Cuenca minera de Riotinto-Nerva

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Vista aérea de la Corta Atalaya, junto al municipio de Minas de Riotinto.

La cuenca minera de Riotinto-Nerva es un área minera española ubicada al noreste de la provincia de Huelva (Andalucía), que tiene sus núcleos principales en los municipios de El Campillo, Minas de Riotinto y Nerva, en la comarca de la Cuenca Minera. Forma a su vez parte de la denominada Faja pirítica ibérica.

Históricamente, esta zona ha sido explotada intensamente con fines mineros, llegando a articularse en época contemporánea un importante complejo de carácter minero-industrial. Aunque hay constancia de actividades mineras en la zona ya en la protohistoria, no sería hasta la época romana cuando se realizó una explotación organizada de sus yacimientos. Reactivada la explotación de las minas durante la Edad Moderna, la actividad en la cuenca minera alcanzó su cénit entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX bajo gestión de la británica Rio Tinto Company Limited. En esos años se produjo un importante auge industrial y demográfico. A día de hoy se mantiene la actividad de extracción mineral en la cuenca, principalmente en el Cerro Colorado, aunque muy lejos de lo que llegó a ser en el pasado.

En 2005 la zona minera de Riotinto-Nerva fue declarada como Bien de Interés Cultural con la categoría de sitio histórico.[1]

Características[editar]

La cuenca minera de Riotinto-Nerva se encuentra ubicada en la zona noreste de la provincia de Huelva, dentro de la comarca histórica del Andévalo oriental, a 418 metros sobre el nivel del mar. La cuenca tiene una extensión aproximada de 170 kilómetros cuadrados. Al igual que otros yacimientos del suroeste español, la zona de Riotinto-Nerva forma parte de la denominada Faja pirítica ibérica.[2]​ Debido a ello, posee importantes reservas de pirita y calcopirita, minerales con múltiples aplicaciones en el campo de la industria. La zona minera se encuentra enmarcada dentro del contexto paisajístico de baja montaña que predomina en el Andévalo, caracterizándose la cuenca por tener un relieve en el que predomina una relativa suavidad del terreno —entre 700 y 500 metros—. En el plano de la geografía física destacan las colinas, los cerros y las superficies de erosión. Cabe destacar que la fisonomía de esta zona se ha visto alterada considerablemente a lo largo de la historia como resultado de la actividad minera.[3]

El complejo de Riotinto estaba formado por varias masas polimetálicas que se extendían sobre una superficie de 4 kilómetros cuadrados y que albergaban un total de 500 Mt (megatoneladas) de mineral.[4]​ Se han identificado varias formaciones principales: Filón Norte, Filón Sur, Masa Planes, Masa San Dionisio y Masa San Antonio. Esta última se extiende sobre el término municipal de Nerva y, en comparación con otras, constituye la formación mineral de más reciente localización (segunda mitad del siglo XX). En la población de Nerva también destacaba la presencia de la masa de Peña del Hierro.[5]

Historia[editar]

De la Antigüedad a la Edad Media[editar]

Las Minas de Riotinto han sido descritas como uno de los distritos mineros más importantes de la Antigüedad.[6]​ Hay constancia de la existencia de actividades mineras en la zona correspondiente a la actual cuenca ya durante la Edad del Cobre y la Edad del Bronce, coincidiendo con la etapa de esplendor de la cultura tartésica. Los estudios isotópicos en la zona de Riotinto han revelado que al menos desde el año 366 a.C. ya había una importante actividad minera.[7]​ Cabe destacar que en el área de Filón Norte se han localizado los restos más antiguos de labores mineras y asentamientos humanos.[8]

Noria hidráulica usada por los romanos en Riotinto.

Aunque la información es limitada, también existen evidencias materiales de que en época romana estuvieron en explotación varios yacimientos del área de Riotinto, así como de una presencia humana de cierta importancia. Fue entre los siglos II a. C. y II d. C. cuando la actividad minera en la zona tuvo su máximo esplendor,[9]​ en especial a partir del reinado de Augusto. Se sabe que los romanos realizaban las labores de extracción mediante una red de galerías subterráneas, utilizando complejos sistemas de norias hidráulicas para mover el agua en el interior. Las condiciones de trabajo en las galerías revestían una gran dureza para los mineros —esclavos en su mayoría— debido al polvo, la fuerte humedad, la escasa iluminación o las altas temperaturas. Distintos estudios contemporáneos han señalado que la plata fue el metal de mayor producción durante el período altoimperial, encontrándose Riotinto entre las mejores minas argentíferas de la Antigüedad.[10]​ Desde la época de Augusto la producción de cobre alcanzó una gran relevancia.[11]​ El principal poblado romano de la zona minera, identificado en fuentes clásicas como Urion o Urium, se hallaba ubicado en la actual Corta del Lago.[12]​ Así mismo, existen varias necrópolis (Huerta de la Cana, La Dehesa) relacionadas con el período altoimperial. Las explotaciones de Riotinto se mantuvieron en activo hasta el último cuarto del siglo II, época en que los yacimientos de la faja pirítica ibérica decayeron en favor de las entonces pujantes minas de Dacia o Britannia.[13]

Se tiene constancia de que las labores de extracción practicadas en época romana dejaron una elevada cantidad de escoriales y alteraron de forma considerable la fisonomía del territorio. Siglos después buena parte de estos escoriales serían reaprovechados con diversos fines, siendo por ejemplo empleados como material fundente en las labores metalúrgicas.[14]​ Muchos de los restos arqueológicos de etapa romana serían recuperados y preservados desde el siglo XIX a partir de los trabajos realizados por los británicos. No obstante, los primeros hallazgos fueron realizados ya por españoles a mediados del siglo XVIII.[n. 1]​ Durante el período medieval la producción minera en la zona de Riotinto no fue significativa.[16]​ En época islámica las principales labores realizadas se centraron en el aprovechamiento de los sulfatos de cobre y hierro.[9]

Reactivación en la Edad Moderna[editar]

Durante el siglo XVI, bajo el reinado de Felipe II, se valoró la posibilidad de reactivar la explotación de las minas de Riotinto.[16]​ En aquel momento los yacimientos eran propiedad de la Corona española. Sin embargo, este proyecto acabaría siendo abandonado en favor de las minas de Guadalcanal (Sevilla), que ofrecían mejores perspectivas. Cabe señalar que en aquellos años las minas americanas concitaban un mayor interés de las autoridades, en contraste con lo que ocurría con las minas de Huelva, a las cuales se consideraba agotadas tras su intensa explotación en época romana.[17]​ No sería hasta bien entrado el siglo XVIII cuando renació el interés minero por esta zona. En 1725 el sueco Liebert Wolters Vonsiohielm solicitó a la Corona —y consiguió— que le fuera otorgada la explotación de los yacimientos en régimen de alquiler durante treina años.[18]​ Wolters procedió inicialmente a desaguar las antiguas galerías. Tras el fallecimiento de este, en 1727, la explotación de las minas pasó a manos de su sobrino, Samuel Tiquet, y de un socio español, centrándose los trabajos en el denominado Filón Sur. Con posterioridad a la muerte de Tiquet se haría cargo de la gestión el socio español, Francisco Thomas Sanz, bajo cuya dirección las minas alcanzarían altos índices de producción. En este época también se establecería, al calor de los trabajos mineros, el pueblo de Río-Tinto junto al Filón Sur.[15]

En el transcurso de la guerra de la Independencia las minas de Riotinto estuvieron abandonadas e inactivas, debido a las vicisitudes que atravesaba el país en aquellos años. No sería hasta 1823, tras una visita del ingeniero Fausto Delhuyar, cuando se rehabilitaron las instalaciones y se reanudaron los trabajos.[19]​ Entre 1829 y 1849 la explotación de las minas le fue arrendada al marqués de la Remisa, bajo cuya administración se practicaron numerosas irregularidades.[n. 2]​ A partir de 1849 la Real Hacienda española volvió a explotar directamente los yacimientos. Coincidiendo en el tiempo con la revolución industrial que estaba teniendo lugar, en esta época se empezó a plantear la problemática que atravesaban las minas de Riotinto por las carencias de infraestructuras y tecnología, las cuales impedían una adecuada explotación.[21]​ Sin embargo, a mediados del siglo XIX la pésima situación financiera que atravesaba el Estado español imposibilitaba un aprovechamiento óptimo de sus propiedades mineras.[22]

Etapa británica: los años de auge[editar]

A mediados del siglo XIX las minas de Riotinto despertaron el interés del capital internacional, en un contexto en el que el despegue industrial que se vivía en algunos países europeos había potenciado la necesidad de acceso a nuevas fuentes de materias primas. En 1873 la casa Rothschild adquirió al gobierno de la Primera República la propiedad de las minas, la cual fue transferida meses después a la recién creada Rio Tinto Company Limited (RTC), de capital británico.[23]​ Desde entonces dio comienzo una explotación mucho más intensa. En un principio los trabajos mineros se concentraron en el denominado yacimiento de «La Mina» (o Filón Sur),[24]​ aunque para 1881 ya se habían extendido a otros puntos de la zona. Entre los minerales que se extraían de estos yacimientos se encontraban el cobre y las piritas. RTC levantó diversas industrias para el tratamiento minero-metalúrgico, llegando a establecerse lavaderos de mineral, fábricas, fundiciones, centrales eléctricas, almacenes, etc. Más adelante, hacia comienzos del siglo XX, en la zona de Zarandas-Naya se estableció el principal núcleo del procesado de mineral procedente de los diversos yacimientos.[25]

Vista de las antiguas instalaciones de Zarandas-Naya, en 2004.
Casas inglesas de Bellavista.

A medida que avanzaron los trabajos mineros se fueron articulando una serie de explotaciones principales en la cuenca, entre las cuales destacarían Corta Atalaya, Filón Sur, Filón Norte o Corta Peña del Hierro. Algunas de ellas constituían complejos mineros que estaban compuestos a su vez por varios yacimientos. De forma paralela, también se fue conformando un importante complejo de carácter minero-industrial en torno a las poblaciones de Riotinto y Nerva, que durante estos años vieron cómo crecían en tamaño y número de habitantes. En poco tiempo la comarca pasó a ser una de las cuencas mineras más importantes de España. Como ha llegado a señalar algún autor, bajo la explotación británica las minas de Riotinto se convirtieron «en un referente mundial».[26]​ Para conectar este entramado de minas e instalaciones industriales la RTC construyó un ferrocarril de vía estrecha que fue inaugurado en 1875[27]​ y que en su momento llegó a disponer de una red de cerca de 360 kilómetros entre la vía principal y los disintos ramales.[28]​ A través de esta línea férrea también se daba salida a los minerales extraídos hasta el puerto de Huelva, desde donde salían al extranjero. El intento tráfico llevó a la RTC a construir un importante depósito de minerales cerca de Huelva, el denominado «polvorín».[29]

Los británicos mantuvieron el sistema tradicional de galerías, si bien ya desde finales del siglo XIX comenzaron a emplear el sistema de explotación a cielo abierto, las denominadas «cortas», que permitía un mayor volumen de extracción de minerales.[22]​ Ello contribuiría a dar forma al actual carácter paisajístico de la zona, con las grandes perforaciones. Aunque la RTC fue la compañía hegemónica de la cuenca de Riotinto, la mina de Peña del Hierro en Nerva estuvo explotada por propietaros distintos, entre los cuales sobresaldría The Peña Copper Mines Company Limited. Esta empresa llegó a mantener en su época diversos conflictos con la RTC.[n. 3]

La expansión de las actividades mineras y metalúrgicas supuso la necesidad de contar con un mayor número de trabajadores, lo que a la larga llevaría a un aumento exponencial de la población de la zona. Con el paso de los años fueron articulándose una serie de poblados obreros de nueva creación: Alto de la Mesa, El Valle, La Atalaya, La Naya, Río Tinto-Estación o La Dehesa.[32][33]​ Así mismo, se constituyó una colonia formada por los ingenieros y directivos británicos, los cuales se establecieron en el llamado barrio de Bellavista. Este se trataba de una urbanización residencial de estilo victoriano donde los ingleses hacían una vida separada con respecto a los españoles. El crecimiento del municipio de Minas de Riotinto fue tal que su población pasó 4.957 habitantes en 1877 a 11.603 habitantes en 1900.[34]​ El cercano municipio de Nerva también conoció durante estos años un fuerte incremento de su población al calor del auge minero; para 1910 tenía 16.807 habitantes.[34]

Las condiciones de trabajo en la cuenca minera eran extraordinariamente duras y en numerosas ocasiones fueron motivo de conflictos laborales, enfrentando a los trabajadores con la dirección británica de RTC. Entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se llegaron a producir varias huelgas generales, siendo las más importantes las de 1888, 1913 y 1920. Cabe señalar que las protestas de 1888 terminarían siendo reprimidas con violencia por las fuerzas de orden público, en lo que ha sido conocido como «el año de los tiros». Mayor relevancia tuvo la huelga de 1920, que duró nueve meses y contó con la participación de unos 11.000 obreros,[35]​ aunque finalmente fracasaría en sus objetivos. Las represalias que impuso la RTC tras esta huelga llevaron al desmantelamiento del movimiento sindicalista en la zona durante muchos años y no sería hasta los tiempos de la Segunda República cuando este se reorganizó.[36]​ Durante la década de 1930 aumentó la conflictividad laboral debido a los efectos de la crisis de 1929. Tras el estallido de la guerra civil, en julio de 1936, la cuenca minera quedó situada en la zona republicana —bajo control de los comités obreros—. Sin embargo, esta experiencia no duró mucho tiempo, pues unas semanas después las fuerzas sublevadas al mando del comandante Luis Redondo conquistaron la comarca sin apenas encontrar resistencia.[37]

«Nacionalización» de las minas[editar]

Tras un proceso complejo en el que intervino el régimen franquista, en 1954 las minas de Riotinto fueron «nacionalizadas» y su propiedad pasó a manos de varios capitalistas españoles, que procedieron a constituir la Compañía Española de Minas de Río Tinto (CEMRT).[38]​ Aunque ya en declive respecto a la etapa británica, las explotaciones mineras continuaron en pleno funcionamiento bajo la nueva propietaria. La CEMRT había adquirido cuatro yacimientos principales, de los cuales tres (Filón Sur, Filón Norte y Planes) estaban casi agotados y solo uno (San Dionisio) estaba activo.[39]​ Por otro lado, las instalaciones mineras e industriales se encontraban claramente anticuadas, con un modelo de explotación centrado en la salida al extranjero de los minerales; todo ello impulsaría la adopción de una nueva línea de actuación. Durante los siguientes años se procedió a un reajuste de plantilla, así como una modernización de las instalaciones y una mayor mecanización de las labores de extracción.[40]

Entre 1960 y 1962 los trabajos de exploración de la CEMRT llevaron al descubrimiento de la Masa San Antonio, en Nerva, que se explotaría mediante el Pozo Rotilio.[41]​ También se acometió la exploración y extracción de mineral de cobre del Cerro Colorado por parte del consorcio Río Tinto Patiño, constituido para tal fin en 1966.[42]​ El resto de los yacimientos continuaron bajo explotación de CEMRT, cuyos planes de expansión acabaron dando lugar al nacimiento en 1970 del grupo Unión Explosivos Río Tinto (ERT). A partir de esa fecha se procedió a ampliar los trabajos de la histórica Corta Atalaya con el objetivo de extraer las impòrtantes reservas de piritas que todavía poseía este yacimiento.[43]​ En estos años se dio la circunstancia de que la producción de piritas empezó a ir destinada a consumo nacional, reduciéndose considerablemente la cantidad de piritas que era dedicada a exportaciones. Una parte importante de estas tenía como destino las factorías que se levantaron en el Polo Químico de Huelva,[44]​ creado en 1964 para promocionar la industrialización de la zona. En ese contexto, varias industrias de la zona de Riotinto empezaron a ser desmontadas y trasladadas al Polo Químico. La actividad de la cuenca minera comenzó a decaer desde finales de la década de 1970 debido a la caída de los precios internacionales del cobre y la crisis en que entró la minería onubense.[n. 4]

Período reciente[editar]

Vista de Corta Atalaya, c. 1980.

Durante la década de 1980 los persistentes malos resultados económicos se tradujeron en importantes conflictos laborales y la paralización progresiva de los trabajos en la línea del cobre. En estos años llegaron a tener lugar numerosas movilizaciones obreras y dos huelgas generales (1978 y 1986).[46]​ Hasta la década de 1990 la empresa Río Tinto Minera (RTM) fue la que mantuvo la principal actividad en la cuenca, aunque la crisis del sector acabaría llevando al cierre de la mayor parte de las instalaciones de la zona.[47]​ Como parte de esta crisis en 1984 se decidió cerrar al servicio el ferrocarril de Riotinto; a partir de entonces el transporte se realizaría mediante camiones. En 1986 se clausuró el Pozo Alfredo, seguido por el cierre de la Corta Atalaya en 1992. Para entonces solo se mantenía operativa la extracción del gossan en el Cerro Colorado. Tras un intento fallido de reflotar el negocio por parte de los trabajadores de RTM, hacia 2001 cesaron las actividades mineras.[48]

De forma paralela a este proceso, durante la década de 1980 se hicieron varias propuestas dirigidas a la conservación del conjunto ambiental y patrimonial existente en la cuenca minera, ante la amenaza de que este acabase desapareciendo. Se planteó el establecimiento de un Parque Minero con fines culturales, turísticos y recreativos, así como la creación de un Museo Minero y la conservación del histórico ferrocarril de Riotinto.[49]​ La principal labor en este sentido ha sido desarrollada por la Fundación Río Tinto, institución que ha contribuido a la recuperación de numeroso patrimonio industrial y al establecimiento del popular tren turístico minero.[50]​ Durante los primeros años del siglo XXI hubo varios intentos fallidos de reactivar las minas, coincidiendo con el alza de precios del cobre. No sería hasta 2015 en que la empresa Atalaya Mining reinició los trabajos mineros en Riotinto tras habrer obtenido los permisos necesarios por parte de la administración.[51]​ La actividad principal se ha venido desarrollando en el yacimiento de Cerro Colorado, donde todavía existen importantes reservas de cobre y gossan. Atalaya Riotinto Minera, filial española de la empresa chipriota Atalaya Mining, también se ha implicado en la conservación y puesta en valor del patrimonio minero-industrial heredado.[52]

Polo industrial[editar]

Desde la reactivación de la cuenca minera en el siglo XVIII se han construido diversas instalaciones industriales ligadas a la actividad mineralúrgica. Entre las más antiguas que han sobrevivido hasta nuestros días se encuentra la Fundición de San Luis, levantada en 1832 junto al Filón Sur para acoger trabajos metalúrgicos. Posteriormente la británica Rio Tinto Company Limited levantó nuevas instalaciones en la cuenca minera, como la Fundición Mina (1879), la Fundición Huerta Romana (1889) o la Fundición Bessemer (1901), así como la Cementación Cerda y la Cementación Planes para las labores de obtención de cobre por vía húmeda.[41]​ Con posterioridad todos los procesos hidrometalúrgicos se concentrarían en la zona de Zarandas-Naya a partir de la construcción de la Cementación Naya y, en 1932, de las balsas de sulfato ferroso. También se instaló en Riotinto una fábrica de ácido, que entró en funcionamiento en 1889, seguida por una segunda planta de ácido sulfúrico construida en 1929.[53]

Restos de las instalaciones de la Fundición de Piritas, en 2014.

La expansión de las actividades por toda la cuenca minera hizo que la RTC se dotara de electricidad como fuente de energía para sus instalaciones industriales, las viviendas del staff británico, poblados obreros, etc. En 1907 se construyó una central eléctrica en la zona de Huerta Romana; estuvo operativa entre 1909 y 1963.[54]

A partir de la década de 1880 en el área de Zarandas-Naya se empezaron a instalar plantas de tratamiento mineral, dando comienzo un proceso de industrialización que alcanzaría su auge a comienzos del siglo XX. A partir de ese momento esta pasó a ser la zona de procesado del mineral procedente de los diversos yacimientos y filones,[55]​ convirtiéndose de facto en el Polo Industrial de Riotinto. En 1907 empezó a funcionar la nueva Fundición de Piritas en la zona de Zarandas-Naya, que acabaría sustituyendo a la Fundición Bessemer y cuyas instalaciones se mantuvieron en servicio hasta 1970.[41]​ También se construirían la Cementación Naya y, años más tarde, una planta de trituración en Zarandas para el tratamiento de las piritas procedentes de Corta Atalaya. Desde finales de la década de 1960 la zona industrial de Riotinto entró en declive, en parte por el traslado de algunas plantas al nuevo Polo Químico de Huelva y en parte por el agotamiento de las expotaciones. La excepción a esta dinámica fue la instalación en el Cerro Colorado de una planta industrial para la obtención de oro y plata a través del procesamiento del gossan.[56]

Red ferroviaria[editar]

Trazado del ferrocarril de Riotinto bajo el puente Gurugú, en 2014.

Entre 1873 y 1875 los ingenieros de la RTC construyeron el denominado ferrocarril de Riotinto para enlazar las minas con Huelva,[57]​ en cuyo puerto además se levantó un muelle-embarcadero. Con los años dentro de la cuenca minera se formó una extensa red de vías, ramales o derivaciones que enlazaban la vía general con las instalaciones industriales y con los yacimientos, como fue el caso de Filón Norte, Corta Atalaya, etc. Entre otros se construyeron el ramal que enlazaba con la mina de Peña del Hierro (1883), los ramales que iban hasta Zalamea la Real y Nerva (1904) o la conexión subterránea del túnel Naya (1916). También se articularon dos complejos ferroviarios, Río Tinto-Estación y Zarandas-Naya, que disponían de amplias playas de vías para la recepción y clasificación de los trenes mineros.[58]​ Por número de kilómetros de vías y por su extenso parque móvil el ferrocarril de Riotinto fue durante mucho tiempo una las líneas férreas más importantes de España.[59]

En la cuenca minera también llegó a operar otro trazado, el ferrocarril de Peña del Hierro, que estuvo operativo entre 1914 y 1954.[60]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Ya en 1762 se desarrollaron labores de exploración en las galerías de época romana que había en la zona de lo que hoy es el municipio de Nerva.[15]
  2. Los ingenieros Fernando Caravantes y Francisco de Sales, que visitaron las minas de Riotinto en 1840 y 1841, denunciaron que bajo la gestión del marqués de la Remisa se estaba practicando una rapiña sobre los recursos de la zona. En este sentido, sus actividades de extracción engendraban un alto riesgo de hundimientos de tierra en el futuro, al tiempo que estaba provocando una deforestación a gran escala sobre la arboleda local para obtener combustible con el que abastecer los hornos y fundiciones. Todo ello comprometía el futuro y la viabilidad de la explotación.[20]
  3. Desde 1883 había estado operativo un ramal que enlazaba Peña del Hierro con el ferrocarril de Riotinto y se había subcontratado con RTC el transporte de mineral por vía férrea. Sin embargo, las elevadas tarifas de transporte y una serie de desencuentros entre ambas partes llevaron a la ruptura.[30]​ La construcción del denominado pantano de Tumbanales por The Peña Copper Mines Company Limited fue el punto culminante del conflicto empresarial. La dirección de RTC ordenó en respuesta el desmantelamiento forzoso del ramal. En consecuencia, la propietaria de Peña del Hierro optó por construir su propio ferrocarril minero.[31]
  4. El año 1977 fue el primero en más de dos décadas que los resultados de la explotación de la cuenca minera arrojaron pérdidas.[45]

Referencias[editar]

  1. Delgado et al., 2013, p. 84.
  2. Grande Gil, 2016, p. 34.
  3. Sobrino, 1998, p. 40.
  4. Pérez Macías y Delgado, 2012, p. 50.
  5. Delgado y Regalado, 2012, p. 13.
  6. Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 37.
  7. Chic, 2007, p. 16.
  8. Arenas Posadas, 1999, p. 65.
  9. a b Pérez Macías y Delgado, 2012, p. 53.
  10. Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 41.
  11. Pérez Macías y Delgado, 2012, p. 58.
  12. Campos y Vidal, 2003, p. 60.
  13. Campos y Vidal, 2003, p. 61.
  14. Pérez Macías y Delgado, 2012, pp. 52-53.
  15. a b Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 39.
  16. a b Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 38.
  17. Pérez Macías y Delgado, 2007, pp. 38-39.
  18. Grande Gil, 2016, p. 33.
  19. Flores Caballero, 2007, p. 19.
  20. Flores Caballero, 2007, p. 19-20.
  21. Flores Caballero, 2007, p. 20-22.
  22. a b Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 40.
  23. Flores Caballero, 2007, pp. 36-46.
  24. Flores Caballero, 2011, p. 428.
  25. Delgado et al., 2013, pp. 88-89.
  26. Pérez Macías y Delgado, 2007, p. 42.
  27. Arenas Posadas, 1999, p. 70.
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  29. Pérez López, 2006, p. 241.
  30. Delgado y Regalado, 2012, p. 21.
  31. Delgado y Regalado, 2012, p. 22.
  32. Sobrino, 1998, p. 41.
  33. Ruiz Ballesteros, 1998, p. 54.
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  35. Ferrero Blanco, 2003, pp. 249-250.
  36. Ferrero Blanco, 2003, p. 261.
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  40. Arenas Posadas, 2017, pp. 113-121.
  41. a b c Delgado et al., 2013, p. 86.
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  47. Arenas Posadas, 2017, pp. 125-137.
  48. Arenas Posadas, 2017, pp. 135-137.
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  50. Delgado, Campos y Fiñana, 2007, p. 21.
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Bibliografía[editar]

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