Masturbación

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Masturbación mutua en una ilustración de Martin van Maële en La Grande Danse macabre des vifs (1905).

La masturbación, tanto femenina como masculina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtener placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo. La masturbación puede realizarse por uno mismo, en solitario o sobre los genitales de otra persona, como ocurre en la masturbación mutua.

La masturbación suele efectuarse con las manos o mediante el frotamiento de los genitales con algún objeto, como los llamados «juguetes sexuales».

Se atribuye a Sigmund Freud el descubrimiento de que la masturbación es algo común en la infancia. Sin embargo, debemos más el conocimiento de la sexualidad humana en la actualidad a un coetáneo suyo: Havelock Ellis. Este autor señaló que la masturbación es una práctica habitual en ambos sexos, y se lleva a cabo durante buena parte de la vida.[1] También es bien conocida la práctica en perros y otros mamíferos.

Origen del término

Masturbación masculina por Édouard-Henri Avril (1849-1928).
Masturbación (mutua) por Johann Nepomuk Geiger (1805-1880).

Se han empleado diferentes términos para denominar esta actividad sexual: autoerotismo, ipsación, masturbación, onanismo, entre otros. En todo caso, el origen del vocablo masturbación es incierto. La primera referencia conocida viene de Marcial, un poeta satírico hispanorromano del siglo I de la era cristiana. La voz podría derivar de una palabra compuesta por raíces latinas: mas, "hombre" y turbatio, "(per)turbación", "intranquilidad", "confusión" o "excitación", con lo que masturbación significaría "excitación masculina". Algunos sugieren que mas podría provenir de manus, "mano", lo que se interpretaría como: "excitar con la mano". Otros afirman que podría proceder de manus stuprare: "profanar/violar con la mano". Ambas etimologías con el término "mano" resultan algo dudosas, pues la raíz se encontraría en esos casos en ablativo (por medio de la mano) y no llevaría la s final (manu). La última explicación parece derivarse además de la consideración religiosa que aún considera la masturbación un acto infame. El término latino, sin embargo, no prejuzga si la actividad a la que se refiere es buena o mala.

Onanismo

A pesar de utilizarse como sinónimos, el término "onanismo" no significaba en su origen lo mismo que masturbación. La palabra hacía alusión al coito interrumpido, actividad sexual que habría practicado el personaje bíblico Onán con la viuda de su hermano. Con el paso de los años, el significado ha ido variando y hoy en día es sinónimo de masturbación. Otro frecuente eufemismo generado por esta historia es "mal de Onán".

Técnicas

Hombres

Masturbación masculina

Existen variantes en la masturbación. La mayoría de los hombres se masturban agarrando el pene con la mano, moviéndola de arriba hacia abajo o de atrás hacia adelante, según la postura del individuo. Otros no utilizan toda la mano sino que agarran la zona del frenillo entre los dedos índice y medio, y el pulgar por el otro lado. Otra técnica es emplear las dos manos en el pene. Otros solo frotan su pene con una mano y con la otra se estimulan los testículos o pezones, entre otras partes del cuerpo.

Los hombres no circuncidados no suelen necesitar el uso de lubricantes, porque el prepucio ya mitiga los efectos del roce directo por sí solo, aunque los hay que los emplean para añadir sensaciones a su actividad. El uso de lubricantes es más frecuente entre los hombres que tienen su pene circuncidado, con el fin de facilitar el deslizamiento de la mano sobre el glande.

Existen artilugios eléctricos y mecánicos para que los hombres se masturben: muñecas inflables o de goma, vaginas artificiales, bombas de vacío, etc. También se pueden utilizar vibradores, aplicándolos sobre el frenillo.

Mujeres

Masturbación femenina

La mayoría de las mujeres se masturba estimulando la zona del clítoris. Una cuarta parte de ellas suelen añadir también el estímulo vaginal introduciéndose sus dedos para incrementar la sensación placentera. Pero el estímulo exclusivo de la vagina para masturbarse es un procedimiento minoritario, a pesar de lo que muestran las películas pornográficas.

Las mujeres suelen utilizar los dedos para masturbarse, estimulando indirectamente el clítoris al frotarlo a través del prepucio del clítoris o, menos frecuentemente, directamente sobre el glande del clítoris. Suelen lubricarse los dedos, sobre todo si estimulan directamente el glande del clítoris, bien introduciéndolos de vez en cuando en la vagina para extender su humedad al clítoris, bien mojándolos con su propia saliva.

La mayoría de las mujeres se masturba con las piernas abiertas, un 10 % lo hace boca abajo y con las piernas juntas. La mitad de estas últimas no emplean los dedos para masturbarse, sino que se frotan contra una almohada o el rebujo de las sábanas. El 3 % de las mujeres se masturba en cualquier postura simplemente contrayendo rítmicamente los muslos. Otro 2 % lo hace empleando el chorro de agua de la ducha o la bañera. Un 2 % más lo hace estimulándose solo con fantasías. A pesar de las numerosas técnicas existentes para masturbarse, la mayoría de las mujeres (71 %) suelen ser fieles a una de ellas durante toda su vida.

El uso de vibradores y otros juguetes eróticos es frecuente. Según encuestas, entre una de cada cuatro y dos de cada tres mujeres, según los países, utilizan estos artilugios.[1]

Extensión de la masturbación

Prácticamente toda la población sana se masturba desde edades tempranas hasta el final de su vida, si su salud se lo permite.

El análisis de las estadísticas arrojan como cifra probable de hombres que se masturban la del 92 % o 94 %. Para las mujeres, los datos son más inseguros por la conocida inhibición femenina a la hora de reconocer esta práctica. Pero del estudio de las diferentes cifras manejadas por los investigadores, se sabe que se masturban entre el 85 % y el 93 % de las mujeres, en conjunto. Si el análisis se centra solo en las mujeres orgásmicas, y lo es el 90 % de la población femenina, se encuentra que se masturban entre el 91 % y el 99 % de ellas, prácticamente todas.[1] Sin embargo, otras fuentes indican que el número de mujeres orgásmicas podría ser mucho menor. Según el Journal of the American Medical Association, un 43 % de las mujeres americanas siguen padeciendo disfunciones que les impiden alcanzar el orgasmo.[2]

La masturbación a lo largo de la historia

Sátiro masturbándose. Crátera griega del siglo VI a. C..

La medicina moderna reconoce que la masturbación no produce daños significativos a corto o largo plazo, y la considera una práctica normal, incluso antiestresante.[3]

A lo largo de la historia, sin embargo, siempre hubo voces que afirmaron que la masturbación era un acto inmoral. La base de tal criterio residiría, según esas voces, en que la masturbación impediría que la especie humana se mantuviera viva sobre el planeta por la emisión improductiva de semen en el caso de la masculina. Y en el caso de la masturbación femenina se afirmaba que si las mujeres se masturbaban podrían alejarse de los hombres por preferir autocomplacerse.

No fue hasta el siglo XVIII que al supuesto "daño moral" que ocasionaría la masturbación se añadió el "daño físico": comenzó a decirse que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un sinnúmero de enfermedades. Se idearon muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbadores,[cita requerida] y se crearon numerosos remedios contra la masturbación. Algunos de ellos incluían: circuncisión sin anestesia, guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas, o extirparlos quirúrgicamente.[cita requerida]

En décadas posteriores, el terrorismo psicológico reemplazó a las otras medidas. Por ejemplo, se decía a los niños que si se masturbaban les crecerían pelos en las manos, la cara se les volvería verde, se les secaría el pene o el clítoris, se volverían locos, les saldrían granos en la cara... En los EE. UU. y otros países angloparlantes, se comenzó a practicar de forma rutinaria la circuncisión neonatal debido a un supuesto efecto preventivo contra la masturbación y la clitoridectomía a las chicas que eran descubiertas haciéndolo. Esta última se abandonó bien entrados los años treinta, pero la circuncisión neonatal de los varones se sigue practicando.[cita requerida]

Curiosamente, el padre del psicoanálisis sostuvo hasta una edad avanzada que la masturbación adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocidas por aquel entonces bajo el nombre de neurastenia.

Afirmaciones populares acerca de la masturbación

Masturbación, de Gustav Klimt (1913).

Según explica el psiquiatra español Jesús Ramos Brieva, existen diversos prejuicios en la cultura popular en relación con la masturbación:[1]

Los hombres se masturban más

Suele afirmarse que los hombres se masturban con una frecuencia semanal, que es el doble de veces la de las mujeres. Pero existen investigaciones que demuestran que los hombres mienten sistemáticamente en las encuestas sexuales exagerando la frecuencia con la que acuden al autoerotismo, mientras que las mujeres mienten en sentido contrario, minimizando la frecuencia (es típica la respuesta femenina de hacerlo una vez al mes). Si corregimos las afirmaciones de unos y otros, como han realizado algunas investigaciones serias, los datos tienden a converger: así, hombres y mujeres se masturban con una frecuencia similar.[1]

Los hombres comienzan a masturbarse antes que las mujeres

Según los estudios recopilados por Ramos Brieva, tampoco es cierto que los hombres se inicien en la masturbación antes que las mujeres por tener un órgano sexual tan "evidente" y que tienen que tocarse a diario por razones fisiológicas e higiénicas.

Está demostrado que hay más mujeres que hombres que se inician en la masturbación antes de los 10 años de edad. Lo hacen así entre el 20 % y el 42 % de las mujeres, al menos, y entre el 3 % y el 13 % de los hombres. También hay un 42 % a 52 % de mujeres que comienzan a hacerlo, como los hombres, durante la adolescencia. Por eso, las mujeres aprenden a masturbarse espontáneamente con mayor frecuencia que los hombres (lo hacen siendo más niñas y sin haber hablado con nadie del tema), quienes suelen iniciarse más tarde, tras hablar con sus compañeros o leer sobre el tema (mujeres: entre el 57 % y el 62 %; hombres: 28 %)[1]

Las personas dejan de masturbarse cuando inician relaciones sexuales

Según los estudios citados en la obra, los hombres y las mujeres continúan masturbándose después de establecer relaciones de pareja. Incluso aunque tales relaciones sean satisfactorias, el 75 % de los varones y el 75 % al 91 % de las señoras emparejados continúan haciéndolo.[1]

Se ha observado que mientras la frecuencia con la que los hombres emparejados acuden a la masturbación disminuye desde el momento que comienzan a tener relaciones sexuales y sigue descendiendo con el paso del tiempo, en las mujeres la frecuencia se mantiene igual o aumenta en la mayoría de los casos, sobre todo entre las que son más jóvenes. Esta idea contradice, igualmente, la afirmación popular.

Quienes se masturban se aíslan socialmente

El psiquiatra Jesús Ramos niega este supuesto, concluyendo que la masturbación no produce aislamiento, habiéndose comprobado que la mayoría de los seres humanos se masturban y tienen relaciones sexuales con normalidad.[1]

Otras fuentes explican que en las personas aisladas que no saben relacionarse con los demás se desarrolla la masturbación como forma de satisfacción sexual al no tener la oportunidad de desarrollar la actividad sexual que apetece compartir con otras personas, al no ser capaces de relacionarse con esas personas.[4]

Cultura popular

  • Hay muchas palabras que aluden en español a la masturbación masculina, al tiempo que escasean las que se refieren a la femenina. La más extendida es "paja", en general "hacerse una paja", que puede referirse a ambas aunque es más corriente para la masturbación masculina. Otras son '''gallarda''', '''gayola''' o '''manola'''. Todas ellas se consideran vulgares.
  • Los prejuicios de la Iglesia Católica sobre la masturbación fueron la inspiración para la canción Todo esperma es sagrado en la película de los Monty Python: El sentido de la vida.
  • En el tema "Yo quiero ser muy promiscuo", del cantautor madrileño Ismael Serrano, el artista pone en boca de su protagonista la afirmación de que "quiere ser muy promiscuo, [...] porque está un poco harto del pecadillo de Onán". El mismo autor en el tema "Canción del amor propio" canta: "...y allá voy, menudo soy, me dedico un arrechucho, sin riesgos, sin contemplaciones, dudo que nada me satisfaga mejor que un servidor".

Véase también

Bibliografía

  • Jesús Ramos (2002), Un encuentro con el placer. La masturbación femenina, Madrid: Espasa - Calpe. ISBN 84-670-0279-4

Referencias

  1. a b c d e f g h Jesús Ramos (2002). Un encuentro con el placer. La masturbación femenina. Madrid: Espasa-Calpe. ISBN 84-670-0279-4. 
  2. Female Sexual Dysfunction (en inglés)
  3. «Is masturbating every day bad for your health? - Planned Parenthood». 
  4. «Masturbation Myths - Planned Parenthood» (en inglés). Archivado desde el original el 25 de noviembre de 2015. 

Enlaces externos