Incidente de Palomares

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Incidente de Palomares
Palomares Bomb Casings.jpg
Dos bombas de Palomares en el National Atomic Museum de Albuquerque, Nuevo México.
Fecha 17 de enero de 1966
Causa Colisión aérea
Lugar Bandera de España Palomares, España
Coordenadas 37°14′57″N 1°47′49″O / 37.24916667, -1.79694444Coordenadas: 37°14′57″N 1°47′49″O / 37.24916667, -1.79694444
Fallecidos 7
Primer implicado
Operador Mando Aéreo Estratégico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos
Registro 58-0256
Nombre Boeing B-52 Stratofortress
Tripulación 7
Supervivientes 4
Segundo implicado
Operador Fuerza Aérea de los Estados Unidos
Registro 61-0273
Nombre KC-135 Stratotanker
Tripulación 4
Supervivientes 0
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Un operario a bordo de un KC-135 durante el repostaje en vuelo de un bombardero B-52 en 2006.

El incidente de Palomares fue el accidente nuclear ocurrido en la localidad española de Palomares el 17 de enero de 1966 en el que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos perdió un avión cisterna, un bombardero estratégico y las armas nucleares que transportaba este último.

El accidente[editar]

En el accidente de Palomares se vieron implicados un bombardero estratégico estadounidense B-52 y un avión nodriza KC-135 (cargado con 110.000 litros de combustible) que colisionaron a 10.000 metros sobre la costa mediterránea, en el cielo de la pequeña localidad almeriense. El B-52 volvía de la frontera turco-soviética hacia la Base Aérea de Seymour Johnson en Goldsboro, Carolina del Norte, y el KC-135 provenía de la Base Aérea de Morón. La maniobra era de rutina: los B-52 se reaprovisionaban de combustible a la ida, desde la Base Aérea de Zaragoza, y a la vuelta desde la de Morón.[1]

Debido a un fallo en la maniobra de acoplamiento, ambas aeronaves colisionaron, se destruyeron y cayeron. Los cuatro tripulantes del KC-135 resultaron muertos, al igual que tres del B-52. Cuatro tripulantes del bombardero lograron eyectarse, pero el paracaídas de uno de ellos no se abrió. Otro miembro de la tripulación se lanzó a través de una escotilla abierta por una de las eyecciones, al contar el B-52 con sólo seis asientos eyectables.

El B-52 transportaba cuatro bombas termonucleares Mark 28 (modelo B28RI) de 1,5 megatones cada una, de 1,5 metros de largo por 0,5 metros de ancho, con un peso de 800 kg. Dos de ellas quedaron intactas, una en tierra (cerca de la desembocadura del río Almanzora) y la otra en el mar. Las otras cayeron sin paracaídas, una en un solar del pueblo, la otra en una sierra cercana. Se produjo la detonación del explosivo convencional que contenían, lo que sumado al choque violento con el suelo, hizo que ambas bombas se rompieran en pedazos. Las tres que cayeron en tierra fueron localizadas en cuestión de horas; la que se precipitó al mar pudo ser recuperada 80 días después.[1]

Como resultado de la explosión, se formó un aerosol, una nube de finas partículas compuesta por los óxidos de elementos transuránicos que formaban parte del núcleo de las bombas, más el tritio que se vaporizó al romperse el núcleo. Dicha nube fue dispersada por el viento y sus componentes se depositaron en una zona de 226 hectáreas de superficie que incluía monte bajo, campos de cultivo e incluso zonas urbanas. La contaminación resultante (principalmente por Plutonio-239, también Pu-240 y Americio-241) superó los 7400 Bq/m², con notables diferencias según el punto considerado, habiendo zonas con 117000 Bq/m², y hasta más de 37 millones de Bq/m² (saturaron los instrumentos de medida) cerca de los puntos de impacto.[1] A finales de los años 1980, la contaminación residual era de 2500 a 3000 veces superior a la de las pruebas atómicas.[2]

La reacción en cadena que desencadena la explosión nuclear no se produjo gracias al dispositivo o sistema que lo impide en caso de impactos, sistema aún mantenido bajo secreto.[3]

El vicepresidente Agustín Muñoz Grandes y el presidente de la Junta de Energía Nuclear José María Otero Navascués enviaron al comandante del cuerpo de ingenieros aeronaúticos del Ejército del Aire Guillermo Velarde, físico y experto en energía nuclear para que comprobara los daños ocasionados: Velarde pudo examinar los restos de plutonio de las bombas termonucleares.[4]

Recuperación de los artefactos[editar]

La bomba perdida en el mar podía seguir intacta e incluso ser recuperada por algún otro país, en especial por la Unión Soviética. Por ello la Armada de los Estados Unidos desplegó un gran dispositivo de buceadores, 34 buques y 4 minisubmarinos sumergibles. Tras 80 días de búsqueda[3] la bomba fue localizada por el minisubmarino Alvin a 869 metros de profundidad y 5 millas de la costa, gracias a la ayuda de un pescador local, un vecino de Águilas llamado Francisco Simó Orts (alias Paco 'el de la bomba')[5] . Observó el accidente ya que estaba faenando en el mar cerca del lugar, y guió a los marines hasta el lugar donde cayó la bomba. Desde este día a Orts se lo conoce en la zona como «Paco el de la bomba».[6] El rescate efectivo de la bomba sumergida se realizó gracias a un ingenio denominado "CURV" utilizado habitualmente para recuperar torpedos del fondo marino.

La recuperación y limpieza de las armas caídas en tierra requirió otro tipo de dispositivo. Varios miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos se presentaron en las cercanías del pueblo equipados con trajes NBQ. Durante varios días permanecieron en la zona, retirando la tierra superficial contaminada de 25 000 metros cuadrados de suelo.[6]

Las operaciones le costaron al ejército estadounidense 80 millones de dólares de la época, retirando en 4.818 bidones 1.400 toneladas de tierra y tomateras que fueron transportadas a Savannah River. Se calcula que el 15% del plutonio, unos 3 kg en estado natural, en óxidos y en nitratos, quedó esparcido en forma pulverizada y fue irrecuperable [cita requerida]. Actualmente, Palomares es la localidad más radiactiva de España [cita requerida]. Manuel Fraga Iribarne, ministro de información y turismo de la época, se bañó ante las cámaras en sus playas para evitar rumores sobre la peligrosidad de la zona, que podrían haber afectado negativamente al turismo.[7]

Repercusiones del accidente[editar]

El gobierno franquista tampoco suministró protección de ninguna clase a los guardias civiles que participaron en la limpieza, protección que sí llevaba el personal estadounidense. El plutonio-239, utilizado en las armas nucleares, emite radiación alfa y tiene una vida media de 24.100 años. No se han realizado estudios epidemiológicos sobre enfermedades asociadas a la radiactividad y a la toxicidad química del plutonio ni a nivel local ni entre los guardias civiles que participaron en la limpieza. La dictadura, bajo presión del Gobierno estadounidense, mantuvo secretos los informes de monitorización médica hasta que el gobierno socialista finalmente los desclasificó en 1986[cita requerida]. Aproximadamente el 29% de la población de Palomares presentaba trazas de plutonio radiactivo en su organismo[cita requerida]. En la actualidad hay alguna urbanización turística por los alrededores, lo bastante cerca como para que los coches pasen levantando polvo que entra en el circuito del aire acondicionado, por ello el Consejo de Seguridad Nuclear ha prohibido la construcción en las zonas más afectadas[cita requerida]. Aún hay zonas cercadas con vallas metálicas que se consideran contaminadas y están vigiladas por el CIEMAT. Las armas termonucleares también utilizan deuteriuro de litio. Tanto el Plutonio finamente dividido, como el deuteriuro de litio, parece ser que son pirofóricos, así pues la explosión que acompañó la caída de las bombas podría ser debida a una reacción exotérmica (química) de los combustibles nucleares. [cita requerida]

Un accidente similar (Accidente de Thule) ocurrió el 21 de enero de 1968 en la Base Aérea de Thule, en Groenlandia. Un accidente en pista provocó el incendio y posterior explosión de un bombardero B52, que llevaba 4 bombas B28 como las de Palomares. Aquí sí se hizo estudio epidemiológico y la tasa de cáncer entre los trabajadores que participaron en la limpieza era un 50% superior a la de la población general.[cita requerida] Hubo también informes de esterilidad y otros trastornos asociados a la radiactividad.[cita requerida]

Palomares es el accidente Broken Arrow (pérdida total de armas nucleares) más grave de la historia, que se conozca. Ya en 1961 había ocurrido otro Broken Arrow en Carolina del Norte, en este caso con dos bombas de uranio.[8] . Ver también Anexo:Accidentes nucleares militares.

Tras el accidente, el gobierno español y el estadounidense iniciaron una campaña intentando demostrar la inexistencia de contaminación nuclear en la zona. El elemento más recordado de dicha campaña fue el baño conjunto que se dieron Manuel Fraga (ministro de información y turismo en ese momento) y Angier Biddle Duke (embajador estadounidense) en la playa de Quitapellejos, en Palomares.[9]

Existían en la zona del incidente rumores que hablan que cuando Manuel Fraga y el embajador estadounidense acudieron a darse el famoso baño, éste no se produjo en las playas de la zona accidentada (Palomares), sino en Mojácar (a 15 kilómetros, aproximadamente, del lugar del accidente), frente al Parador Nacional de esta localidad.[cita requerida]. La realidad, no obstante, es que se realizaron dos baños, el primero, efectivamente en Mojácar, en el que solamente se bañó el embajador estadounidense y alguno de sus acompañantes y un segundo baño, ya en la playa de Quitapellejos en Palomares, donde de nuevo el embajador se bañó acompañado por el ministro español.

Condena del Tribunal de Orden Público contra Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia, por promover una manifestación de vecinos de Palomares en relación al incidente de Palomares.

Posteriormente se realizaron diversas protestas relacionadas con el accidente. A raíz de una de ellas Luisa Álvarez de Toledo, duquesa de Medina-Sidonia, fue condenada a un año de prisión menor y multa por organizar una manifestación con vecinos de Palomares y Villaricos para protestar por la falta de compensaciones tras el mismo.

50 años después[editar]

Frank B. Thompson es un músico de 72 años y tiene cáncer en el hígado, en un pulmón y en uno de sus riñones. Cuando tenía 22 años trabajó varios días en los campos españoles contaminados sin ningún equipo de protección más que la confianza en la palabra de sus supervisores. «Nos dijeron que era seguro, y fuimos lo suficientemente tontos, supongo, para creer en ellos», explica el hombre. Hoy en día Thompson paga más de 2 mil dólares por mes para tratar de hacer retroceder el cáncer, algo que le sería totalmente gratis si fuese reconocido como una víctima de la radiación por parte de la Fuerza Aérea estadounidense. Sin embargo, el organismo militar ha declarado varias veces que no hubo radiación dañina rodeando a los trabajadores, postura que han mantenido por más de cinco décadas.[10]

Según la Fuerza Aérea, el peligro fue mínimo y los más de 1500 trabajadores que ayudaron a limpiar la zona estaban protegidos, algo que las experiencias de Thompson y otros veteranos parecen desmentir. Además, varios documentos desclasificados en el correr de los años han develado que los niveles de radiación eran los suficientemente altos como para poner en riesgo la salud de los que permanecieran en el lugar severamente. Según documenta The New York Times, los resultados de las pruebas de radiación han sido mantenidos lejos de los historiales clínicos de aquellos que trabajaron en Palomares, muchos de los cuales se encuentran enfrentando de forma crítica los efectos de la intoxicación con Plutonio. Los planes de limpieza de Estados Unidos y España se han ido sucediendo durante los años posteriores al accidente con resultados disimiles. Se calcula que una quinta parte del plutonio que se esparció en 1966 todavía contamina la zona de Palomares. [10]

El incidente de Palomares en el cine[editar]

Existen varias películas y documentales que tratan el incidente.

En la película Hombres de honor (de George Tillman Jr.) el actor Cuba Gooding Jr. interpreta a uno de los buceadores que participaron en el rescate de la bomba perdida en el mar (Carl Brashear) . Se muestra algo del dispositivo naval desplegado y el nerviosismo de los militares estadounidenses al declararse el código Broken arrow; sin embargo no se menciona la contribución de Paco el de la bomba.

En 2007, la productora almeriense Pitaco Producciones realiza un documental de título "Operación Flecha Rota" con material audiovisual desclasificado en los últimos años. En él, se analiza el accidente y sus consecuencias, se entrevista por primera vez al piloto que estaba a los mandos del B-52 siniestrado, se recrea en 3D el accidente en base al informe oficial de la USAF y se culmina el trabajo epidemiológico del Dr Martínez Pinilla. La dirección y el guion corre a cargo de José Herrera con la producción de Antonio Sánchez Picón.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  1. a b c Salvador López Arnal; Eduard Rodriguez Farré (2008). «9. Palomares: Paz franquista y accidentes nucleares». Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente. Madrid: Luarna Ediciones. ISBN 9788492684205. 
  2. Anna Cirera; Joan Benach; Eduard Rodríguez Farré (2007). ¿Átomos de fiar? Impacto de la energía nuclear sobre la salud y el medio ambiente. Los libros de la catarata. pp. 113 ss. ISBN 978-84-8319-312-9. 
  3. a b David Solar: «Terror H, 1954, comienza la carrera», n.º 65 de La aventura de la Historia. Madrid: Arlanza Ediciones, marzo de 2004.
  4. Entrevista concedida a Jesús Palacios Tapias el 30 de mayo de 2012.
  5. http://elpais.com/diario/2003/09/08/agenda/1062972010_850215.html
  6. a b Anca, Alejandro: «El milagro de Palomares: enigmas y falsificaciones», n.º 29 de La aventura de la Historia. Madrid: Arlanza Ediciones, marzo de 2001, ISSN 1579-427X
  7. Vídeo de la visita del ministro a Palomares, emitido por el NODO
  8. EEUU estuvo cerca de detonar una bomba atómica por accidente en 1961
  9. NODO. YouTube. Consulta: 2012-01-01. Transcripción de lo que dice el locutor en la película: «Como parte del programa previsto y para demostrar con el ejemplo que no existe peligro de radioactividad en esta zona costera el ministro señor Fraga Iribarne, el embajador de Estados Unidos y el jefe de la región aérea del estrecho se dan un buen baño, pues así lo permite la benignidad del clima a pesar del invierno. El embajador demuestra con los brazos abiertos que se está bien en estas aguas inofensivas. Y hecha esta elocuente demostración el ministro y el embajador nos dicen adiós al salir del agua.»
  10. a b FUE HACE MUCHO PERO SIGUE SIENDO «El observador» Uruguay, 21/6/2016

4. José M. Herrera, Palomares. Diálogos, 2008

Enlaces externos[editar]