Literatura comparada

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La literatura comparada[1] es una disciplina[2] de los estudios literarios que concibe y trata las corrientes literarias de distintas regiones idiomáticas o culturales como manifestaciones de un mismo fenómeno cultural, por lo que busca poner de manifiesto el fondo común que subyace a las diversas interacciones que se establecen entre ellas;[3] en este sentido, su objeto es multinacional (por su atención a literaturas en distintos idiomas y de ámbitos culturales diversos) y su perspectiva supranacional (por cuanto busca encontrar tópicos que trascienden lo particular).[4]

Con todo, la Literatura comparada no sólo se interesa por la comparación dentro del ámbito literario, sino que también se dedica al

estudio de las relaciones entre la literatura y otras áreas de conocimiento y creencias, como las artes (por ejemplo, pintura, escultura, arquitectura, música), la filosofía, la historia, las ciencias sociales (verbigracia, ciencia política, economía, sociología), las ciencias experimentales, la religión, etc.[5]

Ámbitos de interés[editar]

En las últimas décadas, se ha señalado como línea de actuación primordial para la disciplina el estudio (esto es, la descripción y explicación mediante una teoría y una terminología adecuadas) de las relaciones jerárquicas entre metatextos translingüísticos, usando para ello un modelo hipotético-deductivo y teniendo en cuenta que esas relaciones se establecen entre sistemas y subsistemas dominados por normas y tendencias.[6]

De igual modo, se ha venido insistiendo en que es necesario abandonar una visión singularista de los textos literarios para pasar a integrarlos en el contexto del sistema de la comunicación literaria, esto es, para considerar, también, factores como las distintas condiciones de producción, recepción, etc. Los aspectos supranacionales de este sistema constituirían, por tanto, el objeto de la disciplina, que habría de estar especialmente atenta a la comparación desde el punto de vista de los efectos de los sistemas literarios sobre los lectores, de la condiciones de producción y recepción, etc.[7]

Así, el listado de materias objeto de interés podría incluir, entre otros, items tales como

  1. las influencias recíprocas entre las literaturas modernas;
  2. la relación de la literatura y otros ámbitos del saber;
  3. el estudio comparado de la métrica, de la estilística, de las metáforas y de la Poética;
  4. el análisis comparativo de las estructuras y los problemas de la traducción;
  5. el estudio de la influencia y de la imitación, de la recepción y el efecto;
  6. el análisis comparativo de la periodización histórico-literaria; la comparación de géneros, formas, temas; etc.[8]

La Literatura comparada prestaría, así, atención tanto a los distintos trasfondos que comparten las distintas literaturas, tales como la impronta greco-latina en las literaturas europeas, el tratamiento diverso de los mismos temas y mitos literarios y la materialización de los géneros literarios, como a la imagen que se refleja en las distintas literaturas de culturas ajenas, mayoritarias o minoritarias, fijándose de forma especial, por ejemplo, en los relatos de viajes y en los procesos de traducción.

De igual forma, se ha subrayado en muchos trabajos la necesidad de adoptar una visión multiculturalismo que preste atención a las demandas de grupos marginales (minorías étnicas, feminismo...), algo que, en otro orden de cosas, ha comportado la problematización del concepto tradicional de canon.[9]

En resumen,[10] dos son los grandes ámbitos de interés para la Literatura comparada:

  1. el estudio, en el contexto de la Historia de la literatura, de las interrelaciones entre las distintas literaturas y de estas con las demás artes y con el ámbito socio-cultural;
  2. el estudio comparado de obras concretas, o de estas bien con obras de otras artes,[11] bien con las ideas de la época en que la obra fue producida.

Metodología[editar]

Se han propuesto cinco estrategias metodologicas básicas en la práctica de la Literatura comparada:[12]

  1. establecer la relación directa genética entre dos o más miembros de la comparación;
  2. precisar la dimensión extraliteraria de una relación de hecho entre dos obras de diferentes literaturas;
  3. describir la analogía de contextos desde el punto de vista de los autores de las obras puestas en relación;
  4. confrontar los textos para percibir en su estilo, composición y otros aspectos discursivos, semejanzas y diferencias significativas;
  5. poner en paralelo los diversos métodos de análisis y estudio de la obra literaria a lo largo de la historia.

Historia[editar]

La actitud intelectual que subyace al comparatismo está en la disposición de abrirse a lo extranjero. En este sentido, diversas individualidades a lo largo de la historia han demostrado una predisposión comparatista, como es el caso de Heródoto, Esquilo (con su tratamiento de los persas sus obras), Tácito (con su interés por Germania), Petrarca (con su diálogo cultural con San Agustín), etc.[13]

Antecedentes[editar]

Los antecedentes de la Literatura comparada se encuentran en el siglo XVIII; fundamentalmente, las historias de la literatura universal que se escribieron entonces y los primeros intentos de comparatismo lingüístico. A finales de siglo, en algunas universidades francesas, se instituyó la enseñanza de una materia que tenía por objeto la comparación entre las literaturas europeas antiguas y las modernas.

Las historias universales tenían como propósito historiar supranacionalmente la literatura y, aunque entre ellas hubo múltiples diferencias de enfoque al respecto, todas ellas afrontaban las diferencias entre las culturas nacionales, empezando por las lenguas. Las dos obras más representantivas de este tipo fueron la del jesuita español Juan Andrés (Dell'origine, dei progressi e dello stato attuale d'ogni letteratura, 1772-1782 -en siete volúmenes) y la del italiano Carlo Denina (Discorso sopra le vicende della letteratura, 1760/1784-85 -en dos volúmenes en su segunda edición).

Siglo XIX[editar]

El nacimiento de la Literatura comparada (1820-1830) como disciplina institucional, aunque muy en dependencia todavía de la Historia de la literatura, reposa sobre cuatro cimientos culturales: el nacionalismo literario, la perspectiva comparatista en distintos ámbitos del conocimiento, el positivismo de Hippolyte Taine y el modelo darwinista de explicación de la historia literaria de Ferdinand Brunetière.

En primer lugar, el nacionalismo literario, consecuencia del romanticismo, fue, al mismo tiempo, impulsor y freno para la existencia de la Literatura comparada, porque, al reivindicar la libertad creativa individual, por un lado, minimizó la relevancia teórica del continuum literario basado en la poética y la retórica clásicas, pero, por otro, propició que desde cada particularismo literario se pudiese establecer una comparación entre ellos en busca de parecidos y diferencias.[14]

En segundo lugar, el contexto cultural comparatista (antropología, lingüística comparada, anatomía...) proporcionó la base metodólogica para intentar superar la limitación del estudio literario centrado en textos de una sola lengua o de una única nación-estado. Así,

los primeros proyectos de literatura comparada criticaban la insuficiencia de considerar las fronteras nacionales como una frontera de investigación; indicaban que deben estudiarse las "influencias", las "relaciones" artísticas, los rasgos comunes y diferenciales, los intercambios entre literaturas, la relación entre vida social y producción literaria, la evolución supranacional de los géneros literarios o de los movimientos y corrientes. [Además, debía acometer también] la búsqueda de las características propias de los hechos literarios.[15]

Por último, el primer comparatismo se desarrolló en un medio cultural dominado por el modelo metodológico de las ciencias de la naturaleza (el llamado paradigma biológico de la literatura comparada), por el evolucionismo darwinista y por el determinismo de Taine.[16]

Por otro lado, el siglo XIX arranca con nuevas propuestas de historias universales y europeas, entre las que destacan las obras de Friedrich Schlegel (Geschichte der alten und neuen Literatur, 1815) y de Madame De Staël (De la littérature, 1800). La primera intenta exponer que la literatura europea es una expresión de las facultades espirituales de las distintas sociedades y la segunda que refleja un camino de progreso en lo moral, cultural y estético.

Los primeros ejemplos canónicos de literatura comparada propiamente dicha son de la primera mitad del XIX, como fruto del postromanticismo y como una expresión singular de la historia de la literatura (la idea inicial era ir hacia una historia comparativa de las literaturas). Sus pioneros fueron Jean-Jacques Ampère y Abel-François Villemain.

Ampère desempeñó un papel fundamental con un discurso pronunciado en el Ateneo de Marsella el 12 de marzo de 1830, donde apeló a la necesidad de una historia comparativa de las artes y las letras en todos los pueblos, de la que, a su vez, podría surgir una filosofía de la literatura y las artes.[17] Ampère escribió Histoire de la littérature française au moyen-âge, comparée aux littératures étrangères (1841).

También en 1835, Philarète Chasles impartió un curso sobre literatura extranjera y comparada.

Villemain, por su parte, fue autor de un Cours de litterature française (1840), donde vinculaba las literaturas de Francia, Italia y España; se trata de una obra que sintetiza sus escritos y cursos impartidos entre 1828 y 1840, empleando ya habitualmente la expresión Littérature comparée.

En síntesis, estos primeros trabajos consistían en exponer cómo se individualizaban en cada literatura europea los temas, motivos, mitos y formas literarias comunes de la cultura europea medieval, insistiendo especialmente en las deudas entre esas literaturas. Se trataba, pues, de una disciplina histórico-positivista orientada al estudio de las relaciones internacionales de las literaturas nacionales euro-occidentales.

En 1849, L. Benloews pudo titular ya un discurso en la Universidad de Dijon, como "Introduction à l'histoire comparée des littératures", y en 1866 el neozelandés Hutcheson Macaulay Posnett publicó el primer manual de Comparative Literature, aunque su orientación fuese más sociológica y antropológica que literaria. Seguidamente, constituyen también textos clásicos el estudio de Wilhelm Wetz Shakespeare vom Standpunkte der vergleichenden Literaturgeschichte (1890) y el de Joseph Texte,[18] Rousseau et les origines du cosmopolitisme littéraire (1895).

La consolidación institucional y el reconocimiento académico de la Literatura comparada se produjo a lo largo de los últimos quince años del siglo XIX. Se publicaron las primeras monografías, se crearon las primera cátedras universitarias (Universidad de Lyon, 1897),[19] se fundaron las primeras revistas (Acta comparationis litterarum universarum,[20] 1877; Zeitschrift für vergleichende Literaturgeschichte, 1886), aparecieron los primeros textos programáticos, los primeros departamentos especializados en la materia (Universidad de Columbia, 1899) y, en fin, bibliografías (Francia, 1900) y congresos (París, 1899).

En 1890, la Universidad de Harvard incorporó la Literatura comparada a su labor docente, creando una primera cátedra que fue ocupada por Arthur Richmond Marsh; catorce años después, se creó un departamento.

Históricamente, dos son las direcciones que los estudios comparativos han seguido desde finales del siglo XIX. La primera, frecuentada en el ámbito francés, enfatiza el elemento histórico, privilegiando las relaciones directas o causales entre obras y autores, a la coincidencia en géneros, corrientes, estilos, etc.; la segunda, estadounidense, se centra en el elemento teórico, buscando convergencias, y no tanto relaciones, esto es, atiende a la posible poligénesis de las expresiones literarias, sin que haya una relación aparente entre las mismas.

Siglo XX[editar]

El siglo XX se inició con un artículo de Benedetto Croce (publicado en 1903) considerado como, por un lado, la primera demolición intelectual de la literatura comparada y, por otro, como un texto indispensable para su historia.[21] Básicamente, la crítica de Croce iba contra la posibilidad de fundamentar una disciplina en la mera práctica de la comparación y su apuesta por que la Historia de la literatura podía incorporar con naturalidad al comparatismo.

El periodo que va entre la primera y la segunda guerra mundial fue de extraordinario desarrollo de la literatura comparada, en parte porque subyacía la creencia de que el estudio comparativo de diferentes literaturas podía ser una garantía de entendimiento y de comprensión entre pueblos de Europa, y que eso podría ayudar a evitar otra guerra.[22]

Los principales ejemplos de la historia literaria comparada en esta época son las obras de Paul Hazard (La crise de la conscience européenne 1680-1715, 1934), Erich Auerbach (Mimesis. Dargestellte Wirklichkeit in der abendländischen Literatur, 1946), Ernst Robert Curtius (Europäische Literatur und Lateinische Mittelalter, 1948) y Mihály Babits (Az európai irodalom története, 1935).

La obra de Hazard entraría más bien en el género de la historia de la cultura, pues parte del análisis de textos literarios (aunque no solo) para dar cuenta del devenir de la civilización occidental.

Auerbach analiza en su obra el cambio de perspectiva sobre la realidad desarrollado desde Homero hasta Virginia Woolf.

Curtius, en Literatura europea y Edad Media latina, se propuso descubrir los cimientos de la literatura europea, descomponiéndolos en sus distintas formas: géneros, motivos, fórmulas, etc. y no, como en los otros casos, siguiendo una historia convencionalmente cronológica.

Por último, la Historia de la literatura europea de Babits se basa en la propuesta de que existe una corriente literaria universal de la que derivan las literaturas nacionales.

Por lo demás, la segunda guerra mundial fue la que abrió a los Estados Unidos al conocimiento de las lenguas no solo de Europa sino también de África y Asia, y la que provocó la proliferación de departamentos universitarios de literatura comparada; la guerra fría sería un freno, excepto en los países del Este.

Con todo, en 1954 se creó en Oxford la Asociación Internacional de Literatura Comparada (AILC; en inglés, ICLA), cuyo primer congreso se celebró en Venecia en 1955.[23]

A mediados del siglo XX, la entrada en crisis de la Historia de la literatura afectó igualmente a la idea de Literatura comparada, que se pretendió diferenciar de la Historia comparada de la literatura, pasándose a considerar a esta como un momento previo de la primera. Un texto teórico central para este cambio de perspectiva fue la conferencia de René Wellek, "The Crisis of Comparative Literature" (1958), en la que pedía una mayor atención crítica a los textos y una menor predisposición al positivismo historicista.

En 1973 apareció el primer volumen de la Histoire comparée des littératures de langues europeennes/Comparative History of Literature in European Languages, un proyecto colectivo que nacía tras la crisis estructuralista y que fue incorporando ideas de la recién nacida Estética de la recepción de Hans-Robert Jauss. En su base, esta nueva historia intentaba atender de forma muy especial a, por un lado, la consideración de los términos clásicos de la historia literaria pero desde un punto de vista estético, y, por otro, a la exposición de los cambios de recepción de las obras entre su momento de publicación y sus distintos momentos históricos de su lectura.

En las últimas décadas, se ha ido desarrollando lo que se conoce con el nombre de nuevo paradigma,

un intento por abandonar la relación genética causal para justificar cualquier prospección comparatista, y de atenerse a lo dado, a los hechos en sí. Siempre que en dos literaturas distintas, o en una literatura y otro orden artístico, ya sea plástico o musical, sin que haya mediado una relación de dependencia de una de las partes hacia la otra, aparezca un mismo fenómeno en cualquier plano en el que nos situemos, entonces siempre asomará un elemento teórico fundamental, es decir, una invariante de la literatura.[24]

En los años noventa, el eurocentrismo hasta el momento inherente al estudio comparado de la literatura entró en crisis, y con él las categorías tradicionales de la narración histórica y la concepción de la historia de la literatura como un sistema abierto.

En España, la titulación de Literatura Comparada (unida a la de Teoría de la Literatura) no aparece hasta la Ley de la Reforma Universitaria en los años 90 del siglo XX. Como un precursor de puede considerar a Alejandro Cioranescu, profesor rumano afincado en la Universidad de La Laguna y autor de un manual ya en los años 60, con una excelente parte sobre la historia de la disciplina y sus antecedentes. Por otro lado, en los años 80 retorna de Estados Unidos Claudio Guillén, catedrático allí de la disciplina.

Notas[editar]

  1. La expresión en español, al igual que en otras lenguas románicas, es un calco de la original en francés, «Littérature comparée»; en otras lenguas, sin embargo, se prefirió usar el adjetivo en una forma activa, y no pasiva, como es el caso del inglés, «Comparative Literature» (literalmente, Literatura Comparativa), y alemán, «Vergleichend». La preferencia por el adjetivo «comparée» fue determinada hacia 1868 por Sainte-Beuve (cf. M. J. V., «Introducción», en Mª José Vega y Neus Carbonell, La literatura comparada: Principios y métodos, pág. 13).
  2. La concepción de la Literatura comparada como disciplina no es unánime entre los especialistas; por ejemplo, Carlos García Gual la ve «más un método de enfocar lo literario y una actividad que un conjunto bien esquematizado de reglas» (en "Breve presentación", 1616. Revista de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, IX, 1995, pág. 7); por su parte, George Steiner afirma que «no es tanto una disciplina como un modo de sentir, ya que todo el mundo lee comparando.» (cf. «El arte de la crítica. Entrevista con Ronald A. Sharp», en George Steiner, Los logócratas, Debolsillo-Siruela, Barcelona, 2011, pág. 158).
  3. Armando Gnisci (comp.), Introducción a la literatura comparada, págs. 10 y 23.
  4. El término supranacional es utilizado, entre otros, por Claudio Guillén, que entiende que la base del comparativismo es la existencia de tensiones entre lo local y lo universal, entre lo uno y lo diverso. Precisamente, para él esto es lo definitorio de la Literatura comparada; así, pues, los problemas que aborda la disciplina derivan de esa supranacionalidad: influencias o relaciones supranacionales, formación de géneros supranacionales, etc.; cf. Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la literatura comparada, pág. 13.
  5. Henry H. H. Remak, apud. Darío Villanueva, "Literatura comparada y Teoría de la literatura", pág. 106.
  6. Pierre Swiggers, "A New Paradigm for Comparative Literature", Poetics Today, 3, 1982, págs. 181-194; apud. Ánxo Abuin González, "Dimensións teórico-críticas do novo comparatismo", págs. 106-107.
  7. Cf. D. W. Fokkema, "Comparative Literature and the New Paradigm", Canadian Review of Comparative Literature, 1, 1982, págs. 1-18; apud. Darío Villanueva, "Literatura comparada y Teoría de la literatura", pág. 118-119.
  8. Cf., para un listado más preciso con referencia a los estudiosos que proponen las materias, Alfonso Martín Jiménez, "Literatura general y...", págs. 136-137.
  9. A este respecto, algunos especialistas se muestran críticos con esta tendencia multiculturalista, a la que no dudan en calificar de perniciosa por cuanto se trataría de un

    fenómeno e ideología [que] puede llegar a destruir el concepto de cultura como una continuidad en la transmisión de obras estéticamente logradas que han iluminado la trayectoria de nuestra civilización desde los clásicos hasta hoy. (Darío Villanueva, "Literatura comparada y Teoría de la literatura", pág. 103.)

    .
  10. Cf. Alfonso Martín Jiménez, "Literatura General y 'Literatura...", págs. 139-140.
  11. Los focos de comparación serían el estilo, los recursos literarios, las formas y estructuras, los géneros literarios, la intertextualidad, etc.
  12. Cf. Manfred Schmeling (comp.), Teoría y praxis de la literatura comparada, Alfa, Barcelona-Caracas, 1984; apud. Darío Villanueva, art. cit., págs. 121-122.
  13. Cf. Daniel-Henri Pageaux, La littérature générale et comparée, pág. 7-8.
  14. Dario Villanueva, "Literatura comparada y Teoría de la literatura", pág. 100.
  15. M. J. V., art. cit., pág. 15.
  16. Cf. ibíd., págs. 17-18.
  17. Cf. Daniel-Henri Pageaux, La littérature générale et comparée, pág. 7.
  18. Texte, influyente en su época y apreciado aún en la actualidad, es autor de múltiples trabajos en los que

    expone un proyecto grandioso de comparatismo, que consistiría en el estudio de todas las literaturas en sus mutuas relaciones, con una afirmación inconfundible de sus implicaciones políticas (en una Europa unida) y una delimitación precisa del deber ser de la investigación comparatista. (M. J. V., art. cit., pág. 18)

  19. No obstante, Italia fue más precoz a este respecto ya que en 1861 se estableció una primera cátedra en Nápoles, aunque se abandonó en 1865 para volver a retomarse entre 1871 y 1877; por lo demás, también allí en distintas universidades se impartían clases sobre la materia.
  20. Editada en la Universidad de Cluj (hoy Rumania, entonces Klausenburg en el Imperio austrohúngaro), por el profesor Hugo Meltzl von Lomnitz, consiguió reunir un plantel de colaboradores de varios países.
  21. Cf. M. J. V., art. cit., pág. 18.
  22. Darío Villanueva, art. cit., pág. 102.
  23. Las actas de los distintos congresos realizado desde entonces constituyen un completo panorama de los distintos temas de interés de la disciplina, tanto teóricos como prácticos.
  24. Darío Villanueva, art. cit., pág. 113.

Fuentes[editar]

  • Abuín González, Anxo, "Dimensións teórico-críticas do novo comparatismo", en Arturo Casas (coord.), Elementos de crítica literaria, Xerais, Vigo, 2004, págs. 103-127.
  • Gnisci, Armando (comp.), Introducción a la literatura comparada, Crítica, Barcelona, 2002.
  • Guillén, Claudio (2005). Entre lo uno y lo diverso: introducción a la literatura comparada: (ayer y hoy). Tusquets Editores (primera edición: Barcelona: Crítica, 1985). ISBN 978-84-8310-995-3. 
  • Martín Jiménez, Alfonso, "Literatura General y 'Literatura Comparada': la comparación como método de la Crítica Literaria", Castilla, 23, 1998, pags. 129-150.
  • Pageaux, Daniel-Henri, La littérature générale et comparée, Armand Colin, París, 1994.
  • Vega, Mª José y Neus Carbonell, La literatura comparada: Principios y métodos, Gredos, Madrid, 1998.
  • Villanueva, Darío, "Literatura comparada y Teoría de la literatura", en D. Villanueva (coord.), Curso de teoría de la literatura, Taurus, Madrid, 1994, págs. 99-127.

Bibliografía sobre literatura comparada[editar]

  • Aullón de Haro, Pedro (ed.), Metodologías comparatistas y Literatura comparada, Madrid, Dykinson, 2012.
  • Maestro, Jesús G., Idea, concepto y método de la literatura comparada, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2008. ISBN 978-84-96915-24-4 Más información.
  • Vega, MªJ. y Carbonell, N., La Literatura comparada. Principios y métodos, Madrid, Gredos, 1998.
  • Cioranescu, Alexandre, Principios de Literatura Comparada, Ediciones Idea, 2006, ISBN 978-84-96640-76-4 (primera edición: Santa Cruz de Tenerife: Universidad de La Laguna, 1964).