Rosario (catolicismo)

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Rosario de cuentas de madera.

El rosario (del latín rosarium «rosal») es un rezo tradicional católico que conmemora veinte «misterios» de la vida de Jesucristo y de la Virgen María, recitando después de cada uno de ellos un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Gloria. Es frecuentemente designado como Santo Rosario por los católicos.

También se llama «rosario» a la sarta de cuentas que se utiliza para rezar el rosario. Las cuentas están separadas cada diez por otras de distinto tamaño y la sarta está unida por sus dos extremos a una cruz.

Orígenes del rosario[editar]

Iglesia católica
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Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

El rosario comenzó a utilizarse en el catolicismo alrededor del año 800. En los monasterios se solían recitar los 150 salmos en el Breviario monástico, pero a los fieles que no eran sacerdotes ni monjes, al no poder seguir esta devoción (porque en su mayoría no sabía leer) se les enseñó una práctica más sencilla: la de recitar 150 avemarías. Esta devoción tomó el nombre de «Salterio deVirgen».

Su popularidad y desarrollo se dio en el siglo XIII, cuando surgió el movimiento albigense. Ante los enfrentamientos entre católicos romanos y albigenses, Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los Predicadores (más conocidos como dominicos), parece haber promovido en sus misiones el rezo de una forma primitiva del rosario. Al ser los dominicos una orden de predicadores y estar siempre en medio del pueblo, su devoción se hizo popular, generando la aparición de cofradías y grupos de devotos por doquier, junto con relatos de milagros que acrecentaron su fama. Aunque la devoción decayó durante el siglo XIV, la orden de los Predicadores siguió fomentándola.

El beato Alano de la Roca fue el encargado de hacerla resurgir, tarea seguida por Jacobo Sprenger, prior del convento de los dominicos en Colonia (Alemania). Para el siglo XVI ya estaba con su forma manejada hoy: Contemplación de los "misterios", Credo, Padre nuestro y Ave María como oraciones principales y las cuentas o granos como medio de llevar la oración.

Sobre el Avemaría es preciso señalar que la segunda mitad de la oración fue añadida a la primera en el siglo XIV, pero su uso se hizo universal cuando el papa Pío V promulgó el Breviario Romano y mandó que se rezase al principio de cada hora del Oficio Divino, después del Padre nuestro.

Fue la batalla de Lepanto la que causó que la Iglesia católica celebrara una fiesta anual al rezo del rosario, ya que el papa Pío V atribuyó la victoria de los cristianos sobre los turcos a la intercesión de la Virgen María mediante el rezo del rosario. La fiesta fue instituida el 7 de octubre. Primero se la llamó «Nuestra Señora de las Victorias», pero el papa Gregorio XIII modificó el nombre de la solemnidad por el de «Nuestra Señora del Rosario».

En este fresco aparece representada la Santísima Virgen entregando el Santo Rosario a Santo Domingo de Guzmán. En la escena también aparecen Fray Pedro de Santa María y Ulloa, Santa Catalina de Siena y la Siervita de Dios, Sor María de Jesús de León Delgado. El fresco se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife, España).

Un fenómeno muy importante en torno a esta devoción fue el de los rosarios públicos o callejeros, que surgieron en Sevilla en 1690 y se extendieron muy pronto por España y sus colonias americanas. Eran cortejos precedidos por una cruz y que constaba de faroles de mano y asta para alumbrar los coros y estaban presididos por la insignia mariana denominada Simpecado. Fue la principal referencia de la devoción y en Sevilla llegó a haber en el siglo XVIII más de 150 cortejos que diariamente hacían su estación por las calles rezando y cantando las avemarías y los misterios. Los domingos y festivos salían de madrugada o a la aurora. Al principio eran masculinos, pero ya en el primer tercio del XVIII aparecieron los primeros Rosarios de mujeres que salían los festivos por la tarde.

En Fátima (Portugal), en 1917, a tres pequeños pastores se les apareció la Virgen María, quien les reveló que cada vez que se reza un Ave María es como si se le ofreciera una rosa, de tal suerte que cada rosario completo sería una corona de rosas (concepto que había sido mencionado tiempo atrás por Luis María Grignion de Montfort en su obra Secreto admirable del Santo Rosario).

El 16 de octubre de 2002, el papa Juan Pablo II promulgó la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, en la que aprobó que se añadieran cinco nuevos Misterios al rosario, los misterios luminosos. La introducción de estos misterios ha sido la única reforma sustancial en este rezo después de varios siglos.

Corona del rosario[editar]

La corona del rosario (o camándula, como se le conoce en algunos países) está formada por 50 cuentas en grupos de 10 (conocidos como «decenas»), con una cuenta más gruesa entre cada decena, o bien una cuenta algo más separada de las de las avemarías. La ristra se cierra en sus extremos, enganchándose éstos simplemente, o a una placa de intersección. La placa suele tener forma triangular o semejante, con el vértice hacia abajo, del que, por lo general (pero no siempre, sobre todo en rosarios antiguos) sale un tramo de comúnmente cinco cuentas (1, 3, 1), siendo algo mayores las extremas, como las de los Padrenuestros. De la última sale un enlace del que cuelga un Crucifijo, o una cruz (frecuente en la antigüedad, desde el siglo XVIII hacia atrás). Antiguamente se usaba también una medalla en vez de la Cruz. Estas cinco cuentas pueden simbolizar las cinco llagas de Jesucristo y se utilizan para las oraciones adicionales rezadas antes, o bien después de los Misterios. Hay coronas o rosarios completos, es decir, de 150 cuentas + 15 (de Paternosters)+15 (de Gloriapatris), + 5 (o 3) adicionales. Para fabricar las cuentas se utilizaban semillas de caoba o incluso perlas reales, pero en la actualidad se fabrican, también, de materiales artificiales. En el pasado eran comunes los rosarios hechos con huesos de aceitunas, algunos de los cuales se creía que eran de los olivos del huerto de Getsemaní.

Tradicionalmente se recitaban 15 decenas, número que fue aumentado a 20 con la inclusión en el año 2002 de los «misterios luminosos». Cada una, como ya se mencionó anteriormente, corresponde a uno de los «misterios» de la Redención.

Misterios del Santo Rosario[editar]

Cada serie de misterios comprende cinco temas distintos para la meditación, cada uno de los cuales representa un momento de la vida de Jesús y de la Virgen María, la madre de Jesús.

Tradicionales[editar]

Tradicionalmente, el rosario estaba dedicado a una de tres series de «misterios» que debían ser recitados secuencialmente, uno por cada noche. Según aquella praxis corriente, el lunes y el jueves estaban dedicados a los «misterios gozosos», el martes y el viernes a los «dolorosos», el miércoles, el sábado y el domingo a los «gloriosos».[1]

Gozosos[editar]

(Lunes y jueves, y también en el tiempo de Adviento y Navidad)

Dolorosos[editar]

(Martes y viernes, y en el tiempo de Cuaresma)

Gloriosos[editar]

(Domingo, miércoles y sábado, y en el Tiempo de Pascua)

Actuales[editar]

El 16 de octubre de 2002, Juan Pablo II promulgó su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (es decir, Rosario de la Virgen María), a través de la cual se incorporó al rosario los llamados «misterios luminosos».

Para que pueda decirse que el Rosario es más plenamente 'compendio del Evangelio', es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrección (misterios de gloria), la meditación se centre también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios de luz). Esta incorporación de nuevos misterios, sin prejuzgar ningún aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oración, se orienta a hacerla vivir con renovado interés en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducción a la profundidad del Corazón de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria.[2]

Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae sobre el Santo Rosario, 19

En el mismo documento se sugiere el indica el orden semanal de los mysteria lucis (misterios de la luz o luminosos):

¿Dónde introducir los «misterios de la luz»? Considerando que los misterios gloriosos se proponen seguidos el sábado y el domingo, y que el sábado es tradicionalmente un día de marcado carácter mariano, parece aconsejable trasladar al sábado la segunda meditación semanal de los misterios gozosos, en los cuales la presencia de María es más destacada. Queda así libre el jueves para la meditación de los misterios de la luz.[2]

Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae sobre el Santo Rosario, 38

Por lo anterior, el rezo del rosario en el presente sigue el orden detallado a continuación:[3]

Gozosos o de gozo[editar]

(Lunes y sábado)

Luminosos o de luz[editar]

(Jueves)

Dolorosos o de dolor[editar]

(Martes y viernes)

Gloriosos o de gloria[editar]

(Domingos y miércoles)

Formas de rezo[editar]

Rosario de dedo, conocido como decenario. Se trata de un aro metálico con diez cuentas y una cruz.
  1. Mientras se sostiene el crucifijo se hace la señal de la cruz y luego se recita el Credo.
  2. En la primera cuenta grande se recita un Padre Nuestro.
  3. En cada una de las tres siguientes cuentas pequeñas se recita un Ave María.
  4. Se recita un Gloria antes de la siguiente cuenta grande.
  5. Se anuncia el primer misterio del rosario de ese día y se recita un Padre Nuestro en la siguiente cuenta grande.
  6. En cada una de las diez siguientes cuentas pequeñas (una década) se recita un Ave María mientras se reflexiona en el misterio
  7. Se recita un Gloria luego de las diez Ave Marías. También se puede rezar la oración de Fátima.
  8. Cada una de las siguientes décadas es recitada de la misma manera: anunciando el correspondiente misterio, recitando un Padre Nuestro, diez Ave Marías y un Gloria mientras se medita en el misterio.
  9. Cuando se ha concluido el quinto misterio el Rosario suele terminarse con el rezo del Salve Reina.

Existen, además, diversos modos de rezarlo que varían según la forma de meditación, las oraciones que se añaden al rezarlo y hasta la motivación de la oración misma. Así existe el «rosario misionero», el «rosario de las familias», el «rosario por los difuntos» entre otros.

Estampa qué enseña a cómo rezar el rosario:

Estampa que enseña a como rezar el rosario

Las quince promesas de la Virgen María[editar]

La Iglesia católica señala quince promesas que el beato Alano de la Roca (en francés, Alain de La Roche) declaró recibir de la Virgen María, destinadas a quienes recen devotamente el rosario.[4] [5] Fue Alano de la Roca quien restableció la devoción al rosario enseñada por santo Domingo de Guzmán apenas un siglo antes y olvidada tras su muerte. Las promesas son las siguientes:

  1. El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
  2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
  3. El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
  4. El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevarán a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!
  5. El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
  6. El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en las gracias si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.
  8. Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
  9. Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
  10. Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.
  11. Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
  12. Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
  13. Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
  14. Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
  15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

Bendiciones del rosario[editar]

La Iglesia católica señala una serie de bendiciones derivadas del rezo del rosario, a saber:[6]

  1. Los pecadores obtienen el perdón.
  2. Las almas sedientas se sacian.
  3. Los que están atados ven sus lazos desechos.
  4. Los que lloran hallan alegría.
  5. Los que son tentados hallan tranquilidad.
  6. Los pobres son socorridos.
  7. Los religiosos son reformados.
  8. Los ignorantes son instruidos.
  9. Los vivos triunfan sobre la vanidad.
  10. Los muertos alcanzan la misericordia por vía de sufragios.

Beneficios del rosario[editar]

La Iglesia católica indica una serie de beneficios resultantes del rezo del rosario, que se enumeran a continuación:[6]

  1. Otorga gradualmente un conocimiento completo de Jesucristo.
  2. Purifica las almas, lavando las culpas.
  3. Da la victoria sobre nuestros enemigos.
  4. Facilita practicar la virtud.
  5. Enciende el amor a Jesucristo.
  6. Enriquece con gracias y méritos.
  7. Provee con lo necesario para pagar las deudas a Dios y a los familiares cercanos, y finalmente, se obtiene toda clase de gracias de Dios.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Lafrance, Jean (2001). El rosario, un camino hacia la oración incesante (5ª edición). Madrid: Narcea. ISBN 84-277-0810-6. http://books.google.com.ar/books?id=ucn3fEi7XUcC&printsec=frontcover&dq=rosario&hl=es&sa=X&ei=Pka-UZD7MsW8qgGAuIDYDg&ved=0CEcQ6AEwBQ#v=onepage&q=rosario&f=false. Consultado el 16 de junio de 2013. 
  2. a b Juan Pablo II (16 octubre del año 2002). «Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae del Sumo Pontífice Juan Pablo II al episcopado, al clero y a los fieles sobre el Santo Rosario». Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. Consultado el 9 de enero de 2013.
  3. Loarte, José Antonio (2003). Los misterios del rosario. Madrid: Rialp. ISBN 84-321-3437-6. http://books.google.com.ar/books?id=1uWw40sc-pcC&printsec=frontcover&dq=isbn:8432134376&hl=es&sa=X&ei=Xi6-UdL0C4TFyAHc24DYCg&ved=0CC4Q6AEwAA#v=onepage&q&f=false. Consultado el 16 de junio de 2013. 
  4. ACI Prensa (ed.): «Las quince promesas de la Virgen María a quienes recen el rosario». Consultado el 16 de junio de 2013.
  5. «Las quince promesas de la Virgen María a quienes recen el rosario». Devocionario católico. Consultado el 16 de junio de 2013.
  6. a b Stampley, ed (2007). Los misterios del rosario. Charlotte, Carolina del Norte, EE. UU.: C. D. Stampley Enterprises. pp. 55-56. ISBN 978-1-58087-123-5. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]