médicas indican que algunos zoófilos sólo son atraídos a una especie específica; otros son atraídos a varias especies (que pueden o no incluir los seres humanos), y algunos zoófilos no sienten atracción por los seres humanos en general.[4]

Una de las principales críticas hacia la zoofilia es que la actividad de bestialismo es dañina para los animales y necesariamente abusiva.[19]​ Los animales podrían ser traumatizados incluso por un enfoque no violento y sexual de un ser humano.[19]​ Además, según la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA), varios informes sobre experimentos realizados con presos concluyeron los individuos que llevan a cabo actos de zoofilia eventualmente varían de un tipo de abuso sexual a otro, de forma que podría ser similar el riesgo de que agredan sexualmente a un animal a que lo hagan con un humano.[20]

Sin embargo la bestialidad no abusiva puede ser recíprocamente placentera tanto para el humano como para el animal no humano. Los defensores de la zoofilia dicen que la misma no constituye maltrato animal ya que ellos raras veces hieren físicamente a los animales al realizar estas prácticas.[21]​ De hecho aducen que en ciertos casos el animal puede disfrutar con la práctica.[22]​ También se ha determinado que especies (como los delfines[23]​) se sienten atraídos por individuos de otras y algunos animales incluso pueden sentirse dispuestos a mantener relaciones sexuales con humanos.[24]​ Así mismo el hecho de que los animales no puedan dar su consentimiento podría ser irrelevante ya que esto no impide que otras prácticas (como la experimentación con animales, la castración, etc.) se realicen sin consentimiento del animal[25]​.

Por otro lado se argumenta que el hecho de que estas prácticas no estén legalizadas o estén penalizadas atentan contra los derechos constitucionales de los zoófilos por ejemplo el derecho a la igualdad ante la ley. El hecho de que se considere incorrecto o moralmente desaprobable a la zoofilia es debido a la creencia de que la especie humana es superior a las demás, lo que para los defensores de estas prácticas es consecuencia de un especismo y un antropocentrismo irracionales existentes en la sociedad[26]​.

Los zoófilos en relación con otros grupos[editar]

A los zoófilos aveces se les confunde con los furries en sociedades donde dicha subcultura existe. Los furries son gente con un interés por el arte antropomórfico animal. Sería falso afirmar que todos los furries sienten deseo sexual por los animales. Muchos furries aprecian la compañía de animales y gustan de poseer arte erótico animal-antropomórfico. Sin embargo, la mayoría no desean extender su interés por los animales hacia el campo de la sexualidad. Varias formas de fetichismo, como por ejemplo llevar disfraces de animales u otras tendencias, no suelen tener relación directa con la zoofilia.

La zoofilia no está relacionada con la caracterización animal en juegos y fantasías sexuales, donde una persona toma el rol de perro, caballo u otro animal mientras el compañero actúa de jinete, entrenador, criador o montador. Estas actividades son juegos de rol sexuales y no tienen conexión implícita ni están asociados con la zoofilia. En vez de ello, normalmente se asocian con prácticas sexuales de dominación y sumisión, como en el sadomasoquismo. La actividad bestialista no pertenece a este grupo de actividades.

Estatus legal[editar]

Los actos de bestialismo son considerados ilegales en muchas legislaciones, mientras que en otras no se hace referencia directa al bestialismo (únicamente se remarca como delito el abuso de animales). En muchos países las leyes no estipulan si las relaciones sexuales con animales son implícitamente abusivas o un maltrato. Ello provoca que el bestialismo no esté claramente contemplado en sus legislaciones.[27][28]

Zoofilia y salud[editar]

El contacto sexual con animales está asociado a varios riesgos significativos para la salud. Esto es similar a los riesgos sexuales en las interacciones de humano a humano, ya que los seres humanos son animales. Las áreas de preocupación posible son infecciones, lesiones físicas y reacción alérgica. Las infecciones que se transmiten de los animales a los seres humanos se denominan zoonosis. Algunas zoonosis pueden transferirse a través de contacto casual,[29]​ pero otros son transferidos mucho más fácilmente por actividades que exponen a los seres humanos al semen, fluidos vaginales, orina, saliva, las heces y sangre de animales.[30]

Algunos riesgos para la salud incluyen brucelosis, leptospirosis, fiebre Q, rabia y Campylobacter.[31]​ Sin embargo, en los animales que están bien cuidados, los riesgos son bajos. Además, estos riesgos no se limitan solo a actividades sexuales, pudiendo transmitirse de otras formas (por mordeduras, consumo de animales, etcétera). A diferencia de los primates,[32]​ los perros no pueden transmitir el virus VIH a los seres humanos.[33]

Varios estudios han sugirido que la cópula con animales puede conducir a cáncer de pene.[34][35][36]

Referencias en la cultura[editar]

Europa y Júpiter transformado en toro.
En la serie de acuarelas Los Borbones en pelota, atribuida a los hermanos Valeriano Domínguez Bécquer y Gustavo Adolfo Bécquer, se puede ver a Isabel II de España fornicando con un burro.

En la Edad Antigua, la mitología griega describió la leyenda de Pasífae, esposa del rey Minos, quien se disfrazó de vaca para copular con el toro de Creta.[37]​ Ya en la Edad Media, la obra Las mil y una noches relata dos escenas manifiestas de zoofilia en Oriente Medio.[38]​ También la centenaria mitología de la Isla de Chiloé en Chile incluye la leyenda del mítico Trehuaco, criatura que mantiene relaciones sexuales con las mujeres.[39]​ Más recientemente, el dramaturgo Peter Shaffer escribió la obra Equus (1973), en la que uno de los protagonistas es un adolescente que siente fascinación sexual y religiosa por los caballos.[40]

Por su parte, el cine cuenta con una basta presencia de la tematica zoofílica en diferentes obras. Así, en los años 1970, producciones son realizadas en medio de controversias de diferente magnitud. Tal es el caso de La bestia (1975) del polaco Walerian Borowczyk que narra la historia de una noble francesa que tiene relaciones sexuales con una criatura inspirada en la leyenda de la Bestia de Gévaudan.[41]​ También el director español Eloy de la Iglesia trato dicho tabú cuando dirigió la película La criatura (1977), en la que una mujer se enamora de un perro llamado Bruno.[38]​ Poco después, el director japonés Shôgorô Nishimura dirigió la película Dan Oniroku: Nawa-geshô (1978), en la que una mujer, interpretada por Naomi Tani, asiste a unas clases para convertirse en una perfecta mujer-perro.[42]​ El año siguiente fue el español Bigas Luna quien dirigió la película Caniche, en la que la pareja protagonista mantienen relaciones zoofílicas con sus perros.

En 1998, la directora estadounidense Lavinia Currier, llevó a la pantalla la obra Pasión en el desierto, basada en una historia corta de Honoré de Balzac en la que un soldado napoleónico, perdido en el desierto egipcio, tiene un intenso romance con una leopardo llamado por él Simoom.[43]​ En 2006, el también estadounidense Bobcat Goldthwait realizó la comedia Sleeping Dogs Lie en que una mujer le hace una felación a su perro. Tras esa acción, tiene que a aprender a vivir con ese secreto por miedo al rechazo de su familia, por el miedo a la soledad.

En el genero documental destaca la producción estadounidense Zoo, de 2007, que narra la historia real de Kenneth Pinyan, un hombre que murió de peritonitis en 2005 debido a una perforación en su colon después de relacionarse sexualmente con un caballo que lo penetró analmente.[44]

También las series televisivas han abordado el bestialismo. Por ejemplo, en el capítulo 4 de la cuarta temporada de Nip/Tuck (2006), Melissa Gilbert interpreta a Shari Noble, esposa de un soldado que, mientras este esta en la guerra, pierde un pezón en uno de sus constantes adulterios con su perro guardián. Otra serie que trato el tema, aunque esta vez difundida en streaming por Amazon Prime Video, fue The Grand Tour (programa de televisión) en la tercera su temporada, cuando Jeremy Clarkson aseguró haber sido testigo de practicas zoofilas entre un habitante de la Region Caribe de Colombia y un burro. Tras consultar con los lugareños, varios de entre ellos aseguraron que se trata de una practica corriente en es parte del país.[45]

El género pornográfico posee un subgénero propio dedicado a la zoofilia o incluso el bestialismo.[46]​ En 1971, la actriz Linda Lovelace actuó en Dog Fucker, un corto de bestialidad.

Acusaciones célebres[editar]

En 378 los detractores del papa Dámaso I, encabezados por el antipapa Ursino, lo acusaron de abominaciones tales como violar a una cabra. No fue el unico pontifice sobre el que fueron lanzados rumores de este tipo ya que entre las muchas aberraciones de las que se acusó al papa Benedicto IX (1012-1056) figura la violación de animales.[47]

En el siglo VI, según la obra Historia secreta de Procopio de Cesarea, antes de ser emperatriz, Teodora de Bizancio se ganaba la vida con espectáculos eróticos donde se esparcía granos de cebada en su vulva para que gansos entrenados las comiesen.[48][49]

En Francia, en 1601, Claudine de Culam, una joven de 16 años, fue ahorcada junto con su perro tras un juicio que la encontró culpable en el cargo de zoofilia.[50]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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