Antonio María Claret

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Antonio María Claret Clará
Fotos Claret599.jpg
Fotografiado por Pujadas, en Barcelona, 1860

Arzobispo de Santiago de Cuba
1850-1859
Predecesor Cirilo de Alameda y Brea
Sucesor Manuel María Negueruela y Mendi

Título

Arzobispo emérito de Santiago de Cuba

Arzobispo titular de Trajanópolis in Rhodope
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 13 de junio de 1835 en Solsona por Juan José de Tejada y Sáenz
Ordenación episcopal 6 de octubre de 1850 en Vic por Luciano Casadevall y Durán
Culto público
Beatificación 25 de febrero de 1934
por Pío XI
Canonización 7 de mayo de 1950
por Pío XII
Festividad 24 de octubre Novus Ordo
23 de octubre Vetus Ordo
Información personal
Nombre Antonio María Claret Clará
Nacimiento 23 de diciembre de 1807, Sallent de Llobregat, Barcelona, España
Fallecimiento 24 de octubre de 1870, Abadía de Fontfroide, Narbona, Francia
Coat of arms of Antonio María Claret.svg
Caritas Christi urget nos

Antonio María Claret y Clará (Sallent de Llobregat, 23 de diciembre de 1807-Abadía de Fontfroide, 24 de octubre de 1870) fue un religioso español, misionero apostólico en Cataluña y Canarias (1840-1850), arzobispo de Santiago de Cuba (1850-1859) y confesor de la reina Isabel II (1857-1869); además de fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (1849) y de la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas (1855). En 1860 fue preconizado arzobispo titular de Trajanópolis. Participó del concilio Vaticano I (1869-1870). Murió en el destierro en la abadía cisterciense de Fontfroide (Francia). Fue beatificado en 1934 y canonizado en 1950.

Biografía[editar]

Infancia[editar]

Habitación en la que nació San Antonio María Claret, en Sallent.

Nacido en la localidad de Sallent de Llobregat (Barcelona, España) el 23 de diciembre de 1807, fue bautizado a los dos días en la parroquia de Santa María de Sallent. Fue el quinto de once hermanos, de los que solo cinco llegaron a edad adulta. Sus padres, Juan y Josefa, conformaron una familia religiosa y trabajadora. Eran pequeños empresarios de la industria textil[1]​. A Antonio le tocó vivir la crudeza de la invasión napoleónica. Siendo niño deseó ser sacerdote, por lo que su padre lo puso a estudiar en la escuela de latinidad de Sallent con vistas a ingresar en el seminario de Vic; pero aquel tipo de escuelas fueron clausuradas por decisión gubernamental en 1820. Mientras tanto, se dedicó a trabajar en el modesto taller familiar.

Juventud[editar]

A los diecisiete años se trasladó a Barcelona, donde trabajó en una fábrica de tejidos y estudió dibujo y gramática castellana y francesa en la escuela de la Real Junta de Comercio en La Lonja del Mar; se vislumbraba un futuro prometedor. Pero, en el tercer año de su estancia en la Ciudad Condal, algunas experiencias humanas y religiosas le hicieron replantearse su vida. Aconsejado por un sacerdote oratoriano, retomó sus estudios de latín, con una eventual decisión de ingresar en la cartuja de Montealegre (Barcelona). Su padre, con el apoyo del obispo de Vic, Don Pablo de Jesús Corcuera, lo persuadió para que, en septiembre de 1829, ingresara en el seminario de Vic.

Seminarista[editar]

Vivía, como seminarista externo, con el sacerdote Don Fortián Bres, mayordomo del obispo; en el seminario fue compañero de estudios del filósofo Jaime Balmes. Al acabar el primer año de filosofía, emprendió viaje hacia la cartuja de Montealegre (Barcelona), pero un incidente en el camino le aconsejó desistir, y regresó a Vic. Su obispo, al ver su buena disposición y talento, le permitió ordenarse de sacerdote cuando aún le faltaban cuatro años para concluir los estudios. Esto fue providencial, pues al poco tiempo las leyes liberales prohibieron las ordenaciones sacerdotales en todo el territorio español.

Sacerdote[editar]

El 13 de junio de 1835 fue ordenado sacerdote en Solsona por el obispo del lugar, Don Juan José de Tejada y Sáenz. El vicario capitular de Vic sede vacante lo destinó a su parroquia natal, donde ejerció dos años como vicario parroquial y otros dos como ecónomo (cargo equivalente al de párroco). En esos años fue descubriendo que su vocación no era el cargo parroquial, sino la predicación misionera. Ante las dificultades para predicar misiones en Cataluña, sumida entonces en los enfrentamientos de la Primera Guerra Carlista, renunció a su parroquia y marchó a Roma para ofrecerse como misionero universal. Llegó a la Ciudad Eterna el 6 de octubre de 1839. Su proyecto inicial era acompañar a D. Francisco Villardell, recién nombrado Vicario Apostólico de Monte Líbano, pero, cuando llegó Claret, este ya había marchado a su destino. Decidió entonces ofrecerse a la congregación romana de Propaganda Fide para que lo enviaran a cualquier parte del mundo, pero, por ser tiempo de vacaciones, la encontró cerrada. Mientras tanto, hizo Ejercicios Espirituales bajo la dirección de un jesuita, quien le sugirió ingresar en la Compañía de Jesús. El 29 de octubre de 1839 fue admitido como novicio en la casa de San Andrés de Montecavallo. A los cuatro meses, un problema de salud le llevó a abandonar el noviciado y regresar a su diócesis de Vic; el vicario capitular sede vacante, D. Luciano Casadevall, le destinó, como regente, a la pequeña parroquia rural de San Martín de Viladrau (Gerona), a la que se incorporó el 13 de mayo de 1840.

Misionero Apostólico[editar]

Retrato de Mossén Claret en los comienzos de su predicación misionera por Cataluña. Grabado de Paciano Ross, 1894.

En Viladrau, Mosén Claret, además de su tarea pastoral, se dedicó a atender a los enfermos, ya que los médicos habían huido a causa de la guerra. Les aconsejaba algunas hierbas medicinales y mucha oración; adquirió fama de curandero y milagrero. Pero lo primordial era su vocación misionera, y así, el 15 de agosto inició en Viladrau mismo su primera misión popular. Seguidamente pasó a poblaciones vecinas. Se dio cuenta de que, pese al estricto control de las autoridades liberales, reticentes a este tipo de actividades, podía predicarlas dándoles otros nombres (novenarios, etc.). En enero de 1841 quedó desvinculado de su cargo parroquial y fijó su residencia en Vic, para, desde allí, desplazarse a predicar por diferentes poblaciones de la diócesis. En dos ocasiones, debido al estricto control político, tuvo que interrumpir y recluirse en pequeñas parroquias rurales: en Pruit (1841) y en San Juan de Oló (1842-1843). En febrero de 1843 regresó a Vic y retomó sus actividades itinerantes por la diócesis.

A partir de mediados de 1844, su actividad apostólica se extendió a todas las diócesis catalanas, excepto la de Tortosa. Solo y a pie, durante ocho años, recorrió grandes distancias geográficas y llegó a predicar más de 80 misiones populares, ya con ese nombre, ya en forma de novenarios, meses de María, cuaresmas, etc. Excepcionalmente, durante algunas misiones, contó con la colaboración de algún otro sacerdote. Su predicación atraía a grandes multitudes, de modo que a veces tenía que predicar en las plazas. Muchos lo consideraban un santo apóstol; pero era muy atacado por los sectores liberales y anticlericales. Hizo enormes equilibrios para no inmiscuirse en asuntos políticos, pero alguna vez fue acusado de carlismo.

Durante sus misiones, aplicó tres estrategias apostólicas que le permitieron dar continuidad a su trabajo. La primera, la difusión de hojas volantes, folletos y libros, entre ellos varios catecismos; esta actividad desembocó, en 1848, en una editorial, la Librería Religiosa. La segunda, la formación de los sacerdotes, a quienes daba Ejercicios Espirituales en los pueblos en que misionaba y ofrecía en verano ciclos de conferencias; para ellos publicó también varios libros y los organizó en diversas agrupaciones apostólicas. Mantuvo relación de amistad y contactos apostólicos con varios predicadores itinerantes como con el dominico exclaustrado San Francisco Coll Guitart, fundador de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. La tercera, el establecimiento de asociaciones piadosas y apostólicas para los seglares, como la Asociación de María Santísima contra la Blasfemia y la Archicofradía del Corazón de María; en estas asociaciones concedió un gran protagonismo a la mujer. Para las mujeres que querían consagrarse a Dios y no podían ingresar en un convento, escribió el librito Religiosas en sus casas, que con el correr del tiempo sería la fuente de inspiración del instituto secular Filiación Cordimariana[2]​. Asesoró y dirigió, a nivel espiritual y legislativo, la consolidación del Instituto de religiosas Carmelitas de la Caridad, fundadas por Santa Joaquina de Vedruna en 1826, en Vic.

[1]

En medio de la Segunda Guerra Carlista, la asistencia multitudinaria a las misiones de Claret se consideró que era un peligro de crispación política, por lo cual se le impidió la predicación. Cuando, en 1847, proyectaba trasladarse a otras provincias de España o incluso de Francia, fue enviado por su vicario capitular a Canarias, a petición del obispo recién nombrado D. Buenaventura Codina. Desde marzo de 1848 hasta abril de 1849, Claret recorrió casi todas las parroquias de la Gran Canaria. Allí encontró un ambiente más favorable para su trabajo; los canarios le dieron el cariñoso sobrenombre de el Padrito. También predicó en algunas poblaciones de las islas de Tenerife y Lanzarote[3]​.

A su regreso a Cataluña, el 16 de julio de 1849, fundó, junto con cinco compañeros sacerdotes, la Casa-Misión de Vic con el nombre de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, después conocidos como Misioneros Claretianos. A los pocos días, el 6 de agosto, recibió el nombramiento para arzobispo de Santiago de Cuba. Pese a su insistente renuncia, finalmente tuvo que aceptar.

Arzobispo de Santiago de Cuba[editar]

El arzobispo Claret con varios de sus colaboradores. Daguerrotipo, Santiago de Cuba, 1853.

El 6 de octubre de 1850 fue consagrado obispo en la catedral de Vic, y llegó a su sede cubana el 16 de febrero de 1851. Se encontró con una diócesis muy abandonada, pues llevaba 14 años sin pastor, ya que el anterior arzobispo, D. Cirilo Alameda y Brea, había tenido que huir por problemas políticos. Claret permaneció en Santiago de Cuba hasta marzo de 1857, en que fue llamado a Madrid.

En Cuba se encontró Claret con un cúmulo de problemas eclesiales y sociales: un clero escaso, mal formado y, en muchos casos, moralmente relajado, un seminario desorganizado e ineficaz, gran abandono pastoral del pueblo, pobreza de los campesinos, explotación inhumana de los esclavos negros por europeos sin escrúpulos, desprotección de las mujeres mulatas, legislación civil discriminatoria, escasez de instituciones educativas, revueltas y movimientos por la independencia de la isla, etc.

Claret fue ante todo un arzobispo misionero. En seis años recorrió tres veces la mayor parte de su extensa archidiócesis acompañado de un equipo de misioneros. Consiguió del gobierno de Madrid los recursos necesarios para un digno sustento del clero, para la renovación del seminario y para la reparación de templos y construcción de algunos nuevos; aumentó notablemente el número de parroquias; escribió varios libros y cartas pastorales para el clero y el pueblo.

Al mismo tiempo desarrolló una gran actividad social: al poco tiempo de su llegada editó las Leyes de Indias que podían suavizar algo la vida de los esclavos, y en 1852 se entregó a auxiliar a las víctimas de los terremotos y de una epidemia de cólera. Implantó Cajas de Ahorros para ayudar a los campesinos pobres y a los pequeños artesanos; estableció en las cárceles escuelas de artes y oficios para la formación y ulterior reinserción social de los reclusos; inició en Puerto Príncipe (actual Camagüey), con sus propias rentas, la construcción de lo que llamó Casa de Caridad, que pretendía ser hogar y escuela para los niños abandonados y que lamentablemente no pudo concluir. Mirando a esta institución publicó, con gran éxito, dos libros sobre agricultura. Con la Madre Antonia París fundó, en 1855, la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, hoy Misioneras Claretianas, para la educación de las niñas, y trabajó con denuedo para que fuesen Jesuitas y Escolapios de la Península y atendiesen a la juventud masculina. Combatió enérgicamente la legislación y praxis discriminatoria respecto del matrimonio entre personas de distinta raza.

La oposición y las persecuciones no se hicieron esperar; fue odiado especialmente por los esclavistas y por los clérigos no dispuestos a enderezar su conducta. Fue víctima de varios intentos de asesinato; el más cercano a su objetivo fue perpetrado, probablemente por un sicario a sueldo, el 1 de febrero de 1856 en la ciudad de Holguín. La navaja barbera que iba dirigida a su cuello solo consiguió cortarle la mejilla izquierda y el brazo derecho. La pérdida de sangre debilitó su salud física y el hecho como tal le condujo a un estado de perplejidad sobre su permanencia en la isla o el prudente abandono de la misma. Secundando el deseo del Papa, decidió quedarse, y en febrero de 1857 emprendió una cuarta visita pastoral de la archidiócesis. Pero al mes siguiente se despidió de la ciudad de Santiago de Cuba por haber sido llamado urgentemente a Madrid[4]​. Sin embargo, mantuvo la responsabilidad del arzobispado hasta el 13 de febrero de 1860, fecha en que tomó posesión su sucesor, D. Manuel María Negueruela, preconizado ya el 24 de septiembre de 1859.

Confesor real[editar]

Retrato al óleo por Germán Hernández, Madrid, antes de 1868.

Llegó a la capital de España el 26 de mayo de 1857, y el mismo día la reina Isabel II le comunicó que le había elegido para que fuese su confesor en sustitución del fallecido arzobispo de Toledo, el cardenal Bonel y Orbe. Comenzó su nueva misión en un momento delicado por la crisis conyugal de los reyes y por los supuestos devaneos extramatrimoniales de la reina.

Claret iba a palacio normalmente una vez por semana para confesar a la reina y dar formación religiosa a la princesa Isabel. Desde el principio puso como condición para aceptar estos cargos poder vivir en casa propia, no en palacio, no tener que guardar antesala en sus entrevistas con la reina y disponer del resto de su tiempo para sus obras. Las condiciones le fueron aceptadas. Durante los dos primeros años vivió en habitaciones alquiladas en el llamado Hospital de Italianos, cuyo rector era un sacerdote amigo. A partir de octubre de 1859 residió en el Real Hospital de Nuestra Señora de Montserrat de la Corona de Aragón, del cual fue nombrado protector así como de su iglesia aneja. En las iglesias de ambas residencias tuvo numerosas predicaciones de novenarios, misiones, ejercicios espirituales, etc. y largas horas de confesionario. Durante esos años dirigió espiritualmente a numerosas personas distinguidas, entre ellas a santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Su ministerio de predicación y confesionario se extendió a otras muchas iglesias, conventos e instituciones benéficas de Madrid.

A partir de 1858 Isabel II realizó largos viajes por distintas regiones de España, en los que la presencia del confesor era obligada. Mientras la reina se ocupada en asuntos protocolares, Claret aprovechaba la oportunidad para predicar al pueblo, sacerdotes, religiosas y a asociaciones apostólicas o caritativas, y para visitar hospitales, cárceles y centros de beneficencia. Estos viajes le permitieron realizarse en su vocación misionera.

En noviembre de 1858 fundó, con la estrecha colaboración del catedrático e historiador D. Vicente Lafuente, la Academia de San Miguel, asociación de apostolado seglar para la evangelización de la cultura. Estaba estructurada en “coros”, uno para literatos, otro para artistas (pintores, escultores y músicos) y otro para propagandistas de la fe. Durante diez años llegaron a funcionar solo en Madrid doce coros, y otros muchos en provincias. En diciembre de 1864, como extensión de la Academia, publicó el reglamento de las Bibliotecas Populares y Parroquiales, otra iniciativa apostólica para los seglares.

El 5 de agosto de 1859 fue nombrado presidente del Real Monasterio de El Escorial. Este antiguo centro religioso y cultural, que se encontraba en gran abandono desde la expulsión de los monjes Jerónimos en 1837, recobró su esplendor bajo la dirección de Claret. Allí estableció una corporación de capellanes y una escolanía para el culto de la basílica, un seminario supradiocesano de gran nivel académico, y un colegio de segunda enseñanza, y comenzó el establecimiento de facultades de letras, ciencias y filología de la antigüedad. Cuidó personalmente de la recuperación material y económica del inmueble y sus posesiones. Objeto de fuerte oposición en los medios antimonárquicos y anticlericales, le fue aceptada la renuncia el 28 de junio de 1868; le sucedió el obispo benedictino Rosendo Salvado.

Gran servicio eclesial de Claret en esta época fue su colaboración con el nuncio y la Reina en la elección de los nuevos obispos; se formó un episcopado mayoritariamente entregado a su tarea pastoral y a una vida honesta y edificante.

El 14 de julio de 1865 la reina firmó el reconocimiento del Reino de Italia, lo que produjo en Claret serios problemas de conciencia ya que su real penitente quedaba excomulgada de forma automática. Claret se retiró de Madrid, pasó un tiempo en Cataluña con sus misioneros y, después, se dirigió a Roma para consultar el asunto directamente con el papa Pío IX. A fines del mismo año, por indicación de Roma a través del Nuncio, regresó a Madrid para reanudar su ministerio junto a la Reina, quien tuvo que hacer una previa declaración pública en Las Cortes, el 27 de diciembre, de adhesión al Romano Pontífice y de reconocimiento de sus derechos.

El cargo de confesor real puso a Claret en el epicentro de la agitación política aquellos años. Él hizo grandes esfuerzos por no inmiscuirse en temas políticos o de partidos y se concentró en orientar la conciencia de su penitente y en defender los derechos de la Iglesia en la nueva sociedad liberal. Pero, según algunos políticos llamados progresistas, el confesor influía decisivamente en las disposiciones políticas de la Reina. La prensa anticatólica y antimonárquica divulgaba la convicción de que Claret y Sor Patrocinio, la monja de las llagas, constituían la camarilla de la Reina. En esta línea se creó sobre Claret una leyenda negra, se multiplicaron las calumnias, difamaciones y burlas en la prensa satírica, y se planificaron varios atentados contra el arzobispo.

Actual sepulcro del Santo en Vic. Obra de Domènec Fita, 1999.

La Revolución de septiembre de 1868 condujo al exilio a la reina y con ella a su confesor. Después de permanecer un mes en la ciudad de Pau (Pirineos Atlánticos), pasaron a París, donde Claret permaneció al servicio de su penitente hasta marzo de 1869[5]​.

Etapa final[editar]

Convocado a participar en el concilio Vaticano I, llegó a Roma el 2 de abril de 1869; se hospedó en un convento de frailes Mercedarios. Interrumpido el concilio en julio de 1870, Claret se trasladó, ya muy enfermo, a la residencia que sus misioneros habían establecido en Prades (Pirineos Orientales). A los quince días, ante la orden de captura que el embajador español en París había cursado a la gendarmería francesa bajo la falsa acusación de estar preparando armamento para reponer a los borbones en el trono español, se vio obligado a refugiarse en la abadía cisterciense de Fontfroide, cercana a Narbona. Allí falleció el 24 de octubre de 1870. Fue beatificado por Pío XI el 25 de febrero de 1934 y canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950.

Obra escrita[editar]

Foto del P. Claret escribiendo. Antoine René Trinquart, París, 1868.

El padre Claret se destacó por su gran dedicación al apostolado de la pluma, tanto en castellano como en catalán. Escribió unas 96 obras propias (15 libros, 4 libritos y 77 opúsculos) además de realizar algunas ediciones y traducciones.

Su primer libro y el más difundido fue Cami dret i segur per arribar al Cel (1843, Vich, Trullás), con su edición en castellano Camino recto y seguro para llegar al cielo (1846, Barcelona, Pla), que alcanzó más de 185 ediciones. Escribió una serie de Avisos saludables a... dirigidos a todo tipo de personas (sacerdotes, religiosas, padres de familia, casadas, viudas, jóvenes, niños, militares, etc.). Entre sus obras destacan sus cuatro catecismos: Catecisme menor (1847, Barcelona, Pla), Compendi o breu explicació de la Doctrina Cristiana (1848, Barcelona, Pla), Catecismo brevísimo (1848, Las Palmas de Gran Canaria, Ortega) y Catecisme de la Doctrina Cristiana explicat y adaptat a la capacitat dels noys y noyas y adornat ab moltas estampas (1848, Barcelona, Librería Religiosa), con sus respectivas versiones castellanas.

Otra obra muy difundida fue el manual de formación sacerdotal El colegial o seminarista teórica y prácticamente instruido (1860, Barcelona, Librería Religiosa). También escribió La colegiala instruida para la formación de las religiosas (1863, Madrid, Aguado). Para los sacerdotes, entre otras obras: La llave de oro o serie de reflexiones que para abrir el corazón cerrado de los pobres pecadores ofrece a los confesores nuevos... (1857, Barcelona, Librería Religiosa; hubo una edición espuria en 1864: un opúsculo obsceno), Sermones de misión (tres tomos, Barcelona, 1857, Librería Religiosa), Colección de pláticas dominicales (siete tomos, Barcelona, 1858, Librería Religiosa) y Pláticas doctrinales (dos volúmenes, 1868, Barcelona, Librería Religiosa). Para los obispos escribió: Apuntes que para su uso personal y para el régimen de la diócesis escribió..., que más tarde se llamará Apuntes de un plan para restaurar la hermosura de la Iglesia (1857, Madrid, Arcas).

Cuenta con dos obras sobre agricultura: Reflexiones sobre agricultura (1854, Barcelona, Librería Religiosa) y Las delicias del campo (1856, Barcelona, Librería Religiosa).

Editó El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (1857, Barcelona, Librería Religiosa) y Biblia Sacra (1862, Barcelona, Librería Religiosa). Escribió un libro muy pequeño dirigido a los soldados que partían a la guerra, que tituló: Consejos que una madre dio a su hijo al tiempo de despedirse para ir a la guerra de África y los santos evangelios (1862, Barcelona, Librería Religiosa).

Por mandato del Superior General de los Misioneros Claretianos escribió su Autobiografía (la primera parte redactada entre 1861-1862 y la segunda, en 1865; narra toda su vida, hasta cinco años previos a su muerte; publicada por los Misioneros Claretianos en 1915 por primera vez, se han hecho varias ediciones entre 1951-2008)[6]​.

Patronazgo e influencia[editar]

Estampa clásica del Santo. Alfovino Missori, Roma, 1953.

Es el fundador de los Misioneros Claretianos y de las Religiosas de María Inmaculada-Misioneras Claretianas; asimismo, es considerado el inspirador del instituto secular Filiación Cordimariana y del Movimiento de Seglares Claretianos. Es el patrón de la Familia Claretiana.

El 13 de abril de 1951 fue declarado por el papa Pío XII compatrono de la Diócesis de Canarias. Fue declarado patrón de la industria textil en Cataluña y de la Cajas de Ahorro. Es también el patrón de los catequistas en la archidiócesis de Santiago de Cuba.

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. Centro de Espiritualidad Claretiana (Ed.) (2017). "Enamoraos de Cristo..." y de Claret. Homenaje al P. Joan Sidera i Plana, CMF, en sus 75 años de ordenación sacerdotal. Barcelona: Editorial Claret. p. 383. ISBN 978-84-9136-056-8. 
  2. Sánchez Miranda, Carlos (2017). «Las misiones populares del P. Claret en Cataluña entre 1840 y 1850. Un camino de evangelización en tiempos de crisis». Tesis Doctoral Universidad Comillas: 436. 
  3. Gutiérrez, Federico (1969). San Antonio María Claret. Apóstol de Canarias. Madrid: Coculsa. p. 577. 
  4. Lebroc Martínez, Reynerio (1992). San Antonio María Claret. Arzobispo misionero de Cuba. Madrid: Misioneros Hijos del Corazón de María. p. 602. ISBN 84-604-4628-X. 
  5. Fernández, Cristóbal (1964). El Confesor de Isabel II y sus actividades en Madrid. Madrid: Coculsa. p. 517. 
  6. Lozano, Juan María (1962). Ensayo de bibliografía crítica claretiana. Roma: Studium Claretianum. p. 110. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]