Estratificación social

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Estamentos y clases de la historia social occidental
El clero medieval como primer estamento espiritual de la comunidad en un occidente cristiano estructurado alrededor de la Iglesia; sería progresivamente relegado con el surgimiento del absolutismo y el republicanismo
La nobleza feudal como segundo estamento militar antes de ser desplazada por un ejército asalariado y asimilarse a la burocracia como cortesana; algunos de sus miembros pudieron sobrevivir económicamente como rentistas luego de que su status jurídico fuera abolido
El campesinado tradicional, organizado en aldeas independientes o feudales, adoptó regionalmente diversas formas económicas y sería la base mayoritaria del pueblo hasta mediados del siglo XX; se fue individualizando en un diverso empresariado agrario de pequeñas granjas familiares, o bien dividido en estancieros y arrendatarios privados
La clase social burguesa como capa superior del pueblo o "tercer estado" urbano, empresarial, comercial y profesional, inicialmente también integrado por los gremios de artesanos; signó los comienzos de la era moderna extendiendo un nuevo tipo de propiedad mercantilizable a toda la sociedad
El proletariado incipiente o "cuarto estado" como futura mayoría de trabajadores manuales sin propias herramientas de producción; comenzó a ver su fuerza de trabajo cada vez más demandada con el surgimiento de la revolución industrial

La estratificación social es la forma en que la sociedad se agrupa en estratos sociales reconocibles de acuerdo a diferentes criterios de categorización. Se tiene en cuenta la conformación de grupos de acuerdo a criterios establecidos y reconocidos, como ser la ocupación e ingreso, riqueza y estatus, poder social, económico o político. La estratificación social da cuenta o es un medio para representar la desigualdad social de una sociedad en la distribución de los bienes y atributos socialmente valorados, y en base a esto se suele clasificar según su expresión económica en clase alta, clase media y clase baja, que suele estar relacionada aunque no directamente con el tipo de fuente de ingreso. El concepto de estratificación social suele implicar que existe una jerarquía social así como una desigualdad social estructurada, pero también puede implicar relaciones no jerárquicas y una separación horizontal de la sociedad como sucede entre los estratos agrarios y urbanos. La estratificación debe reflejarse institucionalimente y tener una consistencia y coherencia a través del tiempo. Las formas de estratificación social, generalmente citadas, son las basadas en la esclavitud, las castas, los estamentos y las clases sociales.

Un estrato social está constituido por un conjunto de personas, agregados sociales, que comparten un sitio o lugar similar dentro de la jerarquización o escala social, donde comparten similares creencias, valores, actitudes, estilos y actos de vida. Se caracterizan por su relativa cantidad de poder, prestigio o privilegios que poseen. Si bien el punto central de la estratificación se refiere a la distribución de bienes y atributos, la estratificación social también se puede considerar sobre la base de la etnicidad, género y edad.

El concepto de “estratificación” se puede entender en un doble sentido, bien como un "proceso en virtud del cual una sociedad determinada queda dividida en diversos agregados, cada uno de los cuales entraña un grado diferente de prestigio, propiedad y poder", o bien como "el resultado de ese proceso" (Giner, 1990: 118). Por tanto de esta doble aceptación se puede sacar como conclusión que estratificación es el proceso y resultado de la división de la sociedad en estratos o capas.[1]

Tipología de la estratificación social[editar]

Existen diversas formas de clasificar la estratificación y división social, pero entre las más comunes se señalan los siguientes tipos en la sociología clásica:

Amo/Esclavo[editar]

La estratificación de amos/esclavos, también llamados sólo como esclavitud en referencia a sólo uno de los extremos de la relación, se define directamente por la relación de propiedad de unos individuos específicos sobre otros individuos específicos, o bien de un grupo colectivo sobre el otro, usualmente a través del Estado como en el caso del despotismo oriental entre una burocracia política y el resto de la población. Allí donde el derecho a poseer esclavos se encuentra institucionalizado, puede llegar a ser parte de un privilegio específico (estamental, de casta, étnico o regional), ya que la aceptación de una relación de esclavitud no suele ser voluntaria, ni siquiera en su inicio. Cuando dicha relación se basa en la fuerza debe existir, si acaso ocurre dentro de una sociedad que la apruebe, una reglamentación para que la adquisición del esclavo no se base a su vez en la fuerza sino en criterios considerados legítimos.

  • Sociedad esclavista
Las condiciones de los esclavos fueron variables en algunos lugares como la Atenas Clásica, los esclavos a menudo ocupaban puestos de gran responsabilidad a pesar de que seguían siendo propiedad de los amos, e incluso llegaban a tener esclavos a su vez. Por el contrario los que construyeron las pirámides o los que trabajaban en minas o plantaciones, tenían mucha menos libertad y recibían un trato infrahumano. Es discutida si la definición de “sociedad esclavista” cabe para las ciudades-Estado de la Antigüedad por entero o sólo a sectores de la misma debido a: 1) el frecuentemente reducido porcentaje de esclavos respecto a la población total, y 2) el hecho históricamente más usual de que la esclavitud se adosara a los dispares sistemas económicos en los que estaba integrado sin modificar su estructura.[2]

Casta[editar]

Las castas son estratos endógamicos, fijos por nacimiento, y no necesariamente asociados a una función social sino a una posición relativa respecto a una religión, etnia y a otros rasgos sociales, sin movilidad social alguna y con restricciones estrictas a la comunicación entre las mismas. Se define como “seudocasta” a situaciones similares pero no tan estrictamente limitadas.

  • Sociedad de castas
El sistema se asocia sobre todo con las culturas de la India. El término de casta viene del portugués que significa raza o estirpe pura. Es una forma de estratificación social basadas en las características adscriptivas de las personas en base a un criterio étnico. Cada casta cumple por lo general una función social específica, pero no se limita a ella como suele ser el caso estamental. En la India puede existir la movilidad colectiva de un grupo social específico, si este es reconocido como perteneciente a otra casta. En las sociedades de casta la pertenencia adjudicativa con derechos particulares es obligatoria, a diferencia de la organización estamental que no necesariamente incluye a todos los estratos sociales en la organización por status, y a diferencia del caso de la esclavitud cuya condición de amo o esclavo puede ser abolida sin que nada la reemplace.

Estamento[editar]

Los estamentos, también llamados “estados sociales”, son unidades socioeconómicas amplias y difusas que pueden distinguirse claramente por su función social específica. Sus relaciones con otros estamentos se establecen por criterios de lealtades y obligaciones recíprocas, asignadas previamente por criterios de status heredables o adquiribles. Puede identificarse con una clase social o constituir una agrupación de varias clases, pero sin clara conciencia de clase. En las sociedades estamentales la situación de clase depende de la posición asignada previamente por el status que se posea y no a la inversa, y por esto mismo los estamentos tienen a su vez atribuciones políticas, mientras que en las sociedades clasistas sólo la posee un Estado cuya burocracia se supone subordinada.

  • Sociedad estamental
Los estados o estamentos eran parte del feudalismo europeo, pero también existieron en muchas otras civilizaciones tradicionales. Los estados feudales (Stand) consistían en estratos con diferentes obligaciones y derechos, algunos de los cuales estaban establecidas por ley. La organización tripartita usual o triestamentalista, era la de sacerdotes, guerreros y campesinos ("oratores, bellatores y aratores"). En Europa, el estado más elevado era el clero (regular y secular), mientras que paralelo al mismo y en segundo lugar se encontraba el estado compuesto por la aristocracia guerrera y la nobleza militar. Ambos se encontraban en posesión de varios privilegios distintivos repartiéndose distintos sentidos de soberanía.[3] Aquellos que serían denominados el "tercer estado" eran los plebeyos o el pueblo llano: siervos, campesinos libres, mercaderes y artesanos, organizados en subgrupos estamentarios mediante relaciones feudales o corporativas. Al contrario que en el sistema de castas, entre los estados era tolerada hasta cierto punto la movilidad individual o matrimonial. Los plebeyos podían ser ennoblecidos, por ejemplo, para compensar servicios especiales al monarca; los mercaderes podían comprar títulos de nobleza algunas veces. Un residuo del sistema persiste en Gran Bretaña, donde los títulos hereditarios se reconocen todavía, y los líderes financieros, funcionarios públicos y otros pueden ser ennoblecidos o recibir la dignidad de par en reconocimiento por sus servicios.

Clase[editar]

Las clases sociales se definen de acuerdo a sus relaciones de propiedad sobre los diferentes recursos utilizados en la producción y por tanto a la forma de su fuente de ingreso respecto a la misma. Dentro de una misma unidad de producción la coexistencia de diferentes formas de ingreso en pugna generan clases cuyo antagonismo puede llevar a desarrollar consciencia de clase. En las empresas capitalistas las clases representadas suelen ser formar dos polos antagónicos: empresarios y/o capitalistas por un lado, y diferentes tipos de obreros asalariados por el otro. En las sociedades clasistas las posiciones sociales y jerárquicas así como los criterios de status son producto y no causa de la posición de un individuo en un lugar de la estratificación social.

  • Sociedad clasista
Es el que se refiere a la estratificación vigente en nuestra sociedad. Presenta una serie de diferencias respecto a los otros sistemas: se pertenece a un grupo social no por adscripción personal en base a ningún criterio externo a la clase: ni religioso, ni político, económico o militar. El hecho de que la posición es adquirida pero no adjudicada, implica que existe total movilidad y que esta a su vez no es organizada socialmente mediante un estatuto jurídico o comunitario. Las diferencias sociales se forman por una situación económica (la renta, el patrimonio) que no dependen de una previa admisión social sino que se forman en un contexto social autónomo (mercantil o burocrático) y por tanto la posición de clase no se fundamenta en relaciones personales.

Paradigmas sobre la estratificación social[editar]

Los acercamientos teóricos más influyentes son los desarrollados por Karl Marx (1818-1883) y Max Weber (1864-1920) la mayoría de las teorías subsiguientes sobre la estratificación están en deuda con sus ideas. Existen propuestas más recientes elaboradas por Pierre Bourdieu, Erik Olin Wright y Frank Parkin, entre otros. El problema de las desigualdades y las diferencias entre el campo y la ciudad, visto desde el plano moral y el de la jerarquía social pensada como ideal político, han provocado que pensadores de diferentes ámbitos hablaran sobre la estratificación social. Las observaciones protosociológicas más antiguas sobre la estratificación se remontan de la Antigua Grecia con Jenófanes, Heródoto, Polibio, Tucídides, Platón y Aristóteles, pasando por la Edad Media con San Agustín, Santo Tomás de Aquino y Marsilio de Padua, hasta el Renacimiento con Maquiavelo y luego con Montesquieu, Edmund Burke y Henri de Saint-Simon. De estos, así como de la posterior sociología clásica y contemporánea, pueden destacarse ciertas perspectivas por haber perdurado hasta la actualidad.

Aristóteles[editar]

Aristóteles entiende la estratificación (sea económica, de poder, etc.) como causada directa o indirectamente por una relación entre los atributos del individuo que los porta (productividad, inteligencia, fuerza, belleza) y el efecto del sector social en el que se encuentra y que disputa con estos atributos. La cosmovisión aristotélica de la estratificación es esencialmente cuantitativa en las causas y cualitativa en los resultados. La estratificación social se concibe en términos polares (los que tenderán a ser “ricos y pobres”) cuya realimentación sólo se evita con una tercera instancia generada entre éstos (la “clase media”). Para Aristóteles, una sociedad donde los polos sociales se fusionen en capas medias es en la única en la que existe posibilidad de existencia de “hombres libres” contra una sociedad que tiende de otra forma a ser de “amos y esclavos”, siendo la base de una sana comunidad política la que se encuentre mayormente integrada por una clase media amplia sostenida por propiedades “moderadas y suficientes”. Sin clases medias numerosas que no se identifiquen con ninguno de los extremos, la sociedad-Estado quedará disputada por el intento de los pobres de usar la democracia para enriquecerse mediante la política perjudicando a quienes prosperen por otros medios, así como por el intento de los ricos de establecer una oligarquía para proteger sus riquezas o atribuciones y que no procurará el interés del resto de la población.[4]

Adam Smith[editar]

El criterio de Adam Smith para concebir la estratificación social fue el de la fuente de ingreso, con lo cual redujo la sociedad a su aspecto clasista. Si bien este criterio fue el eje de la obra de Marx, la visión smithiana la preludaría, ya que descubrió que la especificidad de la sociedad moderna es su estratificación en clases en base a diferentes formas de un mismo tipo de relación social mercantil: el intercambio, que Smith concibió como la única forma de circular excedente dada la división del trabajo:

Tan pronto como se hubo establecido la división del trabajo sólo una pequeña parte de las necesidades de cada hombre se pudo satisfacer con el producto de su propia labor. El hombre subviene a la mayor parte de sus necesidades cambiando el remanente del producto de su esfuerzo, en exceso de lo que consume, por otras porciones del producto ajeno, que él necesita. El hombre vive así, gracias al cambio convirtiéndose, en cierto modo, en mercader, y la sociedad misma prospera hasta ser lo que realmente es, una sociedad comercial.[5]

Smith se enfocó sólo en la moderna “sociedad comercial”, separándola en tres clases según este criterio:

1) los que viven de la renta de la tierra
2) los que viven de salarios
3) los que viven de beneficios

Para Smith, estas serían las tres “grandes clases originarias” de toda “sociedad civilizada”, y de sus ingresos derivarían todas las demás clases conocidas.[6]

El interés público, entendido por Smith como el interés general de la suma de las clases, es beneficiado por el interés de cada clase sólo cuando dicha clase se beneficia mejorando la situación de las demás clases y viceversa. Para el autor, tanto la clase rentística como la clase de los asalariados cumplen este requisito, tanto por la poca consciencia de sus intereses como por la poca capacidad de organización, mientras que la clase de los obtienen beneficios por su capital no lo cumplirían. Su explicación sería que éstos tienden a obtener mayores beneficios especulativos en caso de una situación de pobreza general, aunque en el largo plazo los logros de sus “planes y proyectos” mejoren y aumenten la producción hasta que esa situación se supera. Sin embargo estos intereses no sólo serían distintos sino a veces opuestos al interés de las demás clases, como en el caso de los comerciantes que intentan ampliar los mercados y restringir la competencia, siendo lo primero beneficio y lo segundo perjudicial para el interés público. En tanto no actúen políticamente, los comerciantes sólo ampliarán los mercados, pero si ejercen capacidad de presión política, entonces mediante propuestas de leyes o reglamentos de comercio, tenderán a crear condiciones que les posibiliten beneficios extraordinarios superiores a los establecidos por el mercado.[7]

El Federalista[editar]

Alexander Hamilton, James Madison, y John Jay, también conocidos como “El federalista” bajo un seudónimo anónimo, expresaron en su clásica exposición política escrita a través de ensayos (The Federalist Papers), una clara posición sobre las clases y hasta sobre la ideología de clase,[8] que preanunciaba la visión materialista de las relaciones sociales, incluso más específicamente marxiana que weberiana respecto a las infraestructuras económicas, aunque para explicar la morfología de las clases se concentrara sólo en los atributos individuales y no en las relaciones socioeconómicas que los individuos disputan:

La protección de facultades diferentes y desiguales para adquirir propiedad, produce inmediatamente la existencia de diferencias en cuanto a la naturaleza y extensión de la misma; y la influencia de éstas sobre los sentimientos y opiniones de los respectivos propietarios, determina la división de la sociedad en diferentes intereses y partidos.[9]

Para estos autores, la propiedad sobre funciones sociales diferentes pero cercanas y correlacionadas, lleva a una puja a corto plazo como si sus intereses fueran necesariamente opuestos, así como la fuente de conflicto más persistente entre diferentes propiedades se da cuando hay una recurrente desigualdad en su distribución. A partir de la propensión a incurrir en estos dos tipos de conflictos y del agrupamiento en facciones, se deduce del espectro de propiedades aquellas que conforman clases distintas, y aun clases dentro de estas, con lo cual conciben la diversidad social y el conflicto en términos más weberianos:

Los propietarios y los que carecen de bienes han formado siempre distintos bandos sociales. Entre acreedores y deudores existe una diferencia semejante. Un interés de los propietarios raíces, otro de los fabricantes, otro de los comerciantes, uno más de los grupos adinerados y otros intereses menores, surgen por necesidad en las naciones civilizadas y las dividen en distintas clases, a las que mueven diferentes sentimientos y puntos de vista. La ordenación de tan variados y opuestos intereses constituye la tarea primordial de la legislación moderna, pero hace intervenir al espíritu de partido y de bandería en las operaciones necesarias y ordinarias del gobierno.[10]

Los ensayos de El federalista se centran así en cómo los conflictos clasistas se convierten en conflictos políticos y la manera de resolverlos en términos republicanos, salvaguardando el interés general entendido como los derechos iguales a la propiedad basada en una misma forma de adquisición contractual, así como el interés público de los bienes colectivos necesarios para el funcionamiento de esa sociedad.[11]

Alexis de Tocqueville[editar]

Tocqueville distingue cuatro tipos de poderes: sociales, económicos, políticos e ideológicos o culturales. Si bien reconocía la importancia de la economía, su visión de la estratificación social no concebía al poder económico, y ni siquiera a la capacidad económica de otro tipo de poder, como fuente primera del poder social. El objetivo de Tocqueville no era reducir cada uno en términos de un único factor supremo, sino ver a cada uno como un elemento único de la sociedad mutuamente relacionado que ha cambia las relaciones entre sí como cambian las circunstancias sociales. Por lo tanto, el poder de la riqueza es diferente en la Francia despótica de lo que es en la aristocracia libre de Inglaterra, y diferente también del de la América democrática. Aunque se ha criticado que Tocqueville no viera la importancia de la clase social en la sociedad, su análisis en El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa revela una observación que invalidaría esta crítica: "estoy tratando aquí con clases en su conjunto, a mi modo de ver el objeto de estudio que debería ser propio del historiador". Tocqueville definitivamente define a la clase en un sentido completamente diferente al de Marx. En El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa, Tocqueville no utiliza una medida de clase que suponga como dominante al factor económico. En cambio, trata a las clases en términos de un grupo de personas que se ven a sí mismos y son percibidos por los demás como poseyendo una pertenencia común (por ejemplo: el campesinado, la clase media, y la aristocracia). Por lo tanto, aunque algunas personas de la clase media pueden ser más ricos, o bien compartir un tipo de relación comparable con los medios de producción con la aristocracia, los aristócratas todavía pertenecerán a una clase superior. En El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa, Tocqueville describe cómo la vieja clase dominante consistente esencialmente en la aristocracia francesa, continuó distanciándose de la otras clases mientras mantenía la posesión de status y privilegio, incluso mientras perdía el poder político sobre la administración central en el que consistía la clase media. Aunque eran acomodadas económicamente, a las “clases medias” de Francia (la burguesía en general, media y alta) se les negó la posibilidad de lograr una alta posición social, incluso a pesar de que dominaba la mayor parte de las oficinas de la administración pública, e incluso siendo usualmente más rica que la propia aristocracia. Para el autor, esta situación aumentó la brecha entre estas burguesías y la nobleza dando combustible político a los filósofos franceses y los comentaristas sociales. El crecimiento de la riqueza de las “clases medias” y el empobrecimiento de las aristocracias en el mercado, resaltaron los privilegios estamentales de estas últimas y la agresividad de las burguesías contra los mismos. Irving Zeitlin resume el análisis de Tocqueville de la estratificación social en la Francia pre-revolucionaria de la siguiente manera:

La estructura social prerrevolucionaria de Francia era caracterizada por el distanciamiento y la hostilidad entre clases. El campesino, aunque había pasado a ser un pequeño terrateniente individual, y que ya no estaba sujeto a un señor feudal, sintió que se encontraba peor que antes y que estaba distanciado de sus clases superiores. La mayor parte de los elementos ricos, ya sean nobles o burgueses, habían abandonado el campo, mientras los pocos que se mantuvieron conservaban sus privilegios, pero sin tener ya nada de la vieja "noblesse oblige" y tratado al campesino con el mayor desprecio. El campesino, a su vez, había desarrollado un profundo resentimiento hacia todas las demás clases.[12]

El análisis de la clase y del status de Tocqueville es a menudo citado como un ejemplo de la ventaja conseguida por el autor al no reducir todas las formas de poder a la esfera económica, sino en cambio analizando la sociedad en términos de clase y condición social o status, a fin de crear un retrato más representativo de la misma. Tocqueville consideraba que la importante ventaja de la aristocracia era no sólo mantener un estatus más alto en la sociedad, sino que fuera una clase que por su estilo de vida ligado estamentalmente al dominio, su característica social esencial fuera la capacidad de dirigir, característica igualmente válida y aun más necesaria para el gobierno moderno disputado por burguesías socialmente incapaces por sus intereses a estar ligados a la representación colectiva de la sociedad y del poder público. Su educación y lazos patrimoniales con el poder así como su legitimación social, posibilitaban un tipo de dominio privado del poder, incluso de un único poder público, como un dominio no basado en el poder mismo del cargo ocupado, ni de un poder social u económico específico que llegara al mismo. El beneficio de un poder público que no sea propiedad pública de una clase burguesa o de todo un pueblo, sino propiedad privada directa de un aristócrata, era que no podría potenciar la esfera de su dominio político sin socavar el peso social de la legitimidad patrimonial que le aseguraba el poder contra sus rivales republicanos. Tocqueville se adelantó al análisis de Schumpeter sobre la debilidad de la política burguesa: los burgueses no tienen un tipo de propiedad privada que involucre obligaciones ni ate al individuo a lo apropiado, con lo cual su dominio del Estado debe ser público y delegado. De otra forma y sin mediación de una organización sindicada del poder, no podrá representar los intereses de clase o comunes de la burguesía. Sus intereses rivales totalmente separados llevan invariablemente, fuera del espacio de las relaciones mercantiles en el uso discrecional del poder político, al beneficio de unos propietarios a costa de otros propietarios, y finalmente a la destrucción interesada de toda legitimidad del derecho de propiedad burguesa. De esta forma, el tipo de legitimidad patrimonial de la aristocracia que era un residuo estamental del feudalismo, podía representarse a sí mismo políticamente, mientras que la propiedad burguesa no. Esta conclusión era especialmente importante cuando se comparaba con la estratificación social que participaba en los gobiernos democráticos como el de los Estados Unidos, que en ausencia de aristocracias debían crear mecanismos legales burocráticos efectivos para mantener la legitimidad republicana y compensar con la masiva participación democrática de muchos pequeños propietarios, las pujas de sectores reducidos de la población con capacidad de disputar el poder público. Tocqueville concebía la sociedad democrática no tanto en términos político-estatales como político-institucionales o sociales: la sociedad democrática era aquella basada en una estratificación social y política sin legitimidades adjudicativas ni educación privilegiada alguna, abierta igualitariamente a individuos de cualquier posición. En el segundo volumen de La democracia en América, Tocqueville considera que todo el idealismo y la esperanza que se pueda proyectar sobre las sociedades democráticas de acceso abierto y igualitario a los estratos sociales, en los cuales no hay derechos ni responsabilidades por el nacimiento, debía compensarse con el resultado de que esta competencia democrática por las posiciones económicas podría llevar a desigualdades más grandes y recurrentes entre ciertas posiciones sociales en la producción, como en el caso de la producción industrial, que generaría relaciones similares a la que había entre amos y esclavos. Para Tocqueville esta sería una nueva forma de servidumbre en la cual los trabajadores estarían a mercer colectiva de sus empleadores. Tocqueville reconoció así dos clases distintas que terminarían convirtiendo a la sociedad democrática en un libre acceso popular a ocupar los diferentes roles económicos disponibles en la sociedad industrial, bien sea entre la minoría de “amos” industriales o bien en la mayoría de “esclavos” que como desposeídos son necesarios para su funcionamiento, creando un “círculo vicioso de causa y consecuencia” que se transformaría en una egoísta “aristocracia de fabricantes”. Tocqueville y Marx aquí se acercan bastante en sus concepciones de la estratificación social.[13]

Para el historiador social François Furet, el estudio por parte de la sociología empírico-comparativa de Tocqueville sobre la relación entre política y sociedad civil es, junto con la sociología de las élites ideológicas del historiador Augustin Cochin, una de las piezas clave para reconstruir en forma realista el complejo fenómeno de la Revolución Francesa en sus bases sociales y desde ésta comprender los regímenes políticos del siglo XX.[14]

Lorenz von Stein[editar]

El economista, sociólogo y funcionario alemán Lorenz von Stein fue el primero de los pensadores post-hegelianos, junto con Karl Marx, en desarrollar una cosmovisión histórica basada tanto en leyes de desarrollo de la estratificación social como en la lucha de clases. Si bien su visión no llegó al nivel de sofisticación de Marx, su influjo parece haber sido decisivo en la obra de este último, quien incluso reconoció el valor de varios de sus análisis y se reconoció deudor en su visión de la lucha de clases. La visión de la estratificación social en el modelo de Stein es apenas diferente en lo sustancial a la de Marx:

El filósofo napolitano de la historia, Giambattista Vico (1670-1744), describió la lucha de clases. Marx conocía a este autor. El filósofo italiano no era la única fuente de la que Marx había leído. Los finales del siglo 18 y la primera mitad del siglo 19 están llenas de escritores que describieron y meditaron sobre la lucha de clases. Hegel escribió sobre el amo conquistador y el esclavo explotado. Werner Sombart y mucho más tarde Irving Fisher enumeraron toda una galaxia de historiadores y sociólogos franceses e ingleses, entre ellos François Guizot y François Mignet, que estudiaron este fenómeno. Todos estos escritores fueron motores de su pensamiento, pero no ofrecían una teoría acabada de la lucha de clases. Hay una excepción: Lorenz von Stein. El libro de Stein se había publicado en 1842; Marx habló de su propia filosofía de la historia en 1844 por primera vez. Marx había leído Stein sin mencionar el análisis de las clases sociales de Stein. De Peter von Struve hasta Robert Tucker se ha afirmado que: "escritos de los cuarenta y cinco años de Marx muestran una familiaridad por minutos textual con el libro de Stein". Ya Stein describe el carácter moderno del proletariado, la organización de clase de la sociedad moderna, la dominación de la historia universal en la vida económica, el monopolio de la máquina de la clase burguesa y su consecuencia, la miseria del proletariado.[15]

Lorenz von Stein denominaba como “fisiología social” a su visión dialéctica y proto-materialista de la sociedad, que debe ser entendida en su aspecto dinámico. En ésta la economía como producción y reproducción material es la infraestructura de la sociedad:

Entre Hegel y von Stein hay el eslabón del socialismo francés, especialmente de Saint Simón, cuya riqueza de pensamiento, pero caótico desarrollo, es puesto en orden por von Stein mediante la aplicación del método dialéctico, hasta el punto que puede afirmarse que ha sido la unión de ambos términos lo que ha convertido a la dialéctica en sociología. Del pensamiento complejo y contradictorio de Saint Simón interesa, para nuestro objeto, destacar tres aspectos.- a), en primer término, su menosprecio del Estado y la exclusiva consideración de éste en función de las necesidades de una sociedad dada: la organización política no es la base de la organización social, sino una esfera secundaria; b), en segundo lugar, el descubrimiento de que el problema planteado a la época era el de la reconstrucción de la sociedad, lo que exigía la formación de una ciencia social específica (Fisiología social); c), esta nueva ciencia ha de ocuparse más del aspecto dinámico que del aspecto estático de la sociedad, y ello no sólo por la naturaleza dinámica del objeto a estudiar, sino, ante todo, porque sólo así obedece dicha ciencia a su carácter pragmático, a su tarea práctica de servir a la reconstrucción de la sociedad; de acuerdo con estas premisas, Saint Simón desarrolla una interpretación social de la Historia: la organización política surge en función de las necesidades de una sociedad dada, pero dotada de un propio princpio no sigue mecánicamente las transformaciones de esta sociedad, y de este modo el transcurso histórico produce un distanciamiento enere ambos términos, pues mientras que el Espado mantiene sus viejas formas la sociedad va creando en su propio seno la organización, las normas, los mandos y los poderes que exigen las nuevas necesidades; de esta manera se forman dos series: una descendente, constituida por el antiguo orden social y su Estado, y otra ascendente, formada por la organización y poderes de la sociedad, hasta que la tensión llega a un grado tal que se produce el derrumbamiento del viejo orden.[16]

Al igual que Marx, Stein concibe que en la sociedad civil moderna (la “sociedad comercial” o mercantil que es objeto de la economía política) las clases se liberan del condicionamiento de su carácter estamental de sujetos políticos. Además, en su modelo, las antiguas clases dominantes militares o políticas, las comunidades y las corporaciones, si bien estaban determinadas por necesidades de la organización social de los medios económicos, conservaban la capacidad de ejercer un rol planificador de la producción dentro de esas relaciones económicas directas, mientras que lo inverso sucedía con las nuevas clases dominantes, medias y dominadas de la sociedad burguesa, adelantándose así a la tesis marxiana sobre el capital como proceso autónomo:

Ni el trabajo ni la propiedad individual bastan por sí mismas para satisfacer las necesidades de los hombres, sino que para ello han de ser enlazadas con el trabajo y la propiedad de los demás. De este modo se origina un sistema de conexiones interhumanas, «producido por la esencia misma de las necesidades y ordenado necesariamente por la naturaleza misma de la producción». Este orden así surgido es «el organismo de la vida de los bienes», al que se designa de modo simple como economía política. Ahora bien: el orden económico es en sí un orden de cosas, pero se transforma en una ordenación humana, tan autónoma y poderosa como la del Estado mismo, en cuanto que condiciona: a), la situación vital de los individuos; b), su relación con los demás, y c), las formas o estructuras de esta relación. En el primer aspecto se trata de una aplicación del principio del influjo del objeto sobre el sujeto; según von Stein, la clase de bien a cuya elaboración o administración se dedique el hombre condiciona su horizonte, sus concepciones, su actitud vital: «la actitud individual [del hombre] no se origina de su individualidad, sino de la peculiaidad de aquel bien a cuya administración económica ha dedicado su vida», y, por tanto «es indudable que la misión particular en la vida de los bienes produce y condiciona, en primer lugar, la vida de la personalidad [...] El individuo tiene una situación fija dentro de este condicionamiento de la personalidad, pues, en virtud del proceso de división y especialización del trabajo, adquiere idoneidad para una determinada tarea, siéndole difícil, si no imposible, cambiarla por otra. Por consiguiente, la situación que el individuo ocupa dentro del sistema económico se transforma en situación entre y con respecto a las restantes personalidades, es decir, que «el organismo de los bienes se convierte en orden de la comunidad humana», y como quiera que tal organismo descansa sobre una serie de dependencias, es claro que «el orden de la comunidad humana... es el orden de las dependencias recíprocas [...] «El orden de la comunidad humana que descansa sobre el movimiento de los bienes y sus leyes es, en lo esencial, siempre e invariablemente, el orden de las dependencias de los que no poseen con respecto a los que poseen. Tales son las dos grandes clases que se muestran de modo incondicionado en la comunidad»[17]

Una diferencia clave de la tesis de Stein con respecto a la de Marx es que el desarrollo de la historia por el que hay que luchar no es el de la agitación revolucionaria socialista/comunista sino de una suerte de contrarrevolución contra la burguesía en la que el Estado para subsistir concilia corporativamente los intereses particulares en conflicto de la sociedad civil y al hacerlo transforma las clases que resultaron de ese conflicto, convirtiendo al proletariado moderno en poseedor accionario del capital aunque sin perder con el capital su relación social. Para que el Estado pueda cumplir este fin deberá convencer a la clase dominante de que su fusión con el proletariado es la condición de su sobrevivencia. La alternativa de los movimientos revolucionarios comunistas son, para Stein, momentos del desarrollo histórico destinados a fracasar, y que sólo se realizarán estableciendo dictaduras en manos de sus organizaciones partidarias y no de la clase proletaria, naturalmente expulsada y dependiente de la actividad estatal. A su vez, la obra de Stein preludió en cierta medida la sozialpolitik impuesta por la aristocracia alemana al capitalismo así como el estado de bienestar, aunque estas políticas fueran sólo reformas parciales respecto a su previsión.[18]

Wilhelm Heinrich Riehl[editar]

El sociólogo Wilhelm Heinrich Riehl fue un autor contemporáneo de Karl Marx y conocedor de la obra de Lorenz von Stein con quien compartía una misma posición ideológica tradicionalista no-reaccionaria,[19] y una metodología genético-comparativa,[20] . No compartía la visión de Hegel, Von Stein y Marx basada en la idea de sociedad civil como un estamento separado formado por individuos con intereses disociados del interés colectivo que forman y por ende plausible de ser analizado por la economía política. Para Riehl, la sociedad civil burguesa no está ensamblada naturalmente a la sociedad política burguesa, y su visión de la toma de conciencia autónoma del interés colectivo del Estado tiene bastantes puntos de contacto con la visión marxista de la política moderna.[21] Riehl concebía además que en la modernidad el elemento estamental tenía todavía un valor organizativo en la conformación de cada clase social, con lo cual pretendía no hacer una distinción ontológica entre sociedades estamentales y clasistas. En su visión todavía existe una dinámica estamental en las nuevas clases sociales de la modernidad, y por eso concebía estratos muy claramente diferenciados aun en la moderna sociedad individualista. Como remanentes de la sociedad tradicional concebía dos estratos: a la aristocracia (cortesano-absolutista derivada de la guerrera-medieval) y al campesinado (que aun en su forma mercantil conserva una espíritu comunitario). Como manifestaciones de la nueva sociedad moderna remite a otras dos principales: al proletariado y a la burguesía, siendo esta última la que encarnaría el espíritu de la nueva forma de vida. Las dos últimas clases son las generadas dentro de la así llamada “sociedad burguesa”, mientras que las anteriores son parte heredada de la “sociedad aristocrática”.[22]

Karl Marx[editar]

La cosmovisión sociohistórica iniciada por el pensamiento marxiano es una visión dinámica y también conflictiva de las clases sociales en su desarrollo que, si bien ya existía en pensadores sociológicos anteriores y existió también en muchos posteriores, tendría recién con ésta una forma particular que concebiría un sentido universal de la historia social del hombre.[23] Karl Marx y Lorenz von Stein, desde puntos de vista políticos opuestos,[24] fueron los primeros en concebir el cambio social en términos de una necesaria transformación ontogenética de las sociedades y sus estratos en fases de surgimiento, apogeo y colapso,[25] extrapolando la dialéctica hegeliana al desarrollo de los procesos sociales.[26] Particularmente en Marx, las diferentes formas históricas de estratificación social no son descritas como un producto evolutivo filogenético de necesarias respuestas a las contingencias naturales o humanas que se dan en momentos clave de su desarrollo, sino que por el contrario cada una de estas formas de estratificación son pasos necesarios para el desenvolvimiento ulterior de las siguientes como las fases de desarrollo de un organismo aunque los accidentes históricos determinaran la forma y extensión de las mismas.[27] [28] Este tipo de visión del desarrollo histórico-social es concebido por Marx tanto para la historia por entero como para la historia de cada una de las clases:

Es el proceso en su totalidad, que abarca siglos y continentes, lo que ocupa su pensamiento, aunque las formaciones económico-sociales particulares, que expresan fases particulares de esta evolución, son muy importantes. Por lo tanto, su marco de referencia es cronológico sólo en el sentido más amplio, y problemas tales como la transición de una fase a la otra no son su preocupación fundamental, excepto mientras puedan arrojar luz sobre la transformación de largo plazo. Pero, al mismo tiempo, este proceso de la emancipación del hombre respecto a sus condiciones naturales primitivas de producción es de individualización humana. "El hombre sólo se aisla a través del proceso histórico. Aparece originariamente como un ser genérico, un ser tribal, un animal gregario… El intercambio mismo es un medio fundamental para este aislamiento. Vuelve superfluo el carácter gregario y lo disuelve." Esto implica automáticamente una transformación en las relaciones del individuo con lo que originariamente fue la comunidad en cuyo seno funcionaba. La comunidad primitiva ha quedado convertida, en el caso extremo del capitalismo, en el mecanismo social deshumanizado que, si bien torna realmente posible la individualización, es exterior y hostil al individuo. Y, sin embargo, este proceso es de inmensas posibilidades para la humanidad.

La formulación clásica de estas épocas del progreso humano aparece en el Prólogo a la Crítica de la economía política, del que los Grundrisse son un borrador preliminar. Allí Marx sugiere que "a grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués". En el Prólogo no se discuten ni el análisis que lo llevó a este punto de vista ni el modelo teórico de evolución económica que implica, aunque varios pasajes de la Crítica y de El capital (en especial el tomo III) forman parte de él o son difíciles de comprender sin él. Las Formen, por otro lado, se ocupan casi por completo de este problema. Son, por lo tanto, una lectura esencial para todo el que desee comprender la manera de pensar de Marx en general, o su aproximación al problema de la evolución y clasificación históricas en particular.

Esto no significa que estemos obligados a aceptar la lista de Marx de las épocas históricas, tal como la presenta en el Prólogo o en las Formen. Como veremos, pocas partes del pensamiento de Marx han sido más revisadas por sus discípulos más devotos que esta lista —no necesariamente con la misma justificación— y ni Marx ni Engels quedaron satisfechos con ella por el resto de sus vidas. La lista, y buena parte del análisis de las Formen que la fundamenta, son el resultado no de la teoría, sino de la observación. La teoría general del materialismo histórico exige sólo que haya una sucesión de modos de producción, no necesariamente de cualquier modo en particular, y quizá no en un orden predeterminado en especial.[29]

Es clave en la obra de Marx distinguir claramente entre la moderna sociedad mercantil o capitalista, y todas las etapas previas. En las etapas precapitalistas las funciones económicas y coercitivas de la sociedad se encuentran confundidas, y esto implica la fusión de lo estamental con la clase social.[30] Para analizar este problema Marx parte de un criterio más fundamental para entender el papel de las clases sociales, que es el entramado de relaciones que las hacen posibles: la sociedad civil y la sociedad política, y el profundo significado que tiene la transformación de ambas dentro de la sociedad capitalista.

La sociedad civil es donde se encuentran los hombres concretos, reales, en sus necesidades y deseos, en su actividad profesional y su actividad económica, pero que por razón de encontrarse divididos entre sí por la propiedad esa actividad se vuelve “civil”. La sociedad política es donde se organizan los intereses comunes, que toma una forma coercitiva, y por tanto “política”. Los intereses universales de una sociedad civil integrada por intereses particulares no puede ser otro que el interés general de esa sociedad, y no el universal de los hombres que la integran y deben ser dominados para ello.[31]

En las sociedades premodernas, lo civil y lo político se hayan mutuamente imbricados, y en la medida que lo están se encuentran restringidos y alterados por esa restricción. Aquellas funciones políticas necesarias para el funcionamiento general de la vida económica están al acceso directo, y a veces a cargo, de las funciones particulares que tienen dominio sobre su vida económica, y viceversa, en la medida que estas funciones políticas se encuentran bajo dominio particular también se aplican particularmente sobre cada sector y no se trata de una política general disputada por clases como conjuntos. En la medida que cada sector de una producción segmentada accedía al poder, el dominio político se restringía de sus sectores particulares a través de leyes privadas (privilegios) sobre sí mismos, y en la medida que esto no sucedía quedaba un espacio público porque significaba que había un espacio económico común. Marx compara esta situación premoderna con la que surge de la revolución republicana impulsada por el Estado moderno:

La revolución política, que derrocó este poder señorial y elevó los asuntos del Estado a asuntos del pueblo y que constituyó el Estado político como incumbencia general, es decir, como Estado real, destruyó necesariamente todos los estamentos, corporaciones, gremios y privilegios, que eran otras tantas expresiones de la separación entre el pueblo y su comunidad. La revolución política suprimió, con ello, el carácter político de la sociedad civil. Rompió la sociedad civil en sus partes integrantes más simples, de una parte los individuos y de otra parte los elementos materiales y espirituales, que forman el contenido, de vida, la situación civil de estos individuos. Soltó de sus ataduras el espíritu político, que se hallaba como escindido, dividido y estancado en los diversos callejones de la sociedad feudal; lo aglutinó sacándolo de esta dispersión, lo liberó de su confusión con la vida civil y lo constituyó, como la esfera de la comunidad, de la incumbencia general del pueblo, en la independencia ideal con respecto a aquellos elementos especiales de la vida civil. La determinada actividad de vida y la situación de vida determinada descendieron hasta una significación puramente individual. Dejaron de representar la relación general entre el individuo y el conjunto del Estado. Lejos de ello, la incumbencia pública como tal se convirtió ahora en incumbencia general de todo individuo, y la función política en su función general. Al sacudirse el yugo político se sacudieron, al mismo tiempo, las ataduras que apresaban el espíritu egoísta de la sociedad civil. La emancipación política fue, a la par, la emancipación de la sociedad civil con respecto a la política, su emancipación hasta de la misma apariencia de un contenido general. La constitución del Estado político y la disolución burguesa de la sociedad en los individuos independientes –cuya relación es el derecho, mientras que la relación entre los hombres de los estamentos y los gremios era el privilegio– se lleva a cabo en uno y el mismo acto.[32]

En las sociedades precapitalistas, en mayor o menor medida, el dominio de las diferentes comunidades y gremios sobre sus particulares medios de producción eran a la vez parte de su propia soberanía política, y viceversa. En las sociedades antiguas, sólo la esclavitud podía impedir a los hombres esclavizados todo rol económico y político, y en las sociedades medievales occidentales, sólo la servidumbre privaba de parte de ese rol, mientras que en ambos casos los trabajadores libres disponían de propiedad y tenían una participación directa en la política, accediendo a ella junto con los propietarios de esclavos en las ciudades-estado, y siendo un elemento político en sí mismo junto con los señores feudales a través de sus propios gremios y comunidades. Puesto que en las formas económicas precapitalistas todos los trabajadores disponían directamente y de facto de las herramientas de producción así como de la organización política de sus comunidades económicas, la explotación del trabajador sólo era posible desde fuera de la vida económica. Ésta ocurría a mano de sujetos sociales que intervinieran por su propia fuerza, reclamando de jure la propiedad sobre la producción y por ende la jurisdicción política de la misma. En el caso de los esclavistas antiguos se hacía apropiándose directamente de los trabajadores, mientras que en el caso de las noblezas guerreras de la Edad Media se hacía apropiándose de una parte de lo producido, pero en ambos casos los trabajadores eran propietarios de sus herramientas de producción y sólo eran privados por una coerción extraeconómica, total o parcial, del dominio privado que poseían sobre su profesión civil y del aspecto político que esa propiedad conllevaba.[33]

Marx señala entonces cómo la abolición de la esclavitud antigua llevó, durante la Edad Media, a un involucramiento de todo el mundo del trabajo en la propiedad sobre la producción y por ende en el universo de lo político. Sin embargo, la esfera política era necesariamente no-universal. En la Antigüedad la esfera política colectiva de las ciudades-estado se limitaba a lo militar y al comercio exterior, y poco afectaba la vida económica campesina que se regía por relaciones de parentesco que eran la política comunal. En la Edad Media toda la entera esfera política fue asimilada a las relaciones socioeconómicas de la sociedad civil guerrero-campesina dentro del ordenamiento militar feudal de obligaciones mutuas, con lo cual el patrimonio del artesano y el campesino se tornaron corporativamente políticos en cada uno de sus gremios, al mismo tiempo que el oficio de la guerra y las jerarquías políticas se tornaron patrimoniales, fusionando la responsabilidad política con la fuerza de una aristocracia militar privada.[34] En opinión de Marx, esta fue la solución más primitiva de la dualidad entre sociedad civil y sociedad política que consistió en limitar mutuamente a ambas: la fragmentación privada de la política como corolario de la gremialización común de la propiedad. Mientras que en la sociedad moderna esta dualidad en vez de evitarse se escinde radicalmente, posibilitando la “liberación” de la pura actividad económica egoísta y desorganizada que es la verdadera naturaleza de la sociedad civil, y la pura actividad política como planificación separada de la vida real que es la verdadera naturaleza de lo estatal.[35] El sociólogo Raymond Aron cita y desarrolla la explicación de Marx:

El estamento o la corporación no sólo se basan en la separación de la sociedad como ley general, sino que además separan al hombre de su ser general, hacen de él un animal que coincide directamente con su determinabilidad. La Edad Media es la historia animal de la humanidad, su zoología.

[…] En la Edad Media, el trabajador integra una corporación. Su pertenencia a tal o cual corporación, a tal o cual estamento, depende del trabajo que realiza. Pertenecer a un estamento implica participar en el Estado, puesto que el 'Stand' de la Edad Media, el estamento de la Edad Media, es esencialmente político. De modo que el individuo que integra una corporación participa en la universalidad del Estado. Pero participa como miembro de una corporación, la cual está determinada por el carácter del trabajo que el individuo realiza, y en consecuencia por los caracteres accidentales y, digámoslo así, animales de cada uno. Es porque hace tal o cual trabajo que el hombre pertenece a tal o cual corporación o estamento. Es pues por intermedio de estos caracteres más particulares y menos humanos que participa en el Estado, que participa en la que debería ser su humanidad […]

La época moderna, la civilización, comete la falta opuesta. Separan del hombre su ser 'concreto' como si fuera un ser puramente exterior, material. No consideran el contenido del hombre como su verdadera realidad.

Expliquemos esta idea. En la sociedad moderna existe el hombre de la sociedad civil. Es un trabajador, un profesor, un artesano, un vendedor, un comerciante, etc. Se distingue por sus características concretas y empíricas. El hombre de la sociedad civil es un hombre particular, que ejerce una actividad particular y que se distingue por la particularidad de su actividad, que es denotada por las particularidades de sus rasgos. Ahora bien, esas particularidades del trabajador son excluidas, por así decir, de la política y del Estado, puesto que accede a ella en tanto elector, es decir, el ciudadano abstracto. En la sociedad moderna se produce una separación entre la actividad profesional de la sociedad civil y la actividad política. […] Queda por considerar la principal dificultad: ¿en qué consiste la unificación y reunificación del hombre de la sociedad civil y el de la política? ¿A través de qué mediaciones universales debe producirse la síntesis entre los hombres particulares y concretos de la sociedad civil y el hombre general que es el ciudadano?[36]

El tema de la falta de conciliación entre el individualismo del sistema económico y el colectivismo del sistema político es central a la tesis de toda la obra de Marx.[37] En las sociedades de clases estamentales ambos elementos se encuentran degradados y mutuamente imposibilitados, mientras que en las sociedades modernas se hayan liberados pero escindidos como sociedad civil (burgerliche Gesellschaft) y Estado político (politischer Staat), que son los corolarios mutuos del proceso del capital separado de la voluntad del hombre.[38] La tesis de Marx sobre la especificidad del capitalismo fue resumida en la frase: “la sociedad civil cambió al separarse de la sociedad política”. En las sociedades premodernas los sujetos económico-políticos son los hombres concretos que tienen propiedad sobre la producción “políticamente” organizada del tipo que sea, sea en forma autónoma (individual o comunal) teniendo como objetos a sí mismos, o mediante la explotación por coerción externa, siendo sujetos de otros objetos humanos. En las sociedades modernas donde la producción y el uso se encuentran separados y mediados por la mercancía, el sujeto económico se convierte en un proceso autónomo (el capital) y los objetos económicos son todos los componentes de su estratificación social: explotadores (capitalistas), explotados (asalariados), independientes (pequeños burgueses), etc.[39] El capital tendría una base económica en la sociedad civil y una bóveda política en el Estado-nación. Tanto el intento de privatizar la vida política dentro de un mercado atomizado como la de estatizar la vida civil dentro de un Estado genérico son, para Marx, ideas fútiles.[40]

La sociedad moderna se separa entonces en dos estamentos: por un lado el estamento privado del mercado cuyas profesiones y clases sociales internas abarcan, en el conjunto del mercado, el rol público de la economía entera sin ninguna función política, y por el otro el estamento público de la burocracia política cuyo único rol civil abarca, en la unidad del Estado, la política entera sin ninguna función económica.

Esta idea, según Aron, es clave para entender el desarrollo de la estratificación social según el materialismo histórico de Marx: el sistema económico, el sistema de las actividades profesionales, está separado de la política.

Sólo [la política] siguió siendo estamento en el sentido medieval dentro de la misma burocracia, en la que la posición civil y política son directamente idénticas. […] Frente a la burocracia la sociedad civil es hoy en día el estamento privado.[41]

Por lo tanto, la fusión de la sociedad civil y la posición política sólo se da actualmente en el caso de los funcionarios del Estado, los que, en efecto, como profesionales son a la vez funcionarios, y como funcionarios son servidores del Estado, al que están ligados. Marx explica así la relación entre estamento y clase:

Los estamentos ya no se diferencian como autónomos basados en las diferentes necesidades y trabajos. La única diferencia –general, superficial y formal– sigue siendo la de ciudad y campo. Sólo que la diferencia se ha desarrollado dentro de la sociedad misma en círculos fluidos, inestables, cuyo principio es la arbitrariedad. Dinero e instrucción son los principales criterios. […]

El estamento de la sociedad civil no tiene su principio ni en las necesidades –un factor natural– ni en la política. Se trata de una división en masas de existencia efímera y cuya misma formación es arbitraria, carente de organización. Lo único característico de la sociedad burguesa es que la carencia de bienes y la clase del trabajo directo, concreto, constituyen no tanto un estamento de la sociedad burguesa como la base en que se apoyan y mueven sus círculos. El único estamento en el que propiamente coinciden posición política y civil es el de los miembros del Poder Ejecutivo. Baste para mostrar la diferencia entre el estamento de la antigua sociedad civil y el de la actual el que éste ya no tiene nada en común, una comunidad que contenga al individuo; al contrario, sólo depende, por un lado, de la contingencia, y por el otro, del trabajo del individuo, se mantenga el individuo o no en un estamento. Se trata de un estamento que a su vez es sólo una característica exterior del individuo: ni le es inherente a su trabajo ni le afecta como algo organizado según leyes estables ni es una comunidad objetiva en relaciones definidas con el individuo. Al contrario, éste carece de toda relación real con su actividad sustancial, con su estamento real. El médico no constituye un estamento especial en la sociedad burguesa. Dos comerciantes no tienen un estamento de comerciantes en común, ni comparten la posición social entre sí.

Y es que la sociedad burguesa, lo mismo que se ha escindido de la sociedad política, se ha escindido en su interior en el estamento y la posición social, por más que ambos aspectos se hallen relacionados de diversas maneras. El principio del estamento burgués o de la sociedad burguesa es el consumo y el poder de consumo. En su significación política, el miembro de la sociedad burguesa se desprende de su estamento, de su posición privada real para valer únicamente como hombre; dicho de otro modo, sólo su carácter de miembro del Estado, de ser social se presenta como su característica humana.

En efecto, todas sus otras características relativas a la sociedad burguesa se presentan como accidentales al hombre, al individuo, como determinaciones extrínsecas. Su necesidad para la existencia del individuo en conjunto, es decir, como vinculación con el todo, es reconocida; pero el individuo puede también prescindir lo mismo de ello.

La sociedad civil actual es el principio consumado del individualismo; la existencia individual es el último fin; actividad, trabajo, contenido, etc., sólo son medios.[42]

En el esquema marxiano, las clases sociales estamentales de las sociedades precapitalistas podían encontrarse en conflicto mutuo pero las clases dominadas poseían intereses en el mismo siendo que éstas eran a su vez estamentos. El campesinado medieval, por ejemplo, tenía una forma propia de organización económica en tanto disponía de propiedad sobre sus herramientas de producción, y la nobleza militar del feudalismo transformaba sus relaciones de producción subsumiéndolas en un modo de producción feudal y forzándolas a desarrollar las fuerzas productivas en una forma que no lo hubieran hecho por su cuenta. Esto significaba que las clases subalternas no eran progresivas sino reaccionarias. No podían separarse del modo de producción del que eran parte ya que no disponen de un completo modo de producción propio superior al que se generaba como producto de su explotación. En su desarrollo, las fuerzas productivas generaban otro modo de producción en su seno, con sus propias clases dominantes que serían las que disputaran el dominio al ordenamiento anterior y a todas sus clases. Siendo que los nuevos modos de producción eran más adecuados para desarrollar las fuerzas productivas en un momento dado, estos lograban más poder para derribar los modos de producción obsoletos que se resistían al cambio. La transformación social (la “revolución social”) de un modo de producción en otro se producía cuando la clase dominante del nuevo modo de producción derrocaba a las instituciones del anterior modo de producción que le impedían su desarrollo. Esto significaba que el proceso social revolucionario y la “clase progresiva” que lo lideraba, si bien había surgido de las “entrañas” del antiguo modo de producción, era un fenómeno exógeno al mismo: no eran las clases dominadas o explotadas del medio de producción caduco las que tenían el interés o el poder de derrocar a sus clases dominantes, sino las clases privilegiadas del nuevo, aun en detrimento de las clases anteriores.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa división de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales. […] De los siervos de la Edad Media surgieron los villanos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía.[43]

El eje de la obra de Marx sobre la estratificación social, es que este proceso continua sólo hasta el surgimiento de la sociedad capitalista: en cuanto la burguesía llega al poder para terminar de desarrollar su orden social, la estructura que da orden a su modo de producción (el intercambio de mercancías) toma autonomía en el proceso del capital y se transforma en un estamento independiente como sociedad civil burguesa:

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.[44]

Desde ese momento las clases sociales simplifican sus contradicciones hasta encarnarse en dos extremos de dominación, así como pasan a formar parte de un mismo estamento social u orden social extensivo a toda la economía, y el elemento que las cohesiona y coordina es el dinero y no las relaciones de poder establecidas dentro de la sociedad (no forman diferentes estamentos). Todas las nuevas clases que surgen en el seno del modo de producción capitalista tienen la misma naturaleza mercantil y no forman un nuevo modo de producción. El desarrollo del capitalismo a manos de la burguesía es corolario del surgimiento de un nuevo tipo de clase explotada: el proletariado. Este estrato sin herramientas de producción propias habría sido producto de un proceso violento llamado acumulación originaria por el cual las antiguas clases trabajadoras propietarias fueron desposeídas y transformadas en fuerza de trabajo libre lo que hizo posible así el surgimiento de los capitalistas que las emplearon en un mercado laboral y que las regeneraron en dependencia con el capital.[45] Esta nueva clase carece de propiedad no sólo para explotar a una clase que pudiera formarse en su seno, sino que por esto mismo es incapaz en la condición existente de generar un modo de producción donde dicha futura clase explotada surgiera. En la secuencia marxiana de formas de estratificación social, el proletariado implica por ende un momento de ruptura histórico:

Todas las clases que en el pasado lograron hacerse dominantes trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda sociedad a las condiciones de su modo de apropiación. Los proletarios no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de apropiación en vigor, y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la propiedad privada existente.[46]

Siendo que la burguesía capitalista es realmente propietaria de jure y de facto de los medios de producción, las clases trabajadoras no deben ser violentadas para ser explotadas, y por esto las clases dominantes ya no están vinculadas a la organización o empleo de la fuerza como en las formas precapitalistas.[47] La explotación ya no es extraeconómica de una clase estamental a otra, sino intraeconómica entre clases de un mismo gran estamento. La clase explotada, a su vez, ya no se encuentra formada por trabajadores transformados por la explotación, sino que son en sí mismos generados por la explotación dentro de un modo de producción.[48] [49] Para Marx, sin embargo, el desarrollo del proceso del capital también entra en conflicto con las fuerzas productivas aunque se halle continuamente adaptado a las mismas. En su tratado El capital intentó explicar cómo este proceso fuera del dominio humano, es a la vez autocontradictorio en sí mismo: su realización implica crisis cíclicas, reducción de la cantidad de explotadores, empobrecimiento relativo de los consumidores por sobre la inversión en producción, etc. que exige grados mayores de autodestrucción hasta un punto en el cual requiera la abolición de sí mismo. Esta abolición sólo podrá ser llevada a cabo por la clase de los trabajadores que sostienen su existencia, y sólo cuando el capital hubiera terminado de desarrollar las herramientas sociales y técnicas (las fuerzas productivas) para que un modo de producción nuevo sea capaz de generarse a partir del capital, cuya construcción sería mediada por una provisional propiedad estatal de los medios de producción (el primer marxismo, representado por Karl Kautsky, suponía que esto sucedería cuando toda la producción se concentrara en una sola empresa que haría inexistente el mercado entre capitalistas.)

El marxismo describió la naturaleza existencial del proletariado como el arma que el capital requiere para su propio fin, y el fin del capital como el final definitivo de la propiedad privada que dio origen a las clases, a la explotación entre clases, al desarrollo de las fuerzas productivas económicas mediante el dominio de unos hombres por otros y, finalmente, el dominio mediante las mercancías del dinero sobre los hombres, esto es: de los intereses económicos incluso sobre los explotadores. Karl Marx consideraba así haber descubierto en el proletariado la negación efectiva ya no sólo del capitalismo y de sus clases, sino de la necesidad de propiedad y de estratificación social en todas sus formas, la base del comunismo que hasta entonces era el ideal utópico de la humanidad:

Hay que formar una clase con cadenas radicales, una clase de la sociedad burguesa que no sea una clase de la sociedad burguesa, una clase que sea la disolución de todas las clases, una esfera que tenga un carácter universal debido a sus sufrimientos universales y no reivindique un derecho particular porque no se le ha causado un daño particular sino un daño en sí. Una esfera que no pueda invocar ya un título histórico sino simplemente un título humano […], una esfera, por último, que no pueda emanciparse sin emanciparse de todas las otras esferas de la sociedad y, por consiguiente, sin emanciparlas a todas; que sea, en una palabra, la pérdida completa del hombre y, por lo tanto, sólo pueda reconquistarse a sí misma mediante la recuperación completa del hombre. La descomposición de la sociedad en cuanto clase particular es el proletariado.[50]

Mientras que la fundamentación de la concepción marxiana de estratificación social se encuentra dispersa a lo largo de la obra de Marx en el tiempo, la descripción de las diferentes formas de estratificación y su desarrollo se encuentran en un texto específico del autor titulado Formaciones económicas precapitalistas, conocido también como los Formen. El historiador marxista Eric Hobsbawm detalla los puntos principales de la aproximación de Marx a la historia en base al denominado materialismo histórico corregidos a la luz de los descubrimientos arqueológicos actuales.[51]

La mayoría de los trabajos de Karl Marx se ocuparon de la estratificación social, y sobre todo de las clases sociales dentro del capitalismo, pero no proporcionó un análisis sistemático del concepto de clase. El manuscrito en el que Marx estaba trabajando en el momento de su muerte, publicado posteriormente como parte de su trabajo más importante, El Capital, cesa en el punto en que plantea la pregunta "¿Qué constituye una clase?". El concepto de clase de Marx tiene que reconstruirse, en consecuencia, desde el cuerpo de sus escritos como conjunto. Puesto que en los distintos pasajes en los que argumenta la noción de clase no son siempre totalmente coherentes ha habido muchas disputas entre los académicos sobre las intenciones originales del autor. Sin embargo hay un acuerdo casi general sobre los contornos de sus puntos de vista. Ante la pérdida del único momento en que Marx se dio cuenta de la necesidad de una definición didáctica, los estudiosos de su obra han recurrido a las citas pertinentes en el resto de su obra y a concebir los esquemas conceptuales coherentes que se pueden deducir de éstos.[52]

Para Marx, en principio, una clase social sería un grupo de personas que tienen una relación común con los medios de producción. Pero esta distinción, aclara Marx, es insuficiente. En principio puede ser subdividida hasta el infinito, y no parece haber una buena razón para detenerse simplemente en la fuente de ingreso, en tanto hacerlo implicaría igualar pequeños con grandes empresarios así como gerentes con obreros:

La próxima pregunta a responder es ésta: ¿qué forma una clase?, y por ciento que esto se desprende de suyo de la respuesta a la otra pregunta: ¿qué hace que trabajadores asalariados, capitalistas y terratenientes formen las tres grandes clases sociales? A primera vista, la identidad de los réditos y de las fuentes de rédito. Son tres grandes grupos sociales, cuyos componentes, los individuos que las forman, viven respectivamente de salario, ganancia y renta de la tierra, de la valorización de su fuerza de trabajo, su capital y su propiedad de la tierra. Pero desde este punto de vista médicos y funcionarios, por ejemplo, también formarían dos clases, pues pertenecen a dos grupos sociales diferentes, en los cuales los réditos de los miembros de cada uno de ambos fluyen de la misma fuente. Lo mismo valdría para la infinita fragmentación de los intereses y posiciones en que la división del trabajo social desdobla a los obreros como a los capitalistas y terratenientes; a los últimos, por ejemplo, en viticultores, agricultores, dueños de bosques, poseedores de minas y poseedores de pesquerías. [Aquí se interrumpe el manuscrito.][53]

Así pasa a agregar una condición a la definición: la conciencia de clase.[54] Para que los elementos en común de las fuentes de ingreso sean socialmente relevantes para ser llamadas “clase social” debe ser capaz de aglutinar intereses comunes que superen las diferencias menores entre las mismas:

Cada familia campesina se basta, sobre poco más o menos, a sí misma, produce directamente ella misma la mayor parte de lo que consume y obtiene así sus materiales de existencia más bien en intercambio con la naturaleza que en contacto con la sociedad. La parcela, el campesino y su familia; y al lado, otra parcela, otro campesino y otra familia. Unas cuantas unidades de éstas forman una aldea, y unas cuantas aldeas, un departamento. Así se forma la gran masa de la nación francesa, por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como, por ejemplo, las patatas de un saco forman un saco de patatas. En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por su modo de vivir, por sus intereses y por su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquéllos forman una clase. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase.[55]

Esta percepción subjetiva de los individuos como clase no sería un solipsismo colectivo, ya que para que dicha conciencia de clase refleje la existencia una común clase social, dicha conciencia debe basarse en criterios relativos a características comunes en sus relaciones de producción y fuentes de ingreso. [56] La mera solidaridad eventual entre miembros sin ninguna vinculación socioecónomica, por ejemplo, obreros y pequeños comerciantes en un interés compartido, no basta para que ambos grupos puedan pasar a considerarse parte de una sola clase. Para que puedan representarse políticamente como clase deben poder tener al menos una misma fuente de ingreso de algún tipo, de forma que dispongan de una organización común propia y poder sindicalizarse, caso contrario no basta para que compartan un tipo de clase, o sea, una misma fuente de ingreso en común para convertirse en una clase socialmente significativa:

Son, por tanto, incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre, ya sea por medio de un parlamento o por medio de una Convención. No pueden representarse, sino que tienen que ser representados. Su representante tiene que aparecer al mismo tiempo como su señor, como una autoridad por encima de ellos, como un poder ilimitado de gobierno que los proteja de las demás clases y les envíe desde lo alto la lluvia y el sol. Por consiguiente, la influencia política de los campesinos parcelarios encuentra su última expresión en el hecho de que el poder ejecutivo somete bajo su mando a la sociedad.[57]

Sin embargo, tampoco basta para suponer mayor cantidad de clases que exista cualquier división de intereses en grupos en conflicto en base a cualquier diferencia menor en común, ya que una condición extra es que se beneficien de su acción en común si ésta tiene éxito:

No se trata de lo que directamente se imagine tal o cual proletario, o incluso el proletariado entero. Se trata de lo que es y de lo que históricamente se verá obligado a hacer por ese ser.[58]

Karl Marx ha utilizado muchas categorizaciones variables para clasificar las relaciones de producción por la fuente de ingreso, pero esto presupone que las condiciones que las determinan como clases preexisten a su unidad política y a que puedan mancomunarse en conflictos de intereses subjetivamente considerados, con lo cual no es el conflicto el que genera o da origen a la distinción de clase en la que basan su unidad.[59]

Vilfredo Pareto[editar]

Vilfredo Pareto es uno de los primeros sociólogos que, junto con Max Weber, introduce a las élites como un elemento causal genético dentro de la organización social. Sin embargo estas élites son descritas en términos estructurales dentro de la organización social, y no contingentemente respecto a la misma ni capaz de modificarla en forma voluntarista. Las élites no surgen a partir de la mera voluntad de individuos aislados de generar organización que detenta poder, sino que son aunque tengan esta capacidad deben ser a su vez producto de estructuras previas, sociales e ideológicas, que se tienden a desarrollar dentro de la estructura social y que luego pueden llevar su organización consciente del poder hasta su ejecución:

La sociedad se divide en grupos heterogéneos y clases pero dentro de los grupos y clases y entre grupos y clases hay una intensa circulación vertical y horizontal. Los grupos y las clases están en conflicto, pero también hay una lucha dentro de estos grupos y clases. La parte del grupo o clase que trata de garantizar la hegemonía sobre su propio grupo o de su propia clase, o también a través de todos los grupos y todas las clases, se llama la élite. La teoría de la élite pretende ser una generalización de la teoría de la lucha de clases.

Los individuos que muestran una gran capacidad en las respectivas ramas de la actividad social constituyen la capa superior, por lo general toma forma en los que gobiernan, mientras que el resto forman la capa inferior, a la que pertenecen los gobernados. Esta estratificación de la sociedad, corroborada también por la distribución de la teoría de la riqueza, se basa en la naturaleza de los hombres, en el papel de la fecundidad y la mortalidad de los grupos sociales y en una serie de otros factores; no es el producto de las fuerzas económicas o de capacidades organizativas especiales. La desigualdad de estatus entre el hombre está determinado sobre todo por la posesión de ciertas «capacidades» en la realización de cualquier actividad humana. La «capacidad» es la disposición natural del individuo para sobresalir en una actividad en particular. Es dudoso que estas «capacidades» existan en la naturaleza en el estado de determinismos ciegos. Son más bien el producto de las interacciones sociales y las operaciones de socialización. Pareto a veces habla del peso del origen social y de la técnica de la corrupción como medio para personas «incapaces» que acceden o se encuentren en la élite, pero él está convencido de que la condición normal es y sigue siendo la «capacidad personal» socialmente formada.

Las élites pueden sobrevivir y seguir adelante siempre que se renueven continuamente, eliminando los elementos degenerados y aceptando nuevos elementos en ciertas proporciones dentro de ellos. La circulación entre la capa inferior y la capa superior -la movilidad- ante todo debe ser vertical, hacia arriba, pero también debe ser baja. No hay movilidad cuando no es simplemente la asimilación o la cooptación. El movimiento es, por tanto, sinónimo de equilibrio y de la ley que rige la continuidad y la formación de las élites está sujeta a un tipo de anaklasis o refracción. A pesar de que las élites pueden desaparecer por diversas razones (destrucción biológica, el cambio psicológico en las actitudes, la decadencia), hay dos maneras de mantener la estabilidad y la continuidad social: la eliminación de los que la ponen en duda y por lo tanto ponen en peligro el orden social y la existencia de la élite, y/o la absorción de los elementos de la clase regulada que puede ser útil o utilizable. Este proceso de endósmosis, por el cual los elementos de la clase gobernada vienen a formar parte de la aristocracia del poder, es «el fenómeno de la circulación social». La élite capaz es la que se renueva y rejuvenece continuamente. Puede suceder que los que se oponen a la élite, con el fin de eliminar a sus adversarios en el poder, hagan uso del descontento de las clases reguladas o bien utilicen la intervención extranjera. La clase en el poder entonces tiene que defenderse. Astucia y la fuerza son necesarias, pero también es necesario obtener el consenso de la clase pasiva gobernada.[60]

A su vez, Pareto utiliza su análisis de las élites y la extiende a las clases sociales y otros grupos cuya dinámica usualmente se supondría diferente a la de las élites. De esta forma llegó al llamado Principio de Pareto basado en el Índice de Pareto, que explicaría una relación constante y matemática entre dirigentes y dirigidos en todo grupo social.

En la ciencia política, la tríada formada por Vilfredo Pareto, Robert Michels y Gaetano Mosca, es considerada la iniciadora de la teoría elitista en ciencia política (en clara oposición a la visión pluralista), y sus autores son descritos por James Burnham, uno de sus sistematizadores, como el grupo de “los maquiavelistas”. El concepto paretiano de élite se ha vuelto un elemento clave en las teorías de la estratificación social y también en la teoría política, sean estas como parte de visiones que secundan o se oponen a la de Pareto respecto a la inevitabilidad del elitismo: Elmer Eric Schattschneider, Charles Wright Mills, Floyd Hunter, G. William Domhoff, Robert Putnam, Thomas R. Dye, Ralf Dahrendorf, etc.

Thorstein Veblen[editar]

Thorstein Veblen sentó las bases de la perspectiva de la economía institucional con su crítica de la teoría económica estática tradicional. Por mucho que Veblen fue un economista, también era un sociólogo que rechazó a sus contemporáneos que consideraron a la economía como una entidad autónoma. Veblen, heredero de Gustav von Schmöller, no estuvo de acuerdo con sus colegas, como Karl Marx y en especial Karl Polanyi, que creían que en la sociedad mercantil la economía se autonomizó o “desencastró” de las relaciones sociales pautables conscientemente, ya que él creía firmemente que la economía se encontraba incrustada de manera significativa en las instituciones sociales. En lugar de separar la economía de las ciencias sociales, Veblen consideraba como estructurales a las relaciones entre la economía y los fenómenos sociales y culturales. En términos generales, el estudio de la economía institucional analiza las instituciones económicas como el proceso más amplio de desarrollo cultural. Mientras que el institucionalismo económico nunca se transformó en una importante escuela de pensamiento económico, permitió a los economistas explorar los problemas económicos desde una perspectiva que incorporara los fenómenos sociales y culturales. También permitió a los economistas entender la economía como una entidad evolutiva de racionalidad acotada.

La visión de Veblen sobre la estratificación social fue resumida en su obra de finales del siglo 19, la Teoría de la clase ociosa (1899) en donde estableció que la vida económica de la sociedad moderna está basada en la estratificación social de las sociedades tribales y feudales, más que en el mérito, es decir, en la utilidad social y económica. Ejemplos antropológicos de Thorstein Veblen indican que muchos de los comportamientos económicos de la sociedad contemporánea se derivan de comportamientos correspondientes de la sociedad tribal, en el que los hombres y las mujeres practican la división del trabajo en función de su grupo de estatus: en el alto estatus las personas practican la caza y la guerra, que son económicamente ocupaciones improductivas, mientras que las personas de baja condición practicaron la agricultura y la manufactura, que son económicamente ocupaciones productivas.

  • Ocupación
Para Veblen, en una sociedad estratificada, la división del trabajo inherente a la cultura bárbara de la conquista y la dominación, implica ocupaciones intensivas en mano de obra para el pueblo conquistado, y ocupaciones de trabajo ligero para los conquistadores, que de este modo se convierten en la clase ociosa. Por otra parte, eran socialmente poco importantes ocupaciones productivas que eran de mayor valor económico para la sociedad, mientras que tenían más alto estatus las ocupaciones improductivas (la profesión de las armas, el clero, la banca, etc.); no obstante, en aras de la cohesión social, la clase ociosa llevó a cabo de vez en cuando el trabajo productivo que contribuyó al funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, ese trabajo era una participación más simbólica en la economía que una producción económica práctica.
  • La utilidad económica
En el ejercicio de control político premoderno, la clase ociosa retuvo, según Veblen, su alto estatus social mediante la coerción directa e indirecta, por reservar para sí el oficio de las armas, y así retuvo armas y habilidades militares de las clases sociales inferiores. Tal división del trabajo (utilidad económica) dictó las clases más bajas dependiendo de la clase ociosa, y así establecida y justificada, se perpetúa el papel de la clase ociosa como los defensores de la sociedad contra los enemigos naturales, y sobrenaturales porque el clero también pertenecía a la clase ociosa. En el tiempo, la sociedad contemporánea no reemplaza psicológicamente el estadio tribal de la división del trabajo, sino que simplemente desarrolló diferentes formas de “división del trabajo por status”. Durante el período medieval sólo los nobles terratenientes tenían el derecho a cazar y portar armas como soldados (el status y los ingresos eran paralelos). Del mismo modo, en la sociedad contemporánea, los trabajadores cualificados de la clase obrera por lo general se les paga un ingreso, de los salarios, que es inferior a la renta pagada, en el sueldo, a los profesionales educados, ingenieros, gerentes, vendedores, empleados de personal, etc., cuya importancia económica es indirectamente productiva para el conjunto de la sociedad (ingresos y status seguirían siendo también paralelos).
  • La emulación pecuniaria
Otra tesis de Veblen es que, para conseguir, retener y obtener un mayor estatus social dentro de su clase social, las personas de bajo estatus emulan a los miembros respetados de alto estatus de su clase socioeconómica, consumiendo más del precio normal de los productos por las marcas de bienes y servicios percibidos como productos de mejor calidad en tanto de una clase social más alta. En la lucha por un mayor estatus social, la gente compra productos de alto estatus (bienes y servicios) de los cuales no pueden permitirse el lujo, a pesar de la disponibilidad de productos asequibles, ya que son percibidos como de menor calidad y menor prestigio social y por lo tanto de una clase social más baja. En una sociedad de consumo, el empresario era el último miembro de la clase ociosa, un bárbaro que utilizaba su destreza (visión para los negocios) y las habilidades competitivas (comercialización) para aumentar las ganancias, mediante la manipulación de la oferta y la demanda entre las clases sociales y sus estratos, para los mismos productos a precios diferentes.[61]

Max Weber[editar]

El sociólogo y economista Max Weber, a partir de la clasificación de Ferdinand Tönnies de los diferentes grupos sociales en societarios y comunitarios, desarrolló el esquema de los tres componentes de la estratificación social: clase, estatus y partido, haciendo hincapié por separado en la cuestión económico-mercantil de la propiedad, la fuente y el nivel de ingresos (la “riqueza”), la cuestión socio-cultural del honor y el deber (el “prestigio”), y la cuestión político-militar de la organización del mando, las armas y la fuerza (el “poder”), y tratando estos elementos como fuentes separadas pero relacionadas de poder (respectivamente como disposición de recursos económicos, recursos sociales y recursos políticos) cada uno con diferentes efectos sobre los demás: [62]

En tanto que las «clases» corresponden auténticamente al orden económico, los «grupos de status» se sitúan dentro del orden social, esto es, dentro de la esfera de distribución de «honor». Deste estas respectivas esferas, las clases y los grupos de status se influyen mutuamente, e influyen sobre el orden legal y, a su vez, son influidos por éste. Pero los partidos habitan una mansión de «poder». Su acción se orienta a la adquisición de «poder» social, o sea, influir sobre las acciones comunales, sea cual sea su contenido.[63]

  • Clase social (clase): individuos que comparten un componente causal específico para sus oportunidades de vida en base a una particular posesión de bienes y oportunidades de ingresos, lo que implica que dependen de un mercado de productos o de trabajo. En este caso, la mera posesión es decisiva para el destino del individuo sólo cuando éste se encuentra situado en un mercado que, en base a intereses funcionales y sin hacer distinciones personales, le ofrece oportunidades en forma de bienes ofrecidos a cambio del intercambio con aquello que tiene el poder patrimonial de disponer, en contraste con lo que puede suceder, por ejemplo, en una comunidad agrícola tradicional basada en el trabajo que ofrece recursos con independencia de los que se pueden aportar. Por ende, para el individuo, la “situación de clase” equivale a su “situación de mercado”, o lo que es lo mismo, el cómo su “relación con la producción y la adquisición de bienes” tiene una demanda concreta en el mercado.[64]
La posición de clase se puede clasificar mediante varios ejes, por lo que se yuxtapone en un mismo individuo la pertenencia a diferentes clases que pueden ser distinguidas según cada categoría:
a) clase "propietaria" según el tipo de propiedad y fuente de ingreso
* rentistas, acreedores, etc.
b) clase "lucrativa" según el ingreso y nivel de lucro en base a la valoración de los bienes y servicios en el mercado
* comerciantes, armadores, industriales, empresarios agrarios, banqueros, financieros, etc.
c) clase "social" según ingreso asegurado por el reconocimiento social del rol económico que depende de una ocurrencia típica a lo largo del tiempo de la posición económica
* proletariado en conjunto, pequeña burguesía, intelligentsia sin propiedad, propietarios y privilegiados por educación, etc.[65]

No hay en este sistema teórico un “interés colectivo” definible a partir de prácticas económicas colectivas, que motive la reacción de los pertenecientes a una clase; lo que existe, en cambio, es la presencia simultánea de intereses personales semejantes en el promedio de los sujetos que ocupan la misma posición. Con estos argumentos Weber rechaza el “empleo pseudocientífico de los conceptos de ʻclaseʼ y de ʻinterés de claseʼ tan usual en nuestros días”.

Si la acción en común y la acción societal de una clase dependen de condiciones de orden intelectual y del grado de claridad con que se comprendan las relaciones entre causas y efectos de la situación de clase, esto significa que para el fundador de la sociología comprensiva, la posibilidad de la acción está unida, en última instancia, a la actitud racional de los interesados. Sólo en el caso en que los individuos de las clases no privilegiadas sean conscientes de lo que condiciona sus probabilidades diferenciales de vida es esperable una “reacción racional” y no simples actos de protesta discontinuos e irracionales. Esta reacción adopta la forma de una “asociación racional” (por ejemplo, un sindicato) de la que el individuo puede o no esperar determinados resultados.

La organización de clase aparece así como un contrato o asociación entre individuos que constituye un medio racional, para cada uno de ellos, de modificar las condiciones de realización de sus posibilidades de vida individuales.

Es interesante advertir la relación de estrecho parentesco que existe entre estas ideas y la distinción de cierto “marxismo” entre clase en sí / clase para sí, que se apoya en la “conciencia” como elemento determinante para la división y que por lo tanto tiene connotaciones idealistas. Esta distinción, adoptada por una parte del marxismo y rechazada por otra, halla su fuente en ciertos parágrafos del propio Marx.[66]

  • Grupo de status (estamento): individuos que comparten una apreciación social por distinciones personales en base a un criterio de honor, positivo o negativo, que posibilita o restringe el acceso a relaciones sociales o bienes ideales o materiales provistos en esas mismas relaciones, que por eso mismo tienden a contener un elemento de poder. Si estos bienes y relaciones son monopolizados por los grupos de status nos encontramos en una situación de estratificación por status. La “situación de status” equivale a una “situación comunitaria” y relacional personal, que es inseparable del reconocimiento a un tipo de “consumo de bienes” relacionado con un “estilo de vida particular” al que el patrimonio queda vinculado.[67]
El origen de las formaciones estamentales o de status se deben principalmente a tres causas:
i. Por un modo de vida estamental propio, en particular por la naturaleza de la profesión.
ii. Por carisma hereditario a través de pretensiones efectivas de prestigio personal.
iii. Por capacidad de apropiación estamental, como monopolio, de poderes de mando políticos o hierocráticos.

Si bien la división en clases y la división en estamentos coexisten en una sociedad, puesto que se trata de estratos pertenecientes a dimensiones diferentes (económica y social respectivamente), no obstante esto, para Weber es posible calificar alternativamente a una sociedad como “clasista” o como “estamental”, bien sea que su articulación social se realice preferentemente según clases o bien que lo haga según estamentos. Y esto está en íntima relación con el grado de desarrollo del mercado.

En efecto, la organización estamental tiene como consecuencia necesaria la obstaculización de la libre evolución del mercado. Y esto en la medida en que implica, en primer lugar, la posesión monopólica de ciertos bienes por algunos estamentos, garantizada legal o convencionalmente, y por ende la sustracción de los mismos al tráfico libre, y por otro lado, el desprecio por parte del honor estamental de lo que es específico del mercado: el regateo y el lucro. “Toda sociedad estamental es convencional, ordenada por las reglas del tono de vida; crea, por lo tanto, condiciones de consumo económicamente irracionales e impide de esa manera la formación del mercado libre por la apropiación monopolista y por eliminación de la libre disposición sobre la propia capacidad adquisitiva”.

Por definición entonces, el principio estamental y el del mercado se oponen. El orden estamental es contrario a la regulación puramente económica de la distribución del poder; se ve amenazado por ésta -dice Weber-, por el hecho de que el poder puramente económico pueda otorgar el mismo status que el alcanzado en virtud de otros méritos (modo de vida, hábitos, costumbres, ideas). De aquí la frecuente reacción de los miembros de los estamentos privilegiados contra la persecución de la ganancia y el éxito estrictamente económico.[68]

  • Partido político (partido): grupo organizado de individuos destinado a ocupar espacios de poder y uso de la fuerza coercitiva dentro de una sociedad. Los partidos u organizaciones políticas representan un alto grado de racionalidad en la acción social: requieren una planificación y sus motivos son estratégicos. Los tipos irracionales de acción social no están completamente excluidos, sin embargo. La tradición, el afecto y la ideología son una parte operativa de los partidos. Weber aclara que “partido” debe entenderse en el sentido más amplio del término: un grupo que se caracteriza por la capacidad potencial de imponer sus intereses decidiendo o influyendo sobre el contenido de los mandatos públicos. No debe acotarse este uso weberiano del término sólo al “partido político” moderno como organización para organizar el personal político directivo del Estado: cualquier organización que cumpla estos requisitos, realizados cabalmente en la definición restringida del partido político moderno, puede a su vez ser considerada un partido en sentido amplio. A su vez los partidos en tanto facciones pueden existir no sólo dentro de un “Estado” sino dentro de un “grupo” social cualquiera en tanto no tenga preasignadas sus relaciones de poder.[69]
Los partidos sólo son posibles dentro de espacios “societalizados” que no hayan pautado sus vínculos políticos “comunitariamente” o por estatutos, que es la condición para que los puestos de mando no se sustraigan a un “orden racional” y dispongan “de un equipo de personas dispuesto a hacerlo cumplir”. Ya existiendo este último equipo (como es el caso de las burocracias estatales de los estados-nación), los partidos pueden buscar su dominio, teniendo o no la intención de que dicho poder permanezca restringido a expresar las condiciones institucionales de un ordenamiento legal-racional.[70]

Según su organización, determinada sobre todo por la estructura de dominación prevaleciente en la comunidad, los partidos pueden ser de tipo carismático (predomina la fe en el caudillo), tradicional (preeminencia del apego al prestigio social del señor), o racional (adhesión al dirigente y a su cuadro nombrado “con arreglo a la ley”), y esto determina el tipo de obediencia de los partidarios y del cuadro administrativo.

De la misma manera, la adquisición de poder político puede estar en función de atributos de diverso tipo que fundamentan su legitimidad (carismáticos, tradicionales y racionales). Es decir, el poder político, al igual que el poder social, puede ser consecuencia de cualidades no racionales de los individuos, es decir, de cualidades diferentes de las que determinan el poder económico. Sin embargo, hay un tipo de estratificación política que refleja una distribución del poder en función de la racionalidad de las conductas (competencia, eficacia, idoneidad): la jerarquía burocrática correspondiente a la forma de dominación “racional-legal”.

Aunque Weber reconoce que los partidos pueden ser estamentales o clasistas, es decir, que pueden estar dirigidos predominantemente y de modo consciente por intereses de estamentos o clases, insiste en que esto no es lo que sucede de modo frecuente. En la práctica -subraya- los partidos pueden dirigirse de un modo exclusivo al logro del poder para el jefe y la ocupación de los puestos administrativos en beneficio de sus propios cuadros (partido de patronazgo), o estar orientados por fines objetivos concretos o por principios abstractos (partidos ideológicos = concepciones del mundo).[71]

Los intereses de clase y de status interactúan con el ámbito del ordenamiento jurídico, la arena de la política. El poder político es, obviamente, a menudo basado en los intereses de clase y de status. En tanto los partidos son las organizaciones del poder, su finalidad es la lucha por la dominación. Los partidos operan habitualmente en el dominio político-legal como un tipo-ideal, ya que las partidos pueden no estar restringidos a este campo. A pesar de que los partidos se basan en la clase y el status, por lo general se organizan a través de estas distinciones. Es raro para los partidos que se basen exclusivamente en los intereses de clase o de status: dado que el poder político se compone de individuos con un estatus y una clase, los partidos tenderán a reflejar estos complejos patrones de intereses.[72]

Weber aclara que la “situación de clase” está relacionada con la “situación de status” (honor y estilo de vida), pero cual tiende a determinar a cual en el largo plazo dependerá del tipo de estratificación de que se trate. En las sociedades estratificadas en base a la clase, el mercado como economía integrada por los diferentes tipos de propietarios de recursos productivos contractualmente intercambiables, forma en derredor de sí (en base a su “relación con la producción y su adquisición de bienes”), relaciones comunitarias de status y agrupaciones políticas con acceso a los órganos públicos de coerción. En las sociedades estratificadas en base al status, las comunidades de pertenencia en base a un honor adquirido o heredado, organizan o condicionan, en forma personalizada (en base a “estilos de vida particulares”), la forma del acceso a los bienes económicos y la legitimación interna de las funciones políticas (cuando estas funciones no se encuentran directamente subsumidas feudalmente en una estructura estamental, basada en obligaciones de parentesco o jurídicas de vasallaje como en el caso de la aristocracia guerrera del occidente medieval).[73] El autor no habría llegado a analizar la cuestión de sociedades estratificadas en base al partido, y en cuanto a la cuestión del totalitarismo sólo observó la cuestión de la independencia de las burocracias sin prestar demasiada atención al peligro de la asociación entre la subsunción y remodelación del Estado en base un partido ni la negativa vinculación de ésta con el liderazgo carismático y el apoyo ideológico de masas.[74]

El autor examina cómo, incluso en las sociedades clasistas gobernadas por monarquías absolutas (que heredan la legitimidad tradicional para la preservación de las adscripciones estamentales) muchos miembros de la aristocracia careciendo de riqueza económica tenían sin embargo un fuerte poder político, mientras que muchas familias ricas carecían de prestigio y poder porque no eran parte de la aristocracia hereditaria. Observó además que, contrariamente a la visión usual de Marx, la estratificación clasista se basa en más que en la simple propiedad sobre el capital. Weber se diferencia en que no ve las relaciones de producción como el factor fundamental de este tipo de estratificación: señala como ejemplo cómo los ejecutivos corporativos controlan las empresas de las que normalmente no son dueños: el marxismo usual habría colocado a estas personas en el proletariado a pesar de sus elevados ingresos por virtud del hecho de que venden su fuerza de trabajo en lugar de ser dueños del capital.[75]

La noción de estrato social en Weber es inseparable de la idea de que hay grupos para los cuales su acción colectiva está, en una parte significativa, fundada en intereses respecto a las posiciones en sí mismas que los miembros de esos grupos tienen en la sociedad. Max Weber contribuyó a atender la complejización social de occidente en el siglo XX (aparición de capas medias, burocracia, etc) y comprender desde una lógica de la acción social y la racionalidad. Desarrolló una respuesta al enfoque más reduccionista del marco metodológico hegeliano de Marx así como de la primacía del factor material económico-tecnológico para explicar el capitalismo, a través de su tesis sobre la ética protestante por la cual el marco cultural no se puede explicar a partir de las infraestructuras materiales de la economía como reproducción social, sino que debe buscarse cuál es la propia materialidad y dinámica de la superestructura cultural, religiosa y política.[76] .

Pitirim Sorokin[editar]

El sociólogo Pitirim Sorokin intentó sistematizar todas las formas de estratificación existentes o incluso posibles en cualquier relación social, para luego analizar cuáles son relevantes dentro de una estructura social. Para esto diferenció diversos tipos de vinculación: de superior a inferior, de más alto a más bajo, de dominantes a subordinados, de dirigentes a dirigidos, de privilegiados a descalificados, etc. Así dedujo que no se puede analizar la sociedad como una “estructura de un solo piso” sino en “varios pisos”. Recién de clasificación de los estratos puede pasar a analizarse su carácter de clase, estamento, clase, partido, etc. Su clasificación es densa y compleja y remite a su obra, pero su enumeración resultó de la siguiente forma:

1) Estratos reales organizados, oficiales y no oficiales, aparentemente organizados, y seudo-estratos nominales, estadísticos (pluralidades)

2) Estratos intragrupales e intergrupales

3) Estratos vinculados (abiertos no hereditarios o cerrados hereditarios) y multivinculados (abiertos no hereditarios o cerrados hereditarios) ambos que se subdividen a su vez en solidarios, antagónicos y neutrales.[77]

Talcott Parsons[editar]

Para el enfoque funcionalista, la estratificación social debe considerarse como “la ordenación (ranking) diferencial de los individuos humanos que componen un sistema social dado y el orden de superioridad o inferioridad que guardan sobre ciertos aspectos socialmente importantes”.

En este contexto, de acuerdo a Parsons, debe considerarse la evaluación moral como el criterio central que rige la estratificación, de modo tal, que ésta corresponde a un sistema de ubicaciones (escalas) ordenado de acuerdo a la valoración (prestigio o desaprobación, como casos extremos) que se realiza en torno a la posición y el actuar de los individuos respecto a aspectos considerados socialmente significativos.[78]

Charles Wright Mills[editar]

Charles Wright Mills revisó e incorporó a las ideas marxistas el análisis de Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca para analizar la distribución del poder en Estados Unidos.[79] [80] . Mientras compartía el reconocimiento de Marx de una clase rica y poderosa dominante, Mills cree que la fuente de ese poder no reside sólo en el ámbito económico, sino también en el ámbito político y militar.[79] Durante la década de 1950, Mills afirmó que casi nadie sabía de la existencia de la élite del poder, y que algunos individuos (incluidos los propios de la élite) desconocían la idea de tal grupo, y otras personas vagamente creían que existía una pequeña formación de una élite de poder.[79] "Algunos individuos prominentes sabían que el Congreso hubiera permitido un puñado de líderes políticos para tomar decisiones críticas sobre la paz y la guerra, y que las dos bombas atómicas fueron lanzadas sobre Japón en nombre de los Estados Unidos, pero ni ellos ni nadie sabían que habían sido consultados".[79]

Los individuos de clase alta que reciben educación de élite suelen tener los antecedentes esenciales y los contactos para entrar en las tres ramas de la élite del poder: la dirección política, el círculo militar, y la élite empresarial[81]

  • La dirección política
Mills sostuvo que, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de las corporaciones se hicieron más prominentes dentro de la esfera política, junto con una disminución en la toma de decisiones el centro entre los profesionales de la política.[81]
  • El círculo militar
Durante los años 1950 y 1960, la creciente preocupación por la guerra dio lugar a altos mandos militares y cuestiones relacionadas con financiación de la defensa y la formación del personal militar convertirse en una prioridad dentro de los Estados Unidos. La mayoría de los políticos prominentes y líderes corporativos han sido firmes defensores de los gastos militares.
  • La élite corporativa
Mills explica que durante la década de 1950, cuando se reconoció la importancia militar, los líderes corporativos prominentes trabajaron con los militares que dominaban el desarrollo de las políticas. Los líderes corporativos y oficiales militares de alto rango se apoyaron entonces mutuamente el uno del otro.[81] [82] [pp. 274–276]

Mills muestra que la elite del poder tiene un "núcleo interno" compuestos de individuos que son capaces de pasar de una posición de poder institucional a otra; por ejemplo, un prominente oficial del ejército que se convierte en un asesor político o un político poderoso que se convierte en un ejecutivo de una empresa.[81] Estas personas tienen un mayor conocimiento y una mayor amplitud de los intereses que sus colegas. Banqueros y financieros prominentes, que Mills considera casi profesionales intermediarios de los asuntos económicos, políticos y militares, son también miembros del alma central de la élite.[81] [82] [pp. 288–289]

Pierre Bourdieu[editar]

Bourdieu sostiene que las sociedades modernas se subdividen en espacios sociales con reglas propias y autonomía relativa, a los que denomina campos. Los campos son las distintas configuraciones de clases o relaciones sociales. Bourdieu los explica como si fueran una red donde las relaciones son necesarias. Los agentes sociales pueden representarse, de este modo, en un eje de coordenadas, a mayor o menor distancia de los diferentes capitales en juego. Estas posiciones de los individuos funcionan con parejas de oposiciones, p, ej: pobre/rico, valiente/cobarde. Así podemos analizar las diferencias en los individuos, según el campo en el que se encuentren. Bourdieu distingue entre tres principales formas de capital: capital económico, capital social, capital cultural[83] . Más adelante, añadirá a la lista el capital simbólico.

Erik Olin Wright[editar]

Wright considera que, además de los bienes de capital que había considerado Marx, en las sociedades de capitalismo avanzado también podemos hablar de bienes de organización y de bienes de cualificación. Los primeros se refieren a la posición jerárquica en la empresa, mientras que los segundos hacen referencia a las credenciales educativas. Ambos bienes permiten a quienes los detentan explotar al resto de la fuerza de trabajo, pero al mismo tiempo, sus propietarios son explotados por quienes detentan los bienes de capital. Esto hace que las nuevas clases medias se hallen en posiciones contradictorias y que, dependiendo de las características de cada formación social, se orienten más hacia una conciencia proletaria o a apoyar al capital.[84]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. C. Gómez Jaldón, y J. A. Domínguez Gomez: Sociología de la educación. Madrid: Pirámide, 2001.
  2. Moses I. Finley, La economía de la antigüedad, Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 112-113 y 250n
  3. Judith Herrin, Miscelánea medieval, Barcelona: Grijalbo, 2000, pp. 7-8 (intr. de Emmanuel Le Roy Ladurie)
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  5. Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México, 1958, p. 24
  6. Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México, 1958, pp. 238-241
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  9. A. Hamilton, J. Madison y J. Jay, "El federalista", Fondo de Cultura Económica, México, 1943, p. 37
  10. A. Hamilton, J. Madison y J. Jay, "El federalista", Fondo de Cultura Económica, México, 1943, p. 37
  11. A. Hamilton, J. Madison y J. Jay, "El federalista", Fondo de Cultura Económica, México, 1943, p. 36 y pp. 38-39
  12. Christopher Kelley, "Marx versus Tocqueville: Class and American Society"
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Bibliografía[editar]

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